preguntas Archives | CVCLAVOZ

All posts in “preguntas”

Bailando en la oscuridad

“La vida fuera de la baldosa, bailando en la oscuridad.”

(Yo, hace algunos años en otro artículo)

No sé si a toda la gente le pasa lo mismo. Hay un instante en la vida que parece definirlo todo. Que ofrece con cruda honestidad la posibilidad de confrontar lo aprendido, de “salirse de la baldosa” en la que uno ha estado parado siempre. A lo mejor no le pasa a todos. O a lo mejor sí, pero muy pocos lo ven y responden.

Eso de la baldosa surgió una vez que estaba hablando con alguien acerca de ese instante y mencioné aquel viejo twist de Rafael Peralta que decía en alguna parte “Sólo contigo mi preciosa yo bailo en la misma baldosa”. Y se me ocurrió que todos vivimos con un conjunto de creencias y convicciones que forman nuestra baldosa, el piso en el cual nos movemos y desde el cual miramos el mundo y juzgamos las cosas.

Pero salirse y mirar desde afuera lo que creemos y somos es algo que sólo puede hacerse si uno ya traía preguntas desde temprano en la vida. Preguntas sin respuesta. Una inquietud previa: “¿Y si las cosas no fueran así..?” La mayoría se acomoda. Se queda en esa zona de confort donde todo está respondido y todo está asegurado. Viviendo como si la verdad fuera una cosa pequeña, asible, definitiva y total.

Es irónico que la declaración de Jesús – la verdad os hará libres – en nuestro mundo evangélico funcione al revés. Una vez recibida la “verdad” la gente ya no piensa más, ya no cuestiona más, ya no confronta nada. Es como si se congelaran para siempre las preguntas que uno tenía antes de entrar en el sistema. Es como quedarse dentro de una jaula invisible que impide la libertad de pensar y pensarse de nuevo cada vez que es necesario y posible.

Salir a la intemperie. Abandonar la comodidad de los sistemas, volver a la Palabra y preguntarse: “¿Es esto así?” Salirse de la baldosa y bailar en la oscuridad donde por un tiempo no hay nada seguro, sólo exploración, interpelación y duda.

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia…” (Oseas 6:3)

No es adorable ese proseguiremos? No hay nada terminado. Hay más búsqueda y más encuentro – aunque a veces sea terrible bailar solo, en la oscuridad…

Si no te gusta…

La convicción facilita las cosas a la mayoría de la gente. Liquida las preguntas y ahuyenta las dudas. Dibuja claramente las fronteras y hace inútiles las discusiones. En efecto, dos personas que confrontan sus convicciones en lo único que se pondrán de acuerdo es que están en desacuerdo.

Aporta cuatro o cinco frases a prueba de balas y de tontos. Actúa como suave inductor del sueño. Opera como un moderado laxante y de paso aporta nutrientes a la flora intestinal conjurando así cualquier asomo de gastritis. Es un excelente linimento para sanar las úlceras y la rosácea.

La convicción gana su argumento de entrada, porque dígame usted si no es lindo tener las cosas claras, saber a dónde va uno y qué es lo que se tiene que hacer. ¿Puede haber algo más enfermizo que andar por ahí preguntándose si las cosas efectivamente son lo que parecen? La pura verdad es que en este mundo tan competitivo los sujetos que dudan son un muy desagradable tropiezo para los objetivos de la misión, cualquiera que ésta sea. Nada más recomendable entonces que endilgarles algunos ejemplares preceptos sobre el doble ánimo, la tibieza y otras especies por el estilo.

Hubo una larga, larguísima época en el mundo hasta entonces conocido, en la que toda la estructura institucional y los preceptos orientadores de la existencia descansaban sobre la convicción de que la Tierra era plana y que más allá del horizonte había un abismo profundo y terrible; además se creía que era el centro del universo con las estrellas y planetas girando a su alrededor. Concedo que es un ejemplo un poco extremo, pero válido si uno toma en cuenta que la convicción tienta a las personas a creer que hay una única y permanente manera de entender los asuntos de la vida y que cualquier persona que diga lo contrario está en un desgraciado error.

