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Sin título 1

Sin título

Amigas y amigos que siguen estos artículos además de los audios que publico cada semana en YouTube suelen preguntarme por qué no pongo títulos más atrapantes siendo que el contenido siempre es agudo y hasta provocativo.

Como decía un antiguo profesor mío en la universidad: “Excelente pregunta”. No sabría decir si mi respuesta va a resultar tan excelente.

Soy publicista de profesión, así que entiendo la importancia de un buen título o de una novedosa frase comercial. Cuando he debido realizar alguna pieza publicitaria he tenido eso en cuenta y no pocas veces la propuesta ha sido feliz y efectiva.

La cuestión es que respecto de estos espacios he elegido exponer ideas alternativas a una audiencia poco acostumbrada al pensamiento crítico y al análisis detallado de los hechos de la vida.

Entonces desde el título he querido dejar en claro que la invitación es a leer o escuchar algo serio. Colocar frases atractivas no forma parte de ese objetivo. Hay miles de libros de autoayuda y conferencias multitudinarias sobre el éxito inmediato y la felicidad on demand destinados a captar clientes. Este no es el lugar para eso.

El otro asunto es que aunque el título sea novedoso y atractivo el contenido no lo es. Casi nunca. Excepto quizá cuando me dejo llevar por la prosa poética: la contemplación de algo tan importante como una hojita movida por el viento o el sol que reverbera en el verano a las seis de la tarde entre los álamos.

Sigo rechazando la tentación de lo espectacular, lo sensacional, lo bufonesco. Por cierto reditúa más. La gente sigue lo livianito, lo efímero, lo que está a flor de piel. Y ya dije que eso no es mi campo de trabajo.

Mi trabajo, mi vocación y mi deber es – y seguirá siendo – que al menos una parte de la audiencia se quede con preguntas y no con respuestas livianas y de fácil digestión. Seguiré siendo un extraño en la era de los mensajes cortos, los videos impactantes y los memes que resumen la vida y el humor en una foto más diez palabras.

Eso, al menos hasta que el cuenco de cristal se rompa junto a la fuente y la luz de mi vida presente sea apagada.

Hasta entonces, no deberán guiarse por el título de mis palabras sino por el contenido. Después, ya no me será posible decir nada…

Comparte a Jesús, mientras tengas fuerzas 2

Comparte a Jesús, mientras tengas fuerzas

“Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.” Juan 9:4.

Escuché el testimonio de un pastor que fue a visitar a un miembro activo de su iglesia, quien ya era mayor de edad, tenía 75 años, estaba postrado en el hospital y sabía que iba a morir en cualquier momento. Analizando su vida se dio cuenta que en todos los años que conoció a Jesús no había ganado ni un alma para Dios y por esa situación vivía frustrado sus últimos días, porque se iba a presentar delante de Dios sin fruto.

Hay tantas personas en la misma situación de este anciano, llevan años conociendo de Cristo, pero no hay frutos. Se olvidan o no quieren obedecer el mandamiento de Jesús. “Id y predicad el evangelio a toda criatura.” Marcos 16:15. Pregunto: ¿A cuántas personas has predicado de Cristo?

Jesús era consciente de su misión. Sabía por qué había venido al mundo y quién lo había enviado. “Me es necesario hacer las obras del que me envió”, ¿Qué obras? La obra de restauración entre Dios y el hombre. También dijo: “Entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.” Jesús sabía que sería crucificado, que llegaría su muerte y al tercer día resucitaría. Esto hace mención para que los discípulos entiendan que va llegar la muerte y ya no habrá más que hacer.

El Señor relaciona la luz y las tinieblas con la vida y la muerte. Por eso nos llama a trabajar para Él, a compartir su mensaje con todos aquellos que no lo conocen. Mientras el día dura, trabaja para mí dice el Señor, mientras respires trabaja, porque viene la noche donde ya nadie puede trabajar.

Ninguno de nosotros sabe cuánto tiempo más estará en este mundo o cuándo el Señor nos llamará a Su presencia. Lo cierto es que debemos recordar que la vida es breve, el salmista David dice que somos como un suspiro, que nuestros días son fugaces como una sombra. (Salmos 144:4)

Si sabes que no estás predicando el mensaje de Jesús, esta es tu oportunidad. Es hoy cuando tienes que compartir el amor de Dios. Es hoy cuando tienes que decirle a tus seres queridos que hay esperanza en Jesús. Es hoy que, mientras estás vivo y tengas fuerzas, tienes que anunciar que Cristo viene pronto.

