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¡Imposible esconderlo!

Probablemente todos hayamos tenido una materia que nos complicaba en nuestra época estudiantil.

Recuerdo una vez a un  grupo de compañeros que estaban muy asustados por reprobar una materia. Al hacer cálculos de sus puntajes acumulados a lo largo del semestre se dieron cuenta que eran insuficientes, lo cual los llevó a darse formas para evitar malos resultados. Acudieron a la fórmula fácil para estos casos, y cuando llegó el día del examen era increíble la confianza que tenían, tanto que uno de ellos dijo: “con este método nadie se dará cuenta y seguro aprobamos”, se refería a hacer trampa. Fueron tan hábiles para esto que evidentemente el docente no se dio cuenta. No había duda de que, el día que se revelaron los resultados de los exámenes, aprobaron, es más habían obtenido el mejor puntaje de la clase; por esa misma razón y al ver exámenes similares, el docente los llamó a dirección y les dio otra prueba para corroborar su aprendizaje, lamentablemente los resultados no fueron buenos y no sólo reprobaron el examen sino también la materia.

Es posible esconder nuestros pecados temporalmente, pero no olvidemos que tarde o temprano todo sale a la luz.

“Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a la luz.” Lucas 8:17 (RVR)

No es difícil mentir a nuestros amigos, docentes, líderes y padres, pero no podemos hacer lo mismo con Dios, Él no puede ser burlado, no aprobará  jamás el pecado y mucho menos socapará nuestro mal proceder. No necesitamos justificarnos porque nuestro Juez Justo se encargará de hacer justicia.

“Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.” Eclesiastés 12:14 (RVR)

Por eso, aquellos que hacen trampas en el colegio, universidad o ministerio; empleados que le roban a sus empresas; empresarios que explotan a sus trabajadores; los que difaman contra otros; los que le mienten a su pareja; los que codician, etc. a ellos, les pregunto: ¿Crees que nunca saldrá a la luz?

Es una pérdida de tiempo justificarse de los malos actos porque tarde o temprano el mentiroso cae en la propia trampa de su mentira y se descubre su mal proceder.

Si hay algo que estás escondiendo a tu esposo, padres, amigos, compañeros o líderes, no te confíes, no podrás hacerlo por mucho tiempo; antes de que las cosas terminen peor de lo previsto, debes confesar con la verdad a quienes se lo merecen y por supuesto a Dios, quien es fiel y justo para perdonarte y limpiarte de toda maldad.

Recuerda que a Dios nada se le escapa, ni lo bueno ni lo malo. Quizá nadie más haya visto lo que hiciste, pero con toda seguridad Él se encargará de recompensarte grandemente por tus buenos actos o juzgarte por tus actos ofensivos para otros.

 “Porque todo lo que esté escondido se descubrirá, y todo lo que se mantenga en secreto llegará a conocerse. Lo que ustedes digan en la oscuridad, se sabrá a plena luz del día; lo que digan en secreto, lo llegará a saber todo el mundo.” Lucas 12:2-3 (TLA)

¿Quieres ser libre de toda condenación? Camina en rectitud bajo los estatus de Dios, pero si fallas en el intento no lo pases por alto, pídele perdón y renuncia a esa manera de vivir; el pecado es imposible de esconder, tarde o temprano se dará a conocer.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Dinamita espiritual

“Pero este género no sale sino con oración y ayuno.” Mateo 17:21 (RVR1960)

Muchas veces nos hallamos turbados cuando atravesamos por pruebas que humanamente parecen ser imposibles de resolver y nos olvidamos que la combinación del ayuno con la oración pueden resultar una bomba atómica espiritual capaz de destruir toda fortaleza creada por el enemigo y liberar el poder de Dios en nuestras vidas. ¡Si estás en una encrucijada o necesitas tomar decisiones, ayuna y verás cómo Dios obra a tu favor y los poderes espirituales de maldad caerán!

