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¿Oras con fe? 1

¿Oras con fe?

“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.” Marcos 11: 23-24 (RVR1960)

¿Cuantas veces nos hemos desesperado al no ver venir la repuesta a nuestras oraciones? Quizá te hayas cansado de clamar y clamar sin ver resultados,  pero… ¿Te has preguntado cómo has estado orando? O tal vez la cuestión se torne diferente: ¿Has añadido fe a tus oraciones?  Porque debes saber que Dios no hace oídos sordos a las súplicas de sus hijos. Como un padre celestial, Él nos protege, provee, guía y cuida de nosotros. Sin duda, podemos confiar en Él y decirle al monte que se quite y eche al mar y así será hecho.

 

Por Ruth Mamani

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Acepta el “NO” de Dios 2

Acepta el “NO” de Dios

“(…) nada bueno niega a los que andan en integridad” salmo 84:11 (LBLA)

Como seres humanos nos es difícil asimilar un no departe de Dios. Podemos hacer grandes planes en nuestras vidas y presentársela en sus manos con la esperanza de que todo lo que le pidamos terminará en un rotundo sí, pero olvidamos que Sus pensamientos son más altos que los nuestros y que un no por respuesta, también puede resultar saludable para nuestras vidas. ¿Cuál es tu reacción cuando Dios te dice no a una petición? ¿Lo aceptas? ¿Sabías que el resultado de no obedecer el no del Señor es la derrota? Si en verdad deseas que tus pasos sean guiados por tu padre celestial, escucha Su voz y acepta Su respuesta aun cuando esta fuera negativa o contraria a tus planes. Recuerda que Él nunca se equivoca y aunque quizás al principio no lo veas, puedes estar seguro que la voluntad de Dios para tu vida es buena, agradable y perfecta.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

En respuesta a tu fe… 3

En respuesta a tu fe…

“cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto.” Marcos 5:27 (RVR1960)

Quizá no hay datos de la vida de esta mujer, pero la Biblia se refiere a ella como “la mujer que padecía del flujo de sangre”, considerada inmunda a tal punto que todo lo que tocaba se convertía en impuro, restringida para entrar al templo, socialmente aislada y físicamente agotada, porque parecía que su problema no tenía fecha de vencimiento.

¿Alguna atravesaste por alguna situación que pareciera no tener fin?

Los problemas de larga duración nos consumen y eso es justamente lo que pasó con esta mujer; doce años con el mismo problema, soportando la indiferencia de la gente, y aparentemente resignada a sufrir su enfermedad en silencio.

¿Cómo te sentirías si estando en una situación conflictiva intentas de una y otra forma salir de ella, pero todo lo que haces termina en fracaso?

La Biblia menciona que esta mujer incluso gastó todo lo que tenía en los médicos para salir de su problema, pero al acercarse a Jesús con un corazón lleno de fe, y sabiendo que era lo último que le quedaba por hacer, pudo experimentar la sanidad física e interna.

Tal vez no padezcas de la enfermedad de esta mujer, pero puede ser  que tu necesidad tenga el nombre de enfermedad, crisis matrimonial, familiar, ministerial, y aún de problemas económicos; y si de verdad deseas experimentar un milagro en tu vida o a la situación que atraviesas, debes empezar por doblar tus rodillas y no luchar sólo  en tus fuerzas.

En el momento que vienen las dificultades nuestra fe se pone a prueba, y muchas veces creemos que el problema es más grande que Dios cuando en realidad es todo lo contrario.

No importa la situación en la que te encuentres hoy, sino en quién pones tu confianza, porque a la medida de tu fe, Él responderá.

Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye. 1 Juan 5:14 (NVI).

Por Ruth Mamani

 

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¿En quién está tu confianza? 4

¿En quién está tu confianza?

Un hombre se fracturó una pierna mientras jugaba fútbol, como no podía caminar su familia decidió llevarlo a un curandero quien, como parte de su tratamiento, se paró sobre él y lo pisoteó. A pesar de los gritos de dolor nadie hizo nada para socorrerlo puesto que pensaron que era necesario.

