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¡Lluvia!

“La lluvia y la nieve descienden de los cielos y quedan en el suelo para regar la tierra. Hacen crecer el grano, y producen semillas para el agricultor y pan para el hambriento. Lo mismo sucede con mi Palabra. La envío y siempre produce fruto; logrará todo lo que yo quiero, y prosperará en todos los lugares donde yo la envié.” Isaías 55:10-11 (NTV).

Cuando la sequía está presente en algún lugar, son notorias las consecuencias: disminución en la vegetación, muerte del ganado, deshidratación, enfermedades, etc. Así es la persona que no tiene Palabra de Dios en su corazón, su vida empieza a convertirse en un desierto, disminuyen los deseos de buscar a Dios y entra en el proceso de muerte espiritual. Por ello, cuán importante es meditar y escudriñar sus Escrituras, sabiendo que nos da vida y prosperidad. Te animo a disfrutar de las bendiciones que nos produce la Palabra de Dios.

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Lluvia

Cuántas veces me he preguntado
por qué siempre sale todo igual
No importa de qué modo se mire
Es la vida y acabamos por jugar el juego…
(Rainy Night in Georgia, Tony Joe White, 1962)

Hoy no daba para un día de lluvia otoñal. Es plena primavera y lo que uno espera son tormentas escatológicas precedidas de un calor abrumador. Sin embargo llovía como si fuera una mañana de mayo. Como era previsible, pasado el mediodía desaparecieron las nubes y un sol radiante levantó una humedad todavía fresca.
Pero fue suficiente para estimular el lado gris, la mirada nubosa, la fiel tristeza subyacente en todas las cosas a las que pertenezco o pertenecí alguna vez. Sí, de nuevo, ésta no es una nota devocional que vaya a alegrarles el domingo; pueden abandonar la lectura, aunque les suplico que lo hagan en silencio porque hay otras personas que están leyendo atentamente.
La lluvia más remota que recuerdo fue una tarde en que convalecía de una bronconeumonía que me tuvo al borde de la muerte (según mi madre); tenía unos cuatro o cinco años. Por la ventana se veía el inmenso eucaliptus de don Juvenal y bajo los cardenales se guarecían unos patitos recién nacidos en el corral del tío Carlos. No puedo decir que lo comprendí entonces pero de algún modo todo eso era la conciencia de la fragilidad de las cosas con la lluvia como telón de fondo.
Desde entonces, tantas lluvias en tantos lugares han ilustrado la crónica de la vida, han rubricado su pesada manifestación, han puesto la nota de sobriedad a los torpes entusiasmos a los que a veces uno se suele entregar.
Quizá la más favorita de mis lluvias sea la de la ruta, al lado de Germán en un camión Henschel amarillo de 1960. Mañanas brumosas, noches interminables, tardes lentas y silenciosas esperando una carga en Cemento Melón en La Calera o en la usina de Huachipato. La música y la conversación intrascendente conjuraban el tedio de la espera. Nos sentíamos en otro universo, sin ataduras ni chantajes sentimentales. Era el tiempo libre, el limbo entre antes y después, la feliz posibilidad de tenderse entre los sacos de cemento y dormir profundamente, un arte perdido y siempre recordado…

El arco iris

Un arco iris se produce cuando los rayos del sol atraviesan las gotas de agua que produce la lluvia. La luz del sol aparentemente es blanca pero en realidad está compuesta por rayos de diferentes colores y cuando uno de ellos atraviesa una gota de agua el color se desvía formando así un arco iris.

La aparición de esta escena maravillosa en el cielo es señal de que la tormenta ha cesado, pero para nosotros que amamos a Dios es señal de su fidelidad.

Entonces Dios dijo: «Les doy una señal de mi pacto con ustedes y con todas las criaturas vivientes, para todas las generaciones futuras.  He puesto mi arco iris en las nubes. Esa es la señal de mi pacto con ustedes y con toda la tierra” Génesis 9:12-13 (NTV).

Los problemas, dificultades y tristezas pueden ser parte de tu vida diaria y esa tormenta que está sobre ti, sobre tu familia o trabajo parece cobrar más fuerza cada día y todo indica que los desastres que causará serán irremediables e incluso has llegado a pensar que no saldrás bien de ésta;  recuerda que el arco iris es un símbolo de esperanza para ti, pues así como la tormenta tuvo un inicio también tendrá un final y de lo mismo sucederá con tus problemas.

