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¿Amar al mundo?

De tal manera amó Dios al mundo fueron unas palabras que comentamos en un artículo anterior. Me quedé pensando de qué manera nosotros seguiríamos el ejemplo de Dios. ¿Cómo aman los cristianos al mundo?

Antes que nada habría que señalar que los cristianos – en general – aman primero lo propio, lo de ellos. Primero Jesús. Después su familia. Después los hermanos y hermanas de su comunidad cristiana (hay veces que no queda tan claro si aman más a la institución o a las personas).

Después, los hermanos y hermanas de otras comunidades cristianas. A sus conferencistas preferidos, a sus músicos o “salmistas”, a sus autores favoritos de libros y a todo aquel que viva y proclame lo cristiano.

Yendo ya a lo de afuera: aman al mundo, pero uno hallaría ciertos niveles:

Primero, a todos aquellos que nombran a Dios aunque no sean personalmente creyentes. Después, a toda la gente que hace bien las cosas, que ayuda a otros y que se porta bien aunque, dicen ellos, el que las hagan no los va a salvar.

Luego, a todos aquellos que escuchen el mensaje, sin atacar al mensajero. No como ocurrió a aquel misionero que fue muerto a flechazos en la isla de North Sentinel en la bahía de Bengala – hoy hay una encendida discusión a nivel institucional sobre si es un mártir o fue una persona tremendamente imprudente. En seguida vendrían los regímenes autoritarios que prohíben y o persiguen a los cristianos.

Bien al final de la lista (según la modesta experiencia de este observador) estarían las personas que pecan en lo sexual, esto es, adúlteros, fornicarios y homosexuales. También, en sintonía con los tiempos actuales, a quienes adhieren a la ideología de género. Podrían hallarse aquí también los que promueven el aborto, el divorcio, la eutanasia y asuntos parecidos. Estas personas serían un poco más amadas por los cristianos si dejaran esas posturas. Entrarían en la categoría general de las personas no creyentes pero que se portan bien.

Parece haber una suerte de gradualidad en la forma y en la cantidad de amor que los creyentes otorgan al mundo. Como de más a menos. La cuestión es que en ciertos casos el amor se corta en alguna parte.

Así que otra vez: ¿a quiénes amamos?, ¿cómo los amamos? ¿los amamos en realidad?

Juan 3:16 no parece admitir una gradualidad como se lo explica Jesús a aquel importante creyente.

Desvaríos

Después de tanta palabra, después de tanta declaración, después de tanta intención lo más seguro es que no quede nada no más. Como el antiguo proverbio: estela en el mar, camino de serpiente en la roca, marca de hombre en la piel temblorosa.

Tanto decir, tanta pronunciación alterada, tanta marea que sube por los costados, nunca por los senderos de la costumbre y que no se registra en los anales de la oceanografía ni entra en los índices pluviométricos del sistema.

Un descubrimiento singular, un diseño inteligente, una tontera pasajera, una volada imprevista, un mensaje universal, una “biblioteca mental”, un poemita insulso, un cúmulo de huesos descalabrados, palabras al viento.

Todo ello mezclado con llamativos réclames de felicidad inmediata y garantías futuras, textos que salvan el día, anuncios de espectaculares y asombrosos acontecimientos.

Uno siembra al viento. Algunas semillas cayeron en un barrito providencial y florecieron amapolas. Pero el viento, el viento se llevó la mayor parte de ese pretendido corpus, de esa epopeya viviente; no quedará más que un nombre, una nostalgia, un mohín imperceptible, papeles amarillos, fotografías viejas, unas remeras grises usadas, una taza de té que se enfrió.

En 1818, dos meses antes de ser asesinado por los sicarios del régimen imperante, el guerrillero chileno Manuel Rodríguez lanzó un grito desesperado: “¡Aún tenemos patria, ciudadanos!”

