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¿Tu fe puede hacer historia? 1

¿Tu fe puede hacer historia?

Hebreos 11, conocido también como la galería de la fe, presenta las maravillas que Dios hace cuando se tiene “fe”.

 –  Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte.
– Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca del diluvio.
– Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.
– Por la fe también la misma Sara, siendo estéril.

Y así podríamos seguir con esta inmensa lista de personas que solamente creyeron que Dios podía hacerlo y sus ojos vieron un milagro, presenciaron lo que era imposible hecho realidad.

A diario necesitamos que Dios intervenga en nuestros asuntos (economía, trabajo, salud, familia, etc.) muchos necesitamos ver esa obra transformadora en nuestras vidas o en la situación que estamos atravesando, pero la Fe es el ingrediente necesario para ver ese milagro “De hecho, sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad.” Hebreos 11:6 (NTV).

Lamentablemente en esos momentos de calamidad es cuando muchos fallan, porque a pesar de saber que Dios lo puede hacer, dejan que la duda ingrese a su mente, corazón y se convierta en un enemigo que si no se logra echar, jamás dejará ver los milagros y prodigios que Dios puede hacer.

¿Necesitas un milagro de Dios en este momento?

La mayoría responderá “Sí”, pero la verdadera pregunta es ¿Tu fe te permitirá ver la obra de Dios? Debemos ser sinceros en esta respuesta y reconocer el verdadero estado de nuestra Fe.

Si sientes que el nivel de tu fe está muy bajo y estás desanimado por todo lo que estás viviendo, te animo a esforzarte para que tu fe crezca y se fortalezca, no dejes que la duda te robe la oportunidad de ver los prodigios que Dios puede hacer.

Por Judith Quisbert

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Solía 2

Solía

Solía – pretérito imperfecto de soler.

Soler – verbo intransitivo. 1. tener costumbre de hacer una cosa; 2. señala que algo es habitual en una persona.

Había nacido con un impulso innato a la desobediencia. El tiempo le enseñaría que la desobediencia implícitamente escondía la violencia del sometimiento. Lo había sentido en su uniforme de colegio, en su adoctrinamiento religioso, en las interminables horas de banco colegial mientras miraba por la ventana el movimiento de las hojas de los árboles y el volar de los pájaros.

(Francis Mallman, Sueños de libertad desde el impulso de la desobediencia, Revista La Nación)

Solía dormirme en cualquier lugar, a cualquier hora, cuando recorríamos el país en camión con el primo Germán; debajo del remolque, sobre unos sacos tibios de cemento, bajo la sombra de los eucaliptus en el verano ardiente de Casablanca.

Solía acumular recuerdos hermosos del lago Villarrica, de las alturas de Trafún, de la profesora de francés, de unos besos vertiginosos en la costanera del río Calle Calle, de las fiestas de toque a toque en tiempos de la dictadura.

Solía escribir poemas, preguntas, angustias, descubrimientos, ansiedades, asombros y perplejidades en pequeños archivadores negros de Rhein con hojas blancas de renglones menudos. Escribía en buses, aviones, cafés, en la plaza de la Constitución.

Solía ir al cine a media mañana, a tomar un cortado en el Haití, a comprar un libro en la Editorial Universitaria y esconder o tirar los comprobantes porque, “¿Cómo puedes gastar plata en cosas que no son prioritarias?”

Solía aspirar profundamente el aire de las mañanas frías de junio o dejar que se mojara la cara con la lluvia porque me parecía que me limpiaba el alma de mis oscuridades y secretos inconfesables.

Solía pensar que el amor era una cosa esplendorosa, un viaje imaginario a la tierra de los encantos, una emoción compartida, un descubrimiento constante, un romántico estado de bienestar hasta que “me voy, me voy, que a mi tren nocturno no se suba el amor; quédese en el andén con un abultado equipaje de abalorios y querellas.

Solía experimentar un entusiasmo enorme, un optimismo desbordante, un sueño infatigable, una esperanza redoblada, un cuerpo ágil, un corazón generoso, una curiosidad insaciable, una ingenuidad rayana en la estupidez, una confianza desmesurada.

Poco a poquito se fue destiñendo todo y así, hasta que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota en el pozo…

¿Libres del dolor? 3

¿Libres del dolor?