Confía en Dios y en sus promesas, porque como buen Padre y fiel amigo estará contigo hasta el último instante y no dejará que caigas a pesar de que la tierra tiemble o que los vientos sean fuertes. “Él no permitirá que tropieces; el que te cuida no se dormirá” Salmos 121:3 (NTV).

Descansa en sus brazos con la certeza de que en su tiempo ese arco iris de esperanza saldrá para ti.

La próxima vez que veas un arco iris, recuerda:

¡Habrá un mañana y será mejor si confías en Dios!

Por Judith Quisbert.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La tormenta

Se acerca una tormenta formada cerca de Río Cuarto. Si bien no es factible asegurarlo, hay probabilidades de granizo. Todavía se encuentra a la altura de Dalmacio Vélez. Los mantengo informados, nos advierte nuestro “amigo del tiempo” quien por WhatsApp nos actualiza el clima y los eventos de lluvia.
En la región donde vivo la tormenta es un componente ineludible del verano. Yo que crecí en un país donde llueve cuando es invierno y hace frío, nunca me acostumbré a estos temporales estivales en los que todo se oscurece al punto que las luminarias de la calle se encienden como si fuera el anochecer y el cielo parece venirse abajo en un vendaval de nubes espesas, viento, truenos, relámpagos, rayos y granizo.
Por unos minutos parece que el mundo se va a acabar bajo un diluvio monumental pero al cabo de una hora o menos brilla un sol resplandeciente y comienza de nuevo el ciclo de calor y humedad. Antes de que vuelva el calor hay un intervalo en el que salgo a la vereda un poco ligero de ropa y me dejo acariciar un rato por una brisa fresca y relajante.
Estas tormentas tienen un efecto hipnótico sobre mí. Me provocan un sentimiento primitivo, ancestral. Tienen el efecto de un viaje imaginario a un lugar exótico, lejano, un sitio inmaterial, ingrávido. La tormenta me descoloca siempre porque todavía es nueva en mi antiguo repertorio de lugares, sensaciones y memorias.
Hay algo intraducible en todas estas experiencias. No conozco muchas, pero sé que hay personas que son conmovidas por la materia de la tierra, por la composición invisible de los vientos, por el olor eléctrico del éter, por la profundidad insalvable de la fuerza telúrica. Para algunos la tormenta es un drama de inundaciones, deslizamientos de tierra, pérdida total o parcial de casas y posesiones, por lo que estas reflexiones no pueden alcanzarles. En algunas regiones del mundo, la tormenta es el comienzo de la temporada bendita del agua y de la agricultura.
Para pocas personas sin duda es un instante singular donde el mundo adquiere un color y una forma diferente. Con el permiso y el debido respeto de otras consideraciones sobre el clima, dejo aquí para ellos la semblanza de la tormenta que dentro de un rato se vendrá sobre esta ciudad y me permitirá un breve viaje de cortesía al secreto mundo de Nunca Jamás.

La vida simplemente

La vida, ese solemne lugar común…

Los cajeros automáticos no tienen dinero como es usual durante los fines de semana largos. Es viernes y las señoras cumplen con el tradicional rito de lavar las veredas enfrente de sus casas (también los lunes son días del rito). Las flores de la sala de espera de mi kinesióloga son artificiales; claro, a ella no tiene por qué importarle que no me gusten las flores artificiales. “¡Cómo andás, Chile!” me saluda todos los días el joven dueño de la verdulería Destefanis; me señala siempre mi condición de extranjero, pero siempre sonríe.
“Yo voto al que me dé” se lee en el cartel que exhibe una joven madre en el mitin del candidato X. “Estar solo no es casualidad”, un grafitti en un muro a la orilla de las vías. “Volvé al cole con zapas nuevas”, un anuncio en la zapatería que resume esta manía argentina de cortar las palabras por la mitad (Benja, peli, seño – por señorita profesora -, facu – por universidad -, finde, Manu, Fede, así ad infinitum). Aún nadie me ha explicado qué es el dólar contado con liqui.
Durante unas semanas la plaza se puso toda color jacarandás en flor. En la calle Entre Ríos se siente tres veces por semana el aroma de la tostaduría de café donde Ruiz. Según mi doctor, no debo seguir tomando café con leche y bizcochos todas las mañanas en la estación de YPF; es por el hígado graso, dice. Anoche soñé algo increíble pero no me puedo acordar qué era; parecía una película dramática.
Una señora con acento italiano me habla durante todo el camino entre la terminal de Córdoba y Villa María; guardo el diario y me entero de su vida, sus viajes, su matrimonio que duró nada, el albañil que hace arreglos en su casa y las complejas relaciones con su hija – entre otras cosas. En el vuelo de regreso la semana pasada, después de haber alcanzado la altura y la velocidad de crucero una voz de mujer nos dice, “Damas y caballeros, les habla la capitana”.
Un día hay treinta y cinco grados a la sombra y a la mañana siguiente llueve y hace frío como si fuera julio. Después de una lluvia torrencial, amaina el calor y reina una frescura que debería durar toda la vida.
La humedad relativa del aire es el barómetro de la vida… simplemente.

