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Qué verde era mi valle…

Hubo una vez, cuando la luz de la mañana era semejante a nuestra edad, que nos sentíamos infinitos. Nada era pasado ni futuro, sólo presente colmado de vida, absoluta y completamente irresponsable.

Ni siquiera éramos conscientes del pan que comíamos, la ropa era un accidente circunstancial y la escuela el lugar de reunión para diseñar el plan magnífico que nos haría existir ese día.

En efecto, no teníamos pasado. Todavía no conocíamos el remordimiento ni las condiciones que el amor y la gente le van poniendo a uno para ser parte de la historia.

Sin registros testimoniales, éramos polvo en el viento, luciérnagas crepusculares, lobos esteparios, completamente embriagados de energía y luz.

Ningún oscuro profeta vendría a lanzar maldiciones sobre nuestra sana locura.

Todavía no aprendíamos que la memoria nos convocaría más tarde a sus solemnes indagatorias, a sus juicios sumarios, a su constante y ubicua presencia.

¡Oh, temprana epopeya del ser! ¡Qué ignorantes éramos de la brevedad de esos días maravillosos! Si lo hubiéramos sabido. Si tan sólo lo hubiéramos sabido…

Vino el tiempo con su discurso regulador, con sus notables moralejas para apaciguar el ardor de los días y meternos de lleno en la métrica social, en el concierto de las instituciones y en las responsabilidades cotidianas.

El color y la luz de la existencia se tornaron marrón, como las fotografías viejas, esos últimos vestigios de nuestra generación.

La razón, esa Frau Rottenmeier que no sabe del fuego de los crepúsculos en la montaña, se introdujo por cada intersticio de nuestra piel y se adueñó para siempre de nuestra fuerza creadora.

Puso en fila nuestros sueños, los hizo tomar distancia y los metió en las aulas de la disciplina. Ella gobierna el mundo y nosotros sólo sabemos esperar la campana del recreo.

Así, la sabiduría oficial quedó como propiedad de los dirigentes, los códices, los reglamentos de la comunidad y de los predicadores que detentan el secreto de los antiguos preceptos.

Nosotros somos marginales, artesanos poco confiables, a quienes a veces les dejan poner un poco de color a las celebraciones y los dejan recitar sus poemas en las fiestas anuales, pero hasta ahí no más.

“No se confíe usted de estos seductores de la emoción, estos traficantes del sentimiento que ponen las cosas correctas patas para arriba; son simpáticos, pero peligrosos.”

A veces hoy, nos sentimos infinitos, pero ya se ve un poco patético…

Inventario sexagésimo sexto

Enumeraciones. Frases cortas. Relatos breves. Consideraciones superficiales. Palabritas. Fragmentos. Retazos de vida. Muestras mínimas. Trocitos de filosofía harto discutible. Descripciones de poca monta. Bosquejos menores.

Y sin embargo la vida es tan extensa. Pletórica de realidades e imaginaciones. Historias de opresión y de sufrimientos atroces. Heroísmos inconcebibles y bondades más allá de toda descripción. Estafas, violencias desatadas, discursos, engaños, amores, homicidios, injusticias, creaciones estupendas, inventos infernales.

Algunas veces – ahora no – tuve la rara idea de crear una novela que captara la enormidad de las cosas. Afortunadamente me detuvo la simple observación de que no soy capaz de escribir más que una o dos páginas y ya la historia tiene que acabar. Emergen solamente estos breves rayos de luz, recurrentes jirones de sombras.

Ser en cuatrocientas palabras. Definir el principio y el fin en menos de una página. Colocar en el breve espacio de la pantalla una enorme conmoción o apenas el ligero toque de una idea y después más nada. Y a veces, hasta eso es una tarea enorme.

Como si fuera una breve aparición, un pasajero de las cosas. Si tuve raíces antes las borró el tiempo. La realidad, a ratos tan intensa y potente, al pasar los días, no es más que polvo en el viento.

Lo que fue ya no es. Detrás de mí se diluye mi historia y quizá por eso no puedo atrapar más que algunos fragmentos. Estrellas fugaces que tienen cinco segundos brillantes y luego nada más que la oscuridad reinante.

