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Salva a tu hermano…

Hace poco una noticia conmovió muchísimo a toda la población de la ciudad en la que vivo. Oscar, un hombre con discapacidad múltiple, de escasos recursos económicos, cuida a su padre de 82 años y alega que lo poco que obtiene lo invierte en la alimentación de su progenitor, aunque muchas veces se ha quedado sin alimento.


A pesar de las diferentes limitaciones que este hijo presenta, es alguien ejemplar cuidando a su padre y siendo el sostén de su casa; a diferencia de muchos casos de la actualidad donde los hijos prefieren abandonar a sus padres por ser ancianos y no asumen ninguna responsabilidad. Fue por este motivo que diferentes personas se compadecieron y fueron a apoyar a esta familia.


Lamentablemente muchas personas necesitan el apoyo de alguien que pueda ayudarles a salir adelante; no se necesita ser millonario para ayudar, simplemente un corazón dispuesto que entregue amor y tiempo, así como sucedió con un paralítico en la Biblia:


“Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad. Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.” Mateo 9:1-2 (RVR 1690)


Jesús estaba pasando por la ciudad y trajeron delante de Él a un hombre imposibilitado de poder caminar, la Biblia no es clara con respecto a quiénes eran los que llevaron al hombre para que reciba sanidad, pero lo que sabemos es que eran personas que se compadecieron y quisieron hacer algo por él.


“Y él nos ha dado este mandamiento: el que ama a Dios, ame también a su hermano.” 1 Juan 4:21 (NVI)


El amor a Dios se mostrará en el amor al prójimo, no consiste en ir a una iglesia solamente, sino en tener la compasión y el amor de Cristo ¿Estás dispuesto a apoyar a alguien que lo necesita?


Te animo a mirar a tu alrededor y buscar al necesitado, invítalo a la iglesia, ora por su vida y si está en tus posibilidades responde a su necesidad, te aseguro que Dios te devolverá multiplicado.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La voluntad del Padre

“No todo el que me llama: “¡Señor, Señor!” entrará en el reino del cielo. Solo entrarán aquellos que verdaderamente hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. El día del juicio, muchos me dirán: “¡Señor, Señor! Profetizamos en tu nombre, expulsamos demonios en tu nombre e hicimos muchos milagros en tu nombre”. Pero yo les responderé: “Nunca los conocí. Aléjense de mí, ustedes, que violan las leyes de Dios”.” Mateo 7:21-23 (NTV)


En este pasaje bíblico Jesús explica claramente que no todo aquel que le llame Señor entrará al reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad del Padre. Esto quiere decir que al cielo no vamos a entrar por obras, ni por ser buenos, sino por hacer la voluntad de Dios.


Esto no quiere decir que es en vano que vayas a la iglesia, que le sirvas en algún ministerio, que salgas a evangelizar o que trabajes para el Señor en algún área, desde luego que no. Si lo estás haciendo te felicito y animo a continuar en la obra de Dios.


Lo que quiero transmitir es que tu prioridad siempre debe ser hacer la voluntad del Padre, porque hay personas que aparentemente están haciendo la obra de Señor, pero lo que los motiva o impulsa es el beneficio que encuentran para ellos mismos; es decir, que no lo hacen para agradar a Dios sino al hombre.


Por eso es importante que te preguntes y examines como lo hacía el rey David. “Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.” Salmos 143:10.


En algún momento dije que David es uno de los hombres que más admiro de la Biblia, porque a pesar de que tuvo muchos errores en su vida, supo reconocer los mismos, arrepentirse y buscar a Dios. En alguna oportunidad dijo: “Dios mío, mira en el fondo de mi corazón, y pon a prueba mis pensamientos. Dime si mi conducta no te agrada, y enséñame a vivir como quieres que yo viva.” Salmos 139:23-24 (TLA)


Simplemente, con esta oración, lo que David estaba haciendo era buscar la voluntad de Dios y tratar de agradarle en todo. Su prioridad siempre fue Dios y guardar sus enseñanzas. “Dios mío, cumplir tu voluntad es mi más grande alegría; ¡tus enseñanzas las llevo muy dentro de mí!” Salmos 40:8 (TLA)


Toma un momento para examinarte y preguntarte: ¿Lo que estoy haciendo es la voluntad de Dios para mi vida? ¿Le agrada a Dios mi forma de actuar? ¿Qué debo mejorar o cambiar para hacer la voluntad del Señor?


