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Mañana

Mañana va a ser el mediodía del resto del día que queda por vivir. Porque todavía queda algún tiempo antes del ocaso. Un poco antes, el crepúsculo está llano a otorgar algunos sueños, aunque no son muchos.

Será el día para celebrar el aniversario de la tristeza remitida y el jubileo de algunas horas bendecidas que aún quedan por ahí. Tampoco son muchas.

Mañana todavía los libros serán amados porque siempre hablan. Seguirán abriendo puertas y ventanas para que entre luz.

Habrá tiempo todavía de echarse bajo alguna sombra o arrellanarse en un viejo sillón de mimbre para releer los clásicos de siempre y también alguna novedad como “Amar amares” de Eduardo Galeano.

Mañana será el instante de recordar el futuro que se había soñado y que no fue. Para matizar se hará presente la memoria de algunos segundos emocionados, del aroma de alguna piel, de la tarde entre los álamos.

Se decretará el exilio de los miedos, las vergüenzas y las culpas. El amor, si sirvió para algo, cubrirá multitud de pecados. Por lo menos.

Mañana habrán crecido los hijos de los hijas y aparecerá algún bisnieto, precoz producción de algún nieto o nieta que no ajustó a los estándares de los viejos. Igual serán amados, aunque sea incluso a prudente distancia. Por razones de vivienda, digo.

Mañana tal vez algunos de ustedes recordarán las cosas que fueron escritas aquí. Para criticarlas porque no correspondían a la realidad o para amarlas porque hablaban para y por ustedes.

Los obituarios serán, seguramente, algo exagerados. O descarnadamente auténticos si aparece en las exequias alguien que tiene secretos que revelar.

Mañana las iras serán temperadas, las penas se replegarán al rincón más lejano del alma y los dolores devendrán incienso para el sacrificio de la tarde.

Se cerrarán los libros, algunas deudas serán pagadas y otras quedarán para siempre incobrables, para alegría de éstos y gran enojo de aquéllos.

Mañana me voy a unir a mis ancestros. Al abuelo Juan Bautista. A la abuela Aurora que se arrancó de la casa a los catorce años para fugarse con el abuelo Ramón – que tenía cuarenta. A mi papá, para proseguir una larga conversación pendiente.

Sobre todo, con el tío Carlos, padre y maestro, anciano venerable, epónimo de grandes eventos a quien le contaré seguramente de los avances de la ciencia y de los más recientes editoriales de El Mercurio.

Mañana…

¿Por qué la Biblia dice que cuidemos nuestra boca?

«El que quiera amar la vida y llegar a ver días buenos, debe refrenar su lengua del mal, y sus labios no deben mentir.» 1 Pedro 3:10 (RVC)

En varias partes de la Biblia encontramos contundentes afirmaciones sobre el poder de la lengua y las palabras. Para muchos, esos versículos son más bien sugerencias que pueden ignorarse por completo. Sin embargo, conforme la ciencia ha avanzado, se ha descubierto que las palabras tienen un poder trascendental en nuestras vidas y de los demás.

Las palabras modifican nuestro organismo

«La lengua apacible es árbol de vida; la lengua perversa daña el espíritu.» Proverbios 15:4 (RVC)

Se cree que cuando insultamos, ofendemos o criticamos a otra persona, sólo estamos hiriendo sus sentimientos o su orgullo. No parece algo importante y a veces no lo consideramos en el mismo nivel que la violencia física. Sin embargo, en Proverbios 15:4 leemos que las palabras negativas también impactan nuestra salud.

Un grupo de investigadores1 descubrieron que las palabras que indican dolor incrementan la aflicción de las personas. Ellos examinaron a pacientes que habían salido de operaciones quirúrgicas y encontraron que aquellos a quienes se les decía frases que contenían sinónimos de dolor, tendían a sentir más malestar de lo normal.

Por otra parte, lo que pensamos o lo que escuchamos también modifica nuestro cerebro2. El cerebro es un órgano capaz de crear conexiones a medida que lo alimentamos con nueva información. Si en ese proceso, el cerebro recibe palabras negativas, la respuesta emocional también cambiará.