El Rencor, Nuestro Veneno de Todos los Días…

No hay nada peor que guardar los recuerdos de lo malo que nos han hecho. Eso es el rencor, es un veneno que va creciendo a diario en nuestro ser. Ese veneno se alimenta fácilmente si no tomamos acción. Va apoderándose de nuestros pensamientos, de nuestro corazón y como consecuencia terminamos siendo personas amargadas.

Cuando veas a alguien con rictus de amargura en la cara, muy probablemente es una persona que guarda rencor, que no se fija ya en las bondades que le hacen. Siempre está esperando a ver qué no le hacen, qué no le dicen, cómo le responden una pregunta…y siempre, aunque se la respondan con dulzura, va a encontrar algo negativo en esa dulce respuesta.

La solución sería poner a las personas así a hacer una lista de las cosas bonitas que recuerdan de su infancia, de todas las cosas que recuerdan haber recibido y les causaron una sorpresa agradable. Pregúntale quién le ha hecho algo bueno en la vida. Tal vez así pones su memoria a alimentarse de esos buenos momentos.

Estar en positivo, al igual que ser feliz, es una decisión, pero a muchos les cuesta tomarla. Hay personas que incluso habiendo conocido a Jesús son así, porque se han acostumbrado a serlo. Porque están tan envenenados, que no conocen otra manera, no saben ser de otra forma.

Hay que orar por ellos y siempre darles una respuesta en positivo. Hay que recordarles que Jesús es Dios de esperanza, de gozo y de paz. Que Él disfruta cuando estamos felices y que si lo tenemos a Él, nada más nos debe faltar. Por ejemplo, si te dicen: el día está horrible, esa lluvia…les puedes responder: Yo le doy gracias a Dios porque está regando mis plantas, o Gracias a Dios tenemos un techo sobre nuestras cabezas. Y así, una a una de sus frases, se las respondes como tu lo harías en positivo a ver si se van acostumbrando y adoptan esa postura. Revisa tus comentarios a diario y procura ser siempre portador de buenas noticias.

Lleva tu paraguas

En un pueblito de zona rural se produjo una larga sequía que amenazaba con dejar en la ruina a todos sus habitantes, debido a que todos era agricultores. A pesar de que la mayoría de sus habitantes eran creyentes, ante la situación límite marcharon a ver al párroco y le dijeron:

– Si Dios es tan poderoso, pidámosle que envíe la lluvia necesaria para revertir esta angustiante situación.

– Está bien – respondió el clérigo-  le pediremos al Señor, pero deberá haber una condición indispensable.

– Díganos, ¿cuál es? –  respondieron todos.

– Hay que pedírselo con fe, con mucha fe, contestó el sacerdote.

– ¡Así lo haremos, y también vendremos a la iglesia todos los días!

Los campesinos comenzaron a ir a los servicios todos los días, pero las semanas transcurrían y la esperada lluvia no se hacía presente.

Un día fueron todos a enfrentar al sacerdote y reclamarle:

– Usted nos dijo que si le pedíamos con fe a Dios que enviara lluvia, Él iba a acceder a nuestras peticiones. Pero ya van varias semanas y no obtenemos respuesta alguna.

– ¿Han ustedes pedido con fe verdadera?

– ¡Sí, por supuesto! –  respondieron al unísono.