La convicción otorga a la gente un halo como de nobleza. Nada más romántico que alguien muriendo por sus ideales. En cambio, quienes se han retractado alguna vez o que han revisado sus convicciones a la luz de nuevas evidencias es raro que tengan un sitio en el Salón de la Fama. A lo más, la cultura predominante les abrirá un expediente en la sombría sección de los cobardes, los inconsecuentes o los herejes…

Así que, si no te gusta, te puedes retirar no más…

Por quién es Él

Un niño pequeño, como todos los de su edad, era de los que no se cansaba de preguntar las cosas y algunas veces su padre no sabía cómo quitárselo de encima.
Un día cuando el padre se encontraba en su despacho, abrumado por el trabajo, escuchó unos golpecitos en la puerta y una pequeña voz pidiendo permiso para entrar.
– ¿Qué es lo que quieres? – preguntó el padre en un tono poco amable.
– Nada, papá- respondió el pequeño niño – ya sé que estás muy ocupado, pero he venido para hacerte compañía. ¿Me dejas sentar en aquel rincón?
Antes de que el padre pudiera hablar el niño ya se había acomodado en una silla, y allí estuvo un buen rato, contento de poder estar con su papá.
Nuestra actitud debería ser siempre como la de este pequeño niño, que aun sin necesitar nada de Dios, podamos buscarlo y estar en su presencia sin necesidad de preguntarle cosas ni pedirle nada, sólo aprendiendo más de Él, queriendo conocerlo más.
El salmista decía: “Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón” Salmos 37:4 (NTV) Porque cuando buscamos estar con Dios, Él se encarga de conceder los anhelos de nuestro corazón y nos da las mejores cosas.
A diferencia de este padre humano de la historia, el nuestro nunca nos responderá impaciente o de mala forma, sino que siempre nos espera con sus brazos abiertos. ¿Imaginas lo que siente cuando lo buscamos sólo para estar con Él y no por las cosas que pueda darnos? Pienso que su corazón debe regocijarse.
Nuestro Padre quiere una relación con nosotros que vaya más allá de las bendiciones que pueda darnos, que no sea interesada, sino que se base en amarlo por quién es Él y lo que hizo por nosotros. ¡Busquémoslo de corazón!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Inercia

Inercia (del lat. inertia, indolencia, inacción) f. Fís. Propiedad de los cuerpos de mantener su estado de reposo o movimiento si no es por la acción de una fuerza.

(Diccionario de la Real Academia Española)

Cuando miramos todo lo que nos rodea y vemos lo difícil que es intervenirlo de un modo tal que puedan mejorar las condiciones actuales por lo general nos decimos algo como, “Así son las cosas; no hay nada que podamos hacer”. Una pequeña acción, ¿cómo podría cambiar la dirección de todo? Es mucho lo que habría que hacer, no hay recursos, son tan pocas las personas que se comprometerían, en fin.

Una idea que termina con cualquier esperanza o acción posible es que todo lo que ocurre forma parte de un plan infinito y superior, o es obra del destino o de una fuerza espiritual inmutable. Todo está escrito y sigue un curso que no es posible modificar. El libre albedrío sería, según esta óptica, una ilusión: creemos que tomamos decisiones o que influimos pero todo está finalmente determinado por el plan.

Una de las cosas más difíciles de dilucidar – y quizá por eso no se hable mucho del tema – es cuál sería el valor de la oración y de la esperanza si todo obedece al plan. ¿Cambia algo efectivamente si uno eleva sinceras rogativas? Y si algo cambia, entonces el plan no es inmutable, es posible intervenirlo. O es que algunas cosas serían inmutables y otras serían modificables. Pero, ¿cuáles son las que pueden cambiar y cuáles no? ¿Cómo poder saber que haremos la diferencia si lo que queremos hacer diferente pertenece al reino de lo inmutable?

He recibido de algunos alumnos míos la pregunta obvia: ¿Por qué Dios no interviene, si es todopoderoso, para que las cosas no marchen tan mal? O al menos que haga que no sufran las personas inocentes o los animales indefensos. He oído tantas explicaciones como tantos maestros he tenido que me han enseñado sobre estas misteriosas materias. Así que no tengo la cosa mucho más clara que la audiencia que presta atención a estas líneas peregrinas.

“Son los últimos tiempos” es una de las explicaciones más comunes en nuestro medio. Así que no más resta portarse bien, hacer lo que nos toca hacer y esperar que un día nos vayamos de aquí. Una forma cómoda de mantener el estado de reposo.

Las preguntas son malas consejeras, ¿viste?

La fuerza de las palabras

Palabras que nos permiten abrir los ojos, ver de qué estamos hechos, cómo construimos nuestra realidad, cómo manipulamos el lenguaje para defender y volver incuestionable lo que, sabemos bien, podría ser de otro modo.

