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¡Que no se apague el fuego!

¿Alguna vez has intentado mantener una vela encendida con el viento en tu contra? Seguramente has vivido esta experiencia cuando te encontrabas en un día de campo o tenías que cocinar al aire libre. A mí me sucedió hace poco cuando fuimos a la casa de un amigo con una torta a sorprenderlo por su cumpleaños, como el lugar era abierto el viento no permitía que la vela permanezca encendida; necesitamos la ayuda de varias manos para cubrir la vela del viento, fue bastante divertido.

Comparto esta anécdota porque los seres humanos siempre necesitamos del otro, somos seres sociales, una persona que se encierra en las tinieblas de la soledad simplemente está manifestando que no se encuentra bien, tiene un problema y necesita ayuda.

“Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; más cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.” Éxodo 17:11-12

Moisés era un gran líder, un hombre que hacía milagros y prodigios con la autoridad de Dios, pero era humano; es decir, también se cansaba, era inseguro e incrédulo al principio, antes de cumplir el llamado que tenía; además en ocasiones no controlaba su enojo lo que provocó consecuencias negativas en su vida.

Por estas razones, Moisés necesitaba personas a su lado que lo ayudaran a levantar las manos cuando él se cansaba, de lo contrario perdería la guerra.

Los desafíos que enfrentamos en la vida son así, ninguno es autosuficiente. Si deseas vencer, tener éxito, salir victorioso del problema que enfrentas necesitas personas que te alienten y apoyen a salir adelante.

Así mismo, puedes ser tú el apoyo para otros, para que los demás permanezcan con el fuego del Espíritu de Dios encendido en su corazón necesitarán del apoyo de sus hermanos. Te animo a salir de la soledad, a buscar apoyo y apoyar a los demás para que la pasión por el Señor no se apague.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Manos que dan…

“Cristo es quien va uniendo a cada miembro de la iglesia, según sus funciones, y quien hace que cada uno trabaje en armonía, para que la iglesia vaya creciendo y cobrando más fuerza por causa del amor.” Efesios 4:16 (TLA)

Muchas veces hemos escuchado decir: “Misiones se hace con las manos de los que dan, con las rodillas de los que oran y con los pies de los que van”. Si bien es cierto que no todos tenemos el llamado ni la disposición para dejar, familia, trabajo y ciertas comodidades a cambio de aceptar toda clase de persecuciones por causa del Evangelio, de todas formas, es necesario tener en claro, que si no vamos personalmente a la obra misionera, todavía podemos y debemos participar en ella.

Es importante orar por las misiones y ofrendar para su sostenimiento y desarrollo. Pero creo que nadie puede sentirse ajeno a la necesidad de compartir el Evangelio hasta lo último de la tierra. De los tres grupos que hablábamos al principio, ¿en cuál te encuentras tú? ¿Eres de los que van, de los que ofrendan para las misiones, o de los que oran por ellas?

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Cómo adoras?

Hoy me refiero a la adoración, al tiempo en la iglesia que le dedicamos a cantarle a Dios. También lo llamamos tiempo de alabanza. Hay personas que lo hacen muy bajito, pues sienten que no son buenos cantantes. Hay quienes son muy malos cantantes y desentonan, pero sacan su voz desde el alma… y aunque tal vez no sea el sonido más lindo, es su manera de adorar y es válida. En eso debemos ser gentiles y no robar la atención hacia nosotros si cantamos diferente, sea mejor o no.

También hay quienes no les gusta subir las manos, hay quienes las suben a la mitad y hay quienes las suben hasta donde ya no pueden más y las dejan ahí durante toda la canción. Ninguno es criticable, incluso si solo se cruzan de brazos. Es algo personal de cada cual. Así como nuestras huellas digitales, todos somos diferentes y hacemos las cosas de formas diferentes.

Hay muchos que no van al servicio sino hasta después de la música…y piensan que no tiene nada de malo… pero sí. Se están perdiendo una parte importantísima de la relación con Dios. ¡Es un tiempo de adoración desde nuestros corazones y nos prepara espiritualmente para recibir su Palabra! Para mí es la parte más hermosa del servicio. Yo amo adorar a Dios. Y les cuento que no solo lo hago en la iglesia. Lo hago en casa mientras escucho música, mientras limpio, mientras voy manejando en el auto. Le canto a mi Dios, porque es una conexión preciosa con Él y es tiempo de amor que le dedicamos, ya que Él nos ama tan impresionantemente.

