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Gente común

Galadriel: – ¿Por qué el mediano?

Gandalf: – Eso no lo sé… Saruman piensa que sólo los grandes poderes pueden tener el mal controlado. Pero eso no es lo que he aprendido. Yo he encontrado que son las cosas pequeñas, los actos cotidianos, las personas ordinarias quienes alejan la maldad, los simples actos de gentileza y amor.

(El Hobbit I – Un viaje inesperado)

En este pasaje de la película mencionada, Galadriel quiere saber por qué Gandalf ha elegido a Bilbo Bolsón, un hobbit de La Comarca, un ser bastante improbable, para una misión de enormes proporciones. La respuesta de Gandalf es todo un estudio sociológico, bastante oportuno en estos días.

Se suele decir “a grandes males, grandes remedios”. Pero no parece ser esta la conclusión de Gandalf. ¿Por qué cree él que en esa hora crucial no eran los grandes poderes los que debían ser convocados?

Esta imagen me remite inevitablemente a otra: “No temáis, manada pequeña, porque a mi Padre ha placido daros el reino”. El contexto es oportuno. Jesús está enseñando a no depender de las cosas materiales sino de Dios y luego estar preparados para el momento de los grandes acontecimientos.

Los grandes poderes pueden estar preparados para los grandes acontecimientos porque confían en el poder del dinero, los recursos humanos y el poder militar.

La gente común no tiene estos recursos. Pero podría tener la fe en algo más grande que ellos. Y con esos pequeños actos de amor, en la gentileza, en la bondad que desplieguen en este mundo, podrían alejar la maldad imperante.

Pero, ¡que lejos estamos de eso!

Confiamos en gobiernos, en las armas, en la prosperidad económica, en las propiedades para asegurar algún tipo de bien.

La historia demuestra continuamente que el poder y el dinero se confabulan más frecuentemente para ejecutar el mal que para ejercer el bien.

Entonces, sin duda alguna, ésta es la hora de las cosas y de las personas pequeñas. La hora de los hobbits, diríamos en el contexto del epígrafe.

La hora de las semillas de mostaza sembradas en los movimientos sociales, en los trabajos, en las escuelas, en las universidades, en los medios de comunicación, en las familias, en la calle, para construir otra cultura, para controlar el mal, para mejorar los días de todos y no sólo de los que poseen poder y dinero.

Plan de Dios

Asisto a un taller sobre cristianos y política en un encuentro de comunicadores. Hago una pregunta sobre la legitimidad de la protesta social y el conferencista responde con bastante criterio.

Al rato se me acerca un pastor que asistió al mismo taller y me ilumina: “Si se mira esto espiritualmente (las itálicas son mías), uno se tiene que alegrar de que haya esta efervescencia social. Según el plan soberano de Dios, la gente desesperada por paz y seguridad va a adelantar la llegada del Anticristo y la venida del Señor será inminente”.

Es una rica pieza de análisis. Me siento casi culpable de explorarla. Es tan desesperadamente mística y a la vez tan reveladora: con esta mentalidad va a ser imposible que la mayoría de los cristianos aporte algo concreto a la gestión pública.

Se trata de un asunto que ha concitado la preocupación y el debate de los estudiosos por milenios: ¿Todo lo que ocurre es nada más el desarrollo inexorable de una plan detallado de Dios? ¿O los seres humanos son libres para decidir sus acciones personales o sociales? Ambas opciones tienen algo en común: la responsabilidad de los actos ocurridos.

Si Dios está orquestando todo a una escala cósmica la responsabilidad de todos los acontecimientos humanos y del mundo físico recae sobre El y es imposible esquivar el hecho de que ha creado también el mal y el dolor.

Los expertos pensadores que adscriben a esta opción han articulado una impresionante cantidad de argumentos para decir que aunque sea El el agente controlador de todo, no tiene responsabilidad sobre el mal. La más simple pregunta de un niño desarma estos argumentos: “Bueno pero, controla todo. ¿O no?”

Los expertos pensadores que adscriben a la opción alternativa necesitan otra impresionante cantidad de argumentos para sostener la idea de que Dios verdaderamente es Dios y no un simple espectador pasivo.

La vida cotidiana no se resuelve con argumentos. La gente vive en el plano de la realidad, que a veces se muestra harto poco dispuesta a ser agradable.

