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Decir: "yo soy así", no soluciona nada... 1

Decir: “yo soy así”, no soluciona nada…

¿Cuántas veces hemos dicho eso en nuestra vida? “Ay, es que yo soy así”. Es cierto que los seres humanos somos todos diferentes y eso enriquece las relaciones, las vivencias, las experiencias y a la humanidad. Pero usar esa frase como una excusa o muletilla para no cambiar, nos convierte en tercos. No es que somos así, es que no queremos cambiar así nos traiga malas consecuencias.

Evidentemente hay características que nos definen como persona, pero si sabemos que hay algo que hacemos a diario que hace daño a otros, debería estar en nosotros el querer cambiarlo. No basta con ponernos en posición de chiquillo de brazos cruzados y adoptar la actitud de que no nos importa nada más y no vamos a hacer nada al respecto porque no queremos.

Eso además sería inmadurez. A medida que crecemos o pasan los años, se supone que debemos evolucionar, enriquecernos como personas. Y honestamente, decir esa frase, puede que te justifique en tu mente, pero no te absuelve de culpas.

Hay otras frases como: “Ay, no me di cuenta” o “ya está hecho, no puedo hacer nada al respecto”. Cuando es de verdad la inocencia del caso, no importa; pero cuando es una posición o excusa para no cargar con las consecuencias de lo que hicimos, no es solo terquedad lo que demuestra. Es egoísmo. Es un “no me importa” en letras mayúsculas.

Tenemos que fijarnos cuántas veces al mes, a la semana, al día o a la hora usamos frases como esas. Pidámosle a Dios que nos revise nuestros corazones y nos deje darnos cuenta de cuándo estamos usando esas excusas casi infantiles y arrepintámonos. Vale la pena. Hace mucho bien. Vas a crecer espiritualmente, vas a ser mejor ser humano.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Mañana lo haré 2

Mañana lo haré

Cecilia es una mujer que tiene por profesión el diseño y confección de prendas de vestir, volviéndose popular por los hermosos vestidos que realiza, por lo cual, diferentes mujeres la buscan. Sin embargo, a pesar de su fama ha perdido bastantes clientes por no cumplir sus compromisos, lamentablemente tiende a “postergar el trabajo” para el último momento.

Lo que hace Cecilia, se llama “procrastinación”, es la acción o el hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras más irrelevantes o agradables. Se puede interpretar con esta frase: “dejar para mañana lo que se debe hacer hoy”.

Por este mal hábito se pierden valiosas oportunidades. Por ejemplo: imagina que se está acercando un evento especial, por tanto, precisas un hermoso vestido o un traje ¿estarías seguro de ser el cliente de Cecilia? A pesar de los diseños maravillosos que realiza sería un riesgo solicitar su trabajo, debido a que podría retrasarse.

Generalmente este problema se presenta en la adolescencia pero, también en un menor porcentaje, en personas jóvenes y adultas. La realidad es que no hemos aprendido a manejar el tiempo. Esta actitud refleja nuestra inmadurez, y se puede observar no solamente en las responsabilidades que asumimos, sino en la entrega que tenemos al Señor.

!!Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” Santiago 4:13-14 (RVR 1960)

Muchas personas dicen: “mañana me acercaré a Dios, hoy debo disfrutar mi juventud o el tiempo que me queda” Aunque no parezca, este es un pensamiento inmaduro, porque nadie sabe cuándo será su final. La vida es corta, como la neblina que aparece por poco tiempo y luego desaparece; por tanto, quizá el día de mañana no tengas la oportunidad de entregarte al Señor para que cuide de ti.

En esta oportunidad te animo a ser responsable con tus compromisos, es decir, decide asumir primeramente tus responsabilidades, coloca prioridades en tu vida y que las personas vean en ti una persona en quien confiar. Por otro lado, si aún no has entregado tu vida a Cristo, recuerda que el tiempo es corto y Dios tiene una labor para ti, no la dejes para mañana.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

7 señales de inmadurez 3

7 señales de inmadurez

Con la edad viene la experiencia, y con la experiencia debería venir la madurez. Sin embargo, el hecho de que tengas muchos años de vida no significa que tu actitud refleje tu edad. En ocasiones tenemos un comportamiento inmaduro, y aunque nadie es perfecto, en todo momento debemos procurar estar atento a esas señales y trabajar en las áreas en las que necesitamos cambiar. Éstos son algunos indicios de inmadurez:

1. Siempre te quejas:

En lugar de ser agradecido por lo que tienes, siempre te quejas por aquello que careces o porque piensas que a los demás les va mejor que a ti. Tu actitud negativa frente a las cosas no solo es un signo de inmadurez, sino también de egoísmo porque todo gira alrededor de ti.