Al regreso de la pausa les voy a hablar de cómo salir de la amargura y lograr sanidad de las heridas en su vida, advierte la presentadora del programa radial. Por supuesto que no me quedo a escucharla. Sólo estoy chequeando que la radio esté saliendo bien al aire.

Me sorprende la persistencia de esta idea de la sanidad interior. Personalmente creo que tuvo su origen entre los creyentes de los países desarrollados quienes, habiendo superado largamente la línea de la pobreza o de la supervivencia que experimenta la mayoría de los otros países, tienen tiempo y espacio para pensar y sufrir angustias bastante abstractas la mayor parte del tiempo.

Acá abajo no hay tiempo para estas introspecciones. Hay hambre, desamparo, violencia en todos los estratos de la sociedad y una precarísima línea de defensa frente al terrorismo de Estado o de poderosos grupos minoritarios. La vida por acá está a precio de liquidación. En muchas ciudades hay gente que sale de su casa y no tiene la absoluta seguridad de que a la tarde regresarán al seno de su familia.

Vuelvo a recordar la escena que encontré una vez en el libro Las Islas de Jean Grenier; se refiere a aquel carnicero enfermo de muerte que replica a un pasaje del libro que su amigo le lee todas las tardes, en la que alguien habla en patéticos términos acerca de la vida y de la muerte: Ese debe ser uno que tiene todas las noches un buen bife para cenar.

Por otra parte, si tal cosa como la sanidad o libertad de la amargura y el dolor fuera posible, la vida cristiana sería una maravillosa y continua celebración de amor, solidaridad, comprensión, unidad y cooperación.

No hay que andar muy lejos para encontrarse con lo opuesto en las relaciones entre creyentes. En el país de donde provengo, hace treinta años existían mas de tres mil denominaciones cristianas. Un estudio específico que hicimos sobre el origen de tales unidades arrojó que eran divisiones de divisiones de divisiones de una única gran iglesia que había iniciado su trabajo evangelístico a principios del siglo veinte. Todas fueron provocadas por celos, envidias, conflictos de tradiciones y doctrinas y luchas intestinas de poder.

Si después de más de un siglo de historia persisten tales desencuentros, tal vez sea tiempo de echarle una revisadita al tema de la libertad absoluta del dolor y la amargura.

¿Batallando con tus debilidades? 4

¿Batallando con tus debilidades?

Hay muchas personas que viven atrapados por el pecado sin poder vencerlo, luchan a diario con sus problemas, debilidades, malas actitudes y no hay resultados. ¿Por qué? ¿Hay alguna manera o secreto para poder vencer las debilidades que tenemos?

“Pero demos gracias a Dios que nos ha dado la victoria a través de nuestro Señor Jesucristo.” 1 Corintios 15:57 (PDT)

La pregunta es, ¿tenemos a Cristo en nuestra vida? Porque Él es el único requisito para vencer o tener victoria sobre cualquier lucha que tengamos. “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos.” Lucas 4:18 (RVR1960)

Vencer es difícil y puede que sea una batalla larga. Pero sí es posible, “…somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” Romanos 8:37. (NVI)

Moisés, David, Samuel, Pedro y otros siervos de Dios también batallaron contra sus debilidades, tentaciones y atracciones de la carne. Ellos tuvieron que aprender dolorosas lecciones y eliminar sus problemas con la ayuda de Dios.

Como hijos de Dios estamos llamados a vencer nuestras debilidades en vez de ser vencidos y derrotados por ellas. “Para esto fueron llamados, porque Cristo sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan sus pasos.” 1Pedro 2:21 (NTV)

Jesús pudo permanecer libre de pecado y venció al  mundo. Él mismo nos dijo: …En el mundo ustedes tendrán que sufrir, pero, ¡sean valientes! Yo he vencido al mundo. Juan 16:33.

En 1 Juan 4:4 (PDT) nos dice; Hijitos, ustedes son de Dios y por esto ya han derrotado a los enemigos de Cristo porque el que está en ustedes es más grande que el que está en el mundo.

Dios nos promete victoria. Si tienes debilidades con las cuales has estado luchando, no dejes de acercarte a Jesús y obedecer sus consejos que están escritos en su palabra. Si así lo haces, el Señor te perdonará, librará y recompensará.

