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Alcanzando la promesa…

En el libro de Hebreos encontramos el relato de cómo Abraham recibió la promesa de Dios, misma que alcanzó habiendo esperado con paciencia. El texto no menciona cuánto debió esperar, no obstante, si recordamos la vida de Abraham, podemos concluir que en realidad no fue un tiempo corto.

“Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, 14 diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. 15 Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa.” Hebreos 6:13-15 (RVR1960).

La paciencia, es una cualidad que muchas veces parece inalcanzable, en cierta medida, porque en estos días estamos acostumbrados a hacer y obtener las cosas rápido; pensemos en los mensajes de texto instantáneos, la comida rápida, etc. Fueron pensados para no tener que invertir mucho tiempo en la espera.

Pero no sucede de la misma forma en las áreas más importantes de la vida, para obtener un título profesional por ejemplo, debemos pasar por muchos años de preparación y estudio; así también ocurre con aspectos de nuestro carácter y temperamento. Es necesario que los mismos sean moldeados, pero esto no ocurrirá de la noche a la mañana. Es un proceso que requiere tiempo.

Es por ello que es necesario hacer uso de la paciencia, no sólo en nuestros propios procesos, sino también con las personas que están en nuestro entorno. Esto lo logramos con la ayuda de Dios.

“fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad;” Colosenses 1:11 (RVR1960).

En otra versión, el texto de Colosenses dice así: “Pedimos que él, con su glorioso poder, los haga fuertes; así podrán ustedes soportarlo todo con mucha fortaleza y paciencia, y con alegría” (DHH).

Cuán importante es recurrir a Dios en cada etapa y área de nuestras vidas, es necesario creer en Sus promesas y acudir a Él para fortalecernos, de esta manera podremos hacer frente a las dificultades, sabiendo además que si esperamos en Él, seremos recompensados.

Por Cesia Serna

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Limpia tu camino

¿Con que limpiara el joven su camino?

Interesante pregunta que lleva a reflexionar sobre el camino recorrido, pero más aun sobre el tramo que falta recorrer.

Cuando uno es joven, en general, cree que tiene el tiempo a su favor, y en esta creencia suele dejar para más adelante decisiones transcendentales, la principal de ellas, su relación con Dios.

“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.” Salmos 119:9 (RVR1960).

En la segunda parte del versículo encontramos la respuesta: “Con guardar tu palabra.”

Guardar la Palabra de Dios implica conocerla, atesorarla, vivirla, además de respetarla y obedecerla.

Si eres joven, no dejes para después tu relación con el Señor, no llegues al punto de arrepentirte por haber desperdiciado años preciosos de tu vida en cosas sin valor.

Tal como el salmista expresa en los versículos siguientes: “Con todo mi corazón te he buscado; No me dejes desviarme de tus mandamientos. 11 En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti. 12 Bendito tú, oh Jehová; Enséñame tus estatutos.” Salmos 119:10-12 (RVR1960). Busca con todo corazón al Señor y guarda Su Palabra, aprende bajo Su tutela sus mandatos y estatutos.

“En tus mandamientos meditaré; Consideraré tus caminos. 16 Me regocijaré en tus estatutos; No me olvidaré de tus palabras.” Salmos 119:15-16 (RVR1960).

Medita en ellos, considéralos y no los olvides.

Por Cesia Serna

 

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Recordando sus promesas

“Pues tantas como sean las promesas de Dios, en El todas son sí; por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros.” 2 Corintios 1:20 (LBLA)


A veces podemos decir que creemos en Jesús, pero en realidad puede ser algo simplemente de labios para fuera. O bien decir: “Señor Jesús mi fe está en ti”, pero cuando vienen los tiempos difíciles dudamos de sus promesas y grandezas. Debemos recordar que no es tiempo para mirar atrás ni dudar, sino de estar firmes y decididos, sabiendo en quien hemos creído, confiando plenamente en Dios.


Si en los momentos difíciles, te llenas de dudas y sientes debilitada tu fe, es tiempo de levantarte y fortalecerte en las promesas de Dios “Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.” Hebreo 4:11

Por Cristhian Castillo

 

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Decídete a perdonar

“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” Efesios 4:32 (RVR1960).

Ya habíamos hablado sobre el perdón, comentábamos que el mismo es una decisión que debe tomarse en obediencia a Dios y por el bien de uno mismo.

En realidad, perdonar no favorece tanto a la otra persona como a uno mismo, puesto que al hacerlo somos nosotros quienes dejamos ir sentimientos negativos que solo dañan nuestro ser, tales como la ira, enojo, resentimiento e incluso amargura.

