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¿Crees que puede hacerlo?

Dos hombres ciegos se enteraron que Jesús pasaba por su ciudad y comenzaron a dar voces pidiendo misericordia para poder recuperar su vista y Jesús les respondió:

“¿Creen que puedo darles la vista?(Mateo 9:28)

Una respuesta sincera y de fe puede determinar si tu petición tendrá una respuesta favorable de parte de Dios.

La duda es el principal enemigo de aquellos que esperamos ver un milagro de Dios ¿Cuántas de nuestras oraciones están llenas de desconfianza? La excesiva preocupación es una muestra de cómo la inseguridad va ingresando a la mente y al corazón de aquella persona que espera en Dios.

¿Te imaginas si estas personas ciegas no hubiesen respondido con fe? Jamás hubiesen podido volver a ver, pero gracias a que su respuesta fue sincera y positiva, recuperaron la visión.

Si en este momento Jesús te haría la misma pregunta ¿Crees que puedo hacerlo? ¿Cuál sería tu respuesta? La fe no solamente se expresa en palabras sino a través de las actitudes del corazón.

Quizás estás esperando un milagro de Dios pero por el tiempo que ha pasado y el momento que vives la duda ha comenzado a inundar tu corazón y tu mente y has llegado a la conclusión de que Dios no te escucha o que se ha olvidado de ti. No te permitas dudar del Poder y la Misericordia de Dios que tu respuesta no sea “Tal vez” o “Quizás pueda”

Responde con fe:   “Sí Señor lo creo”

Yo soy el Señor, Dios de toda la humanidad.  ¿Hay algo imposible para mí?”  Jeremías 32:27 (NVI)

Por Judith Quisbert

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Qué vergüenza!

¿Viviste algún momento incómodo donde deseaste desaparecer?

Una amiga me contó que en una ocasión estaba regresando a su casa demasiado tarde, ella estaba sola y además asustada porque había escuchado diferentes noticias de raptos en movilidades. Se asustó mucho cuando pensó que un taxi parecía seguirla y de repente frenó justamente donde ella se encontraba. En ese momento de desesperación tocó la primera puerta que encontró. Cuando se dio cuenta que los que bajaron del auto eran los dueños de aquella casa, se inventó el nombre de alguien a quien buscaba. Fue un momento muy incómodo pero gracioso de recordar.

Reflexionemos la definición de la palabra vergüenza en el diccionario: “Sentimiento de incomodidad producido por el temor a hacer el ridículo ante alguien”. Es natural sentirse incómodo por situaciones que nos avergüenzan, seguramente te ha pasado a ti, lo que es lamentable, es sentir vergüenza por aquello que nunca debiéramos sentir, por ejemplo: por el apellido, por la familia, o como un cristiano por el evangelio.

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree…” Romanos 1:16

A muchos cristianos les da vergüenza ser vistos con su biblia, enseñar o anunciar que son hijos de Dios. La verdad es que si ellos creyeran en Dios y en el poder de su Palabra, jamás tendrían vergüenza de hacerse conocer.

Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles. Marcos 8:38

La verdad es que Dios es quién debería sentirse avergonzado de nosotros, al ver hijos tan cobardes e incrédulos. La palabra dice que Él se avergonzará de ellos.

Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos. 2 Timoteo 1:8-9

Quisiera preguntarte: ¿Todos los que te rodean ya saben que eres cristiano? ¿Enseñas la Palabra de Dios? ¿Tienes pasión por las almas y estás buscando salvar vidas? Estas preguntas deberían hacerte reflexionar porque tal vez con tus actitudes estás deshonrando a Dios al sentir vergüenza de su evangelio, lo bueno es que no es tarde para arrepentirte.

Hoy te animo a enseñar en todo momento y lugar que puedas sobre el amor de Dios, a decir a cada persona con quien te encuentres que eres cristiano y a llevar la biblia en tu mano. ¡Si eres hijo de Dios, valora las palabras de tu padre!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿El beneficio de la duda?

¿Por qué nos cuesta dar a la gente el beneficio de la duda?

Recientemente aprendí lo que significa esta frase. Toda mi vida la he escuchado en mensajes, consejos, la había leído en artículos, revistas, periódicos, etc,  pero me entraba por un oído y me salía por el otro.

Pensaba que esa frase era muy compleja de entender o que no aplicaba para mi vida. Y así,  fui topándome con varios tipos de personas, hubo algunos que me generaban un sentimiento de confianza enorme y otros, a los que no le creía ni los buenos días.

A ese grupo de personas en los que no confiaba, los mantuve a la raya, distantes, entre: Hola! ¿cómo estás? , Bien! Que bueno!, OK gracias; sin profundizar en nada porque no me era relevante lo que me dijeran o contaran, o simplemente no les creía. Por algún motivo dudaba de todas las palabras que salían de sus bocas, y como era de esperarse cada acción que tomaban yo las veía mal, como algo negativo y si era hacia mi persona, mi pensamiento automático era: “me quiere embromar” o “me quiere hacer daño” lo cual me predisponía a estar en guardia y lista para una pelea o discusión.

Un pequeño gesto mal interpretado fue la gota que derramó el vaso y me hizo casi explotar, bueno está bien, exploté; respondí de vuelta  y decidi ir a pelear con la persona, si pelear! Esa persona no tenía idea de lo que sucedia, no entendió nada, se asustó al verme tan furiosa y le hizo daño mi actitud.

Yo por dentro me sentí victoriosa… “Muy bieeeen” me decía a mi misma, ahora más nadie va a meterse conmigo. Y mantuve mi actitud dura y recia; pero otro pequeño gesto giró el curso de la historia completamente! Y que bueno!

La persona de mi blanco de Guerra, me pidio un minuto para hablar… “¿para hablar, qué vamos a hablar?” me dije, ya no hay que hablar más nada.  Sin embargo, acepté y ni siquiera entiendo aún porque acepté,  y mientras me dirigía al encuentro con el oponente seguía dudando y diciendo ¿para qué hago esto?, ¿de qué vamos a hablar?.

Hablando con “el oponente” me di cuenta que estuve tan equivocada, tan desubicada, tan mal! La verguenza que sentí no fue normal. Pero esta persona me hizo entender que significa que no podemos saltar a conclusiones bajo ninguna circunstancia, que por más obvia que parezca una acción, una palabra, un mensaje, debemos HABLAR, PREGUNTAR; sin preparar un ejercito detrás de nosotros para acabar al que consideramos enemigo, que en realidad no lo es y nunca lo fue.

Aprendí, de la manera más penosa, que tenemos que dar el beneficio de la duda a las personas; no solo por el bien y la armonía de nuestras relaciones con amigos, compañeros y familiares, sino porque eso también trae paz a nuestros corazones. Es incómodo, difícil e imposible, vivir a gusto teniendo que estar a la defensiva por cada palabra y acción que digan y hagan los que nos rodean.

Yo lo aprendí por las malas, pero mi deseo al compartir esta historia y este mensaje contigo, es que tú lo puedas aprender y aplicar por las buenas; y sin necesidad de afectarte a ti, ni a otros.

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