No debemos dejar de hacerlo jamás, no debemos dejar de asistir al tiempo de adoración.

Incluso bailando le podemos adorar. Hay un pasaje de la Biblia que me encanta y dice:

“…mientras que David y todo el pueblo danzaban alegremente delante del Señor, al son de instrumentos musicales de madera de haya, y de arpas, salterios, panderos, flautas y címbalos”. 2 Samuel 6:5

La historia de David bailando sucedió cuando Israel tenía una nación relativamente joven. El rey David fue el segundo rey de Israel.David era conocido como el “hombre conforme al corazón de Dios”

Pienso que todos quisiéramos ser recordados como personas conforme al corazón de Dios. Adorémosle con cada aliento que tomemos, con cada palabra que digamos, con cada canción que cantemos, cada danza que bailemos. Dios merece toda nuestra adoración.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Tienes las Manos limpias?

Cuentan que a un pequeño niño le gustaba ayudar a su madre en todo lo que podía, especialmente cuando había visitas.

     – Mamá, ¿puedo poner el pan?

     – ¿Tienes las manos limpias?- Siempre era la respuesta de su madre.

Lo mismo sucede con nosotros, si pretendemos presentar a otras personas al Pan de Vida, no podemos tener las manos ni el corazón sucios.

Nuestras vidas deben reflejar el amor de Dios y su obra en nosotros, si solamente nos enfocamos en hablar del evangelio pero no lo vivimos, solamente estaremos dañando el precioso mensaje que llevamos al ensuciarlo con nuestras acciones.

Que nuestra oración diaria sea como la del salmista: “Purifícame de mis pecados, y quedaré limpio;  lávame, y quedaré más blanco que la nieve” Salmos 51:7  (NTV) para que cada día podamos ser un ejemplo ante los demás.

¿Tienes las manos limpias? ¿Cómo está tu corazón  delante de Dios?¿Es tu vida un ejemplo para los demás? Dios no va a desecharte si fallaste, puedes acudir a Él con un corazón humilde y arrepentido y todas tus manchas serán quitadas.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Tenemos una celebración!

A veces es mejor evitar algunos recuerdos debido a que nos impiden seguir adelante,  por ejemplo, cuando se termina una relación o se sufre la pérdida de un ser querido. No obstante, es primordial acordarse de eventos que nos motiven a esforzarnos y ser mejores, como el aniversario de boda, el día que hemos culminado nuestra profesión o alcanzado una meta.

Así mismo Jesucristo se acuerda de nosotros. La palabra de Dios dice:

“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros. Isaías 49:15-16 (RVR 1960)

Aunque tus padres se hayan olvidado de ti, o por el contrario tus hijos, aquellos por los cuales te has sacrificado y los has visto crecer, el Señor no te olvida. La pregunta que puedes hacerte es: ¿cómo hace Dios para no olvidarse de mí?

Este pasaje de la Biblia muestra una declaración hermosa para aquellos que consideran que han sido olvidados por Cristo, y dice: ¿Cómo podría haberte olvidado si en las palmas de las manos te tengo gravada (o)? Que gratificante es tener conocimiento que el Señor te ha esculpido y no en un lugar oculto, sino en uno visible: en sus manos.

 “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio”. 2 Timoteo 2:8 (RVR 1960)

Tal como Jesús se acuerda de nosotros, pide que nos acordemos de Él y lo podemos hacer al observar la naturaleza que ha creado cuando nos levantamos, los milagros o bendiciones recibidas que nos impulsan a confiar, la protección y el cuidado que nos ha brindado hasta este momento.

Otro factor, son las fiestas que se aproximan a fin de año, como la “Navidad”. Si bien tenemos conocimiento que Jesús no nació la fecha exacta del 25 de diciembre, es una época en el que la mayoría de las personas recuerda su nacimiento, por tanto, en lugar de debatir sobre el día exacto en el que vino al mundo, te animo a recordarlo junto a tu familia y darle gracias por todo lo que hizo por ti.

¡Recuerda que tenemos algo importante que celebrar!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sólo confía en Dios

“Confía en el SEÑOR y haz el bien; entonces vivirás seguro en la tierra y prosperarás.” Salmo 37:3 (NTV).