(Eugenia Almeyda, en La Voz del Interior, 8 de julio de 2018)

Hemos abordado aquí antes y desde varios ángulos los significados y alcances de la palabra. Hoy nos convoca esta idea de Almeyda quien comenta en el matutino cordobés la obra de Margaret Atwood (El cuento de la Criada, Alias Grace).

Palabras que nos permiten abrir los ojos – No es mucho lo que vemos cuando no nos encontramos con la palabra. Los hechos crudos, la muda visualidad, la orfandad del vocablo reducen y delimitan nuestros mundos. No hay preguntas, curiosidad., sólo una ceguera virtual respecto de todo lo que no sea inmediato, grave falta de perspectiva.

Ver de qué estamos hechos – Quizá uno de los atributos más eficaces de la palabra sea el revelarnos a nosotros mismos. Cuando entramos en el universo del vocabulario y entendemos lo ancho y ajeno que es el mundo, se derrumban las idílicas ideas que tenemos de nosotros. El fuego de la realidad quema finalmente lo artificioso y devela la poca materia que nos compone. Un encuentro con lo real.

Cómo construimos nuestra realidad – Esta es una buena cuestión: ¿nuestra realidad es como es o como nosotros la pintamos? El papel aguanta todo, nos solían decir cuando éramos chicos. Lo que decimos acerca de nosotros, nuestros argumentos, nuestros alegatos, explicaciones y pretextos, ¿reflejan la objetividad o son constructos que nos tranquilizan a la hora de los escrutinios?

Cómo manipulamos el lenguaje para defender y volver incuestionable lo que, sabemos bien, podría ser de otro modo – De herramienta para reflejar lo real las palabras se pueden convertir en instrumentos para darle solvencia escritural a lo que no es pero que queremos argumentar que es. Qué difícil es aceptar que las cosas bien pueden ser algo distinto de lo que deseamos que sean. Si ese deseo se hace más fuerte que cualquier posible honestidad,  entonces vamos a usar las palabras para que establezcan como incuestionable, precisamente, lo que nosotros queramos. Podemos ser tan exitosos en el intento que podemos terminar creyendo a rajatabla nuestra propia versión.

Guarda silencio

Una de las muchas historias maravillosas que se registran en la biblia es la de Josué y el muro de Jericó que se relata en el capítulo 6 del libro que lleva el mismo nombre del personaje de este hecho.

Dios puso Jericó en las manos de Israel, pero está ciudad estaba fuertemente protegida por un enorme muro que sería derribado al séptimo día, una de las instrucciones que Dios había dado era: “…Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: Gritad; entonces gritaréis.” Josué 6:10 (NTV).

Qué difícil debió ser guardar silencio y rodear durante 6 días la ciudad, quizás para muchos era ilógico o quizás otros se preguntaban ¿cómo destruiremos los muros estando callados y dando vueltas?

El silencio es la ausencia de sonido o ruido. Muchas veces en los momentos de dificultad o en medio de las batallas tendemos a desesperarnos y a gritar con la esperanza de que alguien nos ayude; esto es natural en el hombre pero en Dios a veces es necesario guardar silencio.

Salmos 37:7 dice: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. (…)” (RVR1960).

Cuando la necesidad toca el hogar, la enfermedad se manifiesta o los tiempos de tormenta están azotando nuestras vidas, nuestra primera reacción es reclamarle a Dios y decirle ¿Por qué a mí? ¡Yo confiaba en ti y me fallaste! ¿Te has olvidado de mí? Y podríamos seguir elaborando una lista infinita de reclamos comunes que se hacen.

A veces solamente es necesario callar con la confianza que Dios tiene el control; ese silencio en el momento indicado es una muestra de Fe. Es cierto que es difícil hacerlo pues en esos momentos tenemos la necesidad de hacer y hacernos muchas preguntas y reclamos.

Israel se esforzó y guardó silencio durante varios días, su obediencia y su fe, le permitieron ver un maravilloso milagro; quizás en su momento no entendieron por qué debían callar pero lo hicieron con la confianza de que Dios tenía un plan. Tal vez hoy tienes muchas cosas que pedirle o preguntarle a Él, pero solamente debes guardar silencio y esperar.

Recuerda el silenció acompañado de Fe es una muestra de confianza en Dios.

Por Judith Quisberth

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Para qué?

