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Entrenamiento para la sumisión

“No pierdas el tiempo discutiendo sobre ideas mundanas y cuentos de viejas. En lugar de eso, entrénate para la sumisión a Dios. El entrenamiento físico es bueno, pero entrenarse en la sumisión a Dios es mucho mejor, porque promete beneficios en esta vida y en la vida que viene” 1 Timoteo 4:7-8 (NVI).

Los buenos deportistas entrenan en horarios específicos, tienen una dieta alimenticia saludable, se esfuerzan día a para alcanzar sus metas; es admirable lo que la persona puede lograr cuando se determina a lograr un objetivo. De igual modo, la Biblia nos anima a entrenarnos en la sumisión y esto implica obediencia a Su Palabra.
Tenemos una actitud de sumisión cuando somos capaces de darle prioridad a lo que Dios dice, por encima de nuestras propias ideas o pensamientos. Por todo esto, te animo a que en este día puedas rendir cada área de tu vida a la autoridad y soberanía de Dios.

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Tenlos siempre presentes en tu vida

“Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.” Deuteronomio 5:16 (RVR1960).

Recibimos la instrucción del Señor de honrar a nuestros padres, y al tratarse de un mandamiento, tiene bendición si es obedecido y castigo si es dejado de lado (Marcos 7:10).

Si analizamos el contexto de este mandato, vemos que fue dado a los israelitas cuando estaban en el desierto, y entonces era Dios quien proveía lo que necesitaban. Entonces, creer que debemos cumplirlo en recompensa por todo sacrificio que hicieron ellos por nosotros y por todas las cosas que nos han dado, no está mal, pero esa no es la razón principal. Honrarlos tiene que ver con gratitud, pero sobre todo con obediencia a Dios.

Aun así, la instrucción es clara, por eso, te animo a cumplas este mandato, seas joven o adulto, para que te vaya bien sobre la tierra.

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Engaño

El rey de Israel, Jeroboam, construyó dos becerros y dos altares para impedir que su pueblo subiera al templo de Jerusalén, incluso impuso sacerdotes que no descendían de la tribu de Leví como Jehová había ordenado.
Entonces Jehová envió un profeta de Judá para amonestarlo pero el rey mandó de inmediato aprenderlo cuando él clamaba en contra de los altares. Extendió su mano y de inmediato se quedó seca. El rey le pidió al profeta que rogara a Jehová para que su mano fuera restaurada y así lo hizo.
Luego el profeta fue convidado a comer en la casa real pero rechazó la invitación diciendo: “… —Aunque me dieras la mitad de todo lo que posees, no iría contigo. No comería ni bebería nada en este lugar. Porque así me está ordenado por palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el camino que fueres.” 1 Reyes 13:9 (RVR1960)
Al retornar este profeta fue interceptado por otro profeta viejo, que lo invitó a su casa a comer y beber agua, y la respuesta fue la misma, que no podía porque Dios se lo prohibió; sin embargo, el profeta viejo lo engañó diciendo que un ángel le había hablado de parte de Jehová para que fuera con él, haciendo que el joven desobedeciera a Dios.
El profeta de Judá no consideró que la orden que recibió en principio provino directamente de Jehová y no de un ángel, se dejó engañar atrayendo para él mucho mal.
Es importante no ser ingenuos ni desatender la Palabra de Dios, porque tenemos la advertencia: “Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.” Jeremías 17:5 (RVR1960)
Por ello, estemos atentos a la dirección de Dios, no nos dejemos desviar por engaños que se están levantando. La voz de Dios es su Palabra y la verdad siempre nos llevará a la vida pero la mentira nos acabará destruyendo como pasó con el profeta de Judá, quien creyó a alguien que lo enredó en su mentira por hablar un lenguaje “espiritual” pero carente de la voluntad y obediencia de Dios.
Que nada ni nadie interfiera cuando tengas que obedecer a Dios, lo que dice en su Palabra no cambia, aunque “alguien” traiga un mensaje contrario asegurando que viene de parte de Él.

 

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Dios te escogió, ¿obedecerás?