Muchas veces pensamos que el bienestar y la seguridad sólo se hallan en el cielo, pero Dios promete que podemos vivir seguros y prósperos aquí en la tierra si confiamos en Él y hacemos el bien a todo aquél que lo necesite. Puede que las circunstancias de la vida, las pruebas, las dificultades económicas y hasta los problemas de la sociedad lleguen a convertirse en una amenaza para nuestra seguridad y nos preguntemos: ¿Qué será de nuestro futuro o el de nuestra familia? A pesar de ello, el poner nuestra confianza en Dios hará que podamos vivir en paz y con la seguridad de que todo y absolutamente todo estará en las manos de Dios.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Día de la madre

Se sienta cerca de la ventana y permanece atenta a los ruidos de la calle. Un vehículo que pasa, una vecina que seguramente conoce, el viento entre los manzanos al otro lado de la calle que percibe apenas porque ya ha perdido gran parte de su visión. Sus ojos han mirado la vida por noventa y un años y está cansada.
Suele decir que quiere que el Señor se la lleve pronto pero hay que ver cómo se aferra a la vida. Presiento que quiere ver algunos sueños cumplidos antes de morir. A esos hijos pendientes, obstinados, alejados de los antiguos rituales del templo quisiera verlos amparados de nuevo en la fe que defiende como fiera herida. Un poco la alivia la hija mayor que vive con ella y la acompaña en los últimos tramos de su tenaz travesía con Dios.
La tarde refresca por fin. Se ha sentado en una sillita en el patio. Qué piensa me pregunto. Qué estará recordando. Tiene la memoria inmensa, de tanto venir andando. Veo que no hay dolor que no conozca, no hay emoción que no haya sentido, no hay bandera de victoria o pañuelo de rendición que no haya flameado en sus campos de batalla.
A veces parece una niña inexperta, desvalida. Otras, grave y silenciosa, con manos temblorosas, lee las noticias del diario con los ojos a tres centímetros del papel. Me pregunta por enésima vez si ya tomé la once, esa merienda de la tarde que todavía guardamos en nuestros más infantiles recuerdos. Se para, cuelga una toalla en el patio, quiere ayudar a poner la mesa o lavar los platos; se frustra porque la ha abandonado esa agilidad con la que sirvió como doméstica desde niña, crió siete chiquillos y manejó una casa siempre escasa de dinero con un marido que le dio bastante que hacer por casi sesenta años.
Idamia madre. Incansable guardiana y censora de nuestros desvaríos de ayer, ahora sólo nos quiere abrazar, que la vengamos a ver, que le contemos de esos asuntos que nos ocupan hoy. Esta tarde me senté a su lado y le extendí mi mano. La mantuvo por largo rato entre las suyas mientras le contaba algún episodio de viajes y mudanzas. Como siempre, me pregunta si estoy comiendo bien, si todavía estoy solo, si fui al médico. Como siempre, para esquivar las respuestas le digo: “Mire, tenemos las mismas manchas en el dorso de las manos…”
(Este artículo fue escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

La importancia del lavado de manos

En la antigüedad, la importancia del lavado de manos no tenía tanta relevancia como ahora, la cual se debió a la falta de investigación en el tema. Sin embargo, en la actualidad, los expertos califican al lavado de manos como algo necesario en la vida de cada persona. De hecho, los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos aseguran que “el lavado de manos es como una vacuna «hágalo usted mismo»”

¿Por qué lavarnos las manos?

Muchas enfermedades y afecciones se propagan por medio de las manos, debido a que son las partes del cuerpo que están en mayor contacto con las demás personas. Numerosos estudios han demostrado que las manos transmiten y reciben millones de microbios, los cuales hacen que uno esté expuesto a enfermarse. Sin embargo, para evitar esta situación, uno debe de lavarse las manos con frecuencia con jabón durante diez segundos como mínimo.

¿Cuándo debemos lavarnos las manos?
  • Antes, durante, y después de la preparación de comida.
  • Antes de comer.
  • Antes y después de cuidar a un enfermo.
  • Antes y después de tratar un corte o herida.
  • Después de haber tocado dinero.
  • Después de ir al baño.
  • Después de cambiar los pañales a un niño, o a un niño que ha utilizado el baño.
  • Después de sonarse la nariz, toser o estornudar.
  • Después de tocar a un animal, alimentarlo o limpiar sus desechos.
  • Después de manipular alimento para mascotas.
  • Después de tocar la basura.
¿Agua caliente o fría?

