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Aprendiendo de los errores

Creo que a lo largo de la vida nos topamos con diversas circunstancias, en las que cometemos errores, y lamentablemente nos cuesta identificar e incluso reconocer la falta realizada.

“¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.” Salmos 19:12-13 (RVR1960).

En este Salmo el autor pide sabiamente a Dios que lo preserve de la soberbia, que tiene mucho que ver con no reconocer los propios errores.

A veces llevados por emociones o impulsos tomamos actitudes que no son correctas; es por ello que debemos estar en continua comunión con Dios, pues sólo con Su ayuda podremos ser íntegros y no caer en rebelión.

Acude a diario a los pies de Dios, examina tu vida y evalúa tu actuar, ¿realmente te estás esforzando por mejorar en las áreas que sabes que debes cambiar? ¿Estás agradando a Dios en cada área de tu vida?

No te desanimes si la respuesta es negativa, aún tienes la oportunidad de mejorar con la ayuda de Dios, afianza tu vida en la roca que es el Señor tu redentor.

“Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.” Salmos 19:14 (RVR1960).

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Por no decir lo siento

¿Estás consiente de la cantidad de conflictos que podrías ahorrarte si tan solo dijeras: lo siento?


Todos cometemos errores; algunos son grandes, otros pequeños, pero siguen siendo errores que en un futuro pueden llegar a ser irreparables sino los reconocemos como tal.


¿A quién le gusta fallar? Creo que a nadie, pero por nuestra naturaleza esto es inevitable y cuando alguien nos lo hace notar, rechazamos su observación con respecto a nuestra conducta; porque por lo general todo cuanto hacemos “está bien”. Lamentablemente es ahí donde radica el problema, cuando empezamos a justificar nuestras malas acciones.


Es importante que aprendamos a aceptar que la mayoría de los sufrimientos que padecemos es consecuencia de nuestros propios errores, ninguno de nosotros está libre de cometerlos, pero algo que tocará el corazón de Dios es la actitud con la que nos acerquemos a Él, así como lo hizo el rey David.


“Nadie parece darse cuenta de los errores que comete. ¡Perdóname, Dios mío, los pecados que cometo sin darme cuenta! ¡Líbrame del orgullo! ¡No dejes que me domine! ¡Líbrame de la desobediencia para no pecar contra ti! ¡Tú eres mi Dios y mi protector! ¡Tú eres quien me defiende! ¡Recibe, pues, con agrado lo que digo y lo que pienso!” Salmos 19:12-14 (TLA)


Muchas veces sin darnos cuenta actuamos con altivez, pensamos que hacer las cosas a nuestra manera es mucho mejor; y hasta llegamos a creer que somos capaces de vivir sin la ayuda del Señor y aún llegamos a menospreciar la ayuda que otros nos brindan; y no nos damos cuenta que sólo cuando somos humildes, Dios puede ayudarnos a convertirnos en las personas que quiere que seamos.


Pidámosle a Dios que nos libre del orgullo, lo que muchas veces nos ha hecho pensar que siempre estamos en lo correcto, cuando en realidad no es así.


Si hasta hoy has vivido justificando tus faltas, es momento de que empieces por reconocerlas, no esperes a perder las bendiciones que Dios tiene para ti, sólo por dejar que el orgullo te gobierne, porque éste al igual que un cáncer puede matar, vidas, familias y hasta ministerios. ¡Tú decides!


“Los que obedecen a Dios aborrecen la maldad. Yo aborrezco a la gente que es orgullosa y presumida, que nunca dice la verdad ni vive como es debido.” Proverbios 8:13 (TLA)

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Eres perdonado!

“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.”

Isaías 1:18 (Reina-Valera 1960)

¿Cansado de fallarle a Dios una y otra vez? Es posible que nuevamente hayas caído en el mismo pecado, por lo cual piensas que ya no mereces misericordia, pero ¿has intentado buscar su perdón? Sabemos que nuestra naturaleza humana nos incita a pecar, pero también es cierto que tenemos disponible la vía del perdón que nos ofrece nuestro Dios. No importa el tamaño de tu pecado si quieres verlo de esa forma, porque hoy Dios está dispuesto a perdonarte, lo único que necesitas es ir delante de su presencia, reconocer tus pecados y pedir perdón.

