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¿Amas a Dios?

Jesús dijo: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” Mateo 22:37 (NTV)

Qué fácil es decir “Amo a Dios” pero, ¿demostramos realmente que lo amamos? El Señor en su palabra nos dice: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. ” Juan 14:15,21 (RVR1960)

El verdadero amor a Dios se demuestra obedeciendo sus mandamientos y poniendo en práctica sus principios (1 Juan 5:3). Muchos podemos decir que amamos a Dios, pero si no estudiamos, meditamos y ponemos en práctica su palabra, entonces lo que decimos es mentira.

El que verdaderamente ama a Dios:

   – Guarda sus mandamientos. “Si me amáis guardad mis mandamientos.” Juan 14:15. La obediencia es el resultado y fruto de nuestro amor por Dios. Si el amor que tienes a Dios es verdadero entonces vivirás en obediencia a su palabra.

   – Ama a su hermano. “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” 1 Juan 4:7-8.  Nadie que ama y conoce a Dios puede albergar odio en su corazón y estar enojado con su hermano. Si has tenido una discusión con tu prójimo, necesitas pedir perdón o perdonar.

   – Odia el mal o pecado. “Los que amáis a Jehová, aborreced el mal; El guarda las almas de sus santos; De mano de los impíos los libra.” Salmo 97:10. La persona que ama a Dios no se relaciona con el pecado y rechaza el mal. Si tu prioridad es agradar al Señor, serás radical para alejarte de todo aquello que no agrada a Dios.

   – Soporta la tentación. “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.” Santiago 1:12 (RVR1960). Una persona que ama es fiel al amor de su vida. Si tu amor por Dios es leal te mantendrás firme y resistirás la tentación.

Estas actitudes son las que caracterizan a una persona que ama a Dios, ¿crees que aún te falta desarrollarlas? No te preocupes, es un proceso que no se logra de la noche a la mañana, pero que con la ayuda de la palabra de Dios y su Espíritu Santo lo lograrás.

Que a partir de hoy, amar a Dios y reflejar ese amor a través de nuestros actos sea nuestra prioridad.

“Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él. En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados. Queridos amigos, ya que Dios nos amó tanto, sin duda nosotros también debemos amarnos unos a otros. Nadie jamás ha visto a Dios; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor llega a la máxima expresión en nosotros.” 1 Juan 4:9-12 (NTV)

Oremos:

“Señor, guarda tu palabra en mi corazón y enséñame a ponerla por obra en cada asunto de mi vida. Quiero amarte como tú mereces y vivir para ti. Encomiendo mi vida en tus manos y estoy dispuesto a obedecerte, en el nombre de Jesús. Amén. “

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Huir, no es la mejor salida!

“Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida…” 1 Reyes 19:3 (RVR)

Es interesante pensar en los sorprendes milagros que Dios llevó a cabo por medio del profeta Elías. Hacer descender fuego del cielo en el Monte Carmelo y derrotar a 850 falsos profetas de manera espectacular no era para poco y aunque aparentemente todo estaba bien, algo sucedió cuando Elías fue amenazado de muerte por la reina Jezabel, porque desde ese momento el profeta entró en una depresión tan profunda que sólo pensaba en morir.

Tal vez hoy sientes que estás pasando por un periodo de sequía espiritual a pesar de ser un gran instrumento en las manos de Dios, sientes cómo el cansancio y el desaliento toman lugar en tu vida y solamente piensas en huir de la situación y abandonar el ministerio por las constantes amenazas que has recibido de satanás. O puede que estés tan ocupado animando a otros que, sin darte cuenta, tu propia vida parece venirse para abajo.

Todas estas crisis que ahora estás viviendo, las experimentó Elías en pleno servicio y ministerio. El profeta, al igual que nosotros, luchó con sus sentimientos, estaba decepcionado de la vida. ¡Quién lo creería! Un hombre como Elías que dependía plenamente de Dios pensaba en morir sin ver una sola salida a su situación.

