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Buena noticia

La palabra evangelio proviene de una voz griega que significa “buen mensaje” o “buen anuncio”. Es un frase compuesta de dos ideas: mensaje y bueno; no es un sustantivo; es una frase compuesta de un sustantivo y un adjetivo.

¿A qué viene este mínima disquisición?

La tradición ha convertido la palabra evangelio en un sustantivo. Presentar el evangelio, anunciar el evangelio. Y en un verbo: evangelizar. Si se fijan  bien sugiere la idea que la esencia del contenido está en la palabra: el evangelio es lo que se le hace a la gente.

Entonces se ha diseñado un complejo entramado de conceptos para que la gente responda al evangelio. Es decir, el mensaje se convirtió en el activo, y se alejó de ser lo que venía a decir.

Pensemos por un momento en la buena noticia. ¿Cuál es esa noticia? La noticia es que Dios ama al mundo y no quiere que nadie pierda ese amor. Dios ama a toda la gente. Y los que le aman a El se supone que lo que deben hacer es amar a toda la gente.

La buena noticia es Dios, es su amor a todos los seres humanos. Cuando uno lo piensa así, en realidad el mensajero es Dios, no nosotros. El es la misión, si profundizamos el pensamiento. Nosotros podemos acompañarlo o no. Pero el activo es El, no nosotros ni nuestro mensaje.

Por supuesto que atrae la idea de ser evangelizadores. Otorga un lustre de conquistadores, de salvadores del mundo. A las personalidades fuertes y logradoras esto les encanta. Pero no sé si esto refleja el carácter del Dios al que alude la buena noticia

Tal vez alguien de la audiencia puede pensar que esto es hilar demasiado fino. Al final la cuestión es predicar el evangelio.

Pero al avanzar un poco en la reflexión, vemos que lo que deberíamos hacer es imitar a Dios: amar a la gente, servirla, ayudarla en sus necesidades y angustias. Tal vez nos sirvan aquí las palabras del profeta bíblico:

“… Me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados. (Isaías 61:1-3)

Me parece que éste es el evangelio: decir lo que hace Dios, y hacerlo nosotros.

 

 

Si conoces el amor de Dios, compártelo

“Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; Haga resplandecer su rostro sobre nosotros; Para que sea conocido en la tierra tu camino, En todas las naciones tu salvación.” Salmos 67:1-2 (RVR1960).

Cuando conocemos el amor de Dios, una trasformación es operada en nuestras vidas, Su amor hace que las cosas sean diferentes, que las percibamos de una manera no habitual.

Cuanto más tiempo invirtamos en nuestra relación con el Señor, más comprenderemos y seremos llenos de Su amor, el cual  nos llevará a compartir con otros el mensaje de Salvación.

Como dice el salmista, debemos llenarnos de la presencia de Dios y dejarnos utilizar como instrumentos Suyos para la expansión de Su reino. ¿Estás dispuesto a hacerlo?

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Capacitar

En la ciudad de Córdoba en Argentina tuvo lugar este 30 y 31 de agosto una nueva versión de las Jornadas de Capacitación que CVCLAVOZ imparte desde 2004; en esta oportunidad más de 100 participantes de Córdoba, La Pampa, Mendoza, Rosario, Buenos Aires y un grupo del vecino país de Uruguay se dieron cita para recibir entrenamiento en Producción de Contenidos, Podcasting y Responsabilidad Social de los Medios de Comunicación.

En 2004, en el marco de la primera conferencia de afiliadas a CVCLAVOZ, comenzamos estos períodos de formación. Más tarde, en 2009, fueron ampliados a directivos, técnicos, estudiantes y a toda persona interesada en medios de comunicación. Hoy, después de quince años, hemos realizado estos encuentros en 12 países. También son conocidos nuestros Cursos de Especialización en Radio en los congresos anuales de COICOM.

¿Cuál es el propósito de este esfuerzo educativo? Valdrá la pena recordarlo aquí.

Entendemos que los medios cristianos de comunicación tienen – deben tener – la visión de hacer llegar el mensaje de Jesucristo a toda persona, preferentemente a quienes no lo conocen.

Enfocamos en nuestras jornadas de capacitación en un conocimiento que permita ir más allá del lenguaje de la iglesia y de los temas que le son propios. Esto, porque los medios cristianos han tenido la tendencia a replicar al aire lo que hacen en los templos.

