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Buena noticia

La palabra evangelio proviene de una voz griega que significa “buen mensaje” o “buen anuncio”. Es un frase compuesta de dos ideas: mensaje y bueno; no es un sustantivo; es una frase compuesta de un sustantivo y un adjetivo.

¿A qué viene este mínima disquisición?

La tradición ha convertido la palabra evangelio en un sustantivo. Presentar el evangelio, anunciar el evangelio. Y en un verbo: evangelizar. Si se fijan  bien sugiere la idea que la esencia del contenido está en la palabra: el evangelio es lo que se le hace a la gente.

Entonces se ha diseñado un complejo entramado de conceptos para que la gente responda al evangelio. Es decir, el mensaje se convirtió en el activo, y se alejó de ser lo que venía a decir.

Pensemos por un momento en la buena noticia. ¿Cuál es esa noticia? La noticia es que Dios ama al mundo y no quiere que nadie pierda ese amor. Dios ama a toda la gente. Y los que le aman a El se supone que lo que deben hacer es amar a toda la gente.

La buena noticia es Dios, es su amor a todos los seres humanos. Cuando uno lo piensa así, en realidad el mensajero es Dios, no nosotros. El es la misión, si profundizamos el pensamiento. Nosotros podemos acompañarlo o no. Pero el activo es El, no nosotros ni nuestro mensaje.

Por supuesto que atrae la idea de ser evangelizadores. Otorga un lustre de conquistadores, de salvadores del mundo. A las personalidades fuertes y logradoras esto les encanta. Pero no sé si esto refleja el carácter del Dios al que alude la buena noticia

Tal vez alguien de la audiencia puede pensar que esto es hilar demasiado fino. Al final la cuestión es predicar el evangelio.

Pero al avanzar un poco en la reflexión, vemos que lo que deberíamos hacer es imitar a Dios: amar a la gente, servirla, ayudarla en sus necesidades y angustias. Tal vez nos sirvan aquí las palabras del profeta bíblico:

“… Me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados. (Isaías 61:1-3)

Me parece que éste es el evangelio: decir lo que hace Dios, y hacerlo nosotros.

 

 

Recuerda quién eres

En una ocasión una amiga me contó que tuvo dificultades al subirse a una movilidad; el conductor la había tratado mal, por lo que ella procedió a responderle agresivamente. Me dijo que ese día estaba alterada por una situación y no pudo contener la molestia que le causó el chófer.


Al día siguiente uno de sus amigos se acercó a ella para contarle que presenció toda la discusión, pero no quiso involucrarse porque consideró que se trataba de algo pequeño. A pesar que su amigo no tomó negativamente está reacción, sino que simplemente le causó gracia, ella estaba muy avergonzada.


“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.” Efesios 2:10


Ella reconoció que no había dado buen testimonio al responder torpemente al conductor, de hecho, no era necesario hacer mucho escándalo, pero se dejó llevar por sus emociones.


Muchas veces olvidamos quiénes somos y damos lugar a lo que sentimos. Hoy quiero recordarte que eres hijo de Dios, “hechura suya”, creado con un propósito y una misión, la misma que implica seguir los pasos de Cristo, aunque muchas veces cueste dar la otra mejilla.


En esta oportunidad te animo a cuidar de ti mismo, y cuando enfrentes una situación que te cause tensión puedas actuar como un hijo del Señor y no al calor de tus emociones.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Apoyar a las misiones?

“Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe.” Gálatas 6:10 (NVI).

El Señor no se cansa de hacer el bien y de ayudarnos en nuestras necesidades, Él espera que nosotros hagamos lo mismo por los demás y en especial para ayudar a los misioneros quienes llevan el evangelio, que forman líderes y levantan iglesias con el fin de que muchas personas conozcan a Dios y reciban la salvación.

Ten presente que Dios nos recompensará el amor y la ayuda desinteresada que brindamos a los misioneros que llevan Su palabra. Por tanto, no nos cansemos de ayudar, aprovechando cada oportunidad que tengamos para colaborar económicamente para sus necesidades y para que continúen llevando el amor de Dios a miles de personas.

