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Deja de lamentar 1

Deja de lamentar

¿Alguna vez dijiste: Por qué no hice esto o tal cosa,  nada de esto hubiera sucedido si yo hubiera actuado a tiempo?

Muchas veces vivimos situaciones en las que pudimos haber intervenido para evitar grandes catástrofes en nuestras vidas; pero por nuestro temor, vergüenza, dejadez, etc. no lo hicimos y al final terminamos lamentando no haber actuado a tiempo.

En realidad, aunque estos son pensamientos que muchas veces llegan a nuestra mente, Dios quiere que nos volvamos a levantar de donde caímos.

La Biblia nos cuenta que hubo un hombre llamado Pedro, quién cometió el error más grande de su vida, el mismo que casi le costó su ministerio y no porque Dios no pudiera perdonarlo, sino porque a él le costó hacerlo. Después de negar tres veces a su Señor, con quien había pasado bastante tiempo, empezó a lamentarse y a retroceder hacia el pasado, así como cuando sólo era un pescador y no un discípulo suyo.

El conocer a Dios, ser un discípulo suyo, ministro de alabanza, pastor, maestro, etc. no es garantía para no tener dificultades, contratiempos, y grandes caídas. Todos somos tentados, incluso Jesús también lo fue, pero jamás pecó porque con la palabra resistió al diablo y eso es algo que debemos hacer cuando nos hallemos en situaciones similares; y con toda confianza podremos acercarnos a nuestro salvador, sabiendo que Él nos perdonará de toda maldad.

Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Hebreos 4:15 (NVI)

Si hoy volviste a caer en el mismo error no es momento de lamentarse sino de pedir perdón y levantarse. Así como a los grandes boxeadores se les exige volverse a levantar cuando caen al suelo, porque no saben si el siguiente  golpe  está a punto de darles la victoria, de la misma forma Dios te alienta a levantarte porque Él tiene la victoria preparada para ti.

Levantarse quiere decir confiar plenamente en Dios a pesar de lo grande que pueda parecer el obstáculo. Ya no te bases en los: “Si hubiera hecho o dicho antes…” No vale la pena lamentarse por algo que ya pasó, es momento de avanzar y para ello debes confiar en un Dios que te ama y perdona cada uno de tus errores.

 “porque siete veces podrá caer el justo, pero otras tantas se levantará; los malvados, en cambio, se hundirán en la desgracia.” Proverbios 24:16 (NVI)

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Recupera tu paz 2

Recupera tu paz

“Pero te confesé mi pecado, y no oculté mi maldad. Me decidí a reconocer que había sido rebelde contigo, y tú, mi Dios, me perdonaste.” Salmos 32:5 (TLA)

El rey David después de haber pecado, no tuvo paz. Buscaba ocultar su pecado por todos los medios posibles y esto mismo cada vez lo alejaba más de Dios. Una vez confrontado, reaccionó y finalmente pudo ver claramente su condición de pecador, por lo cual pidió perdón a Dios con estas palabras: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación.” Salmos 51:10-12. Si hoy te sientes con falta de paz y reconoces que te has apartado de la voluntad de Dios, acude a Él con verdadero arrepentimiento para que la relación sea restaurada y recibir la paz que tanto necesitas.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Si tan sólo dijeras la verdad… 3

Si tan sólo dijeras la verdad…

Cuando se rompe la confianza, es difícil restaurarla y aunque decir la verdad suena fácil, pasar a la acción es lo que en verdad cuesta. Pablo dijo: “Así que dejen de decir mentiras. Digamos siempre la verdad a todos porque nosotros somos miembros de un mismo cuerpo.” Efesios 4:25 (NTV).

