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Buena noticia

La palabra evangelio proviene de una voz griega que significa “buen mensaje” o “buen anuncio”. Es un frase compuesta de dos ideas: mensaje y bueno; no es un sustantivo; es una frase compuesta de un sustantivo y un adjetivo.

¿A qué viene este mínima disquisición?

La tradición ha convertido la palabra evangelio en un sustantivo. Presentar el evangelio, anunciar el evangelio. Y en un verbo: evangelizar. Si se fijan  bien sugiere la idea que la esencia del contenido está en la palabra: el evangelio es lo que se le hace a la gente.

Entonces se ha diseñado un complejo entramado de conceptos para que la gente responda al evangelio. Es decir, el mensaje se convirtió en el activo, y se alejó de ser lo que venía a decir.

Pensemos por un momento en la buena noticia. ¿Cuál es esa noticia? La noticia es que Dios ama al mundo y no quiere que nadie pierda ese amor. Dios ama a toda la gente. Y los que le aman a El se supone que lo que deben hacer es amar a toda la gente.

La buena noticia es Dios, es su amor a todos los seres humanos. Cuando uno lo piensa así, en realidad el mensajero es Dios, no nosotros. El es la misión, si profundizamos el pensamiento. Nosotros podemos acompañarlo o no. Pero el activo es El, no nosotros ni nuestro mensaje.

Por supuesto que atrae la idea de ser evangelizadores. Otorga un lustre de conquistadores, de salvadores del mundo. A las personalidades fuertes y logradoras esto les encanta. Pero no sé si esto refleja el carácter del Dios al que alude la buena noticia

Tal vez alguien de la audiencia puede pensar que esto es hilar demasiado fino. Al final la cuestión es predicar el evangelio.

Pero al avanzar un poco en la reflexión, vemos que lo que deberíamos hacer es imitar a Dios: amar a la gente, servirla, ayudarla en sus necesidades y angustias. Tal vez nos sirvan aquí las palabras del profeta bíblico:

“… Me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados. (Isaías 61:1-3)

Me parece que éste es el evangelio: decir lo que hace Dios, y hacerlo nosotros.

 

 

¿Asumes el reto?

“¡Sé valiente! Luchemos con valor por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios, y que se haga la voluntad del Señor».” 2 Samuel 10:12 (NTV)

Hay una canción que hace referencia de quién asumirá el reto de llevar esperanza en Dios a las personas que se encuentran perdidas y sin fe en un mañana mejor; y es un pregunta importante, porque hay tanta necesidad en la humanidad que no podemos hacer caso omiso a este llamado.

El coro de la canción dice: “Hombres de valor, necesita Dios, hombres de valor esforzados, hombres de valor que cumplan promesas, que sigan la ruta trazada con la mirada en su Salvador”  Personas que tengan el coraje, la decisión, la pasión  de hacer lo que Dios ha encomendado.

No necesitamos preparación profesional o tener la vida perfecta para predicar acerca de Jesús, simplemente estar llenos del Espíritu Santo y tener la disposición. ¿Quieres ser parte del cambio de una vida que se desmoronan?

Lastimosamente pensamos que esta tarea es sólo para pastores, líderes, cantantes o personas con influencia, y no de nosotros. Este pensamiento debe cambiar y hay que asumir esta responsabilidad.

Recuerdo que por mucho tiempo mis hermanas fueron quienes tuvieron el coraje de hablarme del amor de Dios, cuando llegaban de la iglesia, se ponían a hablar de lo que habían aprendido, yo me hacía a la dormida entre las sábanas y escuchaba; si ellas se no hubieran insistido conmigo, mi vida estaría perdida, lejos de Dios.

A tu alrededor hay muchas personas que necesitan de Dios, deja el temor y ten el coraje de hablarles de su amor.

