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Perdona para ser perdonado 1

Perdona para ser perdonado

“Si perdonas a los que pecan contra ti, tu Padre celestial te perdonará a ti” Mateo 6:14 (NTV)

¡Qué difícil es perdonar! A muchos nos cuesta, especialmente cuando las heridas fueron causadas por personas que amamos. Por eso, todos necesitamos la ayuda de Dios de manera que seamos inundados de su amor para ser movidos a perdonar. Recuerda que es una decisión, no una opción, por la cual liberamos a quien nos lastimó, más allá de lo que sentimos hacerlo o no. Es importante traer a memoria las innumerables veces en que le hemos fallado a Dios y aun así, Él nos ha perdonado. ¿Entonces, porque no debiéramos hacer lo mismo con nuestro prójimo? No sigas viviendo herido por guardar en tu corazón rencor y amargura. Decide perdonar y recuerda, que para recibir el perdón de Dios, tú también debes hacerlo con tu prójimo.

Por Judith Quisberth

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No hay muralla que te detenga 2

No hay muralla que te detenga

Las murallas han estado presentes a lo largo de la historia de la humanidad  como una forma de defensa o protección de un territorio. Pueden ser de gran magnitud como la  Gran Muralla China o más pequeñas, pero sin importar su tamaño, sin duda alguna, delimitan espacios e impiden la comunicación.

El libro de Josué, en el capítulo 6, nos relata la toma de Jericó. Dios le había entregado esta ciudad al pueblo de Israel pero entre ellos y la ciudad había una muralla. El relato dice que Jericó estaba cerrada y que nadie entraba ni salía de ella.

Entonces,  Dios ordenó a Josué  dar siete vueltas a la ciudad, una por día. El séptimo día, al terminar de dar las vueltas, al sonar de los cuernos el pueblo debía gritar a gran voz y los muros caerían.

El relato dice que el pueblo obedeció y los siete sacerdotes iban tocando bocinas delante del  arca del pacto  mientras que el pueblo iba en silencio atrás.

¿Imaginas lo que debe haber sido para los enemigos escuchar todos los días el sonido de las bocinas y los pasos del pueblo marchando alrededor?

Al séptimo día, al terminar de dar las vueltas, tocaron las bocinas y el pueblo gritó a gran voz y los muros cayeron.

Muchas veces, en nuestras vidas las murallas no son físicas. Dios nos promete algo pero alrededor de aquello hay grandes muros que parecen imposibles de pasar. Sin importar lo altos, anchos o  gruesos que sean ni de qué material estén hechos, si Dios ya te entregó algo no habrá muralla lo suficientemente fuerte para detenerte.

Algo interesante en este relato es que dice que el pueblo obedeció los mandamientos de Dios y dieron las vueltas en silencio, solamente gritaron cuando había llegado el tiempo. Pero además, llevaban el Arca de Jehová en medio de ellos.

No importa si son siete vueltas las que ya has dado o son más. Dios tiene un tiempo para mostrar su gloria, no con todos  usa la misma fórmula y nuestro tiempo no es Su tiempo. Pero mientras estás esperando que esas murallas caigan no reclames, no murmures, espera quietamente en Dios, haz lo que te pide y lleva contigo, en tu corazón, sus mandamientos, atesora Su palabra y verás cómo al final de las vueltas glorificarás a Dios y esos muros caerán.

Espera en Dios y verás grandes milagros. Él es quien te defiende, quien pelea por ti y nunca te desamparará.

“A causa del poder del enemigo esperaré en ti, Porque Dios es mi defensa”. Salmos 59:9 (RVR1960)

 

 

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Un herido no puede curarse solo 3

Un herido no puede curarse solo

“Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.

Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.

En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.

Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.

Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.

Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.

Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.

En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.

Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.

Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.

Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.” Juan 5:1-9

Es difícil que una persona herida pueda curarse sola, generalmente precisa de un doctor que le ayude en este proceso, ya que su lesión puede infectarse rápidamente. El hombre del estanque se encontraba paralitico y por mucho tiempo estuvo esperando que alguien lo ayudara a entrar al agua para ser sano ¡y tuvo la oportunidad de recibir la propia presencia de Jesús para su sanidad!

Así como precisamos de un doctor que ayude a desinfectar las heridas externas que podemos tener, de igual forma precisamos a alguien que nos apoye en las heridas emocionales. Es posible que en este momento existan a tu alrededor personas que se encuentren deprimidas, con resentimiento, o con alguna enfermedad y dolencia ¡Tú puedes ser esa persona que le ayude a empezar su sanidad! ¿Qué esperas para hablarle de Cristo?