Nuestra misión entonces ha sido – y seguirá siendo – que el mensaje sea formulado de una manera profesional y eficaz y que además sea entendido por la audiencia que no forma parte de las iglesias.

Por cierto, hemos tenido jornadas maravillosas. Los contenidos entregados por la gente profesional de CVCLAVOZ son de gran actualidad y necesaria para el desempeño de los medios. Al mismo tiempo seguimos enfatizando en que nuestra comunicación llegue efectivamente a las audiencias no cristianas. Para eso trabajamos y seguiremos trabajando.

Hacemos propicia esta ocasión para agradecer a todas las personas que a través de los años han participado en estas Jornadas de Capacitación y también a los directivos de CVCLAVOZ que nos han dado permanentemente su apoyo y confianza.

Todo eso nos anima a seguir adelante. Esperamos poder anunciar pronto una nueva Jornada de Capacitación en Comunicación a nuestras amigas y amigas en el continente… y más allá.

Comparte a Jesús, mientras tengas fuerzas

“Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.” Juan 9:4.

Escuché el testimonio de un pastor que fue a visitar a un miembro activo de su iglesia, quien ya era mayor de edad, tenía 75 años, estaba postrado en el hospital y sabía que iba a morir en cualquier momento. Analizando su vida se dio cuenta que en todos los años que conoció a Jesús no había ganado ni un alma para Dios y por esa situación vivía frustrado sus últimos días, porque se iba a presentar delante de Dios sin fruto.

Hay tantas personas en la misma situación de este anciano, llevan años conociendo de Cristo, pero no hay frutos. Se olvidan o no quieren obedecer el mandamiento de Jesús. “Id y predicad el evangelio a toda criatura.” Marcos 16:15. Pregunto: ¿A cuántas personas has predicado de Cristo?

Jesús era consciente de su misión. Sabía por qué había venido al mundo y quién lo había enviado. “Me es necesario hacer las obras del que me envió”, ¿Qué obras? La obra de restauración entre Dios y el hombre. También dijo: “Entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.” Jesús sabía que sería crucificado, que llegaría su muerte y al tercer día resucitaría. Esto hace mención para que los discípulos entiendan que va llegar la muerte y ya no habrá más que hacer.

El Señor relaciona la luz y las tinieblas con la vida y la muerte. Por eso nos llama a trabajar para Él, a compartir su mensaje con todos aquellos que no lo conocen. Mientras el día dura, trabaja para mí dice el Señor, mientras respires trabaja, porque viene la noche donde ya nadie puede trabajar.

Ninguno de nosotros sabe cuánto tiempo más estará en este mundo o cuándo el Señor nos llamará a Su presencia. Lo cierto es que debemos recordar que la vida es breve, el salmista David dice que somos como un suspiro, que nuestros días son fugaces como una sombra. (Salmos 144:4)

Si sabes que no estás predicando el mensaje de Jesús, esta es tu oportunidad. Es hoy cuando tienes que compartir el amor de Dios. Es hoy cuando tienes que decirle a tus seres queridos que hay esperanza en Jesús. Es hoy que, mientras estás vivo y tengas fuerzas, tienes que anunciar que Cristo viene pronto.

No esperes a lamentarte cuando ya no tengas las mismas fuerzas que hoy para predicar el mensaje de Jesús. Trabaja para el Señor, porque si te avergüenzas de Jesús, Él también se avergonzará de ti. La Biblia dice que los cobardes no entrarás al reino de los cielos. (Apocalipsis 21:8)

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El fundamento de la fe

Se suele escuchar y se repite en los medios cristianos que la base de nuestra fe es la resurrección de Cristo. Por cierto es una noble declaración pero si uno la examina más profundamente revela algunas cosas que conviene mencionar.

No es raro que se confunda ser con hacer. O personas con acciones. Es pertinente precisar esto porque de otro modo uno puede estar repitiendo ideas que ha aprendido sin cotejarlas con la verdad.

La resurrección de Cristo es una acción, un hecho sin duda portentoso con consecuencias inmensas que, según mi parecer, van mucho más allá de etiquetar al creyente para el cielo. Pero sigue siendo un hecho. En este caso, un hecho realizado por Dios.

La fe en la resurrección es importante como anota Pablo. Pero lo fundamental es el autor de esa resurrección. Así que la pregunta que corresponde hacer es: ¿No es el autor del hecho más grande o significativo que la acción que ha realizado? A eso me refiero cuando digo que no se debe confundir ser con hacer. Dios, su Ser, es el centro de todo.

