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Las apariencias pueden engañarte

“Pero el SEÑOR le dijo a Samuel: No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues yo lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.” 1 Samuel 16:7 (NTV)

Desde el momento en que Saúl fue rechazado como Rey, Dios ya tenía en mente a alguien que ocuparía su lugar en el trono, por lo que envió a Samuel a la casa de Isaí para ungir a uno de sus hijos.  Imagino lo confuso que debió ser para el Profeta elegir al sucesor de Saúl y más por las virtudes físicas e intelectuales que cada uno tenía. Porque cuando creyó haber escogido a la persona ideal, Dios le dijo que no, puesto que Él ya había elegido al que menos se imaginarían, David “un simple pastor de ovejas”.

La famosa frase dice que la comida entra por los ojos, puede un plato ser apetecible a la vista por su buena elaboración, pero la última palabra la tiene nuestro paladar. Si hasta hoy te has dejado guiar por tus ojos, es momento de analizar antes de juzgar.

Que la apariencia de una persona no sea el único parámetro para calificarla, porque con seguridad esto puede llevarte a conclusiones equivocadas.

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué piensa Dios de ti?

Poner etiquetas a las personas no es complicado. Nuestros ojos ven, nuestra mente lo cree así y nuestros labios lo anuncian; pero no nos damos cuenta del error que cometemos al hacer esto, porque al etiquetar a alguien limitamos las posibilidades de lo que podría llegar a ser.

¿Cuántas veces hemos cometido este error? Quizá innumerables.

Recuerdo que hace un tiempo atrás, pasábamos junto a un grupo de amigos por una zona de restaurantes y por el hambre que teníamos nos detuvimos frente a uno de ellos que nos convenció porque sus platillos se veían apetecibles y, en segundo lugar, por el espacio. Viéndolo casi vacío pensamos que nos servirían rápido y así fue. Cuando vimos los platos sobre la mesa, nuestras expectativas aumentaron, pero cuando probamos la comida no quisimos volver más al lugar y entonces comprendimos la razón por la que estaba vacío. Tal vez pusimos mal nuestra etiqueta, y aunque parece gracioso es eso lo que sucede cuando a simple vista juzgamos lo que nuestros ojos ven. Muchas veces podemos decir que es lo mejor por lo hermoso o delicioso que se ve, pero en realidad no es así, o por su apariencia podríamos pensar que no vale la pena comprarlo cuando en realidad es un excelente elemento.

Cuando etiquetas a alguien te quedas con lo que crees que conoces de esa persona y das por hecho algo que tal vez no es cierto, sin darle la oportunidad de demostrar lo contrario o lo que en verdad es.

Por ejemplo si etiquetas a alguien, de ser “mentiroso”, le atribuyes un defecto que quizá no tenga, pero porque alguien se lo dijo en más de una oportunidad,  esta persona no sólo llega a creer que es así sino también actúa de esa forma.

Y lo mismo sucede con las etiquetas que te han puesto a ti. Aunque no lo creas, lo que la gente te dice influye en tu manera de actuar y de ser; pero de ti depende el creer o no las etiquetas que otros te ponen. Por ejemplo, si te han dicho que eres muy responsable, de ti depende el serlo o no.

Te has preguntado alguna vez ¿Qué hechos te han llevado a poner etiquetas a las personas? y ¿Cómo te sientes cuando alguien te las pone conociendo sólo una parte de ti?

No hagas lo que no te gustaría que hagan contigo. Deja de poner etiquetas a las personas, dales la oportunidad de demostrar quiénes son; quizá les cueste empezar una conversación, pero cuando empieces a tratar con ellos podrían convertirse en tus mejores amigos.

Si es a ti a quien le han puesto etiquetas, no creas todo lo que digan de ti.  Porque lo que de verdad importa es lo que Dios piensa de ti.

 “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.”  Jeremías 29:11 (RVR1960)

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Hay una forma correcta de juzgar?

El tema de juzgar puede ser complicado. Un consejo se puede tomar como una crítica. Pero eso se puede evitar si se hace con amor y para el bien de los demás. Entonces, si hay una forma correcta de juzgar es la cual esta mencionada en versículos bíblicos.

