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Trabajo satisfactorio

Proverbios 13:11 NTV: “La riqueza lograda de la noche a la mañana pronto desaparece; pero la que es fruto del arduo trabajo aumenta con el tiempo.”

Dios bendice la mano diligente, al que es sabio y dedicado para cumplir su trabajo; cualquiera sea  la labor que realice, sea en el campo o en la ciudad, ya que todo esfuerzo tiene su fruto. Es importante comprender que donde nada se hace nada sucede.

La palabra menciona que la persona que no trabaja no tiene derecho a comer y esto va relacionado con no fomentar la flojera incluso dentro del hogar ya que cada persona puede tener un rol distinto, el cual debe cumplir; y cuando todo está hecho no hay nada mejor que compartir el alimento bien merecido.

Algunas personas obtienen riquezas fruto de la corrupción, manejo de influencias, actos ilícitos, y aunque parezca que disfrutan de la vida, tarde o temprano pagarán las consecuencias

El trabajo es una bendición del Señor y si ganas tu salario con honradez anímate, no sientas envidia de lo que otras personas poseen. Eso no quiere decir que le des lugar al conformismo sino que cuando haces las cosas bien puedes ver bendiciones de Dios en tu vida.

Vale la pena esforzarse, vivir, compartir con los demás, agradeciendo la provisión que viene del cielo.

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Avaricia interminable

Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” (Lucas 12.15 RV60)

La avaricia es el deseo excesivo de acaparar riquezas para atesorarlas. Existen personas que tienen lo necesario para vivir, pero quieren más para sí mismos; no está mal que adquieran bienes pero eluden toda responsabilidad del corazón con la sociedad y las personas en necesidad para dedicarse sólo sus posesiones.

Un hombre rico que derribó sus graneros, construyó unos más grandes para acaparar más grano y estar despreocupado sin darse cuenta que su final estaba cerca ¿Para quién realizó ese trabajo si estaba a punto de perder la vida? ¿De qué vale toda la riqueza del mundo si el alma se pierde?

porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.”(1 Timoteo 6.10 RV60)

Los individuos no se dan cuenta que pueden perder a su familia y amistades por peleas vanas en la lucha por obtener mucho más dinero y bienes que un día desaparecerán, no comprenden que sólo los rodearán buitres que acabarán con sus finanzas y, en algunos acasos, el dinero cambia a las personas y destruye familias enteras.

Si tienes la oportunidad de poseer varios bienes, comparte con las personas que pasan por diversas necesidades, apoya la obra del Señor enfocada en ayudar a otros. Compartir abre las puertas para que muchos reciban alivio y de esta forma puedan también comprender que el Señor se preocupa por ellos, sé un instrumento que traiga paz a esta sociedad ya que esta es una de las maneras de vencer la avaricia.

“A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.” (Proverbios 19.17 RV60)

 

Por Carlos E. Encinas.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Tu prioridad es Dios?

“…«Un hombre rico tenía un campo fértil que producía buenas cosechas. Se dijo a sí mismo: “¿Qué debo hacer? No tengo lugar para almacenar todas mis cosechas”. Entonces pensó: “Ya sé. Tiraré abajo mis graneros y construiré unos más grandes. Así tendré lugar suficiente para almacenar todo mi trigo y mis otros bienes. Luego me pondré cómodo y me diré a mí mismo: ‘Amigo mío, tienes almacenado para muchos años. ¡Relájate! ¡Come y bebe y diviértete!’”. »Pero Dios le dijo: “¡Necio! Vas a morir esta misma noche. ¿Y quién se quedará con todo aquello por lo que has trabajado?”. Lucas 12:16-20 (NTV)

Este hombre había acumulado toda su riqueza en la tierra y al parecer era una persona trabajadora, pero el Señor lo llamó necio. ¿Por qué? Porque sólo pensaba en sí mismo y no había hecho ningún intento en buscar a Dios. “Dice el necio en su corazón: No hay Dios…”  Salmos 14:1.

Por supuesto que no es malo ser trabajador y acumular algunas cosas. El problema está en  ser una persona codiciosa que viva sin tener presente a Dios y darle el lugar que se merece. Por eso, debemos siempre examinar nuestro corazón y preguntarnos: ¿Estoy viviendo sólo para esta vida o mi meta es el reino de los cielos?