He estado litigando – para usar un término no muy real pero que suena simpático – con alguna gente cristiana sobre su tendencia a predicar a Dios como solucionador  de problemas, como resolvedor de dramas, como analgésico cósmico para los dolores de la vida, como la panacea que te allanará el camino a la felicidad.

Nótese cómo el mensaje se ha ido trasladando desde el ser de Dios hacia lo que Dios hace. El problema con eso es que cuando el humo de las palabras se disipa lo que queda a la vista es que la persona humana y sus necesidades son el centro del mensaje y no Dios.

Alguien  podría preguntar por qué esta mirada tan purista. Es purista en verdad. Pero no por un capricho semántico o algo así. Es que si tu necesidad y la mía son lo que fundamentan el mensaje estamos en problemas. Entre otras cosas, porque estaríamos propiciando un evangelio humanista, un evangelio para el yo. Un evangelio bastante postmoderno si se lo mira bien.

Así que el fundamento de nuestra fe no puede ser lo que Dios hace sino lo que Dios es.

En otras palabras, de nuevo, el fundamento de nuestra fe es y siempre tiene que ser Dios.

¿Amar al mundo?

De tal manera amó Dios al mundo fueron unas palabras que comentamos en un artículo anterior. Me quedé pensando de qué manera nosotros seguiríamos el ejemplo de Dios. ¿Cómo aman los cristianos al mundo?

Antes que nada habría que señalar que los cristianos – en general – aman primero lo propio, lo de ellos. Primero Jesús. Después su familia. Después los hermanos y hermanas de su comunidad cristiana (hay veces que no queda tan claro si aman más a la institución o a las personas).

Después, los hermanos y hermanas de otras comunidades cristianas. A sus conferencistas preferidos, a sus músicos o “salmistas”, a sus autores favoritos de libros y a todo aquel que viva y proclame lo cristiano.

Yendo ya a lo de afuera: aman al mundo, pero uno hallaría ciertos niveles:

Primero, a todos aquellos que nombran a Dios aunque no sean personalmente creyentes. Después, a toda la gente que hace bien las cosas, que ayuda a otros y que se porta bien aunque, dicen ellos, el que las hagan no los va a salvar.

Luego, a todos aquellos que escuchen el mensaje, sin atacar al mensajero. No como ocurrió a aquel misionero que fue muerto a flechazos en la isla de North Sentinel en la bahía de Bengala – hoy hay una encendida discusión a nivel institucional sobre si es un mártir o fue una persona tremendamente imprudente. En seguida vendrían los regímenes autoritarios que prohíben y o persiguen a los cristianos.

Bien al final de la lista (según la modesta experiencia de este observador) estarían las personas que pecan en lo sexual, esto es, adúlteros, fornicarios y homosexuales. También, en sintonía con los tiempos actuales, a quienes adhieren a la ideología de género. Podrían hallarse aquí también los que promueven el aborto, el divorcio, la eutanasia y asuntos parecidos. Estas personas serían un poco más amadas por los cristianos si dejaran esas posturas. Entrarían en la categoría general de las personas no creyentes pero que se portan bien.

Parece haber una suerte de gradualidad en la forma y en la cantidad de amor que los creyentes otorgan al mundo. Como de más a menos. La cuestión es que en ciertos casos el amor se corta en alguna parte.

Así que otra vez: ¿a quiénes amamos?, ¿cómo los amamos? ¿los amamos en realidad?

Juan 3:16 no parece admitir una gradualidad como se lo explica Jesús a aquel importante creyente.

Desvaríos

Después de tanta palabra, después de tanta declaración, después de tanta intención lo más seguro es que no quede nada no más. Como el antiguo proverbio: estela en el mar, camino de serpiente en la roca, marca de hombre en la piel temblorosa.

Tanto decir, tanta pronunciación alterada, tanta marea que sube por los costados, nunca por los senderos de la costumbre y que no se registra en los anales de la oceanografía ni entra en los índices pluviométricos del sistema.

Un descubrimiento singular, un diseño inteligente, una tontera pasajera, una volada imprevista, un mensaje universal, una “biblioteca mental”, un poemita insulso, un cúmulo de huesos descalabrados, palabras al viento.

Todo ello mezclado con llamativos réclames de felicidad inmediata y garantías futuras, textos que salvan el día, anuncios de espectaculares y asombrosos acontecimientos.

