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¿En busca de paz?

“Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.” Juan 16:33 (NVI)

Con esas palabras Jesús animaba a sus discípulos a no estar ansiosos en medio de las tribulaciones, porque Él estaría con ellos, lo cual no quería decir que no tendrían problemas. Si en estos tiempos te has sentido desanimado por las constantes pruebas y aflicciones que te han tocado vivir, presta atención a las palabras que Jesús mencionó a sus discípulos y hazlas tuyas. No hay nada que el mundo pueda hacer en tu contra y mucho menos derrotarte, porque Jesús te ha dado la victoria.  ¡Que la paz que sobrepasa todo entendimiento inunde hoy tu corazón!

Por Ruth Mamani

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Qué verde era mi valle…

Hubo una vez, cuando la luz de la mañana era semejante a nuestra edad, que nos sentíamos infinitos. Nada era pasado ni futuro, sólo presente colmado de vida, absoluta y completamente irresponsable.

Ni siquiera éramos conscientes del pan que comíamos, la ropa era un accidente circunstancial y la escuela el lugar de reunión para diseñar el plan magnífico que nos haría existir ese día.

En efecto, no teníamos pasado. Todavía no conocíamos el remordimiento ni las condiciones que el amor y la gente le van poniendo a uno para ser parte de la historia.

Sin registros testimoniales, éramos polvo en el viento, luciérnagas crepusculares, lobos esteparios, completamente embriagados de energía y luz.

Ningún oscuro profeta vendría a lanzar maldiciones sobre nuestra sana locura.

Todavía no aprendíamos que la memoria nos convocaría más tarde a sus solemnes indagatorias, a sus juicios sumarios, a su constante y ubicua presencia.

¡Oh, temprana epopeya del ser! ¡Qué ignorantes éramos de la brevedad de esos días maravillosos! Si lo hubiéramos sabido. Si tan sólo lo hubiéramos sabido…

Vino el tiempo con su discurso regulador, con sus notables moralejas para apaciguar el ardor de los días y meternos de lleno en la métrica social, en el concierto de las instituciones y en las responsabilidades cotidianas.

El color y la luz de la existencia se tornaron marrón, como las fotografías viejas, esos últimos vestigios de nuestra generación.

La razón, esa Frau Rottenmeier que no sabe del fuego de los crepúsculos en la montaña, se introdujo por cada intersticio de nuestra piel y se adueñó para siempre de nuestra fuerza creadora.

Puso en fila nuestros sueños, los hizo tomar distancia y los metió en las aulas de la disciplina. Ella gobierna el mundo y nosotros sólo sabemos esperar la campana del recreo.

Así, la sabiduría oficial quedó como propiedad de los dirigentes, los códices, los reglamentos de la comunidad y de los predicadores que detentan el secreto de los antiguos preceptos.

Nosotros somos marginales, artesanos poco confiables, a quienes a veces les dejan poner un poco de color a las celebraciones y los dejan recitar sus poemas en las fiestas anuales, pero hasta ahí no más.

“No se confíe usted de estos seductores de la emoción, estos traficantes del sentimiento que ponen las cosas correctas patas para arriba; son simpáticos, pero peligrosos.”

A veces hoy, nos sentimos infinitos, pero ya se ve un poco patético…

Sembrando paz

“Y los que procuran la paz sembrarán semillas de paz y recogerán una cosecha de justicia.”(Santiago 3:18 NTV)

Pocos son los abogados que velan por sus clientes honradamente por el pago justo, la mayoría piensa en el presente y en sus ganancias, en juicios, la ida y venida de papeles, pero aún existen profesionales a los cuales les importan mucho las relaciones interpersonales, la familia y la amistad, dan de su tiempo para conversar con las partes en conflicto y logran acuerdos y compromisos. Algunos de estos profesionales reflexionaron a parejas y evitaron divorcios, otros impidieron catástrofes familiares con un diálogo sincero; tienen esa particularidad especial que les ayuda a apaciguar conflictos.

