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¡No digas no puedo!

Mientras toda la nación de Israel se había pervertido y apartado de la voluntad de su creador, Él ya tenía a alguien en mente para una misión importante y aunque este personaje iba a ser rechazado por su pueblo, golpeado y aun encarcelado a causa de su fe, lo más estremecedor para él fue el mensaje que debía comunicar. Su corta edad y la falta de un carácter firme lo hicieron sentirse incapaz, pero Dios le dijo que desde el vientre de su madre ya lo había escogido para ser profeta y que no debía preocuparse por el efecto de su mensaje, sino que simplemente debía comunicarlo. Tal vez Jeremías estaba menospreciándose así mismo, poniendo sus propias barreras, pero Dios no pensaba de la misma forma, entonces le dijo:

«…No digas: “Soy muy joven”, porque vas a ir adondequiera que yo te envíe, y vas a decir todo lo que yo te ordene.  No le temas a nadie, que yo estoy contigo para librarte…».  Jeremías 1:7-8 (NVI).

Estas palabras que le sirvieron de ánimo y de consuelo al profeta, son válidas también para ti que estás en la obra de Dios. Puede ser que no tengas el carácter de Pablo o el de Pedro y al igual que Jeremías sientes no poder hacerlo por ser muy joven, pero quiero recordarte que no es cuestión de carácter, ni de edad, sino de disposición del corazón. Dios no escogió a Jeremías por la escasez de un profeta, Él ya lo tenía pensado desde el vientre de su madre y aun con la peculiaridad de su carácter tranquilo, fue elegido. David siendo el menor de sus hermanos fue escogido para ser Rey ¿Era importante su carácter explosivo o templado? No, simplemente Dios se agradó de su corazón.

No sé a qué te ha llamado Dios, pero no pienses que eres insuficiente para esa misión, no te menosprecies creyendo que es mucha responsabilidad para ti, no te limites por tu corta edad, ni quieras abandonar el reto por no tener facilidad de palabra porque Dios está dispuesto a poner sus palabras en tus labios para declarar libertad, sanidad, bendición, etc.;  y su presencia sobre tu vida, te convertirá en una amenaza para el reino de las tinieblas.

Así que no te resistas a asumir el desafío para el que fuiste escogido, porque Dios conoce tus fortalezas y tus debilidades. No digas: ¡no puedo!, esas palabras no deberían existir en tu vocabulario.

Quizás la tarea para la que has sido asignado te lleve por un camino lleno de sacrificios, pero esa no es razón para rendirse antes de comenzar, sino para confiar en Dios y creer que todo obstáculo será derribado en su nombre.

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Filipenses 4:13 (RVR).

Por Ruth Mamani.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Blah, blah, blah

A veces nos involucramos en rumores o chismes, porque nos parecen interesantes o nos gusta juzgar el problema de los demás, olvidando que estas habladurías son un veneno que lastima al que las escucha y a la persona de quién se habla.

Hace tiempo atrás escuché el rumor que se decía de una familia: “esa mujer no es buena madre, porque sus hijos están descuidados y ese hombre es un vago, porque no trabaja”, pero cuando conocí a esas personas descubrí que  el padre no podía encontrar trabajo y sufría por no llevar el alimento a su hogar y su esposa apenas pasaba tiempo con sus pequeños debido a que realizaba pequeñas labores para sostenerlos de algún modo.

¡Qué fácil es criticar! Me dio tanto coraje contra las personas que hablaron demás, pero me doy cuenta que también fui parte de eso porque permití aquella conversación. Alguien dijo una vez: “El chisme muere cuando llega al oído de una persona inteligente” La Biblia  califica a esta persona como “Prudente”.

“En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente.” Proverbios 10:19 (RVR 1960)

La persona que habla mucho no tardará en pecar y aquella que escucha todo tipo de rumores o chismes también es participe del pecado, la palabra del Señor dice que no existe sabiduría en alguien que no sabe frenar sus labios, por lo cual tarde o temprano recibirá el juicio de Dios.

“Más yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.” Mateo 12:36 (RVR 1960)

En este pasaje bíblico se muestra que recibiremos juicio por las palabras ociosas que salgan de nuestra boca ¿Qué es una palabra ociosa? Es aquella que no es productiva, que no es de provecho, es un mensaje inútil que no traerá ningún beneficio y por tanto, Dios nos pedirá cuentas de cada una.