Cuenta la historia de un matrimonio que experimentó esto, y que no hubo  oportunidad para restaurar su confianza con Dios por el trágico final que tuvieron. El incidente ocurrió poco después de que la iglesia de Jerusalén saliera de la persecución que se había desatado a causa de la sanidad del cojo en el templo. En Hechos 4 podemos ver la descripción de estos sucesos, en la cual se muestra a un grupo de creyentes unidos que se amaban y se preocupaban unos por otros, donde los más prósperos vendían con gusto algunas de sus propiedades para ayudar a suplir las carencias de sus hermanos más pobres. Entre ellos se encontraba un matrimonio, que en vez de preocuparse por la necesidad  de otros como los demás lo hacían, estaban velando por sus propios intereses. Pero cuando vieron a  Bernabé dar el dinero de la venta de su terreno, sus corazones quedaron turbados, lo que los llevó a vender su herencia para dejar también su aporte, pero al momento de hacer este acto no lo dieron todo como ellos lo afirmaron.

 “―Ananías —le reclamó Pedro—, ¿cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo y te quedaras con parte del dinero que recibiste por el terreno? ¿Acaso no era tuyo antes de venderlo? Y una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? ¡No has mentido a los hombres, sino a Dios! Al oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Y un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron de lo sucedido.” Hechos 4:3-5 (NVI).

Es triste pensar que un bien con mentiras te lleva aun mal peor. Lamentablemente ambos esposos sabían lo que escondían y a quien se enfrentaban, pero su codicia los llevó a mentir y a pagar esto con sus propias vidas. Si tan sólo hubieran dicho la verdad, la historia sería diferente.

¿Realmente vale la pena no decir la verdad?

Si una mentira lleva a otra para cubrir la anterior y finalmente uno queda atrapado en su propia red de engaños, entonces ¿Por qué hacerlo?  Aparentemente parece ser una manera conveniente para salir rápidamente de una situación comprometedora e incómoda, pero en realidad es un callejón sin salida.  Recordemos lo que dice Proverbios 19: 5 (NTV): “El testigo falso no quedará sin castigo; el mentiroso tampoco escapará.”

La próxima vez que te sientas tentado a decir una mentira por más pequeña y piadosa que esta pueda parecer ¡Piénsalo bien! Porque cuando no somos veraces, perdemos valor y credibilidad en nuestras palabras, lo cual es parte de nuestro testimonio que refleja la experiencia con Cristo a los no creyentes y principalmente porque no lo hacemos contra los demás sino contra Dios.

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Perdona para ser perdonado 4

Perdona para ser perdonado

“Si perdonas a los que pecan contra ti, tu Padre celestial te perdonará a ti” Mateo 6:14 (NTV)

¡Qué difícil es perdonar! A muchos nos cuesta, especialmente cuando las heridas fueron causadas por personas que amamos. Por eso, todos necesitamos la ayuda de Dios de manera que seamos inundados de su amor para ser movidos a perdonar. Recuerda que es una decisión, no una opción, por la cual liberamos a quien nos lastimó, más allá de lo que sentimos hacerlo o no. Es importante traer a memoria las innumerables veces en que le hemos fallado a Dios y aun así, Él nos ha perdonado. ¿Entonces, porque no debiéramos hacer lo mismo con nuestro prójimo? No sigas viviendo herido por guardar en tu corazón rencor y amargura. Decide perdonar y recuerda, que para recibir el perdón de Dios, tú también debes hacerlo con tu prójimo.

Por Judith Quisberth

 

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¿Sin esperanza en medio de la enfermedad? 5

¿Sin esperanza en medio de la enfermedad?

Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Lucas 13:10-11 (RVR1960)

Dieciocho años tuvo que esperar esta mujer para ser libre de su enfermedad, probablemente ya resignada a vivir toda su vida de esa manera, pero “cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios.” Lucas 13:12-13.

Es importante notar, ¿Dónde estaba la mujer encorvada para que Jesús la viera e hiciera  su obra de sanidad? En la sinagoga y en plena presencia de Jesús. ¿Qué significa eso? Que la verdadera libertad y victoria ante cualquier situación consiste en  estar en la presencia del Señor.

