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Criticando muestras inseguridad

Hay personas que se pasan mucho tiempo criticando casi todo. Critican tanto, que quien los escucha debe pensar que ellos que tanto critican, harán todo perfecto.

Tristemente no es así. Por lo general, quienes critican, si, muchas veces tienen la auto-estima muy alta, pero otras tantas veces es lo contrario. Resultan ser personas que tienen un número tan grande de inseguridades, que critican a otros para desviar la atención hacia los errores que comenten los demás o hacia la forma de hacer las cosas de otros.

Se habla de críticas constructivas y críticas destructivas. Las destructivas llevan normalmente un mensaje de decepción y calificación, sin dar ningún comentario de nada bueno o aceptable. Es como decirle a alguien: “No hiciste ese trabajo nada bien, pero claro, es que en realidad nunca lo haces bien”. Una crítica constructiva sería: “Disculpa, el trabajo que hiciste hoy no me pareció tan bueno como la mayoría de tus trabajos. Pienso que si le dedicas un poco más de tiempo a la planificación, te podría salir mucho mejor”. En este caso además se estaría dirigiendo directamente a la persona. Pero la mayoría de los “críticos empedernidos” se encargan de criticar a los demás a sus espaldas, es decir, comentando con otros.

Otro factor a resaltar es que una persona que critica a todo el mundo, cuando los llegamos a escuchar, nos invade el pensamiento de que con los demás nos criticará a nosotros también. ¿No es cierto?

Debemos cuidar lo que decimos, porque con la misma medida que medimos seremos medidos.

Recordemos estos pasajes Bíblicos:

Lucas 6:45 “El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca”.

Proverbios 15:4 “La lengua que brinda alivio es árbol de vida; la lengua insidiosa deprime el espíritu”.

Proverbios 10:19 “El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua”.

Mientras más moderamos seamos, en menos problemas nos meteremos. Como siempre digo: todo en exceso es malo. Es el lema del espacio que tengo en CVCLAVOZ los lunes a las doce hora de Miami, “Ni Más Ni Menos” con Elluz Peraza… ¡Porque todo en exceso es malo!

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Mentira la verdad

La red social Facebook instituyó unos signos que permiten al usuario hacer saber a la audiencia su sentimiento respecto de una publicación: Me gusta, No me gusta. Reflexionemos en estos sentimientos expresados así: Que algo me guste o no me guste no significa que sea verdad; es simplemente una expresión emocional de complacencia o desagrado. Ambas calificaciones serían simplemente un inofensivo inventario de los efectos que un tema puede producir en el plano de los sentimientos.
Pero la época que vivimos es única. Como en ningún otro momento de la historia humana se ha cambiado pensamiento por sentimiento y verdad por opinión. Es uno de los más devastadores genocidios perpetrados por la masa: la destrucción a granel del pensamiento crítico. Si cierta publicación obtiene, digamos, 53.876 Me gusta en las siguientes 24 horas de su aparición en la red adquiere la apariencia de verdad, de hecho de la causa, de evidencia irrebatible. Es una estadística que refleja, a juicio de la clientela social, una verdad sociológica innegable.
Tal es la fuerza de la manito con el pulgar hacia arriba o hacia abajo, que un lector airado por los contenidos de cierto artículo mío escribió al pie del mismo: “¡Le quité el Me gusta a su página!”, enviándome así (a su parecer) al círculo final del infierno de La Divina Comedia. Me hace recordar a aquella gente que oía la radio cristiana de la cual yo era ejecutivo de Relaciones Públicas que “castigaba” a la emisora dejando de pagar su aporte de dinero mensual si colocaba música no agradable a sus oídos.
Si bien el calificativo que comento puede ser útil para graduar la relevancia o interés que cierta publicación tenga en la red, expone a sus usuarios a que un arrollador caudal de estupidez y banalidad se convierta en verdad sociológica por la cantidad de Me gusta que obtiene.
Una buena parte de lo que se encuentra en la red no merece un minuto de serio análisis. Es impresentable que una propuesta consistente, un argumento esmerado, un temperado ejercicio de la palabra quede al veleidoso arbitrio de un pulgar hacia arriba o hacia abajo y que la belleza de pensar y dialogar se vaya al tacho de la basura.

