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Palabras para el corazón

Si atraviesas por pruebas difíciles que te agotan y ponen en una situación incierta, la cual hace que tu corazón se desanime, no olvides que la palabra de Dios, la Biblia, tiene consejos para reanimar tu espíritu.

Es importante pensar: ¿A qué o a quién recurres cuando crees que todo sale mal? ¿A un vecino, un compañero o a Dios y su palabra? La palabra es viva y eficaz, en ella hay vida: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” (Josué 1:8 RV60)

Meditar en la palabra es rumiar, como ejemplo tenemos a la vaca, que tiene un estómago dividido en cuatro partes. Cuando este animal come la hierba del campo, la mastica para darle humedad, traga el producto y este va al primer estómago y se reblandece, después va a la segunda parte donde se forman pequeñas bolitas y, cuando la vaca descansa, esos  bolos vuelve a su boca de uno en uno para completar el masticado. Cuando los vuelve a tragar van a la tercera parte donde el agua se extrae y esta comida pasa a la cuarta sección donde se desmenuza en pedazos pequeños para que el cuerpo de la vaca obtenga lo necesario para su crecimiento y para su vida. La pregunta es ¿Meditamos de esta forma en la palabra?, ¿La leemos una y otra vez para comprender lo que Dios quiere decirnos?

La palabra se debe guardar en la mente y el corazón, esos versos memorizados y estudiados salen en el momento oportuno, edifican y animan en todo momento, incluso si intentamos ayudar a otras personas. Al poner en práctica la palabra en nuestra vida nuestras actividades diarias tendrán mejor resultado.

Memorizar palabra es importante, esto ayuda a renovar el entendimiento y nos ayuda a comprender la perspectiva que viene de parte de Dios, meditar sobre lo que dice la Biblia es un ejercicio importante que puede salvarnos la vida.

“En cuanto a Dios, perfecto es su: camino, y acrisolada la palabra de Jehová; Escudo es a todos los que en él esperan.” (Salmos 18:30 RV60)

Dios te ama, esta es una palabra para tu corazón.

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Ilusiones perdidas

Esta es la crónica de los diversos momentos en los que me invade ese sentimiento de pérdida del tiempo gastado en escribir aquí. Esa como irreparable sensación de la futilidad del intento por convencer a la inmensa mayoría de que las cosas no son como deben ser.

Pero la inmensa mayoría tiene sus ocupaciones. Inmersa en el espíritu de la época se mimetiza con la mentalidad de que todo da lo mismo pero igual hacen iglesia, practican religión, sueñan mundos futuros porque se dan cuenta de que aquí no van a cambiar nada.

Así que, para el registro, quedan algunos fragmentos de esta palabra perdida.

La palabra perdida en el tiempo. Argumentos inútiles que se disolvieron como neblina, entrada la mañana. Imaginaciones estupendas, percepciones magistrales que se escurrieron como manantial desaparecido en la arena del desierto. Gritos en la oscuridad, reclamos del alma sensible que presenciaba universos estallar, mundos nacer, estrellas desaparecer sin dejar rastro alguno.

Cuántas veces el anhelo de abdicar el tenaz magisterio de la palabra perdida. No había llegado a tiempo. No tarde, no. “Llego demasiado pronto, dijo luego, mi tiempo no ha llegado aún. Este formidable acontecimiento está todavía en camino, avanza, pero aún no ha llegado a los oídos de los hombres.” (El loco, en “De La Gaya Ciencia”, Friedrich Nietzsche, 1882).

El intoxicante veneno del éxito adormece los oídos de los dirigentes. El jolgorio de la mascarada no permite – todavía – sentir el áspero regusto de la ceniza, el descalabro de todos los huesos, la vertiginosa caída de todos los dioses. El discurso se ha hecho infructuoso. Los atalayas tienen dolores de parto y dan a luz viento. Toda conquista es una ilusión. Todo avance no es más que un continuo retorno. Los oídos están tapados, los ojos permanecen cautivos de los espejismos del sistema, la conciencia adormecida por las estridentes y espectaculares producciones.

La multitud embelesada por los flautistas no reconoce el peligro. Avanza mansamente a su destino cierto. Celebra el jubileo de los tiempos sin reconocer el profundo desencanto de la realidad. Desconoce la antigua luz de los profetas.