La Biblia dice: “Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón.” Mateo 6:21 (NTV)

Allí donde están inclinados tus deseos, anhelos y el máximo de tus intereses es donde está tu tesoro. Por lo tanto, piensa y reflexiona qué está ocupando el primer lugar en tu corazón. ¿Eres una persona desesperada por buscar a Dios o tu prioridad es otra cosa? ¿Qué es lo primero que haces por las mañanas al levantarte? ¿Está Dios en tus pensamientos?

Si tú crees que Dios no está ocupando el primer lugar en tu corazón y no estás haciendo nada por buscarlo, arrepiéntete y vuélvete a Él. Ahora es el momento oportuno para acercarte al Señor y conversar con Él.

Deja que el Jesús gobierne tu vida y sea el único tesoro que llene tu corazón, porque la vida no se mide por cuánto tienes sino a quién tienes en el corazón.

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Atesorar

Hace un buen tiempo recibí una tarjeta de amistad de una amiga muy apreciada y, a pesar de que han pasado algunos años, la tengo hasta ahora. Tiene mucho valor para mí porque  me recuerda el inicio de mi relación con Dios al aceptar a Jesús como mi Salvador y el amor infinito que me tiene a pesar de mis errores.

Es una pequeña y sencilla tarjeta, pero lo que es más apreciado para mí, es el mensaje que tiene, es una parte de las riquezas que guardo con amor; por el valor espiritual, por los recuerdos que me trae del amor de Dios y de las amistades que han bendecido mucho mi vida.

Así como atesoramos cosas que van relacionas con momentos o personas debemos  guardar las Escrituras: “Que el mensaje de Cristo permanezca siempre en ustedes con todas sus riquezas…” (Colosenses 3:16 DHH), pues estas son las que marcan nuestra vida, con un antes y un después, con el principio de una nueva oportunidad y la transformación de nuestro ser en todo aspecto.

Atesorar no sólo es guardar en un lugar seguro o llevar con nosotros ese especial tesoro, sino también es vivirlo para que brille en medio de la obscuridad y pueda resaltar el amor que Dios ha puesto en nuestra vida.

Si bien todos poseemos la Biblia en nuestra casa, ¿tenemos la Palabra de Dios en nuestro ser? Si nos cuesta pero tenemos en el corazón la necesidad pidamos a Dios que nos ayude, Salmos 119: 34-36 dice: “Dame entendimiento para guardar tu enseñanza; ¡quiero obedecerla de todo corazón! Llévame por el camino de tus mandamientos, pues en él está mi felicidad. Haz que mi corazón prefiera tus mandatos a las ganancias mal habidas.”

Que la riqueza que tengamos sea principalmente la Palabra de Dios puesta en acción en nuestra vida.

“He guardado tus palabras en mi corazón para no pecar contra ti.” Salmos 119: 11 DHH

 

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¿Cuánto te afanas por conseguir más dinero?

Nadie ha dicho que el dinero sea malo, o que tener mucho dinero sea malo. Lo que no es bueno, es convertir al dinero en nuestro Dios. ¿Y cómo hacemos eso? No es montándole un altar ni mucho menos. A veces lo hacemos sin darnos cuenta.

Si aceptamos demasiados trabajos por día para lograr más dinero y descuidamos por ello la familia, estamos haciendo del dinero nuestro Dios. Si nos hemos metido en deudas y por ello necesitamos trabajar excesivamente también estamos descuidando las cosas más importantes y estamos haciéndonos esclavos del dinero y de las instituciones o compañías a quienes les debemos. Estamos poniendo el dinero por encima de Dios. Y sabemos que Dios no quiere que tengamos nada más por encima de Él.

Es bueno ser precavido y guardar un poco de dinero, pero no obsesionarnos y dejar de darnos gustos o dejar de ayudar por acumular fortunas. Eso no lleva a nada bueno. Tenemos que aprender a ser buenos administradores de lo que nos permite obtener nuestro maravilloso Padre Amado Dios.