Lo triste es que el hombre quedó peor que antes y terminaron poniéndole tornillos porque sus huesos estaban totalmente rotos. Lamentablemente ellos pusieron su confianza en alguien equivocado.

En la historia conocemos un caso similar, la palabra de Dios dice:

“… Ocozías cayó por la ventana de una sala de la casa que tenía en Samaria; y estando enfermo, envió mensajeros, y les dijo: Id y consultad a Baal-zebub dios de Ecrón, si he de sanar de esta mi enfermedad.

Entonces el ángel de Jehová habló a Elías tisbita, diciendo: Levántate, y sube a encontrarte con los mensajeros del rey de Samaria, y diles: ¿No hay Dios en Israel, que vais a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? Por tanto, así ha dicho Jehová: Del lecho en que estás no te levantarás, sino que ciertamente morirás. Y Elías se fue.” 2 Reyes 1:2-4 (RVR 1960)

El Rey Ocozías se había caído de la ventana de su casa, como estaba mal envió a sus mensajeros para consultar sobre su recuperación a un ídolo llamado Baal–zebub. La consecuencia de olvidar a Dios fue terrible, puesto que el Señor le dijo por medio del profeta Elías que no se volvería a levantar, sino que su vida llegaría a su fin.

Cuando enfrentas problemas, ¿a quién acudes? Las preocupaciones pueden inclinarte a tomar decisiones equivocadas que van en contra de la voluntad del Señor, pero al final tú tendrás la última palabra.

Si estás enfrentando un tiempo desesperante te animo a no dejarte llevar por la angustia, ponte de rodillas y entrégale al Señor tu confianza, porque si quieres una respuesta o salida inmediata sin Dios solamente vas a empeorar la situación.

 

 

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¿Te cuesta esperar? 5

¿Te cuesta esperar?

“Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.” Salmos 40:1 (RVR)

La oración es el arma más poderosa del cristiano contra satanás. Revisando la Biblia podemos encontrar cómo muchos hombres y mujeres oraron a Dios y Él les respondió. Sin embargo, muchas veces no sucede lo mismo y nos preguntamos: ¿En realidad Dios me escucha? ¿Por qué Dios no me ha respondido aún? Pero ante ello, es necesario recordar lo que nos enseña el salmista: que debemos esperar pacientemente la respuesta de Dios. La Real Academia Española define la paciencia como la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse. ¿Será posible esto? ¿Por qué no lo intentas? El salmo termina diciendo: “Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.” Si hoy estás  a punto de rendirte  porque aún no has visto la respuesta de Dios en tu vida, te animo a que imites la actitud de David, él supo esperar con paciencia la respuesta de Dios y El escuchó su clamor.

Por Ruth Mamani

 

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¿Crees que Dios no responde las oraciones? 6

¿Crees que Dios no responde las oraciones?

Leamos esta parábola que Jesús enseñó a sus discípulos y que es también para nosotros que somos sus hijos: “«Supongan que uno de ustedes va a la casa de un amigo a medianoche para pedirle que le preste tres panes. Le dices: “Acaba de llegar de visita un amigo mío y no tengo nada para darle de comer”. Supongan que ese amigo grita desde el dormitorio: “No me molestes. La puerta ya está cerrada, y mi familia y yo estamos acostados. No puedo ayudarte”. Les digo que, aunque no lo haga por amistad, si sigues tocando a la puerta el tiempo suficiente, él se levantará y te dará lo que necesitas debido a tu audaz insistencia.» Así que les digo, sigan pidiendo y recibirán lo que piden; sigan buscando y encontrarán; sigan llamando, y la puerta se les abrirá. Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta. Lucas 11:5-10 (NTV)

No sé cuántas veces has pensado que Dios no escucha tus oraciones o no quiere responder a tus peticiones, pero su consejo es que sigas orando e insistiendo. Recuerda las palabras claves del pasaje que hemos leído: “…todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”

La Biblia dice que el deseo de Dios es bendecirte, así lo declara Jesús: “Si ustedes, siendo malos, dan buenas cosas a sus hijos, ¿Cuánto más nuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” Mateo 7:11

Por lo tanto,  preséntale a Dios tus peticiones y Él te dará lo mejor, pero antes de dirigirte a Dios en oración, asegúrate de que Él es realmente tu Padre celestial. “Pero a todos los que creyeron en Jesús y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.” Juan 1:12 (NTV)

Creer que el Señor Jesucristo murió por ti y resucitó para tu justificación, te convierte en un hijo de Dios. ¿Lo has aceptado en tu vida como tu Señor y Salvador? ¿Has hecho la oración de fe? Sí aún no has dado ese paso escríbenos a [email protected] indicando que quieres recibir a Jesús en tu corazón, con gusto te ayudaremos en esta maravillosa decisión.

