orgullo Archives | CVCLAVOZ

All posts in “orgullo”

Victoria incuestionable

Una madre estaba muy preocupada por sus hijos, desde que su esposo, llamado por la patria se hallaba lejos  sirviendo como enfermero de la Cruz Roja.

Cada día era una nueva discusión entre ellos, apenas podía aguantar la situación y todos los días sentada en la cocina, levantaba su corazón  a Dios pidiéndole fuerzas.

Un día, mientras hacía su oración apareció Juan, restregándose las manos con la luz de la victoria en los ojos, y dijo:

     – ¡Lo he vencido, mamá! ¡He ganado la victoria para siempre! Ya no podrá molestarme más.

La madre asustada, pálida como la cera, se levantó gritando:

     – ¿Qué le has hecho? ¡Habla… di!

     – Le he pegado las dos bofetadas más fuertes e inesperadas que recibió en su vida y allí quedó, apoyado en su cama y llorando.

     – Pero, pero pero…- Fue lo único que supo decir ella. Poniéndose de pie iba a salir cuando el muchacho le impidió el paso.

     -Escucha primero, mamá- Le dijo- Ayer mi hermano me ofendió como nunca antes. Esta mañana, cuando se despertó en su lecho, me miró con ojos de ira. Yo salté de mi cama y cuando él vio que me acercaba a la suya se sentó, pensando en defenderse. Entonces yo, cayendo sobre él, porque soy más fuerte, lo sujeté y le planté dos besos, uno en cada mejilla. Su sorpresa ha sido tan grande que se ha caído de espaldas, y se quedó allí llorando. Ahora ya puedes ir a consolarlo, si quieres…

     – Pero, pero hijo mío.

     – ¿Por qué lo besé, preguntas, mamá? Porque he recordado unas palabras del evangelio: “Perdona nuestras deudas como perdonamos…”

Muchas veces perdemos el tiempo enfrascándonos en peleas y discusiones, creando resentimientos y odio, olvidando que si perdonamos las ofensas de los otros, también seremos perdonados. “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial” Mateo 6: 14  (RVR 1960)

¿Llevas mucho tiempo peleado con alguien? ¿Intentaste solucionar las cosas o simplemente tu orgullo pudo más?

Efesios 4:32 dice: “Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo”  (NTV)

Recuerda que las palabras ásperas sólo ahondarán la distancia entre tú y la persona que amas. Acércate con palabras amables e intenta restaurar la relación. Dios te ayudará.

No permitas que pase más tiempo, busca a tu amigo, hermano, padre, madre, compañero, a la persona con la que estés peleada y da el primer paso para la reconciliación.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El verdadero motivo de las guerras

Un niño preguntó a su papá:

   – Papá, ¿cómo empiezan las guerras?

El padre, por no decir que no lo sabía contestó:

   – Buenos, pues… verás. Tomemos como ejemplo la Primera Guerra Mundial. Todo empezó porque Alemania invadió Bélgica.

Aquí interrumpió su esposa:

   – Di la verdad. Empezó porque alguien mató a un príncipe.

El padre, con aire de superioridad, gritó:

   – Bueno, aquí, ¿quién contesta la pregunta, tu o yo?

La esposa se quedó mirándolo y con aires de reina ofendida, salió dando un portazo que hizo temblar los cristales de toda la casa. Siguió un silencio embarazoso, después de lo cual el padre reanudó el relato. Pero el muchacho le cortó diciendo:

   – No te molestes papá; ahora ya sé cómo empiezan las guerras.

Santiago 4:1,2 plantea una pregunta similar a la del niño y nos proporciona la respuesta a la misma: “¿Qué es lo que causa las disputas y las peleas entre ustedes? ¿Acaso no surgen de los malos deseos que combaten en su interior? Desean lo que no tienen, entonces traman y hasta matan para conseguirlo. Envidian lo que otros tienen, pero no pueden obtenerlo, por eso luchan y les hacen la guerra para quitárselo…” (NTV)

No sólo las grandes guerras entre países surgen por motivos egoístas, sino también aquellas en los hogares, entre las familias, amigos o colegas de trabajo. Muchas veces nuestra naturaleza humana puede más y anteponemos nuestros intereses y orgullo a las personas que amamos.