¿Qué puedo enumerar hoy? Pequeños imanes en el refrigerador que rememoran países visitados, la creciente colección de cuadernos donde ensayo artículos, libretos para video, apuntes de enseñanza, poemas escuálidos y sosos, una lista de 457 canciones que escucho desde hace más de veinte años, unas camisas que me pongo de vez en cuando, unas pantuflas que me regaló mi hermana en el último cumpleaños, “El rey de la cabina” de Luis María Pescetti siempre ahí como memoria de un sueño sublime, una melancolía insalvable, la lapicera a tinta del tío Carlos, unas fotos antiguas que se salvaron en el naufragio del divorcio, una carta en papel malva que demoró dos años en llegar y que releo de vez en cuando, el sueño inconcluso y huidizo de un lugar definitivo en la montaña junto al río, varios pasaportes vencidos con sellos exóticos de cuando era feliz y no lo sabía. Ironía del tiempo: ahora no lo soy y lo sé.

¿Oscuridad o luz?

La oscuridad es sinónimo de tinieblas, incertidumbre, sombrío, tenebroso, por esta razón es que se relaciona con la maldad y por las cosas ocultas que conlleva ¿Conoces personas o lugares oscuros?

Por ejemplo, los lugares donde se asientan las pandillas son generalmente oscuros, de hecho, conozco un camino al que intencionalmente le quitaron la iluminación para que la pandillas pudieran robar a las personas que pasan por allí, sin que nadie las vea y tampoco pueda socorrerlas.

Aquellos que hacen daño son la oscuridad porque no tienen compasión por el sufrimiento del otro, y los que simplemente no pueden ver una salida a su situación, sino que son atrapados y engañados, son los que necesitan apoyo porque viven en penumbras y no pueden ver el camino ¿Quién les guiará? Ellos necesitan la luz.

“Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Mateo 5:14-16

La Palabra de Dios dice que a nosotros nos representa la luz, nosotros somos quienes debemos iluminar a las personas, a liberar a aquellos que se encuentran en peligro, debemos ser esa esperanza para aquel en que su camino simplemente ve tinieblas o para poner un alto a la maldad y a quienes siguen sus pasos.

Si el Señor te dice que te hizo una luz, no te ocultes, la mayor parte de este mundo está en tinieblas por lo que el Señor necesita creyentes valientes que asuman el reto de cambiar el mundo ¿Estás dispuesto?

Recuerda que si no eres luz, entonces estás en tinieblas.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Luz en la oscuridad

Una mujer de humilde condición se convirtió al Señor  y vino a ser llena del gozo de la salvación, Unas semanas después dio su testimonio en la iglesia expresando su gratitud a Dios por haberla salvado, y al hacer esta declaración explicó que pensaba abandonar la calle donde vivía por ser de mala fama.

Después de que hubo concluido el pastor la miró fijamente y le dijo:

  • ¿Qué diría usted si el ayuntamiento ordenara apagar todas las luces de las calles oscuras y sucias de nuestra ciudad dejando iluminadas solamente las mejores calles? Jesús dijo: “Vosotros sois la luz del mundo”

La mujer compendió y poco después, cuando se encontró con el pastor, éste le dijo:

  • Bien, señora Jones, ¿Cómo van las cosas por su barrio?
  • Como de costumbre – replicó sonriente- pero Dios ha puesto una luz más en la calle central para que la gente tropiece un poco menos con los escombros.

Quizás muchos de nosotros no vivimos en los mejores  barrios, o trabajamos en lugares que de alguna forma también son oscuros. No siempre tenemos el entorno que deseamos ni a las mejores personas alrededor pero no por eso debemos huir de ahí.

Obviamente no es malo estar rodeados de buenas personas ni vivir en zonas seguras, pero si solamente anduviéramos entre cristianos o viviéramos en buenos lugares, o trabajáramos con gente intachable, ¿A quién le serviría nuestro testimonio? ¿A quién ayudaríamos? O ¿Quién iría a los lugares y personas más necesitadas de Dios?

