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Sin título

Amigas y amigos que siguen estos artículos además de los audios que publico cada semana en YouTube suelen preguntarme por qué no pongo títulos más atrapantes siendo que el contenido siempre es agudo y hasta provocativo.

Como decía un antiguo profesor mío en la universidad: “Excelente pregunta”. No sabría decir si mi respuesta va a resultar tan excelente.

Soy publicista de profesión, así que entiendo la importancia de un buen título o de una novedosa frase comercial. Cuando he debido realizar alguna pieza publicitaria he tenido eso en cuenta y no pocas veces la propuesta ha sido feliz y efectiva.

La cuestión es que respecto de estos espacios he elegido exponer ideas alternativas a una audiencia poco acostumbrada al pensamiento crítico y al análisis detallado de los hechos de la vida.

Entonces desde el título he querido dejar en claro que la invitación es a leer o escuchar algo serio. Colocar frases atractivas no forma parte de ese objetivo. Hay miles de libros de autoayuda y conferencias multitudinarias sobre el éxito inmediato y la felicidad on demand destinados a captar clientes. Este no es el lugar para eso.

El otro asunto es que aunque el título sea novedoso y atractivo el contenido no lo es. Casi nunca. Excepto quizá cuando me dejo llevar por la prosa poética: la contemplación de algo tan importante como una hojita movida por el viento o el sol que reverbera en el verano a las seis de la tarde entre los álamos.

Sigo rechazando la tentación de lo espectacular, lo sensacional, lo bufonesco. Por cierto reditúa más. La gente sigue lo livianito, lo efímero, lo que está a flor de piel. Y ya dije que eso no es mi campo de trabajo.

Mi trabajo, mi vocación y mi deber es – y seguirá siendo – que al menos una parte de la audiencia se quede con preguntas y no con respuestas livianas y de fácil digestión. Seguiré siendo un extraño en la era de los mensajes cortos, los videos impactantes y los memes que resumen la vida y el humor en una foto más diez palabras.

Eso, al menos hasta que el cuenco de cristal se rompa junto a la fuente y la luz de mi vida presente sea apagada.

Hasta entonces, no deberán guiarse por el título de mis palabras sino por el contenido. Después, ya no me será posible decir nada…

Fe que permanece a pesar de …

“Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios” Marcos 11:22 (RVR 1960).

¿Alguna vez te ha pasado que todo parece andar muy bien y de pronto aparecen los problemas? En esos momentos uno suele preguntarse ¿por qué a mí? ¿Qué hice tan mal para que me pase esto? Si soy un buen cristiano, diezmo y hago el bien, ¿qué está pasando?

Aunque no tengamos todas las respuestas a nuestros interrogantes, es importante poner nuestra fe en Dios para permanecer firme aún en medio de las tormentas de la vida. Resulta mucho más difícil confiar cuando las cosas parecen complicarse, sin embargo debemos recordar que como hijos de Dios y no andamos por lo que vemos, sino por nuestra fe. Por eso, te animo a que hoy puedas levantar tu mirada, más allá de tus problemas. Que los ojos espirituales de la fe sean abiertos, para poder creer que Dios proveerá una salida donde parece no haberla.

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No es lo que parece

Para alcanzar a la próxima generación, tenemos que crear programación que reconozca que tenemos que aceptar el misterio de la vida, darnos cuenta que no siempre es justa y que no tenemos todas las respuestas. Esta inquietante pero certera declaración aparece en el libro “The Last TVEvangelist” (El último televangelista) de Phil Cooke. Phil ha enseñado en las Jornadas de Capacitación de CVCLAVOZ y he conocido su pensamiento sobre los medios cristianos de comunicación.

Hace más años de los que quisiera admitir he estado hablando y escribiendo sobre este aspecto de la realidad, advirtiendo a los comunicadores de estos medios que, a menos que entiendan que el mundo no es lo que parece a sus ojos, su mensaje será largamente ignorado por la gente a la que desean tocar e influir con su mensaje.