Estos y otros estudios confirman que las palabras positivas tienen poder, para bien o mal, sobre nuestras vidas y la de quienes nos rodean (Proverbios 18:20-21).

Las palabras modifican nuestro comportamiento

«El fuego se apaga cuando falta madera, y las peleas se acaban cuando termina el chisme.» Proverbios 26:20 (NTV)

Hablar mal sobre alguien no sólo perjudica a la persona de quien se habla, sino también a quien propaga el chisme. Según una investigación3, la autoestima de una persona disminuye cuando chismorrea sobre alguien. Otro estudio4 descubrió que el chisme en el trabajo hace que las personas se vuelvan más cínicas y reduzcan su productividad.

Las palabras que decimos o escuchamos nos llevan a modificar nuestro comportamiento. Pero también, lo que decimos se refleja en otros, pero también manifiesta lo que está en nuestros corazones. Por lo tanto, es importante que tengamos dominio propio y sepamos elegir cuidadosamente las palabras que salen de nuestra boca. Si no lo hacemos, acarrearemos consecuencias que podrían ser devastadoras para nosotros mismos y quienes nos rodean.

«Luego, Jesús convocó a la multitud y les dijo: “Escúchenme, y entiendan: Lo que contamina al hombre no es lo que entra por su boca. Por el contrario, lo que contamina al hombre es lo que sale de su boca.”» Mateo 15:10-11 (RVC)

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

1Chooi, C., Nerlekar, R., Raju, A., & Cyna, A. (2011). The Effects of Positive or Negative Words when Assessing Postoperative Pain. Anaesthesia And Intensive Care, 39(1), 101-106. doi: 10.1177/0310057x1103900117
2Borchard, T. (2018). Words Can Change Your Brain. Recuperado el 29 de enero de 2019, de https://psychcentral.com/blog/words-can-change-your-brain/
3Cole, J., & Scrivener, H. (2013). Short Term Effects of Gossip Behavior on Self-Esteem. Current Psychology, 32(3), 252-260. doi: 10.1007/s12144-013-9176-3
4University of Salford Manchester. (2016). Does gossip at work harm performance?. Retrieved from https://www.salford.ac.uk/news/articles/2016/does-gossip-at-work-harm-performance

Lidiando con el chisme

La Biblia se refiere al chisme no de manera virtual o quizá hipotética, sino lo muestra tal cual es: un problema real, el cual podemos y debemos evitar. ¿Porque debemos aprender a evitarlo? porque el chisme contamina la mente y el alma. Porque nos encontraremos con este mal en cualquier lugar: el vecindario, el trabajo, la escuela e incluso, la iglesia. 

Hay que entender que la murmuración no es de Dios, y si no es de Dios entonces es… del diablo.  No hay nada santo ni sano en el chisme, aunque te digan que es para poner el tema en oración. «…el chismoso divide a los buenos amigos.» Proverbios 16:28 (CST)

Detrás del chisme hay espíritu incorrecto y el chismoso arrastra con él muchos males. La Biblia dice que son «…llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes, habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.» Romanos 1:29-32 (RVC)

¡Atención! si permites que alguien murmure contigo, ten por seguro que también chismeará de ti. «La gente chismosa revela los secretos; la gente confiable es discreta.» Proverbios 11:13 (NVI)

El chismear es una conducta aprendida y es parte de ocio, el cual no es agradable ante los ojos de Dios. «… también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran.» 1 Timoteo 5:12-13 (RVR 1995)

La mejor manera de evitar que te vengan con chismes es confrontar directamente a quien te lo cuenta. Hay muchas maneras de hacerlo, con diplomacia o sin ella. Mas vale callar al chismoso, porque como dice la Biblia: «mejor es reprensión manifiesta, que amor oculto.» Proverbios 27:5 (RVR 1995)

Puedes usar frases tales como:

  • ¿Sabes qué? No estoy interesada en este tema. 
  • De hecho, no tengo tiempo para continuar esta conversación. 
  • Esa es solo tu opinión y la respeto, pero no estoy de acuerdo con lo que dices. 
  • Creo que esas cosas son de tu imaginación.  
  • Prefiero hablar de temas positivos, y este no lo es. 