– Entonces, si dicen haber pedido con fe verdadera, ¿por qué durante todos estos días ni uno solo de ustedes ha traído el paraguas?

La fe no consiste sólo en pedir y esperar, debemos ponernos en acción, confiando en que Dios obrará, creyendo en que lo que hemos pedido ya es un hecho.

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Hebreos 11:1.

Dios es fiel y cumple sus promesas, sólo espera que le creamos con todo el corazón, que no haya lugar para ninguna duda.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Terremoto

Una vez más mi Chile se estremece hasta sus cimientos. Literalmente. La placa oceánica se mete unos metros sobre la placa continental, se desplazan secciones de la orilla marina otros cuantos metros y entonces pánico, gritos, carreras alocadas hacia el cerro. Los vehículos del dispositivo de seguridad pasan con los altoparlantes a todo volumen: “¡Tsunami, tsunami! ¡Evacuar a las zonas de seguridad! ¡Tsunami! ¡Evacuar!” Una vez más.

El volcán que se despierta y llena todo de ceniza y fuego. La lluvia feroz que produce desprendimientos y corridas hacia los sectores bajos de algunas ciudades del norte. Un incendio forestal que arrasa con cientos de casas en Valparaíso. Otro terremoto de menor intensidad que alerta a Tocopilla. Así es Chile. Todo el tiempo, tierra de peligro natural. La locura de una geografía tan rara. El desierto más seco, la más alta cordillera, el inmenso hielo antártico, cinco mil kilómetros del océano más frío del mundo. Su casi ridícula longitud, aferrándose a la montaña para no caer al mar. “El país que vive más cerca del cielo, porque está al lado de Argentina”, me dice un amigo… argentino.

Esta vez, el terremoto vino un día antes de inaugurar las Fiestas Patrias, la más grande de nuestras celebraciones junto con la Navidad. Ramadas, fondas, empanadas, vino tinto, chinas y huasos, anticuchos, cuecas y tonadas. Incluso, la ironía de uno de los tragos más apetecidos de la época: el terremoto, una mezcla de vino pipeño blanco, helado de piña, fernet u otro licor amargo y jugo de granadina. Hay que tomarlo en vasos de casi medio litro. Si va en vasito pequeño se le llama réplica. Así somos. Se le saca la lengua a la desgracia.

Algunas personas no resisten y mueren de la impresión. Varias personas, esta vez muy jóvenes, caen entre el derrumbe y los escombros. Son pocos pero duelen lo mismo que si fueran muchos. Casi un millón de desplazados. Todos los dispositivos de rescate creados para estas ocasiones funcionan. Luego vendrá la larga tarea de regresar a casa, reconstruir, seguir adelante.

Mañana es fiesta de nuevo. Pero esta vez, la tragedia le pone una nota de austeridad. Viene la primavera y quizá los últimos meses del año sean más benignos.

Es mi Chile.

Después de la lluvia

Cuentan que Francisco esperaba con entusiasmo el sábado porque su padre le había prometido ir a pescar si el tiempo era bueno.

Una prolongada sequía había secado los campos y jardines, pero aquel sábado por la mañana empezó a llover a cántaros y parecía que la lluvia duraría más de un día.

El muchacho, decepcionado, parecía inconsolable y se acercó a su padre, quien  estaba calentándose y leyendo un buen libro y le dijo:

    – ¿Cuándo será que las cosas se harán bien?

Su padre trató de hacerle comprender cuánto necesitaban la lluvia, los campos secos, pero el muchacho insistió:

    – Sabiendo Dios que nosotros tenemos que ir a pescar hoy, podía haber enviado la lluvia otro día.

Por la tarde mejoró el tiempo, volvió a salir el sol y su padre lo llevó cerca del lago. Quizás a causa de la reciente lluvia o por alguna otra razón que sólo los peces conocen, éstos mordieron los anzuelos con hambre y padre e hijo llegaron a casa con una buena cesta de pescado.

Aquella noche se le pidió a Francisco que diera las gracias antes de cenar. Después de repetir las palabras de costumbre añadió:

   – Señor, y si murmuré contra ti esta mañana perdóname, pues yo no puedo ver más allá de la nariz, como dice el maestro cuando no acertamos los problemas, pero tú sabes hacer las cosas mejor.

