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Protesta social II

La protesta social, dijimos en el artículo anterior, se incuba siempre en condiciones políticas y económicas injustas. No hay mal que dure cien años ni pueblo que lo aguante.

En este contexto y para finalizar esta reflexión sugiero que los cristianos tienen la responsabilidad y, si cabe, la obligación de manifestarse en contra de cualquier estructura de injusticia e impiedad.

No es el lugar ni hay espacio aquí para documentar con la Biblia las veces y las formas en que los creyentes, los profetas, la gente común y aún el mismo Jesús en varias ocasiones, se manifestaron de palabra y de hecho, en contra el sistema político y religioso de su tiempo.

Esto enciende las alarmas de los cristianos que afirman el pasaje aquel de que toda persona debe someterse a las autoridades superiores como si ese versículo hiciera tabla rasa con el resto de la Biblia.

Si eso fuera así, piénsese nada más en los profetas – Jeremías siendo el más notable. Su sola palabra era una protesta social. No hay que ser muy advertido para entender que quienes escuchaban o leían sus palabras estaban siendo llamados a rebelarse contra el sistema imperante. No se comprendería de otro modo el sentido de hacer público su reclamo.

La protesta social siempre es válida cuando cuestiones esenciales de la existencia humana están siendo vulneradas. La opresión, el abuso, la explotación, la injusticia, la pobreza abyecta que afecte a cualquier ser humano deben ser resistidas.

Salir a quemar vehículos, romper vidrieras, destruir comercios o edificios que no tienen relación alguna con el objeto del reclamo, a mi juicio, no puede ser entendido como una protesta justa.

Hay muchas maneras de presionar a los gobiernos y sistemas injustos sin vandalizar la ciudad. Desde la desobediencia civil hasta sitiar los edificios emblemáticos del poder, son acciones válidas, no destructivas, que dan un mensaje claro y formal.

La resistencia pacífica de Gandhi, de Martin Luther King, los viernes sin escuela de Greta Thurnberg, el boicot al transporte público en Sudáfrica en tiempos de Nelson Mandela son algunos ejemplos de desobediencia civil que pueden abrir el camino al cambio sin destrucción de bienes públicos o de vidas de personas.

En todo proceso de resistencia existe siempre el riesgo de la violencia. Pero no es el objeto de la verdadera protesta. Debe aceptarse sólo como un daño colateral.

Valdrá la pena recordar que no hay paz posible si no hay justicia.

Dios me hace ver

¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? pregunta un antiguo profeta a Dios. A causa de la violencia y la injusticia circundante estaba “sacado”, como se diría en Argentina. Pero la pregunta es rica en material para la reflexión.

En su enojo a causa de lo que observa a su alrededor se molesta con Dios. Lo increpa porque lo “hace ver” toda esa maldad.

Las frase activa en esta pregunta es me haces ver. Cuando uno ve tanta destrucción social diseminada siempre está tentado a preguntarle a Dios por qué no interviene. O por qué hace algo que no entendemos.

Pero preguntémonos: Dios ¿está “haciendo ver” algo al profeta? O puesto de otro modo, ¿es la voluntad de Dios que todo eso suceda? Afirmo solemnemente que no. Pero la pregunta surge a causa de ver tanta violencia e injusticia impune.

El criminal camina libre por la calle mientras que la gente justa debe encerrarse tras rejas y alarmas. El juez juzga según el momento político y las próximas elecciones. El policía extorsiona a un ciudadano o le roba. El funcionario mete la mano en la caja.

El texto muestra que Dios, en lugar de explicarse, le dice algo como: Haz algo tú. Deja de quejarte y abre la boca. O escribe, en este caso.

John Stott, un presbítero anglicano y pensador cristiano escribió en 1984 el extraordinario libro “La fe cristiana frente a los desafíos contemporáneos”. El título en inglés es mucho más potente: “Participación: Siendo un cristiano responsable en una sociedad no cristiana”. Cosas de los traductores: tal vez no les parecía muy espiritual. O era poco comercial.