La palabra de Dios dice: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.” 2 Corintios 3:17 (DHH)

Para la mujer del relato, su condición o el dolor que sentía  nunca fueron un obstáculo para  acercase a Jesús, su amor por estar con el Señor era más importante que lamentarse por la situación que tenía. Ella decidió ir al encuentro con Jesús y recibió sanidad.

Si tienes problemas de salud, no dejes que eso te impida acércate a Dios, recuerda que el Señor nunca cambia: es el mismo ayer, hoy y siempre. ¡Es hora de buscarlo y recibir su sanidad!

“He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.” Jeremías 33:6. (RVR1960) 

Dios desea que tengas vida y vida en abundancia (Juan 10:10). No olvides que Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por amor a nosotros, llevó nuestros pecados y enfermedades en la Cruz del Calvario y  por su llaga fuimos nosotros curados. (Isaías 53:4-5.)

Él sigue siendo el mismo y quiere restaurar tu vida. ¡Acércate a su presencia!

Oremos:

Padre nuestro que estás en los cielos, reconozco que sólo tú eres Dios y que para ti no hay nada imposible. Por eso hoy te pido que extiendas tu mano sanadora hacia tu hijo (a) que está delicado de salud; por favor quita el dolor o cualquier enfermedad de su cuerpo. Tengo fe que tú, Dios, tienes el poder para sanar y restaurar vidas. Confío que tu obra de sanidad está hecha. Gracias por tu amor y por tu misericordia. Que sea haga tu voluntad, en el nombre de Jesús, amen.

 

 

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Llamados para reconstruir 6

Llamados para reconstruir

“Hananí, uno de mis hermanos, vino a visitarme con algunos hombres que acababan de llegar de Judá. Les pregunté por los judíos que habían regresado del cautiverio y sobre la situación en Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.” Nehemías 1:2-4.

Después de un desastre natural o catástrofe provocada por una guerra, en cualquier lugar del mundo, se hacen labores de reconstrucción rápida para levantar esa ciudad afectada. Pero lamentablemente las cosas nunca vuelven a ser iguales, todo cambia para siempre. Muchos se marcharán del lugar y otros vivirán llorando por la pérdida de sus seres queridos. En momentos así el único consuelo es Dios, quien promete llevar nuestro dolor.

En el pasaje que acabamos de leer vemos a un hombre de Dios llamado Nehemías llorando por la destrucción de su pueblo, su ciudad había sido quemada y dejada en ruinas. ¿Cómo reaccionas tú cuando ves que tu vida, familia y ciudad están en ruinas?

“Oh Señor, Dios del cielo, Dios grande y temible que cumples tu pacto de amor inagotable con los que te aman y obedecen tus mandatos, ¡escucha mi oración! Mírame y verás que oro día y noche por tu pueblo Israel. Confieso que hemos pecado contra ti. ¡Es cierto, incluso mi propia familia y yo hemos pecado! Hemos pecado terriblemente al no haber obedecido los mandatos, los decretos y las ordenanzas que nos diste por medio de tu siervo Moisés.” Nehemías 1:5-7. Fueron las palabras de Nehemías al ver la situación de su pueblo. Si seguimos leyendo más de esta hermosa historia, encontraremos a un hombre que a pesar de su dolor se mantuvo en pie, confiando en el Dios grande y poderoso que él tenía, capaz de restaurarlo todo.

Nehemías era un hombre de oración que nunca dudó de Dios y sabía que en toda situación hay un propósito. Tenía un deseo y una visión grande de lo que Dios podía hacer a través de su vida. Con la fe y la ayuda de Dios se propuso restaurar Jerusalén y lo logró.

Si tenemos fe, nosotros también podemos lograr la restauración no sólo de nuestra propia vida, sino de la de otras personas que están destruidas por problemas, vicios, malas decisiones y falta de confianza en Dios.