“No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.” Romanos 12:2 (NTV).

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Amor de Padre

La paternidad es una responsabilidad que no se puede dejar de lado, porque el profundo amor que nace en el corazón es el motor para cuidar y proteger a ese ser que Dios puso en nuestras vidas.


Criar hijos tiene sus exigencias, desde el vientre debemos velar por su bienestar, después enseñarles y guiarles por el camino correcto; aunque en el recorrido nos encontramos con muchos obstáculos, es un sentir fuerte el querer el bien de nuestros hijos.


Quién sabe mejor acerca de paternidad que es el mismo Dios, ya que Él nos creó y nos hizo sus hijos por medio de Jesús, y no nos desampara, al contrario está pendiente como un padre que enseña a su hijo a caminar, Él está velando para que no caigamos ni nos apartemos de su cobertura.


“Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros.” Isaías 64:8 (RVR1960)


Tal es su amor que aun cuando nos alejamos, nos atrae con cuerdas de amor y rescata de la perdición. No hay un Padre como Dios, si tú estás en la posición de padre sabrás que es ese amor especial el que te permite “soportar” las malas conductas de tu hijo y seguir amándolo, o los desvelos cuando se encuentran enfermos entre muchos sacrificios que uno hace.


Quizás no tengas a tu padre terrenal a tu lado como quisieras, sin embargo tienes a tu Padre Celestial quien seguirá a tu lado, cuidándote, protegiéndote y guiándote hacia sus buenos planes para ti.


Su amor es mayor al que nosotros tenemos por nuestros hijos, por ello no dudes que tiene tu vida en Sus manos y que en cualquier situación que estés te ayudará.


¡Dios es tu Padre!


“Pero tú eres nuestro padre, si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos conoce; tú, oh Jehová, eres nuestro padre; nuestro Redentor perpetuo es tu nombre.” Isaías 63:16 (RVR1960)

 

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Carta al hijo del papá ausente

Papá no está.

En el Día del Padre no hay a quién celebrar. Quizás ese rol de padre lo haya llenado tu mamá, un abuelo, un tío, un amigo, un mentor o cualquier otra persona que haya dado lo mejor de sí para ser un ejemplo paterno en tu vida. Pero no está esa persona que contribuyó a tu nacimiento.

Tal vez tengas miles de preguntas y cada vez que las has hecho sólo te haya respondido el silencio. Quizá ya te cansaste de hacerlas y ahora enterraste esas interrogantes muy en el fondo de tu corazón y no quieres hablar del tema.

Tienes muchas emociones hacia ese ser que no está. Es probable que la mayoría de ellas sean negativas; que haya resentimiento, enojo y hasta odio. Pero, ¿sabes qué? Es normal sentirte así. Nos duele cuando alguien nos traiciona, nos rechaza, nos abandona y nos hace sentir culpables. Cada sentimiento que guardas es una reacción natural como ser humano; sin embargo, no puedes permitir que estos tomen el control de tu vida.

Está comprobado que los hijos repiten el mismo círculo vicioso que sus padres. Pero es probable que este hecho te haya inspirado a tomar la decisión de ser diferente y no formar parte de las estadísticas. El problema es que, si sigues guardando sentimientos negativos, hay una gran posibilidad de que te conviertas en una versión de él. El odio se manifiesta de diversas formas y la única manera de salir de allí es siguiendo el camino del perdón.

