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Pon tu mirada en Jesús 1

Pon tu mirada en Jesús

“Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona. Jesús soportó la cruz, sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría; y se sentó a la derecha del trono de Dios.” Hebreos 12:2 (DHH)

¿Cuántas veces hemos sido engañados por hacer caso a nuestros ojos? Muchas veces nos dejamos llevar por lo que vemos y creemos que nuestro matrimonio llegó a su fin, que nuestro hijo(a) que tiene problemas de adicción no tienen solución, que nunca podremos encontrar un trabajo para mantener a la familia, que nuestro negocio es un fracaso, que la enfermedad acabará con nuestra vida y por más que oremos no vemos que  hay esperanza.

Sí seguimos viendo el problema y las circunstancias, nunca podremos ver el poder de Dios obrando en nuestra situación o necesidad. La Biblia nos dice que pongamos nuestra mirada en Jesús y caminemos por fe, creyendo en Dios y su poder.

El enemigo es astuto y siempre trata de engañarnos y desanimarnos a través de lo que ven nuestros ojos. Los problemas personales, familiares y laborales pueden parecer no tener una solución. Los diagnósticos médicos pueden ser devastadores. Pero si dirigimos nuestra mirada a Dios y tenemos fe en Él, podremos ver su gloria.

Pon tu vida en sus manos de Dios y camina por fe, así entenderás que no estás solo (a) y que tu situación tiene un propósito glorioso.

Cada vez que te desanimes o pierdas las esperanzas, levanta tus ojos al cielo, fija tu mirada en Jesús y no dejes que nada te haga dudar de Su poder.

“Pero benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza.” Jeremías 17:7 (NTV)

 

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¡Nuestras actitudes afectan nuestras relaciones! 2

¡Nuestras actitudes afectan nuestras relaciones!

¿Alguna vez has experimentado el mal genio de una persona? Quizá todos en algún momento. La verdad es que nunca pude entender, el porqué de la actitud de aquella vendedora que pareciera odiar atender a sus clientes ¿Será que tuvo un mal día?
O aquel médico que pareciera no interesarle tu bienestar físico, a pesar de ser un gran profesional ¿Qué le faltó?
Puede uno tener bastante conocimiento en lo que hace, gozar de la mejor infraestructura y quizá ofrecer un sinfín de comodidades a sus clientes, pero si una buena actitud no acompaña a sus obras, todo lo bueno que ha sido construido y aún el esfuerzo invertido es en vano, porque una mala actitud puede dañarlo todo.
¿Cómo está tu relación con los demás?
La palabra del Señor es clara al decirnos, que nos soportemos los unos a los otros ¿Cuán difícil es esto verdad? Pero estoy segura que Él estaba consciente de las situaciones a las que deberíamos enfrentarnos, es más, nos conoce tan bien que puso personas en nuestro entorno para ayudarnos a crecer con tan sólo relacionarnos con ellas.
Si revisamos 1 Corintios 13 tenemos el ejemplo de lo más sobresaliente que como hijos de Dios deberíamos practicar. En resumen nos dice que podemos tenerlo todo pero si no tenemos amor somos como un metal que hace ruido y lastima el oído de otros.
Quizá has sido víctima inocente del mal trato de una persona, o tal vez eres el resultado de tus propias acciones, pero sea cual sea la situación, puedes dar el primer paso para demostrar el amor que tú has recibido de parte de Dios. La actitud de los demás no tiene porqué determinar la tuya.
Observa lo que dice 1 Corintios 13:11-12 (TLA)
“Alguna vez fui niño. Y mi modo de hablar, mi modo de entender las cosas, y mi manera de pensar eran los de un niño. Pero ahora soy una persona adulta, y todo eso lo he dejado atrás. Ahora conocemos a Dios de manera no muy clara, como cuando vemos nuestra imagen reflejada en un espejo a oscuras. Pero, cuando todo sea perfecto, veremos a Dios cara a cara. Ahora lo conozco de manera imperfecta; pero cuando todo sea perfecto, podré conocerlo como él me conoce a mí.”
Cuando somos niños espirituales, podemos tener grandes tropiezos en la vida y con personas que aparentemente no nos aprecian, pero que nos enseñan a crecer cada día; ya de adulto uno puede darse cuenta de lo importante que es guardar una buena relación con nuestro prójimo, el cual podría ser de gran ayuda para llevar más personas a los pies de Cristo.
No importan las palabras, la mirada o la actitud que recibiste de los demás, lo que de verdad interesa es la actitud que tu tomas frente a ellos.
Si no tengo amor, de nada me sirve hablar todos los idiomas del mundo, y hasta el idioma de los ángeles. Si no tengo amor, soy como un pedazo de metal ruidoso; ¡soy como una campana desafinada! 1 Corintios 13:1 (TLA)