Hay gente que dice que lo que le pasó “era de Dios”. Otros se han especializado en afirmar que fue “el enemigo”. Hay otra gente que piensa: “Es deber de todos nosotros y hay que trabajar incansablemente para mejorar estas cosas lo más que podamos”.

Adhiero a esta última mirada. Es la menos popular entre nuestro pueblo, claro. Pero es la más responsable.

Más importante que el origen

     – ¿Puede usted decirme cuál fue el origen del mal en el universo?, Preguntó un crítico a un cristiano que estaba predicando el evangelio en una reunión callejera.

     – No señor, no puedo – fue la respuesta- Yo soy bombero de oficio y cuando se nos llama a apagar un incendio, no nos detenernos a averiguar el origen del fuego sino que procuramos salvar a las personas cuyas vidas están en peligro. Mi trabajo en este momento es parecido. Procuro salvar a los pecadores que están pereciendo. Quizás después de que esté salvo en el cielo, alguien le dará la información que necesita.

Siempre que sucede algo malo deseamos saber la causa, el porqué de los problemas, de las pruebas, y nos detenemos a buscar esa respuesta, quitando nuestra atención de lo verdaderamente importante.

“Dios bendice a los que soportan con paciencia las pruebas y las tentaciones, porque después de superarlas, recibirán la corona de vida que Dios ha prometido a quienes lo aman” Santiago 1:12  (NTV)

No te enfoques en buscar la causa de tu problema ni de los males que aquejan a la humanidad; quizás nunca entenderemos la razón del mal que sucede en el mundo ni de las pruebas por las que atravesamos, pero podemos confiar en que Dios tiene un plan perfecto y cuida de nosotros.

Como relata la historia, cuando hay un incendio, los bomberos no empiezan por buscar la causa, sino que buscan salvar a la gente que esté en peligro y apagar el fuego. Una vez contralada la situación realizan las investigaciones para saber qué lo ocasionó. Lo más importante es cuidar nuestra salvación y llevar el mensaje a quienes no conocen aún de las Buenas Nuevas, orar para que Dios mueva su mano poderosa y cambie las circunstancias, buscar fortalecer nuestra fe a través de la comunión con Él y quizás algún día, conozcamos el propósito de los problemas que enfrentamos.

Más importante que quedarnos sólo buscando el origen de los problemas, es cuidar nuestra salvación. Mucha gente se enoja con Dios ante las pruebas y las cosas que no entienden y terminan alejándose de Él.

Que los problemas no te separen de Dios, por el contrario, busca más de Él.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El mal y la ira

¿Por qué este mal temerario? ¿Por qué tanta ira? pregunta Théoden, rey de Rohan. Las puertas han sido derribadas y el ejército de orcos y uruk-hai están penetrando el castillo del Abismo de Helm (El Señor de los Anillos: Las dos torres).

Lo mismo se pregunta Habacuc el profeta, con enojo semejante. Digo esto para recordarles que ver la verdad de los hechos no es patrimonio exclusivo de los creyentes

El mal es la marca del tiempo presente. No es que no haya bondad por la cual valga la pena luchar como afirma Samwise Gamgee en otro momento del relato.

Es que el mal ha ganado el campo en todas las esferas: gobierno, legislatura, justicia, administración pública, policía, empresas, entidades educacionales, instituciones de salud, estadios, villas de pobreza y barrios privados.

Ante tanto mal temerario que debilita la ley, relativiza la maldad y destruye vidas, nos invade la ira. Hay veces que uno se cansa de tener esperanza. Los que deberían conducirnos en la lucha contra el mal son parte de él, son sus servidores.

¿Qué ha de hacer el justo? ¿Seguir sometiendo la cerviz? ¿Encerrarse en su cuarto secreto a orar no más y esperar que un milagro ocurra? ¿Seguir poniendo la otra mejilla?

No sólo el Señor de los Anillos propone la idea de unos pocos – los menos – enfrentando el mal aunque cueste la vida. Ahí están las películas Matrix, Erin Brockovich, El informante. Ahí están las vidas segadas de Verónica Guerin, Mahatma Gandhi, el cardenal Oscar Arnulfo Romero, Julio César Ruibal, José Ignacio Rucci.

Si no conocen estos nombres, háganse un favor: dejen un rato de lado sus textos de autoayuda y lean, investiguen, incomódense un poco.