Debemos entender que aunque seamos creyentes, tengamos ministerios y estemos haciendo la obra de Dios, las crisis siempre estarán presentes, pero de nosotros depende cuán profundas pueden ser sus raíces en nuestras vidas.

El profeta Elías logró superar todas esas crisis, porque Dios confrontó sus emociones y lo mandó a actuar. Él entendió que después de grandes victorias pueden venir las crisis, pero después de esas crisis vienen las más grandes victorias.

Tal vez en medio del conflicto has dicho: “No podré hacerlo, es demasiado difícil para mí. Nada me sale bien, siempre fracaso. Será mejor que me rinda porque parece que Dios no me escucha.” Si estos pensamientos han rondado por tu mente, Dios quiere confrontar tus emociones. No creas que  huyendo del problema las cosas van a solucionase o que  terminar con tu vida será la mejor salida. ¡No!

En lugar de pensar negativamente, piensa de manera más optimista, sabiendo que en ese proceso Dios no te abandonará y con su ayuda lo lograrás; porque todo lo puedes en Cristo que te fortalece. (Filipenses 4: 13).

Por Ruth Mamani.

 

 

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Filtro

Un filtro de agua permite purificar este líquido atrapando las partículas que pueden ser tóxicas o perjudiciales para la salud, algunos de estos elementos son arena, barro, óxido, polvo, hierro, altas cantidades de cloro y bacterias, entre otros.

Los primeros en crear filtros de agua fueron los romanos. Al consolidarse una gran civilización perteneciente al Imperio Romano,  debieron pensar en cuál era el mejor sistema para proporcionar agua potable a todos los ciudadanos; por tal motivo, construyeron un sistema de acueducto, para transportar el agua desde los montes Apeninos. A lo largo del recorrido, se instalaron filtros y estanques, obteniendo agua de buenas condiciones al llegar a la ciudad.

Hoy en día, alrededor nuestro,  existen muchas impurezas que pueden contaminar nuestra mente, como el contenido malicioso que circula con tanta facilidad en el internet y los medios de comunicación, pero también nosotros podemos tener pensamientos negativos de acuerdo a la circunstancia en la que estemos. Es por eso que cada uno debe filtrar lo que ingresa a nuestra mente y lo que se crea en ella.

Pablo, menciona lo que debe estar en nuestra mente: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” Filipenses 4:8 (RVR1960)

La manera de vivir algo, comienza en nuestra mente. Es lo que pensamos y admitimos lo que va a determinar lo que somos o lo que hacemos. Cuida a qué estás expuesto, vigila tu mente. Pensar en algo triste te mantendrá afligido todo el día, en cambio, si a pesar de las dificultades piensas en las promesas de Dios tendrás mucha esperanza y te ayudará a ver la solución con más claridad.

1 Tesalonicenses 5:21-23 también dice: “Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” (RVR1960)

¡Purifiquemos nuestra mente con la Palabra de Dios!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No descuides tu fe

No hace mucho recibí un correo en el que la persona decía que “había perdido la fe” y que su vida espiritual ya no era la misma. Se congregaba rara vez, oraba de vez en cuando y había dejado de leer la palabra de Dios. ¿Qué sucedió?

“Timoteo, hijo mío, te doy estas instrucciones, basadas en las palabras proféticas que se dijeron tiempo atrás acerca de ti. Espero que te ayuden a pelear bien en las batallas del Señor. Aférrate a tu fe en Cristo y mantén limpia tu conciencia. Pues algunas personas desobedecieron a propósito lo que les dictaba su conciencia y, como resultado, su fe naufragó. Himeneo y Alejandro son dos ejemplos. Yo los expulsé y se los entregué a Satanás, para que aprendieran a no blasfemar contra Dios. 1 Timoteo 1:18-20 (NTV)

En los pasajes que hemos leído encontramos a Pablo dándole instrucciones a Timoteo, en ellas menciona a Himeneo y Alejandro, dos personas que voluntariamente desobedecieron las instrucciones del Señor y distorsionaron su posición como hijos. Se habían desviado del camino, ya no tenían la misma relación con Dios que al principio y terminaron alejándose. A tal punto que blasfemaron contra Dios.

