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Irse y regresar

Me he querido ir varias veces. Y siempre, de un modo u otro, he debido regresar. Por un tiempo viví mi exilio voluntario en una cabaña. He aquí lo que pasó:

Vuelvo a ver la cabaña. Conserva ese aire único que tuvo desde el principio. Me acerco a través del pasto descuidado y los cardos crecidos. Al frente don Pascual sembró esta vez gladiolos; algunos destellos rojos en medio de la maleza me recuerdan, de un modo imperfecto sin duda, las amapolas en el trigo de Pablo Neruda.

El mundo de ayer se agita en su sueño patinado de polvo y telarañas. Quiero abrir alguna ventana pero los rieles de madera están atascados. Un polvo de años empaña los vidrios y el aire adentro tiene ese olor oxidado del tiempo y la soledad. El viejo sofá, unos pisos altos, las sillas con asiento de estera, una vieja alfombra manchada y los recuerdos que se desperezan de su dejadez.

Sentado frente al ventanal sucio se ve que la tarde ya no tiene más que hacer por hoy y se retira sin hacer ruido. Unos últimos chispazos de sol se entreveran con el follaje de los álamos y al cabo de una hora la penumbra ya ha disuelto todo y no quedan más que siluetas en la oscuridad.

Hubo una vez allí aroma de Flaño y rumor de palabras. Todavía la esperanza tenía sentido y valor. La ropa limpia doblada en las repisas, el café, la cama tendida y la soledad, que entonces era un blasón, una enseña irreverente y desafiante. El proyecto suponía posible el vigor creativo. Frente a la ventana del dormitorio estaba el escritorio y fluían las ideas al amor de la música y los sueños.

Una noche de mayo el cielo se vino abajo y por todas partes llovió el desastre, la tormenta brutal. Hubo goteras inmensas en medio de la sala y el corazón se anegó en estúpidas lágrimas. Es peligroso ser pobre y viejo. En este mundo no hay segunda oportunidad para los desertores del sistema. Sin seguro médico y habiendo dejado de cotizar para el retiro no era posible la ilusión de la libertad definitiva.

Hubo que irse y regresar a la galera y los dictados institucionales. Con la valijita negra, el cuadrito con la leyenda “Mi mundo privado” y la mochila de cuero hubo que abandonar, tal vez para siempre, la cabaña…

Lo que pasó en tu niñez influye en quién eres hoy

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

–Association for Psychological Science. (2011). Change in Mother’s Mental State Can Influence Her Baby’s Development Before and After Birth. Recuperado el 1 de marzo de 2019, de https://www.psychologicalscience.org/news/releases/a-fetus-can-sense-moms-psychological-state.html
–Kibbe, M. M., & Leslie, A. M. (2011). What Do Infants Remember When They Forget? Location and Identity in 6-Month-Olds’ Memory for Objects. Psychological Science, 22(12), 1500-1505. doi:10.1177/0956797611420165
–Simpson, J. A., Collins, W. A., & Salvatore, J. E. (2011). The Impact of Early Interpersonal Experience on Adult Romantic Relationship Functioning: Recent findings from the Minnesota Longitudinal Study of Risk and Adaptation. Current Directions in Psychological Science, 20, 355-359.
–Simpson, J. A., Collins, W. A., Salvatore, J. E., & Sung, S. (2014). The Impact of Early Interpersonal Experience on Adult Romantic Relationship Functioning: In M. Mikulincer & P. R. Shaver (Eds.) Mechanisms of social connection: From brain to group, (pp. 221-234). Washington, DC: American Psychological Association.
–Simpson, J. A., Collins, W. A., Tran, S., & Haydon, K. C. (2007). Attachment and the experience and expression of emotions in adult romantic relationships: A developmental perspective. Journal of Personality and Social Psychology, 92, 355-367.

Historias para armar

Aeropuerto de Nueva York. 1991. Espera. Boletos usados al cesto de la basura. Vuelo transatlántico. Regreso. Boletos sin usar para vuelos internos. No están. Los tiraste!

Espera. Hotel de segunda. Cuarto barato. Cortinas de cretona. La tarde. La lluvia. Las cinco. Ya no vino. El fin de la historia. Check-out.