La mayor parte de las peleas se dan por cosas que, luego de analizarlas con la cabeza fría, no deberían haber tomado las proporciones con las que acabaron, pero el daño está hecho y repararlo a veces es demasiado complicado, aunque no imposible.

Filipenses 2: 3 -5 dice: “No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás. Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús” (NTV)

No permitas que el orgullo o el egoísmo estén antes que las personas que amas, no dejes que estos males destruyan tu hogar, amistad e incluso que dañen tu comunión con los hermanos de la iglesia.

Aprendamos a ser humildes y a enfocarnos en ser más como el Señor, rindamos nuestro ser ante Él para que pueda quitar todas las cosas malas que hay en nosotros;  busquemos la paz con todos antes que tener la razón.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Por no decir lo siento

¿Estás consiente de la cantidad de conflictos que podrías ahorrarte si tan solo dijeras: lo siento?


Todos cometemos errores; algunos son grandes, otros pequeños, pero siguen siendo errores que en un futuro pueden llegar a ser irreparables sino los reconocemos como tal.


¿A quién le gusta fallar? Creo que a nadie, pero por nuestra naturaleza esto es inevitable y cuando alguien nos lo hace notar, rechazamos su observación con respecto a nuestra conducta; porque por lo general todo cuanto hacemos “está bien”. Lamentablemente es ahí donde radica el problema, cuando empezamos a justificar nuestras malas acciones.


Es importante que aprendamos a aceptar que la mayoría de los sufrimientos que padecemos es consecuencia de nuestros propios errores, ninguno de nosotros está libre de cometerlos, pero algo que tocará el corazón de Dios es la actitud con la que nos acerquemos a Él, así como lo hizo el rey David.


“Nadie parece darse cuenta de los errores que comete. ¡Perdóname, Dios mío, los pecados que cometo sin darme cuenta! ¡Líbrame del orgullo! ¡No dejes que me domine! ¡Líbrame de la desobediencia para no pecar contra ti! ¡Tú eres mi Dios y mi protector! ¡Tú eres quien me defiende! ¡Recibe, pues, con agrado lo que digo y lo que pienso!” Salmos 19:12-14 (TLA)


Muchas veces sin darnos cuenta actuamos con altivez, pensamos que hacer las cosas a nuestra manera es mucho mejor; y hasta llegamos a creer que somos capaces de vivir sin la ayuda del Señor y aún llegamos a menospreciar la ayuda que otros nos brindan; y no nos damos cuenta que sólo cuando somos humildes, Dios puede ayudarnos a convertirnos en las personas que quiere que seamos.


Pidámosle a Dios que nos libre del orgullo, lo que muchas veces nos ha hecho pensar que siempre estamos en lo correcto, cuando en realidad no es así.


Si hasta hoy has vivido justificando tus faltas, es momento de que empieces por reconocerlas, no esperes a perder las bendiciones que Dios tiene para ti, sólo por dejar que el orgullo te gobierne, porque éste al igual que un cáncer puede matar, vidas, familias y hasta ministerios. ¡Tú decides!


“Los que obedecen a Dios aborrecen la maldad. Yo aborrezco a la gente que es orgullosa y presumida, que nunca dice la verdad ni vive como es debido.” Proverbios 8:13 (TLA)

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Versículos bíblicos sobre el orgullo

El orgullo nos hace creer que somos suficientes y no necesitamos de nadie más. Sin embargo, hay versículos bíblicos que señalan que Dios aborrece el orgullo. Estos son algunos de ellos:

≪La mirada arrogante de la humanidad y el orgullo humano serán humillados. Ese día sólo el Señor será exaltado. El Señor Todopoderoso tiene planeado un día de castigo contra todos los orgullosos, los arrogantes y contra todos los que se exaltan a sí mismos.≫