No esperes a lamentarte cuando ya no tengas las mismas fuerzas que hoy para predicar el mensaje de Jesús. Trabaja para el Señor, porque si te avergüenzas de Jesús, Él también se avergonzará de ti. La Biblia dice que los cobardes no entrarás al reino de los cielos. (Apocalipsis 21:8)

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Vitrales 3

Vitrales

– ¿Qué es un santo? – preguntó un profesor.
– Yo lo sé – dijo un niño- Es un hombre hecho de pedacitos de cristales de colores y tiras de plomo, que está en las grandes ventanas de la catedral, y a través de los cuales pasa la luz del cielo.
Los demás niños de la clase se pusieron a reír en coro a carcajadas. El profesor serio y solemne, les impuso silencio.
– A ustedes les ha parecido un disparate todo lo que acaban de oír. A mí sólo la primera parte. Un santo es… aquel a través del cual pasa la luz del cielo. Esto también lo ha dicho su compañero. La luz del cielo es Jesucristo, pasando a través de nuestra vida. Él fue santo, si él vive en mí, los demás me verán vivir su vida santa, ¿no les parece? Así que si la primera parte de la respuesta de su compañero los ha hecho reír, la segunda debería ponerlos a pensar.
Si constantemente buscamos ser santos como Dios, seguir el ejemplo de Jesús, quien no pecó, nuestras vidas se harán como esos cristales de la catedral, que permiten que pase la luz a través de ellos.
“pero ahora sean santos en todo lo que hagan, tal como Dios, quien los eligió, es santo. Pues las Escrituras dicen: «Sean santos, porque yo soy santo»”. 1 Pedro 1: 15,16 (NTV)
Estamos llamados a vivir en santidad y, si nos consideramos verdaderos seguidores de Jesús, debemos seguir su ejemplo y llevar una vida santa. Si observamos los grandes vitrales, los colores y figuras no son impedimento para que la luz pase a través de ellos.
No hay mejor prédica que el ejemplo que damos, cómo nos comportamos, el testimonio que tenemos. La mejor manera en que la gente puede conocer a Dios es a través de nuestras vidas, si permitimos que su luz brille a través de nosotros.
Cuando no vivimos en santidad nuestras vidas se convierten en ventanas sucias que no permiten que la luz atraviese. ¿Cómo está tu vida? ¿Podrías reflejar la luz del Señor como los vitrales de una iglesia o impedirías su paso?

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Reflejas a Dios? 4

¿Reflejas a Dios?

Hay un refrán que dice: “De tal palo tal astilla”, haciendo referencia mayormente a que los hijos se parecen a los padres en actitudes, reacciones o físicamente.

Ahora, ¿qué pasa con los cristianos? ¿Nos parecemos a Dios? Deberíamos sin duda, ya que en la Palabra dice: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.” Efesios 5:1

Antes éramos criaturas de desobediencia, contrarios a lo que es Dios, andábamos ciegos y perdidos, sin embargo ahora que somos hijos del Altísimo tiene que haber una diferencia clara y evidente.

“No conocer a Dios es como vivir en la oscuridad, y antes ustedes vivían así, pues no lo conocían. Pero ahora ya lo conocen, y han pasado a la luz; vivan entonces como corresponde a quienes conocen a Dios, pues su Espíritu nos hace actuar con bondad, justicia y verdad. Traten de hacer lo que le agrada a Dios.” Efesios 5: 8-10 NTV

Una vez más la Palabra nos recuerda que si decimos conocer a Dios, y en verdad lo hacemos, nuestro andar debe ser incuestionable, porque nos convertimos en pequeñas antorchas de luz que iluminan el mundo.

