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¿Puede un orgulloso creer en Dios?

El orgullo es una de las actitudes que Dios más detesta (Proverbios 6:16-17). Y es que esto enceguece a las personas y les hace creer que pueden hacer todo por su propia cuenta y no necesitan a Dios. Entonces, ¿es posible que una persona orgullosa pueda creer en Dios? ¿Será que el orgullo impide que Dios trabaje en su vida?

En el siguiente video, Alex Campos reflexiona sobre este asunto y afirma que para Dios no hay nada imposible.

Lo inseparable

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.” 1 Corintios 13:1

El amor es una gran virtud, necesaria en todos los aspectos de nuestra vida; en lo que somos y en lo que hacemos. Dios nos ha regalado dones, que son favores especiales que se dan a una persona sin que ésta los haya ganado o lo merezca. Estos dones los recibimos para servir a Dios y a nuestro prójimo.

Es así que el amor y los dones están ligados, no pudiendo estar separados en ningún aspecto. Sin el amor nuestras acciones se vuelven simples actos carentes de una correcta motivación. Sin amor nuestras palabras dejan de tener peso y simplemente son escuchadas por otros como un ruido, como si un metal golpeara a otro. Sin amor nuestro servicio se vuelve una mera rutina, un conjunto de acciones que hacemos de manera mecánica, perdiendo el verdadero sentido.
El Apóstol Pablo en su carta a los Corintios resalta que el principal de los dones es el amor, pues sin él la esencia de los otros sería el orgullo.

Se dice que el ingrediente secreto para la cocina es el amor. Uno puede preparar una comida siguiendo paso por paso la receta de un prestigioso chef, pero aun así es probable que no pueda competir con otra que se preparó, quizás con menos conocimiento, pero sí con mucho más cariño.

El amor se nota, inclusive cuando trabajamos o cuando realizamos una tarea; tal vez podremos lograr lo que nos propongamos, simplemente por hacerlo, pero un resultado excelente se verá cuando nuestro corazón esté en lo que hacemos.

Nuestras palabras y actos tienen que estar unidos por el amor para que puedan impactar positivamente a nuestra sociedad.

Hoy marca la diferencia, llénate del amor de Dios y dale el toque especial en todo lo que hagas para que se pueda escuchar Su voz agradable.

“Tres cosas durarán para siempre: la fe, la esperanza y el amor; y la mayor de las tres es el amor.” 1 Corintios 13:13

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El amor en la familia

“ Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor” 1 Corintios 13:4-5 (TLA).

La familia es una bendición de Dios que está diseñada para suplir las necesidades más cruciales como ser: amor, seguridad y sentido de pertenencia. El amor es muy importante, para mantener la unidad de los miembros de una familia. Por el contrario, cuando hay orgullo y egoísmo la familia puede llegar a dividirse.

Es importante que el amor de Dios reine en nuestro hogar, es decir ese amor paciente y bondadoso que no permite que el veneno del orgullo contamine y destruya el amor familiar. El verdadero amor piensa en términos familiares más que individuales, no guarda rencor, sino que perdona, contribuyendo a que en la familia reine un ambiente de paz y armonía.

¿No es este amor el que debe fluir en nuestra familia?

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Eres orgulloso?

“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”. Efesios 1:4 RV60

En la vida cotidiana las situaciones difíciles afectan nuestra manera de pensar sobre los demás cuando nos lastiman o fallan, lo que debemos cuestionarnos es si nos volvemos altivos ante esas circunstancias  y si esto nos impide perdonar con facilidad.

Algunos cristianos no descubren su verdadera identidad en Jesucristo y esto se ve en las actitudes que toman ante la multitud de pruebas que afrontan, llegando a cansarse al intentar darles solución a partir de sus propias fuerzas.

A cada momento damos un examen delante de Dios, Él utiliza muchas cosas para cambiar nuestra manera de comportarnos y nos muestra la verdad en su Palabra: sólo seremos libres de orgullo en Su Presencia.

Romanos 12:2 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

Si eres hijo o hija de Dios deja que Jesucristo haga una obra especial en tu carácter, Él puede librarte del orgullo; no dejes pasar el tiempo, dale lugar al perdón y al Espíritu Santo para que seas renovado y cambie tu modo de pensar.

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Religiosidad agresiva?