Pocas veces he visto un estudio más lúcido y acertado en el análisis de la sociedad actual desde una perspectiva cristiana.

Me he quejado innumerables veces ante el Señor por la condición de nuestros países. Pero más me he quejado por la irritante ausencia de los cristianos, ocupados en cómo ser felices aquí en la tierra y más tarde eternamente en los cielos.

Alguna vez también se me dijo: “Escribe”. Y lo sigo haciendo, muchas veces a pensar mío. Pero me inclino con respeto ante el pastor Stott y les digo: háganse un favor, dejen ya de lado ese librito de autoayuda espiritual que están leyendo y compren “La fe cristiana frente a los desafíos contemporáneos”.

Nunca un libro les habrá estremecido tanto la vida…

Espero que así sea.

¿Cómo quiere Dios que reacciones ante una injusticia?

¿Te ha pasado que cuando pasas una circunstancia amarga e injusta, tu mente se llena de pensamientos de venganza y sientes impotencia?

En el libro de 1 Pedro 2:18-24 (NTV) el autor se dirigía a los criados de ese tiempo, ellos habían conocido la libertad espiritual que Jesús ofrecía, entonces como nacidos de nuevo les exhortaba a que sean obedientes a sus patrones, no sólo si ellos eran bondadosos y razonables, sino más si eran crueles.

La razón es porque Dios se agradaba de ello, ya que no hay mérito en ser pacientes cuando actúan mal con uno, en cambio si uno sufre por hacer el bien y lo soportaba con paciencia, nuestro comportamiento estará fuera de los estándares del mundo, y además recibiremos recompensa.

Algo relevante que el Apóstol Pedro además añade es que pongamos como parámetro, el ejemplo de Jesús: “Pues Dios los llamó a hacer lo bueno, aunque eso signifique que tengan que sufrir, tal como Cristo sufrió por ustedes. Él es su ejemplo, y deben seguir sus pasos. Él nunca pecó y jamás engañó a nadie.  No respondía cuando lo insultaban ni amenazaba con vengarse cuando sufría. Dejaba su causa en manos de Dios, quien siempre juzga con justicia. 1 Pedro 2:21-23 (NTV)

Jesús sabía que su Padre Celestial juzga justamente, al determinar quién tiene la culpa y quién no, Dios no se equivoca, por ello no hizo nada por defenderse.

Hay injusticias que nos tocará pasar, ya sea de una autoridad superior o de alguien de nuestro entorno, y la venganza no es una buena idea, o el defenderse desmedidamente; es mejor encomendarnos a Dios, quien es justo y a su tiempo la verdad saldrá a luz para recompensar nuestra paciencia y confianza en Él.

Tu defensor es Dios, así que cuando te encuentres en una situación similar, sólo piensa en qué haría Jesús en tu lugar.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Se verá que no

Harta de la complacencia y el talante indolente, el alma se subleva.

Escribe la crónica de la sangre, el relato de la injusticia, la historia de los pasillos donde la grey susurra su desamparo.

Pero es en vano.

Como decíamos cuando éramos chicos, “no hay coté”, no está el horno para bollos.

La multitud prefiere la paz de la soberana medianía. Al fin y al cabo, se dice a sí misma, las cosas siempre han sido como son.

Se alinea con las noticias y las tendencias de la red social, se divierte con memes y videos, deposita su voto al mejor postor porque vota al que le dé.

Traga discursos carismáticos, oxidadas consignas setenteras y televisión farandulera.

Transita por las anchas avenidas del sentido y el lugar común.

A la inmensa mayoría le irrita la provocación de la diferencia, la mirada otra, la confrontación del pensamiento y la exigencia de las letras.

Para la gente está bueno que las cosas cambien un poco para que todo siga siendo igual.

(Vive y deja vivir, no te metas, no agites el gallinero, no vayas donde no te llaman, vuelve a tu cubil, lobo estepario, rebelde malagradecido. Aquí las cosas marchan como deben, cada uno cumple su papel, todo marcha viento en popa y al final vamos a ganar y si no lo crees, peor para ti.)

