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¿Resentido con Dios?

Hay personas que no pueden entender la razón de alguna prueba por la que están pasando, en vista de que siempre han hecho lo correcto. No les parece lógico que si son buenas personas, se están reuniendo en su iglesia y estudian su Biblia a diario, les pueda por ejemplo dar cáncer, o se les pueda morir un hijo pequeño en algún accidente o por alguna enfermedad.

Yo recuerdo bien, que yo me sentí muy agradecida de haber recibido a Jesús antes de que mi hermano más cercano para el momento, falleciera por cáncer de pulmón. Porque estoy segura que si no, me hubiese puesto a pelear con Dios. Me hubiera sentido muy mal, porque mi hermano fue siempre un muy buen hombre.

En la Biblia, en Génesis 32 vemos que Jacob peleó con el ángel de Dios para que lo bendijera. Y yo sé que si peleamos o nos molestamos con Dios Él nos puede entender. Él no se va a enojar. Él nos ama así de infinito.

Pero a la vez nos tenemos que preguntar a nosotros mismos: ¿quiénes nos creemos que somos para estar cuestionando al Creador del Universo y de todo lo que existe? ¿Cómo osamos?

Tal vez por nuestra naturaleza, que siempre ha querido parecerse más a Dios de lo debido. Ése ímpetu que llevamos en nuestros corazones cuando amamos con pasión. Él creó esa pasión, Él creó nuestro carácter y Él nos conoce desde antes de haber estado en el vientre de nuestras madres. Así que para Él, serán esas reacciones nuestras, como para nosotros las pataletas de lo niños pequeños.

Yo pienso que Él nos permite hasta expresarnos de manera incorrecta. Si lo hemos recibido en nuestro corazón, Él mismo nos va a ir haciendo ver lo errados que estamos y que el Soberano es Él y quien decide todo es Él.

No te sientas mal si estás molesto o molesta con Dios, pero si te aconsejo que le hables, te desahogues, siempre con el respeto que se merece Su Majestad. Reclámale y déjale saber cómo te sientes. Te garantizo que llegará el momento en el que te hará sentir la paz inigualable que sólo Él da. Por un lado te vas a sentir satisfecho (a) por desahogarte y por el otro vas a sentir renovada tu relación con Él. Siempre les recuerdo que Él lo que más desea de nosotros es una amistad, una relación, más que una “religión”.

Con nuestros hermanos a veces nos podemos pelear, con nuestros amigos, y luego nos decimos las cosas y nos perdonamos y seguimos siendo familia. Seguimos la amistad. Nos olvidamos y seguimos la vida. No es bueno guardar molestias. Se tornan en resentimientos y eso no nos hace bien para nada.

Expresarnos con Dios es lo mejor. Además, antes de que digamos la primera palabra, ya Él sabe lo que vamos a decir. Nos conoce mejor que nosotros mismos.

No te resientas con Dios, no te guardes las cosas, los sentimientos, tu opinión en cuanto a tu entorno o tu situación. Cuando con respeto vas a Él y le hablas y te expresas, Él te va a ayudar. Dalo por hecho.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

No te descuides.

“Estén alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil».” Mateo 26:41 (NTV).

Debemos comprender que seremos tentados por diferentes circunstancias en nuestras vidas, pero es necesario recordar que Dios pelea cada batalla por nosotros y nos pide que oremos porque podemos pasar por situaciones fuertes al punto de reaccionar de una manera equivocada que puede afectarnos negativamente.

¡Alerta! no te descuides en la oración para que no seas tentado por tus propios deseos carnales.

Por Giovana Aleman.

 

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¡Yo te sostendré y estaré contigo!

“Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.” Éxodo 14:14 (RVR1960)

En esos momentos en que las dificultades parecen multiplicarse y hacerse más grandes, podemos ir delante de la presencia de Dios en busca de su ayuda. Él pondrá su paz sobre nosotros, nos dará descanso y hasta podremos volver a sonreír porque estaremos seguros que Él ya nos dio la victoria. Créelo y vive en esta verdad.

Por Danitza Luna

 

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Un paso al costado

Konrad Lorenz, naturalista europeo, cuenta que estuvo vigilando en un parque zoológico una lucha entre dos lobos que parecía mortal.

Finalmente, el mayor y más experimentado de los contendientes prevaleció y llevó a su oponente contra la reja donde podía hacer con él como quisiera. En ese momento el señor Lorenz observó un rasgo que él cree ha sido el medio otorgando por la Dios para evitar la extinción de muchas especies de animales. Abandonando la lucha el más pequeño de los lobos dio vuelta a su cabeza, exponiendo las partes vitales de su cuello a las fauces del lobo victorioso.