Cuando nos apasionamos por la esperanza que tenemos en Jesús y queremos contarle a todo el mundo acerca de ello, nos sentimos maravillosamente bien. Tenemos un propósito y la vida cobra sentido. Nos leemos la Biblia todos los días, alabamos a Dios y nos proponemos ser mejores personas cada día. Todo eso es magnífico, pero debemos cuidarnos como en todo, de los excesos.

Habrá quien se moleste conmigo y me critique el hecho de que estoy diciendo que no se excedan en brindarle amor, atención y servicio a Jesús. Pero me han interpretado mal si lo hacen, porque no creo que nada sea suficiente para ese Rey que dejó Su reino para venir y dar Su preciosa vida para el perdón de nuestros pecados y para que podamos tener vida eterna junto a Él.

Simplemente que a veces nos podemos desviar, porque he visto que ha pasado, y cuando estamos con toda esa pasión podemos caer en sentirnos mejor que los demás porque “lo estamos haciendo TAN BIEN que…” ¿Me explico? Estamos estudiando tanto la Biblia, asistiendo tanto a todos los eventos de la iglesia, orando a cada momento, que cuando vemos que alguien no lo está haciendo igual, nos podemos sentir mejores que ellos, o podemos criticarlos o podemos comentar acerca de esas personas que no están tan comprometidas o no dedican tanto tiempo como nosotros a la vida religiosa. En ese momento estamos cayendo en la religiosidad. Comenzamos a hablar con términos que no son cotidianos, tendemos a comenzar a hablar otro idioma que puede hacer que las personas que necesitan conocer de Jesús, mas bien se alejen.

Justo sucedió cuando vino Jesús y vio a los fariseos, que eran los sacerdotes que dedicaban su mayor atención a todo lo relativo con las leyes de pureza incluso fuera del templo y los saduceos que venían siendo personas de la alta sociedad o miembros de familias sacerdotales, cultos y aristócratas. Ellos estaban tan dedicados a las “normas” que se tomaban atribuciones que no les correspondían, juzgaban a otros y llegaron a hacer rituales en público para que la gente los viera adorando y hacer sentir que eran mejores que otros, aunque en privado no lo fueran. Obtuvieron pleitesías de parte de la gente y se les subió el orgullo a la cabeza y eso los dañó.

Por otra parte, cuando nos sentimos que somos mejores que los demás porque lo estamos “haciendo muy bien”, ya se nos está subiendo el orgullo a la cabeza a nosotros, y en lugar de atraer gente hacia la iglesia o hacia Dios, los vamos a alejar. Hay una línea muy fina para caer en ser orgullosos en el tema de la religión. Debemos recordar siempre que somos humanos y debemos ser humildes y depender de la fortaleza de Dios y no de la nuestra, depender de las bondades de Dios y no creer jamás que somos nosotros quienes llevamos a alguien a Dios. Al fin y al cabo es el Espíritu Santo quien logra que la gente acepte y entienda a Jesús. Nosotros podemos saber versículos, podemos con nuestro ejemplo demostrar que es maravilloso recibir a Dios en nuestros corazones, nos podemos pasar gran parte del día adorando, meses orando por ellos, pero si no es el tiempo de las personas y si el Espíritu Santo no hace Su parte, no vamos a lograr llevarlos hacia Jesús.

Debemos tener la humildad de pedirle siempre a Dios Su ayuda, Su guía y sabiduría para no caer en ser orgullosos ni creernos más que otros porque estemos cumpliendo con las normas, leyes o requerimientos religiosos. Alejémonos de la religiosidad para no alejar a otros de Jesús.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Diferencias

Cada persona es única, diferente y especial por lo que es inevitable que a veces estas diferencias produzcan conflicto entre nosotros; es por esta razón el Señor nos dejó su palabra para que aprendamos a relacionarnos unos con otros y actuar de una manera sabia.

Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” Colosenses 3:13 (RVR 1960)

David Wilkerson decía que soportar y perdonar son dos asuntos diferentes. Soportar significa cesar toda acción y pensamiento de revancha. Es decir, resistir el dolor y no hacer justicia por nuestras propias manos, abandonar el orgullo para actuar con sabiduría.

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” Mateo 5:44 (RVR 1960).