Nunca es tarde para que puedas ser un instrumento de Dios, solamente necesitas disponer tu vida. Tú y yo estamos llamados a dar esperanza a aquellos que no la tienen.

Oremos: Señor amado gracias por tu palabra, quiero ser un hombre lleno de fe y con las cualidades de tu hijo Nehemías, para que pueda ayudar a mi familia y nación. Obra en mi vida y dame sabiduría para conducir a mis seres queridos a tus pies, porque sólo tú puedes restaurar sus vidas. Gracias por tu amor y por escucharme, te encomiendo mi vida en tus manos, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

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Pedro y Judas 7

Pedro y Judas

Durante el ministerio de Jesús hubo varios milagros y prodigios que se hicieron a la vista de muchos. En esa época era normal que cuando se levantaba algún hombre con este tipo de manifestaciones divinas también se juntara mucha gente para seguirle. Algunos creían que era un profeta, otros que era un maestro, pero muy poco sabían que era el Mesías prometido de Dios.

Aparte de la muchedumbre había un grupo específico de seguidores que lo acompañaban a todas partes, pero de entre todos ellos Jesús eligió a 12 para ser llamados sus discípulos. Con ellos convivió alrededor de 3 años enseñándoles muchas cosas.

De entre todas estas personas la Biblia destaca a dos de sus discípulos cuando llegó el día que Jesús debía ser entregado y crucificado: Por un lado está Judas de quien Juan 13:26-27 dice: “A quien yo (Jesús hablando) diere el pan mojado, aquél es (el que lo entregaría). Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto.”

Posteriormente Judas se fue a terminar el negocio con los principales de la sinagoga y a confabular para aprehender a Jesús, pero no sólo eso sino que también los guió al lugar donde Él estaba para entregarlo.

Al día siguiente, mientras Jesús era llevado ante Pilato, Judas veía que era condenado injustamente y se arrepintió, entonces quiso regresar las monedas de plata porque se dio cuenta de la gravedad de su pecado, pero no se las recibieron de vuelta y se fue, y se ahorcó, Mateo 27:3-10.

Por otro lado, la noche que Jesús fue entregado Pedro intentó defenderlo pero no puedo hacer mucho, Mateo 26:52. Aun así él siguió a su maestro viendo de lejos los maltratos que recibía y cómo era acusado sin pruebas. En un momento de la noche lo reconocieron y tres veces fue acusado de ser uno de sus discípulos, pero él lo negó las tres veces y entonces cantó el callo.

En ese momento vino a su mente las palabras que había recibido: “De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.” Mateo 26:34. Inmediatamente se fue del lugar y lloró amargamente.

Ambos discípulos cayeron en pecados terribles: Según la ley de Moisés entregar a un inocente y blasfemar eran crímenes castigados severamente, a eso hay que añadir que ellos sabían que no se trataba de un hombre común, era el Hijo de Dios lo cual les puso un peso de culpa extra.

El arrepentimiento de Judas lo llevó a cometer una locura, pero Pedro se fue a llorar por haberle fallado a su Señor. Las acciones que se realizan después de un pecado dicen mucho de cuánto uno conoce realmente a Jesús.

Muchos cometen errores como alejarse de la iglesia, volver a una mala conducta que habían dejado en el pasado, se apartan poco a poco de algunos amigos, se encierran en sí mismos, dejan algunas responsabilidades ministeriales de golpe, etc. Pero el peor error es dejar la relación con Dios.

La mayor parte de las veces los pretextos van desde “sentirse tan culpables que creen que no hay perdón para ellos” hasta “pensar que Jesús ya no los va a perdonar esta vez.” Este tipo de pensamientos están muy equivocados, no sólo porque perdonar a una persona arrepentida es parte de la naturaleza de Dios, sino porque la Biblia tiene muchas promesas de restauración.