El perro. Las cinco de la mañana. Ladridos lastimeros. Por favor, señora! Pero no digo nada. Espero cinco minutos. Silencio. Qué lata. Cómo volver a dormir.

Los helechos. 1967. Cuesta Los Añiques. La mañana después de la tormenta. El sol. Las gotas de lluvia. Arco iris en los helechos. La vida toda disponible.

Intriga internacional. 1959.  Seis años. Cartagena. El cine por primera vez. Título original: North by Northwest. Cary Grant. Eva Marie Saint. Asombro infinito.

La poza de la gruta. Cajón del Maipo. Los años verde agua. La cascada. El pozo profundo bajo la gruta. Todo era posible.

Licán Ray. El lago. El viento y las olas. El campamento de jóvenes. La tertulia nocturna. El hombre verde. La niebla sobre los cerros.

La tormenta. Villa María. El calor y la humedad. El granizo. Diluvio de proporciones bíblicas. La calle inundada. La fresca resaca. La paz.

……………………

Vejez. La orgánica del cuerpo que se desestructura implacable. Los anuncios soterrados del sistema que acusa incipientes fallas. El progresivo retorno a la tierra. Repentinas asincronías de la relojería del corazón. 

La habitación. Le embargaba la tentación de huir, de seguir pretendiendo que esa habitación sólo existía en su imaginación. Pero era el tiempo de volver a entrar y enfrentar lo que fuera que hubiera allí.

……………………

Cumpleaños. Historias sin fin. Memorias repetidas hasta el hartazgo. Olvidos perdonables. Recuerdos imperdonables. El cuerpo y la mente, ese gran divorcio. La primera ley de la termodinámica como consuelo de tontos.

Instituciones. El vasallaje de la mente. El control del tiempo. La presión sobre el bolsillo. El dominio de la nomenclatura. Genuflexiones y besamanos. Aquí se hace lo que dice el jefe.

Noche. La pregunta como martillo constante. El miedo. Las horas en blanco. Ir al baño. Los sueños con argumentos de película de suspenso, volar, la ropa que falta en público, los dientes que se deshacen.

El tiempo y el destino

Es niebla y sombra el porvenir / Sólo hay recuerdo en la añoranza / La vida vuelve a sonreír / Que recordar es revivir / Que el tiempo y el destino / Detengan su camino / Y aquel cariño al evocar / Podrá un instante eternizar

(El tiempo se detiene, canción de Salvatore Adamo)

Esta y otras canciones de Salvatore Adamo acompañaron nuestros sueños románticos de la adolescencia a fines de los sesenta y comienzos de los setenta. No les voy a infligir (al menos hoy) mis recuerdos porque ustedes sin duda que tienen los suyos y deben ser, como todos, un poco de dulce y un poco de agraz.

Lo que me convoca hoy es la frase Que el tiempo y el destino detengan su camino. Desde los comienzos del andar humano por este mundo nos ha intrigado el arcano del tiempo y su posteridad, el destino; una buena frase para armar un cuento: El tiempo y su posteridad, el destino.

¿Qué es el tiempo? ¿Es una idea o una cosa? ¿Existe efectivamente o nosotros lo inventamos para poder armar la crónica de nuestro viaje? Recordar, nos dicen, es volver a pasar por el corazón. Los antiguos, los muy antiguos digamos, no tenían conocimiento del cerebro ni de que allí se alojara nuestra conciencia; para ellos todo pasaba por el pecho y las entrañas. ¿Y no será que también lo armamos al tiempo para proyectar hacia alguna parte nuestros sueños y deseos?

Otra gente nos dice que el pasado no existe – es sólo memoria; que el futuro tampoco – es sólo ilusión. Que existe sólo el instante. Que las primeras palabras de este texto ya no son una cosa sino apenas un dato abstracto.

Pero nos fascina la idea de que antes de ahora y después hay algo concreto, algo existente que es nuestra historia para atrás y nuestra posibilidad para adelante. ¿Quién no ha soñado con la máquina del tiempo? Charles Dickens hizo un cuento maravilloso con esta idea haciendo viajar al viejo Ebenezer Scrooge por su pasado y por su futuro.