La verdad deviene panfleto. El rigor de la vida es aplacado con las baratijas de la autoayuda. La ruta de la conciencia progresa por astutos atajos y convenientes transportes. Los edificios vinieron a ser atractivos, cálidos refugios contra la tormenta del mundo.

No hay lugar para el loco. No hay sitio para el ermitaño. Son manchas en las tertulias institucionales. Sus ropas gastadas y sus arrugados papeles desentonan en la atmósfera de ágapes, festivales y asambleas. Los vigilantes los intiman – educadamente por cierto – a cambiarse de traje y guardar silencio. Si no, deben abandonar el salón.

En el camino

“Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos.”

Lucas 24:15 (RV60)

¿Cuál es tu rumbo? La vida es en sí alcanzar un propósito determinado. Parece que las dos personas que se dirigían a Emaús perdieron su rumbo cuando Jesús murió. Tenían esperanza en que el hijo de David iba a redimir a Israel, pero con su muerte creyeron que todo había llegado a su final, aunque sabían que ya estaban en el tercer día del cual el Maestro les habló.

Jesús se acercó a estas personas y les preguntó sobre que hablaban. Uno de ellos, Cleofas, estaba asombrado porque ese forastero no conocía todo lo que había sucedido en Jerusalén, por lo que al no reconocer al Maestro, le hablaron de Jesús, poderoso en palabra y obra, de cómo fue entregado a las autoridades y crucificado, cómo las mujeres vieron la tumba vacía y que no hallaron el cuerpo.

Mientras caminaban, Jesús les tuvo que recordar todo lo que los profetas de la antigüedad predijeron. Cuando llegaron a la aldea a la que ellos iban, Jesús hizo como si tuviera que ir a otro lugar, pero ellos lo invitaron a su vivienda como muestra de hospitalidad porque ya anochecía.

“Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista.” (v.30-31)

Cuando el forastero desapareció se dieron cuenta de que todo el tiempo se trató de Jesús ¡Él estaba vivo! Salieron del lugar y retornaron a Jerusalén para reunirse con los once discípulos.

Que los problemas de la vida no nublen tu fe en Dios y en su Palabra que es fiel y se cumple, ten la mirada puesta en Jesús, Él siempre te acompaña en tu caminar diario, aunque no lo puedas ver.


Por Carlos E. Encinas



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Cumple tu palabra

Cuentan que Sir William Naiper, caminando cerca de su casa, cierto día encontró a una pequeña aldeanita que estaba llorando. Había quebrado su cántaro y derramado la leche que llevaba para su padre. La niña decía:

—Tengo miedo de ir ahora, porque estoy segura que me pegará.

Sir William buscó en sus  bolsillos algo de dinero para que ella pudiera comprar otra jarra y más leche, pero como no tenía nada,  le prometió a la niña encontrarse con ella a cierta hora en la tarde para socorrerla en sus necesidades pequeñas.

Al llegar a su casa encontró la invitación de un caballero de sociedad, para que cenara con algunas personas destacadas en su casa, a la misma hora en que tenía que encontrarse con la pequeña niña.

La pregunta que se hizo fue:

—¿Cumpliré mi palabra a esta pequeña aldeana o iré para mis intereses y deleites? —dijo—. Ella ha confiado en mí y no puedo engañarla.

Por lo tanto escribió una nota declinando la invitación a la gran cena.

No importa si comprometiste tu palabra con una persona prominente o con una pequeña niña desconocida, todos tienen el mismo valor y conservar tu palabra, independientemente de las circunstancias, te hace una persona confiable.

Mateo 5:37 dice: “Simplemente di: “Sí, lo haré” o “No, no lo haré”. Cualquier otra cosa proviene del maligno” (NTV) No podemos estar retractándonos según nuestro estado de ánimo o las circunstancias.

Antes de decir  algo piensa bien a qué te estás comprometiendo y mientras esté a tu alcance, cumple con lo que dices, no seas una persona de doble ánimo o que fluctúa de acuerdo a sus emociones y circunstancias. Que la gente pueda hallar en ti alguien confiable y comprometido.

Recuerda que todos los compromisos que haces son importantes y todas las personas son igual de valiosas.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Cumplirá

Cuentan que cuando Guillermo, príncipe de Orange, entregó un documento asegurando a cierto caballero un alto empleo en su reino, con tal que quisiera apoyar su causa política, el hombre rehusó aceptarlo diciendo: Basta  la palabra de su majestad. No quisiera servir a un rey en cuya simple palabra no pudiera confiar.