¿Pensar la fe? ¿Hacerse preguntas? ¿Buscar el sentido más profundo de las palabras que leo en el Libro? ¿Indagar en el texto completo si hay ideas que vayan más allá de la salvación personal? ¿Para qué todo esto? ¿Tiene sentido vivir la vida examinada? ¿Por qué no más dejarse llevar por la buena onda? ¿Por qué no más ser optimista, mirar el lado positivo de las cosas?

¿Por qué tendría que seguir buscando respuestas que al fin y al cabo no van a cambiar nada, excepto agregar sufrimiento al entendimiento y a los sentidos? ¿Por qué no jugar fácil y bonito en vez de la complejidad de la interrogación y la desesperación? ¿No le haría eso mejor a mi estómago y a mi cabeza?

¿Por qué no me doy cuenta que es mejor creer que estamos ganando, que el Señor viene pronto y que estamos aquí sólo para tener la oportunidad de ser salvados y que todo lo demás se va a convertir en pasto de las llamas? ¿Por qué preguntarme tonterías acerca de la sociedad, de la justicia, de la educación, de los movimientos sociales, de la mirada de Dios a las naciones y otras materias inconducentes?

¿Por qué mejor no persevero en la institución cristiana, participo en todos los servicios, aporto mi dinero, disfruto los tiempos de alabanza-adoración-predicación y me voy a la cama con la sensación de que todo está bien con mi alma y que mi último aliento en la tierra será el primero en las mansiones celestiales al lado de Jesús?

¿Para qué seguir sintiendo el aire de la montaña, el murmullo del río que estaba a treinta metros de una casa donde fui feliz unos meses, el sol entre las hojas, el helecho humedecido que transporta el cristal multicolor de la lluvia, el ardor de la piel marchita, la esperanza de los pueblos, el definitivo triunfo de la justicia, el anhelo por el orden y la paz, el aroma del pan casero recién salido del horno, el café con leche humeante en el desayuno, el pasaje de los dedos sobre el papel sedoso de la Biblia todas las mañanas, los libros seculares, la música del mundo, el espejo del lago después de la tormenta de anoche, el desierto más seco del mundo, el profundo silencio y la humedad del bosque araucano, la luz de la luna entrando por la ventana y todo aquello por lo que todavía querría vivir?

Interrogación y rebelión

Si en el mundo sagrado no se encuentra el problema de la rebelión es porque, en verdad, no se encuentra en él ninguna problemática real pues todas las respuestas han sido dadas de una vez. La metafísica está reemplazada por el mito. Ya no hay interrogaciones, no hay sino respuestas y comentarios eternos, que en tal caso pueden ser metafísicos. Pero antes de que el hombre entre en lo sagrado, y también para que entre en él, y desde que sale de él, y también para que salga, hay interrogación y rebelión.
(El hombre rebelde, Albert Camus).

A veces se encuentra uno con una lectura que expresa de modo cristalino aquello que adentro era balbuceo, inquietud, trabajosa interrogación. En unas pocas palabras resume lo que uno ha sentido, oscuramente, por tanto tiempo. He aquí, en esta cita un poco extensa para este espacio tan breve, algo que explica con magistral precisión cuestiones que me han abrumado por tanto tiempo: ¿Por qué la gente “de la fe” no se hace preguntas? ¿Por qué no se enoja y no se levanta contra lo que está mal, incluso dentro de su propio universo? ¿Por qué esa resignación, esa desidia, esa indiferencia ante el crimen impune, la violencia, la opresión, la injusticia, el abuso, la discriminación flagrante?

Por esto: porque todas las respuestas han sido dadas de una vez, aún aquellas que respondían lo que la gente nunca se había preguntado. Está todo asegurado, está todo explicado. No hay más interrogación: hay fe, hay mito, hay leyenda, hay tradición, hay un sistema de pensamiento definitivo. No hay angustia existencial, no hay confrontación. Hay obediencia ciega, hay resignación, hay sumisión completa a los dirigentes y guardianes del sistema.

La interrogación y la rebelión son antes de entrar en el reino. Y si uno se interroga y se rebela dentro del reino, la única consecuencia es la salida, el extrañamiento, el exilio o el autoexilio, la expulsión, la excomunión. Es decir, la pregunta y la rebelión sólo son posibles fuera. El reino es intangible, intocable.

