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¡El diablo no juega a ser diablo! 1

¡El diablo no juega a ser diablo!

Susana encontró un grupo de cachorros de lobo en la orilla de un río, como notó la ausencia de la madre, y suponiendo que hubo algún incidente con ella, decidió adoptarlos.

En el patio de su casa les creo un espacio con rejas para que pudieran dormir y comer, pero los cachorros crecían rápido y la exigencia de carne era cada vez más fuerte. En una ocasión su vecina entró a visitarla y los cinco lobos abrieron la puerta a la fuerza para atacarla; y Susana junto a su novio apenas lograron librar a la mujer de una tragedia.

Después de esto el novio y los vecinos le pidieron que abandonara a los lobos, pero ella no quiso escuchar. Un día llegó tarde y los animales estaban sin comer todo el día, ella entró a la jaula para darles alimento pero los lobos la atacaron; a pesar de sus gritos nadie pudo salvarla, su novio llegó cuando ya habían devorado el sesenta por ciento de Susana.

“¿Puede un hombre poner fuego en su seno sin que arda su ropa? ¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos sin que se quemen sus pies?” Proverbios 6:27-28 (LBLA)

A veces nos gusta jugar con el peligro como sucedió con Susana, sin considerar que si jugamos con fuego tarde o temprano nos vamos a quemar y así sucedió en este caso.

Así mismo sucede con el pecado, nos creemos capaces de controlar la situación y damos lugar a nuestros deseos, pero “el diablo no juega a ser diablo” y en el momento que se presente la oportunidad de atacarte y destruirte no te perdonará.

¿Estás jugando con fuego? Si este es tu caso, aún tienes tiempo para arrepentirte porque estás con vida, recuerda que ser cristiano es una decisión seria y no un juego, es tiempo de decidir si eres frío o caliente.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Condenado 2

Condenado

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” Proverbios 28:13 (RVR 1960).

Cuando pecamos, se produce en nosotros sentimientos de culpa y vergüenza, lo cual es normal porque se ha quebrantado un principio moral; pero no debemos quedarnos en esa condición, esto debe llevarnos a confesar nuestras transgresiones a Dios, confiando que Él nos responderá con un amor perdonador.

Si creemos que hemos fallado tanto que no merecemos el perdón de Dios estamos considerando que el sacrificio redentor de Jesús no fue suficiente para limpiarnos de nuestra maldad. Y eso no es cierto, el Señor pagó el precio por ti y por toda la humanidad.

Cuando acudes a Él realmente arrepentido por lo que hiciste ¡Dios te perdonará!

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Te está llamando 3

Te está llamando

Nadie es perfecto en este mundo, todos hemos hecho cosas malas que desagradan a Dios, las cuales nos hacen merecedores de castigo. De hecho la Biblia dice que el castigo del pecado es muerte. Pero también dice que el regalo de Dios es vida eterna por medio de Cristo Jesús. (Romanos 6:23)

De acuerdo a Romanos 5:8, Dios muestra el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. ¿Por qué necesitábamos que Cristo muriera por nosotros? Porque cuando Adán y Eva pecaron, el pecado entró en todos los hombres. La Biblia dice que todos hemos pecado y no podemos alcanzar la Gloria de Dios. Es decir, nuestro pecado nos separa de Él.

Dios hace todo lo posible por reconciliarnos, quiere que todos lleguen al arrepentimiento y realmente lo conozcan. Envió a su Hijo Jesús a la tierra para pagar por todos nuestros pecados, incluso por aquellos que seguimos cometiendo, a fin de salvarnos.

Murió en nuestro lugar, sufrió el castigo que merecíamos, llevó nuestra culpa y saldó el precio por nuestra libertad. Él nunca pecó. Pero Dios lo trató como si hubiera pecado, para declararnos inocentes por medio de Él.

Hoy quiero que sepas que Dios tiene un plan increíble contigo y quiere usarte, quiere salvarte de una vida de pecado e infelicidad, y darte una vida abundante y eterna.

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, cenaré con él, y él conmigo.” Apocalipsis 3:20 (RVR1960)

No rechaces ni menosprecies la invitación de Dios, Él está dispuesto a entrar en tu corazón y ser el dueño de tu vida. El Señor no te hace esta invitación para luego abandonarte, sino para que llegues a alcanzar la estatura del varón perfecto y puedas vivir con Él eternamente.