La obediencia se remonta a la época de Adán y Eva. Si ellos hubieran obedecido a Dios al no comer fruta del árbol prohibido, la historia de la raza humana se hubiera escrito de otra manera. Una vez que comieron la fruta, el pecado entró en el mundo. Si el pecado nunca hubiera entrado a la Tierra, todo sería perfecto. No habría conocimiento del mal y solo habríamos visto la belleza del Paraíso. Pero debido a un simple acto de desobediencia, lo perdimos todo. Ahora, no vayan a odiar a Adán y Eva después de oír eso porque si todos hemos pecado alguna vez en nuestras vidas, nosotros también somos culpables. 

Cuando Dios te llama, muchas veces es difícil seguir su voz porque algunas veces tenemos que dejar nuestro estado de comodidad para honrarlo. Muchas veces no lo seguimos si no sabemos Su motivo. Esta situación es similar a un padre demandándole a su hijo que no toque una bombilla. El niño no entiende la razón por la cual no lo debe tocar la bombilla (se quemará) pero si obedece al padre, el niño no se quemará. La obediencia no debe ser condicional. No debemos obedecer a Dios solo cuando comprendemos, sino también cuando no tenemos idea de sus planes. Hay muchas historias de obediencia en la Biblia, aparte de la historia de Adán y Eva, que nos enseñan la importancia de seguir las instrucciones dadas por el Señor. Debemos aprender de ellas.

La esposa de Lot (Génesis 19:15-29): La esposa de Lot desobedeció las instrucciones dadas por los ángeles y miró hacia atrás para ver la ciudad de Sodoma y Gomorra en llamas mientras huían de la ciudad. Dios castigó su desobediencia severamente al convertirla en una columna de sal. Puede parecer brutal, pero Dios advierte que habrá castigo para aquellos que desprecian la autoridad y protección para aquellos que son justos. (Pedro 2:4-10)

Abram (Génesis 22:1-18):  Dios le dijo a Abram en el versículo 2 “Toma a tu hijo, el único que tienes y al que tanto amas, y ve a la región de Moria. Una vez allí, ofrécelo como holocausto en el monte que yo te indicaré”. (NVI) Abraham siguió la orden de Dios, incluso cuando le causaría mucho dolor sacrificar a su hijo amado. Pero cuando Abram tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo, un ángel le dijo que no continúe porque solo era un examen para ver si él temía al Señor.  

Moisés (Números 20:2-13) Moisés fue un gran líder. Él siguió todas las instrucciones de Dios. Sin embargo, en esta historia, Dios le dijo a Moisés que le hablara a una roca porque agua potable fluiría de ella, pero, en lugar de hablarle a la roca, Moisés golpeó la roca dos veces. Debido a su fracaso en seguir ese pequeño detalle, Dios le dijo a Moisés que él no vería la tierra prometida. Dios tomó su desobediencia como una desconfianza hacia Él delante de los israelitas y lo castigó.

Ezequías (2 Reyes 18:1-12): Ezequías era joven cuando se convirtió en rey de Judá. Él amó a Dios y obedeció todos los mandamientos de Dios. Debido a que amaba a Dios, Él se aseguró de que Ezequías triunfara en todo lo que hizo. El hecho de que él era joven y obedeció a Dios muestra que es un modelo a seguir para todos nosotros.

Jesús: Hay demasiadas historias que muestran la obediencia de Jesús a Dios, pero la historia que quiero señalar es el momento en cuando estaba orando en el jardín. (Mateo 26:36-26, Lucas 22:39-46) En una parte de su oración, Jesús dijo “Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”, (Mateo 26:39, NVI) para preguntarle a Dios si era la voluntad Su voluntad, si podía cambiar el plan original para no tener que sufrir ese terrible destino en la cruz. Y todos sabemos cómo termina esa historia. Jesús atravesó ese terrible destino por obediencia.

Gracias a todos estos ejemplos, tenemos una ligera idea de cómo es la obediencia. Elige hacer lo que Él te pide sin tratar de entender por qué. Hazlo porque Él sabe todo y Él es quien se preocupa por ti al 100%.

 

 

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Obedece sus instrucciones

“Y ahora, queridos hijos, permanezcan en comunión con Cristo para que, cuando él regrese, estén llenos de valor y no se alejen de él avergonzados.” 1 Juan 2:28 (NTV)

Antes de que la tierra fuera destruida por el diluvio, Dios vio que todas las personas se habían corrompido, excepto uno, Noé, quién era un hombre justo, intachable y que siempre estuvo en comunión con el Señor.

Entonces Dios le dijo a Noé: “He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra. Hazte un arca de madera…” Génesis 6:13-14.