Y desafortunadamente ellos no son los únicos. Conozco personas que años atrás vivían en la fe, predicaban el mensaje de Cristo, servían al Señor con pasión, se congregaban constantemente y que hoy tristemente han dejado de hacerlo y se han olvidado de Dios.

Independientemente de cuál sea el motivo o la circunstancia por la cual una persona se aleja de Dios, tiene un problema inicial y es descuidar la fe. Ésta no es algo que se da por hecho una vez que recibas a Jesús en tu corazón y tampoco es algo que no puedes perder en el camino. Se debe alimentar por medio de la palabra de Dios para que eso no suceda. “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” Romanos 10:9-10.

Un claro ejemplo es cuando Pablo llegó al final de su vida y le dijo a Timoteo. “… yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” 2 Timoteo 4:6-9 (NTV)

“He guardado la fe” No hay duda de que la fe se debe alimentar, cuidar y guardar, mediante la comunión con el Señor (Orando y meditando en su Palabra). Y eso debe ser lo más importante para un hijo de Dios. Pablo, al final de su vida, no dice: “He sido un profesional exitoso, he dado mis diezmos en gran cantidad, he tenido casas y autos, he sido bueno con todos, etc.” Simplemente dice: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” Eso muestra que su principal prioridad era guardar las enseñanzas que había recibido de Jesús.

Con seguridad el apóstol Pablo iba a terminar mal y lejos de Dios si hubiese descuidado su relación con su Creador, pero decidió en su corazón obedecer todas sus instrucciones. ¿Cómo estás con relación a tu fe? Si te das cuenta que la incredulidad se ha apoderado de ti y los pensamientos de duda han invadido tu mente, has un alto en tu vida y examínate.

No descuides tu fe, porque  es lo único que te mantendrá en el camino.

Oremos:

“Dios amado, te doy gracias por todo lo que tú haces en mi vida, gracias porque lejos de juzgarme y echarme de tu presencia, me buscas para hacerme entender y mostrarme que aún puedo volver a ti. Perdóname por haberme  alejado de ti, reconozco que me dejé llevar por otras cosas y hoy me arrepiento. Quiero comenzar de nuevo con tu ayuda, dispongo totalmente mi corazón para que obres en mí, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Reenfócate y avanza!

“No importa cuántas veces caiga, siempre se levantará….” Proverbios 24:16 (TLA)

Las reiteradas equivocaciones pueden ocasionar que uno se desanime pensando que Dios ya no seguirá perdonando nuestros continuos errores. Sin embargo, es bueno recordar que el amor de Dios por nosotros no cambia y que en El hay perdón. Pero además de recibir su perdón es bueno que meditemos acerca de nuestros errores haciendo una profunda introspección con el propósito de corregir aquello que termina conduciéndonos al pecado. De tal manera podremos tomar nuevas fuerzas, reenfocarnos y superar toda circunstancia en su nombre. Hoy es el día para escribir un nuevo capítulo de tu historia que hable de las victorias que con Dios has podido alcanzar.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Tono menor