A todos los que salgan vencedores y me obedezcan hasta el final: Les daré autoridad sobre todas las naciones. Apocalipsis 2:26 (NTV)

Todos los que salgan vencedores se sentarán conmigo en mi trono, tal como yo salí vencedor y me senté con mi Padre en su trono. Apocalipsis 3:21 (NTV)

Oremos:

“Amado Padre, me acerco a tu presencia sabiendo que sólo tú puedes ayudarme. Tú conoces mis debilidades y las veces que he intentado dejarlas pero no he tenido éxito, sé que en mis fuerzas no lo lograré, por eso acudo a ti. Ayúdame y llena mi corazón de tu presencia. Que tu Santo Espíritu sea mi fortaleza en los momentos de lucha y quien me dé la victoria sobre mi problema, en el nombre de Jesús. Amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Atado? 5

¿Atado?

“El vino hace insolente al hombre; las bebidas fuertes lo alborotan; bajo sus efectos nadie actúa sabiamente.” Proverbios 20:1 (DHH)

La adicción al alcohol no solo destruye a la persona que lo consume sino a todos los que están a su alrededor. Es una cadena que ata al ser humano y sus consecuencias pueden ser nefastas si no se actúa a tiempo. Pero debemos recordar que Dios puede hacer libre al prisionero y romper toda cadena de opresión. “(…) donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.” 2 Corintios 3:17 (DHH)

Por Judith Quisbert

 

 

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Verdad, libertad, dolor 6

Verdad, libertad, dolor

Pero cuando crees una mentira demasiado tiempo la verdad no te libera. Te destroza.
(Takeshi Kovacs, Altered Carbon, Netflix)

No. No es que Takeshi Kovacs, personaje de la serie citada de Netflix, se haya convertido en mi gurú personal. Es nada más que acabo de ver la serie y he hallado, entre muchas otras, un par de ideas que me parecen dignas de atención. Aunque alguien me dijo una vez que uno tiende a subrayar en libros, canciones y películas lo que uno ya cree más que aquello que es una revelación.
Esta frase me atrapó por varias razones. Hemos creído cosas – muchas veces – que no nos fueron impartidas necesariamente como mentiras; el enseñador las creía verdad auténtica y así nos parecieron a nosotros. Pero con el tiempo nos dimos cuenta que eran inexactas, que representaban la realidad de una manera equívoca. El tiempo, un conocimiento más preciso de la vida y de la Biblia las probaron erróneas.
En algunos casos – no pocos – el descubrimiento de esa verdad nos destrozó no necesariamente porque fuera ésa su intención sino porque la vida no era así. Y nos causó heridas que luego nosotros causamos a otros porque mientras la creímos se las impartimos y les debe haber dolido lo mismo cuando se dieron cuenta.
De todos modos, complementaría la idea de Kovacs diciendo que efectivamente la verdad verdadera nos destrozó pero igualmente nos liberó; no seguimos creyéndola y eso nos hizo bien. En este caso, la luz, por mucho que te duela, a la postre te hace bien. Como sea, el resultado final es libertad.
Me parece que en la declaración de Jesús, Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres el aspecto del dolor está incluido. A Él al menos, la verdad le costó la vida. En prácticamente todos los ámbitos de la vida la gente está asimilada, uniformada, mediatizada. Y los que intentan desafiar el sistema son vistos como rebeldes, antisociales, traidores, enfermos, locos. En este sentido, la libertad que trae consigo la verdad nunca es gratuita.

Dios desea hacerte libre 7

Dios desea hacerte libre

“El Espíritu del SEÑOR está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad.” Lucas 4.18 (NTV)

Dios desea hacerte libre de todo lo que te ata. Él te ama y tiene planes de bien para ti, pero es necesario que tú le abras las puertas de tu vida para que obre. Jesús dio el primer paso en la Cruz, ¿Qué esperas para dejar que tu Creador luche por ti y seas libre de todo vicio? Su palabra nos dice: “….pero yo defenderé tu pleito y salvaré a tus hijos”. Isaías 49:25 El Señor anhela transformarte y restaurarte, acude a su ayuda con esta oración: Padre Ayúdame, sáname de todas las heridas que me ha ocasionado el alejarme de ti, hazme libre de mi vicio, te reconozco en todos mis caminos, te invito a que ingreses a mi corazón y seas el dueño de mi vida. Creo que tú moriste en la cruz por mis pecados y resucitaste, te pido me guíes en este nuevo inicio, enséñame a verme como tú me ves, con esos ojos de amor. Todo esto te lo pido y lo recibo en tu nombre Jesús, amén.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Indagatoria 8