Los dos permanecieron como estatuas en esta posición por unos momentos, y entonces el vencedor dio media vuelta. “Debe ser un instinto implantado en la naturaleza de las fieras lo que impide al vencedor destruir al vencido cuando este se rinde voluntariamente”, declara el señor Lorenz.

La mansedumbre debería mover más fácilmente el corazón de un ser humano que el de un lobo aunque a veces no es así. En Mateo 11:21 Jesús  nos invita ser mansos y humildes para poder hallar descanso para nuestras almas: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (NTV).

Como humanos siempre queremos estar en lo cierto y ganar todas las discusiones o problemas que tengamos con los demás. Nuestro orgullo hace que prefiramos perder amistades o familia antes de ceder, creemos que tener la razón lo es todo y sacrificamos nuestra paz interior además de nuestra relación con las personas que amamos.

“No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” Romanos 12:17-19 (RVR 1960).

Olvida la ofensa, da un paso al costado y permite que Dios tome el control de la situación, Él es Juez Justo y  tiene cuidado de sus hijos. En cuanto dependa de ti busca la paz.

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La Discusión

Un hombre sordo contaba a un amigo suyo acerca de una discusión  de unos amigos de ambos.

     – ¿Sobre qué? – Le preguntó a gritos aquel a quien se lo contaba.

     – No lo sé, no pude oír una palabra.

     – ¿Y quién tenía la razón, Juan o Pedro?

     – ¡Juan! Contestó el sordo con firmeza.

     – ¿Cómo puedes saberlo, si no pudiste oír una sola palabra? – inquirió el amigo.

     – Pues… porque Pedro gritaba tanto y amenazaba mientras que Juan, con paciencia y sonriendo parecía que le decía: “¡No lo tomes así… seamos amigos… no peleemos, querido Pedro!. El que sabe vencerse a sí mismo es el que más probablemente tiene razón.

Cuántas veces por tener ideas diferentes, ante los nervios, la impaciencia y hasta ofuscados por el enojo hemos permitido que una cosa sin importancia nos robe la paz e incluso nos enfrente con las personas que amamos.

Existe una frase que dice: “Sé selectivo en tus batallas, a veces es mejor tener paz que tener la razón” y es verdad, no todas las cosas merecen que se rompan amistades, negocios e incluso familias por una pelea o discusión que muchas veces no tienen razón de ser y que en otras circunstancias, el motivo de la pelea sólo hubiera sido un intercambio de ideas  sin que llegara a más.

Gálatas 5:22, 23 nos muestra los frutos que deben reflejar nuestras vidas: “En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!” (NTV)

Antes de buscar contender o tener la razón, evalúa si realmente vale la pena que pierdas la paz por eso y si es algo verdaderamente importante que necesitas que la otra persona entienda, siempre es bueno recordar el consejo que hallamos en Proverbios 15:1 “La respuesta apacible desvía el enojo,  pero las palabras ásperas encienden los ánimos”. (NTV)

No permitas que una diferencia de ideas, un mal día, el enojo, el orgullo y las circunstancias adversas te lleven a pelear y destruir tu relación con quienes más amas e incluso sus vidas. Busca siempre la paz.

 

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¿Pelear o pescar?

El mundo de hoy parece estar al borde del abismo, todos con las armas listas para disparar. Las redes sociales se han convertido en un campo de batalla donde las personas se dicen y contradicen sin misericordia. Un bando de opinión contra otro, una línea de pensamiento contra otra y sin querer nos olvidamos de que Dios no nos ha llamado a pelear sino a pescar. A pescar hombres.  Jesús les dijo a Pedro y Andrés “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.”  Es muy difícil pescar si tienes  armas en las manos, ¿cómo sostienes la caña o la red? Es casi imposible.

Lo que sí es posible es utilizar la Palabra de Dios para penetrar hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, de una persona que rehúsa escuchar otro argumento que el suyo mismo. Alguien que ha levantado fortalezas  contrarias incluso a su propio bien. Sin embargo mostrar una actitud entregada y amorosa puede abrirte más puertas que cerrártelas.  Cuando los demás notan que verdaderamente lo que dices es por su bien y que se lo dices con esa intención, estarán dispuestos a bajar la guardia y valorar tu propuesta.

Por las malas no se consigue mucho. Pero el amor cubre una multitud de errores.  Y amor se puede  escribir con D,  en forma figurada. Antes de que dudes de la veracidad de estas palabras permíteme explicar que Dios nos dio el primer ejemplo de la definición de lo que es amor, “Porque de tal manera amo Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda más tenga vida eterna” (Juan 3:16).  Dios dio a su Hijo por amor a la humanidad.  Una humanidad que en su mayoría lo despreciaba. Aún así los amo, y los ama todavía.