¡No te arrepentirás!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El tiempo es ahora

Un médico que era creyente, estaba atendiendo a uno de sus pacientes, el cual padecía de una enfermedad incurable. Pensando en él y en la eternidad que le esperaba, el doctor creyó que había llegado el momento de anunciarle el evangelio.

El paciente escuchó con mucha atención, y luego le preguntó:

     – Doctor, ¿cuánto tiempo hace que usted sabe estas cosas?

     – Bueno – Respondió el médico- hace más de veinte años que soy creyente.

El enfermo fijó sus ojos en su interlocutor para preguntarle:

     – ¿Y por qué no me lo dijo antes, para que yo también hubiese podido disfrutar de este gozo y esta paz que usted dice que Cristo da a los que creen en Él?

Muchas veces buscamos tanto el momento “perfecto” para hablar del amor de Dios que dejamos que el tiempo pase, poniendo mil excusas, sin darnos cuenta que estamos privando a la gente de una vida de gozo y paz.

Es verdad que no son pocos los que rechazan el evangelio y muchas veces nos desaniman sus respuestas, pero si nosotros les damos el mensaje de las Buenas Nuevas ya es decisión suya aceptarlo o no. Además, debemos recordar que si sembramos esa semilla en sus corazones, en algún momento dará su fruto.

Sigamos el ejemplo de los discípulos, quienes constantemente llevaban el mensaje: “Y día tras día, en el templo y de casa en casa, no dejaban de enseñar y anunciar las buenas nuevas de que Jesús es el Mesías” Hechos 5:42 (NTV)

No te desanimes y sigue orando por aquellos familiares y amigos que aún no conocen a Jesús, sigue hablándoles con tu ejemplo, mostrándoles el amor de Dios y verás que a su debido tiempo dará su fruto.

No esperes a último momento ni a las circunstancias perfectas, hoy es un bueno día para llevar las Buenas Nuevas.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Reunirse

Propongamos una tesis de trabajo: que la palabra “congregarse” significa literalmente reunir juntos. Se comenta lo siguiente en el sitio de la organización Growth in God (Crecimiento en Dios) de Inglaterra:

“Eso está bien, pero no dice dónde ni cuándo. Para saber dónde, tenemos que recurrir a 2 Tesalonicenses 2:1: ‘Os rogamos, por la presencia de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él’. Aquí tenemos la misma palabra episynagoge, pero ¡esta vez sí se nos dice dónde! ¡Tenemos que reunirnos con él! Él es el lugar de reunión.”

Propongamos otra tesis: Que Jesús no construyó un edificio para reunirse con sus seguidores. Lo que tenía en mente no era un lugar sino un modo de reunión que era, me imagino, la comunidad, el amor, la comunión, la solidaridad, la ayuda mutua, el compartir comida, palabra y amistad.

Por fin, una tercera proposición: Que la intención del verso de Hebreos 10:25 no sea precisamente reunirse en un edificio sino ser una comunidad de amor. Y una cosa semejante puede ocurrir en cualquier lugar (¡incluso en un edificio!), con cualquier número de personas y cuya característica principal es precisamente ésa: comunidad en torno a Jesús.

No hay que pensar mucho para otorgar que eso puede ocurrir en cualquier lugar. Asimismo, se puede pensar que si no hay comunión con Jesús, donde sea que se junte la gente, no hay comunidad.

Una vez escuché a un querido amigo pastor decir en el mensaje del domingo a la mañana: “Sin iglesia no hay comunión.” Quise acercarme a él para decirle que quizá la proposición debería ser al revés: “Sin comunión no hay iglesia”. No lo hice porque en seguida pensé que este es un tema sensible para los pastores; a veces me da la impresión que suponen que si no hay edificio no es posible ser pastor.

Bueno, me parece que pueden pensar así. No estoy seguro porque no soy pastor y aparte los edificios hace tiempo dejaron de ser un tema para mí.