La verdadera paz

“La paz os dejo, mi paz os doy, yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” Juan 14:27 (RVR1960)

Hay momentos en la vida en la que parece que nos encontramos en medio de un campo de batalla, las balas del enemigo nos pasan cerca y hasta podemos llenarnos de temor por el panorama que vemos a nuestro alrededor. Sin embargo, no debemos temer porque en medio de toda tempestad Él promete poner calma. Si la situación por la que atraviesas es muy complicada y crees que no hay salida alguna, encomienda a Jesús tu vida y la paz que sobrepasa todo entendimiento inundará tu ser de verdad.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Por qué te gusta criticar?

Hay situaciones en las que simplemente no podemos mantener la boca cerrada. Nos dejamos llevar por el momento y decimos lo primero que se nos viene a la cabeza. Aunque algunos podrían calificar esta acción como “dar una opinión”, pero en realidad es una crítica que no sirve para nada constructivo.

¿Por qué nos gusta criticar?

Muchos investigadores del comportamiento han concluido que la crítica dice más de la persona que lo dice, que el comentario en sí. Es parte de la naturaleza humana el querer destacar por encima de los demás, y esto hace que la crítica se convierta en parte de nuestra rutina. El fundador de la Asociación CompasssionPower, Ph.D. Steven Stosny, asegura que “la crítica es una forma fácil de defensa del ego. No criticamos porque no estamos de acuerdo con un comportamiento o una actitud. Criticamos porque de alguna manera nos sentimos devaluados por el comportamiento o la actitud.”

¿Cuál es la diferencia entre criticar y dar tu opinión?

Algunos justifican la crítica al asegurar que tan solo “están dando su opinión”, y si bien es cierto que la libertad de expresión es uno de los derechos de todo ser humano; hay una gran diferencia entre la crítica y la opinión. Según el Diccionario de la Real Academia Española, crítica es:

adj.  Inclinado a enjuiciar hechos y conductas generalmente de forma desfavorable.

Mientras que, opinión es:

f. Juicio o valoración que se forma una persona respecto de algo o de alguien.

Las definiciones hacen una distinción clara entre ambas palabras y, de lo cual se puede concluir que la crítica siempre estará inclinada a causar perjuicios en contra de alguien; además, ésta se hace con el propósito de devaluar a la otra persona.

¿Qué efectos tiene la crítica?

El experto en relaciones de pareja, John M. Gottman, identifica la crítica como una de las causales de divorcio, juntamente con la actitud defensiva, la evasividad, y el desprecio. Aunque su investigación se centró en parejas casadas, el efecto de la crítica se da también en las demás relaciones interpersonales y no necesariamente amorosas. La crítica destruye nuestro vínculo con las personas que nos rodean, y puede causar heridas profundas que son difíciles de sanar. Si bien es cierto que criticar está en nuestra naturaleza humana, esto no quiere decir que debamos ceder ante ella.

¿Qué puedo hacer en lugar de criticar?

Es erróneo decir que la crítica tiene como fin ayudar a la otra persona, pues, solo sirve para hacer sentir menos a los demás. Cuando existe una verdadera intención de querer lo mejor para alguien, lo que se hace no es criticar, sino aconsejar. Los consejos se hacen con amor, y cuando se hacen, se utiliza un lenguaje que refleja preocupación e interés genuino por la otra persona. Los consejos son efectivos, la crítica no.

La próxima vez que te sientas tentado a criticar a alguien o algo, haz una pausa y piensa en los efectos que tendrá. Siempre ten presente que “La gente buena siempre hace el bien, porque el bien habita en su corazón. La gente mala siempre hace el mal, porque en su corazón está el mal. Las palabras que salen de tu boca muestran lo que hay en tu corazón.” Lucas 6:45 (TLA)

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El Joyero

Cuentan que un joven fue a buscar al viejo maestro del pueblo para pedirle un consejo.

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y  bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro sin mirarlo, le dijo: -Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás  después… y luego de una pequeña pausa el anciano prosiguió: -Si quisieras ayudarme tú  a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después  tal vez te pueda ayudar.

-Encantado, Maestro- respondió el joven, un poco desconcertado por la respuesta  y sintiendo que otra vez era desvalorizado, y sus necesidades postergadas.

-Bien- asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el  dedo pequeño y dándoselo al muchacho, agregó: -Toma el caballo que  esta allá afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no  aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer  el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un utensilio de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro, así podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Cuando llegó hasta el anciano le dijo: Maestro, lo siento, no se pudo conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

-Qué importante lo que dijiste, joven amigo- contestó sonriente el maestro- Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con el anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ahora mismo  no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

-¡¡58 monedas!!  Exclamó el joven.