Isaías 43:25 dice: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.” Versión Reina-Valera 1960

Juan 21, relata la manera en la que Jesús volvió a poner a Pedro en el ministerio al que había sido llamado. Fue restaurado completamente. Algo similar puede pasar contigo, pero considera: el verso 2 de ese capítulo dice que Pedro estaba con otros discípulos cuando Jesús lo volvió a llamar, esa es la diferencia con Judas quien se alejó de todos.

De nada sirve alejarte, quedarte en solitario y hacer locuras por los errores cometidos, es mejor confesar ante Dios los pecados cometidos, creer en su misericordia para el perdón de toda culpa y conocer su verdadero amor.

“Porque el Señor es bueno; su amor es eterno y su fidelidad no tiene fin.” Salmos 100:5 Versión Dios Habla Hoy

 

 

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¡No lo niegues esta vez! 8

¡No lo niegues esta vez!

Cuenta la historia de un hombre llamado Pedro, uno de los discípulos de Jesús que se caracterizaba por ser impulsivo, emprendedor y un gran siervo para las tareas que el Señor le encomendaba, por ello siempre se lo veía al lado de Jesús.

Cuando Jesús y sus discípulos iban de camino al Monte de los Olivos, el Maestro dijo: Esta noche, todos ustedes me abandonarán…Pedro declaró: Aunque todos te abandonen, yo jamás te abandonaré. Jesús respondió: Te digo la verdad, Pedro: esta misma noche, antes de que cante el gallo, negarás tres veces que me conoces. ¡No! —Insistió Pedro—Aunque tenga que morir contigo, ¡jamás te negaré! (Mateo 26:33-35)

Sólo habían pasado unas cuantas horas desde que Pedro le dijo a Jesús: “Aunque tenga que morir junto a Ti, no te negaré”, y ya lo había negado rotundamente; y al recordar que Jesús le había dicho que así pasaría lloró amargamente, expresando así su arrepentimiento.

Tal vez la presión del momento o el temor a tener el final que Jesús tuvo lo hizo actuar de esa forma, pero finalmente lo negó.

Cuando todo nos va bien somos capaces de hacer grandes cosas por Jesús, pero en el momento de la prueba retrocedemos y hasta negamos lo que anteriormente habíamos dicho con pasión.

Es verdad que Pedro negó a Jesús, su Salvador;  pero, ¿Y no lo negamos nosotros también? Tal vez no al decir que no lo conocemos, pero sí con nuestras actitudes, con la falta de respeto hacia nuestros padres, autoridades, hermanos.

Puede que estos días no hayan sido fáciles para ti y  por ello has olvidado a quién sigues, de quién dependes, a quién le prometiste tu vida y lo has negado con tus actitudes, tu forma de hablar y con tu vida misma. Pero déjame decirte que a pesar de todo ello: ¡Él aún está ahí, esperando que te des vuelta para recibirte con un abrazo de misericordia y amor!.

Después de la resurrección, Jesús  se presentó ante Pedro, quien se hallaba pescando (como la primera vez que lo llamó) junto a  otros discípulos,  y  cuando reconocieron al Maestro, Jesús le preguntó a quién lo había negado: “Pedro, ¿Me amas?” Imagino la cara que puso Pedro al oír estas palabras de Jesús, tal vez hasta se sintió avergonzado y arrepentido de lo que hizo; y  le respondió: “¡Señor, claro que te amo!” Pero Jesús le volvió a preguntar una y otra vez más. Entonces, Pedro comenzó a entender la profundidad de la pregunta del Maestro y, después de este encuentro, vemos un discípulo restaurado, hablando con denuedo de su Señor, proclamando las buenas nuevas.

Jesús quiere restaurar tu vida y perdonarte si alguna vez lo negaste. Él quiere concederte nuevas oportunidades y perfeccionarte día a día. Así que, a pesar de todas las falencias de tu carácter, debes perseverar porque Él sigue obrando en tu vida.

“Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo.” Hebreos 12:3 (NVI)

Por Ruth Mamani.