Recuerda que fue el amor de Dios que lo impulsó a enviar a su Hijo para morir en nuestro lugar, para que de tal manera pudiéramos recibir el perdón de nuestros pecados. Aun sin importar las veces que le hayamos fallado, su perdón está a la distancia de una oración. ¡No pierdas esa oportunidad que tu padre quiere darte hoy!


Por Ruth Mamani



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Perdón, me equivoqué

¿Cuántas veces cometimos errores y lo último que deseamos hacer es reconocerlo?

Hace poco vi cómo dos autos colisionaron por la velocidad a la que ambos iban. Los conductores empezaron a discutir sobre quién tenía la culpa, uno dijo: “fue culpa tuya por no respetar el semáforo”. Mientras que el otro le contestó: “te adelantaste y no me diste tiempo de frenar”. La gente alrededor alarmada por lo que sucedía, optó por llamar a la policía, quienes no tardaron en llegar, pero no pudieron evitar que siguieran con la discusión, porque ninguno quiso asumir su responsabilidad.

Sin duda, una de las cosas más difíciles es reconocer nuestros errores, es poco común encontrar personas que digan: “Perdón, me equivoqué”,  “Asumo la culpa”, “Me haré responsable”.

En el capítulo 43 de Génesis encontramos la historia de José y sus hermanos, y en esta ocasión quiero resaltar la actitud de Judá frente a una gran necesidad que su familia atravesaba.

Como en todo Canaán el hambre seguía aumentando, y  en vista de que el trigo que trajeron de Egipto se había acabado, Israel su padre les dijo que vuelvan a Egipto y compren más, pero al enterarse de que obtendría el grano arriesgando la vida de su hijo menor, se entristeció su corazón por temor a perderlo como lo hizo con José.

Como el gobernador les dijo antes que si ellos no iban con su hermano menor, sería mejor que no volvieran porque no les daría lo que necesitaban, Judá estaba dispuesto a asumir la responsabilidad de llevar a su pequeño hermano de regreso a Egipto, y si algo pasara en el camino, él aceptaría la culpa. Quizás esas palabras tranquilizaron a su padre que accedió a la petición de Judá.

Esta es una característica poco común en nuestra naturaleza humana, ya que por lo general optamos por culpar a los demás o nos hacemos a los de la vista gorda.

Si hoy te encuentras en una situación conflictiva donde puede que seas culpable, te animo a tomarlo con responsabilidad, que asumas lo que te corresponde porque el hacerlo no sólo es de valientes sino también denota madurez.

Por el contrario, puede que no seas culpable del hecho, pero sería importante que te dispongas a escuchar a la otra persona y llegar a un acuerdo.

 Sé muy bien que soy pecador, y sé muy bien que he pecado.  A ti, y sólo a ti te he ofendido; he hecho lo malo, en tu propia cara. Tienes toda la razón al declararme culpable; no puedo alegar que soy inocente. Tengo que admitir que soy malo de nacimiento, y que desde antes de nacer ya era un pecador.”  Salmos 51:3-5  (TLA)


Por Ruth Mamani



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¿Reconocen que eres hijo de Dios?

“Cuando las autoridades vieron la valentía con que hablaban Pedro y Juan, y se dieron cuenta de que eran hombres sin estudios ni cultura, se quedaron sorprendidos, y reconocieron que eran discípulos de Jesús.” Hechos 4:13 (DHH)

¿Alguna vez te han dicho que eres idéntico a tu papá o mamá? Si eres padre o madre, quizás te dijeron que tu hijo es igualito a ti. Tal vez has escuchado decir que ese niño o persona se parece bastante a su padre o madre. Y es que los hijos siempre seremos parecidos a nuestros padres. Muchas veces reflejaremos sus gestos y sus actitudes por el tiempo que pasamos con ellos.