Considerando las abrumadoras transformaciones sociales y del lenguaje que han tenido lugar con el paso del tiempo, el grito éste se siente un poco ingenuo y harto demodé, pero de algún modo registra la estúpida idea de que los sueños son inmortales, la extraña impresión de que hay algo que debe ser dicho antes de morir.

Así prosigue entonces, impenitente, la persistencia del loco, la manía del ingenuo, el afán del inconsciente, la penosa travesía hacia ninguna parte.

Téngase en cuenta que impenitente significa tanto persistencia en el error como obstinación en el pecado sin arrepentimiento, así que queda al arbitrio de la amable audiencia – o no tan amable – el tipo de estimación que pueda otorgar a estos desvaríos de fin de semana.

Colofón:

Este artículo se terminó de escribir una mañana de febrero, con 37 grados a la sombra y una importante disfunción estomacal que inhabilita toda posibilidad de mejor ánimo para decir cosas estimulantes y optimistas.

No te olvides de mi palabra

“Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán. Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos.” Proverbios 3:1,2,8.

Si hay algo que nos mantendrá firmes en la fe y con esperanzas en este mundo, es la palabra de Dios en nuestras vidas; porque las aflicciones y los problemas que cada uno enfrenta fácilmente pueden desanimarnos y hasta alejarnos de nuestro Creador.

¿Cuántas veces no hemos perdido las esperanzas o dejado de luchar por nuestra situación tan sólo por hacer caso a las circunstancias que nos rodean? O ¿En cuántas oportunidades hemos creído en lo que nuestros pensamientos dicen y no en lo que Dios nos dice por medio de su Palabra?

A veces nuestra ignorancia espiritual nos hace pensar que la Palabra de Dios no puede ayudarnos y que no necesitamos de las Escrituras. Por eso cuando tenemos un problema nuestra tendencia es desesperarnos y buscar ayuda en cualquier lugar, menos en Dios, cuando no debería de ser esa nuestra actitud.

La Biblia nos advierte y nos enseña que tendremos batallas espirituales. Pero también nos dice que estemos tranquilos, que si Dios está con nosotros nada ni nadie puede vencernos. Por cierto, el principal problema  del ser humano es espiritual y hasta que eso no sea solucionado por medio de la fe, no podremos disfrutar de las bendiciones de Dios ni tener victorias sobre los problemas que enfrentemos.

La Biblia no es un libro mágico o un talismán para ponerlo como adorno en la casa. La Biblia es la Palabra de Dios que sirve para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida; para corregirnos cuando estamos equivocados y enseñarnos a hacer lo correcto. ¡Es la misma palabra que Dios utilizó para crear los cielos y la tierra! Por lo tanto la palabra puede hacer cosas maravillosas que no imaginamos en nuestra vida.

En este día te animo a que experimentes el poder vivificador de la  Palabra de Dios. Comienza a leer, meditar en sus consejos y aplicarlo a tu vida. En un momento determinado verás los resultados de cómo el Señor va obrar en tu  vida.

“Mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.” 2 Timoteo 3:13-15. (NTV)

¡No dejes de meditar en la palabra de Dios!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

5 cosas que nunca debes enviar en un mensaje

Los mensajes de texto y aplicaciones de mensajería instantánea han hecho que nuestra comunicación sea más rápida, especialmente cuando estamos lejos de alguien. Sin embargo, la comunicación es en su mayoría no verbal, es decir, a través de expresiones corporales, gestos, etc.; y esto es algo que no podemos ver cuando enviamos un mensaje. Es allí cuando la ortografía y la gramática se vuelven importantes (para mayor información, leer el artículo: 4 reglas que debes aplicar cuando envías un mensaje) A pesar de todo esto, hay cosas que simplemente no debemos decir mediante un mensaje porque podría causar malentendidos y pleitos.

1. Declaraciones o rupturas amorosas

Declarar amor a alguien por mensaje puede resultar de manera negativa. La otra persona no puede ver los gestos ni la intención con que se dice cada palabra; por lo tanto, podría causar rechazo. Si tu meta es comunicar tus sentimientos con efectividad, es mucho mejor que lo hagas personalmente. Lo mismo funciona para cuando quiera terminar un romance. Para iniciar y terminar una relación con éxito debe haber comunicación fluida, esto implica ser capaces de identificar el tono de voz, ver los gestos, y cualquier otra señal de comunicación no verbal.