Lo que nunca debemos olvidar o le debemos recordar a quienes se obsesionan con el dinero, es que al irnos de este mundo, o al morir, porque es lo que todos tenemos segurísimo, nos vamos tal cual vinimos al mundo. Sin nada de lo que hacemos aquí. Recordemos que vivimos para el Reino que nos prometió Jesús a quienes creemos en Él. Dios te bendiga.

“No te afanes acumulando riquezas;
no te obsesiones con ellas.
¿Acaso has podido verlas? ¡No existen!
Es como si les salieran alas,
pues se van volando como las águilas”.

Proverbios 23:4-5

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Anhelas el regreso de Jesús o le temes?

Hoy día, con todos los cambios, acontecimientos naturales en diversas partes del mundo, los tiroteos y la violencia exacerbada, muchos dicen que estamos en los últimos días.

Quienes hemos leído la Biblia y creemos en Jesús, sabemos Su promesa de regresar, y sabemos que Él ha cumplido todas Sus promesas. También sabemos que nadie sabrá nunca el día exacto ni la hora, pero de que vuelve, estamos seguros.

Estaba escuchando hoy en la radio a un pastor que comentaba que las riquezas nos adhieren como tejido a este mundo. Son muchas las cosas que nos causan placer y en general muchos vivimos para lograr ahorrar lo suficiente para darnos esos lujos, viajar mucho y disfrutar de todas esas cosas que el dinero puede conseguir. Y es ese tejido que nos adhiere a estos placeres lo que hace que nos olvidemos de la promesa de Jesús de vida eterna en un mundo sin lágrimas ni dolor, el mundo perfecto que Él creó originalmente para nosotros.

Pero si alguien nos pregunta, qué sentiríamos si supiéramos que este es el último día de nuestras vidas; o si hemos tenido una experiencia donde casi perdemos la vida, la perspectiva y las prioridades nos cambian. Tal vez los que temen el regreso de Jesús es porque sienten que no se están comportando como deben.

Cuando nos invitan a vivir como si Jesús fuera a venir hoy mismo, no es para que vivamos asustados o angustiados por lo que no hemos hecho. Lo que debemos hacer es dominar nuestras conductas indebidas y priorizar nuestro trabajo para el Reino de Dios, ese que nos prometió a Su lado, y tratar de contarle a la mayoría de las personas que nos encontremos, la manera como Jesús ha cambiado nuestras vidas, el por qué nos sentimos felices.

Esa es la mejor cuenta que vamos a dar cuando nos vayamos de aquí, porque de las faltas, Jesús se encargó en la cruz. Pero, qué lindo poder entregar nuestra “cosecha” a ese maravilloso Dios que nos absolvió de toda culpa a quienes creamos en Él.

Yo trato de estar todo el tiempo trabajando para Él, de manera que cuando regrese, me encuentre haciéndolo. Es bueno relajarse, desconectarse viendo una serie que nos guste y todo, pero no permitamos que eso ocupe la mayor parte de nuestro tiempo. Demos la mayor y la mejor a nuestro Amado, que dio Su vida por nosotros y nos está preparando un lugar para cuando partamos de acá.

 

 

Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Busca lo eterno

“Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre” 2 Corintios 4:18  (NTV)

El afán de este mundo nos lleva a enfocar nuestra mirada en las riquezas materiales como un auto de lujo, una casa enorme, etc. quizás para este tiempo estas son las riquezas que el hombre debe anhelar y lograr; pero recuerda que la visión de los hijos de Dios va más allá de lo material y de lo visible, como creyentes debemos buscar tesoros eternos como la salvación, la identidad que tenemos en Dios, etc. Comienza a mirar y buscar aquello que permanecerá para siempre.

Por Judith Quisbert

 

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Tesoros en el cielo

“No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.” Mateo 6:19-21 (NVI).

Esta  ilustración que Jesús hizo fue para hacernos entender que los bienes de este mundo son temporales e inciertos, por ello, no debemos darles más valor del que en verdad merecen.

Cuando Jesús habló de tesoros no hizo referencia solamente a cosas materiales de mucho valor económico, como joyas, dinero, automóviles lujosos, etc. Más bien, creo que se refirió a todo aquello que ocupe un lugar excesivamente importante en nuestro corazón y que ha llegado a convertirse en nuestro tesoro personal.