Hasta hoy todos los grandes proyectos de alcanzar el mundo nunca han logrado captar una audiencia que supere el 20% de la cultura y, en algunos casos dramáticos, mucho menos que eso. Debe admitirse por ejemplo que particularmente en el mundo occidental ese veinte por ciento alcanzado está compuesto en su gran mayoría por personas que ya practican la fe cristiana.

Hay diversas razones que dan cuenta de este exiguo logro; un estudio más en profundidad requeriría un espacio mucho mayor que éste. Pero la que se apunta en la cita de Phil Cooke es una de ellas. El mensaje típico de quienes desean persuadir a otros acerca de la fe cristiana no admite este misterio de la vida: para la mayoría de la gente la vida es injusta y así termina para ellos en este mundo. El mensaje cristiano siempre presupone todas las respuestas; asume el acento paternalista de quien lo sabe todo mejor y esa mirada simplista que resuelve la trama de canciones, mensajes hablados, películas y videos con un versículo o pensamiento final que envuelve en dulce todo y le quita realidad incluso a un buen argumento.

La vida es compleja y ajena. La verdad no es algo que la gente anda buscando como verdad; no se despierta a la mañana preguntándose qué debe hacer para ser salvo. Hay otras intrigantes y complejas cuestiones que ocupan su mente. Hay un amplio porcentaje de la población del mundo que, pese al dolor y al drama que rodea su existencia, no creen que un mensaje dulzón y bien empaquetado sea algo hacia donde orientar su ya complicada existencia.

Es hora de repensar el contenido y el modo de decir la verdad de las cosas.

La teoría de todo

Lo que sobre todo me atrajo en la filosofía fue que yo suponía que iba derecho a lo esencial. Nunca me habían gustado los detalles, veía el sentido global de las cosas más que sus singularidades y prefería comprender a ver; yo siempre había deseado conocerlo todo; la filosofía me permitiría alcanzar ese deseo, pues apuntaba a la totalidad de lo real.
(Memorias de una joven formal, Simone de Beauvoir)

Cuando ingresé a la Universidad por primera vez – hace mucho, por cierto – tuve una materia llamada Problemas de la Cultura Contemporánea. Nunca olvidé la definición que el profesor nos dio de la filosofía: el estudio que busca el hilo conductor del conocimiento a fin de encontrar la explicación de todas las cosas.
Desde que tengo memoria tuve preguntas que a mis padres y a mis hermanos les parecían raras y, sobre todo, inútiles para la vida. Al leer de nuevo la biografía de Simone de Beauvoir encontré este pasaje que resume mi propia temprana inclinación, no exenta de frustraciones y obstáculos. La verdad que abarca las cuestiones fundamentales de la existencia no se deja tener tan fácilmente.
Tendrían que pasar muchos años y muchas horas oscuras para llegar al entendimiento que la Biblia no sólo responde sino que formula las preguntas más importantes del ser: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿cómo sabemos?, ¿qué es lo más importante?, ¿a dónde vamos?, ¿qué sentido tiene la historia?, ¿por qué hay maldad y sufren los inocentes?
Está claro que las respuestas no se encuentran al modo que están en un manual de filosofía de primer año de universidad. En la ley, en los escritos, en los profetas, en los evangelios y en las cartas apostólicas se plantean historias y situaciones que obligan a la persona sensible a hacerse preguntas, a cuestionar el texto y dialogar con él, a comparar su contenido con la realidad. Me gusta esa ultima frase de Beauvoir: la filosofía “apuntaba a la totalidad de lo real”. No se trata de especulaciones abstractas sobre la inmortalidad del cangrejo sino cómo debemos vivir, que deberíamos hacer y qué no, por qué las personas y las cosas son como son.
Todos los días vuelvo a esta cuestión esencial: la Biblia no es un librito religioso, un mero recurso devocional. Es un documento que, adecuadamente abordado, nos confronta no sólo con respuestas sino con preguntas profundamente perturbadoras y actuales.