2. Noticias importantes

Cuando tengas noticias importantes qué compartir, es mejor que utilices otros medios que no sean los mensajes. No solo para que comuniques la noticia con eficiencia, sino para que compartas la alegría o tristeza con la otra persona.

3. Información personal

Compartir información personal por mensajes (contraseñas, números de tarjetas de crédito, fotografías personales, etc.) es un gran riesgo. Si se pierde el celular, si alguien más tiene acceso a ese dispositivo, o si esa persona envía tu información a otros sin tu permiso, podrías afrontar serios problemas en futuro.

4. Explicaciones o disculpas

Cuando necesites pedir disculpas o explicar algo, no lo hagas por mensaje. Será más sencillo si lo dices en persona, envías un audio, o  haces una llamada o videollamada. Si lo escribes, probablemente corres el riesgo de que sea largo, no se entienda, dé un mensaje equivocado, o confunda a la otra persona. Por lo tanto, te será más conveniente si utilizas otros medios de comunicación.

5. Chismes o secretos

Contar información verificada o no sobre alguien es una práctica que dice mucho de los valores y educación de uno mismo. Solo porque los mensajes den la aparente sensación de privacidad, significa que así sea; de hecho, si sale a la luz, podrías meterte en líos. Con una simple captura de pantalla, tus palabras quedarán guardadas y podrían ser difundidas y llegar a manos de la persona de quien hablaste. De igual forma, si le cuentas un secreto a alguien, personas ajenas podrían sin tu permiso. Si quieres contar un dato confidencial, es mejor que lo hagas personalmente.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

No es lo que parece

Para alcanzar a la próxima generación, tenemos que crear programación que reconozca que tenemos que aceptar el misterio de la vida, darnos cuenta que no siempre es justa y que no tenemos todas las respuestas. Esta inquietante pero certera declaración aparece en el libro “The Last TVEvangelist” (El último televangelista) de Phil Cooke. Phil ha enseñado en las Jornadas de Capacitación de CVCLAVOZ y he conocido su pensamiento sobre los medios cristianos de comunicación.

Hace más años de los que quisiera admitir he estado hablando y escribiendo sobre este aspecto de la realidad, advirtiendo a los comunicadores de estos medios que, a menos que entiendan que el mundo no es lo que parece a sus ojos, su mensaje será largamente ignorado por la gente a la que desean tocar e influir con su mensaje.

Hasta hoy todos los grandes proyectos de alcanzar el mundo nunca han logrado captar una audiencia que supere el 20% de la cultura y, en algunos casos dramáticos, mucho menos que eso. Debe admitirse por ejemplo que particularmente en el mundo occidental ese veinte por ciento alcanzado está compuesto en su gran mayoría por personas que ya practican la fe cristiana.

Hay diversas razones que dan cuenta de este exiguo logro; un estudio más en profundidad requeriría un espacio mucho mayor que éste. Pero la que se apunta en la cita de Phil Cooke es una de ellas. El mensaje típico de quienes desean persuadir a otros acerca de la fe cristiana no admite este misterio de la vida: para la mayoría de la gente la vida es injusta y así termina para ellos en este mundo. El mensaje cristiano siempre presupone todas las respuestas; asume el acento paternalista de quien lo sabe todo mejor y esa mirada simplista que resuelve la trama de canciones, mensajes hablados, películas y videos con un versículo o pensamiento final que envuelve en dulce todo y le quita realidad incluso a un buen argumento.

La vida es compleja y ajena. La verdad no es algo que la gente anda buscando como verdad; no se despierta a la mañana preguntándose qué debe hacer para ser salvo. Hay otras intrigantes y complejas cuestiones que ocupan su mente. Hay un amplio porcentaje de la población del mundo que, pese al dolor y al drama que rodea su existencia, no creen que un mensaje dulzón y bien empaquetado sea algo hacia donde orientar su ya complicada existencia.