Así que éste no parece ser mi lugar. Es más, a lo mejor no existe tal lugar y lo único que me pasa es que padezco una rara enfermedad que se me contagió una mañana debajo de unos manzanos silvestres.

Me iré entonces acurrucando al amparo de la poesía, compañera fiel igual que los libros. Me voy a apotincar en la temperada caricia del recogimiento y voy a buscar el abrazo cada vez más simpático de la soledad.

A lo mejor habría que hacer caso del consejo “No agites, hermano”.

Entonces, a hacer no más la pega de todos los días, seguir desayunando en Amélie (los domingos en Marzola) y aparentar que me quedo en el molde.

Un día, cuando me vaya, se verá que no.

Rebelión revisitada

La forma más elemental de la rebelión, paradójicamente, expresa una aspiración por el orden

(Albert Camus, El hombre rebelde)

La condición humana es injusta y hay poco lugar para la esperanza. Albert Camus creía esto pero sostenía que viviría en rebeldía permanente contra esa realidad.

Dice en una parte del libro mencionado: “Éste (el rebelde metafísico) se alza sobre un mundo destrozado para reclamar la unidad. Opone el principio de justicia que hay en él al principio de injusticia que ve practicado en el mundo.”

La rebelión contra cualquier sistema se inspira en la idea de que una vez eliminado éste se construirá otro orden. Pero lo que observa Camus es que el rebelde cuando ha vencido se alza como un nuevo poder.

Y ese nuevo poder con toda seguridad será injusto y opresor – de una manera distinta al anterior pero injusto y opresor al fin. De ahí la desesperanza.

Me atrae y me convoca la rebelión. Tengo la esperanza de un orden más justo y liberador aunque sea una ilusión, pero no quiero vivir aceptando el orden actual.

Si no me rebelo estaría diciendo que acepto, o que no me importa, que haya dictaduras y democracias dictatoriales, destrucción del medio ambiente, violencia y manipulación institucional, abuso de autoridad, guerra, narcotráfico, trata de personas, pobreza, injusticia laboral.

Estaría diciendo que me conformo. Y no, no me conformo. Estaría diciendo que no me importa, y sí me importa.

Entonces tengo que usar la palabra, la imagen y la acción para protestar y para incitar a la rebelión, para explicar a quienquiera oírlo que las cosas no tienen que ser así, que la maldad en cualquiera de sus formas transgrede la libertad.

La palabra rebelión tiene mala reputación en ciertas esferas. Una vez distribuí unos panfletos por internet firmados por Canuto rebelde (en mi país “canuto” es el nombre despectivo que la gente le da a los evangélicos).

Un señor me respondió: “Lo que usted afirma es muy bueno pero lo descalifica la rebeldía. Hermano, la rebeldía no es de Dios”.

Si hay algo que mi cristianismo me dicta es rebelarme contra toda forma de injusticia y de maldad. Si “Dios está airado contra el impío todos los días” es porque la maldad lo enoja. Y a mí debe enojarme lo mismo.

La rebelión no puede ser sólo verbal. Hay que encontrar la forma en que se convierta en acción concreta.

¡Pero si es injusto!