¡Que la paz de Dios esté contigo y sigue orando!

 

 

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¿Dijiste algo que no debías? 7

¿Dijiste algo que no debías?

Es posible que alguna vez hayas dicho algo sin pensar, tal vez como un escape emocional o tal vez hiciste algo que no va con tu naturaleza o tu carácter. ¿Te ha pasado? Pues eres humano. Nadie es perfecto y por eso debemos perdonarnos y seguir luego siendo la mejor versión de nosotros mismos. Claro, eso si el mal comportamiento y lo que dijiste o hiciste no fue premeditado ni con esa intención.

Lo importante es reconocer lo que pasó y luego admitir que te equivocaste para poder arreglar las cosas. Es difícil acostumbrarse a hacerlo, pero puedes aprender a hacer que algo malo se torne en algo bueno. Incluso a la persona a la que ofendiste le puede servir de lección de humildad, de honestidad, de amor. Aunque también sucede que si lo que dijiste fue algo que te confió como una debilidad y en ese momento la usaste para herir a la persona porque estabas molesto o molesta con él o con ella, pues va a ser difícil que esa persona te vuelva a confiar algo por ese estilo.

Siempre podemos decidir no dejar que nuestra molestia, cansancio o mal humor se refleje en algo que nos provoca decir. Dejar pasar el momento y pensar en positivo acerca de lo que está pasando puede ser una manera de evitar decir algo que no debemos. Hay ocasiones en que yo siento que no me puedo concentrar en algo de trabajo porque alguien está hablando muy alto, pero en lugar de pedirles que bajen la voz, lo que hago es ponerme los audífonos y escuchar música. Me ha servido, porque de lo contrario tal vez espero a estar de mal genio y cuando les pida que bajen la voz se va a sentir que no lo estoy diciendo muy amablemente.

La clave está en reconocer lo que estamos sintiendo, lo que podríamos decir y luego arrepentirnos. Más aún si es con tu pareja. Ya llevan mucho tiempo juntos y a veces (esto es un dicho que repito mucho) “la confianza da asco”. Cuando tienes suficiente tiempo conviviendo con una persona, llegan al punto en que sienten que saben lo que van a decir, lo que van a hacer y responden anticipando esos “conocimientos”. Lo triste es que muchas veces la persona no va a decir ni a hacer lo que estabas pensando y eso comienza una fricción, crea resentimientos y dudas. Te doy un consejo, cuando estés molesto o molesta, saca de tu vocabulario las palabras: “siempre” y “nunca”. Es un gran ejercicio y evita muchas heridas.

Cuando cometas un error de ese tipo, o hagas algo de lo que no te sientas muy orgulloso (a) lo mejor es hablarlo y pedir disculpas sinceramente. Si te cuesta hacerlo, mejor aún. Eso hará que no quieras volver a repetir el patrón.

 

 

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El fruto de la prueba 8

El fruto de la prueba

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.” Santiago 1:2-3 (RVR.1960)

Estamos tan acostumbrados a recibir respuesta inmediata a nuestras necesidades, que al sólo presionar un botón sabemos que obtendremos lo que pedimos y a veces intentamos hacer lo mismo con Dios aún estando conscientes de que Él no actuará a nuestra manera sino a la suya. Si hoy te hallas en diversas pruebas y sientes que la desesperación te consume, te invito a abandonarte en las manos de tu creador y con toda perseverancia aceptes su voluntad la cual es agradable y perfecta.