Isaías 2:11-12 (PDT)

≪Que nadie se sienta orgulloso: ni el sabio de su sabiduría, ni el poderoso de su poder, ni el rico de su riqueza.≫

≪No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo. Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros.≫

Filipenses 2:3-4 (DHH)

≪Yo, la sabiduría, convivo con la prudencia y poseo conocimiento y discreción. Quien teme al Señor aborrece lo malo; yo aborrezco el orgullo y la arrogancia, la mala conducta y el lenguaje perverso.≫

Proverbios 8:12-13 (NVI)

≪Después del orgullo viene la humillación, pero la inteligencia está con los humildes.≫

Proverbios 11:2 (PDT)

≪El orgullo lleva a conflictos; los que siguen el consejo son sabios.≫

Proverbios 13:10 (NTV)

≪Dios no soporta a los orgullosos, y una cosa es segura: no los dejará sin castigo.≫

Proverbios 16:5 (TLA)

≪Después del orgullo viene la caída; tras la arrogancia, el fracaso.≫

Proverbios 16:18 (PDT)

≪Más vale humillarse con los pobres que hacerse rico con los orgullosos.≫

Proverbios 16:19 (DHH)

≪El orgullo humano es presagio del fracaso; la humildad es preludio de la gloria.≫

Proverbios 18:12 (RVC)

≪Altivez de ojos, y orgullo de corazón, y pensamiento de impíos, son pecado.≫

Proverbios 21:4 (RVR1960)

≪Orgulloso y arrogante, y famoso por insolente, es quien se comporta con desmedida soberbia.≫

Proverbios 21:24 (NVI)

≪Nunca te alabes a ti mismo, deja que otros lo hagan.≫

Proverbios 27:2 (PDT)

≪La soberbia humilla al hombre; al humilde de espíritu lo sostiene la honra.≫

Proverbios 29:23 (RVC)

≪El Señor es excelso, pero toma en cuenta a los humildes y mira de lejos a los orgullosos.≫

Salmos 138:6 (NVI)

≪Vivan en armonía unos con otros. No sean tan orgullosos como para no disfrutar de la compañía de la gente común. ¡Y no piensen que lo saben todo!≫

Romanos 12:16 (NTV)

≪Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso.≫

1 Corintios 13:4 (DHH)


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿De qué presumes?

“Dios ha escogido a la gente despreciada y sin importancia de este mundo, es decir, a los que no son nada, para anular a los que son algo. Así nadie podrá presumir delante de Dios.” 1 Corintios 1:28-29 (DHH).


Contrariamente a lo que hace el mundo, el Señor se complace en escoger aquellos que a los ojos de los hombres son los más despreciados y viles con el fin de mostrar Su gloria en ellos para que nadie presuma de sí mismo.


Ahora bien, para que nadie se jacte, Dios nos pide que pongamos nuestra confianza en Él y no solo en nuestras propias habilidades, Él quiere que entreguemos nuestras debilidades y carencias para hacer de nosotros grandes instrumentos en Sus manos.


Toma un minuto ahora mismo y comienza a darle gracias a Dios por quien eres y por todo lo que Él te ha dado.

Por Giovana Aleman

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Puede un orgulloso creer en Dios?

El orgullo es una de las actitudes que Dios más detesta (Proverbios 6:16-17). Y es que esto enceguece a las personas y les hace creer que pueden hacer todo por su propia cuenta y no necesitan a Dios. Entonces, ¿es posible que una persona orgullosa pueda creer en Dios? ¿Será que el orgullo impide que Dios trabaje en su vida?

En el siguiente video, Alex Campos reflexiona sobre este asunto y afirma que para Dios no hay nada imposible.

Lo inseparable

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.” 1 Corintios 13:1

El amor es una gran virtud, necesaria en todos los aspectos de nuestra vida; en lo que somos y en lo que hacemos. Dios nos ha regalado dones, que son favores especiales que se dan a una persona sin que ésta los haya ganado o lo merezca. Estos dones los recibimos para servir a Dios y a nuestro prójimo.