El mundo continuará su camino, pero tu podrás hacer un mayor cambio en el si recuerdas que el arma más poderosa se potencializa en amor. Resentirte, pelear, menospreciar y contestar golpe por golpe nunca reflejaran al Dios amoroso que se dio por nosotros. Sin embargo cuando amamos a los demás aún aquellas cosas que nos molestan en ellos las podemos ver con lentes de misericordia.

¿Estás dispuesto a dejar de pelear y empezar a pescar?

 

 

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Ríndete

Cuando uno decide dejar de pelear y se rinde, cede su libertad y derechos a otra persona, de modo que uno ya no toma decisiones independientemente sino que se somete a la voluntad del otro.

Esta es la actitud que como hijos de Dios deberíamos tener, pero muchos la hemos olvidado, porque al decidir seguir a Cristo, somos nosotros los que deberíamos sujetamos a su voluntad y no Él a la nuestra, somos nosotros los que deberíamos alinear nuestros planes y sueños a los suyos. Por supuesto que no es fácil porque hay una lucha constante entre nuestra carne y nuestro espíritu. Por un lado tenemos lo que el mundo nos ofrece y por el otro, a Jesús, ofreciéndonos salvación, gozo y paz, los cuales el mundo jamás nos podrá dar. ¿Qué preferimos, disfrutar de placeres temporales que al final no podrán llenar el vació que sentimos o pasar toda una eternidad al lado de nuestro Salvador?

La vida de un cristiano no está exenta de problemas, más bien al querer agradar más a Dios, al servirlo y cumplir con su Palabra, enfrentamos más pruebas, pero esas circunstancias no deben desanimarnos ni hacernos retroceder sino, por el contrario motivarnos a seguir adelante, porque debemos recordar que nuestra ciudadanía está en los cielos, que los mismos padecimientos se van cumpliendo en nuestros hermanos en todo el mundo y que Cristo padeció peores cosas para cumplir el propósito que nuestro Padre Celestial le había encomendado.

La resistencia siempre será mucho más costosa que la rendición a Dios, por esa razón necesitamos entregarnos por completo a Él, no sólo algunas áreas de nuestra vida sino todas, para que pueda obrar en nosotros con total libertad, moldeándonos a su imagen y semejanza, y cumpliendo su maravilloso propósito en cada uno.

Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Gálatas 2:20 (NTV)

Cada vez que estemos confundidos y sin fuerzas, recordemos esta hermosa promesa:

Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza. Jeremías 29:11 (NTV)

El secreto de una vida victoriosa está en saber reconocer quién es Dios y quiénes somos nosotros.

 

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Prometo bendecirte en todo

En aquel tiempo llegó a faltar comida en toda la región de Canaán, tal como había pasado en tiempos de Abraham, motivo por el cual Isaac pensó en irse, pero Dios se le apareció y le dijo: -“No vayas a Egipto. Es mejor que te vayas por algún tiempo a Guerar, donde vive Abimélec, rey de los filisteos. Yo prometo estar siempre contigo y bendecirte en todo”.

Fue así como Isaac fue a Guerar y se quedó a vivir allá. Ese mismo año, Dios le dio a Isaac una cosecha tan abundante, que produjo cien veces más de lo que había sembrado en aquella tierra. Isaac llegó a ser muy rico y poderoso, que despertó la envidia de los filisteos, hasta Abimélec llegó a decirle: “Vete de aquí, pues ya eres más poderoso que nosotros”.

Isaac se fue de Guerar, pero se quedó a vivir en el valle. Cuando Abraham aún vivía, había mandado abrir unos pozos allí, pero después de su muerte, los filisteos los habían vuelto a tapar. Isaac volvió a abrirlos y les puso los mismos nombres que les había puesto su padre.

Un día, sus sirvientes abrieron un pozo y descubrieron un manantial, pero los pastores de Guerar se pelearon con los pastores de Isaac, pues decían que esa agua les pertenecía. Por eso Isaac llamó a ese pozo “Pelea”. Hicieron otro pozo, pero también pelearon por él, le puso por nombre «Pleito». Luego se alejó de allí y volvió a abrir otro pozo y ya nadie peleó. Entonces lo llamó “Libertad”, pues dijo: “Al fin Dios nos ha dado libertad para prosperar en este lugar”.

Esa misma noche Dios se le apareció y le dijo: “Yo soy el Dios de tu padre Abraham, y por él te voy a bendecir y a aumentar el número de tus descendientes. No tengas miedo, pues yo te ayudaré en todo”.

En ese mismo lugar plantó su tienda de campaña y sus sirvientes abrieron otro pozo. Cuando Abimélec lo supo, salió de Guerar para hablar con él junto a su consejero personal y jefe de su ejército. Cuando Isaac los vió, les preguntó: -¿Para qué vienen a verme, si me han tratado tan mal y hasta me echaron de su país?