Amiga (o) si el comentario que vas a hacer de otra persona no es útil o de provecho te animo a guardar silencio, controla tu lengua y no permitas que sea un instrumento del diablo; por otra parte, si estás en una conversación que no es productiva, es mejor que detengas el chisme y no seas parte del pecado.

Recuerda que hasta el necio pasa por sabio cuando cierra su boca.

 

 

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¡Cuidado con tus palabras!

“Que sus conversaciones sean cordiales y agradables, a fin de que ustedes tengan la respuesta adecuada para cada persona” Colosenses 4:6 (NTV)

Qué difícil es tener una respuesta sana y agradable cuando nos hablan con odio y con palabras desagradables, pero aun así nuestro deber como hijos de Dios es tener conversaciones amables, sabias, llenas de amor y de paciencia.

Por Judith Quisbert

 

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¿Clamas o Reclamas?

“Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero. Y Jacob se enojó contra Raquel, y dijo: ¿Soy yo acaso Dios, que te impidió el fruto de tu vientre?” Génesis 30:1-2 (RVR).

La historia de Raquel y Lea siempre me pareció interesante por sus grandes diferencias. Por un lado, Lea despreciaba a su hermana porque “Jacob amaba a Raquel”. Sin embargo, a Raquel no le resultaba suficiente el amor de su esposo, sino que envidiaba la herencia que Dios dejaba en Lea (los hijos) lo cual la llevó a reclamarle a Jacob hasta hacerlo enfadar. Al parecer, lo único que a ella le interesaba era tener hijos y de su corazón sólo salían palabras de reclamo. Imagino cómo pudo sentirse Jacob con las palabras hirientes que salían de los labios de su amada, tal vez llegó a pensar que todo el amor que le había profesado no significaba nada para ella.

Por otro lado, si observamos de cerca una historia similar, podremos darnos cuenta a quién nos parecemos. Se trata de Ana, la madre de Samuel, quien también anhelaba con todo su corazón tener un hijo: “E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.” 1 Samuel 1:11 (RVR).

La diferencia entre ambas mujeres (Raquel y Ana) radica precisamente en la actitud de sus corazones; mientras Ana clamó a Dios, Raquel reclamó a su esposo y mientras Ana pensaba dedicar su hijo  al servicio del Señor, Raquel lo anheló aun por encima de su propia vida.

Por su actitud cada una recibió su recompensa. Ana después de haber concebido a Samuel pudo tener más hijos, pero lo triste es que Raquel murió en el parto de su segundo hijo contrariamente a su petición “dame hijos o muero”, aquello que ella consideraba que era la vida, se convirtió en su muerte.

Es posible que estés atravesando por una gran necesidad espiritual, material y aun sentimental, por lo cual te ves tentado a actuar para que las cosas vayan a tu favor, pero al ver tu incapacidad reclamas en vez de ponerte de rodillas e implorar para que se haga la voluntad de Dios.

Por encima de toda situación, no reclames, sino ¡Clama! Porque esto es lo que El Señor espera de nosotros cuando estamos en Su Presencia. Si lo llamamos, no sólo contestará nuestra oración sino que promete revelarnos “cosas grandes y ocultas” que no podrían conocerse de otra manera, porque humanamente son inaccesibles.

No permitas que de tus labios salgan palabras de reclamo que sólo hieren el corazón de Dios, al contrario, aprende a clamar por su ayuda, porque Él siempre estará listo para responder a tus necesidades.

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” Jeremías 33:3 (RVR)

Por Ruth Mamani.

 

 

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Dos momentos

Inclinado frente al silencioso altar de la capilla, el joven musita unas palabras ininteligibles. Viste el uniforme de los Caballeros Azules. Dentro de unas horas, su Batallón emprenderá viaje por tierra y mar hacia la Santa Ciudad que ha sido tomada, le han dicho, por los Combatientes Orientales. Han desafiado así el orgullo de los Señores Ultramarinos, han mancillado el honor de su fe y de sus más profundas convicciones históricas.

