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¿Disfruto o me preocupo? 1

¿Disfruto o me preocupo?

A veces nos preocupamos demasiado por un conflicto que no existe y dejamos de disfrutar el presente. Para que entiendas mejor quisiera darte un ejemplo:

Había un perro que cuidaba con esmero el hueso que su dueño le había regalado en la mañana y se quedó en el patio todo el día cuidando su regalo, pero cuando llegó su amo,  este trajo más huesos que al final los otros animales disfrutaron mientras el perro seguía cuidando el suyo.

¿Te has dado cuenta que a veces actuamos como este perro? Podemos imaginar los pensamientos que el perro tenía para no comer su hueso, por ejemplo, podría pensar: “No lo comeré porque tal vez después muera de hambre…” obviamente esto no sucedería, pero su preocupación le impedía disfrutar el momento, por lo que salió perdiendo.

Cuando imaginamos una situación futura crítica tendemos a angustiarnos, a veces vienen pensamientos como “de dónde sacaré dinero mañana…”, “y si mañana sucede que…” Entonces esta forma de pensar nos ocasiona un malestar y un estrés innecesario, el cual no se puede resolver porque es un conflicto ficticio que forma parte de nuestra imaginación.

“Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.” Mateo 6:34 (RVR 1960)

La Palabra de Dios nos da un sabio consejo en este aspecto “no te preocupes por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia preocupación” Si bien es necesario ser prudentes con respecto a prevenir los conflictos futuros, no resolveremos nada preocupándonos por ellos anticipadamente, así que debemos ser sabios y disfrutar el presente.

En esta oportunidad quiero preguntarte ¿Estás disfrutando de tu vida y de las personas que te rodean? No permitas que las preocupaciones te hagan olvidar lo hermoso que es vivir. Te animo reflexionar si realmente tienes paz en donde te encuentras porque Dios te dio la vida para que la vivas en gozo y abundancia.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

De madrugada 2

De madrugada

“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.” Marcos 1:35.

Sabemos que podemos acercarnos a Dios con toda confianza y hablar con Él a cualquier hora del día. Pero conversar con el Señor por la mañana es algo muy especial, porque es una forma de mostrarle que nuestra prioridad es Él. Jesús dijo: “Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten.” Mateo 6:33 (NTV)

Nuestro Señor Jesucristo se levantaba muy de mañana para hablar con su Padre y no había nada más importante para Jesús que pasar tiempos en oración. Él sabía que no era fácil vivir en un mundo lleno de pecado, por eso antes de iniciar su día, se fortalecía en el Señor y el poder de su fuerza.

Jesús, aun siendo Dios, atravesó por las mismas situaciones humanas pero Él no fallaba en su comunión personal con su Padre y como resultado venció a todas las adversidades que se le presentaban.

Efesios 5:1-2, dice: “Por lo tanto, imiten a Dios en todo lo que hagan porque ustedes son sus hijos queridos. Vivan una vida llena de amor, siguiendo el ejemplo de Cristo.”

¿Cómo está tu relación personal con Dios? ¿Pasas tiempos con tu Padre Celestial antes de iniciar tu día?  Si has dejado de hablar con Dios por las mañanas o nunca lo has hecho, puedes empezar hoy diciendo:

“Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.” Salmo 5:3.

“Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas.” Salmo 63.1.

Dios está dispuesto a escucharte y ayudarte este día. No dejes de hablar con Él.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Mañana 3

Mañana

Mañana va a ser el mediodía del resto del día que queda por vivir. Porque todavía queda algún tiempo antes del ocaso. Un poco antes, el crepúsculo está llano a otorgar algunos sueños, aunque no son muchos.

Será el día para celebrar el aniversario de la tristeza remitida y el jubileo de algunas horas bendecidas que aún quedan por ahí. Tampoco son muchas.

Mañana todavía los libros serán amados porque siempre hablan. Seguirán abriendo puertas y ventanas para que entre luz.

Habrá tiempo todavía de echarse bajo alguna sombra o arrellanarse en un viejo sillón de mimbre para releer los clásicos de siempre y también alguna novedad como “Amar amares” de Eduardo Galeano.

Mañana será el instante de recordar el futuro que se había soñado y que no fue. Para matizar se hará presente la memoria de algunos segundos emocionados, del aroma de alguna piel, de la tarde entre los álamos.