Uno siembra al viento. Algunas semillas cayeron en un barrito providencial y florecieron amapolas. Pero el viento, el viento se llevó la mayor parte de ese pretendido corpus, de esa epopeya viviente; no quedará más que un nombre, una nostalgia, un mohín imperceptible, papeles amarillos, fotografías viejas, unas remeras grises usadas, una taza de té que se enfrió.

En 1818, dos meses antes de ser asesinado por los sicarios del régimen imperante, el guerrillero chileno Manuel Rodríguez lanzó un grito desesperado: “¡Aún tenemos patria, ciudadanos!”

Considerando las abrumadoras transformaciones sociales y del lenguaje que han tenido lugar con el paso del tiempo, el grito éste se siente un poco ingenuo y harto demodé, pero de algún modo registra la estúpida idea de que los sueños son inmortales, la extraña impresión de que hay algo que debe ser dicho antes de morir.

Así prosigue entonces, impenitente, la persistencia del loco, la manía del ingenuo, el afán del inconsciente, la penosa travesía hacia ninguna parte.

Téngase en cuenta que impenitente significa tanto persistencia en el error como obstinación en el pecado sin arrepentimiento, así que queda al arbitrio de la amable audiencia – o no tan amable – el tipo de estimación que pueda otorgar a estos desvaríos de fin de semana.

Colofón:

Este artículo se terminó de escribir una mañana de febrero, con 37 grados a la sombra y una importante disfunción estomacal que inhabilita toda posibilidad de mejor ánimo para decir cosas estimulantes y optimistas.

No te olvides de mi palabra

“Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán. Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos.” Proverbios 3:1,2,8.

Si hay algo que nos mantendrá firmes en la fe y con esperanzas en este mundo, es la palabra de Dios en nuestras vidas; porque las aflicciones y los problemas que cada uno enfrenta fácilmente pueden desanimarnos y hasta alejarnos de nuestro Creador.

¿Cuántas veces no hemos perdido las esperanzas o dejado de luchar por nuestra situación tan sólo por hacer caso a las circunstancias que nos rodean? O ¿En cuántas oportunidades hemos creído en lo que nuestros pensamientos dicen y no en lo que Dios nos dice por medio de su Palabra?

A veces nuestra ignorancia espiritual nos hace pensar que la Palabra de Dios no puede ayudarnos y que no necesitamos de las Escrituras. Por eso cuando tenemos un problema nuestra tendencia es desesperarnos y buscar ayuda en cualquier lugar, menos en Dios, cuando no debería de ser esa nuestra actitud.

La Biblia nos advierte y nos enseña que tendremos batallas espirituales. Pero también nos dice que estemos tranquilos, que si Dios está con nosotros nada ni nadie puede vencernos. Por cierto, el principal problema  del ser humano es espiritual y hasta que eso no sea solucionado por medio de la fe, no podremos disfrutar de las bendiciones de Dios ni tener victorias sobre los problemas que enfrentemos.

La Biblia no es un libro mágico o un talismán para ponerlo como adorno en la casa. La Biblia es la Palabra de Dios que sirve para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida; para corregirnos cuando estamos equivocados y enseñarnos a hacer lo correcto. ¡Es la misma palabra que Dios utilizó para crear los cielos y la tierra! Por lo tanto la palabra puede hacer cosas maravillosas que no imaginamos en nuestra vida.

En este día te animo a que experimentes el poder vivificador de la  Palabra de Dios. Comienza a leer, meditar en sus consejos y aplicarlo a tu vida. En un momento determinado verás los resultados de cómo el Señor va obrar en tu  vida.

“Mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.” 2 Timoteo 3:13-15. (NTV)

¡No dejes de meditar en la palabra de Dios!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

5 cosas que nunca debes enviar en un mensaje

Los mensajes de texto y aplicaciones de mensajería instantánea han hecho que nuestra comunicación sea más rápida, especialmente cuando estamos lejos de alguien. Sin embargo, la comunicación es en su mayoría no verbal, es decir, a través de expresiones corporales, gestos, etc.; y esto es algo que no podemos ver cuando enviamos un mensaje. Es allí cuando la ortografía y la gramática se vuelven importantes (para mayor información, leer el artículo: 4 reglas que debes aplicar cuando envías un mensaje) A pesar de todo esto, hay cosas que simplemente no debemos decir mediante un mensaje porque podría causar malentendidos y pleitos.