La cosa se complica cuando congregarse se asocia no solamente con el edificio sino con una estructura institucional. Sabemos que en muchas instituciones la cosa de la comunidad se ha ido diluyendo en la caldera de las actividades, el dinero, el poder y otros asuntos, de tal modo que el amor resulta ser nada más que un lindo tema para predicar el domingo a la noche.

Comparte a Jesús, mientras tengas fuerzas

“Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.” Juan 9:4.

Escuché el testimonio de un pastor que fue a visitar a un miembro activo de su iglesia, quien ya era mayor de edad, tenía 75 años, estaba postrado en el hospital y sabía que iba a morir en cualquier momento. Analizando su vida se dio cuenta que en todos los años que conoció a Jesús no había ganado ni un alma para Dios y por esa situación vivía frustrado sus últimos días, porque se iba a presentar delante de Dios sin fruto.

Hay tantas personas en la misma situación de este anciano, llevan años conociendo de Cristo, pero no hay frutos. Se olvidan o no quieren obedecer el mandamiento de Jesús. “Id y predicad el evangelio a toda criatura.” Marcos 16:15. Pregunto: ¿A cuántas personas has predicado de Cristo?

Jesús era consciente de su misión. Sabía por qué había venido al mundo y quién lo había enviado. “Me es necesario hacer las obras del que me envió”, ¿Qué obras? La obra de restauración entre Dios y el hombre. También dijo: “Entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.” Jesús sabía que sería crucificado, que llegaría su muerte y al tercer día resucitaría. Esto hace mención para que los discípulos entiendan que va llegar la muerte y ya no habrá más que hacer.

El Señor relaciona la luz y las tinieblas con la vida y la muerte. Por eso nos llama a trabajar para Él, a compartir su mensaje con todos aquellos que no lo conocen. Mientras el día dura, trabaja para mí dice el Señor, mientras respires trabaja, porque viene la noche donde ya nadie puede trabajar.

Ninguno de nosotros sabe cuánto tiempo más estará en este mundo o cuándo el Señor nos llamará a Su presencia. Lo cierto es que debemos recordar que la vida es breve, el salmista David dice que somos como un suspiro, que nuestros días son fugaces como una sombra. (Salmos 144:4)

Si sabes que no estás predicando el mensaje de Jesús, esta es tu oportunidad. Es hoy cuando tienes que compartir el amor de Dios. Es hoy cuando tienes que decirle a tus seres queridos que hay esperanza en Jesús. Es hoy que, mientras estás vivo y tengas fuerzas, tienes que anunciar que Cristo viene pronto.

No esperes a lamentarte cuando ya no tengas las mismas fuerzas que hoy para predicar el mensaje de Jesús. Trabaja para el Señor, porque si te avergüenzas de Jesús, Él también se avergonzará de ti. La Biblia dice que los cobardes no entrarás al reino de los cielos. (Apocalipsis 21:8)

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El fundamento de la fe

Se suele escuchar y se repite en los medios cristianos que la base de nuestra fe es la resurrección de Cristo. Por cierto es una noble declaración pero si uno la examina más profundamente revela algunas cosas que conviene mencionar.

No es raro que se confunda ser con hacer. O personas con acciones. Es pertinente precisar esto porque de otro modo uno puede estar repitiendo ideas que ha aprendido sin cotejarlas con la verdad.

La resurrección de Cristo es una acción, un hecho sin duda portentoso con consecuencias inmensas que, según mi parecer, van mucho más allá de etiquetar al creyente para el cielo. Pero sigue siendo un hecho. En este caso, un hecho realizado por Dios.

La fe en la resurrección es importante como anota Pablo. Pero lo fundamental es el autor de esa resurrección. Así que la pregunta que corresponde hacer es: ¿No es el autor del hecho más grande o significativo que la acción que ha realizado? A eso me refiero cuando digo que no se debe confundir ser con hacer. Dios, su Ser, es el centro de todo.