Por Ruth Mamani

 

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Protege tus ojos 3

Protege tus ojos

“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”  1 Juan 2:16. (RVR1960)

Eva vio que el árbol era hermoso y su fruto delicioso. Así que tomó del fruto y lo comió (Génesis 3:4-7). Dios estaba dispuesto salvar a toda la familia de Lot, pero su esposa miró hacia atrás desobedeciendo el mandato y quedó convertida en una estatua de sal (Génesis 19:17,26). David, mientras miraba hacia la ciudad, vio a una mujer hermosa que estaba bañándose y mandó a traerla para acostarse con ella (2 Samuel 11). La esposa de Potifar puso sus ojos en José y no dejó de acosarlo. (Génesis 39:7).

Cada una de estas personas nos enseña que mirar algo que está prohibido trae grandes problemas, consecuencias y sufrimientos en la vida de uno mismo y su entorno familiar.

En realidad, todo lo que dejamos que entre por nuestros ojos tiene un impacto enorme en nuestra mente y nuestro corazón, ya sea para bien o para mal. “Tu ojo es una lámpara que da luz a tu cuerpo. Cuando tu ojo es bueno, todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es malo, todo tu cuerpo está lleno de oscuridad…” Mateo 6: 22-23 (NTV)

La Biblia nos habla de lo importante que es cuidar nuestros ojos porque si nos permitimos ver cosas que no nos edifican, nuestro cuerpo estará lleno de tinieblas y entonces nuestras decisiones y acciones serán equivocadas.

Mi pregunta es: ¿Qué haces cuando tienes en frente algo que no te edifica? ¿Aún ves cosas que sólo alimentan tus deseos carnales? ¿Te has preguntado por qué a veces no puedes dejar de pensar en lo malo? La respuesta es sencilla, tu actitud y comportamiento son el resultado de todo lo que permites entrar a tu vida. “si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo está lleno de luz; pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo está lleno de oscuridad…”

La palabra de Dios nos aconseja que debemos alimentar el espíritu y no la carne para estar en victoria (Gálatas 5:16. Mateo 4:4. 1 Pedro 2:2). Cuando alimentas la carne por medio de tus ojos, te conviertes en una persona indefensa espiritualmente y eres presa fácil para creer en las mentiras de satanás. Lo prohibido pasará a ser algo agradable y terminarás envolviéndote en el pecado que puede marcar tu vida para siempre.

Si estás consciente de las cosas que no te ayudan en tu vida espiritual y sólo estorban tu relación con Dios, toma una decisión y aparta tu mirada de ello. Más bien, vístete con la presencia del Señor Jesucristo y mantén tu mirada en Él.