Por Ruth Mamani

 

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Esperar no es en vano 9

Esperar no es en vano

“Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.” Salmos 40:2 (RVR1960)
Antiguamente, cuando un pozo de agua se secaba era utilizado como prisión y si quedaba algo de humedad en el fondo, se formaba lodo, por lo cual el piso se hacía muy inestable para el preso, que veía como lentamente se hundía cada vez más. A esto le sumamos el frío que debía soportar, podemos concluir que se trataba de un castigo insoportable.
Cuando estamos en una situación difícil a veces sentimos que nos estamos ‘hundiendo’ y cuanto más pensamos en la dificultad, nos hundimos más, llegándonos a sentir que no hay manera alguna de salir.
Sabemos que cuando cometemos un pecado, la conciencia no nos deja tranquilos y de alguna forma nuestro rostro se inclina al piso, sintiendo vergüenza delante de Dios. En tal sentido el Rey David se expresa: “Porque me han rodeado males sin número; Me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista.” Salmos 40:12 (RVR1960) esas son las palabras honestas de un creyente que está luchando contra el pecado.
Una de las claves que David usó para superar este tiempo difícil fue: esperar “Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.” Salmos 40:1 (RVR1960), Cuando estamos en situaciones difíciles, queremos que Dios nos ayude inmediatamente, para evitar el problema, la angustia y el dolor. Pero, muchas veces tenemos que esperar, porque en medio del sufrimiento, Dios quiere enseñarnos lecciones importantes.
David, reconoció que sus maldades lo alcanzaron y lo llevaron a un pozo de desesperación, pero su corazón estaba centrado en Dios, confiando en Él. Por eso aprendió a esperar con paciencia; no se desesperó. Él también clamó y finalmente afirmó: “Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.” Verso 17.
“y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” Romanos 5:4-5 (RVR1960)
La espera vale la pena, porque Dios mismo toma control para solucionar situaciones que nosotros no podemos y también para ayudarnos a sobrellevar las consecuencias de nuestros propios errores.
Aunque resulte difícil, confía que esperar no es en vano.
¡Dios te sacará del pozo de la angustia!

 

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¿Cuál es tu deseo? 10

¿Cuál es tu deseo?

Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: “Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.” 2 Reyes 2:9 (RVR1960)

Creo que todos los niños son felices cuando se les pregunta lo siguiente: ¿Qué deseas para tu cumpleaños? Es imposible no ver sus sonrisas y lo mucho que tienen que decir cuando son sus padres quienes se lo preguntan, porque con toda la seguridad de su corazón, ellos saben que lo van a cumplir. Imagina que eres un niño y Dios te hace esa pregunta ¿Qué pedirías?

Si retrocedemos el tiempo podemos ver a un Moisés clamando por libertad, a un Eliseo pidiendo la doble porción de su Espíritu Santo y a un rey rogando por sabiduría ya que su nueva responsabilidad requería tomar buenas decisiones y juzgar con justicia. Como su inexperiencia le inhabilitaba para manejar los difíciles problemas que tenía la responsabilidad de resolver, entonces decidió pedir Sabiduría.

Por supuesto que Dios les concedió el deseo de cada uno de los personajes mencionados anteriormente, pero la pregunta es: ¿Qué uso le dieron?

Si analizamos a Moisés, Dios lo había escogido para sacar a su pueblo de Egipto, pero por su desobediencia no llegó a introducirlos a la tierra que Jehová les había prometido.

Eliseo sabía que necesitaba el Espíritu de Dios para realizar las responsabilidades que tenía por delante. La Biblia muestra a Eliseo trayendo gozo a las personas a través de los milagros de Dios y su espíritu afable le permitía influenciar positivamente en la vida de muchos Israelitas.

Por otro lado, tenemos a Salomón, a quien Dios no sólo le dio sabiduría sino también le añadió riqueza, honra y le dijo que si obraba como era debido, se le daría una larga vida ¿Qué más podría necesitar un rey lleno de sabiduría y con toda una vida por delante? Quizá nada, pero el hecho de que mucha gente acudía a él por su gran conocimiento, no significaba que actuaría sabiamente, porque a pesar de ello tenía una debilidad por las mujeres extranjeras que adoraban a otros dioses. Por tanto, el Señor lo visitó para advertirle una y otra vez, ya que como humano estaba siendo arrastrado por esa cultura.