Antes de que Sodoma y Gomorra fueran destruidas, Dios vio que el pecado de las personas en estas ciudades era mucho. Pero Lot halló gracia y misericordia ante el Señor.

Los ángeles le dijeron a Lot: ¿Tienes otros familiares en esta ciudad? Sácalos de aquí. “Porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo.” Génesis 19:13.

Algo que Noé y Lot nos enseñan es que la obediencia a la palabra de Dios es fundamental para que seamos salvos. La pregunta es: ¿Estamos escuchando las instrucciones de Dios y siendo obedientes?

Antes de que la tierra sufra los siete años de tribulación, el Señor salvará a sus hijos y los llevará a Su presencia, así como salvó a Noé y Lot en aquel tiempo. La Biblia dice que llegará el día en el que el Señor destruirá la tierra y donde todas aquellas personas que no obedecieron serán castigadas eternamente. Y Jesús no quiere eso para ti y  tu familia.

Dios te ama tanto que su anhelo y deseo es que seas salvo. Pero para ello debes seguir sus instrucciones y obedecerlo. Dios habló a Noé y le dijo cómo él y su familia podían salvarse. Lo mismo pasó con Lot, el Señor envió ángeles para decirle cómo podían ser salvos y escapar de la destrucción. Ambos (Noé y Lot) hicieron exactamente lo que el Señor les había ordenado y fueron salvos.

No dejes de leer la Biblia y obedecer las instrucciones de Dios. Jesús dijo: “El que me ama, mi palabra guardará.”

 

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Yo sé que no es cristiano, pero lo amo

“Cavaron para sí cisternas rotas que no retienen agua”. Jeremías 2:13 (RVR1960)

Cuando ponemos en primer lugar nuestros sentimientos por encima de la voluntad de Dios, podemos vernos tentados a querer forzar las cosas. Repetimos una y otra vez que amamos a alguien, como si esto, de por sí supliera cualquier deficiencia que pudiera tener,  negándonos sistemáticamente a escuchar consejos que nos aportan una palabra de precaución. En una mezcla de optimismo con ingenuidad se repiten frases como: cuando estemos casados él cambiará, comenzará a ir a la iglesia, o bien pensamientos tales como: aunque no es creyente, todavía es una buena persona y merece una oportunidad. Por lo tanto, si te encuentras en una relación con alguien que no comparte tu fe, tienes muchas probabilidades de salir lastimada y también de terminar alejada de Dios. Ten en cuenta que si las diferencias ya se notan en el noviazgo, cuanto más importantes se harán en la vida matrimonial. La visión de la vida de un no creyente es muy distinta a la nuestra, ¿Qué pasará cuando quieras ir a la iglesia y servir al Señor? ¿Qué sucederá con la educación de los hijos, ya que para ti será importante que se eduquen en la fe cristiana? Quizás son muchas las voces que escuchas a diario, pero es tiempo que atiendas especialmente a la voz de Dios. Sigue sus consejos, no te unas a un no creyente porque esto representa un yugo desigual y Dios te da este consejo para evitarte, desilusiones y sufrimiento.

Por Danitza Luna

 

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¿Victoria o derrota?

Después de la victoria que tuvo el pueblo de Israel contra Jericó, la siguiente ciudad que tomarían sería Hai; según los espías que fueron a reconocer ese territorio con dos mil o tres mil guerreros sería suficiente para derrotarla porque no era una ciudad grande. Sin embargo, los de Hai los derrotaron haciéndolos huir y matando a treinta y seis israelitas. 

Josué estaba indignado y con gran tristeza, rasgó sus vestiduras y oró a Jehová preguntando porqué había permitido esta caída, y Jehová respondió: “Lo que pasa es que los israelitas han pecado. Yo les ordené que destruyeran todo lo que había en la ciudad de Jericó. Era un trato que habíamos hecho. Pero se quedaron con algunas de esas cosas. Se las robaron, las escondieron entre sus pertenencias, y luego mintieron acerca de lo que habían hecho. Por eso los israelitas no pueden vencer a sus enemigos. ¡Huyen porque ellos mismos merecen ser destruidos! Yo no voy a ayudarlos mientras no destruyan las cosas que les prohibí tocar.”  Josué 7: 11-12 (TLA)

Lo que pasó el pueblo de Israel es una gran lección para nosotros, Dios nos respalda en las luchas que enfrentamos, Él quiere que salgamos victorioso y conquistemos áreas para nuestro crecimiento. Pero también permite las derrotas cuando infringimos alguna de sus ordenanzas o mandamientos.