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

En el mundo

(Escribí esto hace seis años y es asombroso lo actual que sigue siendo. Si lo leyeron alguna vez, les invito a repensarlo. Si no lo conocían, hablemos…)

No estábamos ahí cuando los tiranos se apoderaron de las almas y las transaron al mejor postor. No estábamos ahí cuando la codicia del dominador devoró las riquezas naturales del mundo. No estábamos ahí cuando los profetas solitarios morían de sobredosis, ahogados en su vómito. No estábamos ahí cuando las trasnacionales contaminaron las aguas y las gaviotas murieron ahogadas en el petróleo de los buques cisterna. No estábamos ahí cuando las niñas fueron vendidas por quinientos dólares para proveer a los consumidores del turismo sexual. No estábamos ahí cuando se escribieron las crónicas del despojo, la violencia y la opresión. En fin, no estábamos ahí cuando se escribía la verdadera historia, la de todos los días, la que no sale en los diarios…

Nosotros estábamos en nuestros santuarios considerando las futuras delicias de un cielo embaldosado de oro y joyas. Estábamos analizando las interpretaciones de la profecía de los ancianos tutelares que escribieron de dragones voladores, copas y documentos lacrados. Investigábamos diligentemente cómo era que sanaba el alma de los mínimos dolores que habíamos experimentado cuando éramos niños y cómo era que nos librábamos de las tentaciones de la televisión e internet. Estábamos juntando dinero para equipos de sonido de última generación y vitrales multicolores para nuestras inmensas catedrales. Estábamos salvando el mundo con encendidos discursos y melodiosas canciones, a más que prudente distancia de los verdaderos hechos de la historia.

Porque lo nuestro no era el mundo. No era nuestra misión ocuparnos de las cuestiones palpitantes del mundo, porque alguna vez leímos, y nos pareció genial, que nosotros no éramos del mundo. Nosotros éramos ciudadanos de algún reino lejano, con emotivas historias acerca de triunfos venideros y juicios definitivos.

Nunca se nos ocurrió pensar – o nunca nos dejaron pensar – que “no ser del mundo” no quería decir “no ser en el mundo”. Ser en el mundo era hacerse carne en la cotidianidad, meterse en la profundidad del dolor y la miseria, estuviera ésta en las esferas del poder o en las profundidades de la pobreza. Era, ni más ni menos, recordar esas palabras del apóstol Juan que nadie parece recordar (1 Juan 4:17): “…pues como él es, así somos nosotros en este mundo”. Carne, sangre, compromiso, participación en el curso de los acontecimientos humanos. Porque, a fin de cuentas, ésos son los acontecimientos que nos competen si vamos a representar aquí la inmensa gesta de la redención.

Claridad

En un mundo inundado de información irrelevante, la claridad es poder

(Yuval Noah Harari, 21 Lecciones para el Siglo XXI)

Cuando estaba en la universidad el concepto predominante era Información es Poder. Quien poseía información relevante, fueran gobiernos, servicios de inteligencia, medios de comunicación o grupos económicos, podían controlar importantes segmentos de la vida de un país.

Harari, conocido por sus libros Sapiens y Homo Deus, comienza un nuevo volumen con esta potente declaración. La información ya no está reservada sólo a los que detentan el poder; ha traspasado fronteras y ha inundado aparatos y sistemas mundialmente. Hoy el problema no es falta de información, es su exceso. Demás está decir que la mayor parte de esa información no es relevante, es sólo masiva.

Presenté la nota anterior, Evangelio Sencillo, para intentar explicar que la sencillez, con todo lo noble que puede ser en ciertas esferas, es insuficiente para comprender el entorno en que vivimos e influir en él con alguna ventaja. Esto es especialmente importante para los creyentes, que sostienen que su misión central es alcanzar el mundo.