2. Hablas más de lo que escuchas:

Escuchar es una señal de madurez porque demuestra que entiendes que las necesidades de otros importan tanto como las tuyas. Prestar atención a alguien requiere interés genuino y abnegación, los cuales se dan solo cuando tienes amor propio y madurez.

3. Vives en el pasado o en el futuro:

Estás atado al pasado. Constantemente piensas en lo diferente que sería tu vida si hubieses hecho las cosas de otra manera; o que todo tiempo pasado fue mejor. Así como quedarte atrapado en el pasado es una señal de inmadurez, también lo es vivir soñando con el futuro. Las personas maduras saben que los sueños y metas no se logran por sí mismos y, en lugar de solo anhelar, ellos ponen en marcha sus planes.

4. Quieres ganar a como dé lugar:

Lo único que te interesa es ganar. No te importan los demás o si incluso debes recurrir a medios ilegales o no éticos para alcanzar tus objetivos. Si alguna vez pierdes, te lo tomas personal y caes en la amargura, resentimiento y tienes deseos de venganza.

5. Buscas constantemente la aprobación de otros:

Puedes fingir que no te importa la opinión de los demás, pero en realidad, todo lo que haces es para obtener la aprobación de otros. Te sientes bien contigo mismo cuando los que te rodean te admiran, alaban o hablan bien de ti, pero sientes que fracasas cuando no es así.

6. Esperas que todos sean iguales:

Las personas maduras entienden que nadie es igual a nadie. En cambio, tú piensas que por el hecho de que una persona se comporta de una forma, otra lo hará del mismo modo. Esperas que todos tengan la misma mentalidad, pero no aceptas el hecho de que cada quien es único y especial.

7. No puedes perdonar ni pedir perdón:

El perdón es un tema difícil para ti. Te cuesta perdonar, e incluso cuando dices que lo has hecho, traes el tema a relucir una y otra vez. Igualmente, no te gusta admitir tus errores y no te es sencillo pedir perdón. Crees que los demás están equivocados y que solo tú tienes la razón. Si alguien te hirió, siempre te ves como la víctima y no logras superar esa situación.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No hables como cualquiera… 4

No hables como cualquiera…

Job estaba pasando un tiempo duro, había perdido a sus seres queridos y, al mismo tiempo, sus posiciones;  por lo que se encontraba en duelo e inestable económicamente.  Por otro lado, enferma con una plaga maligna que le causaba malestar desde la cabeza a los pies. Al ver toda esta situación la esposa de Job muestra una actitud no esperada:

“Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.” Job 2:9-10 RVR 1960

Las palabras traducidas en la biblia como “fatua” o “insensata”, significan: “Necio, ignorante, falto de razón, sin entendimiento, que no muestra buen juicio o madurez en sus actos”. En su respuesta Job le muestra a su mujer que estaba hablando sin entendimiento.

En medio del sufrimiento que le producían todas esas llagas y sin saber si algo de su situación iba a cambiar, Job se mantuvo firme.  Él le dijo, en realidad: “No puedes hablar de esa manera.”  Y además le hace una pregunta muy significante: “Recibimos el bien de parte de Dios, ¿y no recibiremos también el mal?”.En otras palabras Job decía: ¿No tiene Él el derecho de hacerlo? ¿No es Él el alfarero y nosotros el barro? ¿No es Él el pastor y nosotros las ovejas? ¿No es Él el amo y nosotros los siervos? Job era un hombre temeroso de Dios en todo tiempo, sabía quién era Él, por tanto no podía pensar en alejarse de su presencia por más difícil que sea lo que estaba enfrentando.

Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Job 1:8 RVR 1960

Lastimosamente son pocos los que pueden dar el lugar que merece el Señor cuando enfrentan una dificultad. Es posible que en este momento te encuentres en una situación difícil, lo que debes analizar es que actitud estás tomando: la de Job con temor a Dios o posiblemente  la actitud de su esposa y estás hablando como cualquiera hablaría, sin entender, actuando inmaduramente, reclamando y queriendo renunciar al camino, porque ignoras realmente quién es Él.

“Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.”

En el momento de la dificultad Job se puso de rodillas, adoró y bendijo el nombre de Dios, ¿Qué harás ahora? Pídele perdón por actuar sin entender su voluntad y que te ayude a ser un hombre que confía en Él, ya no reclames, ya no te quejes, no bajes los brazos, no pienses siquiera en apartarte de sus manos, y aprende a decir: “Señor te seguiré amando” aunque no te conceda aún las peticiones de tu corazón.

¡No hables como cualquiera, habla como un siervo de Dios!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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