La predicación que Jesús empieza en Mateo 7: 1 con Él proclamando, “No juzguéis para que no seáis juzgados” no termina ahí, ya que continúa con cuatro versículos más: “Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, se os medirá. ¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: ‘¿Déjame sacarte la mota del ojo’, cuando la viga está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano.” Primero necesitamos sacar la viga de nuestro ojo (evaluarnos y corregirnos) y después podemos juzgar a otro. Necesitamos trabajar en nosotros mismos para después ayudar a los demás. En medio de todo esto, tenemos que hacerlo con un espíritu de amor.

Está escrito en Gálatas 6: 1 “Hermanos, aun si es sorprendido en falta, que es espiritual, restaurado en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no que tú también seas tentado” y como dice Timoteo 2:24-26, “Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad, y volviendo en sí, escapen del lazo del diablo, habiendo estado cautivos de él para hacer su voluntad.” Pero hay una forma incorrecta y correcta. Tiene que hacerse con amor para ser considerado correcto. Un ejemplo es como cuando uno les enseña a los niños lo que es correcto. Se les habla con amor y para el bien de ellos. De la misma manera se debe hacer con los demás.

El último punto es estar seguro de que todo proclamado está basado en lo que dice la Biblia, no solo una parte de ella. Si no es algo seguro, no debemos frustrarnos, pues el Espíritu Santo nos guiará.

En resumen, todos los humanos tienden a juzgar, pero no debemos permitir que eso sea una excusa. En cambio, debemos ver a las personas con amor; que todo lo que vayamos a decir sea por el bien de ellos. Tenemos que asegurarnos de mirarlos con los ojos de Jesús. Por lo tanto, necesitamos cambiar nuestra forma de pensar para manejar la situación correctamente. Es posible que no siempre lo tomen como un consejo y en su lugar sentirán que están siendo juzgados, pero eso se debe a que no quieren reconocer su pecado. Es común. Todo lo que podemos hacer por esa persona es orar.   

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Blah, blah, blah

A veces nos involucramos en rumores o chismes, porque nos parecen interesantes o nos gusta juzgar el problema de los demás, olvidando que estas habladurías son un veneno que lastima al que las escucha y a la persona de quién se habla.

Hace tiempo atrás escuché el rumor que se decía de una familia: “esa mujer no es buena madre, porque sus hijos están descuidados y ese hombre es un vago, porque no trabaja”, pero cuando conocí a esas personas descubrí que  el padre no podía encontrar trabajo y sufría por no llevar el alimento a su hogar y su esposa apenas pasaba tiempo con sus pequeños debido a que realizaba pequeñas labores para sostenerlos de algún modo.

¡Qué fácil es criticar! Me dio tanto coraje contra las personas que hablaron demás, pero me doy cuenta que también fui parte de eso porque permití aquella conversación. Alguien dijo una vez: “El chisme muere cuando llega al oído de una persona inteligente” La Biblia  califica a esta persona como “Prudente”.

“En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente.” Proverbios 10:19 (RVR 1960)

La persona que habla mucho no tardará en pecar y aquella que escucha todo tipo de rumores o chismes también es participe del pecado, la palabra del Señor dice que no existe sabiduría en alguien que no sabe frenar sus labios, por lo cual tarde o temprano recibirá el juicio de Dios.

“Más yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.” Mateo 12:36 (RVR 1960)

En este pasaje bíblico se muestra que recibiremos juicio por las palabras ociosas que salgan de nuestra boca ¿Qué es una palabra ociosa? Es aquella que no es productiva, que no es de provecho, es un mensaje inútil que no traerá ningún beneficio y por tanto, Dios nos pedirá cuentas de cada una.

Amiga (o) si el comentario que vas a hacer de otra persona no es útil o de provecho te animo a guardar silencio, controla tu lengua y no permitas que sea un instrumento del diablo; por otra parte, si estás en una conversación que no es productiva, es mejor que detengas el chisme y no seas parte del pecado.