Es verdad, la gente es idéntica a sí misma desde que apareció en la faz de la tierra. Las cuestiones fundamentales que la definen son comunes a todas las razas. Sin embargo, los problemas que la afectan y que la consumen son completamente nuevos. El riesgo del desempleo frente a la automatización, las fallas recurrentes del proyecto liberal, el terrorismo, la crisis ecológica, las noticias falsas e internet han dado forma a un universo difícil de comprender.

Claridad, dice Harari, es la clave. Y ése es el desafío de quienes no sólo desean saber cómo enfrentar el mundo que se nos ha venido encima sino más: cómo influir en él, si es eso posible. Es como aquella parábola de Jesús: saber separar la cizaña del trigo. ¿Quién nos dirá qué es lo realmente importante y hacia dónde dirigirnos? ¿Quién va a aclararnos nuestra posición y nuestra misión?

Alguien respondió así a estas y otras preguntas que formulé: “A mí me vas a encontrar orando a los pies de la cruz”. Es una bella, yo diría poética, frase. Cualquiera que comparte la fe de Cristo se siente conmovido. Piensa algo como, “¡Aprende, Benjamín!”

Sin embargo, hay que decir que se necesitan líderes que comprendan el mundo que vivimos, aporten claridad para saber qué es lo esencial y qué no, y nos propongan acciones efectivas.

Y orar, claro…

¡Rompe el molde!

¿Alguna vez te has puesto a pensar por qué razón muchas personas cercanas a ti han tenido más éxito que tú en la vida? o ¿Por qué otros se han quedado estancados en el mismo lugar que han empezado?

Quizá la diferencia entre aquellos que se han superado y los que viven estancados es que los primeros han desarrollado más sus dones, se han esforzado y han roto los moldes de la comodidad para probar lo desconocido sin importar los resultados que podrían tener.

¿En cuál de estas posiciones estás?

Si te cuesta avanzar, ya sea por tus temores o algún tipo de limitación física, esfuérzate al máximo para emprender lo que Dios de antemano te ha dado. Aunque los demás no crean en ti, aunque tu familia piense que no lo lograrás; debes saber que Dios sí cree en ti y esa es razón suficiente para sentirte capaz de llevar a cabo tus sueños y aún el ministerio que recibiste de parte de Él.

Hace poco vi un vídeo donde una pareja interpretaba una obra de baile teatralizado, quedé impresionada no sólo por el talento que había  en ellos sino porque más allá de sus limitaciones físicas no dejaron de luchar por lo que realmente amaban. El varón no tenía un pie, pero bailaba como si no lo necesitara, la mujer no tenía un brazo, pero su coordinación de manos con su pareja era como si realmente lo tuviera. Si dos personas con ciertas “limitaciones físicas” pudieron alcanzar sus sueños ¿por qué no lo haríamos tú y yo?

¿Te has puesto a pensar el recorrido que has tenido en estos últimos años? ¿Te sientes tan satisfecho con todo lo que has alcanzado que hasta podrías decir: misión cumplida? o ¿Quizá te sientes frustrado porque te cuesta avanzar?

Hoy es el día de levantarte y dejar a un lado todo aquello que te ha detenido para alcanzar tus sueños y aun de emprender el ministerio que Dios te dio. Al igual que al pueblo de Israel, Él de te dice:

Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Isaías 54:2 (RVR1960)

¿Hasta cuándo vas a esperar para empezar a predicar, a cantar, a tocar algún instrumento, a emprender un nuevo negocio, etc.?

Así como dice la frase: “El que quiere puede”

No te afanes por lo que va a suceder o por lo que dirán los demás, o si fracasarás. Mientras tengas el respaldo de Dios en tu vida y en lo que realizas todo estará bajo control, su presencia es más que suficiente para avanzar.

¡No tengas miedo! Rompe el molde del temor y de la comodidad que sólo provocan tu estancamiento.

“Por la mañana hazme saber de tu gran amor, porque en ti he puesto mi confianza. Señálame el camino que debo seguir, porque a ti elevo mi alma. Hazme oír por la mañana tu misericordia, Porque en ti he confiado; Hazme saber el camino por donde ande, Porque a ti he elevado mi alma.” Salmos 143:8 (NVI)

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Discurso y realidad

Cuento con ustedes, ¿verdad, señoras? – preguntó al final.