Mateo 17.24 TLA: “Cuando Jesús y sus discípulos llegaron al pueblo de Cafarnaúm, los que cobraban el impuesto para el templo fueron a preguntarle a Pedro: —¿Paga tu maestro el impuesto para el templo?”
En el camino de la vida seguramente experimentaste numerosas injusticias, algún profesor te fichó sólo porque piensas y vives de otra manera, o hiciste fila para realizar algún trámite y los encargados de la atención colocaron varias excusas y cerraron antes de la hora, o simplemente te engañaron en alguna compra. Se siente mal, ¿No?
Muchas veces Jesús pasó por injusticias, como el impuesto que le pidieron pagar para el templo cerca de otoño, que era un tributo que se pagaba en primavera para hacer expiación por la gente; Cristo pagó en obediencia a la ley aunque no tenía nada que expiar.
“Sin embargo, para que estos cobradores no se enojen, ve al mar y echa tu anzuelo. Ábrele la boca al primer pez que saques, y allí encontrarás una moneda. Toma ese dinero, y paga mi impuesto y el tuyo.”(Mateo 17.27 TLA)
Pagó para que no se enojaran ni se ofendieran, y así no darles motivos para oponerse a su obra. La humildad nos enseña a ceder nuestro derecho en casos excepcionales antes de ofender a alguien. Pedro tuvo que esforzarse, usar el talento que tenía y sacó un pez, confiando en lo que Jesús le había dicho.
La moneda que encontró en el pez era un estater de plata de cuatro dracmas, era lo necesario para pagar el impuesto de dos personas, en este caso de Pedro y de Jesús. ¡Jesucristo hace milagros creativos!
Si las injusticias te rodean recuerda que el Señor también atravesó por esto e incluso cerca de su muerte Él fue juzgado de noche, contrario a lo que las leyes mandaban.
¿Pasas por injusticias? Dios es fiel y puede ayudarte.

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Eres alguien de confianza?

Es interesante analizar si somos dignos de confianza, esta cualidad  se muestra cuando nos entregan una responsabilidad y asumimos el compromiso con todo empeño. De esta manera las personas tienen la seguridad de que pueden descansar con nosotros al darnos una tarea. En esta situación me gustaría recordar el servicio de José:

No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.” Génesis 39:23 (RVR 1960)

A pesar que José se encontraba en la cárcel por la injusticia que vivió, él no abandonó al Señor y continuaba trabajando donde estaba; de tal manera que el jefe de la cárcel descansaba con su trabajo y no necesitaba preocuparse por las responsabilidades de José ¿Cuántas personas tienen la confianza de entregarte sus preocupaciones?

La mayoría de los niños necesitan ser controlados por sus padres para cumplir con sus deberes, y a veces nos comportamos como ellos porque esperamos que alguien nos vigile para trabajar u obedecer; de lo contrario solamente estaríamos distraídos siendo un dolor de cabeza a nuestros superiores.

Siervos, obedezcan en todo a sus amos terrenales. Traten de agradarlos todo el tiempo, no solo cuando ellos los observan. Sírvanlos con sinceridad debido al temor reverente que ustedes tienen al Señor. Trabajen de buena gana en todo lo que hagan, como si fuera para el Señor y no para la gente.” Colosenses 3:22-23 (NTV)

En este mundo tenemos autoridades terrenales, como nuestros padres o jefes. El Señor nos enseña a trabajar y obedecer de buena gana, como si fuera para Él mismo, con sinceridad y respeto ¿Trabajas como para Dios?

Cuando comiences a actuar como Jesús te ordenó, te aseguro que también serás bendecido por Él, además hallarás gracia delante de las autoridades así como José. Por esta razón te animo a hacer la diferencia y, a pesar de que tus padres o jefes sean duros contigo, muestra siempre que eres alguien que sirve al Señor.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Firme dependencia

En Éxodo 1 relata cómo los hijos de Israel se multiplicaron en tierra Egipcia, tanto que los egipcios temieron por ellos; el faraón entonces dio la orden a las parteras de las hebreas Sifra y Puá que matasen a los niños y dejasen con vida a las niñas en el alumbramiento que atendían con el objetivo de frenar el crecimiento de ese pueblo.

Sin embargo, ellas temían a Dios y se negaron a obedecer la orden del rey, dejando vivir también a los varones. Por esta razón, el Señor las bendijo.

“Y Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera. Y por haber las parteras temido a Dios, él prosperó sus familias.” Éxodo 1:20-21 (RVR1960)

Quizás alguna vez has enfrentado alguna situación donde te pidieron que procedas de forma deshonesta, que mientas por otros, que alteres un número en tus reportes, que subas precios por encima de lo justo, o que seas cómplice de una injusticia.  ¿Cómo reaccionaste?