¿Qué va a hacer? ¿Así es la vida? ¿Son los últimos tiempos? ¿Estaba escrito? ¿No vale la pena? ¿Qué argumento tenemos para escabullirnos de la pregunta de Théoden: ¿Por qué este mal temerario? ¿Por qué esta ira?

Leamos Habacuc 2:9 al 12, sintamos y asumamos la ira que proclama:

!Ay del que codicia injusta ganancia para su casa, para poner en alto su nido, para escaparse del poder del mal! Tomaste consejo vergonzoso para tu casa, asolaste muchos pueblos, y has pecado contra tu vida. Porque la piedra clamará desde el muro, y la tabla del enmaderado le responderá. !Ay del que edifica la ciudad con sangre, y del que funda una ciudad con iniquidad!

Y hagamos algo.

5 instrucciones para vivir en armonía

“Por último, todos deben ser de un mismo parecer. Tengan compasión unos de otros. Ámense como hermanos y hermanas. Sean de buen corazón y mantengan una actitud humilde. No paguen mal por mal. No respondan con insultos cuando la gente los insulte. Por el contrario, contesten con una bendición. A esto los ha llamado Dios, y él les concederá su bendición.”

1 Pedro 3:8-9 (NTV)

Pedro concluye el tema de las relaciones humanas diciendo que vivamos en armonía unos con otros.  Suena muy sencillo, ¿verdad? Pero, ¿haces lo que el Señor te pide? ¿Reflejas lo que Dios te dice?

Así como toda la Biblia se resume en amor, todas las relaciones humanas (sean con autoridades, pareja, amigos, vecinos o cualquier otra persona) se deben llevar con amor. ¿Sabes qué es el amor cristiano y cómo vivir con tu prójimo en armonía? Es amar como Dios nos ama y tratar como Él lo hace. Es poner en práctica estas cinco instrucciones del Señor y aplicarlas en nuestro diario vivir:

1. Ser de un mismo sentir. Quiere decir, vivir en unidad o cooperación unos con otros en medio de la felicidad o de la adversidad.

2. Tener compasión. Es un sincero sentir por las necesidades del otro, es ayudar sin recibir nada a cambio.

3. Amarse como hermanos (as). Significa que el amor por la persona debe ser incondicional y sin límites.

4. Ser humildes. Quiere decir, dejar el orgullo y todo el egoísmo a un lado. Servir al prójimo como lo hizo Jesús y no ser una persona arrogante.

5. No pagar mal por mal. Esto implica perdonar a la persona que nos hizo daño, orar por su vida y bendecirla.

Si realmente eres hijo (a) de Dios y el amor está en ti, estas cinco características serán parte de tu vida y diario vivir. Analiza tu vida y si te falta desarrollar alguna cualidad, pídele a Dios que te llene más de su presencia.

El apóstol Juan en su primera carta dice: “sigamos amándonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es un hijo de Dios y conoce a Dios; pero el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.” 1 Juan 4:7.



El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El mal (algo más)

Es obvio que se necesitan más de 400 palabras para ilustrar lo complejo. Hablando del mal no sólo la Biblia sino muchos otros textos y la misma historia dan extensa cuenta de su presencia y del misterio de su origen.

En el relato de Génesis la prohibición de Dios dada al hombre creado de no tocar el árbol de la ciencia del bien y del mal parece sugerir que este último ya estaba presente. Es algo que valdría la pena pensar.

¿Cómo se introdujo el mal? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Es una cosa impersonal, algo así como una fuerza? ¿O está personificado en alguien? Son preguntas imposibles de responder en el contexto de nuestra irreductible finitud.

De cada respuesta que demos a las preguntas previas surgen muchas otras y no es posible aquí formularlas todas.

(Para otro momento y quizá otro escenario valdría la pena explorar el caso del diablo. Muchos cristianos resuelven la cuestión diciendo que el diablo es quien “hace” hacer lo malo).

El tema “Eje del mal” que he publicado hace unos días aborda brevemente el factor humano. Propongo algunas ideas adicionales sobre el asunto.

Niñas violadas y asesinadas. Grandes sumas de dinero robadas al erario público por conspicuos personajes. Grandes corporaciones que contaminan mares, ríos y lagos con plásticos y productos químicos o radiactivos. Asesinatos por encargo en el mundo del hampa narco.