“En mi mente y mi corazón me siento y sigo siendo joven” dice una señora de cierta edad en una conversación informal con unos amigos. Comento que eso me parece muy bien siempre y cuando no se trate en esa suerte de negación social que impera en la cultura acerca de la vejez y de la presencia inocultable del deterioro del cuerpo. Después pensé que tal vez no era oportuno decir eso ahí mismo.
Me voy a mi casa y pienso en este asunto otra vez. Cuando cumplí sesenta años, el hecho me golpeó como ninguna otra transición de década en el pasado. Las inevitables evidencias del paso del tiempo están ahí, no las puedo ignorar. Por más jogging que haga, por más alimentación sana y ejercicios, el cuerpo es absolutamente honesto con el tiempo. No me sale vestirme con ropa deportiva y zapatillas air o lucir rozagante con ropa juvenil.
Sin duda que mi mente es más fuerte, más amplia, más educada. Los años han agregado algo de sabiduría pero también de conciencia de mis recurrentes carencias en las relaciones humanas, en la sensibilidad, en las costumbres, en los miedos. También se va haciendo más fácil pedir perdón o darme cuenta que le hago daño a veces a las personas y todavía busco maneras de aliviar esas aristas y esas debilidades.
Resisto con toda mi alma esa tendencia general a negar la vejez como una realidad. Suena lindo eso de los años dorados, de la mejor época de la vida, de que el tiempo es un estado mental. Pero el hecho es que efectivamente la vejez reduce los espacios y las posibilidades. Lo sabio parece ser aprender a gozar de las cosas que sí se pueden hacer todavía; sin embargo no hay que tener mucha inteligencia para entender que no se puede vivir con la misma intensidad de hace treinta años atrás.
Calidad en vez de cantidad también suena lindo, pero tiene un resabio de resignación parecido a aquel que contaba Benedetti en “La tregua”: cuando respondes a la pregunta de cuántos años tienes la gente te suele decir, “Pero usted es joven todavía”. Ese “todavía” suena como una sentencia.
La sabiduría, la paz, ese ablandamiento del carácter son, sin duda, algunas bendiciones de los años. Pero el cuerpo no es el mismo.
Qué quiere que le diga…

Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Derribando Fortalezas

La Gran Muralla China o Chángchéng (“larga fortaleza”), fue edificada en la Dinastía Qin, 200 años antes de Cristo, con el fin de protegerse de los ataques de los habitantes de la actual Mongolia. El emperador Qin Shi Huangdi, unificó el Imperio en el año 221 antes de Cristo y unió los trechos de muralla construidos previamente. Durante los siguientes mil años que duró la reconstrucción, la muralla llegó a tener 7300 km de longitud, con aproximadamente 6 metros de ancho y 8 metros  de altura; características que  la convertían en un  gran lugar de vigilancia.

Con la construcción de esta gran fortaleza no era fácil que el enemigo atravesara para derrotar al imperio Chino.

De una forma similar, en medio de todo conflicto, somos nosotros quienes creamos fortalezas en lugar de fortalecernos en el Señor.

¿Qué es una fortaleza? Es una estructura pensante que tenemos dentro de la mente que se convierte en una creencia.

Cuántas veces pensaste que tu vida no tiene sentido y dijiste: ¿Para qué seguir? Tal vez son incontables las oportunidades que de tus labios salieron estas palabras: “no puedo hacerlo”, aun sabiendo que tenías la habilidad y las herramientas necesarias para ejecutar aquello. No hay duda que estas son fortalezas que necesitan ser derribadas.

La mente es un campo de batalla, por ello, estamos en una guerra espiritual donde debemos pelear con armas espirituales.

“Pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas.  Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo” 2Corintios 10:3-5 (NVI)

El apóstol Pablo en esos versículos está instruyendo a la iglesia de Corinto sobre cómo batallar y “derribar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios” Lo cual no se hace mediante las armas del mundo, sino por el “poder divino” y los recursos que Dios pone a disposición de sus hijos, esto es la armadura de Dios. (Efesios 6:10-18)

Si en verdad quieres ser libre de toda fortaleza, debes aprovechar los recursos de Dios y fortalecerte en el Señor y en el poder de su fuerza, porque mientras nos enfocamos en ello, podemos ver que Dios nos da la victoria.

Ninguna fortaleza del mal puede resistir a los cristianos que oran y que se visten de la armadura de Dios, luchando con Su Palabra y llenos de su Espíritu Santo.

Por Ruth Mamani.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Tienes que crecer

El famoso parque nacional de Yellowstone fue creado por el congreso de los Estados Unidos el 1 de marzo de 1872. Tiene una superficie total de 8.983,17 Km2 haciéndolo el más grande de esa nación y también es considerado el más antiguo del mundo.