Lo concreto es que exista el tiempo o no, el cuerpo y la mente nos convocan continuamente a recordar esa sentencia de Pablo Neruda: La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. / Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

El cuerpo y las neuronas no mienten. Tan fieles que son…

La caja de los recuerdos

Hace algún tiempo tuve que mudarme de casa de mis padres, pues estaba iniciando mi propio hogar. Mientras recogía y seleccionaba las cosas que llevaría conmigo, las que guardaría y las que iba desechar encontré una pequeña cajita de zapatos que estaba llena de tarjetas, cartas, fotos y todo aquello que durante años había guardado porque tenía un valor especial para mí.

Al revisar esa caja, volvía recordar sucesos importantes durante mi tiempo en el colegio y en la universidad,  reviví esos tiempos y experiencias.

Pero en la vida cristiana no es recomendable tener una caja de recuerdos porque podrían convertirse en un verdugo que hiere, atrapa y puede llegar a matar.

Cuando llegamos a Cristo lo hacemos con un pasado (vergonzoso, doloroso, desastroso, etc.) pero cuando Dios  interviene marca un antes y un después en nuestras vidas y nos dice: “…Ya no recuerdes el ayer, no pienses más en cosas del pasado.” Isaías 43:18 (DHH).

Quizás hasta este momento has estado llevando esa caja de recuerdos llena de malas experiencias, momentos dolorosos o tiempos vergonzosos y eso te atormenta tanto que te ha impedido avanzar y peor aún te ha alejado tanto de Dios que hoy estás perdido y no ves una oportunidad de retorno o salida.

Hoy quiero recordarte esta verdad: ¡En Dios existen los nuevos comienzos!

Así es, tienes la oportunidad de tener un nuevo inicio, pero antes debes soltar esa caja de los malos recuerdos porque Dios quiere darte nuevas experiencias maravillosas. Fija tu mirada en lo que está delante “No, amados hermanos, no lo he logrado, pero me concentro únicamente en esto: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante,…” Filipenses 3:13-14 (NTV).

No recuerdes el pasado, mejor espera ver las maravillas que Dios puede hacer en tu vida.

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Tu primer recuerdo podría ser una mentira…

La mayoría de personas pueden evocar sus años de infancia; sin embargo, la memoria a veces nos juega una mala pasada y los recuerdos se hacen cada vez más difusos. La Dra. Julia Shaw afirma que todos nuestros recuerdos son, en realidad, una ilusión porque nuestra memoria puede ser manipulada. Esto ha sido confirmado por un reciente estudio publicado en la revista Psychological Science*, en donde se sostiene que los recuerdos de casi la mitad de la población son ficticios.

Un grupo de investigadores estudiaron a 6641 personas, de las cuales el 38.6% aseguraron tener recuerdos de los 2 años o menos, mientras que 893 dijeron recordar cuando tenían menos de un año. En promedio, los investigadores creen que los recuerdos de los adultos tienen es a partir de los tres o tres años y medio de edad; por lo cual, las respuestas de estas personas los sorprendieron.

A los participantes de esta investigación se les pidió contar su primer recuerdo que no estuviera basado en una historia familiar ni fotografías. Los científicos analizaron el lenguaje y otros detalles de los supuestos recuerdos y descubrieron que los recuerdos del 40% de las personas es mentira. Los autores sugieren que esos recuerdos ficticios se forman en base de lo que otros dicen que ocurrió, ya sea a través de anécdotas y conversaciones familiares, videos o fotografías. Con el tiempo, toda esa información recopilada se forma en un recuerdo que las personas creen que es una experiencia propia. El profesor Martin Conway, Director del Centre for Memory and Law at City, en la Universidad de Londres y co-author de la investigación manifestó que “cuando a las personas se les dice que sus recuerdos son falsos, a menudo no lo creen. Esto en parte debido al hecho de que los sistemas que nos permiten recordar cosas son muy complejos, y no es hasta que tenemos cinco o seis años que formamos recuerdos parecidos a los adultos, debido a la forma en que se desarrolla el cerebro y debido a nuestra comprensión madura del mundo.”