Qué hermoso sería que las personas dijeran que nos parecemos a nuestro Padre Celestial, que la gente viera en nosotros la actitud de Cristo reflejada en nuestras vidas, así como vieron en Pedro y Juan. Ellos no tuvieron que decir que eran cristianos para que los demás se dieran cuenta de que eran discípulos de Jesús.

¿Qué estas reflejando a las personas que están a tu alrededor? ¿Actitudes de Jesús o cosas que no tienen nada que ver con la personalidad de Cristo?

Cada uno de nosotros tiene las mismas probabilidades de ser como Jesús. Recuerda que Dios no tiene preferidos, para Él todos somos iguales y por eso mismo nos ha dado a todos sus hijos las mismas armas para tratar de ser como Él.

Nadie puede decir que no tenemos a nuestro alcance o disposición la oración, la Biblia, el ayuno, la vigilia y tantas otras cosas que nos permiten pasar tiempos con Dios y parecernos más a Él.

La Biblia dice: “…dejen que sus buenas acciones brillen a la vista de todos, para que todos alaben a su Padre celestial.” Mateo 5:16 (NTV)

Para eso, debemos pasar tiempos con Jesús, porque si lo hacemos nuestro  carácter se parecerá más al de Él. Su poder y Gloria se reflejarán en nuestras vidas. Y las personas verán que somos diferentes al resto.

Aparta tu tiempo para estar con Jesús todos los días de tu vida.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Del orgullo…a la reconciliación

“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.” Romanos 5:10  (RVR1960)

¿Cuantas veces nos enojamos con nuestros hermanos, amigos o parientes cercanos? Seguro nos faltarían dedos en las manos para contabilizar las veces que nos enfadamos con ellos, quizá fuimos culpables o no, pero el hecho es que hubo algo que separó nuestra relación y que ahora no ha sido fácil volverla a restaurar.

La Biblia cuenta de una experiencia similar ¿Recuerdas a Jacob y Esau? Hermanos de sangre que por su egoísmo, ambición y malas decisiones se separaron a tal punto de que uno deseó  terminar con la vida del otro. Puede que no hayas llegado a pensar de la misma forma pero, quizá de tus labios haya salido la típica frase: “No quiero verlo ni en pintura” ¿Crees que es lo correcto?

En el transcurso de mi vida he tratado con todo tipo de personas, estoy segura que tú también lo hiciste, es posible que me des la razón si te digo que no es fácil coincidir con todos y menos agradarles con nuestra forma de pensar o actuar por lo diferentes que podemos ser uno del otro, así como Jacob y Esau aun siendo mellizos tenían diferencias, cuanto más nosotros lo somos con nuestros amigos y parientes. Y aunque ésa podría ser una de las razones por la que surgen pleitos, no podemos negar que cada uno de nosotros utilizamos ciertos escudos para cubrir y mantener nuestra postura y uno de los peores es el orgullo.

¿De dónde viene el orgullo?

El orgullo viene desde que satanás pecó y su corazón se enalteció; fue este mal que Dios no aceptó  y lo expulsó del paraíso para su destrucción.

Desde ese entonces, nuestra lucha diaria es con el orgullo y que lamentablemente nos lleva a no querer reconocer nuestros errores en medio de los conflictos.

Quizá en estos días has pasado por ciertos problemas con personas cercanas a ti,  de las cuales te cuesta entender su proceder y hasta te ha sido difícil perdonar.

Sin importar el problema, déjame preguntarte, ¿realmente valió la pena terminar con tu amistad? ¿en verdad fue productivo el guardar distancia con tu hermano de sangre?

La Biblia dice en Efesios 4:26 “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”

Lo que quiere decir es que no permitamos que un día se termine sin haber arreglado nuestras diferencias con los demás, no vayamos a dormir sin antes haber perdonado o pedir perdón.