He estado litigando – para usar un término no muy real pero que suena simpático – con alguna gente cristiana sobre su tendencia a predicar a Dios como solucionador  de problemas, como resolvedor de dramas, como analgésico cósmico para los dolores de la vida, como la panacea que te allanará el camino a la felicidad.

Nótese cómo el mensaje se ha ido trasladando desde el ser de Dios hacia lo que Dios hace. El problema con eso es que cuando el humo de las palabras se disipa lo que queda a la vista es que la persona humana y sus necesidades son el centro del mensaje y no Dios.

Alguien  podría preguntar por qué esta mirada tan purista. Es purista en verdad. Pero no por un capricho semántico o algo así. Es que si tu necesidad y la mía son lo que fundamentan el mensaje estamos en problemas. Entre otras cosas, porque estaríamos propiciando un evangelio humanista, un evangelio para el yo. Un evangelio bastante postmoderno si se lo mira bien.

Así que el fundamento de nuestra fe no puede ser lo que Dios hace sino lo que Dios es.

En otras palabras, de nuevo, el fundamento de nuestra fe es y siempre tiene que ser Dios.

Predica sin palabras

A menudo escucho la frase:

≪Predica el evangelio en todo momento, y cuando sea necesario, utiliza las palabras.≫  

Esta es una celebre frase de San Francisco de Asís. Y es repetida comunmente por personas bien intencionadas que piensan que con mostrar un buen compartamiento se logra todo en la evangelización.

Sin embargo, esto no es suficiente.

Modelar un buen comportamiento es solo una parte de nuestro evangelismo. La otra es compartir la Palabra de Dios. Aclaro, no nuestras palabras salpicadas de emoción y subjetivas, sino la Palabra de Dios que debe ser nuestro norte en todo tiempo.

Salmos 107:20 dice:

≪Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina.≫

Dios no envió un viento recio, ni una sonrisa, ni se paró en las esquinas a dar abrazos. Él envió Su Palabra para sanarnos del pecado (≪En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios≫ Juan 1:1). Envió Su Palabra para crear (≪Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca≫ Salmos 33:6).

Por último quiero compartirte la historia de la mujer samaritana. Tal vez la conozcas. Era una mujer que había tenido varios maridos y aun el que tenía en ese momento no era el suyo. Cuando Jesus entró en su vida le habló la palabra y ella, maravillada, cambió su estilo de vida y volvió a su ciudad contando el encuentro que había tenido con el Hijo de Dios. 

≪Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.≫

Juan 4:39

A pesar de que esta mujer hubiera podido predicar el evangelio sin palabras, esto es modelando un comportamiento diferente al que llevaba anteriormente, la Palabra de Dios nos cuenta que ≪muchos creyeron en Jesus por la palabra≫ que les compartió la mujer samaritana. No evitó hablar: lo hizo parte de su evangelismo

Así que, mi estimado amigo, predica el evangelio en todo momento y usa la Palabra de Dios para acompañarte. 

Si quieres saber más sobre este tema y otros similares que estaré desarrollando, busca el nuevo segmento Análisis del corazón en las redes sociales de CVCLAVOZ



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Pescadores

La Biblia relata cómo Jesús ayudó a unos pescadores a tener una abundante pesca después de una noche de trabajo sin éxito. Al ver esto, se asombraron tanto que uno de ellos, Pedro, se puso de rodillas y le pidió que se aleje de él porque era demasiado pecador; sin embargo, Jesús les dijo que no temiesen y que desde ahora iban a ser pescadores hombres. Dejaron sus barcas y lo siguieron. (Lucas 5:1-11)

La pesca era su fuente de trabajo, alimento y sustento para su hogar, pero el evento con Jesús tocó tanto su corazón que no lo pensaron dos veces y lo siguieron para ser lo que les dijo: Pescadores de hombres.

Los cristianos podemos ser unos buenos pescadores que aprovechamos el alto volumen de personas necesitadas a nuestro alrededor o ser irresponsables y quedarnos dormidos en vez de trabajar.