Las campesinas la miraron asombradas: la palabra era sagrada. Una tras otra, empezaron desfilar; tendían a la señora de Montmort una mano enrojecida, agrietada por el frío del invierno, por el trabajo con los animales, por la lejía, y en cada ocasión la vizcondesa tenía que hacer un esfuerzo para estrechar aquella mano, cuyo contacto le resultaba físicamente desagradable. Pero dominada ese sentimiento contrario a la caridad cristiana… 

Al fin, el aula quedó vacía… La vizcondesa lanzó un suspiro no de cansancio sino de desánimo. ¡Qué vulgar y desagradable era la humanidad! Cuánto costaba hacer brotar un destello de amor en aquella tristes almas…

¡Puaj! – dijo en voz alta.

Pero acto seguido ofreció a Dios los esfuerzos y sinsabores de ese día, como le había recomendado su director espiritual

(Suite Francesa, Irene Némirovsky)

Esta cita, extensa para la brevedad de este espacio, invita a algunos comentarios. Desnuda la caridad “cristiana” de utilería, la misericordia forzada para ajustarse a la doctrina de la institución y agregar algunos méritos en el cuaderno de Dios a la hora de los juicios finales. Descubre los corazones porque las caras lo ocultan y por más que se entregue una taza de café y un pan con queso a la gente de la calle en el invierno sólo el escrutinio de Dios permitirá ver la razón que hay en la trastienda. Sí, habrá obras que son amores; pero las más de las veces habrá ocultas razones, argucias del alma para escamotear la denuncia del egoísmo.

Se queda uno con la pregunta si no es mejor evitar hacer actos de erogación movidos por  un deseo de transar con Dios y encararse no más con lo pobre que llega a ser nuestro fuero interno.

Más de alguno ha visto ministros cristianos lavarse meticulosamente las manos con un gesto de desagrado después de haber saludado con amable sonrisa a la “hermandad” que hace fila para despedirse después del culto. He vivido la realidad de los ministerios que exigen tiempo extra de trabajo a sus empleados invocando el superior llamado de la misión cristiana, pero cuando el personal pide o exige algo entonces los jefes se remiten a la “legislación laboral vigente”.

Frustrantes discrepancias entre el discurso “cristiano” y el verdadero sentimiento del corazón…

¿El Rey o el reino?

El dinero y la fama motivan a la gente a cometer grandes locuras. Hoy en día podemos ver cómo la codicia toma lugar en la vida de muchos que, por tener seguridad financiera mienten, roban y hasta son capaces de sacrificar su propia reputación ¿Conoces a alguien con esas características?

Es posible que muchas de las jóvenes participantes  del concurso de belleza más importante de la época antigua hayan sido motivadas por la posición que ellas ocuparían en el reino, por las comodidades que gozarían y por el lugar donde vivirían, el cual se podría comparar con un palacio sacado de un cuento de hadas. La Biblia describe de una forma detallada los jardines que rodeaban el palacio.

“En el tercer año de su reinado, Asuero organizó una gran fiesta para todos los funcionarios y líderes del país. También invitó a los jefes de los ejércitos de Persia y Media, y a las autoridades y gobernadores de las provincias. Durante seis meses el rey les estuvo mostrando las riquezas que poseía y les hizo ver cuán grande y poderoso era su reino. Después ordenó que se preparara otra fiesta para todos los que vivían en Susa, desde el más importante hasta el menos importante. La fiesta se realizó en los jardines del palacio y duró siete días. Entre las columnas de mármol se colgaron cortinas de hilo blanco y azul, sujetadas con cuerdas de color púrpura y argollas de plata. Pusieron muebles de oro y plata, y un piso de mármol blanco y negro, con incrustaciones de piedras preciosas. Se sirvió una gran cantidad de vino, pues el rey era muy generoso. Las copas en las que se sirvió el vino eran de oro, y cada una con un diseño original.  Sin embargo, el rey ordenó a los sirvientes que no obligaran a nadie a beber, sino que cada persona bebiera lo que quisiera.” Ester 1:3-8 (TLA).