No podemos negar que cuando poseemos un tesoro, buscamos cuidarlo, preservarlo y, si es posible, acumularlo. Pero debemos entender que concentrarnos sólo en las riquezas, hará que nos comportemos de manera muy egoísta, sin ver las necesidades de los demás, podrá hasta quitarnos el tiempo que merecen nuestras familias, amigos, hermanos, padres y le restamos importancia a aquello que realmente importa y lo trasladamos ese valor a nuestro tesoro (éxito, logros, posesiones, posición laboral, social y eclesiástica).

Si hasta el día de hoy has puesto tu esfuerzo, tu tiempo y tu corazón sólo en alcanzar cosas materiales ¡detente! Porque así como le dijo al rico insensato, Jesús te dirá: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?” Lucas 12:20 (NVI)

Las riquezas pueden llegar a convertirse en rivales del Señor. Él nos ama tanto que no quiere compartirnos con nada ni nadie, pero cuando nuestra mente y todas nuestras energías están concentradas en las cosas temporales de este mundo, lastimamos el corazón de nuestro Salvador, quien desea ser el centro de nuestros pensamientos.

Es necesario que hoy recapacitemos sobre dónde hemos puesto nuestro corazón y revisemos nuestra lista de prioridades.

Te invito a que puedas poner tu corazón y cada uno de tus anhelos en Cristo Jesús, permite que Él sea el tesoro de tu vida; no cabe duda de que su riqueza es inagotable, la que puedes compartir con los demás.

Por Ruth Mamani.

 

 

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Bendición más que riquezas.

La bendición es la expresión de un deseo benigno que se dirige a una persona; Dios quiere que como sus hijos seamos bendecidos en todas las áreas de nuestras vidas.

Muchos piensan que ser bendecido es pedir a Dios cosas grandes, que en varios casos tienen que ser visibles y tangibles. Cuántas personas creen hoy en día que la bendición de Dios se encuentra en tener las mejores cosas materiales, mucho dinero en el  banco o vestir la ropa de moda del momento; es un error pensar que sólo lo material es una bendición del Padre y si no lo reciben piensan que el Señor no está atento a sus necesidades.

El deseo de Dios es que nos vaya bien en todas las cosas que emprendamos cada día, también desea que tengamos salud para poder disfrutar de lo que Él nos da. Tenemos que tener la madurez suficiente para poder administrar lo que Dios  pone en nuestras manos.

“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” 3 Juan 1:2

Hay bendiciones que son más que riquezas, como: Tener salud, ser amado y amar, paz en el corazón a pesar de las pruebas, disfrutar de unos padres, un hijo, la dicha de tener amigos, la vida que Dios nos da cada día, un trabajo, un esposo y una esposa que te ama y disfrutar de todo lo que nuestro Padre ha creado para consentirte porque eres valioso para Él.

Las cosas más pequeñas, que creemos menos importantes, hacen de nuestras vidas algo perfecto. Disfruta de todo lo que Dios te da cada día y recuerda que hay bendiciones que no siempre son riquezas.

“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará.”  Salmo 23:1-2

Por Miguel Ángel Veizaga.

 

 

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En la roca

Un poderoso rey, que era famoso por sus riquezas, había podido comprobar que las mismas no le hacían  feliz.

El monarca oyó hablar de un ermitaño, famoso por su sabiduría y piedad, que daba lecciones a los demás hombres para ser felices. Sin demora dirigió sus pasos donde podría encontrar a este varón de Dios, el cual vivía en su rincón del desierto.

  • Amigo, dijo el rey, he venido para que me enseñes cómo podré llegar a ser feliz.

El anciano lo recibió afablemente y lo invitó a ir a dar un paseo con él. Lo condujo por una senda estrecha y lo llevó hasta el pie de una roca, situada encima de la alta montaña. Señalando la roca dijo el anciano al rey:

  • Dígame vuestra majestad: ¿Por qué habrá edificado el águila su nido tan alto allá en la roca?
  • Sin duda, contestó el rey, para estar a salvo de todo peligro.
  • Cierto, dijo el sabio, seguid entonces el ejemplo del Águila. Edificad vuestra casa sobre la “Roca de los siglos”, haceos un hogar en los cielos. Después estaréis seguro de todo peligro y disfrutareis la paz y el gozo todos los días de vuestra vida.