Como bien anota Camus, las respuestas y los comentarios son eternos. Por lo cual, todo aquello que esté mal dentro del sistema, quedará silenciado, disimulado, resignado. Y todo eso se hará en nombre de la integridad del sistema, el nombre de los superiores intereses de la misión, el nombre de la continuidad de la arquitectura jerárquica, imprescindible para que todo continúe adelante…

La teoría de todo

Lo que sobre todo me atrajo en la filosofía fue que yo suponía que iba derecho a lo esencial. Nunca me habían gustado los detalles, veía el sentido global de las cosas más que sus singularidades y prefería comprender a ver; yo siempre había deseado conocerlo todo; la filosofía me permitiría alcanzar ese deseo, pues apuntaba a la totalidad de lo real.
(Memorias de una joven formal, Simone de Beauvoir)

Cuando ingresé a la Universidad por primera vez – hace mucho, por cierto – tuve una materia llamada Problemas de la Cultura Contemporánea. Nunca olvidé la definición que el profesor nos dio de la filosofía: el estudio que busca el hilo conductor del conocimiento a fin de encontrar la explicación de todas las cosas.
Desde que tengo memoria tuve preguntas que a mis padres y a mis hermanos les parecían raras y, sobre todo, inútiles para la vida. Al leer de nuevo la biografía de Simone de Beauvoir encontré este pasaje que resume mi propia temprana inclinación, no exenta de frustraciones y obstáculos. La verdad que abarca las cuestiones fundamentales de la existencia no se deja tener tan fácilmente.
Tendrían que pasar muchos años y muchas horas oscuras para llegar al entendimiento que la Biblia no sólo responde sino que formula las preguntas más importantes del ser: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿cómo sabemos?, ¿qué es lo más importante?, ¿a dónde vamos?, ¿qué sentido tiene la historia?, ¿por qué hay maldad y sufren los inocentes?
Está claro que las respuestas no se encuentran al modo que están en un manual de filosofía de primer año de universidad. En la ley, en los escritos, en los profetas, en los evangelios y en las cartas apostólicas se plantean historias y situaciones que obligan a la persona sensible a hacerse preguntas, a cuestionar el texto y dialogar con él, a comparar su contenido con la realidad. Me gusta esa ultima frase de Beauvoir: la filosofía “apuntaba a la totalidad de lo real”. No se trata de especulaciones abstractas sobre la inmortalidad del cangrejo sino cómo debemos vivir, que deberíamos hacer y qué no, por qué las personas y las cosas son como son.
Todos los días vuelvo a esta cuestión esencial: la Biblia no es un librito religioso, un mero recurso devocional. Es un documento que, adecuadamente abordado, nos confronta no sólo con respuestas sino con preguntas profundamente perturbadoras y actuales.

Variaciones

Poder ver más allá de lo obvio. No conformarse con el actual estado de cosas. Romper la cadena de la rutina. Vivir en peligro. Tomar riesgos. Hacer preguntas. Penetrar en las cosas con un candor de niños al mismo tiempo que con profunda intención. Ver qué hay más allá del horizonte. Buscar la otra manera de ver las cosas. Ser libre en el país de los presos.
Combatir la opresión del sistema y cuestionar sus pretensiones conceptuales. Liberarse de las consignas totalitarias y rebelarse contra las imposiciones de los señores. Anhelar todas las mañanas la libertad y cada noche dormirse con la conciencia de haberla conquistado un poco más. Dominar el propio tiempo. No permitir que los demás te hagan presa de sus agendas y sus expectativas. Otorgarle, en cambio, el tiempo a las cosas que queremos e invertir la vida en lo que amamos.
Aprender que el miedo es cosa viva pero que debe combatirse con todas las fibras del ser. Entender que uno tropezará muchas veces y va a equivocarse cuando busca otros caminos y construye su propia cartografía. El fracaso no es una sentencia, más bien un acicate para volver a intentarlo.
Descubrir que la soledad es, la mayor parte del tiempo, el precio a pagar por no querer ser uno más en el engranaje; es, por así decirlo, la fea del baile, pero de tanto abrazarla uno descubre más pasión en ella que en la misma multitud y se termina agarrándole cariño.
Seguir buscando, continuar leyendo, preguntar siempre, permanecer en la vigilia del pensamiento, no acostumbrarse, confrontar los estereotipos, poner a prueba las propias convicciones, aprender nuevas cosas, no permitirse ser tonta o tonto grave.
Pero, ¿por qué rayos hacerse tanto problema? ¿Por qué no jugar simple y ganar no más? Porque las victorias de lo simple lo sumergen a uno más y más en el tibio país de la medianía, el tranquilo territorio de lo predecible. Lo común no es el resplandor o la oscuridad permanentes. Lo común es la enorme multitud que prospera, se acomoda y obtiene lo que desea en la suave penumbra del status quo, cambiando alguna cosita aquí y allá para que todo permanezca igual.
Vi un documental sobre los buscadores de oro del Amazonas que remueven y deshacen en agua toneladas de tierra para encontrar unos poquitos gramos de oro. Se puede perder mucho viviendo complicadamente, pero se ganan pequeños tesoros que enriquecen la vida de muchos.