Mujeres y hombres encadenados al trabajo esclavo para fabricar productos baratos. Políticos, jueces y policías sobornados para otorgar impunidad a los malhechores. Asesinato de mujeres. Destrucción progresiva del medio ambiente. Ruido, polución, violencia callejera, robos.

No es el cumplimiento de un plan cósmico. No es la acción exclusiva del enemigo de nuestras almas. No es un imperativo inevitable que “hace” hacer esas cosas.

Es el factor humano.

Son seres que deciden, conscientemente en la absoluta mayoría de los casos, lograr un provecho material o una perversa satisfacción personal destruyendo o maltratando a otros seres.

Nos solemos dormir o despertar preguntándonos: ¿Algo o alguien puede detener esta locura? ¿Habrá alguna fuerza humana contraria a este mal que se nos viene encima cada día como río?

Yo creo que existe esa fuerza. Y no es una fuerza dormida. Está despierta pero ocupada en sus propias cosas. Dominada por la idea de “No te metas conmigo y yo no me meto contigo”.

Para que el mal triunfe sólo es necesario que los buenos no hagan nada (Edmund Burke).

Sigue lo bueno

En la vida tenemos dos caminos que podemos seguir, del bien o del mal, el camino correcto o el incorrecto, el de la vida o la muerte, como quieras llamarlo; y la Biblia menciona el destino de cada uno de ellos: “El camino de la vida es hacia arriba al entendido, Para apartarse del Seol abajo.” Proverbios 15:24 (RVR1960)

Proverbios 4:10-19 dice que, si quieres tener buena y larga vida, sigas el camino de la sabiduría y que te alejes del camino de los malos, y hace una seria advertencia: “No hagas lo que hacen los perversos ni sigas el camino de los malos. ¡Ni se te ocurra! No tomes ese camino. Aléjate de él y sigue avanzando.” V. 14-15

Hoy en día es muy fácil andar por el camino incorrecto, porque los valores y principios se están dejando de lado y se da más prioridad al satisfacer a uno mismo, dejando de lado las instrucciones de Dios. Es más fácil mentir que decir la verdad, o ser infiel antes que solucionar los problemas conyugales, también traspasar las leyes que respetarlas, o tener que engañar para tener más ganancias que trabajar con honradez y así podemos extendernos con más ejemplos.

Lo cierto es que si eliges seguir lo malo, enfrentarás un constante peligro, porque ese camino es como la densa obscuridad y no sabes con qué puedes tropezar, menciona Proverbios. Además te llevará a un destino eterno lejos de Dios.

En cambio, si optas por ir en contra la corriente de este mundo y sigues lo bueno, brillarás, como la primera luz del amanecer, que brilla cada vez más hasta que el día alcanza todo su esplendor. Tendrás el respaldo de Dios si sigues su guía, por eso: “Aférrate a mis instrucciones, no las dejes ir; cuídalas bien, porque son la clave de la vida.” Proverbios 4:13 y tendrás la seguridad de que estarás eternamente con tu Padre Celestial.

¡Sigue lo bueno!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La ausencia de los buenos

Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada

(Edmund Burke)

Ya hemos abordado aquí varias veces el tema de la ausencia de los cristianos evangélicos en el curso de los acontecimientos que caracterizan a nuestro mundo hoy. Y me parece que hemos de continuar aludiendo a ello, por varias razones.

La primera y más importante, me parece, es el discurso que habla del cambio de vida, de la nueva criatura, de la transformación que el evangelio produce en la vida de las personas. Un argumento oído hasta el cansancio es eso de que si cambian las personas cambia la sociedad.

Los hechos crudos demuestran que incluso en las sociedades donde más abundan los cristianos los indicadores biodemográficos mantienen sus perversos niveles de maldad, violencia, desorden y otro males sociales. Así que es hora de cambiar el argumento o que los cristianos entren directamente en la batalla contra los males públicos.

¿Es culpa de los cristianos que las cosas no anden bien? No, por supuesto. Sería injusto e inexacto hacer esa afirmación. Lo que nos tiene que conmover es la idea expuesta hace muchos años por Edmund Burke: para el que el mal domine el campo no se necesita más que la gente de bien no haga nada.