– Sí, replicó el joyero- yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo -Tú  eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo  puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida  pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.

Muchas veces nosotros estamos buscando la aceptación de  los hombres, buscamos que nos den el lugar que creemos merecer. En ocasiones hasta nosotros mismos desconocemos el valor que tenemos. Sin embargo, el Creador sabe de nuestro verdadero valor y el potencial que tenemos porque hechura suya somos.

No permitas que la opinión de nadie te lastime, desaliente o te aleje del verdadero propósito de tu vida, fuiste creado para grandes cosas que Dios preparó desde hace mucho tiempo atrás para ti.

Recuerda que sólo el experto sabe el verdadero valor de una joya valiosa y única; sólo Dios sabe tu verdadero valor.

“Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás“ Efesios 2:10 (NTV)

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Opinión en la mira

Este espacio comenzó como un “paralelo” independiente. Luego fue propuesto como un lugar para la literatura y finalmente, después de otros ajustes en la plataforma, terminó como una propuesta de opinión. De este resultado aprecio dos cosas. La primera, que no sea un lugar “mío”; comparto tribuna, aunque no muy seguido, con otros contribuyentes. La segunda, que sea de opinión. Eso me proporciona una agradable libertad de movimiento.
Advertí desde el principio a la audiencia que leería estas líneas que éstas no tenían pretensiones devocionales ni doctrinales. Dije también que no era un recurso de autoayuda espiritual, tan en boga por estos rumbos. Siempre hice hincapié en que era una columna de opinión. Y la opinión, perdón por la rareza de la expresión, es “opinable”; es decir, la audiencia puede discrepar, ignorar y despreciar, o bien apreciar, disfrutar y compartir las expresiones vertidas aquí. Son puntos de vista; no me interesa dictar cátedra sobre ningún tema, aunque no me limito en la variedad ni el carácter de lo que escribo.
Cuando reviso los casi setecientos artículos publicados en estos años debo admitir que en algunos de ellos sí hubo, desgraciadamente, algunas expresiones que pueden calificarse de pretenciosas, injustas o desafortunadas. O directamente ignorantes. Si es que alguno de ustedes las recuerda, les solicito sinceramente disculpen el yerro. A veces el entusiasmo – o la tontería – supera a la prudencia.
Pero sin solución de continuidad reivindico la independencia de estos comentarios. Independencia de obligaciones institucionales, de las indispensables reverencias a los principales señores, de las formas impuestas sobre cómo se debe entender la cultura de los cristianos y de lugares comunes, correcciones políticas y convenciones semejantes.
Cuento – todavía – con la anuencia del director de este proyecto y en retribución a esta inapreciable confianza, reconozco un límite y lo respeto lo más que puedo: la naturaleza de este sitio que supone cuidar el lenguaje y la imagen.
Algunas personas deben haber resentido que haya incluido en la categoría de opinión las “Meditaciones impertinentes”. Admito que fue una licencia amparada en la idea que es una opinión absolutamente mía y no de la institución. Pero como en política, fútbol y economía, en la interpretación de la Biblia todos suponemos tener el entendimiento verdadero. Así, muchas más personas son afectadas por mis impertinencias bíblicas que por mis comentarios sobre las buganvillas y mis noches de insomnio, razón por la cual “opino” que deben ser canceladas inmediatamente.

Para bien y no para mal

Es cómodo juzgar la conducta de otros a simple vista, solemos sacar conclusiones de lo poco que sabemos o lo poco que llega a nuestros oídos.

Esta semana pasó algo que me hizo pensar mucho en esto. Cuando iba a subir a la movilidad pública para trasladarme al trabajo, dos personas se adelantaron, un joven con su madre, la cual cerró la puerta al estar yo subiendo, me molesté y le dije que porqué cerraba si estaba subiendo. Sólo me pidió que la disculpara. Ya después de un trayecto ellos bajaron y pude notar algo que no percibí antes, la señora tenía problemas en la vista porque necesitaba estar agarrada de su hijo para bajar.

Me sentí terrible por mi reacción apresurada, porque lejos de ayudar a la señora con esta limitación aumenté su limitación.

Jesús confrontó a los jefes de los judíos cuando lo juzgaron por sanar a un hombre en día de reposo, cuando ellos también llevaban a cabo la circuncisión en aquél día, y les dijo: No digan que algo está mal sólo porque así les parece. Antes de afirmar algo, deben estar seguros de que así es. Juan 7:24 TLA .Jesús había dado una nueva esperanza a una persona enferma, fue de bien para él, pero los jefes judíos se preocuparon más por el cumplimiento de la ley, que a su “parecer” era lo mejor, antes de ocuparse de lo más importante: el amor a los demás.