Pero, ¡Qué difícil es buscar la paz en estos tiempos! Paz con tus amistades, familiares, compañeros, etc. Es complicado mediar entre dos personas, pero a los que se empeñan en esto el Señor les dará paz y justicia.

Meterse en medio de una discusión puede ser peligroso pero a veces es necesario para evitar pérdidas personales y conflictos posteriores. Si la persona pacificadora logra que las partes en conflicto lleguen a un acuerdo y tengan paz, consiguió algo bueno, que una relación se encamine correctamente y el mundo necesita personas así.

“Dios bendice a los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios.” (Mateo 5:9 NTV)

Un hijo de Dios está lleno de sabiduría, esto se muestra en procurar un buen trato y en la humildad, busca la paz con los que le rodean, es compasivo, hace lo bueno, trata a todos de la misma forma sin preferencias; son características de una persona que con la ayuda del Señor puede lograr paz.

La palabra de Dios dice lo siguiente en Mateo 7:12 NTV: “Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti. Esa es la esencia de todo lo que se enseña en la ley y en los profetas.”

¿Cómo sembrar paz? Todo comienza con el ejemplo, trata a los demás bien, es una forma de vivir en paz. Si alguna vez aparece algún conflicto procura dialogar y resolverlo, si existen peleas en tu familia busca la paz con justicia e, igualmente, buscar un consejo sabio ayudará.

Otra manera de sembrar paz es evitar hacer juicios de valor, evitar los chismes y calumnias, das paz evitando generar conflictos innecesarios, en este mundo tendremos aflicciones pero al buscar la paz viviremos como hijos de Dios.

La paz verdadera se encuentra en Jesucristo, si las personas lo llegan a conocer experimentarán esa paz que sobrepasa todo entendimiento y que llenará sus corazones, esa paz que les ayudará a relacionarse con los demás.

Salmos 34:14 NTV: “Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y esfuérzate por mantenerla.”

¿Siembras paz o siembras conflictos?

Por carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Ayúdenme…

Sé que ya me he referido a este asunto varias veces aquí. Y debería sentirme satisfecho por haber tenido la oportunidad de expresar mis pensamientos al respecto.

Pero me sigue asombrando la extraordinaria cantidad de contenidos en el medio cristiano que están orientados a “ayudar” a los creyentes a resolver problemas fundamentales: temor, inseguridad, depresión, problemas con los hijos, con los cónyuges, con ciertas adicciones, problemas financieros, sólo por nombrar los más característicos.

Semejante ocupación por parte de los expertos para orientar a la atribulada audiencia ha teñido considerablemente el mensaje evangelístico. Hoy se predica un evangelio basado en la administración de los conflictos humanos: Cristo la solución a tus angustias y necesidades. Dios ya no ocupa el centro del mensaje sino tu problema.

Considerar los problemas propios como algo central en la relación con Dios y con el evangelio dista mucho de lo que Jesús dijo al referirse a sus verdaderos discípulos:

Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. (Lucas 9:23-24).

El evangelio es la buena noticia: Dios ama al mundo. Pero amar al mundo significa sacar los ojos de uno mismo y ponerlos en las otras personas.

Todos lo que quieran vivir de acuerdo a la verdad y a la justicia van a sufrir persecución y malestares. Estamos en un mundo donde predomina el egoísmo y la maldad. El bien no es popular. Puede costarle la vida a las personas.

Si uno mira a la Biblia con cierta dedicación – cosa que la mayoría de los creyentes NO hace – hallaría que seguir a Dios y a su palabra, en casi la totalidad de los casos, importa sufrimiento y contrariedad. De modo que si uno espera que el evangelio sea una gira de felicidad anda bastante perdido.

Ser cristiano por un evangelio que solucione problemas, sane, alivie, refresque, resuelva y consuele viene a ser lo mismo que seguir todas las ofertas del mercado de autoayuda: religiones, rituales, ejercicios, procedimientos mentales, medicinas, ungüentos, pociones y letanías.