Se decretará el exilio de los miedos, las vergüenzas y las culpas. El amor, si sirvió para algo, cubrirá multitud de pecados. Por lo menos.

Mañana habrán crecido los hijos de los hijas y aparecerá algún bisnieto, precoz producción de algún nieto o nieta que no ajustó a los estándares de los viejos. Igual serán amados, aunque sea incluso a prudente distancia. Por razones de vivienda, digo.

Mañana tal vez algunos de ustedes recordarán las cosas que fueron escritas aquí. Para criticarlas porque no correspondían a la realidad o para amarlas porque hablaban para y por ustedes.

Los obituarios serán, seguramente, algo exagerados. O descarnadamente auténticos si aparece en las exequias alguien que tiene secretos que revelar.

Mañana las iras serán temperadas, las penas se replegarán al rincón más lejano del alma y los dolores devendrán incienso para el sacrificio de la tarde.

Se cerrarán los libros, algunas deudas serán pagadas y otras quedarán para siempre incobrables, para alegría de éstos y gran enojo de aquéllos.

Mañana me voy a unir a mis ancestros. Al abuelo Juan Bautista. A la abuela Aurora que se arrancó de la casa a los catorce años para fugarse con el abuelo Ramón – que tenía cuarenta. A mi papá, para proseguir una larga conversación pendiente.

Sobre todo, con el tío Carlos, padre y maestro, anciano venerable, epónimo de grandes eventos a quien le contaré seguramente de los avances de la ciencia y de los más recientes editoriales de El Mercurio.

Mañana…

Mañana lo haré 4

Mañana lo haré

Cecilia es una mujer que tiene por profesión el diseño y confección de prendas de vestir, volviéndose popular por los hermosos vestidos que realiza, por lo cual, diferentes mujeres la buscan. Sin embargo, a pesar de su fama ha perdido bastantes clientes por no cumplir sus compromisos, lamentablemente tiende a “postergar el trabajo” para el último momento.

Lo que hace Cecilia, se llama “procrastinación”, es la acción o el hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras más irrelevantes o agradables. Se puede interpretar con esta frase: “dejar para mañana lo que se debe hacer hoy”.

Por este mal hábito se pierden valiosas oportunidades. Por ejemplo: imagina que se está acercando un evento especial, por tanto, precisas un hermoso vestido o un traje ¿estarías seguro de ser el cliente de Cecilia? A pesar de los diseños maravillosos que realiza sería un riesgo solicitar su trabajo, debido a que podría retrasarse.

Generalmente este problema se presenta en la adolescencia pero, también en un menor porcentaje, en personas jóvenes y adultas. La realidad es que no hemos aprendido a manejar el tiempo. Esta actitud refleja nuestra inmadurez, y se puede observar no solamente en las responsabilidades que asumimos, sino en la entrega que tenemos al Señor.

!!Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” Santiago 4:13-14 (RVR 1960)

Muchas personas dicen: “mañana me acercaré a Dios, hoy debo disfrutar mi juventud o el tiempo que me queda” Aunque no parezca, este es un pensamiento inmaduro, porque nadie sabe cuándo será su final. La vida es corta, como la neblina que aparece por poco tiempo y luego desaparece; por tanto, quizá el día de mañana no tengas la oportunidad de entregarte al Señor para que cuide de ti.

En esta oportunidad te animo a ser responsable con tus compromisos, es decir, decide asumir primeramente tus responsabilidades, coloca prioridades en tu vida y que las personas vean en ti una persona en quien confiar. Por otro lado, si aún no has entregado tu vida a Cristo, recuerda que el tiempo es corto y Dios tiene una labor para ti, no la dejes para mañana.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El arco iris 5

El arco iris

Un arco iris se produce cuando los rayos del sol atraviesan las gotas de agua que produce la lluvia. La luz del sol aparentemente es blanca pero en realidad está compuesta por rayos de diferentes colores y cuando uno de ellos atraviesa una gota de agua el color se desvía formando así un arco iris.

La aparición de esta escena maravillosa en el cielo es señal de que la tormenta ha cesado, pero para nosotros que amamos a Dios es señal de su fidelidad.