Antes de emitir nuestra opinión o actuar al calor de nuestras emociones, tomemos un tiempo para reflexionar y preguntarnos ¿Estoy seguro de que conozco todo sobre este tema para juzgar? Así evitaremos ser de tropiezo y seremos de bendición a nuestro prójimo.

En cualquier situación en la que te toque emitir una opinión respecto a algo o a alguien, si es posible conozcamos el por qué o qué hay detrás, es posible se necesite de tu ayuda o apoyo en vez que nuestro juicio; pues de eso Dios se encargará de manera justa: Ustedes juzgan como todos los demás, pero yo no juzgo a nadie.  Si lo hiciera, juzgaría de acuerdo a la verdad, porque no juzgo yo solo. Mi Padre, quien me envió, juzga conmigo. Juan 8:15-16 TLA

Recordemos que debemos ser luz y no oscuridad en todo lo que hagamos.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Litigios de la opinión

Después de tantos meses me doy cuenta que no es muy agradable que este espacio se encuentre en la sección de opinión de este sitio web. Si bien me otorga un amplio espacio para reflexionar sobre temas de variada índole, cada día me convenzo más que la reputación de la opinión roza continuamente la superficie del suelo. No está del todo abatida en el descrédito porque de tanto en tanto aparece algo bello, potente y articulado que salva el día – y no me estoy refiriendo a mis artículos, eso que quede claro.
Hace un tiempo comenzó a circular en mi país una palabra que buscaba describir a una generación emergente de chilenas y chilenos que hablaban en televisión de todos los temas imaginables con un desparpajo, un histrionismo y una falta de rigor intelectual abismante. Eran los “opinólogos”. A este calificativo siempre lo consideré un intento de darle legitimidad a una impresentable hemorragia de puntos de vista que demandaban urgentemente alguna logía, es decir un estudio sistemático y documentado. Por una ironía de la televisión la palabrita quedó apenas como una etiqueta que revelaba que la persona opinante no solamente no tenía el conocimiento requerido para esa función sino que su juicio pesaba casi siempre menos que un discreto puñado de plumas.
La opinión llevada a su más precaria expresión de integridad conceptual campea en el mundo de las redes sociales. Cualquier persona conectada repiquetea sobre un teclado con abreviaturas y espeluznantes errores de ortografía y sintaxis lo que se le venga a la cabeza en materias tan diversas como política, economía, cultura, ciencia, medios de comunicación, deportes, entretenimiento, cocina, jardinería, tendencias o vida urbana. Por cierto sus inefables comentarios no son más que la repetición ad nauseam de lugares comunes, copiado y pegado o, a lo más, vómitos de bilis opinológica de profunda raigambre social.
Más asombro produce el que haya gente que al participar de esta retahíla de imprecisiones, falacias y mínimos manejos conceptuales se sienta protagonista legítima de la ubicua y enorme plataforma del conocimiento compartido, la libre expresión de las ideas y el enriquecimiento del pensamiento – de nuevo – social.
Como en todos los asuntos importantes de la vida y para tranquilidad de la audiencia susceptible, terminemos diciendo que hay nobles y estimulantes excepciones lo cual, como siempre afirmamos por estos rumbos, no hace más que confirmar la veracidad de estas sombrías realidades.