El punto es desarmar al chismoso, algunas técnicas pueden ser: minimizar lo que dice o saludar sólo desde lejos, (no permitir que ni siquiera se acerque para saludar, y en el caso extremo que insistan en hacerlo de cerca, entonces responder con un saludo cordial, pero a la vez frio, evasivo y cortante). 

En todo caso que el chisme sea veraz o no, el prestar oído a temas y personas que no edifican, nos roba tiempo y atención para escuchar la palabra que da vida: la Palabra de Dios.

 

 

 


Euri Marosi es colaboradora del programa El Antivirus de CVCLAVOZProduce el segmento Puertas Adentro, dedicado a tratar temas sobre las situaciones que pasan dentro del hogar y cómo enfrentarlas desde una perspectiva bíblica. Marosi es una periodista galardonada de los Premios Emmy y apasionada por la comunidad. Vive en Florida con su esposo y tres hijas.

 

 

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¿Tus palabras bendicen?

“No digan malas palabras. Al contrario, digan siempre cosas buenas, que ayuden a los demás a crecer espiritualmente, pues eso es muy necesario.” Efesios 4:29 (TLA)

Es triste que muchas personas usan frecuentemente palabras agresivas, hirientes, groseras, etc. con gente que está a su alrededor sin medir consecuencias y el daño que puede causar.

Al calor de las emociones nuestros labios suelen emitir palabras negativas e hirientes que lastimosamente dañan relaciones. Santiago 3:5 dice: “Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!”

Oí un dicho: “Cuando la emoción sube la inteligencia baja” y es cierto, porque no piensas todo lo que acarreará tu reacción negativa y más aún cuando estás encendido en enojo dices palabras hirientes, incluso lo que no es, sólo por herir, por “defenderte” a causa del fuego que se provocó en tu interior por algún problema.

Es por ello que debemos tener cuidado de todo lo que almacenamos en nuestro interior, pues todo lo que ingresa a nuestro corazón es el resultado de nuestras reacciones. Lucas 6:45 dice: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.”

Si frecuentemente tus palabras no son de bien, es el momento que permitas a Dios transformar tu corazón, llenarte de su Palabra, que su Espíritu Santo te ayude a tener control y que toda emoción negativa sea filtrada por Él.

Edifica y no destruyas, pero hazlo con la ayuda de Dios.

 

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¿Qué regalo recibiste esta Navidad?

Hoy habrás abierto tus regalos o tu regalo o tu tarjeta. Ayer celebraste en familia o tal vez solo o sola y fue un día más, un día común y corriente…

Sea como haya sido, busca el lado positivo de lo que hiciste y piensa en el nuevo año que se aproxima.

Haz planes para ese año, pero no solo los pienses. Escríbelos, y si es posible, coloca fotos de lo que deseas lograr, haz las letras en un papel fuerte, que resista el año entero y colócalos en un lugar visible. Lo que vas a hacer por esos planes es orar para que Dios te ayude a alcanzarlos, para que Dios bendiga esos planes y los veas realizados.

Muchos son los que hacen planes de comenzar a ejercitarse y a bajar de peso con un régimen alimenticio apropiado. Pero si no lo escribes, si no te comprometes sinceramente, al poco tiempo te vas a salir del régimen y no lo vas a volver a tomar. Hazlo divertido y permite cosas que te gusten mucho aunque sea una vez a la semana. No en una cantidad exagerada, sino para darte el gusto y luego seguir con la dieta, pero sabiendo que el próximo sábado o domingo, te vas a dar esa licencia o una nueva.