1. Declaraciones o rupturas amorosas

Declarar amor a alguien por mensaje puede resultar de manera negativa. La otra persona no puede ver los gestos ni la intención con que se dice cada palabra; por lo tanto, podría causar rechazo. Si tu meta es comunicar tus sentimientos con efectividad, es mucho mejor que lo hagas personalmente. Lo mismo funciona para cuando quiera terminar un romance. Para iniciar y terminar una relación con éxito debe haber comunicación fluida, esto implica ser capaces de identificar el tono de voz, ver los gestos, y cualquier otra señal de comunicación no verbal.

2. Noticias importantes

Cuando tengas noticias importantes qué compartir, es mejor que utilices otros medios que no sean los mensajes. No solo para que comuniques la noticia con eficiencia, sino para que compartas la alegría o tristeza con la otra persona.

3. Información personal

Compartir información personal por mensajes (contraseñas, números de tarjetas de crédito, fotografías personales, etc.) es un gran riesgo. Si se pierde el celular, si alguien más tiene acceso a ese dispositivo, o si esa persona envía tu información a otros sin tu permiso, podrías afrontar serios problemas en futuro.

4. Explicaciones o disculpas

Cuando necesites pedir disculpas o explicar algo, no lo hagas por mensaje. Será más sencillo si lo dices en persona, envías un audio, o  haces una llamada o videollamada. Si lo escribes, probablemente corres el riesgo de que sea largo, no se entienda, dé un mensaje equivocado, o confunda a la otra persona. Por lo tanto, te será más conveniente si utilizas otros medios de comunicación.

5. Chismes o secretos

Contar información verificada o no sobre alguien es una práctica que dice mucho de los valores y educación de uno mismo. Solo porque los mensajes den la aparente sensación de privacidad, significa que así sea; de hecho, si sale a la luz, podrías meterte en líos. Con una simple captura de pantalla, tus palabras quedarán guardadas y podrían ser difundidas y llegar a manos de la persona de quien hablaste. De igual forma, si le cuentas un secreto a alguien, personas ajenas podrían sin tu permiso. Si quieres contar un dato confidencial, es mejor que lo hagas personalmente.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

No es lo que parece

Para alcanzar a la próxima generación, tenemos que crear programación que reconozca que tenemos que aceptar el misterio de la vida, darnos cuenta que no siempre es justa y que no tenemos todas las respuestas. Esta inquietante pero certera declaración aparece en el libro “The Last TVEvangelist” (El último televangelista) de Phil Cooke. Phil ha enseñado en las Jornadas de Capacitación de CVCLAVOZ y he conocido su pensamiento sobre los medios cristianos de comunicación.

Hace más años de los que quisiera admitir he estado hablando y escribiendo sobre este aspecto de la realidad, advirtiendo a los comunicadores de estos medios que, a menos que entiendan que el mundo no es lo que parece a sus ojos, su mensaje será largamente ignorado por la gente a la que desean tocar e influir con su mensaje.

Hasta hoy todos los grandes proyectos de alcanzar el mundo nunca han logrado captar una audiencia que supere el 20% de la cultura y, en algunos casos dramáticos, mucho menos que eso. Debe admitirse por ejemplo que particularmente en el mundo occidental ese veinte por ciento alcanzado está compuesto en su gran mayoría por personas que ya practican la fe cristiana.

Hay diversas razones que dan cuenta de este exiguo logro; un estudio más en profundidad requeriría un espacio mucho mayor que éste. Pero la que se apunta en la cita de Phil Cooke es una de ellas. El mensaje típico de quienes desean persuadir a otros acerca de la fe cristiana no admite este misterio de la vida: para la mayoría de la gente la vida es injusta y así termina para ellos en este mundo. El mensaje cristiano siempre presupone todas las respuestas; asume el acento paternalista de quien lo sabe todo mejor y esa mirada simplista que resuelve la trama de canciones, mensajes hablados, películas y videos con un versículo o pensamiento final que envuelve en dulce todo y le quita realidad incluso a un buen argumento.

La vida es compleja y ajena. La verdad no es algo que la gente anda buscando como verdad; no se despierta a la mañana preguntándose qué debe hacer para ser salvo. Hay otras intrigantes y complejas cuestiones que ocupan su mente. Hay un amplio porcentaje de la población del mundo que, pese al dolor y al drama que rodea su existencia, no creen que un mensaje dulzón y bien empaquetado sea algo hacia donde orientar su ya complicada existencia.

Es hora de repensar el contenido y el modo de decir la verdad de las cosas.