Entonces Dios dijo: «Les doy una señal de mi pacto con ustedes y con todas las criaturas vivientes, para todas las generaciones futuras.  He puesto mi arco iris en las nubes. Esa es la señal de mi pacto con ustedes y con toda la tierra” Génesis 9:12-13 (NTV).

Los problemas, dificultades y tristezas pueden ser parte de tu vida diaria y esa tormenta que está sobre ti, sobre tu familia o trabajo parece cobrar más fuerza cada día y todo indica que los desastres que causará serán irremediables e incluso has llegado a pensar que no saldrás bien de ésta;  recuerda que el arco iris es un símbolo de esperanza para ti, pues así como la tormenta tuvo un inicio también tendrá un final y de lo mismo sucederá con tus problemas.

Confía en Dios y en sus promesas, porque como buen Padre y fiel amigo estará contigo hasta el último instante y no dejará que caigas a pesar de que la tierra tiemble o que los vientos sean fuertes. “Él no permitirá que tropieces; el que te cuida no se dormirá” Salmos 121:3 (NTV).

Descansa en sus brazos con la certeza de que en su tiempo ese arco iris de esperanza saldrá para ti.

La próxima vez que veas un arco iris, recuerda:

¡Habrá un mañana y será mejor si confías en Dios!

Por Judith Quisbert.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Conjeturas 6

Conjeturas

Lo mejor de mi futuro es que no lo conozco.” (Eduardo Galeano, El cazador de historias)

La gente tiene una inclinación natural a buscar indicios acerca de su futuro. Hay quienes consultan el horóscopo o las cartas, aquéllos buscan a los que leen las líneas de la mano, otros consultan su carta astral. Saber cómo será el futuro obsesiona a la mayoría de las personas. Aunque se supone que los cristianos confían en que sus vidas están en las manos de Dios, no son pocos los que buscan que algún profeta les declare algo sobre lo que les espera en los días venideros.
Galeano dice en otra parte del fragmento que cito: “Vivo, y sobrevivo, por curiosidad”. Relaciona la curiosidad con el entusiasmo de vivir. Si uno tuviera un conocimiento exacto de todo lo que le va a acontecer, me parece que quedaría destruido algo del encanto de la incertidumbre, de la magia de lo desconocido, del temblor de lo qué será. Incluso en el evento de que Dios tenga un plan para mi vida, como gustan los creyentes de decir todo el tiempo, estoy bastante inclinado a preferir descubrirlo día a día y no tener un mapa revelado de mi historia.
Mis dos únicas certidumbres – por lo que no necesitan conjetura alguna – son que nací y un día mi vida física se va a acabar. Hasta ese día – y después – todo es un camino por descubrir, un territorio por conocer, una vida que vivir. Entonces puedo orar en paz cada día porque no busco saber todo con exactitud sino invocar la misericordia, la bondad de Dios en lo que deba hacer hoy.
Prefiero no hacerme conjeturas sobre el mañana. Reconozco que padezco con frecuencia el síndrome del enfermo imaginario pero una visita oportuna al doctor y los resultados de los análisis se encargan de poner todo en orden. Espero que los acontecimientos vayan abriendo las páginas de la historia que me queda. He ido aprendiendo que cuando se espera con mucha intensidad algo bueno suele resultar que no lo es. Y otras veces, cuando pienso que todo va a salir mal, soy sorprendido por una cosa buena.
Es posible que desconocer lo que pasará y vivir en el misterio de lo por venir lo haga a uno más humilde, más humano, más frágil. Demasiadas certezas pueden volvernos no sólo intransigentes sino además orgullosos.
Aunque no sea más que una conjetura…

Desvarío vespertino 7

Desvarío vespertino

Declina el día. Un manto de nubes va cambiando de tonos hasta volverse un epílogo gris levemente anaranjado. La luz se debilita y muere. Refresca aquí en el campo. No importa cuánto calor hizo en el día, siempre refresca.

La mañana trae promesas y trajines. El día es una batalla – a veces gano, a veces pierdo, empato casi siempre. La tarde va silenciando palabras y esperanzas. Otorga una perspectiva temperada a mis jornadas de exilio. Aunque cada tanto me duele, me acostumbro a esta soledad crepuscular. Suelo fotografiar estas horas finales del día. Voy construyendo una suerte de memoria gráfica de este viaje vespertino.