Hoy quiero invitarte a dejar a un lado aquel orgullo que no te permite reconocer tus faltas y al mismo tiempo disponer tu corazón para que Dios pueda obrar en tu vida como lo ha querido hacer desde hace mucho tiempo.

No permitas que el orgullo te prohíba disfrutar de las buenas relaciones que podrías conseguir con los tuyos y principalmente con Dios.

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡De Cristo soy!

En varios países con un nuevo año comienza una nueva gestión escolar. Mi sobrino comienza el kínder, jardín o pre-escolar como se dice en otros países, lo que llamó mi atención fueron las recomendaciones que se hicieron con respecto a los materiales; por ejemplo, cada lápiz debe tener el nombre completo del pequeño para así evitar confusiones y la pérdida de sus materiales. Cada objeto que mi sobrino llevará a su kínder tendrá sus datos personales, es decir que él es el propietario.

Como seres humanos no tenemos una etiqueta que diga “Propiedad de” pero cuando aceptamos a Dios en nuestro corazón pasamos a ser de Él “y ustedes pertenecen a Cristo, y Cristo pertenece a Dios” 1 Corintios 3:23 (NTV).

¿Qué implica pertenecer a Cristo?

Significa que no somos dueños de nosotros mismos y tampoco somos del mundo en el que vivimos, somos de Cristo “Si vivimos, es para honrar al Señor, y si morimos, es para honrar al Señor. Entonces, tanto si vivimos como si morimos, pertenecemos al Señor” Romanos 14:8 (NTV).

¡Qué increíble saber que tenemos un Señor tan Majestuoso, Poderoso y Amoroso! No somos dueños de nosotros mismos pero por su amor gozamos de libertad, pero tampoco nos deja desprotegidos sino que a través de su palabra nos instruye para tomar el camino que debemos seguir si deseamos vivir con gozo, paz y plenitud.

Como somos de su propiedad gozamos de muchos privilegios, por ejemplo:

Protección, quién ama cuida y Dios tiene ese mismo trato con cada uno de nosotros “Pero en aquel día venidero, ningún arma que te ataque triunfará. Silenciarás cuanta voz se levante para acusarte. Estos beneficios los disfrutan los siervos del Señor; yo seré quien los reivindique. ¡Yo, el Señor, he hablado!” Isaías 54:17 (NTV).

Tenemos su amor que sobrepasa todo sentimiento humano, nos ama a pesar de nuestras faltas “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” Jeremías 31:3 (RVR1960).

Un nuevo comienzo, ¿Cuántos deseamos volver al pasado para tomar mejores decisiones y así disminuir o evitar las consecuencias de nuestros errores? “Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!” 2 Corintios 5:17 (NTV) Quizás sea imposible borrar tu pasado pero si puede darte una nueva oportunidad para mejorar tu presente y tu futuro.

El enemigo tratará hacerte de su propiedad o quizás ya lo haya logrado y te hizo esclavo del pecado pero recuerda que Dios es tu dueño original, único y verdadero. ¡Vuelve! Porque te está esperando para quitarte las cadenas que te atan y te lastiman.

Que tu mente, corazón y tus labios proclamen ¡De Cristo soy!

Por Judith Quisbert

 

 

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¡Da el primer paso!

Cuenta una antigua historia que cada año, con motivo de las fiestas de aniversario de su coronación, el rey de una pequeña ciudad liberaba a un prisionero. Cuando cumplió 25 años como monarca, él mismo quiso ir a la prisión acompañado de su Primer Ministro y toda la corte para decidir cuál prisionero iba a liberar.

  – Majestad – dijo el primero- yo soy inocente pues un enemigo me acusó falsamente y por eso estoy en la cárcel.

  –  A mí – añadió otro, me confundieron con un asesino pero yo jamás he matado a nadie.

  –  El juez me condenó injustamente- dijo un tercero.

Y así, todos y cada uno manifestaba al rey las razones por las que merecían la gracia de ser liberados.

Había un hombre en un rincón que no se acercaba y que, por el contrario, permanecía callado y algo distraído. Entonces, el rey le preguntó: “Tu, ¿por qué estás aquí?”