Dios te puso en el lugar en el que estás con un propósito. En Mateo 5:14-16 Jesús dice: “Ustedes son la luz del mundo, como una ciudad en lo alto de una colina que no puede esconderse. Nadie enciende una lámpara y luego la pone debajo de una canasta. En cambio, la coloca en un lugar alto donde ilumina a todos los que están en la casa. De la misma manera, dejen que sus buenas acciones brillen a la vista de todos, para que todos alaben a su Padre celestial”. (NTV)

No te dejes intimidar por el lugar donde te encuentras ni menosprecies a las personas que te rodean, todos son valiosos para Dios y en sus manos pueden ser transformados. Muestra con tu vida en quién has creído, háblales de su amor y dales esperanza.

No te escondas, brilla con todas tus fuerzas, sé una luz para aquellos que viven en tinieblas.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sin título

Amigas y amigos que siguen estos artículos además de los audios que publico cada semana en YouTube suelen preguntarme por qué no pongo títulos más atrapantes siendo que el contenido siempre es agudo y hasta provocativo.

Como decía un antiguo profesor mío en la universidad: “Excelente pregunta”. No sabría decir si mi respuesta va a resultar tan excelente.

Soy publicista de profesión, así que entiendo la importancia de un buen título o de una novedosa frase comercial. Cuando he debido realizar alguna pieza publicitaria he tenido eso en cuenta y no pocas veces la propuesta ha sido feliz y efectiva.

La cuestión es que respecto de estos espacios he elegido exponer ideas alternativas a una audiencia poco acostumbrada al pensamiento crítico y al análisis detallado de los hechos de la vida.

Entonces desde el título he querido dejar en claro que la invitación es a leer o escuchar algo serio. Colocar frases atractivas no forma parte de ese objetivo. Hay miles de libros de autoayuda y conferencias multitudinarias sobre el éxito inmediato y la felicidad on demand destinados a captar clientes. Este no es el lugar para eso.

El otro asunto es que aunque el título sea novedoso y atractivo el contenido no lo es. Casi nunca. Excepto quizá cuando me dejo llevar por la prosa poética: la contemplación de algo tan importante como una hojita movida por el viento o el sol que reverbera en el verano a las seis de la tarde entre los álamos.

Sigo rechazando la tentación de lo espectacular, lo sensacional, lo bufonesco. Por cierto reditúa más. La gente sigue lo livianito, lo efímero, lo que está a flor de piel. Y ya dije que eso no es mi campo de trabajo.

Mi trabajo, mi vocación y mi deber es – y seguirá siendo – que al menos una parte de la audiencia se quede con preguntas y no con respuestas livianas y de fácil digestión. Seguiré siendo un extraño en la era de los mensajes cortos, los videos impactantes y los memes que resumen la vida y el humor en una foto más diez palabras.

Eso, al menos hasta que el cuenco de cristal se rompa junto a la fuente y la luz de mi vida presente sea apagada.

Hasta entonces, no deberán guiarse por el título de mis palabras sino por el contenido. Después, ya no me será posible decir nada…

Comparte a Jesús, mientras tengas fuerzas

“Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.” Juan 9:4.

Escuché el testimonio de un pastor que fue a visitar a un miembro activo de su iglesia, quien ya era mayor de edad, tenía 75 años, estaba postrado en el hospital y sabía que iba a morir en cualquier momento. Analizando su vida se dio cuenta que en todos los años que conoció a Jesús no había ganado ni un alma para Dios y por esa situación vivía frustrado sus últimos días, porque se iba a presentar delante de Dios sin fruto.

Hay tantas personas en la misma situación de este anciano, llevan años conociendo de Cristo, pero no hay frutos. Se olvidan o no quieren obedecer el mandamiento de Jesús. “Id y predicad el evangelio a toda criatura.” Marcos 16:15. Pregunto: ¿A cuántas personas has predicado de Cristo?

Jesús era consciente de su misión. Sabía por qué había venido al mundo y quién lo había enviado. “Me es necesario hacer las obras del que me envió”, ¿Qué obras? La obra de restauración entre Dios y el hombre. También dijo: “Entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.” Jesús sabía que sería crucificado, que llegaría su muerte y al tercer día resucitaría. Esto hace mención para que los discípulos entiendan que va llegar la muerte y ya no habrá más que hacer.