Examinemos qué hay detrás de nuestras derrotas pasadas y las luchas que vamos a enfrentar. Reflexionemos si hay algo que nos está alejando de Dios, si estamos siendo desobedientes o si tenemos algo escondido en nuestro corazón que no agrada a Dios.

Si hay algo escondido, tenemos la misericordia de Dios para entregarlo y retomar la santidad: “¡Vamos! Ordénale al pueblo que se purifique y se prepare para mañana. Dile lo siguiente: “El Dios de Israel dice que les ordenó destruir todo lo que había en la ciudad de Jericó, pero que ustedes se quedaron con algunas cosas que debían haber destruido.”. Josué 7: 13 (TLA)

¡Corramos la carrera de la fe libre de todo peso y la victoria de Dios estará garantizada!

 

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Porque yo digo

Pero, ¿por qué no me da permiso para salir un rato?

¡Porque yo soy la mamá!

Este diálogo no es imaginario. Ocurrió muchas entre mi mamá y yo en relación a otros temas de la vida de un niño. A veces me pregunto si ella se daba cuenta lo que me dolía esta respuesta y por eso me la dejaba caer o no era más que su visión de mundo aplicada a un petiso de ocho años que quería ir a lo de un amigo.

Si me decía que era porque hacía frío o porque tenía que limpiar las jaulas para los conejos que criaba mi papá el asunto me parecía menos enojoso. Pero que la razón fuera únicamente su posición como autoridad y que de ella emanara esa voluntad me parecía arbitrario, dictatorial.

Eso me llevó a pensar una vez en esta cuestión: ¿Cuando Dios ordena éste o aquel mandamiento, lo ordena porque El mismo ve que es lo mejor o es porque El lo dice, porque El es el Papá?

Alguien de la audiencia podría con justa razón preguntarse, ¿Y qué importa? De lo que se trata aquí es vivir de acuerdo a Sus mandamientos. Tal vez no tenga ninguna importancia. O tal vez tiene mucha.

Por una parte, pienso que hay una diferencia inmensa entre una obediencia ciega y una obediencia con entendimiento. Es decir, no se debe (no se debería) cumplir una orden sólo porque la autoridad lo dice sino porque uno entiende que su valoración de los efectos de la obediencia es acertada, correcta, razonable. Por otra, si es la voluntad de la autoridad la que valida el mandamiento, ¿qué pasaría si decidiera que algo contrario fuera lo correcto?

Recuerdo la batalla que solíamos tener con nuestros padres por el asunto del pelo largo. Aparte de enviarnos a coscorrones a la peluquería del hermano Varas nos propinaban el versículo aquel de que al hombre le es deshonroso dejarse crecer el cabello. Muchas veces me pregunté qué explicación había para todas las imágenes que hay de Jesús, de los discípulos y de tantos hombres en otras épocas que los muestran con el pelo largo. ¿El mandamiento emanaba de una cuestión razonable y eficaz para siempre o era una cosa que quería el apóstol Pablo?

A veces uno desearía que en esto también – como en otros asuntos bastante discutibles – hubiera dicho: “Porque yo digo, no el Señor”…

Creer, confiar y obedecer

Muchos tenemos una idea errónea de lo que es la fe. Conceptualmente, es la creencia y esperanza de la existencia de un ser superior y  Bíblicamente, es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11:1). Es decir que no es un simple acto de creer, va más allá.

Como hijos de Dios el primer paso que dimos fue creer en Jesucristo y Su obra en la cruz, de esta forma tenemos acceso al perdón y a la vida eterna.

“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.” Santiago 1:6 (RVR1960).

El siguiente paso es la confianza, en este punto quisiera que te formularas la siguiente pregunta: ¿sería posible confiar en alguien en quien no se cree?  Yo pienso que no, por lo mismo, ¿si crees en Dios, no deberías también confiar en Él?

No sólo debemos creer en las promesas y bendiciones que están escritas en Su Palabra, sino también tener la confianza de que, por más que no entendamos la situación en que estamos inmersos, Dios tiene el control y cumplirá todas y cada una de esas promesas.

“Y en Cristo tenemos libertad para acercarnos a Dios, con la confianza que nos da nuestra fe en él.” Efesios 3:12 (DHH).