El amor y la verdad producen efectos positivos y estables. Pero el objeto de todo eso es ofrecer más efectivamente la vida para el bienestar de los demás.

Lugares

Lugares comunes. Lugares preferentes. Lugares inolvidables. Cosas maravillosas o terribles tuvieron lugar. Ese no es tu lugar. Mi lugar en el mundo. No hay más lugar. Yo no haría eso si estuviera en tu lugar

Algunos especialistas sugieren que el verdadero origen de la palabra lugar se encuentra en la lengua romance y significa “pequeña población establecida en el claro de un bosque”. Eso me pareció sumamente atractivo y me propuse explorar algunos diversos lugares que conozco.

El lugar de la soledad. Me tomó años reconocerlo y acostumbrarme a su paisaje reposado y algo lejano. No es un sitio fácil. No tiene buena reputación para la mayoría y te suelen recomendar que no te quedes a vivir ahí. Pero hallé parajes felices en su territorio y adquirí el hábito de permanecer allí horas. Y días a veces.

Ese no es mi lugar. He ido reconociendo muchos sitios que no son ya más mi lugar. La chimuchina, el ruido de motores, tubos de escape, televisores y músicas a todo volumen, gente hablando a gritos en bares y aeropuertos. Los estadios, los conciertos multitudinarios, las marchas, las fiestas concurridas.

Estate en tu lugar. Hay sitios en las instituciones cristianas donde no puede entrar el pueblo. A través de largos pasillos y puntos de seguridad se llega a un pequeño living al que sólo tienen acceso los guardaespaldas y los allegados del poder. Sólo para personas VIP. El domingo a la noche el líder había predicado acerca del amor de Dios para el mundo. Esto es real. Lo viví en una mega iglesia en una ciudad sudamericana hace tres o cuatro años.

No hay lugar. Porque llegamos tarde. No teníamos gente conocida que nos diera una credencial para entrar. Sólo cupieron personas recomendadas por el jefe, parientes con ventaja, gente bonita que no desentona, de color grato a la vista y bien vestidos.

Cosas maravillosas y terribles tuvieron lugar. A veces me siento tentado a escribir unas memorias de mi largo peregrinaje por tierras evangélicas. He presenciado maravillas del amor, la renuncia y la pasión por el mundo. He presenciado y oído historias horribles perpetradas por personas que predican el amor de Jesús. Pero me dicen: Yo no haría eso si estuviera en tu lugar. Se tendrán que relatar entonces en voz baja en oscuros tabucos a los cuales algunos noctámbulos se autoconvocan movidos por la bronca, la tristeza y el desamparo, tarde en la noche.

Como un peregrino

“SEÑOR, escucha mi oración. Escucha mis lamentos. No ignores mis lágrimas. Soy sólo un viajero que pasa por esta vida contigo. Como todos mis antepasados, soy sólo un habitante temporal de este mundo.” (Salmos 39:12 PDT)

Abel, Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Sara, comprendieron que la vida es corta como la neblina que desaparece rápidamente, es fugaz  y, a pesar de todo, ellos confiaron en Dios aunque no vieron la promesa del Señor cumplida mientras estaban vivos.

“Todos estos grandes hombres mantuvieron la fe toda la vida hasta que murieron. Ellos murieron sin recibir lo que Dios les prometió, pero vieron lo prometido a lo lejos, en el futuro, y aceptaron ser inmigrantes y refugiados en la tierra.”(Hebreos 11:13 PDT)

Si buscamos la voluntad de Dios, que es buena agradable y perfecta, si nos apartamos de los deseos que van contra la naturaleza en Cristo que es la santidad, si dejamos los deseos de la carne, los deseos de los ojos y no vivimos en vanidad, podremos vivir en esta tierra sin remordimiento junto a Jesús, nuestro amigo fiel.