Desencuentros

… [E]n un poema o en una novela lo que uno pretende es representar la vida con todas sus contradicciones. Poner en escena una serie de contradicciones, haciéndolas evidentes y conmovedoras. Los escritores creativos piden a sus lectores que traten de encontrar una solución; no ofrecen una fórmula precisa (excepto en el caso de los escritores cursis y sentimentales, que lo que pretenden ofrecer son consuelos vulgares).” Así ilustra Umberto Eco – en Confesiones de un joven novelista – la tarea de los escritores creativos, que contrasta con aquella en que se pretende demostrar una tesis determinada o dar respuesta a un problema.
Esta cita arroja una esclarecedora luz sobre el sentido de este espacio. Ha sido muy raro que la audiencia encuentre aquí datos para una respuesta o el bosquejo de una teoría, y si excepcionalmente se han vislumbrado, siempre estuvieron revestidas de misterio o de alguna desazón existencial.
Me sucede cada cierto tiempo que al considerar el contexto en que aparece este blog me agobia la cuestión: “Y yo, ¿qué hago aquí?” La gente se aproxima a estos medios en abrumadora mayoría a buscar respuestas comprensibles, fórmulas relativamente simples que les alivianen el peso de la vida, ensayos sobre tópicos recurrentes. Aquí, tres o cuatro veces por semana, tropiezan con una prosa hermética, una mirada sombría, un asunto doloroso, una pregunta imposible. Nostalgias, memorias remotas, notas al margen, anotaciones antiguas y frustraciones son habituales en esta columna.
Una vez anotó aquí un impaciente visitante: “No encontré nada edificante en este artículo de Benja (sic) Parra”. Pasada por alto la descortesía de escribir así el nombre del autor en un espacio público había que considerar la cuestión planteada. Primero, varias planas serían necesarias para desentrañar la monumental ambigüedad del término edificante. Luego está el tema de la abundancia de material pedagógico que hay a un clic de distancia de aquí. No hay necesidad de molestarse en leer esta columna.
Pero la cuestión central, esbozada al principio, es ésta: aquí no se trata de ensayos didácticos o tesis doctrinales. Es escritura creativa que se ocupa fundamentalmente de la vida con todas sus contradicciones. Las otras cuestiones búsquense en seminarios, textos de autoayuda y discursos inspirados.
Sigo sostenido en la feble esperanza de una pequeña audiencia para continuar con este cometido…

(Este artículo ha sido escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Pensar o no pensar

Creo que la reflexión filosófica no debe alejarse de la coyuntura política de este tiempo. Por eso también creo que… tiene que intentar dar un paso adelante sobre el mero análisis para convocarnos en la irritación, en la incomodidad, en la necesidad de exigirnos pensar. Porque si la filosofía no incomoda, no es filosofía, dice Emmanuel Taub, doctor en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires), filósofo, poeta y editor en una entrevista del domingo en un matutino nacional.
Como el Quijote, ya medio loco por tanta lectura de libros de caballería, quisiera ponerle mi firma a esta declaración como si yo la hubiera escrito. Trayéndola a nuestros círculos evangélicos diría que si la reflexión entre los cristianos no incomoda, no irrita, no obliga a pensar no es reflexión para nada. Hay demasiada complacencia y superficialidad en el tipo de cuestiones y preguntas que se plantean en los medios evangélicos.
Debo haberles hablado aquí de aquel profeta antiguo que nos cuenta cómo la gente le pedía que les dijera cosas livianas, halagüeñas, agradables. No querían que les hicieran pensar sobre el deterioro político, humano y religioso de Israel y mucho menos que les hicieran acuerdo de sus pecados – nacionales y personales.
En otro pasaje del reportaje mencionado se lee, …(I)nvitar a un cambio de perspectiva o a una forma distinta de ver el mismo problema. En palabras de Slavoj Zizek, ayudar a corregir las preguntas más que dar respuestas. Desafiar a la complacencia y reformular las preguntas son dos cosas que hemos planteado aquí – en una suerte de voz en el desierto, claro está. Nuestra audiencia considera que la reflexión y el serio cuestionamiento de los asuntos revela que uno no ha sido bautizado por el Espíritu Santo. Nunca he podido comprender por qué los evangélicos creen que el don del Espíritu Santo es sinónimo de no pensar; y que pensar es contristarlo!
Pensar la Biblia, pensar la iglesia, pensar la vida, pensar el país, pensar el mundo para que el resultado de ese pensamiento – potenciado por el Espíritu Santo – nos mueva a ser testigos vivientes y comprometidos de Cristo en la realidad pública; porque pensar por pensar es, para citar de nuevo al mismo profeta, embarazarse y llegado el tiempo tener dolores de parto y dar a luz viento! En otras palabras, un esfuerzo y un gasto inútil de recursos.