Es que es así. A esta hora, el tiempo abre su libro mayor y me remite a mi propia tarde. A esta época donde suele la gente ensayar evaluaciones y balances. No sólo respecto de la limitada extensión de unos días o unos meses. También de jornadas distantes y distintas. Pero yo no hago tal. Me quedan viajes pendientes. Hay todavía tiempo para acertar y fracasar, para soñar y desesperar. La ocupación de la memoria es acrecentar el sentido del porvenir. Los recuerdos se me antojan especias que vienen a realzar el gusto de la existencia que me queda.

No busco “aprender de mis errores”. Voy a volver a cometerlos, es seguro. No leo el libro del tiempo para recriminarme. Ya tuve bastante con la culpa, ese verdugo feroz azuzado por los doctores del viejo canon. Cuando tuve que elegir, seguí mi corazón. Por los dolores que causé, pedí perdón. Pero no me voy a disculpar por haber vivido.

Habiendo andado ya por un buen rato, busco más bien en el ayer tesoros singulares. Lo que me hizo bien. Lo que me hizo mejor. Lo que no, ya tuvo su momento de vinagre. Me quedo con las rosas…

Así que al considerar el tiempo que se me otorga para vivir, espero encontrar las cosas que quiero ver, las emociones que anhelo sentir y por qué no, lo que aún deseo amar. Dice un poema de Neruda: “No crean que voy a morirme,/me pasa todo lo contrario,/sucede que voy a vivirme,/sucede que soy y sigo.” En lugar de ceder a la melancolía de la edad madura, elijo la dicha de ser y seguir. Aunque no pocas veces elijo la melancolía

Después de la tarde, la oscuridad desliza su manto de terciopelo sobre el estrecho territorio de mis huesos. En ese preciso momento, sonrío al recordar que la noche es joven.

¡Nueva es cada mañana! 8

¡Nueva es cada mañana!

Es imprescindible que sepamos lo importante que es empezar de nuevo cada mañana. Imagina que hace una semana has trabajado intensamente en la limpieza de tu casa, la has pintado y te has ensuciado completamente, pero hasta ahora no te has cambiado de ropa, ni te has bañado ¿Cómo te sentirías? Personalmente incómoda, avergonzada, y sin ganas de salir afuera.

Muchas veces nos encontramos así delante de Dios, hemos pecado y le hemos pedido perdón por fallarle pero continuamos llevando la culpa en nuestra espalda, es decir, la misma ropa, por lo que nos da vergüenza acercarnos a Él, no podemos empezar de nuevo, ni emprender lo grande que tiene para nosotros.

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.” Lamentaciones 3:22-23

¡Dios es tan bueno que su palabra dice que cada mañana es nueva! ¿Te imaginas si Él trajera cada día los errores que hemos cometido en el pasado? Nunca tendríamos paz. Es trascendental que comprendas que para Él no es importante tu pasado, sino lo que hagas este nuevo día que te dio, cómo lo utilizarás, que alcanzarás, avanzarás o retrocederás.

Este nuevo día te animo a cambiarte de ropa y dejar el pasado atrás. Te sugiero empezar haciendo que tus rodillas toquen primero el suelo antes que tus pies, pídele perdón de los pecados que has cometido, después cántale una canción y ¡empieza de nuevo! Acepta el perdón de Dios y comienza a luchar para alcanzar lo que te ha prometido.

También busca ser como Él porque como hijos debemos seguir sus pasos. La amargura y resentimiento no vienen de Dios, sino del enemigo porque a él no le gusta avanzar sino retroceder, así que si alguien te falló o estás enojado con alguien dale otra oportunidad. No mires su pasado, sino tu futuro, ¡no con tus ojos sino con los ojos de Dios!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Si... 9