“Estimados hermanos, ustedes son como exiliados y refugiados en esta sociedad. Por eso les ruego que luchen para no complacer aquellos deseos humanos que van en contra de su nueva vida.”(1 Pedro 2:11 PDT)

Pero ¿Qué ruta debemos seguir? Necesitamos un mapa, una guía de viaje para que nos vaya bien en esta aventura de la vida y así llegar al destino eterno; ese rol lo cumple la palabra de Dios, la Biblia, la cual tiene consejos para que te puedas llevar bien con otras personas, también hallarás recomendaciones sobre qué hacer cuando tus enemigos te persiguen, como ser un cristiano verdadero, como vencer las tentaciones y mucho más.

“Estoy de paso en esta tierra, pero te ruego que no me ocultes tus mandamientos.”(Salmos 119:19 PDT)

A veces no comprendemos que no pertenecemos a este mundo, que somos ciudadanos del reino de los cielos, hijos de Dios, y en ocasiones permitimos que la corriente nos absorba y vivimos para nosotros mismos, nos apartamos del Señor. Si esto sucedió contigo, hoy es el momento para retornar a los brazos del Maestro, reconocer tu condición, ser renovado y vivir para Él.

“En cambio, nuestra patria está en el cielo y de ahí estamos esperando que venga el Salvador, Nuestro Señor Jesucristo.”(Filipenses 3:20 PDT)

Que tu vida sea la semilla de amor que Dios plantó en el lugar donde vives temporalmente y que al ver tus frutos las personas puedan conocer a Jesús.

Por Carlos E. Encinas

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Café y danish

Mi doctor termina de examinarme y tras su severo escritorio dictamina: “Tienes que dejar todo lo irritante”.

“Todo lo he dejado, doctor, y más. Excepto el café. Y no creo que pueda. Le prometo reducirlo pero no me pida que lo deje.”

El café con leche y las tostadas al desayuno son la obertura del día. No importa si será una jornada gris, emocionante, desafiante o aburrida. Es absolutamente imprescindible.

A una edad en que he debido ajustar la dieta, la actividad física – y otras actividades, permítaseme el café. Es todo lo que pido. Aunque sea menos.

Así, Amelie es el café donde empieza casi la totalidad de mis días en esta ciudad. Ese ritual marca el sentido de mis próximas horas y con eso me basta. La vida tiene sus afanes, pero que comiencen al salir de ahí.

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Mi amiga Claudia me lleva al café Alexander, a pasos del Cristo, en Santa Cruz, Bolivia. “Te va a gustar”, me asegura.

Y tiene razón. Tiene la atmósfera justa, la luz, los colores, los cuadros, las chicas que atienden a las mesas, el aroma inconfundible de café y lo que se le ocurra a uno en dulce y salado.

En la carta veo una masita dulce que me atrae: Danish. Hay que remitirse a la fotografía aquí. No puedo describirlo tan bien como se ve y como sabe. Así que elijo café con leche y danish.

Y entonces se produce esa conexión que tengo con Amelie. Tal vez haya otros lugares lindos en la ciudad, pero éste es el lugar para mí y ahí quiero volver cada vez que se pueda. Durante mi breve estadía regresamos tres o cuatro veces. Mi lugar para café y danish en Santa Cruz; no hace falta más.

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Nunca puedo esquivar la pregunta que me hago casi todos los viernes cuando incluyo aquí un escrito no convencional, un mini ensayo no técnico.

¿De qué puede valer contar estas cosas? En este mundo metalizado, mediatizado, hiperconectado, acelerado, ¿cómo puede la descripción de un desayuno o de una hora selecta en un café citadino aportar valor a la vida?

Tal vez recordándonos que el ser es la esencia de todo. Que el hacer y el sentir no tienen valor alguno si no provienen del interior de nosotros, de lo mejor que tenemos.

Digámoslo una vez más. La vida tienen sus afanes. Pero que comiencen después del café con leche… Y el danish en este caso.