Eso, en este espacio, no lo tratamos.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Me pregunto

Creo que sería valioso allegar algunas otras consideraciones en torno al artículo anterior “No me preguntes” y a la conversación sobre el tema que mantuvimos Angel y yo en Más Vale Tarde en CVCLAVOZ. Hubo un interesante aporte de ideas de la audiencia que resumiré:

No conviene generalizar: hay muchas iglesias que sí entregan un sólido apoyo educativo a sus miembros; por diversas razones hay algunas personas que no quieren aprender o no toman con seriedad lo que reciben.
En respuesta, alguien mencionó que al mismo tiempo no debería generalizarse y decir que todas las iglesias entregan un sólido fundamento educativo; hay muchos lugares donde eso no ocurre.
También se mencionó que algunas personas, teniendo un buen fundamento educativo en su iglesia, igual buscan ampliar su perspectiva y por ello envían preguntas a los medios cristianos. También se dijo que para otros era más cómodo hacer ciertas preguntas que no desearían sean conocidas directamente por sus líderes o maestros.

La naturaleza de la iglesia obliga a dispensar a sus miembros una adecuada y consistente educación cristiana. Apacentad la grey de Dios no es una blanda recomendación: es un mandato ineludible. Por ello, sería interesante que los maestros y educadores cristianos se preguntaran por qué tanta gente de sus comunidades pregunta cuestiones tan básicas en los medios cristianos.
Por otra parte, nos sigue preocupando que la temática de las preguntas y consultas siga siendo tan autoreferente: mi familia, mi vida cristiana, mi futuro, mi dinero, mis relaciones personales.
¿No hay interés en explorar cuestiones que vayan más allá de los rudimentos como reclama alguien en Hebreos 5:11 y siguientes versículos? ¿No tienen los cristianos inquietudes y preguntas respecto de la crisis económica, la corrupción, la violencia, el abuso y trata de personas, cultura, educación, crisis social, relaciones internacionales, cambio climático, nuevos perfiles de familia, la legislatura, la justicia, las relaciones entre empleados y patrones, el impacto de las nuevas tecnologías de información en la captura y gestión del conocimiento o sobre el arte? ¿No nos interesa nada el mundo que nos rodea? ¿No nos preocupa el comprender lo que pasa desde una perspectiva cristiana y aportar ideas nuevas y estimulantes a la sociedad en donde vivimos?
¿O es que seguimos creyendo – erróneamente por cierto – que nuestros asuntos son lo más importante y que las cosas que llamamos mundanas deben atenderlas otros porque nosotros no somos de este mundo?

Me pregunto.