En segundo lugar y no menos importante es que los cristianos entiendan que hacer el bien debe ir mucho más allá de la asistencialidad. No está mal otorgar comida, alojamiento o atención medica a los desposeídos y desplazados, al contrario. Pero eso es seguir tratando con los síntomas y no con las causas de que tantas personas vivan en tales condiciones de precariedad.

Las causas se encuentran en la gestión pública, en la perversidad del sistema económico, en la conducta reprochable de muchos políticos, jueces, policías y sectores marginales que no encuentran límite a su accionar perverso.

¿Hay alguna afirmación más clara que esta a la hora de pensar en el rol social de los cristianos?: “…Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.” (Colosenses 1:20)

La pregunta que nos queda es si las cosas que están en la tierra son solamente las almas de las personas o todas las cosas, que incluyen además el sistema político, social y económico…

¿Arriesgarías tu vida para agradar a Dios?

¿Quieres abandonar las cosas malas pero no puedes? Muchos nos escriben con este problema; quizá falta algo que no están considerando.

En esta oportunidad quisiera compartir contigo la historia de unas mujeres que arriesgaron sus vidas por no ir en contra de Dios:

“El faraón, rey de Egipto, ordenó a las parteras que atendían a las mujeres hebreas (dos de las cuales se llamaban Sifrá y Fuvá) que se fijaran en el sexo del bebé a la hora de nacer, y que mataran a todos los niños hebreos en cuanto nacieran, y que dejaran con vida sólo a las niñas. Pero las parteras tenían temor de Dios y desobedecieron al faraón, pues permitían que los niños vivieran.

El faraón las citó para que se presentaran delante de él, y les preguntó: ― ¿Por qué me han desobedecido y han dejado vivir a los niños?

―Señor —dijeron ellas—, las mujeres hebreas no son como las egipcias, son tan vigorosas que dan a luz antes de que nosotras lleguemos.

Dios bendijo a las parteras por haber favorecido a su pueblo. Así que los israelitas siguieron multiplicándose, hasta llegar a ser una nación poderosa. Y como las parteras tuvieron temor de Dios, él les permitió tener muchos hijos.” Éxodo 1: 15-20 (NBV)

¿Qué tenían las parteras? En este pasaje está clarísimo: “Pero las parteras tenían temor de Dios y desobedecieron al faraón”

El Faraón en la máxima autoridad, por tanto desobedecerlo implicaba estar a un paso de la muerte. A ellas no les importó lo que podría pasarles, fue más fuerte el respeto que tenían al Dios vivo.

 “… con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal.” Proverbios 16:6

¿Tienes temor a Dios? Este se manifiesta en nuestras acciones o decisiones que tomamos, ser leal a las palabras del Señor aunque vaya en contra de nuestros superiores y sabiendo que  después podríamos recibir una terrible disciplina.

Si examinas tu vida y te das cuenta que todo lo que hiciste hasta el momento fue por ausencia de ese temor al Señor en tu corazón, entonces te animo a orar pidiéndole que te cambie y te dé este respeto por su maravilloso nombre.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Dios me cuida!

¿Alguna vez has defendido a alguien que amas? Seguramente a ninguno le gustaría que trataran mal u ofendieran a un ser querido, por tanto saldríamos a socorrerlo de inmediato. ¿Sabías que el Señor también sale a defendernos?

El Señor, en diferentes partes de la Biblia, nos muestra que nos ama, está con nosotros y es nuestro protector; en esta oportunidad quisiera compartir contigo una forma particular en la que Él resguarda a uno de sus hijos.

Poder hay en mi mano para haceros mal; mas el Dios de tu padre me habló anoche diciendo: Guárdate que no hables a Jacob descomedidamente.” Génesis 31:29 (RVR 1960)

Jacob había servido a Labán por muchos años en los cuales fue víctima de diversas injusticias, por lo que tomó la decisión de irse a escondidas con su familia y todas sus posesiones. Al enterarse Labán que Jacob se iba se puso furioso y fue tras de él para hacerle daño o quitarle todo lo que tenía (como se menciona en versículos posteriores) pero Dios le advierte en sueños que no trate mal a su siervo.

¿Cómo te sientes cuando alguien te protege? Cuando nuestros padres, hermanos o amigos salen en nuestra defensa nos sentimos amados porque se preocupan por nosotros. Así mismo, esta es otra manifestación del amor de Dios, y deberíamos estar agradecidos con Él por su cuidado y preocupación por nuestras vidas.