Está ubicado en un área montañosa de temperaturas bajas durante casi todo el año, haciendo de ese lugar un sitio agradable para el hábitat de lobos, bisontes y especialmente osos.

El parque recibe alrededor de 160.000 turistas por año, tiene 3.700 personas encargadas de atender a los viajeros y del mantenimiento de toda el área forestal. Existen varios lugares que fueron habilitados exclusivamente para acampar, también hay cabañas, se hacen caminatas de grupo, exploraciones y todo tipo de actividades para proveer una experiencia única.

Sin embargo, a cada viajero se les hace una petición al ingreso del parque: “No le dé de comer a los osos.” Esta recomendación se la puede ver en un cartel grande en la recepción, en cada cabaña, a lo largo de los recorridos y también el mismo guía la hace en forma verbal.

Una vez, en una entrevista, un periodista le preguntó al director principal del parque por qué no se podía dar de comer a los osos. Este le contestó que además de los bisontes, lobos o cualquier otro, esos animalito suelen acostumbrarse a recibir la comida que las personas les dan e instintivamente se quedan parados junto al camino esperando que pase algún grupo de visitantes lanzando algo a sus garras. El problema comienza en la temporada baja de turistas. Los osos no desarrollan su capacidad de buscar alimento en forma natural y terminan muriendo de hambre. Cientos son recogidos cada año y aunque nosotros insistimos que no se les dé de comer, la gente simplemente decide ignorar esta petición.

El problema que atraviesa el parque Yellowstone con los osos es el mismo que tienen muchas las personas hoy en día, pero en un sentido más intelectual. Existe demasiada información comprimida, resúmenes, videos de 1 minuto y hasta publicaciones en redes sociales intentando explicar en pocas palabras un gran concepto. Todo esto ha provocado que ya no se busque información completa y fidedigna, sino que haya conformidad con una perspectiva demasiado amplia y muchas veces errónea de la verdad.

Lo peor es que este mal ha ingresado a la iglesia. La información que nos provee la Biblia sobre los mandamientos de Dios, su voluntad con la humanidad, la idea de la creación y los eventos venideros, no se puede sintetizar en dos versículos. Aspectos de la vida del hombre como el matrimonio, el ministerio, la vida social, la salvación, etc. fueron desarrollados por varios hombres a lo largo de muchos años, e intentar encontrar un atajo para comprender todo esto en un resumen corto es una forma de búsqueda equivocada.

Lucas 2:52 dice: “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.” Versión Reina-Valera 1960       

Este pasaje ubica a Jesús cuando tenía 12 años, pero el siguiente versículo (Lucas 3:1) habla del inicio de su ministerio, cuando tenía 33 años. Esto quiere decir que Él pasó 21 años haciendo tres cosas: Creciendo en estatura, en sabiduría y en gracia con Dios y con los hombres.

¿El Hijo de Dios necesitaba crecer? Si Él necesitaba hacerlo, cuánto más lo necesitaremos nosotros como pecadores arrepentidos.

No te conformes con información escaza y resumida, no seas como los osos esperando que alguien más te lance algo preparado, más bien sigue el ejemplo de Jesús quien no subestimó ser igual a Dios, sino que buscó crecer.

 

 

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¿Qué frase te representaría mejor?

Una ilustración cuenta que en una charla a jóvenes de un seminario se les planteó lo siguiente:

“Supongan que Dios pusiera en sus manos un diamante y les pidiera escribir en él una frase que tendría que ser leída en el último día, la cual revelará sus pensamientos y sentimientos en tan solmene ocasión, ¡Con qué cuidado escogerían esa frase!. Es lo  que Dios ha hecho: ha puesto ante ustedes, mentes inmortales, más imperecederas que el diamante, en las cuales tienen que escribir día tras día y hora tras hora, sus impresiones, y ejemplos, y ello será testimonio en favor o en contra de ustedes el día del juicio”

Todos los días tenemos la oportunidad de escribir en una nueva página en blanco de nuestras vidas, constantemente estamos tomando decisiones y todas ellas influyen en cómo será nuestra vida, en qué legado dejaremos y a quiénes impactaremos positiva o negativamente.