Es hora de repensar el contenido y el modo de decir la verdad de las cosas.

Complicada salvación

“Usted cree que le puedo ayudar? le pregunta el psicólogo a su paciente, un importante banquero europeo que espera en arresto domiciliario los resultados de un juicio de gran impacto público en su contra. “¿Que si usted puede salvarme?”, responde el hombre. “Voy a revelarle una importante conclusión a la que llegué recientemente: nadie puede salvar a nadie. Por una razón muy simple: nadie quiere salvarse.” Es posible que este diálogo algo novelado para una película, haya ocurrido efectivamente. El banquero y el caso en su contra son reales y todo terminó con su importante carrera pública.

Que nadie quiera salvarse es una afirmación algo exagerada y por supuesto incorrecta políticamente por estos rumbos. Pero la mirada cruda y honesta con que el protagonista contempla el mundo del que es parte trasunta más verdad de la que estaríamos dispuestos a reconocerle. En alguna parte de la trama reflexiona sobre el idealismo con el que muchas personas inteligentes y promisorias comienzan su carrera y cómo éste se va desmoronando con el paso de los años. Las luchas internas de la institución, la ambición y las enormes debilidades del carácter humano van minando el optimismo con el que uno encara la vida cuando todavía no es confrontado con su lado oscuro.

Si uno ensaya esa mirada sobre las instituciones – políticas, sociales, económicas, culturales y religiosas – un poco más allá del discurso y se remite a la experiencia, no pocas veces toca pensar que los actos humanos parecen reflejar un absoluto desprecio por la salvación, no en el sentido que lo explica la religión sino en relación con el interés mayor de la sociedad. El daño que la gestión de sus dirigentes y miembros causan a la fe pública, a la confianza, a la seguridad y a la tierra lo tienta a uno a pensar que la comunidad humana misma no desea otra cosa que cometer suicidio.

El mundo es más complicado de lo que parece. En gran medida es sórdido y ajeno. Las fuerzas que luchan por su control y por su destrucción no tienen oídos ingenuos. Por lo mismo, el mensaje para tocarlo y estremecer su conciencia no puede ser simplista, azucarado, mágico. Debe entrar en la esfera del conflicto, penetrar su complejidad, comprender su lógica y construir puentes para la comprensión de una salvación que no se logrará con cuatro pasos y una plegaria “Repita conmigo…”

Una voz antigua

Más de alguna vez he escrito en este blog que cuando uno revisa sistemáticamente los escritos de los profetas del Antiguo Testamento constata que la mayor parte del contenido de su mensaje está dirigido al pueblo de Dios. Si bien en una gran medida Isaías, Jeremías, Daniel y más brevemente otros profetas se refirieron a los imperios y pueblos circundantes, el grueso de sus palabras se dirige a Israel.

Asimismo he afirmado también que es un error conceptual minimizar el significado y el alcance del Antiguo Testamento sobre la base de que Jesús inauguró una etapa nueva y que por lo tanto, como dicen los argentinos, lo pasado, pisado.

Esto no es así. Si uno le cree a san Pablo cuando dice que toda la escritura es inspirada por Dios y útil…, habría que preguntarse seriamente por qué tres cuartas partes de esa escritura es del Antiguo Testamento – aparte del hecho, increíble para algunos, de que las escrituras a las cuales Pablo se refería era … ¡el Antiguo Testamento! Esto nos tiene que decir algo. Permítanme expresar lo que a mí me dice.

Por una parte, que la mirada de Dios siempre está sobre su pueblo y la iglesia; por eso, muchas de las palabras de los profetas se aplican a su condición actual. Es decir que no sólo obtenemos perspectiva de las epístolas de Pablo, tan favoritas de la mayoría de los teólogos foráneos, sino también de los profetas antiguos.