Aunque Salomón seguía honrando a Dios con su sabiduría, también seguía perteneciendo a sus esposas paganas, lo que lo hizo quebrantar el primer mandamiento, junto con el cual vino la destrucción; el reino de Salomón se arruinó después de su muerte, la nación fue dividida y lo único que quedó de su legado fue su sabiduría.

Dios no negará responder a nuestras necesidades, pero de nosotros depende el uso que le demos a esa respuesta. Salomón fue arruinado, no por su deseo, sino por su apatía; siendo él un hombre que tenía todas las respuestas, no tuvo la suficiente voluntad de aplicarlas a su propia vida.

Entonces, ¿cuál es tu deseo? Si Dios te lo ha concedido, empieza a utilizarlo con sabiduría.

Por Ruth Mamani.

 

 

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El frasco de remedios 11

El frasco de remedios

Cuentan que un día dos amigos conversaban y uno de ellos le dijo al otro que no creía que lo que la Biblia decía fuera cierto ya que él había pedido y no había recibido nada como dice el evangelio de Juan.

El otro, le aseguró que todo era cierto y que Dios nos da  sólo cosas buenas, como un buen Padre.

– ¿Quieres decir que lo que yo he pedido no era bueno? Respondió ofendido el primero. Pedí aprobar un examen para obtener un puesto en una empresa europea para mejorar mi vida y la de mi familia, ¿Te parece que eso fue malo?

– No lo sé, pero estoy seguro  de que si Dios no te lo ha dado es porque no era bueno.

Cuando ya estaban con los ánimos exacerbados entró la esposa del primer hombre con un niño de un año en los brazos. Como ella tenía que salir dejó al pequeño con su papá y le entregó la papilla para el niño y el frasco de remedios de su esposo con el fin de que éste no olvidara sus medicamentos. Le dio un beso y se fue.

No pasó mucho tiempo hasta que el hombre empezara a cumplir el encargo de su esposa pero el pequeño quería el frasco de medicinas, no la papilla y por más que el niño lloraba y hacía berrinche el hombre no se lo dio.

 – Tu hijo debe creer que eres un mal padre, te está pidiendo ese frasco de medicinas y tú te empeñas en darle la papilla – dijo el amigo.

– ¿Quieres, que mate a mi hijo?,  ¿Sabe un niño tan pequeño lo que es mejor para él? Yo le doy lo que le conviene porque nadie lo ama más que yo.

– Entonces, respondió el amigo, ¿tú sí sabes lo que conviene a tu hijo pero Dios no sabe lo que te conviene a ti?

Muchas veces  nos enojamos porque no recibimos lo que pedimos o porque la respuesta de Dios demora, pero Él, que es soberano, ve mucho más allá de lo que nosotros podemos ver y nos da aquello que es mejor para nosotros.

“No lo han hecho antes. Pidan en mi nombre y recibirán y tendrán alegría en abundancia.” Juan 16:24

La negativa de Dios a darnos algo será lo mejor que nos puede suceder, aunque no lo comprendamos. Es igual que el niño de la historia, él no sabía qué sucedería si llegaba a tomar una de esas pastillas. Seguramente los colores o el sonido del frasco lo atraían pero no podía ni imaginar las consecuencias de ingerir su contenido.

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. Jeremías 29:11

Pídele a Dios lo que anhelas pero sobretodo, confía en Dios porque nadie te ama más que Él.

 

 

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¿Altibajos? 12

¿Altibajos?

“¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!” Salmo 42:5 (NVI).

La vida tiene muchos altibajos, un día podemos estar de pie y bendecidos. Pero al otro, en pruebas y angustiados. Quizá hoy te encuentres en los que piensan que los problemas parecen sobrepasar tus capacidades humanas y a pesar de haber intentado todo por salir, nada parece dar buenos resultados. Es posible que esta situación haya apagado en ti hasta la mas pequeña luz de esperanza. Mas en medio de toda aflicción, Dios promete no abandonarte, sino llenarte de su paz para que al igual que Pablo puedas  declarar: “Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados;  perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos.” 2 Corintios 4:8-9.

Por Ruth Mamani

 

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