Y ellos le contestaron: -Ya hemos visto que Dios está de tu parte. Por eso queremos hacer un trato contigo pero bajo juramento.Nosotros nunca quisimos molestarte. Al contrario, siempre te tratamos bien y hasta nos despedimos como amigos. Ahora tú, comprométete a no hacernos ningún daño, ya que Dios te ha bendecido mucho.

Isaac y Abimélec juraron no hacerse ningún daño. El despidió a sus visitantes y ellos se marcharon en paz.

Posiblemente éste día te identifiques con Isaac, porque estás atravesando un problema similar. Te animo a que no renuncies al hermoso regalo que Dios te dio, posiblemente es tu matrimonio, tus hijos, tu trabajo o tu ministerio, Él te dará la gracia y las fuerzas que necesitas para seguir adelante. A pesar de las constantes luchas y malos momentos que tengas que pasar, no te rindas, obedécelo, porque lo que El te dio, nadie te lo quitará. Te aseguro que si haces su voluntad, siempre tendrás su respaldo.

Cuando la vida de alguien agrada al Señor, hasta sus enemigos están en paz con él. Proverbios 16:7 (NTV)

Cuando permites que Dios habite en tu corazón, Él usa tu camino, tu testimonio y tu humildad, para tocar el corazón de tus enemigos, de modo que sus ojos se abren para comprender que son enemigos sin tener motivos para serlo.

Las personas pueden rechazar tu amor y tus palabras, pero no pueden hacer nada en contra de tus oraciones.

 

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¿El beneficio de la duda?

¿Por qué nos cuesta dar a la gente el beneficio de la duda?

Recientemente aprendí lo que significa esta frase. Toda mi vida la he escuchado en mensajes, consejos, la había leído en artículos, revistas, periódicos, etc,  pero me entraba por un oído y me salía por el otro.

Pensaba que esa frase era muy compleja de entender o que no aplicaba para mi vida. Y así,  fui topándome con varios tipos de personas, hubo algunos que me generaban un sentimiento de confianza enorme y otros, a los que no le creía ni los buenos días.

A ese grupo de personas en los que no confiaba, los mantuve a la raya, distantes, entre: Hola! ¿cómo estás? , Bien! Que bueno!, OK gracias; sin profundizar en nada porque no me era relevante lo que me dijeran o contaran, o simplemente no les creía. Por algún motivo dudaba de todas las palabras que salían de sus bocas, y como era de esperarse cada acción que tomaban yo las veía mal, como algo negativo y si era hacia mi persona, mi pensamiento automático era: “me quiere embromar” o “me quiere hacer daño” lo cual me predisponía a estar en guardia y lista para una pelea o discusión.

Un pequeño gesto mal interpretado fue la gota que derramó el vaso y me hizo casi explotar, bueno está bien, exploté; respondí de vuelta  y decidi ir a pelear con la persona, si pelear! Esa persona no tenía idea de lo que sucedia, no entendió nada, se asustó al verme tan furiosa y le hizo daño mi actitud.

Yo por dentro me sentí victoriosa… “Muy bieeeen” me decía a mi misma, ahora más nadie va a meterse conmigo. Y mantuve mi actitud dura y recia; pero otro pequeño gesto giró el curso de la historia completamente! Y que bueno!

La persona de mi blanco de Guerra, me pidio un minuto para hablar… “¿para hablar, qué vamos a hablar?” me dije, ya no hay que hablar más nada.  Sin embargo, acepté y ni siquiera entiendo aún porque acepté,  y mientras me dirigía al encuentro con el oponente seguía dudando y diciendo ¿para qué hago esto?, ¿de qué vamos a hablar?.

Hablando con “el oponente” me di cuenta que estuve tan equivocada, tan desubicada, tan mal! La verguenza que sentí no fue normal. Pero esta persona me hizo entender que significa que no podemos saltar a conclusiones bajo ninguna circunstancia, que por más obvia que parezca una acción, una palabra, un mensaje, debemos HABLAR, PREGUNTAR; sin preparar un ejercito detrás de nosotros para acabar al que consideramos enemigo, que en realidad no lo es y nunca lo fue.

Aprendí, de la manera más penosa, que tenemos que dar el beneficio de la duda a las personas; no solo por el bien y la armonía de nuestras relaciones con amigos, compañeros y familiares, sino porque eso también trae paz a nuestros corazones. Es incómodo, difícil e imposible, vivir a gusto teniendo que estar a la defensiva por cada palabra y acción que digan y hagan los que nos rodean.

Yo lo aprendí por las malas, pero mi deseo al compartir esta historia y este mensaje contigo, es que tú lo puedas aprender y aplicar por las buenas; y sin necesidad de afectarte a ti, ni a otros.

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