Por otra, que es imperativo entender el mundo circundante desde una perspectiva bíblica como hizo buena parte de los profetas. Esta sigue siendo una grave deuda de los cristianos contemporáneos; no sólo desconocen el mundo que viven sino que no tienen ningún interés especial en entenderlo. Porque así de centrados están los creyentes en sus propios asuntos, su propio bienestar “espiritual” y la esperanza de irse lo antes posible a las mansiones celestiales cuando suene la final trompeta.

Si la gente cristiana quisiera entender qué es lo que nos pasa como pueblo de Dios y qué pasa con el mundo que nos rodea, me parece que debería ir un buen poco antes de Romanos, Corintios y Gálatas. Los viejos profetas tienen mucho que decirnos y sería hora de releerlos. O leerlos por primera vez.

Ponele.

¡No digas no puedo!

Mientras toda la nación de Israel se había pervertido y apartado de la voluntad de su creador, Él ya tenía a alguien en mente para una misión importante y aunque este personaje iba a ser rechazado por su pueblo, golpeado y aun encarcelado a causa de su fe, lo más estremecedor para él fue el mensaje que debía comunicar. Su corta edad y la falta de un carácter firme lo hicieron sentirse incapaz, pero Dios le dijo que desde el vientre de su madre ya lo había escogido para ser profeta y que no debía preocuparse por el efecto de su mensaje, sino que simplemente debía comunicarlo. Tal vez Jeremías estaba menospreciándose así mismo, poniendo sus propias barreras, pero Dios no pensaba de la misma forma, entonces le dijo:

«…No digas: “Soy muy joven”, porque vas a ir adondequiera que yo te envíe, y vas a decir todo lo que yo te ordene.  No le temas a nadie, que yo estoy contigo para librarte…».  Jeremías 1:7-8 (NVI).

Estas palabras que le sirvieron de ánimo y de consuelo al profeta, son válidas también para ti que estás en la obra de Dios. Puede ser que no tengas el carácter de Pablo o el de Pedro y al igual que Jeremías sientes no poder hacerlo por ser muy joven, pero quiero recordarte que no es cuestión de carácter, ni de edad, sino de disposición del corazón. Dios no escogió a Jeremías por la escasez de un profeta, Él ya lo tenía pensado desde el vientre de su madre y aun con la peculiaridad de su carácter tranquilo, fue elegido. David siendo el menor de sus hermanos fue escogido para ser Rey ¿Era importante su carácter explosivo o templado? No, simplemente Dios se agradó de su corazón.

No sé a qué te ha llamado Dios, pero no pienses que eres insuficiente para esa misión, no te menosprecies creyendo que es mucha responsabilidad para ti, no te limites por tu corta edad, ni quieras abandonar el reto por no tener facilidad de palabra porque Dios está dispuesto a poner sus palabras en tus labios para declarar libertad, sanidad, bendición, etc.;  y su presencia sobre tu vida, te convertirá en una amenaza para el reino de las tinieblas.

Así que no te resistas a asumir el desafío para el que fuiste escogido, porque Dios conoce tus fortalezas y tus debilidades. No digas: ¡no puedo!, esas palabras no deberían existir en tu vocabulario.

Quizás la tarea para la que has sido asignado te lleve por un camino lleno de sacrificios, pero esa no es razón para rendirse antes de comenzar, sino para confiar en Dios y creer que todo obstáculo será derribado en su nombre.

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Filipenses 4:13 (RVR).

Por Ruth Mamani.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué miras?

Maldito el hombre que confía en el hombre” sentenció en un mensaje de voz un auditor que seguía nuestra conversación en el programa de los jueves. Estábamos tratando algunos de los problemas que observamos en la vida y la práctica de la gestión institucional cristiana.

Esas palabras me hicieron acordar de mi papá, que se enojaba tanto cuando oía a algún predicador decir “No me mire a mí, mire al Señor. La idea de estos comentarios es que uno tiene que pasar por alto las inexactitudes, las malas prácticas y la desidia de los predicadores y líderes en nombre de una mirada supuestamente más alta. Suena noble y bonito pero eso no es otra cosa que elevar la tontería al grado de doctrina pura.