¡Levántate y ayuda! Bríndale lo que necesita, pero recuerda lo más importante ¡Acércalo al único que puede sanarlo completamente! Preséntale a Jesús y su poder.Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día. Juan 5:1-9

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué le pasa? 4

¿Qué le pasa?

“¿Es cristiano? ¿Está herido?” Así le preguntan a mi amigo Angel algunas personas que escuchan mis diálogos de los jueves en el programa “Mas Vale Tarde” de CVCLAVOZ; en ese espacio, como varios de ustedes ya saben, comentamos los artículos que publico en este blog. Me sorprendía antes esta reacción; ahora solo me duele. Es tan común en nuestro mundo evangélico el que las personas busquen algún motivo “malo” cuando alguien propone una mirada crítica a la cultura y a la vida de los creyentes. Es tan difícil para ellos entender la búsqueda que va más allá del discurso – o aparte del discurso en este caso.

Cuando mi amigo mencionó en nuestra entrevista que le llegaban esas preguntas no pude evitar recordar cuántas veces he oído esta cuestión por parte de alguna gente que lee o escucha lo que digo: “¿Qué le pasa? Este hermano tiene que estar mal para hablar así”. Están tan acostumbrados a escuchar puras maravillas de una vida que, como todas las vidas, tiene sus lados oscuros y está expuesta a la fealdad de la raza caída, que no pueden entender que se hable de ellos con la misma naturalidad con la que se cuentan las bendiciones.

Me voy a permitir ignorar aquello de si soy cristiano. Si no fuera tan flagrante la falta de respeto al pensamiento diferente tal vez ensayaría una respuesta.

La segunda cuestión me intriga siempre. Estar herido, ¿descalifica, deslegitima lo que uno tenga que decir? ¿No es válido, no tiene fundamento hablar desde el dolor lo que uno siente como verdad? ¿Desconoce esa gente su Biblia, donde tantas veces los profetas describieron la angustia de su tiempo, por no mencionar a Dios y a Jesús mismo llorando por el pueblo y a veces increpándolo duramente? Los profetas, como nosotros, fueron gente de carne, hueso, nervios y emociones. El enojo que expresaron en sus palabras, ¿no les valió, además del desprecio y de la muerte, que sus palabras quedaran grabadas a fuego como testimonio viviente a las generaciones futuras?

No me comparo con ellos, ni mucho menos. Pero reclamo como ellos el derecho a decir lo que me duele y lo que -me parece- arroja una luz mala sobre la gente que cree que está viendo a Dios en nuestros equívocos y malas acciones.

El dolor, lo hemos afirmado aquí muchas veces, puede ser un saludable ingrediente para la exposición de la verdad.

La victoria final 5

La victoria final

La batalla había sido dura. El enemigo había usado toda su artillería. El joven soldado se miraba una y otra vez. Su uniforme no era más que un montón de harapos. Su cuerpo estaba todo magullado y lleno de heridas. Apenas podía mover las piernas. De los brazos sólo conservaba uno y sus ojos tampoco estaban bien.

Lo peor de todo era que había luchado para nada. Sí, para nada porque el enemigo  había ganado esta batalla. En ese momento, al soldado no le importaba  que hubiese sido sólo una batalla y que, lo más seguro es que la guerra la ganarían los suyos. Para él, todo estaba perdido. Se sentía inútil. No volvería a presentarse ante su Capitán. ¿Cómo podría hacerlo si no respondió como debía a la confianza que habían puesto en él?  Había perdido y eso es algo que un soldado no puede darse el lujo de hacer.

Se abandonaría hasta morir en el campo, eso era mejor que presentarse como un derrotado. ¿Y quién sabe si a lo mejor, al llegar derrotado podrían castigarlo? Al fin y al cabo la misión de un soldado es ganar todas las batallas, no perderlas.

Cuando más le daba vueltas a esos pensamientos, una voz amiga lo interrumpió. Era su amigo, su compañero de batallas, quien con mucho cuidado lo tomó y con ayuda de otros lo pusieron en una camilla mientras le decía: Tiene que verte el Capitán, se va a alegrar mucho cuando te vea, además, se va a encargar de correr con todos los gastos de tu curación. Seguro que hasta te da una medalla.

El soldado no podía creer lo que el amigo le decía e insistía en contar que había perdido la batalla. Pero no le quedó más opción que aceptar ver al Capitán.

Al día siguiente, recibió la visita esperada en el hospital. El  Capitán al verlo, corrió, lo abrazó con fuerza pero con cuidado de no lastimarlo, pasando por alto los rigores de la disciplina militar.