Es así que el amor y los dones están ligados, no pudiendo estar separados en ningún aspecto. Sin el amor nuestras acciones se vuelven simples actos carentes de una correcta motivación. Sin amor nuestras palabras dejan de tener peso y simplemente son escuchadas por otros como un ruido, como si un metal golpeara a otro. Sin amor nuestro servicio se vuelve una mera rutina, un conjunto de acciones que hacemos de manera mecánica, perdiendo el verdadero sentido.
El Apóstol Pablo en su carta a los Corintios resalta que el principal de los dones es el amor, pues sin él la esencia de los otros sería el orgullo.

Se dice que el ingrediente secreto para la cocina es el amor. Uno puede preparar una comida siguiendo paso por paso la receta de un prestigioso chef, pero aun así es probable que no pueda competir con otra que se preparó, quizás con menos conocimiento, pero sí con mucho más cariño.

El amor se nota, inclusive cuando trabajamos o cuando realizamos una tarea; tal vez podremos lograr lo que nos propongamos, simplemente por hacerlo, pero un resultado excelente se verá cuando nuestro corazón esté en lo que hacemos.

Nuestras palabras y actos tienen que estar unidos por el amor para que puedan impactar positivamente a nuestra sociedad.

Hoy marca la diferencia, llénate del amor de Dios y dale el toque especial en todo lo que hagas para que se pueda escuchar Su voz agradable.

“Tres cosas durarán para siempre: la fe, la esperanza y el amor; y la mayor de las tres es el amor.” 1 Corintios 13:13

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El amor en la familia

“ Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor” 1 Corintios 13:4-5 (TLA).

La familia es una bendición de Dios que está diseñada para suplir las necesidades más cruciales como ser: amor, seguridad y sentido de pertenencia. El amor es muy importante, para mantener la unidad de los miembros de una familia. Por el contrario, cuando hay orgullo y egoísmo la familia puede llegar a dividirse.

Es importante que el amor de Dios reine en nuestro hogar, es decir ese amor paciente y bondadoso que no permite que el veneno del orgullo contamine y destruya el amor familiar. El verdadero amor piensa en términos familiares más que individuales, no guarda rencor, sino que perdona, contribuyendo a que en la familia reine un ambiente de paz y armonía.

¿No es este amor el que debe fluir en nuestra familia?

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Eres orgulloso?

“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”. Efesios 1:4 RV60

En la vida cotidiana las situaciones difíciles afectan nuestra manera de pensar sobre los demás cuando nos lastiman o fallan, lo que debemos cuestionarnos es si nos volvemos altivos ante esas circunstancias  y si esto nos impide perdonar con facilidad.

Algunos cristianos no descubren su verdadera identidad en Jesucristo y esto se ve en las actitudes que toman ante la multitud de pruebas que afrontan, llegando a cansarse al intentar darles solución a partir de sus propias fuerzas.

A cada momento damos un examen delante de Dios, Él utiliza muchas cosas para cambiar nuestra manera de comportarnos y nos muestra la verdad en su Palabra: sólo seremos libres de orgullo en Su Presencia.

Romanos 12:2 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

Si eres hijo o hija de Dios deja que Jesucristo haga una obra especial en tu carácter, Él puede librarte del orgullo; no dejes pasar el tiempo, dale lugar al perdón y al Espíritu Santo para que seas renovado y cambie tu modo de pensar.

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Religiosidad agresiva?

Cuando nos apasionamos por la esperanza que tenemos en Jesús y queremos contarle a todo el mundo acerca de ello, nos sentimos maravillosamente bien. Tenemos un propósito y la vida cobra sentido. Nos leemos la Biblia todos los días, alabamos a Dios y nos proponemos ser mejores personas cada día. Todo eso es magnífico, pero debemos cuidarnos como en todo, de los excesos.