Al ser todos invitados al gran Banquete del rey tuvieron la oportunidad de contemplar el palacio. Pero el objetivo de Ester no se relacionaba con la comodidad, con la abundancia y mucho menos con el poder, ella estaba ahí con una gran misión.

¿Cuál es tu motivación cuando buscas a Dios? ¿Lo haces para darle gloria o sólo por interés? ¿Buscas al Rey de reyes porque lo amas o sólo lo haces por sus bendiciones?

¿Qué estás buscando? ¿Al Rey o su reino?

Dios quiere usar tu vida y llenarte de bendiciones, pero tienes que acudir a Él  desinteresadamente y con humildad para poder escucharlo. Si necesitas tomarte un tiempo  para conocerlo, hazlo y verás que su presencia en tu vida saciará todas tus necesidades.

“Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo? «Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino los pensamientos, para darle a cada uno según sus acciones y según el fruto de sus obras.” Jeremías 17:9-10  (NVI)

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cansancio

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

(Mateo 11:28)

Hubo un tiempo en que anotaba en un cuaderno todos los vuelos que abordaba durante mi trabajo en la misión internacional. No recuerdo cuándo dejé de hacerlo; debo haber perdido la cuenta o entendido que no tenía mucho objeto tal recolección de datos. Tenía unos doce años cuando abordé mi primer viaje solo en un tren con locomotora a carbón y desde entonces no paré.

He estado en muchos lugares y he hecho muchas cosas. Hay algunas cuya mención no es relevante o no aporta nada al objeto de este espacio. De algunas de ellas prefiero no acordarme. Pero muchas otras dan cuenta de incontables horas de gestión, de trasnoches, de organización, de enseñanza, de aprendizaje académico, de lectura, en fin.

Se suele aplicar el verso del epígrafe a la actividad evangelística, para atraer al redil a personas con la vida complicada. A mí me parece más bien un reparo, un refugio para quienes han exigido de más su mente y su cuerpo a causa de los trajines del “ministerio”. Se trata de un cansancio no relacionado con la capacidad física – aunque tiene que ver. Es más bien el agotamiento de ver que las cosas no cambian para mejor. O de entender que el discurso es más bonito que la realidad. O de constatar vez tras vez que en todas partes se cuecen habas y que la calavera definitivamente es ñata. Nada nuevo bajo el sol.

La magia, el encanto, la seducción del mensaje se diluyen en el caldero de la decepción. Somos confrontados con el desencuentro entre lo que decimos y lo que hacemos. La vitalidad de las imágenes y de las esperanzas mueren en el páramo de la decepción. Nos vamos agotando de aquello que siempre es lo mismo, de la liturgia estéril, de la superficialidad de los lugares comunes. Hostiga el discurso empalagoso de la vida abundante.

Sin duda lo que desgasta más es que ni siquiera en los tiempos de descanso – una corta vacación, un fin de semana largo, un retiro – se recupera uno de esa moledura del alma. No se apaga el ruido de los pensamientos ni el latiguillo de la conciencia. No viene en nuestro rescate el sueño reparador. Necesitamos un descanso que venga de otra parte. De Aquel que promete hacernos descansar de un modo que ninguna terapia puede otorgar.

Invocamos ardientemente ese descanso.

¿Nacimiento o sufrimiento?

En la sala de partos de un hospital, se puede escuchar los gritos de dolor cuando una mujer está dando a luz. Pero es interesante saber que la  mayoría de las madres minimizan ese sufrimiento cuando tienen en brazos al ser que tanto esperaban ¡Se convierte en un deseo hecho realidad!