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Nos cambia la vida

Seamos realistas: pidamos lo imposible
Prohibido prohibir
La imaginación al poder
(Gritos de batalla de la llamada “revolución de mayo del 68”)

Este año se recordará el 50º aniversario del movimiento juvenil de 1968 que tuvo su mayor expresión en el famoso “Mayo francés”. No abundaremos en lo que fue y el significado que tuvo para aquella generación. Cualquier búsqueda en Internet arroja información que sería imposible resumir aquí. Aquí nos interesa puntualizar algo que ocurrió años después, pero no sólo a ellos, sino también a los hippies de los años ’60 y a los revolucionarios de los ’70 en América latina.
Los máximos líderes del movimiento estudiantil francés se convirtieron en representantes en el sistema parlamentario y gozan o gozaron de los beneficios y derechos de todo legislador. Una buena parte de los participantes de la “revolución de las flores” y asistentes al legendario recital de Woodstock llegaron a ser prósperos empresarios, empleados del gobierno y/o sexagenarias abuelas en acomodados suburbios. Los jóvenes idealistas de las revoluciones populares en nuestro continente latinoamericano hoy dan clases en respetadas universidades, son consultores de agencias internacionales, visten trajes caros y manejan vehículos de alta gama.
No vamos a hacer un festín inconsecuente y gratuito con aquellos heroicos revolucionarios que devinieron miembros de la alta burguesía de la cual abrevan con fruición pese a que hace cuarenta o cincuenta años la combatieron ardientemente. Todos cambiamos. Hace cincuenta años todos éramos todos flacos, teníamos el pelo largo, usábamos pantalones ajustados pata de elefante, camisas floreadas con cuellos enormes, cinturones con pesadas hebillas de hierro, nos alimentábamos con poca proteína y odiábamos el sistema con todo nuestro ser.
Son pocos los personajes de la historia que vivieron en rigurosa consecuencia con sus ideales hasta el fin de sus vidas, gente que no transó sus convicciones. Algunos de ellos no sólo no cambiaron sino profundizaron su compromiso hasta la muerte y, en el caso de Jesús, muerte de cruz.
Solíamos ayunar todos los lunes, viajar sin boleto de regreso, confiar en la provisión divina, regalar nuestra poca ropa, pasar la noche en sacos de dormir donde fuera con tal llevar el mensaje por el mundo. Hoy tenemos tres comidas calientes al día, una pequeña pero segura cuenta en el banco, un pasaporte con muchos sellos y un cierto prestigio internacional.
No renegamos del presente – sólo que algo muy importante se nos quedó en el camino…

¿Por qué los milagros no llegan?

En los primeros capítulos del evangelio de  Marcos vemos que Jesús había sanado a un paralítico, un hombre endemoniado recibió libertad,  la mujer con flujo de sangre quedó sana  después de doce años de sufrimiento e inclusive, la hija de Jairo resucitó.  No eran pocos los milagros que presenciaron los que seguían al Maestro; pero al llegar al capítulo 6 encontramos algo sorprendente.

¿Habrá algo imposible para Dios? La respuesta que todos daremos es: No, no hay nada imposible para Él. Para Dios lo sobrenatural es lo más normal. Por eso mismo es que nos llama la atención Marcos 6:5-6 “Y, debido a la incredulidad de ellos, Jesús no pudo hacer ningún milagro allí, excepto poner sus manos sobre algunos enfermos y sanarlos. Y estaba asombrado de su incredulidad.” (NTV)

La incredulidad de esos hombres no permitió que Jesús hiciera los milagros que podría haber realizado y Él mismo estaba sorprendido de la falta de fe en esa región.

A veces nos sucede lo mismo. Le pedimos a Dios que nos sane, que nos provea trabajo, que restaure nuestra familia, que haga justicia a nuestro favor, que nos haga libres de alguna adicción y muchas cosas más; pero no tenemos la fe suficiente como para creer que Él lo hará.

Jesús mismo hizo referencia al tamaño de la fe y en una ocasión la comparó con una semilla de mostaza, afirmando que siendo aún así de pequeña los montes se moverían (Mateo 17:20)

Dios nos pide una fe sincera, nada más. Nuestro corazón y nuestra mente deben saber que Él no hay problema tan grande como para detener a Dios. Debemos rendir nuestras vidas para que pueda obrar en las circunstancias que estamos atravesando.