No me preguntes

Me sigue asombrando – especialmente en estos últimos años – cuánta gente llama o escribe a segmentos del tipo “Pregúntale a…” o “Un minuto con…” para consultar sobre las relaciones de noviazgo o matrimonio, el llamado, el buen uso del dinero, el perdón o la venida del Señor. Me río con Angel Galeano contándole acerca de aquella persona que consultó seriamente si era bueno o malo masticar chicle cuando uno estaba ayunando.
Pienso que las inquietudes que motivan esas preguntas deberían corresponder a quienes inician su vida cristiana y que naturalmente tendrían muchas dudas. Pero la evidencia indica que copan los mensajes de texto o audios personas que asisten regularmente a la iglesia, escuchan periódicamente predicaciones, se inscriben en cuanto taller pueden y han tomado toda la serie de cursos que las instituciones cristianas formulan para su gente. Es decir cristianos que ya deberían tener una idea clara acerca de la doctrina y la vida de la fe. Es asombroso: como si siempre estuvieran aprendiendo y nunca llegaran al conocimiento de la verdad. Para otro espacio queda la pregunta de a quién le puede interesar perpetuar este orden de cosas.
Otra consideración importante: ¿por qué creen que una persona puede dar respuestas todos los días a tan diferentes materias con una disposición que parece casi infalible? Más aún: ¿por qué tienen tal seguridad en el respondedor de preguntas y no la depositan en la fuente original de la doctrina y de la vida que es la Biblia?
Desde hace mucho la gente ha resignado el explorar por sí misma el texto y prefiere confiar en quienes le explican la vida en cápsulas bíblicas de cinco minutos. Lo que corresponde es examinar lo que nos enseñan y cotejarlo concretamente con el texto bíblico. No leer la Biblia excepto los versitos que se indican en la predica del domingo y algún salmito en la mañana antes de salir a la calle conduce indefectiblemente a la confianza ciega en los gurús que todo lo saben y lo que no…
Por eso cuando las personas me preguntan acerca de temas que tienen que ver con la vida o la doctrina me apresuro a decirles que no soy una factoría de respuestas. Los urjo a leer, a pensar ellos las implicaciones de la pregunta y, a lo más, me atrevo a abrirles alguna puerta.
No me preguntes a mí. Intenta leer, aprender y comprender tú.

El Rencor, Nuestro Veneno de Todos los Días…

No hay nada peor que guardar los recuerdos de lo malo que nos han hecho. Eso es el rencor, es un veneno que va creciendo a diario en nuestro ser. Ese veneno se alimenta fácilmente si no tomamos acción. Va apoderándose de nuestros pensamientos, de nuestro corazón y como consecuencia terminamos siendo personas amargadas.

Cuando veas a alguien con rictus de amargura en la cara, muy probablemente es una persona que guarda rencor, que no se fija ya en las bondades que le hacen. Siempre está esperando a ver qué no le hacen, qué no le dicen, cómo le responden una pregunta…y siempre, aunque se la respondan con dulzura, va a encontrar algo negativo en esa dulce respuesta.

La solución sería poner a las personas así a hacer una lista de las cosas bonitas que recuerdan de su infancia, de todas las cosas que recuerdan haber recibido y les causaron una sorpresa agradable. Pregúntale quién le ha hecho algo bueno en la vida. Tal vez así pones su memoria a alimentarse de esos buenos momentos.

Estar en positivo, al igual que ser feliz, es una decisión, pero a muchos les cuesta tomarla. Hay personas que incluso habiendo conocido a Jesús son así, porque se han acostumbrado a serlo. Porque están tan envenenados, que no conocen otra manera, no saben ser de otra forma.

Hay que orar por ellos y siempre darles una respuesta en positivo. Hay que recordarles que Jesús es Dios de esperanza, de gozo y de paz. Que Él disfruta cuando estamos felices y que si lo tenemos a Él, nada más nos debe faltar. Por ejemplo, si te dicen: el día está horrible, esa lluvia…les puedes responder: Yo le doy gracias a Dios porque está regando mis plantas, o Gracias a Dios tenemos un techo sobre nuestras cabezas. Y así, una a una de sus frases, se las respondes como tu lo harías en positivo a ver si se van acostumbrando y adoptan esa postura. Revisa tus comentarios a diario y procura ser siempre portador de buenas noticias.

Eliminemos los “clichés”

Estaba hoy conversando con un compañero de trabajo, acerca de lo fácil que se nos hace a veces caer en clichés, y lo terrible que pueden sonar esos clichés para las personas a las que se los decimos.