Esa debería ser justamente nuestra actitud hacia Dios y su Palabra, pero muchas veces queremos pruebas tangibles de que el Señor cumplirá sus promesas.

En Números 23:19 dice: “Dios no es un hombre, por lo tanto, no miente.  Él no es humano, por lo tanto, no cambia de parecer. ¿Acaso alguna vez habló sin actuar? ¿Alguna vez prometió sin cumplir?” (NTV)

Si Dios ha prometido algo lo hará, no necesitamos andar cuestionando su voluntad ni tiempo, nosotros debemos confiar en Él, nada más.

En ocasiones, nuestra impaciencia nos lleva a pensar que Dios se ha olvidado de nosotros, que no nos escucha, que no cumple su Palabra; sin embargo, sus tiempos son perfectos y no necesariamente coinciden con nuestros planes. A veces no entendemos cómo Dios obra ni porqué permite las cosas de una manera y no de otra, pero su sabiduría es superior a nosotros y su amor es incalculable, así que, ¿Quiénes somos para cuestionar su Palabra?

Nunca olvides que la palabra de nuestro Rey es suficiente y es digna de toda nuestra confianza, si Él ha prometido algo, lo hará.


El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Es Cristo el Señor de tu vida?

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Lucas 6:46.

Jesús dio un claro ejemplo a sus discípulos de las personas que escuchan y obedecen sus enseñanzas. También de aquellas que oyen su palabra, pero son desobedientes a sus mandamientos. Afirma que la persona obediente nunca será destruida por los problemas o circunstancias de la vida; en cambio, el que escucha sus enseñanzas y no las obedece será completamente destruido.

¿Sabes lo que significa llamarle Señor a Jesús? Significa, mostrar obediencia absoluta a su palabra, es entender que Él tiene el poder y la autoridad sobre tu vida. Es darle el control de todas las áreas de tu ser y confiar en su voluntad, aunque las circunstancias no sean como tú esperas.

Si el Señor dice: “Ama a Dios con todo tu ser y a tu prójimo como a ti mismo.” “Honra padre y madre.” “Ama a tu esposa tal como Cristo amó a la iglesia.” “Respeta y sométete a tu esposo, como conviene en el Señor.” “No te entregues al pecado sexual, no rindas culto a ídolos, no seas ladrón, avaro, una persona que insulta o estafa”, entonces, debo escuchar y obedecer.

Solamente si obedeces puedes decir que Jesús es tu Señor. Pero si no hay obediencia, entonces eres de los muchos que dicen ser “cristianos”  pero viven a su manera. Jesús dijo: “El que me ama, mi palabra guardará.” Juan 14:23.

No olvides que no todos los que digan, Señor, Señor, entrarán en el reino de los cielos, sino los que hacen la voluntad del Padre que está en los cielos. (Mateo 7:21)

Si has vivido en desobediencia y desordenadamente, cambia tu actitud y empieza hoy a obedecer. Recuerda que Jesús murió por ti y te dio una nueva vida para que seas libre. Piensa en tu forma de actuar y vive para Cristo, quien resucitó por ti y preparó un lugar en los cielos.

No seas un oidor solamente, obedece y pon en práctica las instrucciones de Dios. Caso contrario, solamente te engañas a ti mismo.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Ser profesional…

Si aspiramos a alcanzar una profesión, ser competentes o expertos en algún área, es primordial invertir tiempo y esfuerzo. No conozco a ninguna persona que haya logrado superarse sin realizar sacrificios, como dormir o comer poco en algunas oportunidades, con tal de cumplir con la responsabilidad que asumió.

En el camino del Señor sucede algo parecido, la Biblia dice: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” 2 Timoteo 2:15

Muchos piensan que ir a la iglesia los domingos es suficiente para conocer al Señor, pero Dios en su Palabra nos enseña que seamos siervos preparados ¿Consideras que estás aprobado? ¿Conoces a profundidad las escrituras? Si tu respuesta es negativa es posible que no estés esforzándote por esta carrera que es fundamental para alguien que ha decidido seguir a Cristo.

Es primordial cambiar de mentalidad, lo que conoces del Señor no es suficiente y no darás grandes pasos si no te esfuerzas e inviertes tiempo para lograr ser un obrero aprobado ¿Estás dispuesto a seguir a Jesús? Es necesario aclarar que este llamado no es solamente a pastores o maestros, sino para todos aquellos que han creído en Él.