Indagatoria

Téngase por premunido del pertinente llamado a indagatoria en la que se busca establecer culpabilidad o inocencia respecto de imprecisiones, inconsistencias, elucubraciones inconducentes, meditaciones impertinentes, conductas reñidas con los Preceptos del Supremo Comentario y otras cuestiones que aflorarán en el curso de la investigación.
Debido a que no se presume la comisión de delitos de lesa humanidad no se provee inhabilitación de libertad ni fianza. Se decreta únicamente restricción de circulación en horarios impresentables tales como las tres de la mañana en ropa de civil en cafés de dudosa reputación. (Se adjunta copia).

¿Afirmó usted o no afirmó, hace una quincena de años en un tendencioso programa radial llamado Entrelíneas que el Señor no venía pronto?
¿Declaró usted o no declaró en una conferencia pública que las instituciones eran mecanismos de control de la mente, del tiempo y del bolsillo de sus miembros?
¿Sostuvo usted o no sostuvo en un pasquín virtual llamado Paralelo que el profeta Eliseo desconoció el mandamiento de no adorar los ídolos permitiéndole a Naamán, recién sano y converso, inclinarse ante el ídolo de Rimón cuando regresara a casa?
¿Se retractó usted o no se retractó más de una vez de diversas afirmaciones que había hecho en su dilatada carrera de enseñanza cuya validez ahora desconocía o refutaba, amparándose burdamente en un fragmento del recién extinto Nicanor Parra: “Puede que yo no sea más que eso pero oye mi última palabra: Me retracto de todo lo dicho. Con la mayor amargura del mundo me retracto de todo lo que he dicho?”
¿Participó usted o no participó en reuniones internacionales en las que ante una indeterminada cantidad de comunicadores afirmó que el propósito de los medios cristianos de comunicación no era predicar el evangelio sino que el evangelio predicado fuera entendido por la audiencia no cristiana?
¿Ha incitado usted o no ha incitado a una considerable cantidad de personas a leer la Biblia entera por sí mismas, sin saltarse versículos, capítulos ni libros hasta el final, exponiéndolas así a encontrar en los textos sagrados cuestiones que no están sancionadas para el conocimiento del vulgo y que son del exclusivo dominio de los señores colegiados del Supremo Comentario?

Se conmina al imputado a responder estas cuestiones bajo estricto secreto del sumario en indagatoria a la cual será citado oportunamente. Pronuncia, manda y firma Su Señoría Ilustrísima.

Perdona para ser perdonado 9

Perdona para ser perdonado

“Si perdonas a los que pecan contra ti, tu Padre celestial te perdonará a ti” Mateo 6:14 (NTV)

¡Qué difícil es perdonar! A muchos nos cuesta, especialmente cuando las heridas fueron causadas por personas que amamos. Por eso, todos necesitamos la ayuda de Dios de manera que seamos inundados de su amor para ser movidos a perdonar. Recuerda que es una decisión, no una opción, por la cual liberamos a quien nos lastimó, más allá de lo que sentimos hacerlo o no. Es importante traer a memoria las innumerables veces en que le hemos fallado a Dios y aun así, Él nos ha perdonado. ¿Entonces, porque no debiéramos hacer lo mismo con nuestro prójimo? No sigas viviendo herido por guardar en tu corazón rencor y amargura. Decide perdonar y recuerda, que para recibir el perdón de Dios, tú también debes hacerlo con tu prójimo.

Por Judith Quisberth

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Deja de culparte 10

Deja de culparte

“Tú, Señor, eres bueno y perdonador; grande es tu amor por todos los que te invocan.” Salmos 86:5 (NVI)

La culpa no deja que vivamos en paz y hace que recordemos lo que está en el pasado. La palabra de Dios nos dice que si confesamos nuestro pecado, Dios nos perdona, por lo tanto es hora de que nosotros también nos perdonemos, ya no sigamos permitiendo que el enemigo tome parte en nuestra vida y seamos libres de toda culpa. Rehusémonos acordarnos lo que Dios ha elegido olvidar. Jeremías 31:34 “Yo les perdonaré todas sus maldades, y nunca más me acordaré de sus pecados. Les juro que así será” (TLA). Cree está palabra y deja que sea real en ti.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Lo importante es que Jesús nació 11

Lo importante es que Jesús nació

 “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Mateo 1:21 (RV1960)

Faltan pocas horas para que sea navidad y se celebre el nacimiento de Jesús en todo el mundo. Aunque muchos de nosotros sabemos que bíblicamente no nació en estas fechas, estamos seguros que hace más de dos mil años atrás Jesús vino al mundo.

“Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.” Lucas 2: 6-7 (RV1960)

Tal vez muchos de los que lean el devocional se pregunten y digan: ¿Acaso la navidad no es una fiesta pagana? Personalmente creo que a veces lo relacionamos todo con las cosas del mundo y entramos en discusión por cosas que realmente no nos salvarán, ni nos condenarán. No me imagino a  Dios condenándome porque celebre o no el nacimiento de su Hijo. Lo importante es que Jesús nació.

No pienses que celebrar la navidad no es de Dios o que está mal hacerlo. El problema no es la fecha ni cómo lo hagas, sino olvidar el verdadero significado del nacimiento de Jesús.

A veces pensamos que esta fecha sólo es comer, vestirse bien, intercambiar regalos, compartir con la familia, salir a pasear, etc. Y olvidamos que es un tiempo de agradecimiento a Dios y celebración por darnos la vida por medio de su hijo Jesús.

Por lo tanto, no todo es malo si sabes aprovecharlo. Te recomiendo que esta navidad compartas el amor, perdón y salvación que Dios ofrece.

No olvides que Jesús vino a rescatarnos de nuestros pecados mediante su sacrificio. Si es la primera vez que escuchas hablar de Jesús y del propósito de su nacimiento quiero que sepas que Él te ama y quiere cambiar tu vida.

Haz esta oración conmigo:

“Dios, creo en Jesucristo tu Hijo y su nacimiento. Perdona mis pecados y concédeme libertad. Acepto que Jesús es mi Señor y Salvador. Haz tu voluntad en mi vida y envía a mi tu Espíritu Santo. En el nombre de Jesús, Amén.”

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Manzanal 12

Manzanal

“He aquí en definitiva la libertad, la única libertad pero también la más preciosa, de la que nos priva la cárcel: poder respirar así, poder respirar en un lugar como éste. Ningún alimento terrestre, ningún vino, ni siquiera el beso de una mujer, me resultan más dulces que este aire embriagado de flores, de humedad, de frescura … Dejo de oír el escape de las motocicletas, el aullido de las radios y la monserga de los altoparlantes … ¡Mientras se pueda respirar así, después de la lluvia, bajo un manzano, todavía vale la pena vivir!”

(Fragmento de La respiración en “Cuentos en Miniatura”, Alexander Solzhenitzyn).

Este precioso pasaje me remite sin transición alguna a una mañana lejana en el tiempo y remota en los mapas del mundo, cuando estudiaba un postgrado que nunca terminé. Había vivido hasta entonces bajo el despotismo iletrado – no ilustrado – de los epónimos diligentes. Por primera vez, con desgarradora claridad entendí que había sido un triste clon de fórmulas aprendidas y me decreté a mismo un estado de guerra permanente contra cualquier imposición conceptual. En cierto modo – la frase es muy cursi, es verdad -, fue como el primer día del resto de mi vida. Lloré horas tendido de espaldas debajo de unos manzanos silvestres, mi suéter quedó lleno de mocos y desde entonces respiro este aire distinto de una progresiva libertad.
Progresiva porque aquel fue apenas el comienzo. Los miedos y las costumbres tienen muchas vidas y no se dejan así no más. Las rejas más resistentes están en la cabeza. Cuarenta años de reglas institucionales se dejan sentir. Hace unos días me obligué a pedir permiso para no asistir a un servicio religioso en el sitio donde estaba de paso haciendo un trabajo profesional; no quería participar, pero no deseaba que se viera como falta de respeto mi evidente ausencia.
Mientras sigo leyendo las memorias de Simone de Beauvoir, me pregunto mil veces cómo es que dejé tanto tiempo que me controlaran la vida. Me martirizo con la idea de por qué no aflojé antes las amarras del ser. ¿No era desde siempre que sentía tan adentro el olor embriagante de la libertad, el magisterio danzante de las palabras y la urgencia de las cosas erizándome la piel todas las horas…?

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