Por otra parte, es importante señalar que otros factores importantes intervienen en la memoria. Por ejemplo, ha sido comprobado que los eventos traumáticos o extremadamente dolorosos pueden ser bloqueados por el cerebro para proteger la integridad del individuo. Por lo tanto, no se debe tener en poco las primeras vivencias de un niño y la manera en que se desarrolla con su entorno.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

*Akhtar, S., Justice, L., Morrison, C., & Conway, M. (2018). Fictional First Memories. Psychological Science, 095679761877883. doi: 10.1177/0956797618778831

Solía

Solía – pretérito imperfecto de soler.

Soler – verbo intransitivo. 1. tener costumbre de hacer una cosa; 2. señala que algo es habitual en una persona.

Había nacido con un impulso innato a la desobediencia. El tiempo le enseñaría que la desobediencia implícitamente escondía la violencia del sometimiento. Lo había sentido en su uniforme de colegio, en su adoctrinamiento religioso, en las interminables horas de banco colegial mientras miraba por la ventana el movimiento de las hojas de los árboles y el volar de los pájaros.

(Francis Mallman, Sueños de libertad desde el impulso de la desobediencia, Revista La Nación)

Solía dormirme en cualquier lugar, a cualquier hora, cuando recorríamos el país en camión con el primo Germán; debajo del remolque, sobre unos sacos tibios de cemento, bajo la sombra de los eucaliptus en el verano ardiente de Casablanca.

Solía acumular recuerdos hermosos del lago Villarrica, de las alturas de Trafún, de la profesora de francés, de unos besos vertiginosos en la costanera del río Calle Calle, de las fiestas de toque a toque en tiempos de la dictadura.

Solía escribir poemas, preguntas, angustias, descubrimientos, ansiedades, asombros y perplejidades en pequeños archivadores negros de Rhein con hojas blancas de renglones menudos. Escribía en buses, aviones, cafés, en la plaza de la Constitución.

Solía ir al cine a media mañana, a tomar un cortado en el Haití, a comprar un libro en la Editorial Universitaria y esconder o tirar los comprobantes porque, “¿Cómo puedes gastar plata en cosas que no son prioritarias?”

Solía aspirar profundamente el aire de las mañanas frías de junio o dejar que se mojara la cara con la lluvia porque me parecía que me limpiaba el alma de mis oscuridades y secretos inconfesables.

Solía pensar que el amor era una cosa esplendorosa, un viaje imaginario a la tierra de los encantos, una emoción compartida, un descubrimiento constante, un romántico estado de bienestar hasta que “me voy, me voy, que a mi tren nocturno no se suba el amor; quédese en el andén con un abultado equipaje de abalorios y querellas.

Solía experimentar un entusiasmo enorme, un optimismo desbordante, un sueño infatigable, una esperanza redoblada, un cuerpo ágil, un corazón generoso, una curiosidad insaciable, una ingenuidad rayana en la estupidez, una confianza desmesurada.

Poco a poquito se fue destiñendo todo y así, hasta que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota en el pozo…

¡Tenemos una celebración!

A veces es mejor evitar algunos recuerdos debido a que nos impiden seguir adelante,  por ejemplo, cuando se termina una relación o se sufre la pérdida de un ser querido. No obstante, es primordial acordarse de eventos que nos motiven a esforzarnos y ser mejores, como el aniversario de boda, el día que hemos culminado nuestra profesión o alcanzado una meta.

Así mismo Jesucristo se acuerda de nosotros. La palabra de Dios dice:

“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros. Isaías 49:15-16 (RVR 1960)

Aunque tus padres se hayan olvidado de ti, o por el contrario tus hijos, aquellos por los cuales te has sacrificado y los has visto crecer, el Señor no te olvida. La pregunta que puedes hacerte es: ¿cómo hace Dios para no olvidarse de mí?

Este pasaje de la Biblia muestra una declaración hermosa para aquellos que consideran que han sido olvidados por Cristo, y dice: ¿Cómo podría haberte olvidado si en las palmas de las manos te tengo gravada (o)? Que gratificante es tener conocimiento que el Señor te ha esculpido y no en un lugar oculto, sino en uno visible: en sus manos.