El Señor relaciona la luz y las tinieblas con la vida y la muerte. Por eso nos llama a trabajar para Él, a compartir su mensaje con todos aquellos que no lo conocen. Mientras el día dura, trabaja para mí dice el Señor, mientras respires trabaja, porque viene la noche donde ya nadie puede trabajar.

Ninguno de nosotros sabe cuánto tiempo más estará en este mundo o cuándo el Señor nos llamará a Su presencia. Lo cierto es que debemos recordar que la vida es breve, el salmista David dice que somos como un suspiro, que nuestros días son fugaces como una sombra. (Salmos 144:4)

Si sabes que no estás predicando el mensaje de Jesús, esta es tu oportunidad. Es hoy cuando tienes que compartir el amor de Dios. Es hoy cuando tienes que decirle a tus seres queridos que hay esperanza en Jesús. Es hoy que, mientras estás vivo y tengas fuerzas, tienes que anunciar que Cristo viene pronto.

No esperes a lamentarte cuando ya no tengas las mismas fuerzas que hoy para predicar el mensaje de Jesús. Trabaja para el Señor, porque si te avergüenzas de Jesús, Él también se avergonzará de ti. La Biblia dice que los cobardes no entrarás al reino de los cielos. (Apocalipsis 21:8)

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Vitrales

– ¿Qué es un santo? – preguntó un profesor.
– Yo lo sé – dijo un niño- Es un hombre hecho de pedacitos de cristales de colores y tiras de plomo, que está en las grandes ventanas de la catedral, y a través de los cuales pasa la luz del cielo.
Los demás niños de la clase se pusieron a reír en coro a carcajadas. El profesor serio y solemne, les impuso silencio.
– A ustedes les ha parecido un disparate todo lo que acaban de oír. A mí sólo la primera parte. Un santo es… aquel a través del cual pasa la luz del cielo. Esto también lo ha dicho su compañero. La luz del cielo es Jesucristo, pasando a través de nuestra vida. Él fue santo, si él vive en mí, los demás me verán vivir su vida santa, ¿no les parece? Así que si la primera parte de la respuesta de su compañero los ha hecho reír, la segunda debería ponerlos a pensar.
Si constantemente buscamos ser santos como Dios, seguir el ejemplo de Jesús, quien no pecó, nuestras vidas se harán como esos cristales de la catedral, que permiten que pase la luz a través de ellos.
“pero ahora sean santos en todo lo que hagan, tal como Dios, quien los eligió, es santo. Pues las Escrituras dicen: «Sean santos, porque yo soy santo»”. 1 Pedro 1: 15,16 (NTV)
Estamos llamados a vivir en santidad y, si nos consideramos verdaderos seguidores de Jesús, debemos seguir su ejemplo y llevar una vida santa. Si observamos los grandes vitrales, los colores y figuras no son impedimento para que la luz pase a través de ellos.
No hay mejor prédica que el ejemplo que damos, cómo nos comportamos, el testimonio que tenemos. La mejor manera en que la gente puede conocer a Dios es a través de nuestras vidas, si permitimos que su luz brille a través de nosotros.
Cuando no vivimos en santidad nuestras vidas se convierten en ventanas sucias que no permiten que la luz atraviese. ¿Cómo está tu vida? ¿Podrías reflejar la luz del Señor como los vitrales de una iglesia o impedirías su paso?

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Reflejas a Dios?

Hay un refrán que dice: “De tal palo tal astilla”, haciendo referencia mayormente a que los hijos se parecen a los padres en actitudes, reacciones o físicamente.

Ahora, ¿qué pasa con los cristianos? ¿Nos parecemos a Dios? Deberíamos sin duda, ya que en la Palabra dice: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.” Efesios 5:1

Antes éramos criaturas de desobediencia, contrarios a lo que es Dios, andábamos ciegos y perdidos, sin embargo ahora que somos hijos del Altísimo tiene que haber una diferencia clara y evidente.