Si estás de acuerdo en aceptar a Jesús, habla con Él en este momento. La salvación es un asunto personal entre Dios y tú.

Puedes decirle: Señor Jesús, reconozco que soy pecador y que estoy lejos de ti, pero hoy me arrepiento y te pido perdón por cada uno de mis pecados. Te abro mi corazón y con toda la fe te recibo como mi Señor y Salvador, porque sé que moriste en mi lugar y quieres lo mejor para mí. Gracias por buscarme y darme esta salvación tan grande. Amén.

Si has hecho esta oración creyendo en Jesús, ten por seguro que Él entró en tu corazón y ahora eres salvo.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No desperdicies tu oportunidad 4

No desperdicies tu oportunidad

“Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” Juan 8:10-11 (RVR1960).

Dentro del matrimonio pueden darse múltiples situaciones capaces de hacerlo peligrar, uno de ellos es el adulterio. En la antigüedad e incluso en los tiempos de Jesús, este pecado tenía una severa pena. Por lo cual los fariseos y escribas llevaron delante del Maestro a una mujer sorprendida en adulterio.

Si bien en la actualidad, ya esto no se juzga tan severamente, no quiere decir que deba negarse su condición de pecado ni las dramáticas consecuencias que pueden traer al matrimonio. Cristo indicó que incluso al mirar con codicia a una persona ya se adultera en el corazón.

“Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” Mateo 5:28 (RVR1960).

Si has caído en este pecado y ahora sufres sus consecuencias, quiero decirte que hay esperanza de restauración para tu vida, busca el perdón de Dios y de tu cónyuge. Recuerda que Cristo no condenó a la mujer adúltera, sino que le dio otra oportunidad para corregir sus actos y dejar el pecado. De la misma manera, tienes la oportunidad de cambiar tu conducta y recuperar tu matrimonio.

Por Cesia Serna

 

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¿Por qué acusarlos? 5

¿Por qué acusarlos?

“y le dijeron a Jesús: Maestro, encontramos a esta mujer cometiendo pecado de adulterio. En nuestra ley, Moisés manda que a esta clase de mujeres las matemos a pedradas. ¿Tú qué opinas? Ellos le hicieron esa pregunta para ponerle una trampa. Si él respondía mal, podrían acusarlo. Pero Jesús se inclinó y empezó a escribir en el suelo con su dedo.” Juan 8:4-6 (TLA)
Al llevar los fariseos a la mujer adúltera ante Jesús, tenían toda la intención de acusarla en público, como Él no estaba en ese plan y menos de ser parte del espectáculo de la vergüenza, actuó con sabiduría y misericordia a pesar del objetivo de la multitud.
Quizá todos tenían una piedra en mano, lista para lanzar, mas al ver la actitud de Jesús, escribiendo en la arena con un silencio total, poco a poco se alejaron, dejando caer sus piedras mientras se iban. La pregunta es: ¿Qué habrá escrito Jesús en la tierra? Quizá los pecados de cada uno o palabras como: “A ti también te perdoné” No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es del efecto que sus palabras causaron en esa multitud.
Porque después de escribir en la arena, Él dijo: “Si alguno de ustedes nunca ha pecado, tire la primera piedra”. ¿Alguno se atrevió a apedrearla? No, ninguno, pues estaban conscientes de sus errores.
Ahora yo te pregunto: ¿Cuál es tu actitud ante el pecado de otros?
Todos somos pecadores, pero en ocasiones solemos clasificar el pecado por la gravedad del asunto, sin darnos cuenta que siendo “grande o pequeño” sigue siendo pecado, ¿Vale la pena levantar la mano para acusar a alguien y avergonzarlo por sus actos? ¿Qué dice la Biblia acerca de esto? En Mateo 7:12 (TLA) Encontramos: “Traten a los demás como ustedes quieran ser tratados, porque eso nos enseña la Biblia.”
Cuando empiezas por mirar tu propio corazón y examinas lo que hay en él, comienzas a darte cuenta de tus propios pecados y dejas de mirar a los demás para acusarlos y condenarlos porque entiendes que necesitas el perdón de Dios tanto como ellos.
Nuestra naturaleza humana nos hace actuar a la defensiva, haciéndonos pensar que nunca seremos culpables, pero es de sabios reconocer el error y no acusar a otros por sus errores.
En situaciones similares, antes de levantar tu mano para acusar a alguien, ahí en el silencio, te animo a analizarte y a tomar en cuenta la actitud que Jesús tuvo con esta mujer. Él la trató con respeto a pesar de la multitud de pecados que hubiera cometido, la perdonó, le dio su misericordia, no la condenó, pero también le advirtió que no pecara más.
¿Por qué no hacerlo nosotros con quienes han pecado, si algún día podríamos estar en su misma condición?