“No pondré delante de mis ojos cosa injusta…” Salmo 101:3 (RVR1960)

Oremos:

“Padre que estás en los cielos, me acerco a tu presencia con un corazón contrito y humillado, arrepentido de haber pecado contra ti. Reconozco que he visto cosas que no me edifican y que sólo han traído problemas a mi vida. Hoy decido hacer lo bueno delante de tus ojos y cumplir tus enseñanzas escritas en tu palabra. Quiero ser una persona temerosa y que dé testimonio de tu amor con mi actitud. En el nombre de Jesús. Amén”

 

 

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La mirada en lo eterno 4

La mirada en lo eterno

“Porque nosotros no nos preocupamos por lo que nos pasa en esta vida, que pronto acabará. Al contrario, nos preocupamos por lo que nos pasará en la vida que tendremos en el cielo. Ahora no sabemos cómo será esa vida. Lo que sí sabemos es que será eterna.” 2 Corintios 4:18 (TLA)

El comentarista John Trapp , relató sobre Basil (un escritor Cristiano de antaño que) “Nos cuenta como los mártires fueron lanzados en la noche de invierno, a punto de ser quemados por los gentiles, al día siguiente, se consolaban uno a otros con estas palabras:…El frío es duro, pero el paraíso es dulce; la senda de vivir por Cristo es difícil, pero el fin de nuestra jornada será placentero; aguantemos el frío un poquito, y ya pronto en el seno de Abraham nos calentará; que se nos queme el pie un rato en las llamas paganas, para que bailemos después con los ángeles; que caiga nuestra mano al fuego pagano, para agarrar la vida eterna

Así como estos mártires, y otros también, el Apóstol Pablo pasó por flagelos, abandono, sufrimiento, dificultades, prisión, y finalmente fue decapitado por Nerón, pero jamás claudicó de su fe, su mirada no estaba en las circunstancias buenas o malas que pasaba sino que apuntaba hacia lo que le esperaba en lo invisible, en lo que Dios ha prometido a sus fieles.

“…Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” Colosenses 3:1-2 (LBLA)

Quizá por los muchos afanes o preocupaciones fuimos desviando nuestra atención de lo eterno hacia lo que es temporal, olvidando o teniendo en poco lo que realmente importa en la vida.

Así que dediquemos nuestros días a hacer lo que a Dios le agrada, en las cosas que nos llevarán a gozar en el cielo junto a Él, donde no habrá más sufrimiento ni lágrimas, allí está el gran tesoro que debemos anhelar.

¡Que hoy y siempre tu mirada esté en lo eterno!

 

 

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¿Por qué dudaste? 5

¿Por qué dudaste?

Era una noche oscura y había una gran tormenta en el mar con olas de posiblemente 2 a 3 metros de alto y para colmo los discípulos habían remado por mucho tiempo y ya estaban cansados; en ese momento, posiblemente la barca era lo más seguro que tenían, y al ver a Jesús sobre el agua quedaron aterrados.

―Señor, si eres tú —respondió Pedro—, mándame que vaya a ti sobre el agua. ―Ven —dijo Jesús. Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. 30 Pero, al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: ¡Señor, sálvame! En seguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Cuando subieron a la barca, se calmó el viento. Mateo 14:28-32 (NVI)

Pedro jamás había imaginado que algún día llegaría a caminar sobre el agua. Jesús pudo haberlo preparado en muchas cosas pero nada se igualaría a esto.

¿A quién no le gustaría experimentar, qué se siente caminar sobre el agua? Tal vez a la gran mayoría. Aquí podemos ver la valentía de Pedro cuando Jesús le contesta: “Ven”. Podemos imaginarnos el asombro de las otras personas en el barco, “Ése es Pedro, es increíble”, “¡no lo puedo creer!”, “¡Vamos Pedro, tú puedes!”.

Era un momento increíble, Pedro estaba caminando en el mar, sintió cómo el agua salpicaba sus pies, su mirada sólo estaba en Jesús quien lo llamaba por su nombre, era una experiencia única, pero en el instante que se dio cuenta lo que estaba aconteciendo, no creyó poder lograrlo y se empezó a hundir.

Luego de rescatarlo, Jesús le reprochó: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”

¿Por qué dudas? ¿Hay algo que está debilitando tu fe?  Ya no mires más las circunstancias ni te dejes llevar por la magnitud de olas que quieran hundirte, sin importar  la situación en la que te encuentres pon tu mirada en Jesús y que tu confianza descanse en Él, sólo así estarás seguro a pesar de las tormentas que puedan golpear tu vida.

