nombre Archives | CVCLAVOZ

All posts in “nombre”

Más que una canción… 1

Más que una canción…

Muchos dicen que mentimos más cuando cantamos alabanzas ¿Por qué? Lo que pasa es que las canciones expresadas a Dios dan honra, obediencia y valor a su nombre; lo que en la mayoría de nuestros actos no demostramos. Existe una canción en particular que me encanta, una parte de la letra dice:

Te daré lo mejor de mi vida
Te daré lo mejor cada día
Será mucho más que una canción
Mi obediencia es mi mejor adoración.

¿Cuántas veces hemos cantado este tipo de canciones con todas nuestras fuerzas? Tal vez hasta te has quebrantado al expresarla, pero antes de hacerlo deberíamos reflexionar si realmente estamos dándole lo mejor a Dios cada día, si le estamos brindando adoración con nuestra obediencia, ¿no lo crees?

“El que sacrifica alabanza me honrará; Y al que ordenare su camino, Le mostraré la salvación de Dios.” Salmos 50:23 (RVR 1960)

Alabar es expresar admiración y reverencia, es hablar bien de alguien. En este sentido, brindar alabanzas al Señor no solamente se trata de cantar, sino de darle la gloria a Dios con todo lo que somos. Cuando actuamos bien damos lugar a que las personas que nos rodean puedan admirar y reverenciar a Dios a causa nuestra.

Por ejemplo, cuando aquellos que estaban involucrados en una adicción o en un pecado se arrepienten y cambian, o cuando las personas observan que eres un hombre o una mujer diferente por ser íntegro o generoso, se sorprenden y comienzan a ofrecer honor al Señor.

Este tiempo te animo a cantar al Señor solamente palabras de verdad; examina tu vida y ordénala, que tú seas una demostración de honor a su nombre.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Quieres que la gente recuerde tu nombre? 2

¿Quieres que la gente recuerde tu nombre?

Muchos queremos hacer historia, ser reconocidos, que recuerden nuestro nombre.

Y vemos a diario que surgen nuevos talentos, nuevos modelos a seguir, si estamos en esa onda. Esa es la onda actualmente. ¿Cuál es la última moda? ¿Cuál es la tendencia actual? ¿Cuál es la palabra de moda? ¿Cuál es el último celular? ¿El que tiene más novedades y alcance? ¿Qué es lo último en tecnología?

Honestamente, todo eso es tan efímero. Todo es pasajero. Hoy es uno y luego otra, hoy es una moda y luego otra. Lo único permanente es Dios. Y hacia Él debe estar dirigida la historia que queremos dejar en esta vida. Yo quiero ser recordada como alguien que siempre señalaba hacia Jesús y todo hacía como para Él.

Ese es el nombre que debemos recordar en todo momento. Jesús es el nombre que debemos querer que la gente recuerde.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Nombrar 3

Nombrar

Nombrar una cosa es reconocer su existencia como separada de todo lo demás que tiene un nombre; es conferirle la dignidad de la autonomía al mismo tiempo que afirmar su pertenencia al resto del mundo nombrable.

(María Popova en Brain Pickings)

Mandrágora, ajonjolí, helecho, buganvilia, lavanda, níspero, en el mundo de plantas y semillas. Budapest, Hapuna Beach, Baltimore, Bialet Massé, Cartagena de Indias, el desierto del Neguev, en lugares. Amelie, Rigoletto, Esmeralda, Marzola, Coronados, Bourbon, en los cafés. Cien Años de Soledad, Ilusiones Perdidas, Las Islas, Cisnes Salvajes, Memorias de una Joven Formal, el Mundo de Ayer, en los libros. Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada, La Carta en el Camino, Volver a los Diecisiete, Canción Amarga, No te Salves, en los poemas. Samba pa Ti, Una Blanca Palidez, Angie, Wild Horses, Imagine, One and Only, en la música.

En todos estos nombres hay estaciones de la vida que recuerdo y que vivo, instantes eternos en la memoria o visitaciones reiteradas. Nomenclatura de la existencia que asocia a un nombre la enorme diversidad de las cosas que soy, que tengo, que veo y que sueño.

El epígrafe es una pequeña gran reflexión de María Popova en How Naming Confers Dignity Upon Life and Gives Meaning to Existence (De cómo nombrar confiere dignidad a la vida y otorga significado a la existencia), artículo que aparece en su publicación semanal Brain Pickings. “Es transformar su ser extraño en familiaridad, lo cual es la raíz de la empatía”, agrega. Singularizar algo al mismo tiempo que unirlo a la totalidad de la vida.

Cuando Dios dijo que no era bueno que el hombre estuviera solo, creó animales domésticos, toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales, ese es su nombre (Génesis 2:19). Esta asignación le vino después de la tarea de labrar y guardar la tierra.

Nombramos cosas que fueron creadas originalmente y nombramos cosas que hemos creado nosotros: cosas, personas, animales, obras de arte, lugares. Es la única manera de poder identificarlas pero también la posibilidad de constatar su esencia y la relación que tienen con nuestro ser y con nuestra circunstancia.