Habrá quien se moleste conmigo y me critique el hecho de que estoy diciendo que no se excedan en brindarle amor, atención y servicio a Jesús. Pero me han interpretado mal si lo hacen, porque no creo que nada sea suficiente para ese Rey que dejó Su reino para venir y dar Su preciosa vida para el perdón de nuestros pecados y para que podamos tener vida eterna junto a Él.

Simplemente que a veces nos podemos desviar, porque he visto que ha pasado, y cuando estamos con toda esa pasión podemos caer en sentirnos mejor que los demás porque “lo estamos haciendo TAN BIEN que…” ¿Me explico? Estamos estudiando tanto la Biblia, asistiendo tanto a todos los eventos de la iglesia, orando a cada momento, que cuando vemos que alguien no lo está haciendo igual, nos podemos sentir mejores que ellos, o podemos criticarlos o podemos comentar acerca de esas personas que no están tan comprometidas o no dedican tanto tiempo como nosotros a la vida religiosa. En ese momento estamos cayendo en la religiosidad. Comenzamos a hablar con términos que no son cotidianos, tendemos a comenzar a hablar otro idioma que puede hacer que las personas que necesitan conocer de Jesús, mas bien se alejen.

Justo sucedió cuando vino Jesús y vio a los fariseos, que eran los sacerdotes que dedicaban su mayor atención a todo lo relativo con las leyes de pureza incluso fuera del templo y los saduceos que venían siendo personas de la alta sociedad o miembros de familias sacerdotales, cultos y aristócratas. Ellos estaban tan dedicados a las “normas” que se tomaban atribuciones que no les correspondían, juzgaban a otros y llegaron a hacer rituales en público para que la gente los viera adorando y hacer sentir que eran mejores que otros, aunque en privado no lo fueran. Obtuvieron pleitesías de parte de la gente y se les subió el orgullo a la cabeza y eso los dañó.

Por otra parte, cuando nos sentimos que somos mejores que los demás porque lo estamos “haciendo muy bien”, ya se nos está subiendo el orgullo a la cabeza a nosotros, y en lugar de atraer gente hacia la iglesia o hacia Dios, los vamos a alejar. Hay una línea muy fina para caer en ser orgullosos en el tema de la religión. Debemos recordar siempre que somos humanos y debemos ser humildes y depender de la fortaleza de Dios y no de la nuestra, depender de las bondades de Dios y no creer jamás que somos nosotros quienes llevamos a alguien a Dios. Al fin y al cabo es el Espíritu Santo quien logra que la gente acepte y entienda a Jesús. Nosotros podemos saber versículos, podemos con nuestro ejemplo demostrar que es maravilloso recibir a Dios en nuestros corazones, nos podemos pasar gran parte del día adorando, meses orando por ellos, pero si no es el tiempo de las personas y si el Espíritu Santo no hace Su parte, no vamos a lograr llevarlos hacia Jesús.

Debemos tener la humildad de pedirle siempre a Dios Su ayuda, Su guía y sabiduría para no caer en ser orgullosos ni creernos más que otros porque estemos cumpliendo con las normas, leyes o requerimientos religiosos. Alejémonos de la religiosidad para no alejar a otros de Jesús.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Diferencias

Cada persona es única, diferente y especial por lo que es inevitable que a veces estas diferencias produzcan conflicto entre nosotros; es por esta razón el Señor nos dejó su palabra para que aprendamos a relacionarnos unos con otros y actuar de una manera sabia.

Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” Colosenses 3:13 (RVR 1960)

David Wilkerson decía que soportar y perdonar son dos asuntos diferentes. Soportar significa cesar toda acción y pensamiento de revancha. Es decir, resistir el dolor y no hacer justicia por nuestras propias manos, abandonar el orgullo para actuar con sabiduría.

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” Mateo 5:44 (RVR 1960).

Por otro lado, perdonar implica “Amar a nuestros enemigos y orar por ellos”. La palabra griega “amar” no significa afecto sino “entendimiento moral”. Dicho de una forma simple, perdonar a alguien no tiene nada que ver con nuestras emociones, sino más bien se trata de tomar una decisión moral para quitar el odio de nuestros corazones. (David Wilkerson)

Es posible que se hayan presentado roses o conflictos con tus amigos, familiares, compañeros, etc., pero recuerda que eres ser humano y la otra persona también, por tanto es natural que presenten emociones intensas ante una situación complicada; sin embargo, cuando ocurra no olvides que la Palabra de Dios nos enseña a “SOPORTAR”.