  –  Porque maté a un hombre majestad, yo soy un asesino- respondió el hombre.

  – ¿Y por qué lo mataste? – inquirió el monarca.

  –  Porque estaba muy violento en ese momento – contestó el recluso.

  –  ¿Y por qué te violentaste? – continuó el rey.

  –  Porque no tengo dominio sobre mi enojo.

Pasó un momento de silencio mientras el rey decidía a quien liberaría. Entonces tomó el cetro y dijo al asesino que acaba de interrogar: “Tú sales de la cárcel”.

  –  Pero majestad – replicó el Primer Ministro – ¿acaso no parecen más justos cualquiera de los otros?

  –  Precisamente por eso – respondió el rey – saco a este malvado de la cárcel para que no eche a perder a todos los demás que parecen tan buenos.

Muchas veces nos empeñamos en negar y ocultar nuestra falta o buscamos culpables, pero tratar de tapar tu pecado no te hará libre.

Podemos engañarnos a nosotros mismos y a los demás pero Dios conoce todo lo que pasó y por más que hayas vuelto a pecar, si te acercas a Él de corazón y le pides perdón reconociendo tu falta, Dios te perdonará, olvidará lo que hiciste y te dará una nueva oportunidad.

“Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades” Hebreos 8:12

No vivas preso de tu pecado, Dios te da la oportunidad de ser libre, ¡Da el primer paso!

 

 

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¿Libre o esclavo? ¡Tú decides!

La esclavitud es una forma de sometimiento del hombre por el mismo hombre que se practicó desde la antigüedad, pero luego de una larga lucha para acabar con la sumisión humana se logró terminar con este mal en la sociedad, por ello cada 2 de diciembre se celebra la libertad lograda a través de varios años de lucha.

Si bien la esclavitud ya no existe oficialmente y esas cadenas de metal cayeron, aún el hombre está siendo atado por el amor al dinero, la vanidad, el orgullo y todo aquello que es pecado y que anula la libertad que Dios dio al ser humano.

“Jesús contestó: —Les digo la verdad, todo el que comete pecado es esclavo del pecado” Juan 8:34 (NTV) el pecado es la peor forma de esclavitud que el ser humano puede enfrentar.

El diablo es astuto y tratará de encontrar tu debilidad para hacerte caer y ponerte las cadenas de la opresión que no sólo te paralizarán sino que poco a poco acabarán con tu vida espiritual.

Muchas son las personas que creen que gozan de una libertad plena y que por ello pueden hacer lo que quieren: consumir drogas, alcohol, ver pornografía, robar, mentir, engañar, etc. pero si analizamos la supuesta libertad que disfrutan nos damos cuenta de que son esclavos de aquello que les gusta hacer.

Es necesario examinar nuestra vida, para identificar si hay algo que nos  está haciendo esclavos, muchas veces hacemos cosas que no consideramos pecado, como ser: las excusas, las exageraciones, el hablar demás, comentar de la vida ajena etc. pero si analizamos bien este tipo de acciones son pecado y por ende somos prisioneros, por ello al igual que el rey David debemos pedir a Dios que nos examine, “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan. Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna” Salmos 139:23-24 (NTV).

¿Hay algo que te tiene atrapado y no puedes dejar de hacer?

Solamente hay una esperanza para aquel que está viviendo en esclavitud, ¡Jesús!  Pues él nos rescató del reino de la oscuridad y nos trasladó al reino de su Hijo amado” Colosenses 1:13 (NTV).

Si quieres que las cadenas que te oprimen se rompan o que se abran las puertas de la prisión en que te encuentras, debes buscar sinceramente a Jesús (…) Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad” Lucas 4:18 (NTV).

Por Judith Quisbert.

 

 

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Dios, ¿por qué a mí?

Arthur Ashe, fue un gran tenista afroamericano nacido en 1943, en Virginia, Estados Unidos.