Amanecer en Santa Cruz

El sol de la mañana se desmadeja entre el follaje de los mangos que la ventana deja ver. Es demasiado temprano para trabajar y demasiado tarde para las ensoñaciones. En este minuto lo único posible es el silencio.

Una bronquitis persistente apaga un poco el ardor de la palabra. Reservo lo que puedo la voz para la presentación  de esta noche. He pensado tanto en lo que decir al pequeño grupo que se reunirá en el living de la casa de mi amiga.

Persuadir. Interrogar. Provocar a una expectante audiencia a salir a la intemperie porque vivir bajo el paraguas de los paradigmas es cómodo y no hay que pensar casi nada.

El aroma del café y las tostadas me ayudan a reencontrar un poco la paz. Siempre se agita mi cabeza cuando lo que debe ser dicho se tiene que decir.

El cielo se va nublando un poco pero todo está tibio y sereno. La mente se aplaca un poco y entiendo que el camino es largo y entramos a tientas casi en un territorio desconocido.

Hablo en voz baja pero audible, cosa que hago todas las mañanas. Les pregunto imaginariamente a las personas que estarán presentes qué va a pasar si el fin de los tiempos se tarda indefinidamente.

¿Para qué están preparados? ¿Qué orientaciones fundamentales han provisto a las nuevas generaciones? ¿Cómo van a sobrevivir en la vorágine del cambio ya que por siglos se han marginado de la conducción de los procesos sociales?

Mi amiga y anfitriona me envía un mensaje que dice algo como “cosas que ojo nunca vio y oído no oyó”. Lo pienso de un modo distinto, la verdad. Es casi seguro las cosas que estas personas van a oír de mí no las han oído nunca. No me estoy jactando. Sólo me sigue doliendo que así sea.

La dura costra del conocimiento adquirido al entrar en la comunidad de los creyentes es resistente a la pregunta. Concluye que las cosas son como son porque así están escritas desde antes de la fundación del mundo y me entra una como ardiente rebeldía porque no es así.

La verdad tiene la frescura y la versatilidad del encuentro constante. No es estática. Es fibrosa, abismante, sorprendente. Porque como algún viejo profeta dijo, “conoceremos y proseguiremos en conocer”.

Prosigamos. Es la propuesta que pienso en este amanecer en Santa Cruz de la Sierra, aquí en Bolivia…

Irse y regresar

Me he querido ir varias veces. Y siempre, de un modo u otro, he debido regresar. Por un tiempo viví mi exilio voluntario en una cabaña. He aquí lo que pasó:

Vuelvo a ver la cabaña. Conserva ese aire único que tuvo desde el principio. Me acerco a través del pasto descuidado y los cardos crecidos. Al frente don Pascual sembró esta vez gladiolos; algunos destellos rojos en medio de la maleza me recuerdan, de un modo imperfecto sin duda, las amapolas en el trigo de Pablo Neruda.

El mundo de ayer se agita en su sueño patinado de polvo y telarañas. Quiero abrir alguna ventana pero los rieles de madera están atascados. Un polvo de años empaña los vidrios y el aire adentro tiene ese olor oxidado del tiempo y la soledad. El viejo sofá, unos pisos altos, las sillas con asiento de estera, una vieja alfombra manchada y los recuerdos que se desperezan de su dejadez.

Sentado frente al ventanal sucio se ve que la tarde ya no tiene más que hacer por hoy y se retira sin hacer ruido. Unos últimos chispazos de sol se entreveran con el follaje de los álamos y al cabo de una hora la penumbra ya ha disuelto todo y no quedan más que siluetas en la oscuridad.

Hubo una vez allí aroma de Flaño y rumor de palabras. Todavía la esperanza tenía sentido y valor. La ropa limpia doblada en las repisas, el café, la cama tendida y la soledad, que entonces era un blasón, una enseña irreverente y desafiante. El proyecto suponía posible el vigor creativo. Frente a la ventana del dormitorio estaba el escritorio y fluían las ideas al amor de la música y los sueños.