¿Has examinado tu vida? ¿Reflejas a Dios? El Apóstol Pablo aconseja: “Ustedes son parte del pueblo de Dios; por eso, ni siquiera deben hablar de pecados sexuales, ni de indecencias ni de ambiciones exageradas. No digan malas palabras, ni tonterías, ni vulgaridades, pues eso no es correcto. Más bien, usen su boca para dar gracias a Dios.“…“Tengan cuidado de cómo se comportan. Vivan como gente que piensa lo que hace, y no como tontos. Aprovechen cada oportunidad que tengan de hacer el bien, porque estamos viviendo tiempos muy malos. No sean tontos, sino traten de averiguar qué es lo que Dios quiere que hagan. No se emborrachen, pues perderán el control de sus actos. Más bien, permitan que sea el Espíritu Santo quien los llene y los controle. Efesios 5:3,4,15-18

El Señor anhela tener hijos que se asemejen a Él en toda conducta, por ello hazlo parte primordial en tu vida para que seas un reflejo de su Poder y amor.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Brillamos por Su causa 5

Brillamos por Su causa

“Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” Juan 8:12

Cuando escuchamos decir que somos luz en medio de las tinieblas, entendemos que los que estamos en Cristo tenemos que ser la diferencia en un mundo que normaliza las cosas que están mal. Cuando una luz se proyecta pone en evidencia su efecto alumbrando en la oscuridad. Lo mismo sucederá si nosotros ponemos a Dios en el lugar más alto y permitimos que con nuestras vidas los demás puedan ver Su luz.


“El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. “ Isaías 9:2


¡Tú puedes ser una de esas luces que brillan! ¡Tu vida puede ser un faro en medio de la oscuridad para la gloria de Dios!

Por Cristhian Castillo

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Vives con miedo? 6

¿Vives con miedo?

El miedo es una sensación negativa y destructiva, es un sentimiento desagradable que nos llega a paralizar completamente y lo peor es que hace que la fe salga de nuestro corazón y nuestras emociones empiecen a dominarnos.

El miedo, te hace vivir atemorizado del hombre, de las circunstancias de la vida y del diablo. Te preocupa que las personas puedan lastimarte o hacerte algún mal. Tienes miedo a seguir viviendo, qué comerás, si conseguirás trabajo o no  y miedo a satanás, escuchas voces, ves sombras o piensas que hay alguien detrás de ti.

Generalmente la persona que tiene miedo, vive todo el tiempo pensando que le va suceder algo malo o que todo le va a salir mal. Su corazón palpita más rápido y se desespera por no encontrar paz.

El rey David, como cualquier ser humano también tuvo miedo por la gran cantidad de circunstancias que estaba atravesando, pero él no permitió que esa emoción o sentimiento lo controlara. Él dijo:

“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado. Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.” Salmos 27:1-4.

¿Vives con miedo? El rey David hizo que Dios fuera su luz, salvación y fortaleza. ¿Qué significa esto? Que para vencer el temor necesitas a Dios, porque “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.” 1 Juan 4:18.

Si en este momento vives atemorizado por las circunstancias de la vida, te animo a que nos escribas, estamos aquí para ayudarte con este problema y orar por ti.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cosas buenas 7

Cosas buenas

– Pero al final esta sombra es una cosa que pasa. Incluso las tinieblas deben pasar. Un nuevo día vendrá. Y cuando el sol brille será aún mayor su brillo. Esas fueron las historias que permanecieron contigo. Significaban algo, incluso si eras muy pequeño para entender por qué. Pero pienso, señor Frodo, que entiendo. Ahora lo sé. Las personas en esas historias tuvieron muchas chances de volver a atrás, pero no lo hicieron. Siguieron adelante porque se estaban aferrando a algo.

– A qué nos estamos aferrando, Sam?

– Hay cosas buenas en este mundo, señor Frodo. Y vale la pena luchar por ellas.

(Diálogo de Sam y Frodo en El Señor de los Anillos: El retorno del Rey)

Hay días que tengo, como Sábato, una “esperanza demencial” en la bondad humana. Me siento iluminado por las palabras de aquella canción de Raphael, “Digan lo que digan”:

Es mucha más la luz que la oscuridad… Hay mucho, mucho más amor que odio… Y (los hombres) luchan por el bien no por el mal.

Tal vez, de vez en cuando debamos pensar en las cosas buenas a las que se refiere Sam cuando todo parece perdido en los tramos finales de El Retorno del Rey.