El joven pide a su dios fuerzas para la hora crucial, para que frente al enemigo tenga el valor de matar y adelantar así la misión suprema de la restauración de todas las cosas. Matar es un alto precio pero digno de pagar por el honor de su dios. Si llega a enfrentar la muerte, tiene la seguridad de que entrará glorioso en los aposentos del Alto Señor y gozará de su favor eterno, junto a tantos compañeros que cayeron junto a él en semejante empresa.
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Con el rostro tocando el suelo, el joven se inclina y se levanta varias veces. Alza sus manos, pronuncia unas palabras en un idioma ininteligible y vuelve a inclinarse hasta que su frente otra vez toca el suelo. Viste las ropas comunes de su aldea. A la entrada del templo ha dejado las armas y su calzado. Dentro de algunas horas saldrá en una misión secreta y suicida. Le han encomendado una tarea atroz y está dispuesto cumplirla. Antiguos enemigos han arrebatado las vidas de muchos de sus amigos y parientes. Han asolado ciudades y aldeas. Han impuesto su cultura extraña y secular por todo el continente. Ha asumido, por lo tanto la noble tarea de matar y morir en un momento dramático y solemne. En el mismo instante de que su cuerpo sea consumido por la muerte entrará en la morada de los dioses y recibirá inexpresables y eternas recompensas.
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Dos momentos. Dos historias, dos preguntas, dos juicios, dos opiniones, dos ideas, dos posibilidades, dos opciones, dos culturas, dos explicaciones frente a la historia humana.

A veces parece que nada cambia…

Enumeraciones

Nuestra pequeñez en la profunda inmensidad del universo. La cruda evidencia del cuerpo que se deteriora. El agudo filo del adiós sin retorno. La fría estocada de la razón sin sentimientos. Todo lo que termina, termina mal. Queda clara la inevitabilidad de la muerte. El descubrimiento de la mentira. La ilusión que se hace trizas en el duro cemento de la realidad. Nuestro nombre que no aparece en la lista ganadora.
Leemos el informe que dice que lo nuestro no tiene cura. Un niño muerto es fotografiado en la playa. Resultó que nuestro personaje inolvidable era un redomado estafador. Lo que abrazamos tibio y sereno devino tempestad y cenizas. La sonrisa era una mueca inventada. El amor se congela a la intemperie. Lo soledad es la única puerta sin llave.
El necio gana millones y tiene buena prensa y el sabio recibe una pensión miserable y es denigrado en las redes sociales. La patética reverencia que hay que hacer para conservar el puesto. El inmenso y flagrante imperio del mal. Las inmensas riquezas con su macabra estadística de almas muertas.
Es tan corto el amor y es tan largo el olvido. La mascarada de los discursos y las predicaciones. La hora del lobo y las ocho horas de insomnio. La violencia y el hambre que nunca dicen: “¡Basta!” Nos reducimos a una mínima pantalla táctil. La “Matrix” que está en todas partes y permea todo. Los ceremoniales hipócritas y las condecoraciones desvergonzadas. Los diligentes emprendimiento de la superchería. A veces, ¡qué ganas de no tener más ganas!
Las vanas repeticiones de slogans, clichés y lugares comunes en las solemnes convocaciones (“Las tiene aborrecidas mi alma”, dijo una vez Dios). Sísifo que sube una y otra vez la piedra a la cima del monte para verla, una y otra vez, caer.
Tenemos dolores de parto y damos a luz viento. El estremecedor sonido de la hojarasca en los pasillos de los templos. La picazón por escuchar. La avalancha de pronunciadores de palabras halagüeñas. Las Sagradas Tecnologías de la Información, al alcance de todo entendimiento y a precios módicos. El tremendo invierno que se viene y nosotros en tenida de playa. La arenga cultural de Goliat domina el teatro de la guerra y David anda en un congreso internacional.

Demuéstralo

El reino animal presenta muchos ejemplos de protección dentro de una manada, entre especies del mismo tipo, pero sobre todo en el cuidado que tiene una madre con sus crías. Ese es el caso de los pulpos que suelen depositar hasta 50.000 huevos por vez, pero el reto verdadero está en cuidarlos durante los 40 días de incubación.

Esos pequeños huevecillos son un verdadero manjar para muchos depredadores marinos y sus madres lo saben. Por eso permanecen junto a ellos para protegerlos durante todo el tiempo que les lleva desarrollarse y entre otras cosas, para ayudarles a oxigenarse soplando suavemente sobre ellos cada cierto tiempo.

En estos 40 días la mamá pulpo no se alimenta. Su cuerpo se consume a sí mismo para poder subsistir y en la mayoría de las ocasiones, cuando los huevos eclosionan y sus hijos están listos para salir al mundo, ellas mueren. La madre pulpo entrega su vida a cambio de que sus crías puedan nacer y vivir.