Si…

Si todas las palabras que he escrito pudieran ser descifradas, ¿qué me quedaría? Si la noche no tuviera ocho estaciones, ¿dónde esperaría el tren del olvido? Si todo fue una equivocación, ¿por qué no me importaría equivocarme de nuevo? Si el pensamiento puede volar, ¿no le pediría que me lleve? Si no se puede vivir sin amor, ¿cómo es que aún respiro? Si los años enseñan a vivir, ¿qué materias fueron las que reprobé? Si la noche es sueño, ¿por qué Benedetti diría que estaba de ojos abiertos?
Si esperar tiene recompensa, ¿adónde tiene que ir uno a cobrar? Si quieres decirme cómo te sientes, ¿qué vas a hacer si no estoy en Facebook? Si por la boca muere el pez, ¿por dónde entonces es que vive? Si me hablas de cifras y logros, ¿cómo te respondo con perfume de lavanda y rumor de olas repetidas? Si los colores son tan lindos, ¿por qué tanta gente vive en blanco y negro?
Si cuando llueve todos se mojan, ¿cómo es que no se me ocurrió abrir un almacén de paraguas? Si la letra mata, ¿por qué no puedo vivir sin los libros? Si ya es hora de ir a almorzar, ¿qué hago aquí tratando de terminar este artículo? Si les parece interesante hasta aquí, ¿no les molesta esperar hasta que regrese?
…………
Si la noche fuera la mañana y la mañana fuera la noche, ¿no tendríamos siempre el mismo problema? Si hay tanto teléfono inteligente, ¿es posible esperar que se hablen menos tonteras? Si los ojos no se cansan de mirar, ¿cuál es la idea de los lentes de descanso? Si la verdad es simple, ¿de dónde tantos libros para explicarla? Si los pobres son bienaventurados, ¿por qué esa obsesión de ganar tanta plata? Si no tenemos tiempo para escuchar la respuesta, ¿no deberíamos dejar de preguntar “cómo estás”?
Si todos los caminos llevan a Roma, ¿cómo es que todavía no llegué ahí? Si una golondrina no hace verano, ¿cuántas se necesitan entonces? Si el tiempo es oro, ¿cuánto costarían en el mercado de valores los años que he vivido? Si nos consolamos pensando que mañana es otro día, ¿no sería igual decirnos que mañana es otra noche?
Si no tenemos nada que decir, ¿por qué nos empeñamos tanto en decirlo…?

La mañana 10

La mañana

“Estaba boca arriba en la cama, todavía atontada y sin haber acabado de ensamblar su personalidad diurna, y el mundo parecía ondularse a su alrededor, gelatinoso e inestable… Tomó la tozuda decisión de no abrir los ojos hasta que la realidad no cobrara su firmeza. En ocasiones regresar a la vida era un viaje difícil.” Así se siente en la mañana Zarza, la protagonista de El corazón del Tártaro de Rosa Montero.
Comencé a leerlo hace un par de días y la frase me pegó. Alguien me habló una vez de las sincronías, esas cosas que pasan y coinciden justo con otra de la misma índole. Lo menciono porque constato más seguidamente que levantarme se ha ido convirtiendo en una pequeña gran batalla.
Es verdad, a la mayoría de la gente le cuesta un poco – o mucho – levantarse en la mañana para encarar el día. No me refiero a ese lugar común. Es aquel otro, el del tiempo enorme que ha pasado en la vida de uno y que va cobrando progresivamente sus facturas, algunas de ellas con recargo por no pago en la fecha de vencimiento. Ese dolor absolutamente indefinido que no parece estar en el cuerpo sino más adentro. Cuando le dolía la cabeza, una primita mía solía decir: “Me duele la mente.”
Es algo así. Es como que te duele la vida y esa sensación no es apropiada ni oportuna para empezar el día. La rutina de mirar el reloj, beber el último poquito de jugo de naranja del vaso y levantarse al baño. Siempre igual. A veces la espalda, otras veces la rodilla, a veces el pecho.
Que me falta ejercicio, que estoy deprimido, que me falta actitud ganadora, que me hago mucho la cabeza, que estoy mal con el Señor. Esas cosas me dicen con la idea – me imagino – de ayudarme. ¿No hay alguien por ahí que diga simplemente “Te entiendo” o que guarde discreto silencio? Es difícil. El tiempo reclama que uno esté rozagante, entusiasta, feliz, confiado, asertivo, fresco, liviano, emprendedor, agradecido y así, sucesivamente. Y las personas sienten esa incontenible responsabilidad de llevarme a sitios menos oscuros y alentarme. Se agradece…
Pero eso no quita que regresar a la vida se vaya haciendo más difícil con los años.