Hoy en día podemos decir que no hay pretextos para no compartir el mensaje de salvación, ya que tenemos muchas facilidades para llegar a más personas con las redes sociales y demás.

Aprovechemos cada oportunidad que se nos presente para poder predicar de la palabra de Dios, porque hoy en día existen muchas personas que están buscando en quién creer, una razón para vivir y no podemos quedarnos callados.

Puede que creas que no tienes la valentía de hacerlo, pero no se trata de fuerza o inteligencia, compartiendo simplemente tu testimonio de cómo eras antes de conocerlo puedes llegar a muchos corazones necesitados.

¡Hay muchos que precisan de ti para conocer a Jesús, no te niegues al llamado!

“Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!” Isaías 52:7 (RVR1960)

 

 

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Uniforme de autoridad

Carlos se encontraba estacionado en una esquina a altas horas de la noche, de repente vio correr a un hombre con un arma en la mano hacia su auto; asustado presionó el acelerador e intentó huir, pero el individuo le disparó, haciendo que Carlos chocara su carro y resultara lesionado. El atacante era un policía civil que dijo haber confundido a Carlos, creyendo que era un ladrón.

Es lamentable que sucedan estos hechos, pero nos enseñan una gran lección. Un policía que no usa su uniforme pierde un cincuenta por ciento de la autoridad que tiene porque al verlo de civil con un arma, resulta fácil confundirlo con un delincuente, como sucedió con Carlos.

Algo similar podría suceder en nuestro diario vivir, puesto que debemos estar conscientes que cada día enfrentamos una guerra espiritual constante.

El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.” Lucas 4:18-19

El uniforme de un policía representa el Espíritu del Señor en nuestras vidas, no podemos salir a la calle y ejercer las funciones de un hijo de Dios sin estar llenos de la presencia divina, de lo contrario no tendremos autoridad para combatir los ataques del maligno.

Un cristiano debería presentar autoridad espiritual, es decir, tener poder sobre el mal, ¿Tienes autoridad? El Señor te ha dado la potestad para atacar al enemigo, si alguien está enfermo, afligido o esclavo de algún vicio, no necesitas llamar a un pastor o ministro simplemente debes armarte de valor y orar por ellos, puesto que Dios respalda a sus hijos.

En esta oportunidad te animo a reflexionar sobre tu estado espiritual, quizá estás perdiendo muchas bendiciones por descuidar la presencia del Señor en tu vida, busca a Dios y pídele que te ayude a tener autoridad, que los demonios te conozcan y tiemblen, así como cuando escuchan el nombre de Jesús.

Por Shirley Chambi

 

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Te quedaste sin palabras

Un pastor puso a un joven de su congregación como trabajador en la tienda de un conocido. Muy pronto el muchacho volvió a él, muy disgustado, quejándose:

¿Sabe usted, pastor, dónde me ha colocado? En un lugar donde no hay un solo creyente, y donde todos se burlan de mi religión. Yo no puedo trabajar ni un día más con esas personas.

Efectivamente- le contestó el ministro-yo no conozco un lugar más apropiado para un cristiano.

La misión de aquellos que han tenido el privilegio de haber sido rescatados del pecado es: “… Vayan por todo el mundo y prediquen la Buena Noticia a todos.” Marcos 16: 15 (NTV).

Para muchos es difícil presentar a Cristo en un ambiente hostil, lleno de rechazo, indiferencia y burla hacia el nombre de Dios, ¿alguna vez has estado en un lugar así? Quizás es tu hogar, tu trabajo, tu colegio o tu grupo de amigos.

Una frase atribuida a Francisco de Asís, dice:

“Prediquen el evangelio en todo tiempo y de ser necesario usen palabras”

Este pensamiento expresa una verdad importante en el evangelismo: “mostrar a Cristo”, es decir que tus acciones deben hablar más fuerte que tus mismas palabras, con ello no quiero decir que no debemos hablar para predicar sino que también debemos usar nuestras vidas para decirle a las personas que nos rodean que Cristo vive en nosotros.