Recuerda que no hay nada imposible para Él, otra cosa es que nuestra falta de fe nos impide ver el milagro que buscamos.

“Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible” Mateo 19:26

No seamos como esos hombres y mujeres que por su falta de fe no pudieron ser testigos de los milagros que Jesús hacía. Es tiempo de confiar en Él con todo nuestro ser. Recuerda que tu fe no necesita ser más grande que una semilla de mostaza, Dios no te pide más, pero debe ser genuina.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué es imposible?

La Biblia registra los hechos impresionantes que Dios hizo en medio de su pueblo, recordemos algunos:

– Abrió el mar rojo.
– Destruyó las murallas de Jericó.
– Convirtió en agua en vino.
– Alimentó a 5 mil con dos 2 peces y 5 panes.

Y así podríamos seguir recordando lo que Dios hizo en medio de su pueblo. A lo largo de la historia el hombre ha sido testigo de su poder y hoy también tenemos la posibilidad de presenciar esos milagros.

Jeremías 32: 27 dice: “Yo soy el Señor, Dios de todos los pueblos del mundo. ¿Hay algo demasiado difícil para mí?” (NTV)

La duda es el principal enemigo de la fe y se hace presente justamente cuando estamos atravesando tiempos difíciles; si dejamos que se quede en la mente y en el corazón puede causar grandes tragedias como: alejamiento de Dios, frustración, decisiones apresuradas que van directo al fracaso, etc.

Como seres humanos estamos limitados, pero Dios no tiene esos límites, Él puede lograr lo que es difícil o imposible para el hombre ¿Lo crees?

Tal vez tu problema es grande y muy complicado pero tu fe debe ser aún más grande y firme, recuerda que Dios es supremo y tiene el control de todo “La tierra es del Señor y todo lo que hay en ella; el mundo y todos sus habitantes le pertenecen” Salmos 24:1 (NTV).

Hoy quiero animarte a decirle a tus problemas (físicos, económicos, familiares, etc.) que tienes un Dios de imposibles.

No tengas temor de lo que vendrá, que tu confianza esté en Dios y verás ese milagro en tu vida.

¿Qué es imposible para Dios?

Por Judith Quisbert.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Quieres ver agua en el desierto?

A veces, el problema que está delante de nosotros es tan grande que nos impide visualizar la solución con los ojos de la fe, así como a una persona sedienta le resulta difícil asimilar un oasis en medio de un desierto.

“Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.” Hebreos 11:11 (RVR 1960).

Abraham recibió una promesa de parte del Señor, y esta era que su esposa iba concebir un hijo siendo una mujer mayor de edad o como la Biblia dice: “fuera del tiempo de la edad”. Seguramente, para los que lo rodeaban era complicado creer en el cumplimiento de esta promesa, y quizá hasta se burlaban de ellos, pero la fe que tenían les dio fuerza para recibir lo que esperaban.

Recuerda que: ¡Nada es imposible para Dios!

“Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.” 1 Samuel 1:10-11 (RVR 1960).

Otro milagro que ocurrió por la fe se relata en la historia Ana, quien deseaba con todo su corazón tener un hijo, y al final recibió lo que deseaba: “ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente…” Ana era una mujer que clamaba a Dios porque tenía fe, sabía quién era Él y lo que podía hacer.

¿Tienes un problema demasiado grande? Este tiempo no te apartes del Señor, ni te desanimes de orar y estudiar su palabra ¡Al contrarío! Te aliento a acercarte a Dios con fe, así como Sara o Ana, confiando en Dios y clamando por tu petición.

 ¿Necesitas un milagro? ¡Entonces ten fe en el Señor!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡No cargues lo que no sirve!

Jesús se encontraba enseñando en una sinagoga y en ese mismo lugar estaba una mujer que vivía encorvada desde hace 18 años (es decir no podía enderezarse completamente), quizás la vida de esta mujer no haya sido nada fácil pues ¿Qué tan lejos podía llegar si solamente podía ver sus pies y el piso?