Sí, es posible que hayas escuchado hablar sobre el perdón miles de veces. Pero, ¿cómo podrías perdonar a quien te rechazó, abandonó, se desligó de su responsabilidad, no te demostró amor o negó tu existencia? Aquellos que no pasaron por las mismas circunstancias no tienen ni idea de cómo es crecer sin un padre. Así que, ¿por qué creen que están en la autoridad moral de pedirte algo así?

Porque todos tenemos diferentes papás, pero un solo Padre.

Cada varón que contribuyó a nuestro nacimiento lo hizo porque Dios lo permitió. Podemos provenir de diversos padres terrenales, pero fue Dios quien formó cada átomo y célula de nuestro cuerpo. Nuestro Creador quiere lo mejor para nosotros y eso incluye una vida libre. Y no podemos ser libres si tenemos resentimientos guardados. El perdón es algo que debemos practicar porque así como Jesús nos perdonó, tenemos el deber de hacer lo mismo con otros. Es más, la Biblia nos ordena amar a quienes nos odian (Mateo 5:44; Lucas 6:28). Nadie dijo que perdonar era fácil, pero no es imposible.

Ser papás es un privilegio que Dios les permitió a los varones. Y si el tuyo no aceptó esa responsabilidad, no es tu culpa. Eso no significa que tienes el derecho de juzgarlo, condenarlo ni criticarlo. Pues así como él cometió errores que te hirieron, tú también te has equivocado y has dañado a otros. Nadie tiene la potestad de juzgar, pues en el momento que lo hacemos estamos usurpando el lugar de Dios (Mateo 7:1). Lo que sí puedes hacer es estar en paz con tu pasado, perdonar y ver el futuro con una nueva perspectiva.

No tuviste el mejor ejemplo de padre terrenal, pero tienes al mejor Padre Celestial (Salmos 68:5). Las personas pueden hacer toda clase de mal en tu contra, los que te rodean pueden fallecer en cualquier momento; pero Dios jamás te abandonará (Salmos 27:10). Es difícil crecer sin un papá, pero ahora tienes la oportunidad de ser un ejemplo para tu generación y demostrar que para Dios no hay obstáculo que sea imposible de superar.



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Nadie puede ir al Padre si no es por Él

“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí.” Juan 14:6 (NTV)

Es indispensable, esencial, necesario, importante conocer el camino para llegar a cualquier lugar,  porque si no lo conoces con seguridad tendrás dificultades para llegar al sitio que quieres o más que seguro te perderás y no llegarás.

Por ejemplo, para llegar a tu casa o donde vives, tu eres la única persona indicada para dar la dirección exacta a las personas que no la conocen y quieren visitarte.  En Juan 14:2 Jesús habló de la casa de su Padre y dijo que en ella hay muchos lugares donde vivir y prometió prepararnos uno para que habitemos por siempre.

Junto a esta promesa agregó la dirección exacta: “Yo soy el camino” “nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí.”  El apóstol Pablo también se refirió al único camino que puede llevarnos al Padre y dijo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”, Hechos 4:12.

No hay donde perderse, que ningún argumento o enseñanza te haga creer que hay muchas otras maneras o formas de llegar al Padre. La verdad es que, “Hay un Dios y un solo Mediador que puede reconciliar a la humanidad con Dios, y es el hombre Cristo Jesús.” 1 Timoteo 2:5 (NTV)

Cristo es el único camino para llegar al Padre, porque Él pagó con su sangre el precio de nuestra redención, pagó por la libertad de nuestros pecados y la condenación eterna. De no ser por Él, nunca podríamos acercarnos a Dios porque el pecado crea una barrera entre Él y los seres humanos, ya que Dios es Santo y no tiene ninguna relación con el pecado.   Pero el sacrificio de Jesús eliminó esa barrera y ahora tenemos acceso libre para poder hablar con Dios y recibir su ayuda.