Sin duda esta es una verdadera demostración de sacrificio y amor.

1 Juan 3:18 dice: “Hijitos míos, que nuestro amor no sea solamente de palabra, sino que se demuestre con hechos.” Versión Dios Habla Hoy

El apóstol Juan recomienda que el amor que debe demostrar un creyente no sea solamente de palabra sino de acciones. Dios lo hizo de esa manera cuando entregó a su Hijo en rescate por la humanidad.

Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…” Versión Reina-Valera 1960

El texto escrito igualmente por Juan dice que Dios amó a la humanidad tanto que hizo algo (entregar a su Hijo) para demostrarlo. El principio de amor con acciones viene de Dios y es trasmitido a través de lo escrito en la Biblia para que sea practicado por los creyentes.

¿Cómo demuestras el amor que tienes con tus seres queridos y con las personas que te rodean? Si solamente es de palabra es posible que debas pensar en la manera de realizar acciones que lo manifiesten. Un abrazo, un regalo, algunas palabras de aliento o quizás sencillamente dedicar tiempo de calidad son una forma significativa de demostrar cuánto amas.

¿Sientes amor?, demuéstralo.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Tus acciones eclipsan tus palabras?

En ocasiones decimos frases que luego no cumplimos, o que contradicen totalmente nuestras acciones. Podemos ser buenos oradores y decir las palabras justas en el tiempo adecuado, pero si no hacemos lo que decimos, no tienen valor alguno.

Como seguidores de Cristo debemos amar a todos sin excepción. En ocasiones, esto resulta difícil de lograr, especialmente cuando se trata de amar a quienes nos hacen daño, rechazan, u odian; sin embargo, nuestro deber es demostrar aquel amor que recibimos de parte de Dios. Es por ello que, tal vez, en nuestro intento por cumplir este mandato, intentamos amar por medio de nuestras palabras mas no por nuestras acciones.

De nada vale tener los mejores deseos si nuestros hechos eclipsan nuestras palabras. 1 Juan 3:18 (PDT) dice “Hijitos, nuestro amor no debe ser sólo de palabras, pues el verdadero amor se demuestra con hechos.” Por lo tanto, procuremos llevar un mensaje coherente a los demás y no practiquemos lo que dice Juan 13:34-35 (TLA): Les doy un mandamiento nuevo: Ámense unos a otros. Ustedes deben amarse de la misma manera que yo los amo.  Si se aman de verdad, entonces todos sabrán que ustedes son mis seguidores.”

 

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La palabra en la mira

En literatura se suele decir que “el estilo es la persona.” Esto es, que lo escrito revela en cierto modo el ser de la persona que escribe. Extendamos esa afirmación a lo que una persona habla. Estoy pensando respecto de la percepción de la audiencia. ¿Puede el público, al reflexionar en lo que lee o escucha, tener una imagen más o menos cierta del hablante? Esperaríamos que sí.
Con el tiempo y la experiencia, sin embargo, se aprende que puede haber una gran distancia entre discurso y acción. Es posible que quien escribe o habla se comporte en la práctica de una manera que no se condice con sus palabras. Esto se ve frecuentemente en política, religión y otras actividades cuyo objetivo es influir sobre una audiencia dada. Un joven estudiante de periodismo me confrontó hace muchos años con esta cuestión: “Hay cosas, decía – no recuerdo las palabras exactas –, que son correctas o verdaderas más allá de la conducta personal de quien las pronuncia. Su comportamiento es una cuestión privada”. Por aquel tiempo yo postulaba fervientemente la consistencia entre decir y hacer. Lo sostengo aún, pero de una forma diferente.
Hay muchas cosas que son como se dice que son. Por ejemplo, los dirigentes deberían ejercer sus funciones con integridad, generosidad y justicia. Cuando alguien afirma esto, está diciendo algo que es verdadero; ahora, cómo esta persona se conduzca en su vida pública y privada no afecta la consistencia del hecho que afirma. Sí puede eventualmente afectar la fe que la gente ha depositado en ella.
Hubo una época en que defendí algunas cuestiones con encendida pasión. Llegó luego un tiempo en que no pude o no quise vivir de acuerdo con esas cuestiones. Y me pareció que lo más apropiado era no seguir hablando de ellas. Me movía en un ambiente donde alguna gente en mi misma situación resolvía continuar con su discurso. Y me hacía mal ver la frustración, la ira contenida de las personas de su entorno, especialmente quienes operaban bajo su autoridad.
Por ello, preferí ocuparme en adelante de otras cuestiones, como la comunicación, la percepción de la audiencia y la comprensión del tiempo presente. Respecto de las otras cosas, busco resolverlas, si es posible, o bien entenderlas mejor.
Hasta entonces, el silencio es más sólido que el vidrio de los tejados…