Lucas 13:11 dice: “vio a una mujer que estaba lisiada a causa de un espíritu maligno…” en versículos anteriores y posteriores no encontramos la razón por la que esta mujer estaba siendo atormentada por el enemigo, pero sí sabemos que su condición era consecuencia de un pecado.

El encuentro con Jesús le cambio la vida, “Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad” Lucas 11:12 (NVT), halló libertad y perdón de pecados.

Al igual que esta mujer muchos de nosotros podemos estar viviendo imposibilitados por causa del pecado; quizás son muchas las faltas, necedades, culpa y errores que cargamos en la espalda y está llegando al punto de que por el tamaño y el peso de lo que llevamos estamos comenzando a encorvarnos.

¿Qué podrías hacer o a dónde podrías ir si solamente puedes mirar abajo? Cuán difícil debió ser la vida de esta mujer pues su condición la limitaba y con ello se acomodó a su situación, tal vez ya te acostumbraste a vivir así, sin poder mirar adelante y vives teniendo compasión de ti mismo.

Jesús quiere enderezarte y quiere hacerte libre de lo que estás llevando, Mateo 11:28 dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”, Él está dispuesto a quitarte la carga (frustraciones, miedo, duda, falta de perdón, orgullo, etc.) y así podrás ver hacia adelante y podrás lograr aquello que te parecía imposible.

Decide hoy soltar aquello que te detiene, limita y te causa heridas y pon todo en las manos de Dios y sé verdaderamente libre.

Por Judith Quisbert.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Misterio

“Cuán insulso y tedioso sería el mundo sin misterio”, dice el maestro Ibn Sina para conformar a su discípulo Jesse ben Benjamin, afligido por el misterio que rodea a las enfermedades incurables. Son palabras adecuadas para su tiempo: es una escena de la película “El médico”, ambientada en la Edad Media. Suenan extrañas para nuestra época que, embriagada de información, inundada de imágenes y sonidos, no parece reconocer límites al conocimiento.
Se dice, Si no lo sabes, googléalo, o Seguro que hay un tutorial en YouTube. Tal vez sea ésta la razón por la que la mayoría de los estudiantes experimentan el aburrimiento en las clases. ¿Qué puede enseñar un profesor que ellos no puedan hallar en internet? Quizá sea también la explicación de por qué el abúlico espectador navega por los 900 canales que tiene disponible en su conexión de televisión satelital y no se detiene en ninguno donde pueda disfrutar de un documental, un espectáculo o una buena película.
Todo está ahí, disponible a un clic de distancia. Ahíta de estímulos audiovisuales, nuestra generación parece haber perdido la capacidad de asombrarse. Ya no tenemos la maravillosa experiencia de la perplejidad frente al misterio y lo desconocido. Por eso mismo, como escribí hace unos días, el salvaje degollamiento online de un grupo de prisioneros fue apenas una nota marginal en los grandes canales de noticias, ocupados por los últimos desnudos de la Kardashian o los premios anuales a la televisión.
Reconocer lo inexplicable es en cierto modo admitir nuestra incapacidad de comprender la complejidad del universo, un primer paso hacia la cordura, hacia el sobrio dimensionamiesto de nuestra humanidad. No somos infinitos.No sabemos todo. No podemos todo. Hay realidades que están más allá de nuestra comprensión y, por lo mismo, son imposibles de manipular.
La ilusión de las poderosas máquinas inteligentes, el acceso instantáneo a inmensas masas de información, la enormidad de recursos de toda índole no alcanzan a resolver ni mitigar la profundidad del misterio, la abrumadora realidad de lo desconocido y de lo imposible.
Nos haría bien pensar más frecuentemente en esta simple y concluyente verdad.

Vuelve a intentarlo

“Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Lucas 5:4-5

Cada uno de nosotros tiene sueños, anhelos, necesidades y luchas, nos esforzamos para salir victoriosos pero a veces nos desanimamos porque no vemos ningún resultado a nuestro esfuerzo. Pensamos que todo ha sido en vano.