Una noche de mayo el cielo se vino abajo y por todas partes llovió el desastre, la tormenta brutal. Hubo goteras inmensas en medio de la sala y el corazón se anegó en estúpidas lágrimas. Es peligroso ser pobre y viejo. En este mundo no hay segunda oportunidad para los desertores del sistema. Sin seguro médico y habiendo dejado de cotizar para el retiro no era posible la ilusión de la libertad definitiva.

Hubo que irse y regresar a la galera y los dictados institucionales. Con la valijita negra, el cuadrito con la leyenda “Mi mundo privado” y la mochila de cuero hubo que abandonar, tal vez para siempre, la cabaña…

Cosas buenas

– Pero al final esta sombra es una cosa que pasa. Incluso las tinieblas deben pasar. Un nuevo día vendrá. Y cuando el sol brille será aún mayor su brillo. Esas fueron las historias que permanecieron contigo. Significaban algo, incluso si eras muy pequeño para entender por qué. Pero pienso, señor Frodo, que entiendo. Ahora lo sé. Las personas en esas historias tuvieron muchas chances de volver a atrás, pero no lo hicieron. Siguieron adelante porque se estaban aferrando a algo.

– A qué nos estamos aferrando, Sam?

– Hay cosas buenas en este mundo, señor Frodo. Y vale la pena luchar por ellas.

(Diálogo de Sam y Frodo en El Señor de los Anillos: El retorno del Rey)

Hay días que tengo, como Sábato, una “esperanza demencial” en la bondad humana. Me siento iluminado por las palabras de aquella canción de Raphael, “Digan lo que digan”:

Es mucha más la luz que la oscuridad… Hay mucho, mucho más amor que odio… Y (los hombres) luchan por el bien no por el mal.

Tal vez, de vez en cuando debamos pensar en las cosas buenas a las que se refiere Sam cuando todo parece perdido en los tramos finales de El Retorno del Rey.

Pensemos no en las cosas que son buenas para nosotros, sino en lo que el mundo que nos rodea necesita desesperadamente: agua, comida, vivienda, salud, educación, justicia, paz, libertad. Para mucho más de la mitad del mundo estas cosas no alcanzan o directamente no están disponibles.

Entonces viene la segunda parte de las palabras de Sam: vale la pena luchar por ellas. Pasamos mucho tiempo pensando y hablando de estas cosas. Parece que hace rato es el tiempo de involucrarse personalmente para que alcancen a más personas. Aferrarse a esa lucha. Creer en la posibilidad de los pocos logrando lo imposible.

Esa es la esperanza que proponen la película Matrix, la canción Imagina de John Lennon, el discurso Yo tengo un sueño de Martin Luther King, el libro Mi nombre es Malala de Malala Yousafzai, el Hacia un mundo sin pobreza de Muhammad Yunus, la película El niño que domó el viento.

Dos pequeños hobbits, las más impensadas de las criaturas de la Tierra Media, se juegan la vida para destruir el poder de Sauron y extender un poco más la vida, para mejorar los días, para volver a creer que las cosas malas al fin pasarán.

De mi locura

De médico, de poeta y de loco todos tenemos un poco” es un adagio que debo haber oído cuando era un adolescente.

Cuando decidí hace ya muchos años abandonar mi trabajo como publicista y abrazar la profesión misionera, uno de mis más importantes clientes me dijo: “El mundo necesita médicos del alma”, dándome así en cierto modo su bendición.

De mis inclinaciones a la poesía – a la prosa poética más bien – dan cuenta los cientos de páginas que he escrito hasta hoy, la mayoría conservadas en secreto y en formol por razones de fuerza mayor.

Quienes han seguido hasta aquí en este blog mis desbordes podrán concordar que de loco también tengo un buen poco. Así que el proverbio en cuestión me calza bastante bien y pretendo dedicar unas líneas a este intrigante asunto de la no tan incipiente locura que me habita.

