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Un corazón que ayuda

“Pero un hombre de Samaria que viajaba por el mismo camino, al verlo, sintió compasión. Se acercó a él, le curó las heridas con aceite y vino, y le puso vendas. Luego lo subió en su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó.” Lucas 10: 33-34 (DHH). 

Los versículos bíblicos nos relatan una porción de la parábola del buen samaritano, en la cual, un hombre fue asaltado y herido, nadie se compadeció de él y lo dejaron tirado, pero después pasó un samaritano quien se apiado y lo ayudó.

Al igual que en la historia, hay personas indiferentes a las necesidades o al dolor de los demás, quizás porque no es asunto suyo y entonces temen involucrarse. Sin embargo, el nuevo mandamiento que Jesús nos dio es el amor, a Dios en primer lugar y luego a nuestro prójimo. Por lo tanto, se trata de que vivamos nuestra fe siendo capaces de ofrecer un amor práctico que ayude a levantar al caído, al igual que lo hizo el buen samaritano.

Si Jesús realmente vive en nuestros corazones, estaremos muy dispuestos a ayudar al que lo necesite. Entonces, si Jesús vive dentro de ti, ayuda al que necesita un abrazo, compañía o una simple palabra de aliento, bríndale tu apoyo y no dudes que Dios recompensará tu bondad.

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Fariseo o Publicano?

Cuenta la parábola que dos hombres estaban orando en el templo, uno de ellos era fariseo y el otro publicano, ambos se acercaban a Dios con distintas oraciones, según Lucas 18:11-14 (TLA) la Biblia nos menciona lo siguiente:

“Puesto de pie, el fariseo oraba así: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres. Ellos son ladrones y malvados, y engañan a sus esposas con otras mujeres. ¡Tampoco soy como ese cobrador de impuestos! Yo ayuno dos veces por semana y te doy la décima parte de todo lo que gano. ”El cobrador de impuestos, en cambio, se quedó un poco más atrás. Ni siquiera se atrevía a levantar la mirada hacia el cielo, sino que se daba golpes en el pecho y decía: “¡Dios, ten compasión de mí, y perdóname por todo lo malo que he hecho!”. Cuando terminó de contar esto, Jesús les dijo a aquellos hombres: «Les aseguro que, cuando el cobrador de impuestos regresó a su casa, Dios ya lo había perdonado; pero al fariseo no. Porque los que se creen más importantes que los demás, son los menos valiosos para Dios. En cambio, los más importantes para Dios son los humildes.”

¿Alguna vez escuchaste este tipo de oración, o quizá de tus labios salieron palabras como estas?

Si analizamos a estos dos personajes que Jesús utilizó, podemos ver que cada oración es distinta; la del fariseo estaba llena de vanidad y de ego, quien en todo tiempo le mencionaba a Dios lo justo que él era. Por otro lado, tenemos al publicano, quizá por su condición no era visto de una forma favorable y con frecuencia era tratado con desprecio, pero la actitud que él tuvo ese día, seguro que conmovió el corazón de Dios. Porque según el versículo 13 el publicano estaba lejos, avergonzado y humillado por lo que hizo, tanto que ni alzar los ojos pudo, sólo pedía perdón por su pecado y misericordia para su vida.

Muchas veces actuamos como el fariseo, creyendo que todo lo que hacemos está bien, y nos es difícil entender que también podemos equivocarnos, que jamás seremos inocentes delante de Dios haciendo buenas obras. Dejemos el orgullo atrás y acerquémonos a Dios con toda humildad y arrepentimiento, así como lo hizo el publicano, lo cual lo llevó a la justificación.

No pierdas más tiempo pensando que por tus propios medios podrás llegar a ser limpio de todo mal, pídele a Dios que quite el orgullo de tu corazón, quizás las situaciones por las que atravesaste te hicieron pensar de esa forma, pero hoy Dios te extiende sus manos de perdón ¿Vas a rechazarlo?

La parábola termina diciendo: “(…) porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido. Lucas 18:14 (RVR).

El fariseo y el publicano son representantes de actitudes típicas en nuestra época. Un hombre lleno de orgullo y el otro de humildad. ¿Con cuál de los dos te identificas? O más bien ¿Cuál de los dos eres tú?

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Perdido

¿Alguna vez has extraviado algo importante para ti? Has rebuscado sin descanso, arrepintiéndote a cada instante por haberlo perdido y lo has buscado sin perder las esperanzas ¿Cómo te sientes después de encontrarlo? Estoy segura pegarías un grito al cielo y quizá harías un gran festejo.