En el caso de Sifra y Puá, su actitud fue de dependencia primeramente a Dios, por encima de lo que implicaría desobedecer al rey egipcio. Como consecuencia, el pueblo se extendió más, se fortaleció y ellas fueron bendecidas.

Si se presenta una situación donde tienes que obedecer a una autoridad o a Dios, sin dudarlo elige ser obediente a nuestro Señor.

¡Sé integro donde estés!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Lejos están los días

Escribí sobre este tema hace algún tiempo. Hay que volver a mencionarlo, esta vez desde el enojo y la tristeza. Leo en un periódico local que dos jóvenes, de 20 y 22 años, fueron condenados a tres años y medio de prisión por robo. El juicio duró menos de un año.
No haré ningún argumento en contra o a favor del delito cometido; vivimos en una cultura en donde la maldad ya no nos asombra más. Lo que me indigna es la sucia injusticia de la justicia de nuestros países. Cuando era niño, la gente solía decir que por robar una gallina te metían preso cinco años, pero por robar millones y millones de pesos desde la política, las fuerzas armadas, la policía o el congreso, nunca te condenaban ni te encerraban en la cárcel. Es cierto, es un lugar común, pero no quiero que me llegue a ser indiferente y por eso hay que decirlo.
Millones y millones. No hablamos de unos cuantos billetes sino de bolsos y bolsas de efectivo robados del erario público – es decir, del dinero que las leyes tributarias sacan mes a mes de los bolsillos de los que sí trabajan para ganárselo. Encima, estas ladronas y estos ladrones, verdaderos delincuentes de carrera, siguen ejerciendo cargos de elección popular o se postulan a los mismos, ocupan horas de cobertura televisiva, son encomiados como agentes de riqueza en el caso de grandes empresarios, disfrutan de viajes a exóticos destinos o compran/construyen lujosas mansiones. Especial bronca me provocan las ladronas y ladrones que figuran públicamente como defensores de la clase trabajadora. Es como si se rieran en nuestra propia cara. “En alguna parte, ahora mismo, dice un personaje de la película El lado oscuro del corazón, un político te está…” No puedo poner aquí, desgraciadamente, la palabra que usó, pero confío en que nuestra atenta audiencia ya se la imaginó.
¿Y nosotros? Seguimos eligiéndolos en las urnas, seguimos dándoles rating en los medios de comunicación que ocupan horas en tales personajes, nos seguimos consolando con estupideces como “roban, pero hacen” o “en todas partes hay corrupción”.
Lejos – lejos…- están los días en que los cristianos eran no solamente un referente “moral” en cualquier sociedad sino activos promotores y agentes de justicia en la judicatura, la legislatura, las fuerzas armadas y la policía y en el mundo de la empresa y de la cultura.
Es verdad… Qué lejos están esos días.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

El veredicto

Se cuenta que en la Edad Media un hombre muy íntegro fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. El verdadero autor del crimen era una persona muy influyente del reino y, por lo tanto, desde el primer momento se buscó un “chivo expiatorio” para encubrir al culpable.

El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría pocas o nulas esperanzas de escapar a la terrible sentencia: ¡La horca!

El juez, quien también había sido comprado, cuidó los detalles para dar todo el aspecto de un juicio justo, por ello dijo al acusado:

      – Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor, vamos a dejar en manos de Él tu destino: Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras ‘culpable’ e ‘inocente’. Tú escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino.

Por supuesto, el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: ‘CULPABLE’ y la pobre víctima, aún sin conocer los detalles, se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria.

El juez ordenó al hombre tomar uno de los papeles doblados. Éste respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa, tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca, lo tragó rápidamente.

Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon:

      – Pero, ¿qué hizo?, y ahora ¿cómo vamos a saber el veredicto?.

El hombre respondió tranquilamente:

      – Es muy sencillo, es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el que me tragué.

Con un gran coraje disimulado, tuvieron que liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.