 “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio”. 2 Timoteo 2:8 (RVR 1960)

Tal como Jesús se acuerda de nosotros, pide que nos acordemos de Él y lo podemos hacer al observar la naturaleza que ha creado cuando nos levantamos, los milagros o bendiciones recibidas que nos impulsan a confiar, la protección y el cuidado que nos ha brindado hasta este momento.

Otro factor, son las fiestas que se aproximan a fin de año, como la “Navidad”. Si bien tenemos conocimiento que Jesús no nació la fecha exacta del 25 de diciembre, es una época en el que la mayoría de las personas recuerda su nacimiento, por tanto, en lugar de debatir sobre el día exacto en el que vino al mundo, te animo a recordarlo junto a tu familia y darle gracias por todo lo que hizo por ti.

¡Recuerda que tenemos algo importante que celebrar!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Él borrará tus pecados

“Yo, sí, yo solo, borraré tus pecados por amor a mí mismo y nunca volveré a pensar en ellos.” Isaías 43:25 (NTV)

Si tuvieras la oportunidad de volver al pasado ¿Qué te gustaría cambiar? Tal vez mucho o tal vez poco. Pero lo cierto es que a lo largo de nuestras vidas hemos cometido errores que tarde o temprano debemos asumirlos. Si hoy vives atormentado por los recuerdos de tu mal proceder, confiesa tus pecados y ten la certeza de que Dios te perdonará. Ya no vivas atado a tu pasado y permite que el experto transforme las cosas malas en buenas y verás cómo todo lo dañado comenzará una nueva vida con Él.

Por Rut Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Friday’s blues

La loción Occitaine de lavanda evoca algo de la Atkinson’s que desapareció sin que yo, hasta hoy, sepa por qué. Era un adolescente cuando en Cien años de soledad me enteré que Pietro Crespi, el eterno amante de Amaranta Buendía, usaba perfume de lavanda. Ese aroma resume el reencuentro con los contados espacios agradables que hay en la mayoría de mis recuerdos de aquella etapa – la adolescencia, ese pasajero pero inolvidable dolor que hay entre la infancia y las inexorables demandas de la mentada y – hartas veces – esquiva madurez.
El silencio de los viejos cafés que había en algunos rincones de Santiago (de Chile) hoy son nada más una memoria virtual. Un horda de tipos y tipas con grandes “ocupaciones” los han invadido interrumpiendo todo con sus conversaciones telefónicas a los gritos, sus negocios y chismes más que audibles en la mesa de al lado, la música tecno y televisores encendidos. Han liquidado, para siempre por lo que se presume, la paz que uno buscaba a esa hora indispensable al comenzar el día o al caer la tarde. Mataron sin transición alguna la silenciosa pronunciación del café cortado, la lectura o los modestos ensayos literarios en algún cuaderno o servilleta.
Y entonces la rutina, rosario de horas y trámites que repta entre la primera luz y el inmenso boquerón de la noche. La absoluta y proverbial necesidad de “ganarse” la vida – porque la vida ya no es más don divino ni regalo cósmico sino apenas un departamento alquilado en el centro de la ciudad, algo de ropa, tres comidas diarias y alguno que otro vicio de la existencia.
“Agradece que tenís un trabajo”, me repica en la cabeza el agudo martinete de la conciencia. Así que no queda más que inclinarse ante el peso de la evidencia, aunque no más sea circunstancial. Le informo diligentemente a mis modos habituales que no hay lugar para melancolías aburridas y agarro las de Villadiego… Al menos hasta el próximo lunes.
La foto del perro es pura coincidencia. La tomé una tarde de domingo en la ciudad.
(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Recuerdos del futuro

(Divertimento lateral)