Lo que está mal, está mal y hay que corregirlo. No me preocupa tanto lo que tiene que ver con la conducta personal del individuo; eso puede solucionarse tratando el problema puntual en privado. Lo dañino es que si las cosas mal hechas a nivel corporativo no se corrigen, van a sufrir muchas personas que creen todo lo que se les dice. Y más grave aún, va a destruir la misión que se pretende que la iglesia desarrolle en el mundo.

Es como cuando a una mujer que reporta que su marido – líder en la iglesia – ejerce violencia o abuso en la familia se le dice que “espere en el Señor”. A eso me refiero con elevar la tontería al grado de doctrina. Honrar a Dios no es condonar la maldad; al contrario, hay que confrontarla.

De nuevo, las cuestiones de orden personal se deben tratan en forma personal y ya. Pero si las malas prácticas de un individuo afectan a la comunidad de los creyentes y a su tarea en el mundo, entonces hay que confrontarlas y resolverlas.

Tal vez valga la pena preguntarse por qué Jesús fue tan severo con los representantes de la religión institucional – particularmente los fariseos – y tan compasivo y paciente con pecadoras y pecadores. Pero muchas instituciones cristianas hacen al revés: son pacientes con los que dañan el sistema y radicalmente críticos con el mundo.

Ironias de mi reino…

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

La palabra en su laberinto

“En la mayoría de los casos de personas hablando con otras, la comunicación humana no puede ser reducida a información. El mensaje no solamente implica, sino que es una relación entre el que habla y el que escucha. El medio en el cual el mensaje es instalado es inmensamente complejo, infinitamente más que un código: es un idioma, una función de una sociedad, una cultura, en todo lo cual el lenguaje, el que habla y el que escucha están involucrados.”

(Ursula K. Le Guin, Hablar es escuchar)

En las últimas semanas me ha correspondido enviar varios correos electrónicos a una gran cantidad de personas. En un primer caso, más de la mitad de los correos fueron devueltos porque el remitente cerró su cuenta, está inactiva o inhabilitada. Esto, pese a que continuamente estamos recomendando a las personas que nos ayuden a mantener actualizados sus datos.

En otros casos la respuesta recibida contiene preguntas que están respondidas en el correo original. Deducimos de esto que o no han leído todo el documento o no lo han comprendido.

Digamos en descargo nuestro que los mensajes enviados están diseñados de una manera directa y clara; al menos eso nos parece después de haberlo sometido previamente a la revisión de uno o más de nuestros colegas.

Me intrigan dos cosas en esta experiencia: una es que casi todas las personas a las que dirigimos estos mensajes son comunicadores que operan un medio masivo cristiano. La otra es que como cristianos se espera que conozcan adecuada y ampliamente un documento escrito de unas 980 páginas que es el fundamento verbal de lo que creen: la Biblia.

En ambos casos, la palabra el instrumento crítico y fundamental de su trabajo. ¿No deberían, por lo mismo, tener un dominio mínimo de la palabra para comunicar en forma efectiva? Por otra parte, ¿no deberían tener, en tanto comunicadores públicos, un manejo suficiente del documento escrito que sirve de base a su fe – la Biblia – que contiene más de 770.000 palabras?

Como en todas los ámbitos de la vida, hay saludables y honrosas excepciones a esta cuestión. Pero como hemos dicho tantas veces aquí, tales excepciones confirman la veracidad del hecho.

“… El medio en el cual el mensaje es instalado es inmensamente complejo, infinitamente más que un código: es un idioma, una función de una sociedad, una cultura…”

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Cuál es el tema central

A la mayoría le puede resultar extraño, además de políticamente incorrecto, que se diga que es exagerado el énfasis de los entendidos cuando dicen que el mensaje central de la Biblia es la salvación del hombre. Este concepto está presente en la mayoría de los libros que se usan en las instituciones de enseñanza teológica.