          – Es usted un gran héroe, querido amigo. Voy a proponerlo para la medalla al mérito militar. Usted ha defendido su posición con uñas y dientes. Ahora ganó el enemigo, pero no se preocupe que la victoria final es nuestra. Olvídese de sus heridas. Sanarán. Siento mucho lo de su brazo…. Le pondremos uno ortopédico. No podrá volver al mismo puesto pero estará en la retaguardia conmigo, dirigiendo las escaramuzas. Si no hubiera luchado, entonces sería un desertor, pero luchó hasta el final.

El soldado apenas podía decir palabra. La emoción no se lo permitía.

Al igual que el soldado, de la historia de MaitéParga, podemos estar en medio de una gran batalla y por más que damos todo lo mejor de nosotros,  la artillería del enemigo nos puede haber herido gravemente y pensamos que es mejor dejarnos morir, que es una vergüenza cómo hemos fallado y que nuestro esfuerzo no ha valido la pena.

Pero ahí, cuando sentimos que ya nada tiene sentido, cuando estamos heridos, decepcionados de nosotros mismos,  viene Dios a encargarse nuestras heridas, a recordarnos que es una batalla más pero que la victoria final la tenemos asegurada.

Lo importante es que luchemos, que peleemos la batalla y que si estamos heridos, corramos a los brazos del único que puede sanarnos. Que nuestras fallas no nos alejen de Dios, que el enemigo no use la vergüenza que sentimos o la decepción para dejarnos morir, sino que vayamos confiados ante nuestro Capitán y nos presentemos con nuestras heridas y la ropa hecha harapos, seguros de que nos está esperando con los brazos abiertos y con el mismo amor de siempre.

Dios nunca dejará a uno de sus hijos herido, a Él le interesa cómo peleamos, cuánto nos esforzamos, no los resultados de una batalla. Lo que le interesa es que lleguemos hasta el final de la guerra firmes.

“Pelea la buena batalla por la fe verdadera. Aférrate a la vida eterna a la que Dios te llamó y que confesaste tan bien delante de muchos testigos” 1 Timoteo 6:12 (NTV)

No seas un desertor, Dios te ama sin importar cuántas batallas ganaste o perdiste, Él siempre estará contigo para fortalecerte, animarte, sanarte y mostrarte que no es el final, aún hay mucho más para ti; la victoria final es un hecho, sólo debes creer.

 

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¡Todos son iguales! 6

¡Todos son iguales!

¿Alguna vez has escuchado a una mujer decir “todos los hombres son iguales”? Incluso ahora,  los hombres hacen este tipo de comentarios. Las experiencias vividas, ya sea una infidelidad, agresión o engaño, pueden ser un motivo por el cual prefieren poner a todos en el mismo lugar. La realidad es que estas palabras provienen de un corazón herido.

En alguna oportunidad me dieron un billete falso donde perdí una considerable suma de dinero. Por supuesto que en el momento es difícil ver con buenos ojos esta situación, sin embargo, sería hasta gracioso mencionar “todos los billetes son iguales”, ya que obviamente no lo son, la experiencia me llevó a tener más cuidado al recibir cualquier billete.

Al igual que estos casos, muchas personas no quieren acercarse a Dios porque han conocido a un cristiano que los ha decepcionado. No desean asistir a una iglesia porque piensan que todos deben ser así de insoportables, ingratos o irresponsables como aquella persona que les falló. Lamentablemente algunos hacen quedar tan mal a la iglesia de Cristo que no parecen hijos de Dios.

Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; más no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Mateo 23:3

En este pasaje Dios hace referencia a los fariseos y dice: “Hagan y cumplan todo lo que ellos dicen, pero no los imiten, porque ellos enseñan y no practican” Los fariseos eran hombres que conocían la palabra de Dios, pero no la obedecían.

Es posible que hayas conocido este tipo de persona, sabes que asiste a la iglesia, incluso lo has visto caminar con su biblia o alguna vez te ha predicado del Señor; sin embargo, ha tenido actitudes que no esperabas de parte suya. Lo que puedo recomendarte es que los escuches pero no seas como ellos.

Todos debemos tener cuidado con quien nos relacionamos, ya que somos exclusivamente diferentes, y por esto mismo podemos conocer personas tan delicadas como insoportables. Así como no podemos decir que no existe el amor por un hombre que fue infiel o que no existe la verdad por un falso, de igual forma no podemos decir que no existe Dios por un mal cristiano.

Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. 2 Corintios 8:9

En su tiempo cada uno recibirá el fruto de su esfuerzo, por lo que en esta oportunidad te animo a no darles importancia a esas personas, sino a que te enfoques en el propósito que Dios tiene para tu vida, en buscar una relación con Él, quien por amor se hizo pobre siendo rico, para que puedas disfrutar de su riqueza. Siendo hijo de Dios se hizo hijo de hombre para que tú puedas ser hijo de Dios.

No olvides que ¡Somos únicos y especiales!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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