Efectivamente nos fuimos quedando más solos. Había alrededor nuestro gente que nos quería y que nos cuidaba pero nuestro mundo se fue reduciendo a los recuerdos, a las palabras que todavía era posible escribir con mano cada vez más temblorosa. Las imágenes que poblaban nuestra mente no era posible codificarlas de tal modo que fueran entendidas, tan lejanas estaban de los tiempos que corrían.
Efectivamente los grandes señores no eran tan grandes después de todo. Como se decía desde tiempos inmemoriales en todas partes se cuecen habas, nadie es perfecto, el que piensa estar firme mire que no caiga, a todos les llega su hora, no hay nada oculto que no haya de ser manifestado. Entonces se abrieron los libros y las cosas no eran tan brillantes y los juicios más inesperados tuvieron lugar y los que eran resultó que no eran y los que no eran fueron reconocidos como que eran y así sucesivamente.
Efectivamente las palabras se redujeron a fonemas de dos sílabas y a abreviaturas más inverosímiles aún, los libros fueron destinados a los museos del pasado y a los chicos les causó una risa enorme que fueran tan físicos los libros y que contuvieran ideas tan largas para decir lo mismo que ahora se codificaba en la nube y se descifraba en nanosegundos directamente en las neuronas.
Efectivamente los atardeceres fueron archivados como resabios del gusto burgués de los antiguos, inútiles por definición y retrógrados por antonomasia. Salir al campo se consideró una absoluta pérdida de tiempo considerando que los apartamentos tenían todos los sonidos, los olores, los paisajes virtuales y las cámaras de ejercicio necesarias para el completo desarrollo de los cuerpos humanos.
Efectivamente todas las expresiones de lo que los antiguos llamaban amor fueron clasificadas como manifestaciones espontáneas del Gran Simpático que a partir del advenimiento de los clones sustitutos fueron controladas por el Gran Hermano. Los poemas, novelas, películas y canciones relativas al tema se convirtieron en archivos digitales y se colocaron en la sección Metafísica del Museo de la Curiosidad Análoga.
O, por el contrario…
Efectivamente todo se pudrió – como dicen los argentinos -, estallaron treinta mil bombas atómicas, sólo quedaron hoyos inmensos y los sobrevivientes huyeron a la Gran Nada, más allá de los desiertos, se escondieron en cavernas y alturas inconcebibles y esperaron a que empezara todo de nuevo o finalmente se extinguiera toda posibilidad.
Pesadillas de las tres de la mañana…

En pocas palabras

De todas las edades posibles quizá termine prefiriendo la que no he vivido aún. Con el tiempo la vida ya casi cabe en una valija. Siempre hay buenas ofertas en la ropa americana. Los libros que no voy a escribir los voy a donar a la biblioteca de Nunca Jamás. Ya regalé mis antiguos trajes y todas mis corbatas excepto la que me regaló Moisés Toirac hace veinticinco años.
Transité la poca distancia que hay de tarde en tarde a de nunca en nunca. Es posible que valga más nunca que tarde. El rey David ya no canta las mañanitas. El cartero ya no llama ni una vez. Cerrado por derribo. Devuélvase al remitente.
Toda la música que escucho no es más que notas al pie de Samba pa ti. De los libros, vuelvo siempre a Las Islas. De los discursos e importantes materias, casi nada. Los errores enseñan algo: no te metas. El amor, inexorablemente, pasa la factura. “Pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres”: la vida tal cual. De las películas quedan Orgullo y Prejuicio, El Muro (Pink Floyd) y La Ladrona de Libros. De los lugares, lejos primera opción, la vieja cuesta de Los Añiques y Pucura Alto en la Araucanía.
Algunas luces todavía brillan adentro y prolongan por un tiempo las posibilidades. Persiste la distancia entre el pensamiento lateral y la gestión de las instituciones. Sigo oyendo historias de desencuentros entre el discurso y la realidad. A veces ya no es posible saber qué es ficción y qué es realidad. Nos acosa una suerte de esquizofrenia socioespiritual.
No queda más que reparar las trizaduras del alma con cinta adhesiva de embalaje. Cuando no hay más ganas se deben reponer con sopa de pollo. Hay que encender un quinqué en el muro de la memoria para ordenar los recuerdos. Como dijo una escritora mendocina, hay que dejar de sobarle la espalda a la tristeza y abrazarla, despedirla cariñosamente y dejar que se vaya por un tiempo para que regrese fresquita y renovada algún tiempo después.
Algunas cosas quedan, supongo, pero la mayoría se diluyen en la intensa actividad
La insistencia se impacienta en los recovecos de la red. Atenta está la bronca del silencio. No se molesten, gracias. La noche sigue teniendo fatigas.

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