He comentado en esta columna y en otros espacios que la marca del tiempo presente es la centralidad del problema humano. La política, la economía, la cultura, la ciencia, el arte, los medios de comunicación tienen como interés supremo el tema del bienestar y la felicidad humana. Todo como una gran selfie. Somos el centro de toda preocupación. Y quienes estudian la Biblia parecen haber sido atraídos por esta corriente fundamental.

La brevedad del espacio no permite mucha elaboración. Tal vez un ejemplo nos sirva de clave para entender el problema. Es un detalle pequeñito, ignorado por casi todas las personas, precisamente porque se considera natural que seamos el centro de las cosas.

Los editores de la Biblia han titulado como “Parábola del hijo pródigo” (Lucas 15:11-32) el pasaje del padre que entrega los bienes heredables al hijo menor y la historia que se desarrolla después. La sola lectura del título nos empuja a entender que el personaje central del relato el muchacho que después de malgastar su fortuna vuelve arrepentido al hogar.

Es curioso que la palabra “padre” aparece once veces en el pasaje y la palabra “hijo” solamente seis. Ese solo dato podría ayudarnos a pensar que hay alguien más importante ahí que el muchacho. Alguien que tiene paciencia, compasión, sensibilidad, humildad y sobre todo amor; es el que hace posible toda la belleza del cuadro. Tal vez convenga remarcarlo: la belleza del cuadro no está en el arrepentimiento del hijo. Está en el amor del padre.

Si pensamos que el tema central de la vida es alcanzar redención, descuidamos dos hechos muy significativos: uno, que nada de eso sería posible si no hay Uno que construye y que pone en marcha esa redención; dos, que la gran obra de ese Uno no es únicamente resolver el dilema humano del pecado personal y de la entrada en el cielo, sino “por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos…” (Colosenses 1:20)

Todas las cosas, no únicamente el problema de la redención personal.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Llega primero

A veces se pierden oportunidades grandiosas por descuido, podría ser: un empleo por llegar tarde a la entrevista, los mejores lugares en el cine porque  se adelantaron a nosotros,  perder el ingreso al partido de tu equipo favorito porque no comparaste las entradas con anticipación.

Es preciso comprender que así como nosotros anhelamos obtener oportunidades valiosas,  hay más gente que busca lo mismo y por lo tanto, perderemos muchísimo si nos descuidamos.

Este aspecto me recuerda a una historia:

Carla y Kathy eran amigas desde la infancia hasta que formaron sus hogares. Cuando Carla se enteró que Kathy se encontraba en serios conflictos, decidió presentarle a Jesús para que reciba consuelo y bendición, pero ella no quiso conocer a Dios.

Anteriormente Kathy había sido invitada a una secta, y por tanto, vivió una terrible experiencia: le hicieron bastantes prohibiciones y le pusieron reglas que no estaban en la Biblia,  le exigían más de lo ella tenía y cosas que el Señor jamás le hubiera pedido. Por esto fue que se decepcionó.

Carla conocía a su amiga desde la infancia, pero esperó demasiado tiempo para compartir la verdad y lamentablemente, alguien llegó primero.

Así nos lo ha mandado el Señor: Te he puesto por luz para las naciones,
a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra
.” Hechos 13:47 (NVI)

La vida de un cristiano no termina con conocer a Jesús y aceptarlo como su salvador, ese es sólo el principio. El Señor manda que seamos luz, con la finalidad de que muchos puedan salvarse, y es lamentable que las personas que conocemos y nos rodean hace mucho tiempo, aún no sepan que existe salvación.

Recuerda que alguien puede llegar antes que tú, el enemigo no duerme, él desea que las personas se pierdan, por lo tanto, hará todo lo posible para que reciban el mensaje equivocado.

No pierdas las oportunidades que el Señor te da para compartir su Palabra. Empieza a obedecer el mandato del Señor y presenta el mensaje de Jesús a las personas que te rodean.

¡No esperes demasiado tiempo!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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