En la Biblia encontramos esta historia: “Cierto día, mientras Jesús predicaba en la orilla del mar de Galilea, grandes multitudes se abalanzaban sobre él para escuchar la palabra de Dios. Jesús notó dos barcas vacías en la orilla porque los pescadores las habían dejado mientras lavaban sus redes.  Al subir a una de las barcas, Jesús le pidió a Simón, el dueño de la barca, que la empujara al agua. Luego se sentó en la barca y desde allí enseñaba a las multitudes.  Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: Ahora ve a las aguas más profundas y echa tus redes para pescar. Maestro, respondió Simón, hemos trabajado mucho durante toda la noche y no hemos pescado nada; pero si tú lo dices, echaré las redes nuevamente.”  Lucas 5:1-5 (NTV)

Quizá nuestra situación es justamente como la de Pedro y de aquellos pescadores que se habían esforzado toda la noche y no habían pescado nada. Tal vez estás triste y desanimado viendo que todos tus intentos por salir adelante han sido un fracaso.

Hoy el Señor nos pide que lo dejemos subir a nuestra barca y volvamos a intentarlo nuevamente. Posiblemente ya no tienes fuerzas y tu fe está a punto de desaparecer pero, así como Pedro puedes decir: “más en tu palabra” seguiré luchando por mi familia, tocaré una puerta más para pedir trabajo, volveré a esforzarme en mis estudios.

No te rindas y en Su palabra intenta nuevamente, los resultados serán maravillosos  y  extraordinarios. “Y esta vez las redes se llenaron de tantos peces ¡que comenzaron a romperse! Un grito de auxilio atrajo a los compañeros de la otra barca, y pronto las dos barcas estaban llenas de peces y a punto de hundirse.” Lucas 5:6-7 (NTV)

No olvides que tenemos un Dios poderoso, que no conoce imposibles. “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” Juan 14:13

“Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.” Juan 14:14

 

 

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Milagro en alta mar

En un viaje por el océano, una señora se puso tan enferma por el mareo que el médico le dijo que solamente el comer muchas naranjas podría restablecerla. La señora,  en su debilidad dijo:

– Doctor, no se apure, mi Padre Celestial me las enviará. Yo voy a pedírselo ahora.

– Pero, querida señora- contestó él – no olvide que nos hallamos en la mitad del océano.

– No importa, amigo mío; para Dios todo es posible.

Unas horas más tarde, el mismo doctor entraba corriendo hasta la enferma, para poner a los pies de su cama un cesto colmado de naranjas.

Como pudo, nervioso y maravillado, explicó su procedencia:

– Un buque averiado… le hemos auxiliado… un cargamento de naranjas en el buque… un…

– ¡Un milagro de mi Padre Celestial, doctor! – le interrumpió la enferma.

Humanamente vemos miles de impedimentos para todo lo que hacemos y queremos, normalmente confiamos más en las cosas que vemos y percibimos con nuestros sentidos que en Dios, olvidando que para Él no hay nada imposible.

“He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?” Jeremías 32:27 (RVR1960)

No importa dónde te encuentres, ni cuáles sean tus circunstancias, si tienes fe en Dios y confías en Él de todo tu corazón verás milagros suceder, aún contra toda posibilidad humana.

A Dios no lo limitan las circunstancias, los lugares ni las personas, lo único que no permite que se mueva la mano de Dios es nuestra incredulidad, nuestra falta de fe.

Pon en acción tu fe, deja de ver las circunstancias que te rodean y cree que para Dios no hay nada imposible.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Tu fe es importante

“Para Dios no hay nada imposible.” Lucas 1:37 (DHH)

Dios es especialista en hacer lo imposible, lo único que Él exige para actuar en nuestras vidas es una fe sincera y que esté depositada en Él.