Si aún no te decides a perdonar a quienes te lastimaron, te animo a dar el paso, para que tu corazón sea sanado y puedas ser restaurado por Dios.

Por Cesia Serna.

 

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Sigue intentando

“Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; Mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza.” Proverbios 21:5 (RVR1960).

Muchos confunden el fracaso con el de hecho de no haber conseguido o alcanzado una meta propuesta; fracaso es en realidad rendirse, no seguir intentando, darse por vencido. Que hubiera pasado con Walt Disney si renunciaba a sus sueños, cuando fue despedido de un periódico por falta de imaginación. O bien con Edison cuando un maestro le dijo que era demasiado tonto para que pudiera aprender algo. No se quedaron con eso, sino que siguieron intentando y creyendo.

La perseverancia es importante para evitar el desánimo y sentirnos tentados de darnos por vencidos.

Como dice el pasaje de Proverbios, existe real importancia en planificar bien las cosas y esforzarse por alcanzarlas; sin olvidar que es fundamental buscar dirección de Dios.

Por Cesia Serna

 

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Marcando la diferencia

¿Cómo te sientes cuando quieres emprender algo y nadie te apoya? Sin duda te sientes mal porque quieres dar un paso hacia adelante, que podría ser de beneficio tanto para ti como para los demás, pero quizá los otros no lo ven de esa forma porque están cómodamente encerrados en el conformismo.

En ocasiones eso es lo que nos sucede como hijos de Dios, estamos tan relajados que no queremos esforzarnos para ir más allá de nuestras comodidades. Pero tienes que saber que cuando eres llamado a hacer la diferencia en medio de una sociedad que día a día se corrompe, Dios te abre puertas que ni siquiera sabías que existían.

Tal como lo hizo Daniel, un joven que propuso en su corazón no contaminarse con la comida y el vino del rey, y decidió guardar su integridad y mantenerse firme en sus convicciones, aún a pesar de ser condenado a muerte por no seguir órdenes que iban en contra de las leyes de Dios.

Quizá por alguna mala experiencia has pensado que no vale la pena ser diferente, porque por más que actúes correctamente las cosas no salen bien, y los que hacen peores cosas que tú  cosechan grandes éxitos. ¿Tú crees que esos éxitos serán eternos? ¿Sabías que Dios no respalda el mal proceder de sus hijos, que así como un día consiguieron alcanzar grandes logros un día podrían perderlo todo? 

No mires cómo otros progresan dando malos pasos, al punto de querer imitar su conducta, porque finalmente esto no lleva a nada bueno.

Observa lo que Romanos 12:2 (NTV) menciona:

“No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.”

¿Estás listo para ser la diferencia en medio de  tu ciudad, barrio, trabajo, iglesia y  familia?

Sin duda Dios nos llama a grandes cosas, pero depende de cada uno de nosotros si queremos ser accesibles a su voluntad o conformarnos a este siglo. Porque cuando decides ser diferente en medio de la sociedad, empiezas a ver las más grandes bendiciones de Dios en respaldo a tu obediencia.

¿Qué decisión tomarás?, ¿Hacer la diferencia en medio de tanta gente o ser un cristiano movido por su comodidad?

Por Ruth Mamani

 

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El verdadero autor de la melodía

Se cuenta que en una ocasión un hombre pasó varios días en un lujoso hotel noruego. Había muchos huéspedes que buscaban allí descanso y placentera vacación. Todo era ideal, si no fuese por una niñita que, empezando a estudiar música, insistía en usar el piano con frecuencia. Tocaba el piano con un dedo: una nota y un discorde. Con el natural resultado que cuando los otros huéspedes veían a esta niña acercarse al piano, de común acuerdo salían a gozar del aire libre, dejándola dueña del salón.

Un día, llegó a ese mismo hotel un renombrado músico, que, enseguida se dio cuenta de la situación.

En vez de ausentarse o escapase como los otros, un día él se sentó al lado de la  niña, y cada vez que ella tocaba una nota, él atacaba un acorde de música exquisita. Ella tocaba otra nota, y otra y otra, mientras él continuaba introduciendo un acompañamiento encantador. La música alcanzó a los huéspedes que, por primera vez, oían sonidos armoniosos emanar del piano, e intrigados volvieron. La niña siguió su ejercicio y el músico prodigando su acompañamiento y, cuando ella hacía un discorde más terrible, él improvisaba un arranque de armonía más sublime.