Es muy común que cuando alguien pierde a un ser querido, les digamos: “Dios te dé consuelo” o “Cuando Dios decide llevarse a alguien, nos tenemos que conformar” o tal vez les digamos: “Está en un mejor lugar ahora y ya no sufre”. Y aunque muchas de esas afirmaciones las digamos con mucho amor y muchas sean ciertas, no les brindan consuelo. Cuando esas cosas ocurren, tenemos que entender que muchos se sienten incluso defraudados por Dios porque… no escuchó sus oraciones o porque sencillamente sienten mucho dolor de saber que no van a ver más a esa persona que murió.

Debemos ser un poco más delicados a la hora de hablarle a alguien intentando dar consuelo o ánimo ante las diferentes batallas que afrontamos en la vida.

Es muy común también escuchar que cuando alguien está en una situación económica muy difícil, alguien le diga: “no te angusties, Dios proveerá”. Hay que ponerse en el lugar de la persona. Es difícil pensar que hay que darle la cara a quien le tienes que pagar una deuda y no tienes el dinero para cubrir la cuota. Evidentemente que quienes hemos recibido a Jesús y hemos estudiado la Biblia, tenemos una paz que nos da el saber que Dios nos va a proveer… pero entonces comencemos por contarles por qué nosotros no nos angustiamos tanto y tal vez podemos hablarles acerca de lo negativo que es para la salud la angustia y el estrés. Contarles que abriendo su corazón a Jesús, Él les puede dar esa paz y una diferente actitud ante las adversidades que se puedan presentar. Pero no caigamos en los clichés ni pretendamos que todo el mundo entienda lo que a nosotros nos ha costado años entender. Y dejemos claro que recibir a Jesús, hacerse cristianos no es algo que les va a solucionar todos los problemas, ni significa que ya no tendrán que enfrentar dificultades. Dejemos muy claro que simplemente Dios les irá moldeando a tener una actitud diferente ante esos problemas y dificultades.

Otra de las cosas que pido que no repitan sin pensarlo es: “Dios está en control”. Nosotros lo podemos entender, pero si lo decimos a alguien que no ha recibido al Señor, que no se congrega y que no ha abierto nunca una Biblia, de inmediato nos van a preguntar: ¿Y si está en control, por qué pasan las cosas horribles que están pasando en el mundo? Querer poner sobre la mesa un conocimiento que a nosotros mismos nos ha costado entender puede caer muy pesado. Tengamos mucha delicadeza al expresarnos, pensemos muy bien cómo puede recibir la persona a la que le vamos a hablar, lo que le vamos a decir.

Recordemos esta porción de escritura: Efesios 4:15

“En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia”.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Delirio

“El fin de la vida es el propio desenvolvimiento, realizar la propia naturaleza perfectamente, esto es lo que debemos hacer. Lo malo es que las gentes están asustadas de sí mismas hoy día. Han olvidado el más elevado de todos los deberes: el deber para consigo mismo.” Estas palabras, de “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde, son puestas en boca de lord Henry Wotton, quien considera que influir sobre otra persona es inmoral, porque le quita sus pensamientos naturales, la convierte en eco de una música ajena. “El valor nos ha abandonado”, se lamenta lord Wotton. La gente no solamente es influenciada por personas y medios; antes busca diligentemente ser influenciada. Gobernadas por el terror social y por el terror religioso buscan en otros las certezas que necesitan para vivir.
Ha sido siempre una minoría la que no tiene miedo de pensar en forma independiente y que busca respuesta a las preguntas y enigmas de su tiempo. Los que han esquivado el oficio del pensamiento crítico son influenciados por aquella minoría que se convierte – por defecto o por diseño – en la conductora de la sociedad.
Es asombroso cómo en el entorno cristiano impera esta falta de valor, esta carencia de audacia para realizar la propia naturaleza. El éxito de audiencia que tienen los materiales y espacios dedicados a la orientación y ayuda para una vida mejor es la prueba más contundente de esta ausencia de valor propio. Es una triste paradoja el que la libertad que supone el ethos cristiano no se traduzca en un pensamiento libre. Es una ironía que “la mente de Cristo” – que debería orientar a la grey y alentarla a una visión consciente de su propio medio y el del mundo circundante – no alcance siquiera para una idea aproximada de lo que está aconteciendo en el mundo.
El observador perceptivo queda perplejo con las preguntas que la gente formula a los consejeros de los medios cristianos. Son inquietudes tan básicas sobre lo que debería ser la vida del creyente que uno está obligado a concluir que ni siquiera el “examinadlo todo” ha tenido lugar en la mente de la inmensa mayoría como para poder llegar a “retener lo bueno”.
Como si todo lo anterior fuera poco, uno termina finalmente abrumado por la “honda gratitud” con que la audiencia consultante abraza las respuestas otorgadas
(En la fotografía, un detalle del segundo piso de la casa de Ernest Hemingway en Key West, Florida)