Por Ruth Mamani

 

 

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¡Mira arriba! 6

¡Mira arriba!

Cuenta una historia que, mientras visitaba a una vecina, una madre permitió que su hijo de seis años saliese a jugar a la calle. Después de un momento fue a ver lo que hacía el niño. Allí cerca se hallaba un pintor que trabajaba sobre elevados andamios y, aterrada, observó la señora que su hijo se había subido hasta el último peldaño de la escalera.

  • ¡Bájate, Enrique! – gritó desaforadamente y su voz alarmó al niño, quien rápidamente miró hacia abajo, lleno de terror.

El pintor, dándose cuenta de lo que acontecía, con voz  reposada calmó a la madre exclamando:

  • El pequeño está bien, yo me hago cargo de él.

Al niño le dijo:

  • Escúchame amiguito: mira hacia arriba y sube hasta donde estoy.

El niño levantó los ojos,  sonrió, y llegó sano y salvo con el pintor, quien tomándolo en brazos descendió con él cuidadosamente y lo entregó a la madre atribulada.

A todos nos pasa que cuando estamos en una situación complicada tendemos a mirar abajo, a las circunstancias, nuestros defectos y las todas las cosas adversas que nos rodean, cuando en realidad deberíamos levantar la vista y fijar la mirada en Dios.

Siempre que se va escalar o trabajar en altura, una de las  recomendaciones que se da es la de no mirar hacia abajo, esto porque el vértigo, que es una sensación ficticia  por una alteración en el oído o el sistema nervioso central, hace que sintamos que las cosas alrededor nuestro se están moviendo o, inclusive, podemos sentir que somos nosotros los que estamos dando vueltas o flotando; este desequilibrio puede hacer que caigamos si no cambiamos nuestra mirada.

Esa misma sensación experimentamos cuando estamos con problemas y nos sentimos agobiados, por eso mismo mirar hacia arriba siempre será lo mejor, el cambio de dirección de nuestra mirada nos mantendrá a salvo.

“Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra. No permitirá que tu pie resbale; jamás duerme el que te cuida”.  Salmos 121: 2,3 (NVI)

Dios no permitirá que nos lastimemos, sino que nos tomará entre sus brazos con amor y nos conducirá a un lugar seguro. ¡Mantén fija tu mirada en Dios, Él cuida de ti!

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Corre Forrest, corre 7

Corre Forrest, corre

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.” Hebreos 12: 1-3.

¿Quién no recuerda al tierno personaje interpretado por Tom Hanks?, quien pese a tener un leve retraso mental y motriz, tenía una asombrosa capacidad para correr muy rápido lo cual sirvió para abrirle muchas puertas en la vida.

La carrera de la vida no es fácil y la palabra carrera quizás exprese de manera exacta el modo de vida actual de muchas familias. Todo se hace a las apuradas, hay cada vez menos tiempo para compartir y encima la tecnología parece contribuir al aislamiento. Es muy común hoy en día ver a cada miembro de la familia concentrado en su teléfono más que en la conversación o interacción con los demás.

Para correr mejor y más libres, debemos despojarnos de todo el peso que significa el pecado, esto se refiere a todo lo que sabemos que nos separa de Dios. La paga del pecado es muerte y cuando desobedecemos la voluntad de Dios todo esto se transforma en un peso que llevamos en nuestra propia vida.

También son una carga, las heridas no sanadas, la falta de perdón, la amargura del corazón, los enojos, pero también todo lo que tiene que ver con el pasado. Así como no se puede correr de manera eficiente si uno está permanentemente mirando para atrás, tampoco se puede ganar una carrera cuando llevamos una carga tan pesada.

El pasaje citado nos dice donde debe estar nuestra mirada: “puestos los ojos en Jesús” en su victoria en la cruz para no decaer ni desmayar. Esto mismo me recuerda a Pedro caminando sobre el agua pero solo podía hacerlo mientras su mirada se mantenía en Jesús, cuando puso su atención en el viento y lo embravecido del mar, automáticamente comenzó a hundirse.