Pero para ver cumplidas estas promesas, es necesario un ingrediente más: la obediencia; si no haces el mínimo de esfuerzo para conseguir algo, ¿crees que llegará a ti?

En la Biblia dice que si obedecemos Sus mandamientos (1 Juan 3: 24) permanecemos en comunión con el Señor y que Sus bendiciones nos alcanzarán (Deuteronomio 28:2), además de ser una actitud en la que Él se agrada (1 Samuel 15: 22).

“y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre;” Romanos 1:5 (RVR1960).

Fe es sinónimo de creer, pero también implica confiar y obedecer.

Hoy te invito a llevar tu fe más allá, no creas solamente, empieza a confiar en Dios y a obedecer Su Palabra, de esta forma alcanzarás el objetivo más grande  que busca la humanidad entera: la salvación de tu alma.

“obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.” 1 Pedro 1:9 (RVR1960).

Por Cesia Serna

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¿Estás dando honra a tus padres?

“Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios.” Éxodo 20:12 (NVI)

Honrar a nuestros padres significa, entre otras cosas, obedecerles, respetarlos, admirarlos, ser agradecidos y hablar bien de ellos. Dios nos dice en la Palabra que si hacemos estas cosas tendremos larga vida y todos nos saldrá bien (Efesios 6:3). Además debemos seguir el ejemplo de Jesús, mientras vivió en esta tierra daba honra a su Padre: “….lo que hago es honrar a mi Padre” Juan 8.32 Podemos concluir entonces que así como es necesario honrar a nuestros padres, cuanto más lo será con respecto a Dios. El merece todo la honra, por su gran amor y misericordia para con nosotros. Si piensas que aún tienes mucho que mejorar en cuanto a dar honra a tus padres, hoy puede ser un día para hacer algo extra, una llamada telefónica, una visita, compartir algo, comienza a dar un primer paso que será de bendición para ellos y para tu propia vida.

Por Danitza Luna

 

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¿Buscarás ayuda?

“Esto dice el Señor: ‘Sean imparciales y justos. ¡Hagan lo que es correcto! Ayuden a quienes han sufrido robos; rescátenlos de sus opresores. ¡Abandonen sus malas acciones! No maltraten a los extranjeros, ni a los huérfanos ni a las viudas. ¡Dejen de matar al inocente!” Jeremías 22:3 (NTV).

Dios nos dice que debemos hacer lo correcto y no hacer daño a nadie, que abandonemos el mal y hagamos el bien.

Para practicar el bien es necesario sujetarnos a Su Palabra que nos ayuda a tomar decisiones para enfrentar las circunstancias que vivimos.

Es posible que en este tiempo, estés siendo víctima de maltrato físico o psicológico. Si este es el caso, recuerda que eres muy valioso para Dios y su voluntad es que ya no sufras más violencia.

Busca ayuda profesional y refúgiate en los brazos del Señor. Pues Él no concibe la opresión, ni el maltrato a los inocentes.

Por Giovana Aleman

 

 

 

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Firme dependencia

En Éxodo 1 relata cómo los hijos de Israel se multiplicaron en tierra Egipcia, tanto que los egipcios temieron por ellos; el faraón entonces dio la orden a las parteras de las hebreas Sifra y Puá que matasen a los niños y dejasen con vida a las niñas en el alumbramiento que atendían con el objetivo de frenar el crecimiento de ese pueblo.

Sin embargo, ellas temían a Dios y se negaron a obedecer la orden del rey, dejando vivir también a los varones. Por esta razón, el Señor las bendijo.

“Y Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera. Y por haber las parteras temido a Dios, él prosperó sus familias.” Éxodo 1:20-21 (RVR1960)

Quizás alguna vez has enfrentado alguna situación donde te pidieron que procedas de forma deshonesta, que mientas por otros, que alteres un número en tus reportes, que subas precios por encima de lo justo, o que seas cómplice de una injusticia.  ¿Cómo reaccionaste?

En el caso de Sifra y Puá, su actitud fue de dependencia primeramente a Dios, por encima de lo que implicaría desobedecer al rey egipcio. Como consecuencia, el pueblo se extendió más, se fortaleció y ellas fueron bendecidas.

Si se presenta una situación donde tienes que obedecer a una autoridad o a Dios, sin dudarlo elige ser obediente a nuestro Señor.

¡Sé integro donde estés!

 

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