Como digo en Ni Más Ni Menos con Elluz Peraza: “todos los excesos son malos”. Así que la dieta es buena, pero los excesos nos pueden poner más ansiosos. Come saludable, pero no te quites por completo ninguno de los grupos de alimentos. Comer poco carbohidrato y comerlos complejos. No comer solo proteínas, pues luego cuando te sales un poco, te hinchas de inmediato. Toma mucha agua y en general, come muy saludable, tratando de comer muchas frutas y vegetales en cada comida.

Espero que te funcione y a mí también. Ya voy a buscar un buen corcho o cartulina para poner mi lista de planes para el 2019. ¡Dios te bendiga y te ayude a lograrlos!

 

 

 

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Las palabras en el mundo

La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas; nunca hubo en el mundo tantas palabras, con tanto alcance, autoridad y albedrío.

(Botella al mar  para el dios de las palabras, Gabriel García Márquez)

Solía pensar que la palabra estaba en peligro, que la imagen la iba a desaparecer en un mundo que ya no lee y pierde día a día el dominio de la pronunciación. Pero acabo de leer este discurso de García Márquez y tengo que admitir mi error.

Efectivamente la palabra está más viva que nunca y fortalecida por la audiovisualización de todo. Las canciones, los memes, los videos, los mensajes de texto, todo requiere la palabra. Es imposible que desaparezca. Es imprescindible aún para explicar la imagen muda por más evidente que sea su significado.

La palabra finalmente no va a morir. Lo que temíamos no acontecerá y podremos seguir viviendo con ellas, en medio de ellas, a través de ellas. Todavía será posible el discurso, el ensayo, el poema, la conversación, la difusión del pensamiento, el relato y las discusiones. Todavía será posible increpar, protestar, arengar, persuadir, seducir, molestar, irritar, violentar a través de la palabra escrita y hablada. Todavía podremos contar la vida o la ficción y reproducir así el sentido de las cosas que existen.

Alguna vez escribí por ahí que había sido una gran idea que Dios dejara su pensamiento impreso. Fuera en piedra, en papiro, pergamino o papel, se podía multiplicar y transmitir su idea al mundo. La verdad es que todas la religiones y las filosofías que han llegado hasta nosotros lo han hecho a través de la palabra impresa.

Siempre he preferido el papel pero sospecho que un día, cuando yo ya no esté para verlo, sólo será posible comunicar la palabra a través de medios virtuales. Pero siempre serán las palabras, aunque sean unos y ceros transformados en bits, bytes, kilos, megas, teras y lo que sea que venga después.

Serán siempre las palabras codificadas para seguir contando el drama y la belleza de lo humano. Para seguir creyendo y para seguir decepcionándose. Para esperar y para desesperar. Para reír y para llorar.

Bianca Estela Sánchez nos advierte en su libro “Un mundo sin palabras” lo que podría ser: Era un mundo sin historias / Aburrido. Sin estrellas. / A veces hasta los sueños / eran páginas desiertas…

Se paciente con tus hijos…

“Y ustedes, los padres, no deben hacer enojar a sus hijos, para que no se desanimen.” Colosenses 3:21  (TLA)

Más allá de ser una responsabilidad, el ser padres se ha convertido en un gran reto que a muchos les cuesta asumir. Somos tan felices al verlos nacer y tener a nuestros hijos en brazos, pero a medida que van creciendo, hasta se nos hace difícil llegar a un acuerdo con ellos por lo inestables que puedan ser emocionalmente; quizás esas conductas sólo tengan que ver con la etapa que están atravesando en sus vidas, pero a veces los padres pueden cometer el error de marcarlos emocionalmente con palabras hirientes cuando ellos se equivocan.

Si hasta hoy te has dejado llevar por el enojo y la ira a causa de algunas actitudes negativas de tus hijos debes saber que tú también estuviste en esa posición y aún lo sigues estando como hijo de Dios. Sin importar los errores que ellos puedan cometer y en medio de esos malos momentos que quizá te hacen pasar, respira profundamente y pídele sabiduría a Dios para educarlos con disciplina y amor para evitar una rebeldía mayor.

Por Ruth Mamani

 

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¿Cómo estás cuidando lo más valioso que tienes?