Ashe se convirtió en una leyenda del tenis profesional. En 1963 fue el primer jugador afroamericano en formar parte de un equipo estadounidense de Copa Davis; en 1968 ganó el Abierto de los Estados Unidos (su primer Grand Slam) y llevó al equipo norteamericano a consagrarse campeón de Copa Davis; en 1970 obtuvo su segundo Grand Slam, al ganar el Abierto de Australia; y en 1975 ganó el título en Wimbledon.

Además de estos y otros éxitos en el tenis, Arthur Ashe fue un gran luchador contra las políticas de segregación racial en Sudáfrica, debido a que en 1969 le fue negada una visa de parte del gobierno sudafricano por ser negro.

Pero su prueba más difícil la enfrentó en 1988 cuando un examen reveló que había contraído el VIH (Sida) por unas transfusiones de sangre que recibió a raíz de una operación de corazón abierto.

Al ser una importante figura pública en el ámbito deportivo norteamericano, recibió grandes cantidades de cartas de todo su país. En uno de los mensajes un fan le dijo: ¿Por qué Dios tuvo que seleccionarte a ti para tan fea enfermedad?

Arthur Ashe respondió:- En el mundo hay 50 millones de niños que comienzan a jugar al tenis, 5 millones aprenden a jugarlo, 500.000 alcanzas un nivel profesional, 50.000 entran al circuito profesional, 5.000 logran jugar en torneos importantes, 50 llegan a Wimbledon, 4 a las semifinales y 2 a la final. Cuando yo estaba levantando la copa nunca pregunté: “Dios, ¿por qué a mí?” Y hoy con mi enfermedad y mi dolor tampoco preguntaré: “Dios, ¿por qué a mí?”

Generalmente los seres humanos nos dedicamos a culpar e interrogar a Dios por nuestras desventuras, por las cosas que salieron mal, por una enfermedad, la pérdida de un empleo, la partida de un ser querido, la traición de un ser amado, por los problemas económicos y muchas cosas más. Pero cuando estamos siendo bendecidos, cuando recibimos un reconocimiento, estamos rodeados de gente que nos ama, cuando podemos despertar y gozamos de salud o cuando hemos alcanzado un gran éxito no le preguntamos a Dios ¿Por qué a mí? Es más, pensamos que es algo merecido, que tenemos mucho mérito y  que Él tenía la obligación de bendecirnos

Este gran tenista nos deja una lección muy valiosa, porque no sólo se trata de interrogar a Dios cuando algo malo nos sucede, ni que nos acordemos de Él sólo en las tribulaciones, sino que debemos ser agradecidos en todo tiempo, reconocer que si hemos recibido cosas buenas son por su gracia.

“dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” Efesios 5:20

Da gracias a Dios siempre y confía en sus planes perfectos, que si Él permite una prueba es porque tienen un gran plan para tu vida.

 

 

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¿Caíste? ¡Levántate!

El rey David a pesar de ser un hombre elegido por Dios para gobernar Israel, cayó en pecado y le falló a Dios.

El discípulo Pedro, estuvo junto a Jesús durante el desarrollo de su ministerio, pero llegó a negarlo y lo desconoció.

¿Le has fallado a Dios?

Como hijos de Dios somos el blanco perfecto para el enemigo y cuando logra su objetivo destruye la comunión con el Padre, el testimonio personal y todo lo que hemos trabajado en nuestra vida de creyente.

Hoy muchas personas viven apartadas de Dios, de la fe y de la iglesia porque el enemigo destruyó sus vidas y tomaron la decisión de no volver a ponerse de pie.

“Esto responde el Señor: —Si regresas a mí te restauraré para que puedas continuar sirviéndome. (…)” Jeremías 15:19 (NTV).

Dios, a través de su hijo en esa cruz, abrió la puerta para que el caído pueda volver, si es tu caso entonces es tiempo de levantarte:

Reconoce tu error, así como el rey David lo hizo, “Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí” Salmos 51:3

Acepta la compasión de Dios y perdónate a ti mismo, “Purifícame de mis pecados, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve” Salmos 51:7

Tanto Pedro como David le fallaron a Dios pero experimentaron el perdón y volvieron a servir y cumplieron su propósito de vida en la tierra.