Así siguieron durante veinte minutos y luego el pianista, tomando la mano de la niñita, dijo: Señoras y señores, deseo presentarles a la señorita a quien ustedes deben el concierto de esta tarde.

La niña sabía perfectamente que ella no era quien había producido la música, pero todos dieron muestras de agradecimiento al músico.

Lo mismo sucede en nuestras vidas, normalmente tratamos de sacar melodías con nuestros limitados conocimientos y nos esforzamos pero no vemos que pase nada. Sin embargo, una vez que permitimos que Dios se siente a nuestro lado y sea parte de nuestra vida, aún nuestras más desafinadas notas suenan maravillosamente.

Muchas veces, por mucho que lo intentamos, las cosas no salen como queremos; sin embargo, cuando permitimos que Dios sea parte de nuestras vidas, cosas increíbles empiezan a suceder.

Deja de estar esforzándote por salir adelante solo y permite que Dios sea el que tenga control de tu vida. Él irá arreglando los acordes que toques mal, el Espíritu Santo de irá enseñando incluso a cómo orar y verás cómo alcanzas metas que quizás te parecían perdidas.

“Además, el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad. Por ejemplo, nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración, pero el Espíritu Santo ora por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y el Padre, quien conoce cada corazón, sabe lo que el Espíritu dice, porque el Espíritu intercede por nosotros, los creyentes, en armonía con la voluntad de Dios. Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos Romanos 8:26-28 (NTV)

Permite que Dios sea quien te enseñe, te guíe, arregle lo que está mal, sea tu ayudador y cumpla su propósito en tu vida.  Pero cuando veas cómo tu vida alcanza nuevos niveles, no olvides agradecer y reconocer que es Él el autor de todos tus logros, porque si no tocaran juntos, tu vida seguiría sonando desafinada como antes.

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué tienes para dar?

Por donde caminemos, siempre encontraremos a alguien con alguna necesidad, la pregunta es: ¿De qué forma ayudas a otros? En esta oportunidad quisiera compartir contigo un hecho que te dará una idea de lo que puedes ofrecer como hijo del Señor:

“Mientras se acercaban al templo, llevaban cargando a un hombre cojo de nacimiento. Todos los días lo ponían junto a la puerta del templo, la que se llama Hermosa, para que pidiera limosna a la gente que entraba. Cuando el hombre vio que Pedro y Juan estaban por entrar, les pidió dinero.

Pedro y Juan lo miraron fijamente, y Pedro le dijo: «¡Míranos!». El hombre lisiado los miró ansiosamente, esperando recibir un poco de dinero, pero Pedro le dijo: «Yo no tengo plata ni oro para ti, pero te daré lo que tengo. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y camina!».

Entonces Pedro tomó al hombre lisiado de la mano derecha y lo ayudó a levantarse. Y, mientras lo hacía, al instante los pies y los tobillos del hombre fueron sanados y fortalecidos. ¡Se levantó de un salto, se puso de pie y comenzó a caminar! Luego entró en el templo con ellos caminando, saltando y alabando a Dios.” Hechos 3:2-8 (NTV)

Pedro y Juan no tenían dinero para ofrecer, pero poseían algo de mayor valor que era la Presencia de Dios, por lo que no dudaron en declarar sanidad por el lisiado “en el nombre de Jesucristo”. Por supuesto que no está mal apoyar económicamente al que necesita y si lo haces, ten presente que el Señor te devolverá multiplicado.

Por otro lado, este hecho hace referencia a entregar algo de parte del Señor, es posible que no vayas por las calles a sanar enfermos, pero Dios nos dio la responsabilidad de orar por ellos, compartir las buenas noticias de la salvación, traer paz y consuelo.

Por tanto, te animo a acercarte y entregar algo de Cristo a aquellos que te rodean o a las personas que encuentres en el camino, ora por ellos y dales Palabras de esperanza, preséntale a Cristo y quién sabe, tal vez por su Fe reciba el milagro que está esperando.

¡Debes ser una bendición donde vayas!

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Promesas en la Biblia

Nuevas fuerzas a los débiles

«Pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.»

Isaías 40:31 (NVI)

Independientemente de cuán cansados estemos, Dios nos proporcionará la fuerza necesaria para seguir adelante, pero solo si confiamos en Su poder con todo nuestro corazón.

¡Satanás pierde!

«Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.»

Santiago 4:7 (RVR1960)

Si nos sometemos a Dios, es decir, dejamos que Él tome control y nos humillamos ante Él, seremos capaces de resistir cualquier tentación que Satanás arroje.