Por otro lado, perdonar implica “Amar a nuestros enemigos y orar por ellos”. La palabra griega “amar” no significa afecto sino “entendimiento moral”. Dicho de una forma simple, perdonar a alguien no tiene nada que ver con nuestras emociones, sino más bien se trata de tomar una decisión moral para quitar el odio de nuestros corazones. (David Wilkerson)

Es posible que se hayan presentado roses o conflictos con tus amigos, familiares, compañeros, etc., pero recuerda que eres ser humano y la otra persona también, por tanto es natural que presenten emociones intensas ante una situación complicada; sin embargo, cuando ocurra no olvides que la Palabra de Dios nos enseña a “SOPORTAR”.

Este tiempo te animo a reflexionar en este tema, piensa en aquellos con los cuales has tenido contratiempos sean amigos, familiares o conocidos; después decide soportar y perdonar sin tomar en cuenta tus emociones, sin considerar lo que te conviene, sino lo que dice la palabra de Dios.

¿Estás dispuesto a dar la otra mejilla?

 

 

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¿Fariseo o Publicano?

Cuenta la parábola que dos hombres estaban orando en el templo, uno de ellos era fariseo y el otro publicano, ambos se acercaban a Dios con distintas oraciones, según Lucas 18:11-14 (TLA) la Biblia nos menciona lo siguiente:

“Puesto de pie, el fariseo oraba así: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres. Ellos son ladrones y malvados, y engañan a sus esposas con otras mujeres. ¡Tampoco soy como ese cobrador de impuestos! Yo ayuno dos veces por semana y te doy la décima parte de todo lo que gano. ”El cobrador de impuestos, en cambio, se quedó un poco más atrás. Ni siquiera se atrevía a levantar la mirada hacia el cielo, sino que se daba golpes en el pecho y decía: “¡Dios, ten compasión de mí, y perdóname por todo lo malo que he hecho!”. Cuando terminó de contar esto, Jesús les dijo a aquellos hombres: «Les aseguro que, cuando el cobrador de impuestos regresó a su casa, Dios ya lo había perdonado; pero al fariseo no. Porque los que se creen más importantes que los demás, son los menos valiosos para Dios. En cambio, los más importantes para Dios son los humildes.”

¿Alguna vez escuchaste este tipo de oración, o quizá de tus labios salieron palabras como estas?

Si analizamos a estos dos personajes que Jesús utilizó, podemos ver que cada oración es distinta; la del fariseo estaba llena de vanidad y de ego, quien en todo tiempo le mencionaba a Dios lo justo que él era. Por otro lado, tenemos al publicano, quizá por su condición no era visto de una forma favorable y con frecuencia era tratado con desprecio, pero la actitud que él tuvo ese día, seguro que conmovió el corazón de Dios. Porque según el versículo 13 el publicano estaba lejos, avergonzado y humillado por lo que hizo, tanto que ni alzar los ojos pudo, sólo pedía perdón por su pecado y misericordia para su vida.

Muchas veces actuamos como el fariseo, creyendo que todo lo que hacemos está bien, y nos es difícil entender que también podemos equivocarnos, que jamás seremos inocentes delante de Dios haciendo buenas obras. Dejemos el orgullo atrás y acerquémonos a Dios con toda humildad y arrepentimiento, así como lo hizo el publicano, lo cual lo llevó a la justificación.

No pierdas más tiempo pensando que por tus propios medios podrás llegar a ser limpio de todo mal, pídele a Dios que quite el orgullo de tu corazón, quizás las situaciones por las que atravesaste te hicieron pensar de esa forma, pero hoy Dios te extiende sus manos de perdón ¿Vas a rechazarlo?

La parábola termina diciendo: “(…) porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido. Lucas 18:14 (RVR).

El fariseo y el publicano son representantes de actitudes típicas en nuestra época. Un hombre lleno de orgullo y el otro de humildad. ¿Con cuál de los dos te identificas? O más bien ¿Cuál de los dos eres tú?

Por Ruth Mamani

 

 

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¿Tu gloria o Su gloria?

Había una mujer que tenía un esposo muy gruñón y oraba a Dios pidiendo que lo cambiara, que sea manso con ella. Pero nada pasaba, hasta que un día Dios habló a su corazón diciendo: “¿por qué no oras por tu esposo para que primero me conozca? Así yo transformaría su corazón. No busques sólo tu beneficio hija, busca la eternidad para él.”

Pasa muchas veces que procuramos sólo nuestro bienestar en nuestras acciones y oraciones, dejando de lado lo que realmente es importante: la voluntad de Dios y dentro de ella está el darle la honra en todo lo que hagamos.