 “… jamás duerme el que te cuida.” Salmos 121:3

Cuando alguien se preocupa por tu vida es porque te considera valioso, por tanto, te animo a reconocer lo que Dios hace y a darle las gracias por su infinito amor por ti. También te animo a mostrar el amor del Señor a otras personas siendo un protector para los que lo necesitan.

¡Busca protección en los brazos del Señor!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La purga

Acabo de ver la película The Purge: The election year (La depuración: el año de la elección). La trama se desarrolla en un imaginario Estados Unidos gobernado por los Nuevos Padres Fundadores quienes han establecido un día al año en que por doce horas la gente puede eliminar, por cualquier medio, a los indeseables. Una senadora acusa a los gobernantes de usar esta medida no sólo para quitar de la nación a los malhechores sino para destruir también a todas las personas que reciben ayuda del estado: pobres, indocumentados, minorías marginadas.

No es una joya de filosofía social por cierto pero provoca a pensar en esos políticos que sustentan la idea de que hay que erradicar el mal social de una forma violenta en favor de la gente “buena” y garantizar una estabilidad económica que no sea amenazada por la pobreza.

Me parece que es un buen deseo el que no haya crimen, pobreza y desorden y que se pueda garantizar el orden y el progreso social. Un poder ejecutivo, legislativo y judicial solventes y un modelo económico justo deberían contribuir a ese fin. Pero la historia demuestra lo difícil que es lograr estos fines. Y lo que relativamente se logra está teñido por la corrupción, diferentes modos de opresión e injusticia de manera que los males sociales persisten.

Pero de ahí a pensar que los modos violentos y dictatoriales son la solución hay una distancia moralmente insalvable. Tendría que haber otros medios y de eso trata el más serio de los asuntos de que deben ocuparse las instituciones de la política, la justicia, la economía, la educación, la familia… y la iglesia.

A lo expuesto por esta película y otras como El cuento de la criada, El libro de Eli, la saga Mad Max y muchas otras se denomina distopía, que a diferencia de la utopía, evoca un mundo futuro que se considera indeseable. Aunque algunas tramas, con todo lo distópicas que son no parecen tan irrealizables. Margaret Atwood, autora de El cuento de la criada, ha dicho que deberíamos luchar con todas las fuerzas posibles para evitarlas.

Aunque no tengo mucha esperanza en un contrato social en el que todas las fuerzas políticas y sociales hagan un pacto por mejorar las condiciones actuales de la sociedad, todavía creo que es el único camino.

¿Será posible que las personas puedan reconocer dentro de ellas lo mejor y aportarlo para mejorar los días?

¿En qué camino andas?

 

En la vida escogemos diferentes opciones, diferentes estilos, diferentes vías o caminos.

¿En cuál andas tu?

Hay quienes andan como navegando en un río, dirigiéndose según los lleva la corriente a donde los dirija esa  corriente. Así, muchos se dejan llevar por corrientes que los llevan a malos caminos a decisiones equivocadas y a alejarse de Dios en lugar de acercarse.

Hoy te recuerdo lo que dijo Jesús y lo puedes leer en Juan 14:6 “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí”.

En Jesús, Dios y el hombre fuimos unidos. Cuando se habla de que se rompió  el velo del templo, que se rasgó en dos, (Mateo 27:51), lo que significa es, que se abrió el paso para todos los que creamos en Jesús como el único Hijo de Dios; se abrió la comunicación directa con Él. Antes solo el sumo sacerdote podía pasar tras el velo y una sola vez al año. Solo esa vez estaba ante la presencia de Dios.

Jesús es el Nuevo Pacto, y tenemos libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesús. Él abrió el camino directo a Dios.

Entonces, si no andas en Sus caminos, ¿en cuáles andas? ¿En los del mundo? ¿En los que alguien te ha invitado a caminar?

Solo recuerda que el pecado mantiene a la humanidad apartada de la presencia de Dios. Antes se hacia una ofrenda anual y sacrificios innumerables para pagar por los pecados del pueblo. A través de la muerte de Jesús, nos quitaron las barreras entre Dios y el hombre y podemos como dice en Hebreos 4:14-16 aproximarnos a Él, al trono de la gracia, confiadamente.

Las misericordias de Dios son nuevas cada día. Andemos entonces en Su camino y hallemos así Su gracia maravillosa.

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