Así como este hombre se vio envuelto en una trampa de la que aparentemente no había salida, muchas veces nosotros también sufrimos injusticias y no falta la oportunidad en la que nuestra fe flaquea y sentimos que no podemos más. Pero Dios nunca nos abandona y hace justicia a favor de los rectos y humildes de corazón, de aquellos que lo buscan.

“Pues el Señor es nuestro juez, nuestro legislador y nuestro rey; él cuidará de nosotros y nos salvará”. Isaías 33:22

Sin importar el problema por el que estés pasando, si has sido acusado falsamente, si ves cómo los demás se valen de cosas deshonestas para lograr un fallo a su favor, no temas, busca a Dios en oración, Él siempre está atento a las oraciones de los justos y obra a su favor, no te fallará.

“Él hará resplandecer tu inocencia como el amanecer,  y la justicia de tu causa brillará como el sol de mediodía”. Salmos 37:6

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡No es justo!

“¡No es Justo! ¿Por qué a mí si yo no hice nada para merecer este castigo?”. Eran pensamientos de una adolescente que cuestionaba a Dios el porqué de tantas injusticias en su vida y las que veía a su alrededor.

Es verdad que existen terribles hechos como: la pérdida de un ser querido, caer en las redes de alguien que planificó tu caída económica, ser despedido de tu empleo a causa de alguien más, la pérdida de tu casa, etc. Muchos hemos sido víctimas de este tipo de situaciones que en algún momento nos han llevado a dudar del amor de Dios y aun de su existencia.

Pero… ¿hay algo comparado con el sufrimiento que Jesús padeció de camino a la cruz? ¿Era justo que lo golpearan y lo maltrataran? ¿Cuál fue su culpa para padecer tanto dolor? ¿Por qué no se defendió cuando lo acusaban falsamente? Son tantas las preguntas que podemos hacernos con respecto a este hecho que la única respuesta que se halla es: “por amor a ti”.

“Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Tal vez en estos días has estado pasando por situaciones realmente lamentables y no puedes evitar que estas palabras, que en algún momento fueron también mis favoritas, salgan de tus labios.

Aun si no entiendes el porqué de todo lo que estás viviendo, agradece a Dios, póstrate ante su presencia, entrégale cada una de tus cargas en sus manos y descansa en Él. El calvario por el que estás atravesando es momentáneo.
Este maravilloso sacrificio que Jesús hizo no terminó con su muerte, porque al tercer día Él resucitó.

¿Estás dispuesto a permanecer en Jesús? Porque Él quiere resucitar tu economía, tus relaciones familiares y bendecirte en sobremanera.

Vamos, acepta la maravillosa oferta que Dios te da.

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Juan 16:33 (RVR)

Por Ruth Mamani

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Hacer bien al enemigo? ¡Qué injusto!

¿Alguna persona te ha lastimado? Es difícil amar a una persona que te ha hecho sufrir, se siente una injustica cuando nos piden que perdonemos, y primero deseamos hacer justicia con nuestra propia mano.

La pregunta es: ¿Cómo perdonar a una persona que ha traído dolor a mi vida?

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.” Romanos 5:8-11

Es preciso entender que al principio éramos enemigos de Dios, un factor importante es que vivíamos en pecado y por tanto, separados  de Dios, nosotros lo crucificamos porque no queríamos creer, lo rechazamos y por tanto estábamos lejos de su presencia.

Spurgeon dijo: “Cristo murió por nosotros, considera las circunstancias de su muerte: No fue una muerte común la que Él padeció, fue una muerte de afrenta pública, porque fue ejecutado por muerte legal, fue una muerte de dolor indescriptible porque fue crucificado, y ¿qué dolor hay más fuerte que ser clavado a una cruz?”

Una clara muestra de amar al enemigo es Jesús, quién no solo amó sino que se sacrificó para salvarlo y te animo a hacer lo mismo. Piensa en la persona que consideras tu enemigo y después en cómo hacer un sacrificio por él, de este modo estarías siguiendo los pasos de Cristo.

¡Recuerda que al cielo no se va buenos deseos, sino siguiendo los pasos de Jesús!

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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