Si la locura es esa inclinación constante a creer que un día los pequeños, los arrinconados, los marginados, los pocos, pueden arrebatar a los poderosos del dinero y de las jerarquías el mango de la realidad y pintar de colores la cara del mundo, estoy loco.

Si la locura es poder percibir esa reverberación que el sol de la tarde produce en los parques en el verano y maravillarse de ese halo de irrealidad que lo inunda a uno cuando está justo a contraluz y el tiempo es un interminable y estático segundo, estoy loco.

Si la locura es resistir la precariedad del discurso de los dirigentes y aquella inefable incapacidad que tienen para entrar en contacto con la realidad saliéndose de sus confortables teoremas, sus cinco pautas y sus trece declaraciones de principios, estoy loco.

Si la locura es negarse para siempre a hacer reverencias y cantar las alabanzas de los ídolos, los líderes ministeriales, los dignatarios y las personalidades y hacerles en cambio preguntas impertinentes o simplemente abandonar el recinto, estoy loco.

Si la locura es maravillarse con el aroma de las lavandas y las buganvillas, enamorarse de la profesora de francés a los quince años y quemar de grande todas las naves contra toda lógica porque ha llegado la hora de salir en busca de uno mismo aunque cueste la vida, estoy loco.

Si la locura es haber llegado hasta aquí a pesar de que las muchas razones de peso que hay para haberme retirado antes en forma perentoria, estoy loco

Definitiva e insanablemente loco…

¿Amar al mundo?

De tal manera amó Dios al mundo fueron unas palabras que comentamos en un artículo anterior. Me quedé pensando de qué manera nosotros seguiríamos el ejemplo de Dios. ¿Cómo aman los cristianos al mundo?

Antes que nada habría que señalar que los cristianos – en general – aman primero lo propio, lo de ellos. Primero Jesús. Después su familia. Después los hermanos y hermanas de su comunidad cristiana (hay veces que no queda tan claro si aman más a la institución o a las personas).

Después, los hermanos y hermanas de otras comunidades cristianas. A sus conferencistas preferidos, a sus músicos o “salmistas”, a sus autores favoritos de libros y a todo aquel que viva y proclame lo cristiano.

Yendo ya a lo de afuera: aman al mundo, pero uno hallaría ciertos niveles:

Primero, a todos aquellos que nombran a Dios aunque no sean personalmente creyentes. Después, a toda la gente que hace bien las cosas, que ayuda a otros y que se porta bien aunque, dicen ellos, el que las hagan no los va a salvar.

Luego, a todos aquellos que escuchen el mensaje, sin atacar al mensajero. No como ocurrió a aquel misionero que fue muerto a flechazos en la isla de North Sentinel en la bahía de Bengala – hoy hay una encendida discusión a nivel institucional sobre si es un mártir o fue una persona tremendamente imprudente. En seguida vendrían los regímenes autoritarios que prohíben y o persiguen a los cristianos.

Bien al final de la lista (según la modesta experiencia de este observador) estarían las personas que pecan en lo sexual, esto es, adúlteros, fornicarios y homosexuales. También, en sintonía con los tiempos actuales, a quienes adhieren a la ideología de género. Podrían hallarse aquí también los que promueven el aborto, el divorcio, la eutanasia y asuntos parecidos. Estas personas serían un poco más amadas por los cristianos si dejaran esas posturas. Entrarían en la categoría general de las personas no creyentes pero que se portan bien.

Parece haber una suerte de gradualidad en la forma y en la cantidad de amor que los creyentes otorgan al mundo. Como de más a menos. La cuestión es que en ciertos casos el amor se corta en alguna parte.

Así que otra vez: ¿a quiénes amamos?, ¿cómo los amamos? ¿los amamos en realidad?

Juan 3:16 no parece admitir una gradualidad como se lo explica Jesús a aquel importante creyente.

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