Por Ruth Mamani

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¿Por qué seguimos pecando? 6

¿Por qué seguimos pecando?

Me encanta la comida picante. Cualquier alimento sin picante es insípido a mi paladar y siento que le falta algo. El problema es que los picantes me hacen mal al estómago. No es un problema que haya tenido antes, pero supongo que he llegado a una cierta edad en donde no puedo darme el lujo de comer lo que sea y esperar que no me haga nada, así como cuando era adolescente. Sin embargo, a pesar de que sé que es perjudicial para mi salud, no puedo dejar de comer picante. Pongo todo tipo de excusas e intento dejarlo, pero es un hábito difícil de romper.

Esta experiencia me hizo abrir los ojos ante la realidad espiritual. Como cristianos sabemos que hemos recibido el perdón de Dios, que Él borra todos nuestros pecados y no se acuerda más de todas nuestras rebeldías (Isaías 43:25). Y a pesar de que Jesús hace esto por nosotros, ¿por qué seguimos pecando?

Pecamos por búsqueda de placer.

John Piper

La respuesta es sencilla y dolorosa: pecamos porque nos gusta. Así como mi gusto por el picante, si lo detestara, no me costaría dejar de comerlo. Igualmente, si odiáramos el pecado sería sencillo dejar de practicarlo. Escuchamos más la voz de nuestros deseos que la voz de Dios, nos dejamos llevar por nuestros impulsos y terminamos pecando. Sabemos que las consecuencias después de haber cometido el pecado serán devastadoras y, sin embargo, aún así lo hacemos. La recompensa de placer pasajero que nos ofrece el pecado puede hacernos creer que sólo eso puede satisfacernos. No obstante, debemos darnos cuenta de que no hay nadie más que pueda llenar nuestros vacíos más que Jesús.

Mi problema con el picante alcanzó proporciones mayores cuando un médico me prohibió incluirlo en mi dieta. Eso fue doloroso, pero es algo que, muy en el fondo, ya veía venir. Me explicó que si quería cuidar de mi salud debía dejar de comer picante durante un largo tiempo. El pecado es similar. Recibimos advertencias para dejar de practicarlo, pero no caemos en cuenta de cuán graves son hasta que genera conflictos tan grandes que no sabemos cómo enfrentarlos. No debemos abusar de la gracia de Dios y seguir pecando sólo porque sabemos que Él nos perdonará.

Es probable que al principio sea difícil, pero una vez que fijemos nuestra vista en Jesús como la fuente que puede llenar todos nuestros deseos, podemos estar confiados de que, con Su ayuda, escucharemos más la voz de Cristo que la de nuestros deseos. De esa manera, nuestro gusto por el pecado desaparecerá y llegaremos a aborrecer el mal que hacíamos antes.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Escucha la Advertencia 7

Escucha la Advertencia

Una señora fue advertida por su doctor sobre la necesidad de operarse de un pequeño tumor. Ella alegó que, no siendo cosa grave, esperaría unas semanas, hasta que no estuviese tan ocupada.

Seis semanas más tarde se repitió el aviso y la respuesta.

Pasó algún tiempo y un día la señora, notando cierto malestar, fue al doctor dispuesta y decidida para la cirugía pero el médico le confesó:

     – No, ahora ya no puede ser operada, porque el cáncer ha crecido tanto que ha tocado puntos vitales y no tiene remedio.

Lo mismo sucede con el pecado, si no se corta a tiempo y se le permite crecer libremente, contamina todo de tal manera que un día puede ser demasiado tarde, no solamente terminando con nuestra vida física, sino con consecuencias espirituales eternas.