¿Ya aceptaste a Jesús como tu único Señor y Salvador? ¿Tienes preguntas sobre la fe?

 

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Ninguno se perdió

“Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.”

Juan 17:12

Un padre responsable siempre estará pendiente de sus hijos, velando por el bienestar de cada uno de ellos. Proveerá para sus necesidades, los ayudará y protegerá de los peligros que puedan enfrentar. Nunca un padre será indiferente o descuidará a sus hijos. Siempre estará ahí para cuando lo necesiten y los ayudará a salir adelante.

Jesús es un claro ejemplo de un padre responsable, nunca descuidó a sus discípulos ni dejó de velar por el bienestar espiritual de ellos. Tampoco los hizo sufrir o los hirió emocionalmente. Siempre estuvo ahí para ayudarlos y corregirlos cuando estaban equivocados. 

Marcos 1:32-35 (NVI) dice:

“Al atardecer, cuando ya se ponía el sol, la gente le llevó a Jesús todos los enfermos y endemoniados, de manera que la población entera se estaba congregando a la puerta. Jesús sanó a muchos que padecían de diversas enfermedades. También expulsó a muchos demonios, pero no los dejaba hablar porque sabían quién era él. Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar.”

Jesús siendo un hombre muy ocupado y con mucho trabajo en el día, jamás dejó de buscar a Dios. Él sabía que necesitaba fortalecerse en su Padre para cuidar de sus discípulos y protegerlos. Nunca se excusó para levantarse de madruga y orar por su familia. Y es que el Señor sabía que era su trabajo velar por aquellos que su Padre le había dado.

Es verdad que muchas veces llegamos del trabajo cansados, exhaustos, sin fuerzas y lo único que queremos hacer es descansar y dormir. Pero eso no debe ser una excusa para no orar por nuestra familia y preocuparnos por su bienestar.

Jamás debes olvidar que tú eres la cabeza de tu hogar, es a ti a quién el Señor le ha encomendado a tu esposa e hijos, eres tú quien debe orar, ser ejemplo y enseñarles la palabra de Dios. Nadie lo va hacer por ti, porque es tu responsabilidad mantener a tu familia unida y en plena comunión con Dios. Si no lo haces, la relación con tu familia se  destruirá.

Mientras estés con ellos en este mundo, cuida a tu familia, ámala, provee para sus necesidades, ayúdalos en sus luchas y encamínalos en el camino de Dios. Y así puedas decir: “Dios mío, a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió.”



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Con los brazos abiertos…

“Para ti, la mejor ofrenda es la humildad. Tú, mi Dios, no desprecias a quien con sinceridad se humilla y se arrepiente.”

Salmos 51:17 (TLA)

Es posible que de a poco te hayas ido alejando de todo lo relacionado con Dios, tus oraciones ya no son las mismas, porque ahora te conformas con dar gracias por los alimentos; antes anhelabas enseñar la Palabra de Dios, pero ahora parece que tus ojos se sienten pesados y te cuesta leerla; nunca te perdías una reunión dominical, sin embargo ahora buscas excusas para quedarte en casa o hacer otras actividades. ¿Qué está pasando? ¿Los tiempos cambiaron o fuiste tú quien empezó alejándose de Dios?

Quizá te sientes identificado con estas actitudes, si es así ¿no has considerado regresar a la casa de tu Padre? Porque sin importar el pecado que hayas cometido Jesús quiere perdonarte y hacer de ti un instrumento útil en sus manos. Si decides volver debes saber que no recibirás acusaciones como el enemigo suele hacerlo, sino que los brazos de tu Padre estarán abiertos para darte una nueva oportunidad y hacer una fiesta en tu honor, puesto que su hijo que andaba perdido regresó a su hogar.


Por Ruth Mamani




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Reflejas el amor de Dios en tus hijos

“No corregir al hijo es no quererlo; amarlo es disciplinarlo”. Proverbios 13:24  (NVI)

Muchos padres tienen temor a poner límites a sus hijos y básicamente lo dejan hacer lo que quieran. Estos padres no están dispuestos a pagar el precio de un enojo o una mala cara de sus hijos, por lo tanto terminan cediendo tratando de ser simpáticos con ellos.