“No conocer a Dios es como vivir en la oscuridad, y antes ustedes vivían así, pues no lo conocían. Pero ahora ya lo conocen, y han pasado a la luz; vivan entonces como corresponde a quienes conocen a Dios, pues su Espíritu nos hace actuar con bondad, justicia y verdad. Traten de hacer lo que le agrada a Dios.” Efesios 5: 8-10 NTV

Una vez más la Palabra nos recuerda que si decimos conocer a Dios, y en verdad lo hacemos, nuestro andar debe ser incuestionable, porque nos convertimos en pequeñas antorchas de luz que iluminan el mundo.

¿Has examinado tu vida? ¿Reflejas a Dios? El Apóstol Pablo aconseja: “Ustedes son parte del pueblo de Dios; por eso, ni siquiera deben hablar de pecados sexuales, ni de indecencias ni de ambiciones exageradas. No digan malas palabras, ni tonterías, ni vulgaridades, pues eso no es correcto. Más bien, usen su boca para dar gracias a Dios.“…“Tengan cuidado de cómo se comportan. Vivan como gente que piensa lo que hace, y no como tontos. Aprovechen cada oportunidad que tengan de hacer el bien, porque estamos viviendo tiempos muy malos. No sean tontos, sino traten de averiguar qué es lo que Dios quiere que hagan. No se emborrachen, pues perderán el control de sus actos. Más bien, permitan que sea el Espíritu Santo quien los llene y los controle. Efesios 5:3,4,15-18

El Señor anhela tener hijos que se asemejen a Él en toda conducta, por ello hazlo parte primordial en tu vida para que seas un reflejo de su Poder y amor.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Brillamos por Su causa

“Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” Juan 8:12

Cuando escuchamos decir que somos luz en medio de las tinieblas, entendemos que los que estamos en Cristo tenemos que ser la diferencia en un mundo que normaliza las cosas que están mal. Cuando una luz se proyecta pone en evidencia su efecto alumbrando en la oscuridad. Lo mismo sucederá si nosotros ponemos a Dios en el lugar más alto y permitimos que con nuestras vidas los demás puedan ver Su luz.


“El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. “ Isaías 9:2


¡Tú puedes ser una de esas luces que brillan! ¡Tu vida puede ser un faro en medio de la oscuridad para la gloria de Dios!

Por Cristhian Castillo

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Vives con miedo?

El miedo es una sensación negativa y destructiva, es un sentimiento desagradable que nos llega a paralizar completamente y lo peor es que hace que la fe salga de nuestro corazón y nuestras emociones empiecen a dominarnos.

El miedo, te hace vivir atemorizado del hombre, de las circunstancias de la vida y del diablo. Te preocupa que las personas puedan lastimarte o hacerte algún mal. Tienes miedo a seguir viviendo, qué comerás, si conseguirás trabajo o no  y miedo a satanás, escuchas voces, ves sombras o piensas que hay alguien detrás de ti.

Generalmente la persona que tiene miedo, vive todo el tiempo pensando que le va suceder algo malo o que todo le va a salir mal. Su corazón palpita más rápido y se desespera por no encontrar paz.

El rey David, como cualquier ser humano también tuvo miedo por la gran cantidad de circunstancias que estaba atravesando, pero él no permitió que esa emoción o sentimiento lo controlara. Él dijo:

“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado. Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.” Salmos 27:1-4.

¿Vives con miedo? El rey David hizo que Dios fuera su luz, salvación y fortaleza. ¿Qué significa esto? Que para vencer el temor necesitas a Dios, porque “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.” 1 Juan 4:18.

Si en este momento vives atemorizado por las circunstancias de la vida, te animo a que nos escribas, estamos aquí para ayudarte con este problema y orar por ti.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cosas buenas

– Pero al final esta sombra es una cosa que pasa. Incluso las tinieblas deben pasar. Un nuevo día vendrá. Y cuando el sol brille será aún mayor su brillo. Esas fueron las historias que permanecieron contigo. Significaban algo, incluso si eras muy pequeño para entender por qué. Pero pienso, señor Frodo, que entiendo. Ahora lo sé. Las personas en esas historias tuvieron muchas chances de volver a atrás, pero no lo hicieron. Siguieron adelante porque se estaban aferrando a algo.

– A qué nos estamos aferrando, Sam?