Por eso y ante tantas presiones, la Palabra nos dice que la vida es una carrera para ser corrida con paciencia. Cuando pienso en esto, recuerdo a los maratonistas que comienzan la carrera despreocupados por los que van delante o por quienes pretenden pasarlos. Íntimamente saben que la carrera es larga y no es de los más rápidos la victoria, sino de aquellos que resisten o espiritualmente hablando, de los que permanecen.

Y hablando de permanecer la Biblia nos dice: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. Juan 15:5-7

¿Qué significa permanecer en nuestra vida cotidiana? Leer la Palabra de Dios, orar, servirle, obedecerle, escuchar su voz y confiar en El, especialmente cuando las circunstancias de la vida parecen ir en una dirección contraria a la deseada.

La manera de llegar a la meta es permanecer ligado a Él, corriendo con paciencia y con la mirada puesta en Jesús el autor y consumador de la fe. Si te sientes cansado, desanimado, a punto de abandonar, levanta tu mirada a Jesús, permanece en Él, no abandones, todavía Él quiere darte nuevas fuerzas para que pronto puedas cruzar la meta como un verdadero vencedor en Cristo.

Por Daniel Zangaro

 

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Con la mirada hacia arriba 8

Con la mirada hacia arriba

En cierta ocasión un predicador hablaba a un grupo de granjeros y les decía: “Algunos hombres son como ciertos animalitos, que no pueden mirar arriba a menos que estén tumbados de espaldas. Afanados por las cosas de aquí abajo, no encuentran tiempo más que para sembrar, trabajar, etc. Hasta que el Señor, en su misericordia, los tumba de espaldas: alguna enfermedad, un desastre, aflicción, etc. Entonces se dan cuenta de que “arriba” hay algo de mucho más valor que todas aquellas cosas que con tanto afán buscaron por el suelo”.

Las ocupaciones de esta vida y sus afanes pueden llegar a mantenernos con la mirada fija en las cosas terrenales, en lo pasajero, en lo urgente pero no en lo que realmente es importante. Entonces, cuando hemos perdido la perspectiva, Dios decide en su misericordia ponernos un alto y, de repente  por alguna circunstancia, nos encontramos de espaldas con la mirada hacia arriba.

“Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten”.  Mateo 6:33 (NTV)

Si bien es cierto que debemos trabajar y esforzarnos para salir adelante, lo más importante es mirar hacia arriba, tener puestos los ojos en Dios y en aquellas cosas que alimentan nuestro espíritu, que nos hacen crecer más y acercarnos más a nuestro  Creador.

“No se preocupen tanto por las cosas que se echan a perder, tal como la comida. Pongan su energía en buscar la vida eterna que puede darles el Hijo del Hombre…” Juan 6:27 (NTV)

Si estás enfrentando problemas  recuerda que Dios te ama tanto que desea recordarte que debes levantar tu mirada, Él tiene grandes cosas para ti pero necesita que  mires hacia arriba. ¡Confía en Dios!

 

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La mirada del Padre 9

La mirada del Padre

“Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.” (1 Pedro 3:12).

En una oportunidad estaba en un centro comercial junto a mi hija que tenía solo dos años en aquel momento. Ese lugar tenía un barco muy grande que los niños utilizaban para explorar y jugar por lo cual allí fue mi hija quien en poco tiempo comenzó a trepar saltar y correr incansablemente. En un momento ella paró de jugar, me buscaba con la mirada pero no me veía, sin embargo yo estaba allí y nunca la había perdido de vista.  Rápidamente y antes que se angustie le grité: “Aquí estoy”. Al verme inmediatamente sonrió y recobró su sensación de seguridad y sin perder más tiempo, continuó jugando.

Este simple hecho cotidiano me enseñó algo que considero muy importante en mi relación con Dios. Esto es reconocer que la mirada del Padre está siempre sobre mí. Hay momentos en que parece que Dios se hubiera alejado o que no está prestándonos atención, especialmente cuando no vemos una respuesta a nuestras oraciones o bien cuando habiendo presentado alguna situación delante de Él, las cosas parecen complicarse más en lugar de solucionarse.