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Pensamiento antipático

“Ningún gobierno debiera sostener intelectuales si son intelectuales, porque un intelectual no es orgánico. Plantea dificultades. Donde los políticos ofrecen creencias, él plantea pensamientos que disuelven sus creencias. Por lo tanto, no tiene que ser simpático, el pensamiento no es simpático. No hay pensamiento con felicidad; el pensamiento es inquietante.”
Tomás Abraham (filósofo argentino)

Algunas pocas – y afortunadas – veces encuentro palabras que reflejan con tanta fidelidad lo que pienso y siento. Esta cita de una entrevista telefónica del autor con un medio nacional resume mi creciente convicción de que alguien que piensa seriamente no puede estar al servicio de una causa o un sistema dirigente.
Por más noble que suene el “servicio a la causa” va a ser inevitable que tarde o temprano ella y sus dirigentes demanden una lealtad injusta o indigna del escritor, del comunicador o de quien quiera que piense algo más allá de la estructura.
Cuando las ideas y las creencias son pensadas como deben ser pensadas es más que frecuente que resulten incómodas, molestas o inconvenientes para el poder. El poder asegura su permanencia basado en la lealtad de la gente que abraza sus consignas y sus declaraciones de factura más o menos simple, fáciles de entender para la mayoría y que constituyen el discurso unificador de los dirigentes.
Es en este sentido que podríamos afirmar que una buena parte de los profetas antiguos cumplieron una función intelectual: comprendían el pensamiento de Dios, veían las inconsistencias entre Su ley y la práctica de los dirigentes políticos y religiosos y las confrontaban muchas veces al costo de sus propias vidas.
Un intelectual no siempre será una persona con altos estudios y calificaciones superiores. A veces no es más que alguien que comprende el tiempo que vive, que tiene una noción bastante clara de la justicia, de la verdad, de la integridad y por eso cuando habla, sin compromisos ni acomodos al oído del poder, es antipático.
“El pensamiento no es simpático. No hay pensamiento con felicidad; el pensamiento es inquietante.” Estas palabras están en severo contraste con el discurso de los políticos y del que muchas veces sale de púlpitos para complacer a la multitud.
Alguna vez leí que un intelectual no es una persona que sirve a una causa, sea política, religiosa o cultural. Es un outsider, alguien que está afuera – como estaba Juan el Bautista – pero que entiende perfectamente lo que pasa allá adentro.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Mi Dios es justo

“Porque el Señor ama la justicia y no abandona a quienes le son fieles. El Señor los protegerá para siempre, pero acabará con la descendencia de los malvados.” Salmo 37:28 (NVI)

Cuantas veces de nuestros labios han salido estas palabras: ¡No es justo! Tal vez te has esforzado tanto por conseguir un objetivo y la recompensa que a ti “te correspondía” se la dieron a otra persona. No es fácil lidiar con esto ¿verdad? Ante todo, debes entender que Dios no tiene favoritos, ni abandonará a quienes le son fieles, más al contrario, su protección siempre estará contigo y en su tiempo te hará justicia.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Palabras de amor

“El que guarda su boca y su lengua, guarda su alma de angustias”. Proverbios 21:23 (RVR1960)

¡Cuántas veces nuestros impulsos son más fuertes que el amor que sentimos por los demás! Cuando nos ofenden, dejamos de ver con objetividad a la persona que nos lastimó y corremos el riesgo de responder causando una herida a nuestro agresor. En lugar de esto, podemos pedir que Dios nos ayude y de sabiduría para saber responder adecuadamente. Por eso antes de hablar y responder con más agresiones, pudiéramos preguntarnos ¿qué haría Jesús en mi lugar? Seguramente descubriremos que necesitamos más amor, misericordia y dominio propio de manera que nuestro carácter cada día sea más parecido al de Jesús.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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