En Hebreos 3:15 dice: “Recuerden lo que dice: «Cuando oigan hoy su voz, no endurezcan el corazón como lo hicieron los israelitas cuando se rebelaron»” (NTV).

Muchas veces, porque no se ven las consecuencias inmediatas se minimiza el efecto de un pecado y se piensa  que se podrá seguir así por mucho tiempo más; sin embargo,  cuando uno cae en cuenta, ya no es algo que se pueda controlar, sino que ese mal controla aspectos de la vida y, posiblemente, además de afectar a quien lo comete, familiares, amigos y gente cercana se ven afectados.

Si sabes que hay algo en ti que está mal, que le desagrada a Dios, pídele ayuda para cambiar eso, ruega por su fortaleza y corta de raíz aquello que te está contaminando, no permitas que crezca hasta el punto de que ese pecado tome control sobre tu vida.

Escucha la voz de Dios y obedece ahora que estás a tiempo. El Señor siempre está dispuesto a perdonar a quien se acerca con un corazón arrepentido. Busca de su ayuda y fortaleza.

 

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¿Algún día lo lograré? 8

¿Algún día lo lograré?

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Romanos 8:1

Para mantener una llama de fuego sólo hace falta alimentarla con más combustible o algo que la mantenga encendida. Es similar lo que  ocurre con nuestra carne, con esos deseos pecaminosos que muchas veces nos dominan, si los vamos dotando de lo que los hace más fuertes dentro de nuestro ser sin duda caeremos una y otra vez en la trampa del pecado.

¿Cómo vencer los pecados que nos consumen y no nos dejan avanzar? Dice Romanos 8:6 “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.” Muchas veces nos ocupamos más del  pecado en vez de nutrirnos de la Verdad para superarlos.

Leí que las personas que trabajan en los bancos, pasan buen tiempo contando dinero una y otra vez; una vez que pasan esa etapa, les introducen billetes  falsos y por estar en contacto con los verdaderos les es fácil reconocer de inmediato el dinero falso.

Si estás luchando con algún pecado, simplemente empieza a aumentar tu tiempo con Dios, ora a diario, no como una rutina más sino como algo especial. También la Palabra de Dios irá alimentando tu espíritu para que así tu interior sea transformado. Notarás que los malos deseos irán desvaneciéndose, el temor a Dios aumentará y tu santidad será más fuerte.

“porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.” Romanos 8:13

¡Vence el mal con el bien!

 

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Fuego que destruye 9

Fuego que destruye

“¿Acaso puede un hombre echarse fuego sobre las piernas sin quemarse la ropa? ¿Podrá caminar sobre carbones encendidos sin ampollarse los pies?” Proverbios 6: 27-28 (NTV).

El pecado de adulterio, por lo general, se concibe primero en la mente, durante un tiempo, para luego concretarlo de manera física. Si nos ponemos a pensar, el que juega con fuego tiene muchas probabilidades de terminar quemándose; de igual manera sucede cuando una persona que está casada coquetea o abre su corazón a alguien del sexo opuesto, terminará dañando su vida y también la de su familia.

Sin embargo, para evitar esa situación los cónyuges deben priorizar su matrimonio teniendo una relación amorosa, leal, recordar los votos que hicieron en el altar de amarse y respetarse hasta que la muerte los separe.

Por Giovana Aleman

 

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El mal y la ira 10

El mal y la ira

¿Por qué este mal temerario? ¿Por qué tanta ira? pregunta Théoden, rey de Rohan. Las puertas han sido derribadas y el ejército de orcos y uruk-hai están penetrando el castillo del Abismo de Helm (El Señor de los Anillos: Las dos torres).

Lo mismo se pregunta Habacuc el profeta, con enojo semejante. Digo esto para recordarles que ver la verdad de los hechos no es patrimonio exclusivo de los creyentes

El mal es la marca del tiempo presente. No es que no haya bondad por la cual valga la pena luchar como afirma Samwise Gamgee en otro momento del relato.

Es que el mal ha ganado el campo en todas las esferas: gobierno, legislatura, justicia, administración pública, policía, empresas, entidades educacionales, instituciones de salud, estadios, villas de pobreza y barrios privados.

Ante tanto mal temerario que debilita la ley, relativiza la maldad y destruye vidas, nos invade la ira. Hay veces que uno se cansa de tener esperanza. Los que deberían conducirnos en la lucha contra el mal son parte de él, son sus servidores.