En Marcos 10:52 vemos como el ciego de Jericó fue sanado; Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado.” Lucas 7:50 habla de una mujer que llegó hasta el Maestro y  con lágrimas regó sus pies y los secó con sus cabellos;  a ella Jesús se dirigió con las siguientes palabras: “Tu fe te ha salvado, ve en paz.” En Mateo 9:22, leemos de una mujer que tocó el manto de  Jesús y después de ser sanada, la Biblia dice: “Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: “Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado”.

En estos tres casos Jesús  afirma que es por la fe de ellos que fueron sanados. Esa debe ser nuestra confianza y seguridad, que Cristo está dispuesto a salvarnos sea cual sea la situación que estemos pasando. Muchas veces nos desesperamos y perdemos la fe ante una situación difícil, un problema grave o una prueba, lo que no debería ser así.

Aprendamos del ciego, de la mujer con flujo de sangre y de la mujer pecadora que no dudaron de la misericordia y el poder de Jesús. Cada uno de ellos tenía fe y con esa confianza se acercaron a Él.

Lo cierto es que, si no tienes fe es imposible que Dios haga algo por ti. Sólo tu fe hará que Dios obre a tu favor. ¿Y cómo o qué hago para tener fe? La Biblia dice que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Romanos 10:17

Te animo a que cierres tus ojos un momento y le pidas a Dios que te fortalezca, llene de fe y quite toda incredulidad de tu vida.

 “Yo soy el Señor, Dios de toda la humanidad. ¿Hay algo imposible para mí?” Jeremías 32:27 (NVI)

Ten fe y milagros comenzarán a acontecer a tu alrededor porque todo es posible al que cree.

“Acerquémonos, pues, con confianza al trono de nuestro Dios amoroso, para que él tenga misericordia de nosotros y en su bondad nos ayude en la hora de necesidad.” Hebreos 4:16 (DHH)

 

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A veces hago lo que quiero

A veces hago lo que quiero. La mayor parte del tiempo no. Hay que trasladarse, trabajar, hablar, responder, reunirse, resolver, socializar, argumentar, esperar, proponer, creer. Se hace necesario observar ciertas convenciones, ir a la caja a cobrar el giro, comprar cosas, lavar, asear, cocinar, barrer la vereda porque es ordenanza municipal. Es imprescindible presentarse en ciertos encuentros importantes, atender preguntas, informarse adecuadamente del estado de parientes y relaciones bilaterales.

A veces hago lo que quiero. En otras ocasiones hay que admitir que las cosas son como son y que el horno no está para bollos. Se hace inevitable administrar el tiempo, la plata, los espacios, el ánimo y los deseos. Es preciso poner algunas cosas antes que otras, abstenerse de ciertas cuestiones, explicar las misteriosas razones por las cuales se margina uno de redes, perfiles y tecnologías de avanzada.

A veces hago lo que quiero. Si no, hago mandados, compro encargos, me informo de los acontecimientos sobre los cuales habla la gente – a veces me informo a través de lo que habla la gente pero en realidad eso no es muy recomendable. Voy a las oficinas de servicios públicos a tomar nota de ciertos derechos inalienables que no me están siendo garantizados e intento descifrar los arcanos de la factura del gas o de la luz. Envío mi boleta de honorarios puntualmente cada mes, voy al dentista, hago algunas llamadas y escribo unos correos.

A veces hago lo que quiero. Algunas cosas que habitualmente no quiero, las hago porque quiero. Elijo el silencio, leo los pocos y últimos libros que me quedan, me siento a oscuras en la cocina y pienso en una frase, una posibilidad, una caricia, una mirada, un abrazo, un respiro, una pausa, un amparo, una solución final, un mundo que sea otro, una época imposible. Considero todo lo que no sé, todo lo que no puedo, todo lo que hice, todo lo que ya está, todo lo que no comprendo aunque lo lea o lo escuche cinco veces, todo lo que me da risa, pena o rabia pero ya no tanto como antes, todo lo que me da miedo.

A veces hago lo que quiero. Algunas de esas cosas no son objeto de conocimiento público, ni bilateral ni multilateral, por lo cual de ellas aquí no se trata.

(Fotografia: Ivan Pierotti – Usada con permiso – ivanpierotti.com.ar)

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