En dichos casos podríamos preguntarnos: ¿Dónde está Dios en esta situación?, ¿Qué pasa, es que no me ve o no me oye? ¿Estará distraído o se habrá alejado? ¿Estará enojado conmigo y por eso no responde? Son todas preguntas razonables y perfectamente entendibles, sin embargo la Biblia nos enseña que los ojos del Señor están sobre los justos y además Él está atento a nuestras oraciones.

Alguien podría decir, yo no me considero justo, pero es importante comprender que no se trata de nuestra propia justicia, sino que solo a través de Jesús quien pagó el precio de nuestro rescate con su muerte en la cruz y el derramamiento de su sangre es que podemos ser justificados por su gracia y por lo tanto presentarnos como justos delante del Padre. En el mismo sentido leemos en los salmos: “La mirada del Padre nunca se aparta. Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a su clamor.” (Salmos 34:15).

La mirada del Padre nos transmite protección, seguridad y cuidado, pero esto sucede solo cuando tenemos buena relación con Él. Por el contrario el hijo que sabe que hizo algo incorrecto, o que tiene cosas que ocultar, para él la mirada del Padre representará una amenaza, se sentirá expuesto y tratará de ponerse a la defensiva.

La mirada del Padre además nos aporta valor como hijos de Dios ya que Él está pendiente de nosotros y de cada uno de los hechos de nuestra vida, por lo cual, podemos sentirnos importantes, amados y valiosos para Él.

Quiero animarte en este día a que consideres esta verdad bíblica, que los ojos de Dios están sobre ti para cuidarte, protegerte, animarte y darte la seguridad que el mundo no puede ofrecer. Esto significa que Dios todo lo ve, Él está en pleno conocimiento y al detalle de todo lo que te sucede. Nada escapa de su control, por lo cual Tú puedes descansar y confiadamente esperar en Él. Pero para esto, sólo hará falta que tu mirada se encuentre con la del Señor, de tal manera recibirás, seguridad, protección, valor y esa paz que sobrepasa todo entendimiento.  Por Daniel Zangaro

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¿Buscas a tu padre para abrazarlo o para pedirle? 10

¿Buscas a tu padre para abrazarlo o para pedirle?

“Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado?

Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?

Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.” Daniel 3:14-18

El rey Nabucodonosor levantó una estatua inmensa de oro para que todos se postren y la adoren, así fue, a excepción de tres jóvenes leales a Dios. El rey les dio una última advertencia y lo que me parece realmente impresionante es su respuesta: “Nuestro Dios puede librarnos y si no, igual no la adoraremos”.

¿Cuántas veces ponemos nuestra mirada en ser libres de un problema pero nos olvidamos del Señor? Ellos no pensaron en sus propias vidas o en el riesgo al que se exponían, aunque Dios no los librara igual no le fallarían.

¿Tu mirada está en el Señor o sólo en recibir sus bendiciones? Muchas personas recurren a brujos o adivinos porque quieren solucionar lo antes posible sus problemas, sabiendo que eso no le agrada a Dios y que terminarán pero de lo que estaban. ¿Cuántos dejan de seguir a Cristo cuando se les presenta algún inconveniente? O al contrario, se alejan de Cristo después de recibir lo que necesitaban.

Estos jóvenes vieron el poder y la protección de Dios porque lo amaban antes que a ellos mismos. ¿Cómo te encuentras tú? ¿Tu enfoque está en Él o en lo que necesitas recibir? Si tienes dificultades te animo a dejar de hacer las cosas a tu manera y buscar a Dios, ponte de rodillas y pídele que te ayude a conocerlo, amarlo y servirle antes de pedir una bendición.

¡Busca a Dios y te sorprenderás!

 

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Tus ojos no mienten

Cuando tú hablas con una persona y la ves a los ojos, puedes percibir si está alegre, triste o preocupada. Lo mismo sucede al conversar con un niño, porque cuando está mintiendo, se esconde y no quiere hablar o agacha su cabecita y evita mirar de frente. Su actitud y sus ojos lo delatan.