Te animo a empezar a buscar al Señor todos los días, orando, estudiando la Biblia, asistiendo a la iglesia y enseñando su palabra; entonces conocerás realmente quién es Dios y lo que quiere para tu vida, lo más probable es que te estés perdiendo de las maravillas que están en su voluntad.

¡No te conformes porque Dios tiene un plan para ti!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Apariciones e inventos

Decía la señorita Ruth que la prehistoria era el período que iba desde la aparición del hombre hasta la invención de la escritura.

Era, para mis ocho años, una proclamación audaz al mismo tiempo que una invitación a desplegar mis fantasías.

La aparición del hombre atraía mi imaginación de modo superlativo. Mis evangélicos padres me llevaban a una iglesia en la cual el paradigma incontestable era que la criatura humana había sido creada del polvo de la tierra por la mano del mismísimo Dios.

A mí, inocente todavía del mandato de dogmas y ontologías, eso de la “aparición” me encantaba. Pienso que mi amada profesora jamás se enteró del influjo de sus palabras: ¿De dónde había venido el hombre? ¿Cómo apareció, de pronto, así nomás? ¿Dónde apareció? ¿Por qué apareció?

Sólo un chico de tercer grado de primaria con una imaginación desbordada puede sumergirse en el mar de posibilidades que entraña una aparición.

Más tarde sería testigo ocular de las peleas a muerte entre los creacionistas de los seis mil años y los evolucionistas de los millones. La discusión devino guerra eterna entre académicos y teólogos y la grieta, como en la política y el futbol, no se cerraría jamás.

Yo me quedé con la belleza de las palabras: un día, en la madrugada brumosa de los tiempos en un lugar profundo y misterioso el hombre simplemente apareció.

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De pronto, una mujer – la prefiero a un hombre – se levantó y se dirigió solemnemente al grupo sentado alrededor de la fogata: “Tengo una idea: inventemos la escritura.”

La palabra ya se ejercía en esos tiempos con bastante propiedad. Pero quedaba en el aire, suspendida en el éter como pompas de jabón. Y desaparecía: “¿Cómo era que decía mi madre que había parido seis hijos?”

Así que se concertaron para atraparla, para conjurar su huidiza existencia. La fijaron para siempre en la piedra, en el muro, en la madera, en la piel, en el papiro, en el papel.

Le otorgaron una materialidad que hizo posible transportarlas al futuro, inmóviles pero vivientes, llenas de mundos y de vidas.

Arrebatada del aire se quedó para siempre la palabra entre nosotros.

Ningún aparato ni ningún artificio virtual la destruirá jamás.

Por los siglos de los siglos habitará entre nosotros aunque sea vista y venerada sólo por nostálgicos octogenarios que la descubrieron hace añares en el papel y en la tinta de viejos libros amarillentos.

Desvaríos

Después de tanta palabra, después de tanta declaración, después de tanta intención lo más seguro es que no quede nada no más. Como el antiguo proverbio: estela en el mar, camino de serpiente en la roca, marca de hombre en la piel temblorosa.

Tanto decir, tanta pronunciación alterada, tanta marea que sube por los costados, nunca por los senderos de la costumbre y que no se registra en los anales de la oceanografía ni entra en los índices pluviométricos del sistema.

Un descubrimiento singular, un diseño inteligente, una tontera pasajera, una volada imprevista, un mensaje universal, una “biblioteca mental”, un poemita insulso, un cúmulo de huesos descalabrados, palabras al viento.

Todo ello mezclado con llamativos réclames de felicidad inmediata y garantías futuras, textos que salvan el día, anuncios de espectaculares y asombrosos acontecimientos.

Uno siembra al viento. Algunas semillas cayeron en un barrito providencial y florecieron amapolas. Pero el viento, el viento se llevó la mayor parte de ese pretendido corpus, de esa epopeya viviente; no quedará más que un nombre, una nostalgia, un mohín imperceptible, papeles amarillos, fotografías viejas, unas remeras grises usadas, una taza de té que se enfrió.

En 1818, dos meses antes de ser asesinado por los sicarios del régimen imperante, el guerrillero chileno Manuel Rodríguez lanzó un grito desesperado: “¡Aún tenemos patria, ciudadanos!”