Los nombres y el Nombre 4

Los nombres y el Nombre

Asombra la creatividad de la vanidad humana para poner nombres a los dirigentes de los diversos ámbitos de la vida. Mientras más elaborados y sinuosos mejor sirven para demostrar que no están a la altura del ser humano común, el de la calle, la banca, el tablón.
Les pronuncio algunos de ellos, que suenan como palabras de una ronda infantil: Reverendo, Su Señoría, Su Excelencia, Obispo, Su Ilustrísima, Su Eminencia, Su Eminencia Reverendísima, Apóstol, Excelentísimo Señor, Señor Licenciado, Su Alteza, Su Majestad, Usía, Doctor en Filosofía, Diácono, Doctor Honoris Causa, Su Santidad, Honorable, Su Honor, Anciano, Doctor en Divinidad.
Nos hacemos cargo de los merecimientos que tengan los receptores de tan ilustres denominaciones. Lo singular es que muchos se consideran a sí mismos, o los demás los consideran, por encima de la inmensa mayoría y acreedores de elaborados protocolos.
Hay uno o dos episodios relatados en los evangelios que dan cuenta de un hecho singular: en medio de una multitud, cuando algunos quisieron echar mano de Jesús para matarlo, se lee que pasó en medio de ellos y se fue. Es decir que cuando dejaba de hablar y entraba entre la gente, simplemente desaparecía. O sea, no desaparecía literalmente sino que era tan común su apariencia que era imposible distinguirlo de cualquier hijo de vecino.
Sin halos luminosos, sin vestiduras sofisticadas, sin apariencia beatífica. Sin guardaespaldas, sin comitivas, sin séquitos, sin vehículos blindados con vidrios polarizados. Sin secretarios, sin edecanes, sin asistentes, sin directores de relaciones públicas, sin agentes de prensa. Sin representantes ni manejadores de eventos. Sin exigencias de luces en el escenario, ni toallas blancas de doble densidad y agua mineral Perrier para el camerino. Sin boletos de primera clase, ni suites presidenciales, ni honorarios previos ni posteriores.
Un hombre común que hablaba como nadie lo hacía, que sanaba, que nunca escribió un libro ni grabó sus presentaciones en público, que dio de comer, que amó.
No intento disminuir el mérito de nadie. Sólo ayudar a recuperar algo la memoria, algo del sentido común que tiene la sugestión aquella de que los grandes de esta tierra se hacen nombre, dominan, controlan, exigen reverencias, besamanos y genuflexiones y que entre nosotros no debería ser así.
A fin de cuentas, el que era el más grande, el que era el maestro, no quiso que le llamaran así y tomó el oficio de sirviente para testimoniar su aprecio por las mujeres y los hombres de este mundo.
Y sin embargo, su Nombre era – y es – sobre todo nombre.
(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Su gracia 5

Su gracia

Simón era un hombre que se dedicaba a la pesca, cuando Jesús lo vio a orillas del mar le dijo: “Sígueme”. Después le cambio el nombre a Pedro, para que fuera un pescador de hombres.

Jesús, hizo algo extraordinario cuando Simón aún era pescador, llenó su barca de peces y ese milagro fue el que quedó grabado en la memoria de este hombre. Después, cuando seguía al Maestro, todo iba muy bien hasta el momento en el que Jesús reveló que moriría y resucitaría; fue ahí cuando Pedro prometió seguirle hasta la muerte, una promesa que no duró porque cuando Jesús fue arrestado y lo condujeron a la casa del sumo sacerdote, Pedro  lo seguía de lejos, y cuando todos se sentaron en el patio de la vivienda, tres personas reconocieron al discípulo y a todas ellas les negó conocer a Jesús.

Pedro, sintiéndose quizá indigno, volvió a su vida de antes a ser un pescador. Cuando Jesús resucitó fue a buscarlo, Él sabía dónde podía encontrarlo e  hizo  lo mismo que la primera vez: llenó su barca de peces. En seguida, Pedro reconoció  al autor del milagro y cuando estuvo delante de Jesús, el Maestro le preguntó tres veces, una por cada negación: ¿Simón, me amas? Y él respondió: Sí, Señor, tu sabes que te amo. Pedro, no fue condenado, él vio la gracia de Dios en su vida después de haberle fallado en  las promesas que hizo.

Dios te ha redimido y dado un nuevo nombre, con el transcurrir del tiempo quizá le has fallado negándole con tus acciones. Hoy posiblemente te encuentres lejos de Él y regresaste a tu vida pasada, olvidando las promesas de Dios en tu vida. El Señor, te está buscando porque quiere restaurarte y derramar su gracia sobre tu vida con amor.

Si Jesús te preguntara: ¿Me amas? Desde lo más profundo de tu corazón y con sinceridad, ¿tu respuesta sería como la de Pedro: Sí, Señor, tu sabes que te amo?.