 

 

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¿Caíste? ¡Levántate! 9

¿Caíste? ¡Levántate!

El rey David a pesar de ser un hombre elegido por Dios para gobernar Israel, cayó en pecado y le falló a Dios.

El discípulo Pedro, estuvo junto a Jesús durante el desarrollo de su ministerio, pero llegó a negarlo y lo desconoció.

¿Le has fallado a Dios?

Como hijos de Dios somos el blanco perfecto para el enemigo y cuando logra su objetivo destruye la comunión con el Padre, el testimonio personal y todo lo que hemos trabajado en nuestra vida de creyente.

Hoy muchas personas viven apartadas de Dios, de la fe y de la iglesia porque el enemigo destruyó sus vidas y tomaron la decisión de no volver a ponerse de pie.

“Esto responde el Señor: —Si regresas a mí te restauraré para que puedas continuar sirviéndome. (…)” Jeremías 15:19 (NTV).

Dios, a través de su hijo en esa cruz, abrió la puerta para que el caído pueda volver, si es tu caso entonces es tiempo de levantarte:

Reconoce tu error, así como el rey David lo hizo, “Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí” Salmos 51:3

Acepta la compasión de Dios y perdónate a ti mismo, “Purifícame de mis pecados, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve” Salmos 51:7

Tanto Pedro como David le fallaron a Dios pero experimentaron el perdón y volvieron a servir y cumplieron su propósito de vida en la tierra.

No vivas con culpa y en medio de la vergüenza, LEVÁNTATE y corre a la cruz porqué allí es donde serás limpiado y restaurado.

¡Oh Señor, eres tan bueno, estás tan dispuesto a perdonar, tan lleno de amor inagotable para los que piden tu ayuda!” Salmos 86:5 (NTV)

Por Judith Quisbert

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¡Restauración! 10

¡Restauración!

La “Vasija de Portland” es un recipiente romano en forma de jarrón hecho a inicios del siglo I. Estamos hablando de un objeto con más de 2000 años de antigüedad que ha podido servir de inspiración para las grandes fábricas de porcelana de hoy en día.

A través de los años este objeto ha tenido muchos dueños desconocidos, recién en 1778 se conoció al primero de ellos: Villiam Hamilton quien fuere embajador británico en Nápoles. A finales del siglo XVIII pasó a manos de los Duques de Portland, quien en 1810 lo depositó en el Museo Británico para preservarlo de posibles daños.

No se podía imaginar que el 7 de febrero de 1845 un hombre llamado William Lloyd acudiría al museo en pleno estado de ebriedad, éste caminaba borracho por la sala, cuando de repente tropezó con una estatua que tiró sobre el jarrón. Ambas obras se cayeron al suelo y se hicieron pedazos.

La restauración de la vasija se llevó a cabo entre junio de 1988 y octubre de 1989, estamos hablando de 16 meses de trabajo arduo. Hoy la obra de arte parece nueva, como si nunca hubiese tenido ningún accidente.

En la vida espiritual Dios nos ve como vasijas que quiere restaurar del pecado.

1 Juan 1:9 “Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad.” Versión Traducción en lenguaje actual.

Este versículo habla del proceso de restauración en la vida de toda persona: Inicialmente está la confesión del pecado, luego viene el perdón de Dios dándonos una nueva oportunidad y para finalizar, está la limpieza que Él hace en nuestras vidas. Esta última parte es la más larga de todas.

Así como la restauración de la “Vasija Portland” tuvo un tiempo para recuperar su estado original y quedar como nueva, nuestra vida puede tardar en ser restaurada.

Por ejemplo: La adicción a la pornografía es un caso que se ha vuelto muy común. Gente que tras haber recibido a Jesús en su corazón y que aún se siente atada a ese tipo de vicio se ve frustrada porque erróneamente suponen que ese vicio desaparecerá automáticamente. Este es un pensamiento equivocado.