Sin embargo, los límites son necesarios para que nuestros hijos puedan crecer y desarrollarse de manera saludable, especialmente cuando la instrucción se hace de acuerdo los principios de Dios.

Por lo tanto y para ser efectivos en el rol de padres, debemos pedir sabiduría a Dios ya que Él está dispuesto a concederla.

“El Señor dice: «Te guiaré por el mejor sendero para tu vida; te aconsejaré y velaré por ti”. Salmos 32:8 (NTV)

Por Danitza Luna

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Es mi Padre

Cuentan que un emperador romano, volviendo de la guerra en la cual había vencido, cruzaba las calles de Roma rodeado de sus guardias, en tanto que la multitud lo aclamaba.

Un niño, separándose del pueblo, corrió hacia el carro del emperador con los brazos en alto cuando los guardias le gritaron: ¡Atrás, atrás muchacho… es tu emperador!

El niño se paró y replicó: ¡Es vuestro emperador, pero es mi padre!

Para muchos, Dios puede parecer un ser lejano, frío, a quien no pueden acercarse confiadamente. Sin embargo, Él está esperándonos ansiosamente.

Pese a que la humanidad se ha entercado  en hacer las cosas a su manera, acudiendo a otros dioses, viviendo sin guardar los mandamientos y principios que Dios nos da, Él siempre ha buscado la forma de acercarse a sus hijos y está esperando con los brazos abiertos.  Su perdón y misericordia nunca han menguado.

“Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos” Hebreos 4:16  (NTV)

Así como el niño de la historia pasó por medio de la multitud y sin importar si habían guardias ni cuánta gente aclamaba al emperador, corre hacia  Dios, acércate con la confianza de que eres su hijo y que sin importar los errores que hayas tenido Él te espera, quiere perdonarte y  ayudarte. Su amor por ti es incondicional.

 

 

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Ten calma

Cuentan que en una gran escuela se declaró un incendio. Como es común en esos casos, se produjo una terrible alarma y varios niños se precipitaron unos contra otros, resultando varios de ellos heridos de gravedad.

Pero una niña se quedó sentada en su mesa, muy pálida, de sus ojos brotaban lágrimas; sin embargo supo estar quieta, sin gritar.

Después que pasó el peligro y el orden fue restablecido, le preguntaron por qué no se había levantado.

–¡Ah!, respondió, mi padre es bombero y me ha dicho que en tales casos lo mejor que se puede hacer es quedarse quieto hasta que la puerta esté libre de personas que se atropellan o que haya pasado el peligro. Yo he creído sus palabras y por eso me quedé quieta.

En muchas situaciones de peligro, sobre todo cuando se trata de incendios, mucha gente sale corriendo sin respetar las normas de seguridad, ya sea porque no las conocen o porque en temor les hace actuar instintivamente. Pero es en esas avalanchas de gente donde hay más heridos porque por salvar sus vidas pisan a los que se caen, se lastiman por salir antes, etc.

En nuestra vida diaria es igual, muchas de nuestras decisiones son tomadas al calor del momento, guiados por nuestros miedos o por lo que otros dicen. Sin embargo, tenemos las promesas de Dios de nunca abandonarnos, de pelear por nosotros, de proveer para nuestras necesidades, de defendernos, de sanarnos y muchas más.

Creerle a Dios no siempre es sencillo porque nuestra parte humana nos lleva a sacar conclusiones adelantadas, a ver los problemas más grandes de lo que son, a querer actuar y resolver las cosas de acuerdo a nuestro razonamiento. La niña de la historia se quedó sentada, y aunque estaba pálida y lágrimas brotaban de sus ojos, se quedó ahí creyendo en lo que su padre le había dicho.