Vida eterna

«Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.»

Juan 3:16 (NTV)

Dios, por Su amor, nos promete la vida eterna, lo único que necesitamos hacer es aceptar a Cristo con nuestros corazones. 

Libertad se encuentra en Cristo

«Así que, si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.»

Juan 8:36 (NVI)

Encontramos la verdadera libertad en Cristo. Este versículo nos ayuda entender porque algunas personas que son muy ricos no encuentran la felicidad: les falta la verdadera libertad

Sabrás la voz de Dios

«Pero ustedes no me creen porque no son mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen.»

Juan 10:26-27 (NTV)

Jesús usó esta alegoría porque las ovejas pueden distinguir la voz de su maestro de las voces de otras personas, pero solo si aprenden a escuchar y perfeccionar su capacidad. Si no sabías esto, este verso tendrá mucho más sentido: Jesús es el maestro y nosotros somos las ovejas. Por lo tanto, debemos aprender a escuchar Su voz para reconocerla y no confundirla con la de Satanás. Él promete que estamos cerca a Él de esa manera.

Su iglesia creerá 

«Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos.»

Hechos 2:42-47 (NVI)

Esto demuestra cómo Dios quiere que la iglesia sea. Sin embargo, parece que muchas iglesias en la actualidad no se parecen a esto. Dios nos promete si reflejamos esa iglesia, Él añadirá miembros de Su Iglesia.

Dios defenderá a Su iglesia

«¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que vosotros sois.»

1 Corintios 3:16-17 (LBLA)

Por templo, se refiere al Cuerpo de Cristo. Dios está prometiendo que Él está de nuestro lado. Por lo tanto, uno no debe ir contra su cuerpo porque se enfrentarán a su ira. 

Nada nos separará de Dios

«Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.»

Romanos 8:38-39 (NVI)

Nada nos podrá separar de Su amor. Este ejemplo se nota cuando escuchamos de las personas que son perseguidas por la sociedad o por el estado de govierno en sus países. Aunque traten con todas sus fuerzas de destruir los hijos de Dios, no lo logran porque el amor de Dios es tan grande.

Dios proveerá

«Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. O suponed que a uno de vosotros que es padre, su hijo le pide pan; ¿acaso le dará una piedra? O si le pide un pescado; ¿acaso le dará una serpiente en lugar del pescado? O si le pide un huevo; ¿acaso le dará un escorpión? Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?»

Lucas 11:9-13 (BLA)

A veces las personas confunden esto con: “Dios nos proporcionará todas nuestros deseos”, pero, en cambio, Dios nos proporcionará nuestras necesidades. Las personas también piensan que esto significa que Él siempre nos servirá con nuestras necesidades sin hacer ningún esfuerzo, pero también debemos poner todos nuestro esfuerzo. Dios nos llama a orar y actuar. Por lo tanto, Él proveerá mientras nosotros también actuemos.



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¿Cómo saber qué promesas de la Biblia son para mí?

Dios siempre, siempre cumple sus promesas (Números 23:19) y Su fidelidad permanece para la eternidad (Salmos 119:90-91). En la Biblia encontramos todo lo que Él quiere comunicar a la humanidad y también lo que nos ofrece. Sin embargo, no todas esas promesas se aplican para nosotros en este tiempo pues muchas de ellas ya fueron cumplidas. La mala interpretación de la Biblia puede llevarnos a creer que somos merecedores de algo que en realidad nunca estuvo destinado a ser nuestro. Y para evitar esta clase de errores debemos aprender a diferenciar cuáles de ellas se aplican a nuestra vida y cuáles no.

Conocer el contexto

Una equivocación frecuente es leer un sólo versículo e ignorar el contexto en el que se dijo. Si en un caso en específico, Dios le dice algo a alguien, es porque esa promesa iba referida sólo a esa persona (por ejemplo, la promesa de Dios a: Abram en Génesis 12:1-3 o Salomón en 1 Reyes 9:5). Podemos tomar ese verso como inspiración, pero no todo lo que se menciona en la Biblia es una promesa directa hacia nosotros. Por ejemplo, muchos creen que Proverbios es un conjunto de promesas, cuando en realidad son principios y consejos. Por otra parte, al analizar el contexto es importante leer el libro completo para entender el propósito con el cual fue escrito. De esta manera estaremos seguros de lo que estamos leyendo.