Pensemos no en las cosas que son buenas para nosotros, sino en lo que el mundo que nos rodea necesita desesperadamente: agua, comida, vivienda, salud, educación, justicia, paz, libertad. Para mucho más de la mitad del mundo estas cosas no alcanzan o directamente no están disponibles.

Entonces viene la segunda parte de las palabras de Sam: vale la pena luchar por ellas. Pasamos mucho tiempo pensando y hablando de estas cosas. Parece que hace rato es el tiempo de involucrarse personalmente para que alcancen a más personas. Aferrarse a esa lucha. Creer en la posibilidad de los pocos logrando lo imposible.

Esa es la esperanza que proponen la película Matrix, la canción Imagina de John Lennon, el discurso Yo tengo un sueño de Martin Luther King, el libro Mi nombre es Malala de Malala Yousafzai, el Hacia un mundo sin pobreza de Muhammad Yunus, la película El niño que domó el viento.

Dos pequeños hobbits, las más impensadas de las criaturas de la Tierra Media, se juegan la vida para destruir el poder de Sauron y extender un poco más la vida, para mejorar los días, para volver a creer que las cosas malas al fin pasarán.

Boca de ganso 8

Boca de ganso

Mi mamá, cuyo vocabulario era rico en refranes camperos, solía decir que cierta persona hablaba por boca de ganso. Es decir, hablaba algo que había escuchado o que le había sido dicho por otra persona.

Cada día se hace más evidente que me estoy poniendo viejo. A medida que pasa el tiempo me sensibilizo respecto de cuestiones que viví o que entendí hace tantos años. Y me doy cuenta que algunas de ellas constituyen ricas y tremendas verdades acerca del mundo y la vida por lo que hay que visitarlas de nuevo.

Una vez un profesor de mi primer año de universidad nos dijo que prácticamente todas las ideas que teníamos acerca de cualquier cosa las habíamos adquirido de otros. Le pregunté si era esa una idea propia o la había recibido de alguien más.

Traigo esto a cuento porque el otro día vi un debate en YouTube acerca de tolerancia y religión. Uno de los invitados se refirió casi todo el tiempo a autores y pensadores que había leído o escuchado.

Su “oponente”, alguien que conozco hace muchos años, debe haber citado uno o dos autores. El resto del tiempo elaboró sus argumentos sin referencia a importantes escritores.

No quiero decir que estuviera mal referirse a ellos; estaban bastante bien citados. Pero me resultó difícil separar las citas de lo que elaboraba el invitado.

Nadie piensa a partir de cero. Siempre hay algo que estimula, sorprende o ilumina. Pero llega el momento en que ese conocimiento debe ser interrogado. Debe ser cuestionado a la luz de nuevos estímulos o de otros conocimientos que lo desafían.

Digamos que está bien si uno dice: Como dijo Baltasar Gracián, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Pero no sería tan bueno pasarse la vida diciendo lo mismo. En algún momento hay que hacerse algunas preguntas respecto del asunto.

Eso no quiere decir que las palabras de Gracián estén mal. Lo que uno esperaría es que ellas lo impulsen a uno a seguir preguntando y ampliando la perspectiva.

Una cierta verdad no tiene que dejar de ser verdad si uno la confronta. (Aunque si deja de serlo tal vez es porque no era). Lo que ocurre con el pensamiento crítico es que uno desarrolla una visión más propia de las cosas.

Entonces, uno está menos expuesto a la manipulación y no anda hablando cosas por boca de ganso.

Paisaje 9

Paisaje

Siempre me sedujo el encanto del paisaje. Mi más remota impresión es un camino de tierra, un sol dorado y ocre que se enreda en los álamos a la hora de la tarde, avanzando lento, yo sentado sobre las valijas y canastos en la carreta de bueyes hacia la casa de la tía Carolina, donde pasaría las vacaciones de verano. Habíamos viajado todo el día en tren y ya cayendo la tarde llegaríamos a la enorme casa de adobe en medio de los interminables campos de trigo.