Esto implica una gran responsabilidad, porque lo que creemos y en quién creemos no sólo debe ser dicho sino debe ser un hecho, si te preguntan en este momento ¿tu vida es el reflejo del Amor de Dios?, ¿cuál sería tu respuesta?

Algunos con el rostro inclinado y con tristeza debemos reconocer que no hemos estado mostrando a Cristo, decimos amarle pero estamos juzgando, peleando, etc. Hoy te animo a vivir lo que predicas. Tienes la posibilidad de decidir si muestras a Dios a través de tu vida o continúas con la corriente que este mundo sigue.

¡Muestra a Cristo en todo lugar, predica sin palabras en todo momento!

”Predica la palabra de Dios. Mantente preparado, sea o no el tiempo oportuno. (…) 2 Timoteo 4:2 (NTV).

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Una Luz que irradia

“Así nos lo ha mandado el Señor: Te he puesto por luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra.” Hechos 13:47 (NVI).

Como hijos de Dios debemos transmitir Su amor a otros. Dejemos que Su luz se refleje en nosotros para predicar las Buenas Nuevas de salvación a todo aquel que lo necesita y también debemos animarles a perseverar en la gracia de Dios sin desistir.
¿Tu luz irradia a otros? Te animo a iluminar la vida de aquellos que necesitan de Jesús.
¡Escucha, aprende, aplica y comparte la palabra de Dios!

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Billy Graham, un ejemplo notable

Poco se puede decir de Billy Graham, pero no porque haya poco que decir, sino por el contrario: ya se ha dicho todo. Pocos cristianos contemporáneos han alcanzado el perfil público de este connotado evangelista estadounidense. Formó parte de la generación de cristianos que desde la década de los cincuenta ha traído a más personas a Cristo a través de campañas públicas, radio  y televisión. Es casi imposible agregar algo que no se pueda encontrar ahora en Internet acerca de su persona.

Hubo sin embargo un aspecto de su vida y de su ministerio que es singular y que enaltece la obra cristiana desde que se hizo conocido en el mundo. No se halló en él ninguna de las faltas de otros famosos cristianos que han ensombrecido al evangelicalismo: riqueza y poder exacerbados o escándalos sexuales. En este sentido, Billy Graham ha contado con el respeto no sólo de los cristianos sino toda la comunidad internacional.

Este no es un hecho menor en un mundo donde es casi imposible eludir las múltiples tentaciones que acechan a las personas que han adquirido renombre en el ámbito de la fe y de la evangelización.

Al finalizar su ministerio, el profeta Samuel pronunció un discurso delante del pueblo, del cual recordamos estas palabras:

“Aquí estoy; atestiguad contra mí delante de Jehová y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, si he calumniado a alguien, si he agraviado a alguno, o si de alguien he tomado cohecho para cegar mis ojos con él; y os lo restituiré. Entonces dijeron: Nunca nos has calumniado ni agraviado, ni has tomado algo de mano de ningún hombre. (1 Samuel 12:3-4)

Guardando las debidas proporciones de tiempo, lugar y forma, se puede decir que así Billy Graham, más allá de las diferencias de doctrina o puntos de vista públicos que podamos tener, guardó un testimonio que respalda sus palabras, las cuales han traspasado decenios y generaciones y que han conmovido y  y continuarán conmoviendo a miles de personas en el convulsionado mundo de hoy.

Si bien ya no tenemos su presencia física entre nosotros, lo que dijo y lo que hizo seguirá desafiándonos a tomar con seriedad y compromiso la responsabilidad de predicar el evangelio mientras vivamos y hasta que el Señor Jesucristo regrese.

 

 

*Todos los derechos de autor de la fotografía de portada pertenecen a https://memorial.billygraham.org/

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