La tímida alegría 11

La tímida alegría

La alegría ya viene, decía la canción. Entonces dijimos que no. Y soñamos con otro mañana. Creímos que un mundo distinto era posible. Al menos, otro país. Al día siguiente, salimos a la calle, hicimos rondas de niños, nos abrazamos con los policías. Era, de nuevo, la primavera de la patria.

La oscuridad y el silencio impuesto quedarían atrás. La justicia sería la justicia y no la justicia posible. Los pobres no iban a seguir esperando como nos había urgido el Santo Padre. Habría espacio para todos porque aquí no sobraría más nadie. Iríamos a las urnas libremente y en las papeletas estamparíamos nuestras ilusiones con una pequeña rayita vertical. Se abrirían las grandes alamedas y serían transitadas por el hombre libre, porque la historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Los que estaban lejos volverían a casa. En fin, los antiguos combatientes de la resistencia hablarían con libertad en las grandes asambleas y nos llevarían hacia los territorios de la paz, la justicia, el pan y el techo para todos.

(Tarde nos dimos cuenta que terminarían vistiendo trajes Armani, conduciendo sus veloces BMWs hacia sus ilustres empleos en organizaciones internaciones y grandes universidades y que al atardecer, después de un saludable partido de squash en un exclusivo club de campo, irían a cenar con sus flamantes nuevas parejas al restaurant de moda).

En fin, recuperamos la democracia con sus pocas y significativas virtudes y sus enormes defectos. Nos organizamos para la esperanza. Nos concertamos para construir un futuro distinto. La noche quedaba atrás y la luz nos señalaría el camino.

La alegría fue renuente sin embargo a desplegar sus alas blancas. Nos regaló, a veces, su rostro luminoso con algunas victorias parciales. Todo cambió un poco y, de un modo u otro, las cosas siguieron igual. Las viejas prácticas de los políticos profesionales recompusieron el status quo y las cosas se fueron arreglando finalmente en comisiones y reuniones privadas en la casa de importantes señores con contactos a alto nivel con los dueños del país. La esperanza que teníamos en la nueva generación de dirigentes se derrumbó cuando supimos que la plata había contaminado todo: jóvenes y viejos juntamente habían recibido importantes giros para financiar los artilugios de la democracia.

La alegría, tímida como es ella, se quedó por los rincones. De repente asoma su rostro, pero sólo un poquito, para que nos entusiasmemos y volvamos a soñar leseras…

Gracias Señor 12

Gracias Señor

Estamos a pocos días de terminar este año. Muchos rostros reflejan alegría y satisfacción por haber culminado satisfactoriamente sus estudios, porque encontraron un buen trabajo, tienen una vivienda propia, se casaron, tuvieron un bebé, etc. Otros un poco tristes porque no pudieron realizar todo lo que planificaron y anhelaron. Quizás haya un grupo reducido de personas que quisieran que mañana mismo iniciara un nuevo año, para administrar con más sabiduría su tiempo y economía.

No importa con qué grupo te identifiques, lo que debes tener presente es que todo obra bien en la vida de aquellos que aman a Dios y que las experiencias buenas y malas tienen un propósito en tu vida porque nuestro Padre Celestial tiene el control de cada una de ellas.

Nada puede hacerte olvidar que Dios es bueno todo el tiempo. A pesar de los momentos tristes y difíciles que hayas pasado o estés pasando, Él te ama incondicionalmente y dio la vida de su único Hijo por ti, para que fueras salvo. No existe ninguna expresión de amor más grande que pueda compararse con ella. Agradece a Dios por todas las bendiciones que recibiste en estos 360 días que ya transcurrieron porque fueron gracias a Él que las tuviste, pero también agradece por aquello que no obtuviste, tal vez Dios no permitió que lo tuvieras porque sabía que no era bueno para ti, que te causaría dolor o te alejaría de Él.

Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Salmos 103:1-2

No esperes empezar un nuevo año para dar más amor, para pedir perdón y perdonar, para valorar más todo lo que tienes, para ser agradecido y compartir con otros lo que posees y para servir a Dios como Él se merece; empieza hacerlo hoy mismo porque no tienes la seguridad de estar vivo el día de mañana.

Cada día representa una nueva página en blanco, esfuérzate por escribir la mejor historia de tu vida y sé agradecido con tu Creador porque te dio la dicha de estar vivo un nuevo día.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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