Quizás los planes que tenías para tu vida no han estado saliendo como tú deseabas. Probablemente te has visto en la necesidad de postergar aquellas cosas que, bajo otras circunstancias, ya estarían terminadas. Pero Dios tiene otros planes para tu vida y ha mandado lluvia repentina a tu vida.

No desesperes ni te frustres si las cosas no están saliendo como tu querías, el que aún no hayas logrado algo no es síntoma de fracaso ni significa que Dios se ha olvidado de ti o que no escucha tus oraciones; por el contrario, en su infinita misericordia ha trazado un plan mejor para ti y cuando llegue el tiempo de cumplir tus metas, tu pesca será mayor de la que imaginabas.

“…Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente ha imaginado lo que Dios tiene preparado para quienes lo aman” 1 Corintios 2:9 (NTV)

Confía en que los planes de Dios para tu vida son perfectos porque te ama, quizás la lluvia que ha enviado no dure horas, ni tres días, ni unas pocas semanas, pero puedes estar seguro que este aguacero no sólo beneficiará los campos que tanto la necesitan, sino que cuando cese tu pesca será sorprendente.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cantando bajo la lluvia

En el año 1945, después de la segunda guerra mundial, Estados Unidos enfrentaba la crisis económica y social que atraviesa toda nación que ha estado involucrada en movilizaciones bélicas. El proceso de recuperación para el país del norte sería lento.

Pero en medio de todos los problemas que habían, comenzaron a levantarse las artes dramáticas como nunca. Quizás porque era el único medio de distracción familiar con el que cualquier ciudadano común podía lidiar con la incertidumbre que había reinado en la nación durante los 6 años de guerra.

Con la aparición del cine sonoro, todas las grandes obras de Broadway fueron llevadas poco a poco a la pantalla grande y entre todas las que se presentaron, en el año 1952, logró destacarse un largo metraje titulado Singin’ in the Rain (Cantando bajo la lluvia).

La cinta fue un gran éxito, pero todos los laureles que había ganado no se debían tanto a la trama, sino a una escena de baile en la cual, el actor Gene Kelly baila bajo la lluvia mientras canta la canción que da título al filme.

Parte de la letra de la canción dice:

Estoy cantando bajo la lluvia, sólo cantando bajo la lluvia.

¡Qué glorioso sentimiento! Estoy feliz de nuevo.

Me estoy riendo de las nubes, tan oscuro allí arriba.

El sol está en mi corazón y yo estoy listo para el amor.

La tormenta puede asustar a todos, pero de la lluvia me rio yo.

Camino por el carril con un estribillo feliz. Estoy cantando bajo la lluvia.

Más allá del gran talento del protagonista y de la puesta en escena, la canción había logrado impactar la vida de muchas personas que aún saboreaban el temor que habían sufrido ante la amenaza de una invasión enemiga, pero que debían sobreponerse al miedo y enfrentar otro desafío, la crisis socio-económica.

Pero el canto de un hombre enamorado a quien no le importaba mojarse con la lluvia, cautivó más de un corazón. Aquel audaz apasionado jugueteaba con cada chorro de agua que descendía de los tejados y zapateaba sobre cualquier charco de agua con el que se encontraba.

La canción de Gene Kelly, llegó en un momento oportuno para mucha gente que se lamentaba, renegaba y se frustraba por su situación, logrando únicamente enredarse entre  sentimientos  de autocompasión que no les permitía ver la oportunidad que existe al enfrentar un nuevo desafío. La mayoría, ante cualquier problema, sólo huye y protesta.  Pero ésta sola escena llenaba de alegría a cuanta gente la veía. Quizás por la reacción opuesta que tenía el personaje.

Normalmente todos ante una fuerte tormenta deciden esconderse y escapar, pero no éste hombre, él es un loco que juega con la lluvia y se divierte.

Y tú, ¿Cómo enfrentas la adversidad?

Salmos 5:11-12 dice: “Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; En ti se regocijen los que aman tu nombre. Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; Como con un escudo lo rodearás de tu favor.” (RVR1960)

A veces la lluvia cae en el momento más inesperado.  La mayoría de la gente corre para cubrirse y protestar, pero tú podrías ser el loco que cante y baile, sabiendo que no estás solo, porque Dios es quien te acompaña.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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