El pecado es una potencia tan devastadora que nadie por fuerza propia puede vencer, pero con la ayuda de Dios sí es posible hacerle frente. Estamos hablando de una fusión en la que el Espíritu Santo obra de acuerdo a nuestra fidelidad. Considera: Si alguno se está quemando pero no hace nada para huir del fuego, los rescatistas muy poco pueden hacer por él.

Los procesos de restauración no son un conjunto de rituales, sino que se trata de una comunión sincera con Dios. No esperes más y permite que Él pueda obrar en tu vida hasta que seas completamente restaurado.

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Estropeado 11

Estropeado

Se cuenta de un escultor que empezó a trabajar una hermosa pieza de mármol, pero sólo la estropeó por su impericia y desalentado abandonó su trabajo. Finalmente el mutilado bloque de mármol quedó abandonado en el patio del escultor y allí permaneció por mucho tiempo expuesto a la intemperie y medio oculto por las hierbas que crecieron a su alrededor.

Pero un día el famoso Miguel Ángel observó este bloque de mármol y vio lo que valía. Después de adquirirlo del fracasado escultor, empezó a trabajar en él, transformándolo en la admirable estatua del joven David con su onda en la mano, en el momento previo de arrojar la piedra que abatió al gigante Goliat. Tal maravilla de arte fue conseguida de un pedazo de mármol estropeado.

Quizás has tenido una vida dura, experiencias que han marcado tu vida, palabras hirientes que te tienen atado a una existencia de tristeza, decepción, baja autoestima y frustración. Sin importar qué hiciste antes o qué dicen de ti, Dios siempre puede cambiar las circunstancias.

“Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!” 2 Corintios 5:17 (NTV)

Si Miguel Ángel pudo hacer esa obra maravillosa con un pedazo de mármol estropeado y abandonado, ¿cuánto más podrá hacer Dios con tu vida? Sólo  debes depositar tus preocupaciones, el dolor, la frustración y la impotencia que sientes en Sus manos. Si le permites hacer su obra en ti sin poner objeciones y confiando plenamente en su magnificencia y su amor, el gran Artista del universo hará de ti una obra maestra; sanará tu corazón herido, restaurará tu vida, quitará cualquier dolor, rabia o amargura y llegarás a ser todo aquello que soñaste y aún más.

Permite que Dios haga de ti una obra maestra, no importa qué tan estropeada está tu vida, Él conoce tu valor y desea trabajar en ti.

 

 

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Aprendiendo de Papá 12

Aprendiendo de Papá

Es impresionante como los niños, desde temprana edad, empiezan a absorber y copiar lo que observan. Tal vez creemos que recién cuando ellos tienen uso de razón comienzan a imitar o hacer lo que ven, pero no es así, este proceso de reproducir todo lo que los rodea se inicia mucho antes.

En lo personal me sorprende la forma en la que ellos imitan lo que ven. Mi bebé acaba de cumplir un año y cuando lo subimos a algún juego que tiene un volante, él comienza a moverlo con las dos manos y a hacer un ruidito con la voz, como la de un motor; aun no habla pero ya imita los sonidos que oye y los movimientos que ve cada día en su papá cuando maneja.

Normalmente todos actuamos de acuerdo a lo que aprendimos de nuestro entorno, sea bueno o malo, e independientemente de cómo haya sido nuestra infancia no debemos olvidar que nuestro Padre y mejor ejemplo es Dios.

Tu vida pasada o las personas que te hayan rodeado no tienen porqué ser tu referente de vida, ni  tu patrón a seguir, tu vida puede cambiar y cada cosa que quieres cambiar de ti y que no te hace feliz, puede convertirse en algo bueno.

“Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo” 1 Tesalonicenses 1:6 (RVR-1960)

Si naciste de nuevo y aceptaste a Cristo como tu Salvador puedes seguir el ejemplo de tu Padre y ser restaurado. Puedes cambiar tu vida y ser imagen y semejanza de quien te creó.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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