¿Qué ha de hacer el justo? ¿Seguir sometiendo la cerviz? ¿Encerrarse en su cuarto secreto a orar no más y esperar que un milagro ocurra? ¿Seguir poniendo la otra mejilla?

No sólo el Señor de los Anillos propone la idea de unos pocos – los menos – enfrentando el mal aunque cueste la vida. Ahí están las películas Matrix, Erin Brockovich, El informante. Ahí están las vidas segadas de Verónica Guerin, Mahatma Gandhi, el cardenal Oscar Arnulfo Romero, Julio César Ruibal, José Ignacio Rucci.

Si no conocen estos nombres, háganse un favor: dejen un rato de lado sus textos de autoayuda y lean, investiguen, incomódense un poco.

¿Qué va a hacer? ¿Así es la vida? ¿Son los últimos tiempos? ¿Estaba escrito? ¿No vale la pena? ¿Qué argumento tenemos para escabullirnos de la pregunta de Théoden: ¿Por qué este mal temerario? ¿Por qué esta ira?

Leamos Habacuc 2:9 al 12, sintamos y asumamos la ira que proclama:

!Ay del que codicia injusta ganancia para su casa, para poner en alto su nido, para escaparse del poder del mal! Tomaste consejo vergonzoso para tu casa, asolaste muchos pueblos, y has pecado contra tu vida. Porque la piedra clamará desde el muro, y la tabla del enmaderado le responderá. !Ay del que edifica la ciudad con sangre, y del que funda una ciudad con iniquidad!

Y hagamos algo.

Nadie puede ir al Padre si no es por Él 11

Nadie puede ir al Padre si no es por Él

“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí.” Juan 14:6 (NTV)

Es indispensable, esencial, necesario, importante conocer el camino para llegar a cualquier lugar,  porque si no lo conoces con seguridad tendrás dificultades para llegar al sitio que quieres o más que seguro te perderás y no llegarás.

Por ejemplo, para llegar a tu casa o donde vives, tu eres la única persona indicada para dar la dirección exacta a las personas que no la conocen y quieren visitarte.  En Juan 14:2 Jesús habló de la casa de su Padre y dijo que en ella hay muchos lugares donde vivir y prometió prepararnos uno para que habitemos por siempre.

Junto a esta promesa agregó la dirección exacta: “Yo soy el camino” “nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí.”  El apóstol Pablo también se refirió al único camino que puede llevarnos al Padre y dijo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”, Hechos 4:12.

No hay donde perderse, que ningún argumento o enseñanza te haga creer que hay muchas otras maneras o formas de llegar al Padre. La verdad es que, “Hay un Dios y un solo Mediador que puede reconciliar a la humanidad con Dios, y es el hombre Cristo Jesús.” 1 Timoteo 2:5 (NTV)

Cristo es el único camino para llegar al Padre, porque Él pagó con su sangre el precio de nuestra redención, pagó por la libertad de nuestros pecados y la condenación eterna. De no ser por Él, nunca podríamos acercarnos a Dios porque el pecado crea una barrera entre Él y los seres humanos, ya que Dios es Santo y no tiene ninguna relación con el pecado.   Pero el sacrificio de Jesús eliminó esa barrera y ahora tenemos acceso libre para poder hablar con Dios y recibir su ayuda.

¿Ya aceptaste a Jesús como tu único Señor y Salvador? ¿Tienes preguntas sobre la fe?

 

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¡Perdona y sentirás paz! 12

¡Perdona y sentirás paz!

“de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.” Colosenses 3:13 (NVI).

Recordemos que el costo de nuestro pecado es algo que no podemos pagar pero Dios a través de su gracia nos da Su perdón. Cuando no queremos perdonar a las personas que nos dañaron, nuestra vida se llena de amargura y resentimiento. Por eso, no esperes a que te pidan perdón, da tú el primer paso, perdonando de la misma forma que Dios te perdonó.

Al perdonar, sentirás que una gran carga se va de tu vida y recibirás paz en tu corazón, lo cual hará que te sientas mejor con Dios y contigo mismo.

¡Animo, da el primer paso y perdona!

Por Giovana Aleman

 

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