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” 1 Corintios 10:31 (RVR1960)

Si bien podemos hacer esto en la iglesia, donde todos los hermanos nos ven y aplauden, no debería ser diferente en nuestro lugar de trabajo, estudio u hogar, que es en donde mayormente reflejamos a Dios en nuestros actos y palabras.

Quizás tengas muchas peticiones que presentarle a Dios y anhelos que cumplir o sueños que alcanzar, te pregunto ¿Le dará la gloria al Señor si se cumple? Si es así debes estar tranquilo y perseverar, porque se hará.

Si no estás seguro, pues pídele a Dios que dirija tu corazón para que se alinee a su perfecta voluntad.

“No a nosotros, Señor, no a nosotros, Sino a tu nombre da Gloria, Por tu misericordia, por tu verdad.” Salmos 115:1

“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.” Colosenses 3:17 (RVR1960)

Que tu motivación en todo lo que hagas y digas sea darle honor a nuestro Dios, para  que logres aquello que tienes planeado para tu vida.

¡Vivamos para darle gloria sólo a Él!

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Estás orgulloso de lo que has alcanzado?

Alguna vez hemos sentido gran admiración por hombres y mujeres que se encuentran en la cima del “poder”; es decir, por aquellos que están en puestos de autoridad, posiblemente por su esfuerzo y valentía o porque son respetados por muchas personas ¿Quieres alcanzar grandes logros?

Es satisfactorio alcanzar algún desafío o subir escalones que muestran nuestra superación, incluso puedes estar orgullo en este momento de lo que has logrado, pero el Señor nos enseña que existe un reto aún más grande que debemos asumir si anhelamos superarnos.

La palabra de Dios dice: “Más vale ser paciente que valiente; más vale vencerse uno mismo que conquistar ciudades.” Proverbios 16:32 (DHH)

Según la palabra de Dios se puede decir que tiene más mérito un hombre que ha logrado dominarse así mismo que aquel valiente que ha ganado una guerra. Muchas personas colocan su enfoque en obtener el control sobre los demás, pero se olvidan de auto controlarse, por tanto pierden numerosas batallas convirtiéndose ellos mismos en su propio enemigo.

Por ejemplo, cuando nos proponemos  realizar una dieta generalmente renunciamos después de poco tiempo porque no nos sabemos gobernar, dejándonos llevar por los deseos de comer. Lo mismo sucede para crecer espiritualmente, salimos derrotados por no actuar con disciplina al orar o estudiar la Biblia, entonces perdemos primero contra nosotros mismos.

El Señor nos pide que nos superemos, pero antes de pensar en conquistar reinos, primero conquístate a ti mismo. Por ejemplo, ten paciencia para esperar filas largas o la respuesta de Dios; pon un freno a las emociones negativas que sientes, como la ira o agresividad porque podrías lastimar a las personas que amas; controla tu lengua, no discutas o hieras con tus palabras, mejor es quedarse callado que ser necio.

Una vida disciplinada y  auto controlada necesita tiempo, determinación y arduo trabajo; implica negarse a sí mismo, por esta razón es un desafío y te animamos a aceptarlo. El Señor quiere que superes grandes obstáculos y que los demás te admiren por vencer lo que muy pocos han logrado.

 

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Con la misma moneda…

No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición. 1 Pedro 3:9  (NVI)

Cuán difícil es mantener la armonía en un círculo de personas donde cada quién no sólo apunta hacia un rumbo diferente, sino que tampoco retrocede en su forma de pensar ¿Alguna vez has tratado con alguien con quien te ha costado lidiar por su carácter?

En el versículo 8 de 1era de Pedro 3, el apóstol menciona los deberes cristianos que hasta el día de hoy se han vuelto difíciles de poner en práctica. Comienza diciendo que es necesario estar en armonía, lo cual  ocurre cuando existe un equilibrio entre una cosa y otra; en la música, la armonía es el arte de unir y de combinar sonidos diferentes que son emitidos a la vez, pero que son totalmente agradables al oído.

¿Será posible vivir en armonía, cuando dos seres no están de acuerdo?

Por supuesto que no es fácil lidiar con alguien que aparentemente siempre está en contra tuya, que al parecer comete injusticias contigo. Personalmente, siempre pensé que afrontar una circunstancia  así sería sencillo, pero al encontrarme en una situación como esa, no pude decir lo mismo.