Un estudio de la Universidad Rutgers publicado en Journal of Food Protection, comprobó que la temperatura del agua no influencia la efectividad del lavado de manos. “Este estudio nos muestra que la temperatura del agua utilizada no importa”, afirma Donald Schaffner, distinguido profesor y especialista en extensión en ciencias de la alimentación, “este estudio puede tener implicaciones significativas para la energía del agua, ya que el uso de agua fría ahorra más energía que el agua tibia o caliente.”

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Quiero estar solo

Leticia precisaba comprar una silla de ruedas para su mamá, pero no disponía del dinero suficiente. El día que tenía que recibir su paga, el jefe de la empresa en la que trabajaba le descontó más de la mitad de su sueldo injustamente, pero ella no quería pedir ayuda, y menos que se enteraran de su problema.

Trató de conseguir otro empleo y sólo recibió malos tratos, hasta que un día se le agotaron las fuerzas, se sentó en una calle y se puso a llorar; justamente pasaba por ahí uno de sus primos y se acercó para consolarla. La sorpresa fue grande para Leticia al ver que al día siguiente se compró la silla, porque toda la familia e incluso amigos quisieron colaborar.

“Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; más cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Éxodo 17:11-12 (RVR1960)

Moisés debía permanecer con las manos en lo alto porque el pueblo del Señor se encontraba en una dura batalla, pero como humano él se cansaba y cada vez que bajaba sus manos el enemigo prevalecía. Es por este motivo que necesitaba el apoyo de Aarón y Hur quienes no permitieron que se rindiera.

A veces batallamos solos con los problemas y podemos desanimarnos en el camino, porque somos humanos, por esto mismo necesitamos que otros nos apoyen y ayuden a llevar el peso que tenemos. No sólo materialmente, sino en oración.

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Mateo 18:20 (RVR1960)

Muchas personas escriben y comentan que no asisten a una iglesia y escuchan prédicas por la televisión o internet, de hecho no es algo que este mal; sin embargo, resta importancia al propósito de congregarse en familia, el compañerismo y la comunión entre hermanos.

Si estás enfrentando una dificultad y todo este tiempo has estado peleando solo(a) te animo a pedir apoyo a tu familia, a tu iglesia, y si deseas puedes escribirnos, con gusto estaremos orando por tus necesidades. Pero no luches solo, porque Dios permitió que formes parte de una gran familia.

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No tengo nada que darte

¿Alguna vez te has sentido insignificante por tener poco que dar? Al compararnos con otras personas y observar nuestras propias carencias podemos sentirnos pequeños y débiles. La pregunta es: ¿Cómo te mira Dios?

Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades. Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.

Cuando anochecía, se acercaron a Él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer. Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer. Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces. Él les dijo: Traédmelos acá.

Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. Mateo 14: 13-21

Estaba oscureciendo y  por esta razón los discípulos querían despedir a la gente prontamente para que  pudieran comprar comida; pero Jesús, teniendo compasión de las personas, quiso darles alimento. Los discípulos se asustaron, puesto que la gente era mucha, pero, Él solamente les pidió que entregaran lo que tenían, en este caso, cinco panes y dos peces, con los cuales ocurrió el milagro.

Jesús hizo un milagro con lo poco que tenía el pueblo de Dios para dar, Él bendijo esto y se hizo el milagro. A veces, nos sentimos pequeños, débiles y pensamos que tenemos muy poco para dar Dios, pero olvidamos que Él quiere mostrar su poder por medio nuestro.

Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. 2 Corintios 12:10

En una ocasión fuimos con algunas personas a hablar de Dios a un hospital, entre ellos se encontraba un amigo, quien manifestaba ser nuevo y tener poco conocimiento como para predicar. Uno de los lideres le dijo: “comparte sólo lo que tienes” Él recordó el único versículo que sabía (Juan. 3:16) y comenzó a predicar, las personas al escuchar este mensaje tan claro y sencillo se pusieron a llorar y pedir que se manifieste el amor de Dios.

Dios conoce tus debilidades, sufrimientos, necesidades, así que no escapes de su presencia, Él no quiere que te alejes, al contrario, te pide que le entregues solamente lo que puedes dar porque en sus manos es muy valioso y sucederán milagros.

¡No te sientas débil o pequeño porque con Cristo eres invencible!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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