Recuerda que hasta el necio pasa por sabio cuando cierra su boca.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Tienes un conflicto con alguien?

Un joven había quedado desempleado y sin un lugar donde vivir, por lo que pidió apoyo a su comunidad cristiana. Una mujer, que supuestamente quiso colaborar, le dio un cuarto; sin embargo, poco tiempo después lo botó afirmando que constantemente el cuarto se encontraba en desorden, humillándolo delante de su líder y de su comunidad.

Este joven nunca más volvió a la iglesia por la vergüenza que sintió,  porque en realidad no recibió corrección, sino humillación, que son cosas completamente diferentes.

Seguramente Dios sabía que como humanos presentaríamos conflictos con las personas que nos rodean, por lo que la palabra del Señor nos enseña a corregir a nuestro hermano con sabiduría y no a nuestro modo, puesto que podemos lastimar y hasta matar.

“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.” Mateo 18:15 (RVR 1960)

El propósito de corregir siempre debe ser: “ganar a tu hermano” es decir, ayudarlo a cambiar, preocuparse por él, por tanto, no se debe tener una mirada despectiva o de juez, sino de compasión. Segundo, es necesario conversar a solas con él y mostrarle el problema, si esta persona es madura seguramente el conflicto se solucionará rápido.

“Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.” Mateo 18:16-17 (RVR 1960)

Por el contrario, si la persona no escucha es preciso aumentar un testigo para la corrección, en este caso es necesario incluir una autoridad, como: padres, pastores o líderes, puesto que ayudarán a solucionar el conflicto.

En la anécdota que comenté a un principio la única perjudicada por el desorden era la señora, por lo cual, no era necesario involucrar a más personas a parte del líder. Sin embargo, existen otros casos en los que la actitud de alguien afecta a toda la comunidad y es ahí cuando  se debe notificar al grupo.  Por ejemplo: un hombre casado, que molesta a una y otra señorita mostrándose como soltero, si no entiende a solas o con sus autoridades, entonces tendrá que ser amonestado públicamente, con la finalidad de proteger a las señoritas estarían  en riesgo de ser engañadas.

Aprendamos a corregir siempre pensando en el otro, si tienes un problema o quieres corregir a alguien te animo a hacerlo siguiendo la Palabra de Dios, busca de qué forma puedes apoyar a esta persona, sin juzgar, gritar, insultar. Recuerda que humillar nunca ha cambiado a nadie, al contrario, lastima el corazón que le pertenece a Cristo.

¡Actuemos como hijos del Señor!

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

6 señales de que eres hipócrita

Según el Diccionario de la Real Academia Española, la hipocresía es el “fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.” Hay personas que actúan de esa manera en momentos específicos con el fin de salir de una situación incómoda, o con el propósito de no herir los sentimientos de los demás. No obstante, hay quienes hacen de la hipocresía su estilo y forma de vida. Éstos son algunos signos para saber si eres hipócrita:

1. Criticas a los que son mejores que tú:

Pretendes respetar a alguien solo si tiene mayor autoridad que tú. Criticas sus acciones cuando no están presentes y los alabas cuando estás cerca de ellos. La mayoría del tiempo sientes envidia de cualquiera que tenga más éxito que tú, y eso te lleva a juzgarlos con frecuencia.

2. Te gusta el chisme:

Escuchas, compartes y difundes chismes sobre las personas que te rodean. Utilizas esto como herramienta para destacar los errores de los demás, para sentirte superior y para hacerte ver bien o como la víctima. No reconoces que eres chismoso y te gusta decir que únicamente expresas tu opinión.

3. Ayudas a los demás solo si te produce beneficios:

Tus acciones se basan en lo que puedes obtener a cambio. Si algo no te produce beneficios, entonces no lo haces, o si es que lo realizas, es con el fin de quedar bien ante otros. No te preocupas genuinamente por las personas, sino que los ves como un medio para mejorar tu reputación.

4. Te gusta ser el centro de atención:

Estás constantemente resaltando tus logros y alabándote a ti mismo. Aunque no te guste admitirlo, te importa la aprobación de los demás y eres inseguro. Tus acciones en la vida real y las redes sociales están plagadas con cosas que acentúan tu supuesta “vida perfecta”.