No vivas con culpa y en medio de la vergüenza, LEVÁNTATE y corre a la cruz porqué allí es donde serás limpiado y restaurado.

¡Oh Señor, eres tan bueno, estás tan dispuesto a perdonar, tan lleno de amor inagotable para los que piden tu ayuda!” Salmos 86:5 (NTV)

Por Judith Quisbert

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¿Este es mi lugar?

“Hay distintas clases de dones espirituales, pero el mismo Espíritu es la fuente de todos ellos. Hay distintas formas de servir, pero todos servimos al mismo Señor. Dios trabaja de maneras diferentes, pero es el mismo Dios quien hace la obra en todos nosotros. 1 Corintios 12:4-6 (NTV).

Por mucho tiempo me había preguntado en qué área o Departamento de la Iglesia debería servirle a Dios. Era muy joven para entender mi lugar y empecé a probar en lo que creía que podría hacer, a medida que pasaba el tiempo iba descartando todo, porque en realidad estaba pensando en mí y jamás se me pasó por la mente preguntarle a Dios lo que Él quería que yo haga.

La iglesia en conjunto es el cuerpo de Cristo; unos podemos ser los brazos que están dispuestos a poner la mano de obra, o los pies, saliendo de nuestra comodidad para llevar la palabra de Dios por los confines de la tierra, otro podemos ser los oídos que con tanta paciencia escuchan a aquellos que necesitan de un consejo, etc. Pero debemos entender que cada uno tiene un lugar específico en la iglesia y de la  misma forma una responsabilidad que la persona que está a tu lado no desempeñaría como lo harías tú.

Una oreja no puede respirar, así como la nariz no puede escuchar. El estómago no se hizo para pensar así como la cabeza no procesa alimentos. La espalda no puede ver, sino los ojos. De la misma manera cada creyente debe encontrar su lugar en el cuerpo de Cristo para así no interferir con su funcionamiento.

Si en estos días te has cansado de dar vueltas en el mismo lugar pensando en lo que podrías hacer por el Señor, quiero darte una pauta muy importante: Lo primero que debes hacer es  reconocer que es Dios quien te creó y conoce bien cómo y dónde funcionas mejor.

¿Te imaginas los ladridos de un gato? Tal vez sí, pero esto sólo existe en nuestra imaginación porque no hay gatos que ladren, son los perros que lo hacen muy bien, porque fueron creados de esa forma. Así también, Dios te hizo alguien especial con dones que tal vez aun no has descubierto.

Los dones espirituales son herramientas dadas por el Padre en concordancia con su plan divino (1 Corintios 12:28-31, Romanos 12:6-8). Por lo que sólo en su voluntad se tendrá éxito. Sería lo equivalente a que una flecha dé en el blanco.

Los principales dones espirituales son palabra de sabiduría, discernimiento de espíritus, don de lenguas, don de Interpretación de lenguas, donde Profecía, dones de Sanidades, don de hacer milagros y don de fe. Y dependiendo del don o dones que se hayan recibido del Espíritu Santo será la función del creyente en el cuerpo y su misión en la tierra.

Te animo a buscar en oración el propósito de Dios para tu vida y si en verdad quieres cumplir tu misión acá en la tierra, solamente debes pedirle a Dios con toda fe y sinceridad de tu corazón lo que Él desea que hagas, clama para que pueda derramar sus dones sobre ti, porque sin duda Él te los dará.

Si últimamente te has sentido como un ojo que no ve, quizá no estés en el lugar correcto. O si dentro de ti hay un fuego que no sabes cómo apagarlo, pide dirección al Señor para que active en ti lo que te ha dado. Pero jamás intentes ser alguien que no eres, no trates de encajar en un ministerio que te beneficie a ti solamente, pues poner en obra los dones dados por Dios es para la edificación de la iglesia, no cometas este error y encuentra el lugar que el Señor te ha dado.

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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