Un hombre temeroso de Dios

Si tendríamos que nombrar a algún personaje bíblico que han tenido que sufrir grandes tragedias, no podríamos dejar de pensar en Job. En los dos primeros capítulos su vida cambió dramáticamente; de ser un acaudalado hombre de negocios y el padre ejemplar de una numerosa familia, a quedar pobre, solo y enfermo.

Los siguientes capítulos nos hablan de la lucha que él tiene para comprender las razones por la que pasaron todas esas desgracias. Sólo imaginemos un momento: perdió todos sus bienes, toda su familia y su salud. Algunos de sus amigos se acercaron creyendo que tenían las razones correctas por las que había sufrido todas esas pérdidas. Ellos creían que él tenía algún pecado no confesado. Job, al revisar su vida, no logró encontrar ninguno sin confesar.

Aunque estos amigos son bastante criticados por lo que le dijeron y por las reacciones que tenían, la realidad es que cualquiera hoy en día habría hecho o dicho lo mismo. La diferencia es que nosotros sí contamos con los 2 primeros capítulos en los cuales se explica el inicio de su padecimiento y también el capítulo 42, que expone el feliz desenlace en el que Dios le regresa el doble de todo lo que había perdido. Sin esos dos extremos de la historia, sería imposible para un hombre común descifrar la razón de las penurias que atravesó.

Para entender las circunstancias difíciles es necesario ver con la perspectiva correcta. Job, al ser un hombre temeroso de Dios, trataba de encontrar una explicación a todo lo que había ocurrido sin tener éxito. Normalmente, cuando uno atraviesa momentos difíciles y apabullantes, la comprensión de la realidad de Dios es distorsionada con algunas afirmaciones incorrectas en nuestra mente como: “Dios ya no me ama”, “Dios me está castigando”, “Dios no es justo”, etc.

Imaginemos la señal de radio de una torre de control de un aeropuerto. Cuando existe mal clima normalmente la comunicación es distorsionada con ruidos estáticos en el fondo o superposición de otras señales. En ese momento el personal revisa los códigos de comunicación para establecer una comunicación, eso es lo correcto y lo profesional. Pero sería muy irresponsable tratar de restablecer la comunicación buscando frecuencia por frecuencia porque existe la posibilidad de encontrar otro tipo de transmisión y establecer una comunicación incorrecta. Lo más prudente es permanecer en la frecuencia preestablecida para recibir la señal correcta.

Lo mismo corre cuando tenemos alguna dificultad. En la vida podemos pasar momentos muy difíciles, tormentas que distorsionan nuestra comunicación con Dios, pero no porque dejó de hablarnos o porque los problemas son superiores a nuestra relación con Él, sino porque todas las sensaciones que acompañan cualquier dificultad suelen aturdirnos y llenarnos de confusión.

Permanece en la frecuencia correcta. Permanece en las promesas de Dios. Imita a Job y verás cómo al final todo es restablecido.

“He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.” Santiago 5:11 Versión Reina-Valera 1960

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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