– Hay cosas buenas en este mundo, señor Frodo. Y vale la pena luchar por ellas.

(Diálogo de Sam y Frodo en El Señor de los Anillos: El retorno del Rey)

Hay días que tengo, como Sábato, una “esperanza demencial” en la bondad humana. Me siento iluminado por las palabras de aquella canción de Raphael, “Digan lo que digan”:

Es mucha más la luz que la oscuridad… Hay mucho, mucho más amor que odio… Y (los hombres) luchan por el bien no por el mal.

Tal vez, de vez en cuando debamos pensar en las cosas buenas a las que se refiere Sam cuando todo parece perdido en los tramos finales de El Retorno del Rey.

Pensemos no en las cosas que son buenas para nosotros, sino en lo que el mundo que nos rodea necesita desesperadamente: agua, comida, vivienda, salud, educación, justicia, paz, libertad. Para mucho más de la mitad del mundo estas cosas no alcanzan o directamente no están disponibles.

Entonces viene la segunda parte de las palabras de Sam: vale la pena luchar por ellas. Pasamos mucho tiempo pensando y hablando de estas cosas. Parece que hace rato es el tiempo de involucrarse personalmente para que alcancen a más personas. Aferrarse a esa lucha. Creer en la posibilidad de los pocos logrando lo imposible.

Esa es la esperanza que proponen la película Matrix, la canción Imagina de John Lennon, el discurso Yo tengo un sueño de Martin Luther King, el libro Mi nombre es Malala de Malala Yousafzai, el Hacia un mundo sin pobreza de Muhammad Yunus, la película El niño que domó el viento.

Dos pequeños hobbits, las más impensadas de las criaturas de la Tierra Media, se juegan la vida para destruir el poder de Sauron y extender un poco más la vida, para mejorar los días, para volver a creer que las cosas malas al fin pasarán.

Boca de ganso

Mi mamá, cuyo vocabulario era rico en refranes camperos, solía decir que cierta persona hablaba por boca de ganso. Es decir, hablaba algo que había escuchado o que le había sido dicho por otra persona.

Cada día se hace más evidente que me estoy poniendo viejo. A medida que pasa el tiempo me sensibilizo respecto de cuestiones que viví o que entendí hace tantos años. Y me doy cuenta que algunas de ellas constituyen ricas y tremendas verdades acerca del mundo y la vida por lo que hay que visitarlas de nuevo.

Una vez un profesor de mi primer año de universidad nos dijo que prácticamente todas las ideas que teníamos acerca de cualquier cosa las habíamos adquirido de otros. Le pregunté si era esa una idea propia o la había recibido de alguien más.

Traigo esto a cuento porque el otro día vi un debate en YouTube acerca de tolerancia y religión. Uno de los invitados se refirió casi todo el tiempo a autores y pensadores que había leído o escuchado.

Su “oponente”, alguien que conozco hace muchos años, debe haber citado uno o dos autores. El resto del tiempo elaboró sus argumentos sin referencia a importantes escritores.

No quiero decir que estuviera mal referirse a ellos; estaban bastante bien citados. Pero me resultó difícil separar las citas de lo que elaboraba el invitado.

Nadie piensa a partir de cero. Siempre hay algo que estimula, sorprende o ilumina. Pero llega el momento en que ese conocimiento debe ser interrogado. Debe ser cuestionado a la luz de nuevos estímulos o de otros conocimientos que lo desafían.

Digamos que está bien si uno dice: Como dijo Baltasar Gracián, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Pero no sería tan bueno pasarse la vida diciendo lo mismo. En algún momento hay que hacerse algunas preguntas respecto del asunto.

Eso no quiere decir que las palabras de Gracián estén mal. Lo que uno esperaría es que ellas lo impulsen a uno a seguir preguntando y ampliando la perspectiva.

Una cierta verdad no tiene que dejar de ser verdad si uno la confronta. (Aunque si deja de serlo tal vez es porque no era). Lo que ocurre con el pensamiento crítico es que uno desarrolla una visión más propia de las cosas.

Entonces, uno está menos expuesto a la manipulación y no anda hablando cosas por boca de ganso.

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