“Así que tengan cuidado de cómo viven. No vivan como necios sino como sabios. Saquen el mayor provecho de cada oportunidad en estos días malos. No actúen sin pensar, más bien procuren entender lo que el Señor quiere que hagan.” Efesios 5:15-17 (NTV)

Busquemos aprovechar cada día de nuestras vidas, que no haya un sólo día que consideremos perdido, sino que cada noche al ir a descansar podamos estar tranquilos, confiando en que dimos lo mejor de nosotros  y que Dios recompensará nuestro esfuerzo.

Recuerda que Dios nos ha confiado algo mucho más valioso que un diamante: nuestras vidas, y depende de cada uno de nosotros cuidarlas y darles el valor que realmente tienen. Nuestro cuerpo físico es temporal y pasajero pero la vida  no termina con la muerte.

¿Qué dirán de ti en tu funeral? ¿Cómo te recordará la gente? ¿Cambiaste alguna vida con tu ejemplo? ¿Qué dirá la frase que te representará mejor?

 

 

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Absolutamente

“La verdad empírica no se puede conocer con certidumbre absoluta”
Karl Popper

“Las ideologías que reclaman estar en posesión de la verdad absoluta realizan una afirmación falsa; por consiguiente, puede imponerse a la sociedad únicamente por la fuerza. Todas las ideologías de este tipo conducen a la represión.”
George Soros

Es posible que la persona cristiana que gusta referirse a las verdades absolutas de Dios se moleste por el tono de estos dos filósofos “mundanos”. Hemos de hacerle ver con serenidad – y firmeza – que estas palabras fueron anticipadas miles de años en la Biblia por una persona que tenía bastantes razones para decirlas:

“He aquí, estas cosas son sólo los bordes de sus caminos.¡Y cuán leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo conocerá?”
Job 26:14

Estas afirmaciones, dos de ellas de filósofos contemporáneos y la tercera de un hombre que mereció el elogio de Dios por su conducta intachable, son una convocatoria a la humildad y a la disposición al diálogo.
He escrito aquí antes que cuando alguien declara conocer la verdad absoluta, se equivoca absolutamente. Algo absoluto – esto es, completo, definitivo – sólo puede ser conocido y expresado por un ser y una mente absoluta – esto es, completa y definitiva. La única persona que conozco que puede hacer esto es Dios. Desde ahí para abajo todos compartimos la finitud, la limitación que emana de nuestra humanidad.
Cuando me preguntan por qué siempre ofrezco esta mirada crítica al establishment institucional cristiano, respondo siempre lo mismo y que está admirablemente descrito por Soros: el reclamo de la verdad absoluta siempre conduce a una forma de represión. Toda persona que cuestione aquella verdad, que haga preguntas, que señale las inconsistencias que se presentan sobre dicha verdad es reprimida. De ser posible, neutralizada.
Las instituciones cristianas han demostrado a través de la historia su intolerancia hacia quienes discrepan o hallan espacios de crítica a un sistema doctrinal que se define a sí mismo como absoluto.
Por eso afirmo que las citas presentadas son una invitación a la humildad y el diálogo. Hay cosas que no podemos saber con completa certeza. Hay cosas que Dios no nos ha dicho y que sin embargo son verdad. Hay episodios en la Biblia donde una verdad es alterada por la misma voluntad de Dios o de sus siervos.
¿No es esto un llamado a la humildad?
(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Informe de coyuntura Nº 20