Buscar la condicional

Algunas promesas de Dios requieren obediencia de nuestra parte. Es decir que son condicionales. Un ejemplo de esto se encuentra en Romanos 10:9, en donde dice:

≪que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.≫

La promesa comienza con: ≪si confesares […] y creyeres…≫; lo cual quiere decir que para que la promesa de salvación se cumpla, primero se tiene que confesar y creer que Jesús resucitó. Hay otras promesas que tienen condicionales y que se cumplen únicamente cuando obedecemos.

No manipular el texto

Algo que sucede a menudo es que las personas toman los versículos bíblicos y las manipulan para que cumplan sus objetivos. Por ejemplo, esto sucede con Filipenses 4:13. Algunos toman ese verso como un talismán para cumplir sus metas; piensan: ≪Bajaré de peso este año porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece≫, ≪puedo dar un buen examen porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece≫, ≪lograré un aumento porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece≫, etc. Sin embargo, no leen el libro completo y no analizan en qué situación se encontraba Pablo cuando lo escribió. (Para más información, leer: ¿Este versículo bíblico se aplica para ti?). Cada promesa de Dios nos ayudarnos a someternos a Su voluntad y confiar en Él. Sus promesas jamás son para que Dios haga nuestra voluntad.

Pedir ayuda

No es sabio abrir la Biblia al azar y esperar que lo que leemos sea una promesa de Dios. Para entender qué promesas se aplican en nuestra vida debemos tener una comunicación estrecha con Dios a través de la oración. La lectura de la Biblia y la oración van de la mano y no pueden funcionar adecuadamente si están separadas. Es a través de la oración que pedimos sabiduría y discernimiento para que Dios hable a nuestras vidas y nos enseñe. Además, cuando oramos dejamos que Dios nos conozca y revele las verdaderas intenciones de nuestro corazón.



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Cumplirá

Cuentan que cuando Guillermo, príncipe de Orange, entregó un documento asegurando a cierto caballero un alto empleo en su reino, con tal que quisiera apoyar su causa política, el hombre rehusó aceptarlo diciendo: Basta  la palabra de su majestad. No quisiera servir a un rey en cuya simple palabra no pudiera confiar.

Esa debería ser justamente nuestra actitud hacia Dios y su Palabra, pero muchas veces queremos pruebas tangibles de que el Señor cumplirá sus promesas.

En Números 23:19 dice: “Dios no es un hombre, por lo tanto, no miente.  Él no es humano, por lo tanto, no cambia de parecer. ¿Acaso alguna vez habló sin actuar? ¿Alguna vez prometió sin cumplir?” (NTV)

Si Dios ha prometido algo lo hará, no necesitamos andar cuestionando su voluntad ni tiempo, nosotros debemos confiar en Él, nada más.

En ocasiones, nuestra impaciencia nos lleva a pensar que Dios se ha olvidado de nosotros, que no nos escucha, que no cumple su Palabra; sin embargo, sus tiempos son perfectos y no necesariamente coinciden con nuestros planes. A veces no entendemos cómo Dios obra ni porqué permite las cosas de una manera y no de otra, pero su sabiduría es superior a nosotros y su amor es incalculable, así que, ¿Quiénes somos para cuestionar su Palabra?

Nunca olvides que la palabra de nuestro Rey es suficiente y es digna de toda nuestra confianza, si Él ha prometido algo, lo hará.


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No tomes atajos

“Quédate quieto en la presencia del Señor,  y espera con paciencia a que él actúe.  No te inquietes.” Salmos 37:7-9 (NTV)

¿Cuantas veces al no recibir la respuesta de Dios, nos desesperamos y buscamos un plan B? Sin embargo, esto que puede parecernos normal, es un error porque en dichos casos, estaríamos dudando de Su fidelidad.

En la Biblia podemos leer que Sara y Abraham, recibieron la promesa de un hijo. Al ver pasar el tiempo, Sara decidió darle una ayuda a Dios y pidió a su esposo que tomara a su sierva, pero eso de ninguna manera era el plan de Dios, por lo cual trajo amargas consecuencias para sus vidas. Pero la misericordia de Dios aún estaba disponible, a pesar de los apuros humanos, por lo que también Ismael tuvo una gran descendencia. Finalmente el hijo de la promesa llegó para Sara y Abraham, en la vida de Isaac, pero su descendencia  hasta el día de hoy se pelea con la de Ismael.

Si hoy estas a punto de perder la paciencia ante una promesa de Dios, ¡cobra ánimo! Porque si el Señor cumplió su promesa a Abraham, también lo hará contigo. Solo espera, quédate quieto, no te desesperes. Espera en los tiempos de Dios porque Él es fiel.

Por Danitza Luna

 

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