Dios promete pelear nuestras batallas, darnos la victoria en cualquier circunstancia y no abandonarnos nunca. “Pero Moisés les dijo: —No tengan miedo. Solo quédense quietos y observen cómo el Señor los rescatará hoy. Esos egipcios que ahora ven, jamás volverán a verlos. El Señor mismo peleará por ustedes. Solo quédense tranquilos.” Éxodo 14:13,14 (NTV)

La decisión de creerle a Dios es tuya, puede ser que no sea sencillo quedarse en calma esperando que Dios actúe, pero es la mejor elección porque tienes la victoria asegurada, ¿Le crees a Dios?

¡Ten calma y descansa en Él!

 

 

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Lo que te aparta de Dios

Una de las más grande angustias que experimentamos junto con mi esposo es cuando mi hija enferma.  Ella normalmente es inquieta, alegre y juguetona, pero cuando está afectada por algún mal, está decaída, indefensa y con el semblante bajo y eso es lo que me duele más. Las horas que pasamos atendiéndola se hacen eternas, más cuando no vemos respuesta del tratamiento médico, pero todo cambia cuando empieza a mejorar y ver nuevamente su sonrisa nos llena el corazón de alegría y paz.

Los padres entienden que la salud de los hijos es muy importante. Así también nuestro Padre Celestial se preocupa cuando sus hijos enferman, pero no sólo de una enfermedad física, sino la espiritual, la que el pecado provoca porque ésta podría llevar a muerte eterna si no es curada a tiempo.

“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 6:23

Si nos negamos a reconocer que estamos enfermos el pecado irá afectando todo nuestro ser. El rey David lo describió de esta manera: “Mientras callé [su pecado], se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah” Salmos 32:3-4 (RVR1960)

En cambio, si somos humildes y reconocemos nuestro error, perdón y sanidad nos esperan: “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah” Salmos 32:5

Tu Padre no quiere que cargues con el peso del pecado, ponte a cuentas con Él y sigue creciendo en la fe para que alcances lo que tiene para ti.

 

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¿Quién sostiene tu cuerda?

Cuentan que un grupo de turistas en la región montañosa de Escocia quería apoderarse de algunos huevos que  estaban en un nido situado en un lugar inaccesible frente a un precipicio.

Para lograr su cometido, trataron de convencer a  un niño de bajar hasta donde estaba el nido, le propusieron atarlo a una soga que sería sostenida por ellos desde arriba. Le ofrecieron una gran suma de dinero, pero como no era gente conocida el muchacho se negó a bajar, aunque ellos le aseguraron que no pasaría nada, pues ellos sostendrían firmemente la soga.

Finalmente el muchacho dijo: La única condición que pongo para bajar es que sea mi padre el que tenga la soga.

Cuando vas a emprender nuevas cosas o estás en riesgo, ¿A quién acudes? ¿En quién está tu confianza?

La gente es propensa a fallarnos, los seres humanos somos así, por lo que depositar nuestra confianza en los hombres es un gran error. Nuestra vida, sueños, metas, familia, trabajo, todo lo más valioso que tenemos debemos entregárselo a Dios, porque Él nunca nos fallará y estará con nosotros siempre.

Si vas a emprender algo nuevo, busca el consejo de Dios porque por muy tentadora que sea la oferta o por mucho que la gente quiera convencerte y te aseguren éxito, sólo nuestro Padre puede sostener tu vida, bendecir tus proyectos  y guardarte de las malas decisiones.

“Pero benditos son los que confían en el Señor  y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza. Son como árboles plantados junto a la ribera de un río  con raíces que se hunden en las aguas. A esos árboles no les afecta el calor  ni temen los largos meses de sequía. Sus hojas están siempre verdes   y nunca dejan de producir fruto” Jeremías 17:7-8 (NTV)

¡Entrégale todos tus planes a Dios, y confía en  Él porque nunca falla!

 

 

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