A medida que crecemos vamos aprendiendo que la vida y las relaciones humanas son más complicadas de lo que esperábamos. Entonces vamos buscando y encontrando espacios donde nos sentimos a salvo de sus avatares. Para mí este escape lo ha provisto el paisaje. Descubrí que es un linimento para los dolores de la vida. No hay peligro alguno de salir lastimado por las cumbres incendiadas de rosado de las montañas a la tarde o por la temblorosa superficie del lago a la hora del viento.

Caminitos insinuados apenas entre la maleza rodeando árboles de follajes espesos y enormes. Las colinas onduladas, verdes hasta que dan ganas de llorar, la sombra huidiza de las nubes deslizándose por las blandas laderas. El bosque del sur, con su botánica innombrable, espesa y susurrante, el misterio de la neblina, la persistencia implacable de la lluvia.

El mar verde del trópico, esa agua lenta y espesa, lúcida y tibia, la arena aterciopelada, los monumentales crepúsculos en la línea perfecta del horizonte, el estallido agonizante del sol en el abismo oceánico.

El río que recorre los caprichos de la montaña, marchando con su discurso de piedras y espuma o estacionado en remansos silenciosos, redondos y acerados, la melena de los sauces arrastradas como al descuido en la superficie del agua, las abruptas orillas por donde se precipita sin drama el cerro.

Hay en el paisaje una inocencia, una entrega sin límites, un prodigio de líneas y colores cuyo influjo es imposible ignorar. No tiene condiciones, salvo la luz y la oscuridad y está siempre allí. Se deja mirar, se abre candorosamente al diálogo sin palabras de nuestras decepciones. Nos abraza y restaña los borbotones del dolor sin preguntar ninguna cosa.

La fotografía la tomé en Tenaún, Chiloé (Chile), durante unos días que me quise desaparecer del mundo. Volveré… creo.

Transiciones 10

Transiciones

Las cosas que parecían eternas devinieron leve recuerdo. (Es tan aleccionadora la proximidad del fin: le pone perspectiva a todo). Lo que creíamos a pie juntillas era nada más una posibilidad entre tantas otras.

Somos pasajeros, como una vez dijo alguien, “a horcajadas en la luz”. Es como si de pronto nos diéramos cuenta que no hay semidioses aunque a veces así nos sentíamos: dueños de la palabra, de todas las horas, de la fuerza creadora. El tiempo es un apuntador que nos recuerda que el acto final está cada vez más próximo y el telón caerá sumarísimamente.

¿Qué va a pasar con todo aquello que construimos, que inventamos, que sentimos? ¿Dónde se radicarán definitivamente los recuerdos de la pasión, del hambre, de la búsqueda, del deseo? ¿Cómo nos amigaremos con los registros de la entropía en los huesos, en la sangre, en los nervios?

Tanta primavera, tanta tarde que se fue en llamaradas de oro y de fuego entre las nubes, tanta lluvia y sol, viento y helechos iluminados. Tanto viaje, tanta frontera. La inmensidad del desierto, la pronunciación reiterada de las islas, el tóxico de las ciudades. Lo que pudo ser y no fue. Lo que fue pero que no queríamos que fuera. Todo lo que no soñamos y pasó igual. La imposibilidad de la paz perfecta.

No puedo amigarme con el optimismo de los memes ni con el intento dulzón de los versículos que adornan ideas recontra repetidas ni con los anuncios de dorados ancianos de pantalones beige y poleras elegantes – canositos ellos, sonrientes y relajados -, la música a todo volumen, la gente que habla a gritos en los cafés.

Dormir profundamente en la plataforma de un camión entre los sacos de cemento, comer pan con tomate, sandía y cocacola, pasar la noche entera bailando Son of my father y Mary had a little lamb y otras mil imágenes de lo que fue (y que queríamos que fuera), de lo que no será jamás.

Los años marrón… El almanaque en la ventana. Las manos un poco temblorosas. La mañana difícil de comenzar. El ocaso de los deseos, al menos en el cuerpo. La mente que crea, que arde, que palpita, al revés de los tiempos de afuera. Eso, pues: el hombre interior que se renueva, etcétera…

Transiciones. La permanencia del cambio.

¡Si le fallaste no te escondas! 11

¡Si le fallaste no te escondas!

Muchos de nosotros, en nuestra infancia, hemos tenido la oportunidad de jugar a las escondidas, juego en el que gana el que no es hallado.