5. Aplicas la doble moral:

Estableces altos estándares que afirmas cumplir y exiges que los demás hagan lo mismo; sin embargo, no practicas tus propias demandas. Te es fácil censurar a los demás por no hacer lo correcto, pero no te gusta asumir la responsabilidad cuando te equivocas. Los que te rodean te conocen por tomar la posición de juez de otros, pero de abogado de ti mismo.

6. No reconoces que eres hipócrita:

El orgullo no te deja reconocer que eres hipócrita. Intentas disfrazar este defecto con miles de excusas, pero en el fondo sabes que tienes un problema de autoestima y que necesitas trabajar en ello. Para dejar la hipocresía atrás y comenzar a amar genuinamente a los demás, primero debes perdonarte a ti mismo, aceptarte tal como eres y recibir el amor de Dios. A partir de ese momento, ora todos los días y pide que Jesús te ayude a lidiar con este problema.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Amistad y conflicto

Si consideras amiga a cualquier persona y no confías en ella como confías en ti mismo, estás tremendamente errado y no entiendes suficientemente lo que significa la verdadera amistad… Cuando se establece una amistad, debes confiar; es antes que la amistad se forme cuando debes juzgar.
Hay quienes juzgan a alguien después de haberlo hecho su amigo en lugar de haberlo hecho su amigo después de haberlo juzgado. Cuando has decidido admitir a alguien como tu amigo, recíbelo con todo tu corazón y tu alma.

Leí esta cita de Séneca, filósofo griego, en un boletín literario que me envían cada domingo. Siendo una persona de muchos conocidos pero de pocos amigos, me toca ponderar estas palabras con cuidado.
Todos, estoy seguro, hemos tenido amigas o amigos que – decimos – “nos han fallado”. A la luz de esta reflexión del filósofo nos toca preguntarnos si esa amiga o ese amigo realmente cambió en su amistad o si nosotros no lo juzgamos, no lo ponderamos suficientemente para formar con él o con ella amistad. Se usa aquí la palabra juzgar aquí en el sentido de pesar sin prejuicio las cualidades de alguien y no en el sentido de dictar sentencia.
Si tomamos en cuenta previamente todos los aspectos del carácter de esa persona a la que le otorgamos nuestra amistad, su “falla” debería estar dentro de las posibilidades y, como bien dice la cita, deberíamos recibirlo o recibirla con todo el corazón y con toda el alma a pesar de lo que haya hecho. Es decir, ya no es hora de juzgar su amistad.
Claro, no es sencillo todo este asunto. Pasa que debido a nuestro anhelo de querer o de ser queridos formamos amistades sin mucho análisis previo. Así que cuando nos fallan, no deberíamos estar sorprendidos. Lo mismo es al contrario, si le fallamos a alguien que no nos ponderó mucho antes de abrirse a nuestra amistad.
C. S. Lewis dijo que tal como la filosofía, el arte y el universo mismo, la amistad era innecesaria para la supervivencia; pero que era una de esas cosas que le da valor a la supervivencia. Es decir, podemos vivir sin amistad pero es mucho mejor vivir con amistad.
Dice un proverbio bíblico que el que tiene amigos debe mostrarse amigo, seguramente más allá de las esperables y frecuentes complicaciones que tiene la amistad.
Parece que en esto de ser amigos nadie es perfecto…

(Este artículo ha sido especialmente escrito para CVCLAVOZ)

¿Por qué te gusta criticar?

Hay situaciones en las que simplemente no podemos mantener la boca cerrada. Nos dejamos llevar por el momento y decimos lo primero que se nos viene a la cabeza. Aunque algunos podrían calificar esta acción como “dar una opinión”, pero en realidad es una crítica que no sirve para nada constructivo.

¿Por qué nos gusta criticar?