Complicada salvación

“Usted cree que le puedo ayudar? le pregunta el psicólogo a su paciente, un importante banquero europeo que espera en arresto domiciliario los resultados de un juicio de gran impacto público en su contra. “¿Que si usted puede salvarme?”, responde el hombre. “Voy a revelarle una importante conclusión a la que llegué recientemente: nadie puede salvar a nadie. Por una razón muy simple: nadie quiere salvarse.” Es posible que este diálogo algo novelado para una película, haya ocurrido efectivamente. El banquero y el caso en su contra son reales y todo terminó con su importante carrera pública.

Que nadie quiera salvarse es una afirmación algo exagerada y por supuesto incorrecta políticamente por estos rumbos. Pero la mirada cruda y honesta con que el protagonista contempla el mundo del que es parte trasunta más verdad de la que estaríamos dispuestos a reconocerle. En alguna parte de la trama reflexiona sobre el idealismo con el que muchas personas inteligentes y promisorias comienzan su carrera y cómo éste se va desmoronando con el paso de los años. Las luchas internas de la institución, la ambición y las enormes debilidades del carácter humano van minando el optimismo con el que uno encara la vida cuando todavía no es confrontado con su lado oscuro.

Si uno ensaya esa mirada sobre las instituciones – políticas, sociales, económicas, culturales y religiosas – un poco más allá del discurso y se remite a la experiencia, no pocas veces toca pensar que los actos humanos parecen reflejar un absoluto desprecio por la salvación, no en el sentido que lo explica la religión sino en relación con el interés mayor de la sociedad. El daño que la gestión de sus dirigentes y miembros causan a la fe pública, a la confianza, a la seguridad y a la tierra lo tienta a uno a pensar que la comunidad humana misma no desea otra cosa que cometer suicidio.

El mundo es más complicado de lo que parece. En gran medida es sórdido y ajeno. Las fuerzas que luchan por su control y por su destrucción no tienen oídos ingenuos. Por lo mismo, el mensaje para tocarlo y estremecer su conciencia no puede ser simplista, azucarado, mágico. Debe entrar en la esfera del conflicto, penetrar su complejidad, comprender su lógica y construir puentes para la comprensión de una salvación que no se logrará con cuatro pasos y una plegaria “Repita conmigo…”

Una voz antigua

Más de alguna vez he escrito en este blog que cuando uno revisa sistemáticamente los escritos de los profetas del Antiguo Testamento constata que la mayor parte del contenido de su mensaje está dirigido al pueblo de Dios. Si bien en una gran medida Isaías, Jeremías, Daniel y más brevemente otros profetas se refirieron a los imperios y pueblos circundantes, el grueso de sus palabras se dirige a Israel.

Asimismo he afirmado también que es un error conceptual minimizar el significado y el alcance del Antiguo Testamento sobre la base de que Jesús inauguró una etapa nueva y que por lo tanto, como dicen los argentinos, lo pasado, pisado.

Esto no es así. Si uno le cree a san Pablo cuando dice que toda la escritura es inspirada por Dios y útil…, habría que preguntarse seriamente por qué tres cuartas partes de esa escritura es del Antiguo Testamento – aparte del hecho, increíble para algunos, de que las escrituras a las cuales Pablo se refería era … ¡el Antiguo Testamento! Esto nos tiene que decir algo. Permítanme expresar lo que a mí me dice.

Por una parte, que la mirada de Dios siempre está sobre su pueblo y la iglesia; por eso, muchas de las palabras de los profetas se aplican a su condición actual. Es decir que no sólo obtenemos perspectiva de las epístolas de Pablo, tan favoritas de la mayoría de los teólogos foráneos, sino también de los profetas antiguos.

Por otra, que es imperativo entender el mundo circundante desde una perspectiva bíblica como hizo buena parte de los profetas. Esta sigue siendo una grave deuda de los cristianos contemporáneos; no sólo desconocen el mundo que viven sino que no tienen ningún interés especial en entenderlo. Porque así de centrados están los creyentes en sus propios asuntos, su propio bienestar “espiritual” y la esperanza de irse lo antes posible a las mansiones celestiales cuando suene la final trompeta.

Si la gente cristiana quisiera entender qué es lo que nos pasa como pueblo de Dios y qué pasa con el mundo que nos rodea, me parece que debería ir un buen poco antes de Romanos, Corintios y Gálatas. Los viejos profetas tienen mucho que decirnos y sería hora de releerlos. O leerlos por primera vez.

Ponele.

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