Este tiempo te animo a reflexionar en este tema, piensa en aquellos con los cuales has tenido contratiempos sean amigos, familiares o conocidos; después decide soportar y perdonar sin tomar en cuenta tus emociones, sin considerar lo que te conviene, sino lo que dice la palabra de Dios.

¿Estás dispuesto a dar la otra mejilla?

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Fariseo o Publicano?

Cuenta la parábola que dos hombres estaban orando en el templo, uno de ellos era fariseo y el otro publicano, ambos se acercaban a Dios con distintas oraciones, según Lucas 18:11-14 (TLA) la Biblia nos menciona lo siguiente:

“Puesto de pie, el fariseo oraba así: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres. Ellos son ladrones y malvados, y engañan a sus esposas con otras mujeres. ¡Tampoco soy como ese cobrador de impuestos! Yo ayuno dos veces por semana y te doy la décima parte de todo lo que gano. ”El cobrador de impuestos, en cambio, se quedó un poco más atrás. Ni siquiera se atrevía a levantar la mirada hacia el cielo, sino que se daba golpes en el pecho y decía: “¡Dios, ten compasión de mí, y perdóname por todo lo malo que he hecho!”. Cuando terminó de contar esto, Jesús les dijo a aquellos hombres: «Les aseguro que, cuando el cobrador de impuestos regresó a su casa, Dios ya lo había perdonado; pero al fariseo no. Porque los que se creen más importantes que los demás, son los menos valiosos para Dios. En cambio, los más importantes para Dios son los humildes.”

¿Alguna vez escuchaste este tipo de oración, o quizá de tus labios salieron palabras como estas?

Si analizamos a estos dos personajes que Jesús utilizó, podemos ver que cada oración es distinta; la del fariseo estaba llena de vanidad y de ego, quien en todo tiempo le mencionaba a Dios lo justo que él era. Por otro lado, tenemos al publicano, quizá por su condición no era visto de una forma favorable y con frecuencia era tratado con desprecio, pero la actitud que él tuvo ese día, seguro que conmovió el corazón de Dios. Porque según el versículo 13 el publicano estaba lejos, avergonzado y humillado por lo que hizo, tanto que ni alzar los ojos pudo, sólo pedía perdón por su pecado y misericordia para su vida.

Muchas veces actuamos como el fariseo, creyendo que todo lo que hacemos está bien, y nos es difícil entender que también podemos equivocarnos, que jamás seremos inocentes delante de Dios haciendo buenas obras. Dejemos el orgullo atrás y acerquémonos a Dios con toda humildad y arrepentimiento, así como lo hizo el publicano, lo cual lo llevó a la justificación.

No pierdas más tiempo pensando que por tus propios medios podrás llegar a ser limpio de todo mal, pídele a Dios que quite el orgullo de tu corazón, quizás las situaciones por las que atravesaste te hicieron pensar de esa forma, pero hoy Dios te extiende sus manos de perdón ¿Vas a rechazarlo?

La parábola termina diciendo: “(…) porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido. Lucas 18:14 (RVR).

El fariseo y el publicano son representantes de actitudes típicas en nuestra época. Un hombre lleno de orgullo y el otro de humildad. ¿Con cuál de los dos te identificas? O más bien ¿Cuál de los dos eres tú?

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Tienes que estudiarte Google Optimize… esta demasiado bueno https://analytics.google.com/analytics/web/#/siteopt-experiment/siteopt-detail/a6471350w12475245p13084714/_r.drilldown=analytics.gwoExperimentId:zRo-ycv4Th2hhjzYS6cdKg&createExperimentWizard.experimentId=zRo-ycv4Th2hhjzYS6cdKg/

Send this to a friend