Esconderse es una reacción inmediata cuando nos equivocamos, lo hicieron Adán y Eva cuando comieron del árbol prohibido, Jonás cuando trató de escapar a otra ciudad y así evadir la tarea que Dios le había dado y lo hizo David cuando trató de esconder lo que había pasado con Betzabé.

Pensar que podemos ocultarle algo a Dios es una gran equivocación, pues Él está en todo lugar “No hay nada en toda la creación que esté oculto a Dios. Todo está desnudo y expuesto ante sus ojos; y es a él a quien rendimos cuentas.” Hebreos 4:13 (NTV) Si pensaste que nadie te vio cuando hiciste algo incorrecto, ten por seguro que no fue así, Dios sí te vio.

Si te equivocaste y le fallaste, no te escondas y tampoco trates de encubrir o justificar lo que hiciste, reconoce tu falta, disfruta su perdón y la libertad que sólo en Dios puedes hallar, “¡Oh, qué alegría para aquellos a quienes se les perdona la desobediencia, a quienes se les cubre su pecado! Sí, ¡qué alegría para aquellos a quienes el SEÑOR les borró la culpa de su cuenta, los que llevan una vida de total transparencia!” Salmos 31:1-2 (NTV)

Esconderse es condenarse a vivir con remordimiento, culpa, dolor, etc. y una de las consecuencias más desastrosas que causa es que nos aleja de Dios, no porque Él mantiene su distancia sino porque nosotros nos aislamos creyendo que nos olvidó o que no desea vernos.

Si caíste levántate, asume tu error y las consecuencias, pero no te escondas y tampoco te auto condenes a una vida miserable.

“Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a luz.” Lucas 8:17 (NTV)

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

De la luz a las tinieblas 12

De la luz a las tinieblas

“De la discusión nace la luz” solían decir los antiguos (es decir, la gente que era educada e influyente cuando yo tenía diez años más o menos). Se referían a aquella tradición en la que el debate consistía en la exposición de ideas que eran el resultado de un proceso de pensamiento crítico y reflexión documentada de los hechos y en la que los protagonistas oían atentamente la presentación de su oponente y enriquecían con ello su propia visión de las cosas. No pocas veces veces surgía de este intercambio de argumentos una luz nueva, un entendimiento mejorado, ampliado y cuyos efectos serían beneficiosos para el conjunto de la sociedad.

¡Qué lejos están esos días, amigas y amigos! Hoy el debate no es más que la abundante y líquida evacuación de lugares comunes, frases hechas, descalificaciones y citas fuera de contexto. De tal manifestación de artificios verbales, a diferencia de las discusiones documentadas de antaño, no surge otra cosa que oscuridad. Es muy poco probable hallar alguna iluminación a no ser en cierta literatura o debates académicos o intelectuales.

La posibilidad de comentar “posteos” en las redes sociales es quizá el contribuyente más grande a las tinieblas reinantes por lo que ya no se puede hablar inteligentemente de cualquier cosa, sea política, religión, economía, cultura, deporte, movimientos sociales, entretenimiento, cine, usted nómbrelo.

Un señor publicó algo sobre el dulce de leche y fue literalmente fusilado con comentarios respecto del costo del azúcar en estos tiempos de ajuste económico, costumbres burguesas y ataques diversos de carácter personal que nada tenían que ver con el delicioso e inocente “manjar blanco” de nuestra infancia. Que alguien escriba algo sobre los vicios del estado de bienestar y verá cómo es acribillado con denuestos y escupos verbales sobre liberalismo gorila o la maldición del populismo. Ni qué decir si se trata de Pelé, Maradona o Messi…

En nuestro mundo evangélico las cosas no andan mejor, especialmente si uno escribe algo que sugiera una mirada más abierta o “liberal” sobre ciertos asuntos como la iglesia, la evangelización, las misiones o la participación de los cristianos en la sociedad. Llueven los versículos, las frases aprendidas en el curso de discipulado básico o las alusiones a la espiritualidad o conversión del escribiente.

Así que seguiremos buscando un poco de luz en antiguos escritos, la literatura clásica o alguna más contemporánea y programas de televisión como “La belleza de pensar” o “Conversaciones”.

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