Muchos investigadores del comportamiento han concluido que la crítica dice más de la persona que lo dice, que el comentario en sí. Es parte de la naturaleza humana el querer destacar por encima de los demás, y esto hace que la crítica se convierta en parte de nuestra rutina. El fundador de la Asociación CompasssionPower, Ph.D. Steven Stosny, asegura que “la crítica es una forma fácil de defensa del ego. No criticamos porque no estamos de acuerdo con un comportamiento o una actitud. Criticamos porque de alguna manera nos sentimos devaluados por el comportamiento o la actitud.”

¿Cuál es la diferencia entre criticar y dar tu opinión?

Algunos justifican la crítica al asegurar que tan solo “están dando su opinión”, y si bien es cierto que la libertad de expresión es uno de los derechos de todo ser humano; hay una gran diferencia entre la crítica y la opinión. Según el Diccionario de la Real Academia Española, crítica es:

adj.  Inclinado a enjuiciar hechos y conductas generalmente de forma desfavorable.

Mientras que, opinión es:

f. Juicio o valoración que se forma una persona respecto de algo o de alguien.

Las definiciones hacen una distinción clara entre ambas palabras y, de lo cual se puede concluir que la crítica siempre estará inclinada a causar perjuicios en contra de alguien; además, ésta se hace con el propósito de devaluar a la otra persona.

¿Qué efectos tiene la crítica?

El experto en relaciones de pareja, John M. Gottman, identifica la crítica como una de las causales de divorcio, juntamente con la actitud defensiva, la evasividad, y el desprecio. Aunque su investigación se centró en parejas casadas, el efecto de la crítica se da también en las demás relaciones interpersonales y no necesariamente amorosas. La crítica destruye nuestro vínculo con las personas que nos rodean, y puede causar heridas profundas que son difíciles de sanar. Si bien es cierto que criticar está en nuestra naturaleza humana, esto no quiere decir que debamos ceder ante ella.

¿Qué puedo hacer en lugar de criticar?

Es erróneo decir que la crítica tiene como fin ayudar a la otra persona, pues, solo sirve para hacer sentir menos a los demás. Cuando existe una verdadera intención de querer lo mejor para alguien, lo que se hace no es criticar, sino aconsejar. Los consejos se hacen con amor, y cuando se hacen, se utiliza un lenguaje que refleja preocupación e interés genuino por la otra persona. Los consejos son efectivos, la crítica no.

La próxima vez que te sientas tentado a criticar a alguien o algo, haz una pausa y piensa en los efectos que tendrá. Siempre ten presente que “La gente buena siempre hace el bien, porque el bien habita en su corazón. La gente mala siempre hace el mal, porque en su corazón está el mal. Las palabras que salen de tu boca muestran lo que hay en tu corazón.” Lucas 6:45 (TLA)

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Cuidado!

En una de las publicaciones de la revista Selecciones de Reader’s Digest, Clarence W. Hall,  cuenta una historia que le fue relatada por un amigo suyo:

“Vino a vivir en nuestro pueblo una mujer viuda, de gran belleza, madre de tres hijos; a las pocas semanas era la comidilla de todo el vecindario. Decían que era demasiado hermosa, que la visitaban hombres, que tenía muy poco de ama de casa, que sus hijos vagabundeaban por las calles y comían en casa de los vecinos, que pecaba de perezosa y se pasaba la mayor parte del tiempo tendida en un sofá entregada a la lectura.

Una mañana nuestra linda vecina se desmayó en la oficina de correos y no tardó en saberse la verdad. Padecía una incurable enfermedad que le impedía hacer las labores de la casa. Enviaba a los chiquillos a la calle cuando los medicamentos no bastaban para aliviar su dolor. “Quería –explicó- que me viesen siempre feliz y alegre”. Los hombres que la visitaban eran el antiguo médico de la familia, el abogado que  cuidaba de sus bienes y el hermano de su marido.

Los vecinos del pueblo se portaron muy bien con ella durante los restantes meses de su vida, pero los murmuradores nunca se perdonaron su ligereza”.

A todos nos ha pasado que en alguna oportunidad nos apresuramos a juzgar a alguien, por su apariencia, actitud, por lo poco que vemos o creemos conocer de esa persona, buscamos conocer su vida o detalles de ella que llenen nuestra curiosidad.