Así mismo, existe otro tipo de nacimiento que a pesar del dolor, causa bastante gozo, la palabra de Dios dice:

Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” Juan 1:12 (RVR 1960)

Cuando alguien aún no conoce a Cristo, es una “criatura” es decir, parte de la creación del Señor, sin embargo, se convierte en hijo de Dios al decidir creer y aceptar a Jesús en su corazón, entonces, no solamente es obra de sus manos, sino un heredero.

 “Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.” Lucas 15:7 (RVR 1960)

En el cielo hay fiesta cuando un pecador se arrepiente ¿Quieres agradar a Dios? ¡Entonces es hora de evangelizar! El fruto de un cristiano es “otro cristiano” por supuesto que no es fácil, en un nacimiento el sufrimiento es inevitable, por lo que a veces sufrirás humillación, invertirás tiempo en doblar tus rodillas por esa persona, tendrás que esforzarte, pero cosecharás otro seguidor de Cristo.

El Señor nos ha dado el mandato de “dar frutos” El árbol que no da frutos merece ser cortado (Mateo 7:19), así mismo, no sirve un cristiano que no se reproduce. Los grandes hombres del Dios fueron personas que obedecieron ¿estás haciendo su voluntad? Es tiempo de salir y presentar a los que te rodean a Cristo.

Por otro lado, si aún no conoces a Jesús, te animo a ser más de lo que eres ahora, el Señor tiene una misión para ti, no solamente quiere que seas parte de su creación, sino que recibas la gran bendición que es ser hijo de Dios.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sé el mensajero de Salvación

“¿Y quién predicará sin ser enviado? Así está escrito: «¡Qué hermoso es recibir al mensajero que trae buenas nuevas!” Romanos 10:15 (NVI).

El trabajo que Cristo nos mandó a hacer en este mundo aún no ha terminado y el mandato es evangelizar a todo nuestro alrededor y dar a conocer que Jesús es el único camino al cielo.

Es hermoso saber que hay siervos que cumplen la misión de alcanzar almas para el reino de Dios y llevar las Buenas Nuevas de Salvación.

¡Cumple la misión que Cristo te mando! ¿Si no lo hacer tú, quien lo hará?

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Dos momentos

Inclinado frente al silencioso altar de la capilla, el joven musita unas palabras ininteligibles. Viste el uniforme de los Caballeros Azules. Dentro de unas horas, su Batallón emprenderá viaje por tierra y mar hacia la Santa Ciudad que ha sido tomada, le han dicho, por los Combatientes Orientales. Han desafiado así el orgullo de los Señores Ultramarinos, han mancillado el honor de su fe y de sus más profundas convicciones históricas.

El joven pide a su dios fuerzas para la hora crucial, para que frente al enemigo tenga el valor de matar y adelantar así la misión suprema de la restauración de todas las cosas. Matar es un alto precio pero digno de pagar por el honor de su dios. Si llega a enfrentar la muerte, tiene la seguridad de que entrará glorioso en los aposentos del Alto Señor y gozará de su favor eterno, junto a tantos compañeros que cayeron junto a él en semejante empresa.
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Con el rostro tocando el suelo, el joven se inclina y se levanta varias veces. Alza sus manos, pronuncia unas palabras en un idioma ininteligible y vuelve a inclinarse hasta que su frente otra vez toca el suelo. Viste las ropas comunes de su aldea. A la entrada del templo ha dejado las armas y su calzado. Dentro de algunas horas saldrá en una misión secreta y suicida. Le han encomendado una tarea atroz y está dispuesto cumplirla. Antiguos enemigos han arrebatado las vidas de muchos de sus amigos y parientes. Han asolado ciudades y aldeas. Han impuesto su cultura extraña y secular por todo el continente. Ha asumido, por lo tanto la noble tarea de matar y morir en un momento dramático y solemne. En el mismo instante de que su cuerpo sea consumido por la muerte entrará en la morada de los dioses y recibirá inexpresables y eternas recompensas.
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Dos momentos. Dos historias, dos preguntas, dos juicios, dos opiniones, dos ideas, dos posibilidades, dos opciones, dos culturas, dos explicaciones frente a la historia humana.

A veces parece que nada cambia…

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