No te va a gustar

Así se llama la banda que toca “Cosa linda”, la canción con la que Angel Galeano introduce cada jueves en su programa la conversación que tenemos sobre lo que escribo aquí. Menudo nombre. Como una premonición. Un anticipo de lo que le pasa a la Inmensa Mayoría al mirar estos trastos existenciales que exhibe la estantería de esta tienda virtual de opinión.
Como este espacio no es de doctrina, edificación o crecimiento espiritual me permito recorrer una variada gama de impresiones y pensamientos laterales. Reflejan la frustración de lo inconcluso, el misterio del dolor y la tristeza, la ironía del discurso divorciado de la realidad, la discreta poética de la decepción. Recogen nostalgias inventadas y reminiscencias reales, un poco mezcladas para proteger a los inocentes y – nobleza obliga – también a los culpables.
Ha habido algunos momentos magistrales aquí. Otras veces, la prosa se arrastra resignada por el territorio de lo políticamente correcto porque tampoco estamos interesados en revoluciones literarias de cuarta que no hacen otra cosa que irritar los ojos y poner en peligro los necesarios subsidios para la vida. Pero lo más del tiempo se puede navegar por aguas profundas, acercarse a arrecifes medio peligrosos, volcar intrincados significados y hacer guiños a la propia historia.
Cada tanto conviene agradecer. Sé que hay una pequeña cofradía de lectores que siguen estos artilugios para disfrutar del sonido de las palabras. Hay quienes querrán hallarle algún agujero que revele las inconsistencias de una vida tan poco ejemplar como la mía. Como sea, le dan sentido y justificación a este oficio virtual porque aún me quedo perplejo frente al hecho de no saber quién lee, quién escucha, quién mira en este mare magnun cibernético… ni cuántos.
Pero lo que sí es cierto, más allá de toda duda razonable, es que son muchas las personas que no le encuentran agarradero a los asuntos que aquí se presentan día por medio. Hace años conducía un programa de radio que trataba temas de actualidad. En una gira que hicimos por el país con cierto importante predicador, una señora en Antofagasta me abrazó, me miró a los ojos y me dijo con una dulzura cautivante: “¿Sabe, Benjamín? Yo la pura verdad no le entiendo nada, pero ¡pucha que habla bonito!”
Pero si ni siquiera alcanza para eso, lo peor que puede suceder es que esto – de nuevo – no les va a gustar.

¿Estás viviendo un atardecer o una tormenta?

La dicotomía entre un hermoso atardecer y una turbadora tormenta. No se si disfrutar o salir corriendo. ¿Qué hacer cuando el amor y la tragedia vienen de la misma mano? ¿Que priorizar cuando la vida me sonríe pero me pide algo a cambio?
Un aplauso cuando se esconde el sol, a lo mejor que tiene para darnos, a una obra de arte que con su sola belleza ya se hace querer. No tiene que hacer mas nada que ser.
El viento se levanta como una sorpresa inesperada, y Comenzamos todos a correr sin creer que se hizo esperar para que disfrutáramos el atardecer.
Muchas cosas en la vida tienen esa misma amabilidad.
La tormenta se apropia del lugar, mis expectativas e ideas se ven inundadas por sus truenos y verdades.
Al final todo depende de mi. Porque al fin y al cabo es mi vida, y mi historia la que cuenta. El atardecer y sus rojos besos me regalaron una felicidad tan grande que aunque la lluvia venga y ya no lo pueda ver, lo recuerdo. Con gran agrado.
Se me escapa una sonrisa, y un pasito de alegría, mientras sigo mi camino, bailando bajo esta lluvia fresca, que pronto pasara.

No me gusta

Las redes sociales instituyeron un signo que permite al usuario hacer saber a la audiencia su sentimiento respecto de una publicación: Me gusta, No me gusta. Hagamos énfasis en sentimiento. Que algo me guste o no me guste no tiene que ver con verdad o razón; es simplemente una expresión emocional de complacencia o desagrado. Ambas calificaciones serían simplemente un inofensivo inventario de los efectos que un tema puede producir en el plano de los sentimientos.

Pero la época que vivimos es única. Como en ningún otro momento de la historia humana se ha cambiado pensamiento por sentimiento y verdad por opinión. Es uno de los más devastadores genocidios perpetrados por la masa: la destrucción a granel del pensamiento crítico. Si cierta publicación obtiene, digamos, 53.876 Me gusta en las siguientes 24 horas de su aparición en la red, adquiere la apariencia de verdad, de hecho de la causa, de evidencia irrebatible. Es una estadística que refleja, a juicio de la clientela social, una verdad sociológica innegable.

Si bien el calificativo que comento puede ser útil para graduar la relevancia o interés que cierta publicación tenga en la red, expone a sus usuarios a que un arrollador caudal de estupidez y banalidad se convierta en verdad sociológica por la cantidad de Me gusta que obtiene. Es el fin de la conversación con sentido. Aparte que la Internet ya ha destruido casi totalmente el gusto por la conversación cara a cara, ha permitido a quienes no tienen nada realmente valioso que decir hacerse de un espacio que los coloca en el ojo de una audiencia anónima y hambrienta de emociones.

Una buena parte de lo que se encuentra en la red no merece un minuto de serio análisis. Pero No me gusta que una propuesta consistente, un argumento esmerado, un temperado ejercicio de la palabra quede al veleidoso arbitrio de un pulgar hacia arriba o hacia abajo y que la belleza de pensar y dialogar se vaya al tacho de la basura.

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