Cuántas vidas y familias han sido destruidas por los chismes, por gente que sin saber la situación real de la persona, tomaron lo poco que conocían de ella, agregaron suposiciones y esparcieron esa información falsa, lastimando a más de uno; y cuando quisieron remendar los daños ya era prácticamente imposible porque ese chisme había pasado de uno a otro desconociendo su alcance.

No asumamos el papel de jueces con los demás, si realmente te interesa la vida de esa persona, busca conocerla, pregúntale qué necesita o cómo podrías ayudar, pero no saques conclusiones basado en suposiciones.

Romanos 14:13 dice: “Así que dejemos de juzgarnos unos a otros. Por el contrario, propónganse vivir de tal manera que no causen tropiezo ni caída a otro creyente”. (NTV)

Cuida mucho lo que dices de los demás, recuerda que podrías causar un daño irreparable. Por algo es que Jesús hace la siguiente advertencia: “Les digo lo siguiente: el día del juicio, tendrán que dar cuenta de toda palabra inútil que hayan dicho. Las palabras que digas te absolverán o te condenarán”. Mateo 12:36,37 (NTV)

Busquemos que nuestras palabras sean portadoras de ánimo y que edifiquen a los demás, marquemos la diferencia.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Hasta cuándo debo perdonar?

Es inevitable preguntarse cuántas veces se debe perdonar a alguien, en especial cuando esa persona nos ha fallado en varias oportunidades o nos ha herido. Esta misma pregunta se hizo Pedro:

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?

Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” Mateo 18:21-22

El número “siete” es el número de la perfección, por lo que Pedro consideraba que perdonar hasta siete veces era alcanzar el máximo de su espiritualidad. Pero Jesús le dijo: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” se podría decir, hasta que la persona alcance la perfección, en todas las ocasiones y todas las veces que se nos pida.

“Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.” Lucas 17:3-4

Aunque una persona haya fallado incontables veces, Dios te pide que lo perdones si nuevamente viniera a pedirte perdón. No está mal que reprendas si te han lastimado o han hecho algo en tu contra, pero el propósito no debe ser generar un conflicto o división, al contrario, el objetivo es que  la persona se arrepienta, pida perdón y se proceda a la reconciliación.

¿Conoces una persona que te ha fallado constantemente? Es preciso que aprendas a perdonar como Cristo nos enseñó, “hasta que sea perfecto”. Si estás cansado de hacerlo recuerda que Dios mismo te perdona y da una nueva oportunidad siempre.

De igual forma,  podríamos pensar que  la gente que cae constantemente en sus debilidades no tiene oportunidad o posiblemente nos cansemos porque creemos no toman en serio el consejo que les brindamos, pero Dios le da la oportunidad de levantarse una y otra vez, ¿Cuánto más nosotros?

¡Es mejor obedecer a Dios antes que a nuestros propios sentimientos!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Para bien y no para mal

Es cómodo juzgar la conducta de otros a simple vista, solemos sacar conclusiones de lo poco que sabemos o lo poco que llega a nuestros oídos.

Esta semana pasó algo que me hizo pensar mucho en esto. Cuando iba a subir a la movilidad pública para trasladarme al trabajo, dos personas se adelantaron, un joven con su madre, la cual cerró la puerta al estar yo subiendo, me molesté y le dije que porqué cerraba si estaba subiendo. Sólo me pidió que la disculpara. Ya después de un trayecto ellos bajaron y pude notar algo que no percibí antes, la señora tenía problemas en la vista porque necesitaba estar agarrada de su hijo para bajar.

Me sentí terrible por mi reacción apresurada, porque lejos de ayudar a la señora con esta limitación aumenté su limitación.

Jesús confrontó a los jefes de los judíos cuando lo juzgaron por sanar a un hombre en día de reposo, cuando ellos también llevaban a cabo la circuncisión en aquél día, y les dijo: No digan que algo está mal sólo porque así les parece. Antes de afirmar algo, deben estar seguros de que así es. Juan 7:24 TLA .Jesús había dado una nueva esperanza a una persona enferma, fue de bien para él, pero los jefes judíos se preocuparon más por el cumplimiento de la ley, que a su “parecer” era lo mejor, antes de ocuparse de lo más importante: el amor a los demás.