Considerando las abrumadoras transformaciones sociales y del lenguaje que han tenido lugar con el paso del tiempo, el grito éste se siente un poco ingenuo y harto demodé, pero de algún modo registra la estúpida idea de que los sueños son inmortales, la extraña impresión de que hay algo que debe ser dicho antes de morir.

Así prosigue entonces, impenitente, la persistencia del loco, la manía del ingenuo, el afán del inconsciente, la penosa travesía hacia ninguna parte.

Téngase en cuenta que impenitente significa tanto persistencia en el error como obstinación en el pecado sin arrepentimiento, así que queda al arbitrio de la amable audiencia – o no tan amable – el tipo de estimación que pueda otorgar a estos desvaríos de fin de semana.

Colofón:

Este artículo se terminó de escribir una mañana de febrero, con 37 grados a la sombra y una importante disfunción estomacal que inhabilita toda posibilidad de mejor ánimo para decir cosas estimulantes y optimistas.

Volví a caer

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.” Salmos 139:23-24

Alguna vez te has preguntado ¿Por qué razón cometo una y otra vez el mismo pecado, aun sabiendo que está mal el hacerlo? Cada uno de nosotros tenemos debilidades, que si no las rendimos delante de Dios, nos llevan a flaquear y como resultado cometemos pecado; esto sucede cuando no buscamos de corazón a Dios y no meditamos en sus Escrituras. Nos enfocamos más en lo terrenal, y nos olvidamos de lo celestial, llevándonos así a una flaqueza espiritual.

El caminar con Jesús todos los días nos prepara para resistir el día malo. Te invito a que separes el mejor tiempo para buscar a Dios de todo tu corazón por medio del estudio y la aplicación de su Palabra en tu vida cotidiana.

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Justicia, misericordia y humildad

“Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” Miqueas 6:8 (RVR1960).

A lo largo de la vida atravesamos diferentes etapas y situaciones, altos y bajos que nos llevan de la euforia a la más profunda depresión.

En nuestras vidas, hay circunstancias que son imprevisibles, pero son justamente ellas, las que nos ayudan a ver lo que realmente hay en nuestro corazón. Como hijos de Dios ¿Realmente reflejamos Su amor a nuestros semejantes? ¿Podemos decir que hacemos aquello que es bueno y agradable ante Su ojos?

Como dice Miqueas, el Señor nos instruye en lo que es bueno a través de Su Palabra, y lo que pide de nosotros es que andemos en justicia, misericordia y humildad.

Hoy te animo a analizar cómo fue tu andar hasta el momento, identifica aquellas áreas que necesitas mejorar o cambiar; y recuerda: no estás solo, Dios está contigo y guiará tus pasos.

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué es lo que Dios quiere para mí?

Dios ciertamente te ama tal como eres, pero Él quiere algo mucho mejor para ti. Que crezcas en santidad, seas lleno de su Espíritu, lleno de su Palabra y que te apartes del pecado.

“Más ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.” Romanos 6:22 (RVR1960)

“La voluntad de Dios es que sean santos, entonces aléjense de todo pecado sexual.” 1 Tesalonicenses 4:3 (NTV)

Que soportes a tu prójimo y perdones sus ofensas. Que ames a tu hermano como Dios te ama y olvida tus pecados. “Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros.” Colosenses 3:13 (NTV)

Que te niegues a ti mismo, tomes su cruz y le sigas. Así como Jesús lo hizo cuando estuvo en la tierra, enseñando sobre el amor de Dios y acercando a las personas al Padre. Jesús dijo: “Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme.” Lucas 9:23 (NTV)

Esto y muchas otras cosas más es lo que Dios quiere para tu vida. Te animo a seguir descubriendo lo que el Señor desea para ti, para ello debes leer su palabra, obedecerla y aplicarla en tu diario vivir; porque si no, podrías vivir engañado toda tu vida y solamente creer lo que te dicen, sin saber si es verdad.

Jesús le dijo a los saduceos: “El error de ustedes es que no conocen las Escrituras y no conocen el poder de Dios.” Mateo 22:29 (NTV)

No olvides que la evidencia de ser llenos del Espíritu Santo es andar en obediencia a Dios y esto se manifiesta cuando no satisfacemos los deseos de la carne, es decir, cuando crecemos en santidad y andamos en la voluntad de Dios.

“Por tanto, no sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor.” Efesios 5:17 (NVI)

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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