El alma no tiene sosiego de vivir ni consuelo de sentir. Todos los temblores de la piel y del cuerpo no tienen vocero designado por defecto. Hay tumulto de idas y vueltas, un desparramo de angustias y un borbollón de ansias que no tienen canal oficial. Se hace insufrible hasta el más mínimo respiro.
El cuerpo que se va enemistando día a día de la mente y que retrocede naturalmente hasta su última estación. El dolor de los achaques recurrentes de los cuales uno no tenía memoria antes de los cincuenta años. El ritual de levantarse de a poquito, convocando despacio la estructura de los huesos para coordinar la vertical y esperar que pase el agite de los latidos.
La pregunta recurrente para saberse querido o desechado, para entender si todavía por este rumbo vamos bien o estamos derrapando miserablemente. El círculo de los afectos que se achica y reduce consistentemente los compromisos de la noche y del fin de semana. El frío que se instala entre la piel y el esqueleto. Ensayar el cotidiano oficio de mantener distancia de cualquier desborde del sentimiento y la emoción.
La creciente decepción del sistema social. La ciudad poluta, los ruidos, los policías que te cobran por darte protección, la verdura que vale tres pesos en la chacra y que se vende a treinta en la góndola, los pitutos, los curros, los testaferros, los papeles de Panamá, los asesinos de mujeres, los perros abandonados, los homeless hopeless, la gente que pregunta leseras a los gurús mientras el mundo se desangra en las calles, la pelea por trepar en la escalera del éxito “cristiano”, el camello que no pasa por el ojo de la aguja, la ubicua obscenidad de la violencia, el odio y la mentira.
Los libros que te salvan cada noche con su universo paralelo, con su silencio prudente, con su olor de papel y fantasía. Las películas que te hacen pensar y las otras que anestesian por un rato el rigor de la conciencia. Alguna foto que evoca la esperanza que había en la vida antes y que se enfermó de desconsuelo.
Por último y no por eso menos importante, la discreta bendición del río, el helecho, la reverberación del sol a la tarde, la neblina en la cima de las montañas, la profusión de los árboles, las nubes y el viento, el aire, el agua transparente.

(Este artículo ha sido escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Oportunidad

Tantas cosas han pasado. Tanta vida. Tanto vuelo. Tanto viaje hacia lo desconocido. Descubrimientos y exploraciones. Constataciones inevitables y lecciones desagradables. La refriega por existir con cierta legitimidad. La búsqueda incansable de una verdad más humana. Los amores asumidos y su desaparición en el mundo de Nunca Jamás. La costra de los juicios previos y la pedagogía del terror. La huida y el silencio correspondiente.
A medida que sucede la vida se van cerrando las opciones y los recursos se van haciendo escasos. Van quedando menos oportunidades y se pone uno como esos gatos viejos que ahorran energía evitando movimientos innecesarios. En esa curiosa proporción inversa que es la existencia el entendimiento crece a medida que las fuerzas disminuyen. La evidencia de la precariedad del cuerpo es más fuerte que los deseos – la mayor parte del tiempo al menos.
A veces, a causa de un giro inesperado en el orden predecible de las cosas, se abre una puerta. Una oportunidad se presenta, la posibilidad de vivir una aventura extraordinaria que afortunadamente no requiere muchos créditos. No es frecuente pero sucede y cuando pasa se ilumina todo. Las viejas habilidades reviven. La mente se hace veloz y encuentra los recursos precisos en sus viejos almacenes; el esqueleto recuerda agilidades pasadas y se renueva en el movimiento exigido.
Regresan la risa perdida, las ocurrencias de pasillo y el gusto por el viaje. La pasión ha adquirido cierta sensibilidad, así que profundiza en lo importante y no se desgasta en la variedad. A diferencia de los años mozos se comprende el valor de la oportunidad por lo que en esos días irse a la cama temprano no es una lata sino una táctica inteligente.
Entonces, por algún tiempo, se relega al patio trasero esa vieja costumbre de la mirada plomiza y la conciencia de la levedad de la vida. Una brisa grata desplaza el encierro de las habitaciones y a veces incluso se sorprende uno tarareando una canción simpática en tono mayor.
Se ha presentado una oportunidad. ¿La aprovecharemos…?

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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