Quiero contarte que del mismo modo hace el Señor cuando encuentra lo importante que perdió.

Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?

Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.

Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento. Lucas 15:3-7

La Biblia nos enseña que somos como ovejas y que en ocasiones nos alejamos de Dios. La alegría que le producen las noventa y nueve ovejas no parece suficiente para el Buen Pastor que piensa en la que está perdida, lo que muestra que nadie es indiferente para el Señor; cada uno vale mucho a sus ojos. Después de dejar seguros a los fieles busca al extraviado.

La pregunta que quiero hacerte es: ¿Te has perdido? Esta enseñanza manifiesta el gran amor que Jesús nos tiene y está dispuesto a dejarlo todo para ir a tu encuentro. Te animo a empezar este nuevo año en la dirección correcta, con la protección y amor de tu Pastor, si te has alejado recuerda que ¡Él nunca se da por vencido! Vuelve al redil seguro y reconfortante.

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Estás listo para irte al cielo?

Una enfermedad  crónica o terminal induce a que la persona piense en el final de su vida, pensar que la muerte está a pasos de distancia ocasiona un sufrimiento muy grande. Sin embargo, no es necesario padecer una enfermedad para pensar en el fin, el tiempo de irse ha llegado a muchos jóvenes y niños cuando se encontraban en el estado más enérgico y saludable de sus vidas.

Por tanto, ya sea que nos encontremos saludables o con una terrible enfermedad tenemos que estar preparados para ir al lado de Dios ¿Estás listo?

“También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.

Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” Lucas 12:16-21

Este hombre estaba viviendo un tiempo de prosperidad y aún tenía planificado mayor abundancia para el futuro, lamentablemente en su vida sólo se ocupó de hacer riquezas y se olvidó de Dios, perdió lo más importante: salvar su alma.

Si estás enfermo no te tortures pensando en el final del camino porque todos pasaremos por eso,  no te preocupes solamente por sanar tu cuerpo sino por salvar tu alma. Si pides a Dios que te sane es posible que recibas una respuesta afirmativa, sin embargo, también es posible que tu tiempo haya llegado y lo importante será que estés preparado para irte con Él.

El tiempo de partir puede llegar en cualquier momento, seas anciano, joven o niño, estés enfermo o sano, aunque te encuentres en prosperidad y abundancia, nada impedirá que te vayas si ha llegado el tiempo; por tanto, actúa con sabiduría y realiza tus planes de la mano de Dios, seguro de irte al cielo si en este momento concluyera tu vida en este mundo.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Excusas, excusas y más excusas!

Jesús fue invitado por autoridades religiosas de ese tiempo a compartir en una casa, con el único fin de que Él pudiera hacer o decir algo que fuera utilizado en su contra. Entonces, llegó el momento en que uno de los invitados dijo:

¡Bienaventurado el que coma pan en el banquete del reino de Dios! Y Jesús respondió a esta expresión con una parábola:

Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado.

Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.

Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.

Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar.” Lucas 14:15-22

La palabra hebrea “Bienaventurado” significa: feliz, feliz, feliz (Tres veces feliz), por lo que los fariseos reconocían lo afortunada que sería la persona que sea partícipe de la mesa del Señor. Sin embargo, ellos no deseaban un acercamiento sincero a Jesús.

No obstante,  Jesús a través de su parábola da a conocer que todos están invitados a la mesa del Señor, pero desvalorizan participar en la misma. A pesar de que el padre de familia invitó con anticipación a los presentes, cuando todo estaba preparado los invitados comenzaron a poner excusas. Invitó también a las personas que se encontraban en necesidad, pero aun así quedaba lugar.

Por medio de la Palabra de Dios podemos tener conocimiento de lo feliz y afortunada que es una persona cuando se acerca a Jesús, pero aunque muchos lo sepamos y digamos “¡Feliz el que se acerca al Señor!” la realidad es que no lo valoramos. Es por este motivo que se observa iglesias repletas cuando se reúnen por motivos de diversión, a diferencia de las reuniones que se realizan para oración o ayuno.

La Palabra de Dios dice que si estamos cansados Él nos hará descansar (Mt 11:28), lo lamentable es que aunque lo sepamos continuamos ocupados o afanados en nuestras cosas. ¿Hasta cuándo? ¡Deja de poner excusas y aparta un tiempo importante para entrar a su presencia! Ya no pierdas paz, gozo y bendición.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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