 “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”. 1 Corintios 15:10  (RVR1960)

Por Miguel Ángel Veizaga

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Impromptu 6

Impromptu

Ayudo a preparar la cena de Año Nuevo en la casa de mis amigos. De pronto, desde el otro lado de la cocina Marion me pregunta, “¿Conoces a Romeo Santos?”

Lo que sigue ha durado unos tres segundos pero a mí me parece un viaje improvisado y colosal a la atmósfera caliente de Macondo. ¿Dónde, si no, puede existir alguien que tuviera ese nombre?, pienso. Me hace acordar de Aureliano Sierpe, Gerineldo Márquez, Mauricio Babilonia y Prudencio Aguilar, entre otros. Me arrebata el calor húmedo y pesado de la siesta. Una zarabanda de pájaros pasa sobre mi cabeza y de pronto estoy sentado en la mesa de Ursula Iguarán, cautivado por el aroma del café y los animalitos de chocolate. Recuerdo haber entrado en este mundo mágico cuando era un adolescente y terminé de leer las 432 páginas de Cien años de soledad con 40 grados de fiebre y ebrio de fantasía.

Marion me pregunta otra vez, “Pero, ¿lo conoces?” Un poco turbado por no haber hallado una respuesta más pronta digo; “No sé… me imagino que leí su nombre en alguna parte.” Más tarde me entero que es un famosísimo cantante de bachata al cual desconozco olímpicamente. Y que no tiene nada que ver con Gabriel García Márquez y el realismo mágico.

Una vez más he sido victimado por mi mente poblada de libros, nombres, paisajes, aromas, territorios imposibles y romances colosales. Semejante desatino no es inusual sin embargo en mi vasta trayectoria de soñador inconcluso. Los libros me hicieron olvidar dolores, travesías y complicaciones; sumergido en el mundo de los otros, en sus propias tragedias, reconocí las mías y encontré caminos posibles. Otras veces desaparecieron ante mis ojos el asfalto, el acero, el ruido y la suciedad de las ciudades y entré en mares encabritados, en montañas abismantes; remonté el cielo infinito y penetré en su frío sideral.

Y no pocas veces, ¡qué difícil fue retornar a la gris realidad de todos los días, al trajín de rutinas y calendarios!

Sólo por eso, creo, es posible ser ignorante de cosas que son tan conocidas para la mayoría de las personas y no tener vergüenza alguna. Ser un poco imaginario en un mundo de realidades concretas requiere de cierto arte que si algo tiene de preciso es lo inexplicable.

Hagámonos un nombre 7

Hagámonos un nombre

“Vamos, construyámonos una ciudad y una torre con su cúspide en el cielo, para hacernos un nombre…” Así describe cierto relato antiguo ese obsesivo deseo de los seres humanos por mirarse a sí mismos. Si se mira bien, no era un asunto geopolítico. Había aparentemente una necesidad imperativa de fijar la atención en ellos. Según el relato, la preocupación de esos personajes era evitar ser esparcidos por todo el mundo; consideraban una iniquidad el tener que salir al universo de los otros. Tal vez esa sabrosa crónica tenga otras interpretaciones pero me provoca ese hacerse un nombre por lo inmensamente contemporáneo que es el tema.

Richard Sennett describe algo parecido en la cultura moderna: “La sociedad de hoy ha movilizado las fuerzas del narcisismo que se encuentran potencialmente en todos los seres humanos mediante la intensificación del cultivo de la personalidad inmanente en las relaciones sociales hasta el punto de que esas relaciones aparecen sólo como espejos del Yo” (Narcisismo y cultura moderna. Barcelona. Editorial Kairós. 1980. Página 8).

Lo que sigue es una opinión bastante indocumentada pero sugestiva: se me hace la idea que las redes sociales resultan un símil fabulosamente fiel de aquella antigua ciudad con su torre: ese deseo de proyectarse uno mismo desde sus seguras almenas a más que saludable distancia de los compromisos y complicaciones que tienen las relaciones humanas reales. Puedo comprender lo del temor a los otros. La soledad que elijo con frecuencia me exime a veces de los problemas de ser parte de la realidad de las personas. Pero la paradoja de las redes sociales es que la gente tiene hoy la obsesión de exponerse conservando la seguridad de la distancia que provee lo virtual; entonces, volviendo al señor Sennett, esas ficticias relaciones aparecen sólo como espejos del Yo.

Hacerse un nombre. Acuartelarse a buen recaudo del universo de los otros. Tener cientos de amigas y amigos en el seductor espejismo del mundo virtual. Contemplarse en el aparente perpetuo presente de las selfies. Alvaro Cuadra expone el carácter de este nuevo narcisismo: “No se trata ya, por cierto, de mero egotismo, o amor a uno mismo; sino de un vasto fenómeno cultural con una dimensión psicológica específica” (De la ciudad letrada a la ciudad virtual, manuscrito inédito. Universidad Arcis. Santiago de Chile. 2003, página 31).

Send this to a friend