Los ojos son el reflejo de tu carácter. Así que, tu bondad o maldad se refleja en tu mirada. Mateo 6:22 (TLA)

Si nuestros ojos están limpios podemos ver claramente lo que está delante nuestro pero si están sucios o irritados, vemos borroso y no somos capaces de distinguir bien las cosas. Al ser una de las zonas más sensibles de nuestro cuerpo requiere mayor cuidado para evitar que algo externo pueda dañarlos.

Como hijos de Dios somos llamados a mantener nuestra mirada en Jesús, no en las cosas de este mundo porque al hacerlo perdemos la óptica de las cosas divinas y nos volvemos incapaces de distinguir la voz de nuestro Padre Celestial; dejamos de obedecerlo y permitimos que nuestro corazón y mente se llenen de sentimientos y pensamientos malos que terminan apartándonos de Él.

¿Qué estás permitiendo que entre a tu vida a través de tus ojos? ¿Los estás cuidando o estás viendo cosas que te están haciendo pecar? ¡Ya no lo hagas! Si hoy tus ojos están sucios o enfocados en una dirección equivocada, pídele a Dios que los limpie y los direccione nuevamente a Él. Tú, comprométete a cuidarlos, porque al igual que tu mente y corazón son una de las áreas más sensibles de tu vida y el enemigo las usa para que cedas a la tentación.

No permitas que nada se interponga entre Dios y tú. Esfuérzate por irradiar luz y paz donde Él te lleve.

 

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La imagen rota 11

La imagen rota

El espejo devuelve algunas novedades. Refleja la mirada inquisitiva que busca señales del tiempo no porque se tengan ganas; sólo porque es necesario estar al tanto de la lenta artesanía de su ministerio. Pasan los años y se va rompiendo la imagen.

Cuando éramos alucinantemente jóvenes, uno de los miembros de nuestro grupo solía repetir esta máxima en inglés: “Youth and beauty go together” (Juventud y belleza van juntas). No sé de dónde habría sacado esas palabras pero eran el grito de guerra de nuestra edad: éramos hermosos porque éramos jóvenes. Digo hermosos en el sentido que el adjetivo tiene para alguien que se va aproximando a la vejez; es decir, que todo lo que sea cuarenta o cincuenta años más joven es hermoso sólo por el simple hecho de ser joven.

Esa pequeña manchita en la lengua; una marquita oscura en la comisura de los labios; el dolor que suele aparecer en la mañana en la parte superior de la espalda; las mandíbulas apretadas en la noche; la sutil pérdida del sueño. Sólo por mencionar algo. El inventario general es más severo.

La imagen rota. El retrato de Dorian Gray a la inversa: nos vemos bien en las viejas fotografías. La imagen presente deviene mueca triste. Su mayor enemigo: la selfie, ese engendro que evidencia todo.

Habré escrito seguramente aquí antes acerca de la paradoja de la vida real: lo de afuera se marchita sin ambages; lo de adentro se hace fuerte. Es como si el retrato de Dorian Gray funcionara de otra manera: se va haciendo hermoso adentro y afuera va plasmando su deterioro de piel, su sequedad de huesos, la sangre cansada.

Me viene de tanto en tanto como un vértigo cuando pienso que una vez tuve dieciséis años o veinte o treinta y tres. Parece como si no hubiera sido yo sino un otro afortunado, que tuvo la vida en sus manos y tomó de ella lo que pudo, lo que quiso, lo que supo. Me viene entonces como una bronca al pensar que ese ser era yo, no otro y que hubo tanto que no quise, no pude o no supe.

Hay días que siento una fuerza avasalladora y quiero escribir tanta cosa que siento y que pienso, aunque no más sea para una audiencia pequeña, porque otro mundo es posible.

Otros días, como hoy, me vence el almanaque y no puedo esquivar el hecho que el horizonte ya no está tan lejos.

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