Antes de emitir nuestra opinión o actuar al calor de nuestras emociones, tomemos un tiempo para reflexionar y preguntarnos ¿Estoy seguro de que conozco todo sobre este tema para juzgar? Así evitaremos ser de tropiezo y seremos de bendición a nuestro prójimo.

En cualquier situación en la que te toque emitir una opinión respecto a algo o a alguien, si es posible conozcamos el por qué o qué hay detrás, es posible se necesite de tu ayuda o apoyo en vez que nuestro juicio; pues de eso Dios se encargará de manera justa: Ustedes juzgan como todos los demás, pero yo no juzgo a nadie.  Si lo hiciera, juzgaría de acuerdo a la verdad, porque no juzgo yo solo. Mi Padre, quien me envió, juzga conmigo. Juan 8:15-16 TLA

Recordemos que debemos ser luz y no oscuridad en todo lo que hagamos.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Rótulos que marcan

“Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?” Romanos 2:3.

En ocasiones me sorprende la liviandad con que se juzga a otras personas. Esto es algo terriblemente perjudicial para las iglesias o la vida en general y se da cuando comenzamos a poner rótulos o etiquetas a la gente.

Aquel es el alcohólico, el de mas allá es drogadicto y cuidado con aquel que tuvo algunos problemas con la ley. Miren aquella como vino vestida y aquel que no para de hablar, que hombre tan orgulloso. Los comentarios parecen no tener fin.

Esto hace mucho daño ya que tiene el efecto de encasillar a la persona en sus problemas o debilidades, pareciera que en lugar de tenderles una mano para salir de ese lugar, los comentarios, las críticas y el chisme lo sumergen aún más en su situación.

Con mucha facilidad ponemos etiquetas sobre la frente de las personas y esto no es otra cosa que juicio. Cuando hacemos esto, estamos siendo bastante injustos, ya que nadie debiera estar condenado a cargar siempre con las mismas etiquetas  y especialmente cuando fue Jesús mismo quien se encargó de transformar a esa persona y cambiarle el nombre. Sin embargo, a veces, se le sigue llamando con el nombre anterior, como si nos negáramos a reconocer que hubo un efectivo cambio en su vida.

Dios es el único que tiene verdadera autoridad para Juzgar, sin embargo Él se relaciona con el ser humano ejerciendo sus atributos de bondad, justicia y amor. El inmenso y perfecto amor que Dios tiene no lo harán obrar injustamente, ni tampoco su justicia lo transformará en un Dios implacable frente al pecado humano. Por el contrario nos ofrece su gracia, amor y misericordia, pero al mismo tiempo aplicando su perfecta justicia.

Un libro muy interesante escrito por Philip Yancey tiene un título que por sí solo es capaz de ilustrar estas situaciones, “Gracia divina, condena humana” Esto nos indica que mientras Dios está dispuesto a dar su perdón, gracia y amor a aquellos que expresen un genuino arrepentimiento, el hombre parece mas predispuesto al juicio y la falta de perdón.

Tenemos un Dios que nos ofrece nuevas oportunidades, si no fuera por su gracia y perdón nuestras vidas carecerían de toda esperanza. Creo que todos debemos examinarnos en esto y aplicar el consejo del Maestro: “No juzguéis, para que no seáis juzgados.”

“Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido”. (Mateo 7:1-2).”

Para finalizar, si tienes la bendición de congregarte en una iglesia, recuerda que allí no se reúne gente perfecta, sino ni tú ni yo podríamos asistir. Por el contrario la iglesia es un hospital espiritual, donde hay personas que están mejor que otras, pero todas necesitadas del favor y la gracia de nuestro Señor.

Por lo tanto si hay personas con heridas, que no sean sus hermanos aquellos que las van a profundizar poniendo rótulos o etiquetas, sino que por el contrario puedan ver en nosotros un instrumento del genuino y sincero amor de Jesucristo.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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