Hoy me dirijo a ti que estás atravesando por situaciones en las que  te has sentido atado de manos y pies sin poder hacer nada al respecto.  A ti que has recibido insulto tras insulto y que en lo posible te has contenido de responder por temor a reaccionar mal.

No somos perfectos, cada uno tiene un lado difícil y no por ello les vamos a pagar con la mima moneda; lo que el Apóstol Pedro nos lo menciona y además nos alienta a hacer, es que pidamos a Dios su bendición para aquellos que nos han hecho el mal, porque para eso hemos sido llamados.

Termina diciendo: “en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos”. En otras palabras depende de ti y de mí, buscar alternativas que nos permitan vivir en paz con los demás. Lo cual no será posible si no entendemos la verdad de esta palabra:

“Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia, de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto.” Colosenses 3:12-14 (NVI)

Te animo a  ponerte la vestidura del amor y el perdón y quitarte la del orgullo, falta de perdón, impaciencia, etc.; recuerda que el amor cubre multitud de errores.

Por Ruth Mamani

 

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Acerca de la humildad

Una de las características que más destacan en el ser humano es el orgullo. A todos nos gusta sentirnos orgullosos de lo que hacemos. Nos gusta sentirnos orgullosos de lo que hemos logrado, de lo que hacen nuestros hijos, nuestra familia. Y no tiene nada de malo sentirnos orgullosos de esas cosas, pero si eso es lo más importante para nosotros y estamos constantemente hablando de esos logros y esos orgullos, podemos caer en ser jactanciosos y hasta vanidosos.

Pienso que por eso es tan complicado hablar de la humildad. Hoy día para muchos es una falla. A la gente humilde la catalogan como sumisa, gente que no se destaca y que no tienen pasión. Quienes piensan así, son personas que tienen la idea equivocada de lo que significa ser humilde. Por supuesto que no quiere decir que hay que dejar que nos humillen. Tampoco significa hacer algo y dejar que otro se lleve el reconocimiento.

En Romanos 12:3 de la Biblia, podemos leer: “Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado”.

Se puede tener pasión por lo que hacemos, podemos destacar en lo que hagamos; el asunto es que eso que hacemos o aquello por lo que tenemos pasión no se nos vaya a la cabeza.

Ser humildes es ser realistas con la percepción que tenemos de nosotros mismos. Podemos reconocer nuestras fortalezas, pero también nuestras debilidades y nuestras limitaciones.

Jesús hizo mucha referencia a esto con respecto a los fariseos, a quienes les gustaba destacar, tener un lugar de honor y oraban de manera que la gente se enterara de que estaban orando.

Lo cierto es que ser humilde es ser honesto sobre quién eres y por esto, es bueno analizarnos, conocernos y pedir a Dios a diario que nos muestre si estamos cayendo en la trampa de ser orgullosos o jactanciosos.

 

 

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¿Fosforito?

¿Alguien te comparó con un fósforo? Este apodo generalmente se da a personas que encienden rápidamente su furia, es decir, se enojan de inmediato y reaccionan muchas veces de forma inapropiada.

Con respecto a este tema, siempre recuerdo la historia de un joven que se enfadó con su mejor amigo y dejó de verlo por bastante tiempo, cuando se enteró que él estaba a punto de morir por una enfermedad, decidió buscarlo; entonces con alegría recordaron viejos tiempos y también se dieron cuenta que se habían enojado por algo insignificante, lastimosamente perdieron mucho tiempo por su orgullo.

Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” Santiago 1:19 (RVR1960)

Si eres de las personas que se caracteriza por enfurecerse rápidamente, debes considerar que el Señor no desea que seas un fosforito. Un hombre sabio es aquel que obedece las escrituras, por tanto, es alguien que escucha rápido, pero es lento para hablar o enojarse.

Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.” Efesios 4:26-27

Por otro lado, el Señor nos conoce y sabe que tendemos a enojarnos, sin embargo, en este versículo nos dice: “puedes enojarte, pero NO peques” al guardar rencor hacia alguien, ofender, lastimar, simplemente damos lugar al diablo y nos dañamos.

Por esta razón, te animo a controlar tu carácter, decide gobernar la irá, orgullo o rencor, para que cada día te asemejes más a Cristo.

 

 

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