Muchos de nosotros tenemos posesiones de gran valor monetario o sentimental, que guardamos en un lugar secreto y seguro para impedir que alguien lo tome o que se dañe… Pero, ¿Hacemos lo mismo con nuestra mente y corazón? ¿Mostramos el mismo esfuerzo para proteger y asegurar nuestra relación con Dios?

Si bien nos esforzamos para cuidar esas posesiones valiosas, así también debemos cuidar nuestra vida espiritual de aquel ladrón (satanás) que no sólo quiere arrebatarnos cosas o personas de nuestra vida, sino que desea vernos destruidos.

Ante la amenaza constante del enemigo, debemos ser sabios y oír el consejo de Dios sobre el cuidado que debemos tener.

Cuida tu corazón “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida.” Proverbios 4:23 (NTV) No permitas que las circunstancias adversas llenen tu corazón de tristeza, resentimiento, amargura, orgullo, etc.

Cuida tus palabras “El que guarda su boca guarda su alma; Mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad.” Proverbios 13:3 (RVR1960) Nuestras palabras pueden dañar a otros pero también pueden provocarnos heridas a nosotros mismos.

Cuida tus ojos “Tu ojo es una lámpara que da luz a tu cuerpo. Cuando tu ojo es bueno, todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es malo, tu cuerpo está lleno de oscuridad.” Lucas 11:34 (NTV) Resulta complicado cuidar lo que vemos pues constantemente estamos siendo bombardeados con mensajes, películas, etc. Que tienen un contenido obsceno y malicioso por ello debemos tener mucho cuidado de lo que estamos mirando.

Cuida tu mente “Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza.” Filipenses 4:8  (NTV) La capacidad de la mente es increíble, puede llevarnos a lugares que jamás hemos visto y lograr cosas que nunca hubiésemos alcanzado pero también puede llevarnos al más profundo pozo de pecado.

Así como el centinela cuida una instalación o el guardia de seguridad protege una entidad bancaria, así debemos cuidar nuestra vida espiritual, pero recuerda que también tenemos la protección de Dios.

“Cuídame, oh Dios, porque en ti busco refugio.” Salmos 16:1 (NVI)

Por  Judith Quisbert

 

 

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¿Congregarse?

“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” Hechos 2:42 (RVR1960).

Cuando surgió la iglesia primitiva, sus miembros perseveraban en cuatro aspectos fundamentales; uno de ellos, es la comunión unos con otros para mantenerse unidos y apoyarse entre sí.

Este ejemplo de los cristianos de la iglesia primitiva, parece hoy haber perdido su importancia, porque vemos lamentablemente cómo muchos hermanos dejan de congregarse.

Asistir a la iglesia es importante para aprender sobre la Palabra de Dios, pero también para estrechar lazos de amor y unión con nuestros hermanos en la fe.

Congregarnos no es una cuestión religiosa, por el contrario, de esta manera participamos activamente del cuerpo de Cristo que es la iglesia, ámbito en el cual también servimos a Dios.

Si no estás asistiendo a una iglesia o piensas en dejar de ir, te invito a reflexionar en este pasaje; imitemos el ejemplo de los primeros cristianos y esforcémonos en ser miembros activos en nuestras congregaciones.

“no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” Hebreos 10:25 (RVR1960).

Por Cesia Serna

 

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Dilo con cariño

¿Cuántas veces te dejaste llevar por las emociones, por la ira y hablaste palabras que no edifican hacia tus hijos sobrinos, familiares, amigos y empleados?

Pensaste que era un mal necesario, pero no te diste cuenta que generaste rencor y temor en las personas que te rodean. La palabra dicha no tiene vuelta y puede causar mucho daño, aunque no lo percibas así.

En estos días estamos sumidos por los afanes de la vida, del trabajo, de la familia y muchas veces no nos detenemos a pensar en lo que decimos ni hacemos. La palabra nos enseña sobre el cuidado con las palabras que hablamos: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” (Efesios 4.29 RV60)

Hacer esto cuesta mucho, es el resultado de la obra de Cristo en el corazón y de la práctica diaria para domar la lengua que es un miembro pequeño pero puede edificar o destruir.