Gente

Tanta gente.
Que cree cosas. Que sigue mansamente la voz de los que mandan. Que no cuestiona nada ni se le ocurre que haya algo que cuestionar. Que nunca se hizo preguntas sobre lo que les instilaron como educación cuando entraron felices en los cuadros del sistema. Que no encuentra fisuras en el edificio institucional. Que nunca le vino a la cabeza que las verdades irrecusables pueden ser no más que puntos de vista, tradiciones incorporadas como la pátina de polvo que se acumula sobre la pulida superficie de los muebles. Que nunca se preguntó si no habría más reflexión disponible respecto del discurso pronunciado desde las solemnes plataformas. Que repite el argumento hasta la náusea. Que cierra sus oídos a toda otra interpretación Que resume la vida es esquemas, en principios generales y en cuatro definiciones fundamentales.
Tanta gente.
Que huye del natural comportamiento de las emociones y los sentimientos. Calificando intenciones. Juzgando motivos. Que sentencia historias ajenas porque no entran en el círculo de su “escala de valores”. Que reprime sentidos originales que desterraron del mundo antiguos nuncios extranjeros. Que mata sus propias historias, que olvidó su propio lenguaje y que lee el mundo y la vida con el idioma de reverendos y magistrados venidos de otras latitudes. Que abjura de su pasado como si no existiera porque no cabe en los artículos de fe del Manual de Cortapalos que les dieron a la entrada.
Tanta gente.
Sin conciencia de su tiempo. Desorientada por agoreros y videntes a sueldo que no tienen ni la más remota idea de los auténticos signos de los tiempos. Consumidora final de noticieros pauteados, aparatos multimedia, comida chatarra, encuestas de opinión y revistas de divulgación científica. Que se suma a las consignas de moda y las distribuye por internet porque le parecen tan importantes.
En fin, tanta gente…

Dos momentos

Inclinado frente al silencioso altar de la capilla, el joven musita unas palabras ininteligibles. Viste el uniforme de los Caballeros Azules. Dentro de unas horas, su Batallón emprenderá viaje por tierra y mar hacia la Santa Ciudad que ha sido tomada, le han dicho, por los Combatientes Orientales. Han desafiado así el orgullo de los Señores Ultramarinos, han mancillado el honor de su fe y de sus más profundas convicciones históricas.

El joven pide a su dios fuerzas para la hora crucial, para que frente al enemigo tenga el valor de matar y adelantar así la misión suprema de la restauración de todas las cosas. Matar es un alto precio pero digno de pagar por el honor de su dios. Si llega a enfrentar la muerte, tiene la seguridad de que entrará glorioso en los aposentos del Alto Señor y gozará de su favor eterno, junto a tantos compañeros que cayeron junto a él en semejante empresa.
——————————-
Con el rostro tocando el suelo, el joven se inclina y se levanta varias veces. Alza sus manos, pronuncia unas palabras en un idioma ininteligible y vuelve a inclinarse hasta que su frente otra vez toca el suelo. Viste las ropas comunes de su aldea. A la entrada del templo ha dejado las armas y su calzado. Dentro de algunas horas saldrá en una misión secreta y suicida. Le han encomendado una tarea atroz y está dispuesto cumplirla. Antiguos enemigos han arrebatado las vidas de muchos de sus amigos y parientes. Han asolado ciudades y aldeas. Han impuesto su cultura extraña y secular por todo el continente. Ha asumido, por lo tanto la noble tarea de matar y morir en un momento dramático y solemne. En el mismo instante de que su cuerpo sea consumido por la muerte entrará en la morada de los dioses y recibirá inexpresables y eternas recompensas.
——————————-

Dos momentos. Dos historias, dos preguntas, dos juicios, dos opiniones, dos ideas, dos posibilidades, dos opciones, dos culturas, dos explicaciones frente a la historia humana.

A veces parece que nada cambia…

Send this to a friend