La Biblia también menciona esto: “De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?”(Santiago 3.10-11 RV60)

Cuando te quieras dejar llevar por la ira, cuando parezca que no tienes más respuestas a lo que atraviesas, recuerda estos versos y expresa tus pensamientos con cariño; no te guardes tus palabras, sólo dilas de una manera diferente, la cual exhorte y edifique a los demás.

Por Carlos E. Encinas

 

 

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Inventario extremo

El mar de dudas que podría llegar a ser mi único legado posible. La inclinación cada vez más intensa a no decir “lo correcto”. La madre de todas las batallas contra la extinción de las palabras y el arte de la conversación. El creciente distanciamiento de las autodenominadas figuras de autoridad. La rebeldía como gestión del pensamiento independiente. El escepticismo creciente respecto del discurso, la predicación, la consigna, los disparadores y las llamadas de atención.

Las duras negociaciones con la soledad adquirida. El resentimiento debido a las horribles maneras que se han inventado para matar el silencio (mención especial para el perro de un departamento aledaño que ladra angustiadamente todas las noches a las horas más inesperadas). La grosería de los modos sociales. La insolencia de la picaresca. La desesperada búsqueda de la paz.

(Interludio)

“No hay que leer libros para saber lo que dicen sino para saber qué es lo que quieren decir”.

(Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa, Umberto Eco)

El viaje. El otro, el absolutamente otro lugar. Mi sur austral, inmensa geografía ausente. Mi insanable nostalgia de monte, neblina y bosque. El no ser en aeropuertos y terminales. La noche que arrulla la ida y vuelta a Nunca Jamás.

Los cuadernos de la memoria, algunos guardados y otros esparcidos en anaqueles y vecindarios ajenos. Los antiguos intentos por abrir un boquete en los muros de la institución y en la mente uniformada – “another brick in the wall”.

La vida fuera de la baldosa común. Bailando en la oscuridad y como tantas veces las ganas de no tener más ganas y alguna noche las ganas de tenerlas. El esplendor en la hierba. Las hilanderas de la luna. Un poco de la “música de mi vida”, la silenciosa fidelidad de los libros y el cierre total de todo canal y portal de noticias porque ya basta de contemplar cómo los pueblos cometen suicidio todas las horas todos los días.

Finalmente, explico que a veces me canso de la escritura técnica, tan necesaria que es y tan poco agradable para el pulso y la mente cansada. De modo que cualquier intento de hallar aquí hoy alguna enseñanza o valiente conceptualización es absolutamente inútil. Esta es literatura descartable, amigas y amigos.

Una autoindulgencia de viernes, digamos…

Compañía

¿Cuántos de nosotros al atravesar circunstancias dolorosas y difíciles hubiésemos querido tener cerca a alguien que, sin necesidad de decir nada, simplemente esté ahí, brindándonos su apoyo?

Hay momentos en los que las palabras no confortan o dan el consuelo que quisiéramos y  cuando una silenciosa compañía hace más que mil palabras.

Así como pasamos por situaciones que nos hacen querer tener el apoyo de otras personas; quienes están en nuestro entorno, seres queridos, familia, amigos, etc., también tienen luchas que enfrentar y necesitan ser apoyados.

A veces no sabemos cómo reaccionar o que decir ante el sufrimiento de otras personas, y también puede suceder que quien sufre no encuentra la forma de exteriorizar cómo se siente o simplemente no está listo para hablar. En esos momentos, pongámonos en su lugar y quedémonos cerca, digámosle con nuestra presencia cuán importante es para nosotros y que  estamos ahí para él o ella.

“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu.” Salmos 34:18 (RVR1960).

Como recibimos ayuda y soporte del Señor, brindemos nuestra compañía a quienes sufren y dejemos que Él nos guíe y dé las palabras necesarias en el momento oportuno.

Por Cesia Serna

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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