Todo lo que poseemos en la tierra es pasajero y todos nuestros esfuerzos por estar seguros o resguardar nuestras posesiones son vanos si depositamos nuestra vida en las manos de Dios.

Procura hacer tesoros en el cielo, que eso es lo verdaderamente valioso y no perecedero, no confíes en tus posesiones, fuerzas ni conocimientos, nada de eso te dará la felicidad que buscas.

No hay nada ni nadie en este mundo que pueda darte la seguridad y la paz que necesitas, por eso antes que nada, debemos procurar que nuestras  vidas estén refugiadas en Dios, que Él sea la Roca en la que nos apoyamos.

“Solo él es mi roca y mi salvación, mi fortaleza donde jamás seré sacudido”.  Salmos 62:2 (NTV)

Si estás pasando por problemas, si no sabes qué hacer, si te faltan las fuerzas y ya no puedes más, corre a refugiarte en el Señor, nada ni nadie podrá dañar tu vida si te escondes en Él.

“Pero el Señor es mi fortaleza; mi Dios es la roca poderosa donde me escondo”. Salmos 94:22 (NTV)

Refúgiate en el Señor, la paz, el gozo, la seguridad que buscas se encuentran en Él, la Roca de tu salvación.

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No apartes tu rostro de mí

Cuando David escribió este salmo, todo aparentaba estar bajo control. Los filisteos, sus persistentes enemigos no representaban una amenaza, al menos para este tiempo y hasta Absalón, el hijo que se le había revelado, ya había muerto.  David sentía que todo marchaba bien, lo cual lo llevó a afirmar: “En mi prosperidad dije yo: No seré jamás conmovido” (Salmo 30:6). Y sentía el respaldo de Dios en su vida y en todo lo que emprendiera; “Porque tú, Jehová, con tu favor me afirmaste como monte fuerte.” (V. 7). Sin embargo pareciera esbozar un sentimiento de insatisfacción que nos muestra que no do era color de rosa en su vida: David dice: “Escondiste tu rostro fui turbado” (v.7). Aquí vemos como David pese a disfrutar de paz y prosperidad no podía estar plenamente feliz debido a que Dios escondió su rostro de Él y esto evidentemente lo tenía mal. Creo que en esto podemos ver algo de ese corazón conforme al corazón de Dios del que nos habla la Biblia. David quería agradar al Señor con toda su vida y para él esto era tan importante que nada de lo que tenía o había conseguido tenía sentido si Dios apartaba su rostro de él.

Pero, ¿Cuál habrá sido la causa por la que Dios apartó su rostro?. Quizás David se enamoró de la prosperidad y de ese tiempo de calma y bienestar pudiendo haber quitado el enfoque en Dios para ponerlo en las riquezas. O también es posible que, por sus muchas ocupaciones o simplemente por relajarse ante un entorno que en ese momento le era favorable, haya descuidado su relación con Dios y ya no lo buscaba tanto como antes. De todas maneras, David, pese a tenerlo todo se encontraba turbado y en esto nos da un verdadero ejemplo de un siervo de Dios. Entonces clamó y suplicó a Jehová (V. 8) pidiendo misericordia (v. 10). Entonces Dios cambia su lamento en baile, quita su aflicción y le devuelve el gozo por eso David quiere agradecer a Dios por todas sus maravillas, alabarle y darle gloria, por siempre.

A menudo nos pasa, que en los tiempos en que todo parece tranquilo y los problemas que nos acosaban pasan a ser simplemente un mal recuerdo, nos relajamos pensando que nos podremos quedar en ese estado para siempre. Nos sentimos bien, disfrutando de la última victoria en el Señor, pero quizás corremos el riesgo de enamorarnos de ella y sacar la mirada del dador de la bendición. Entonces muy pronto desaparece ese fervor que caracterizaba nuestras oraciones cuando estábamos en medio de problemas y todo se va haciendo más superficial. Pareciera que el mismo David experimentó esta clase de dificultades. Aunque todo parecía estar bien, seguramente él sentía que algo faltaba lo cual no le permitía disfrutar plenamente. Entonces clamó a Dios por su misericordia y Él le restauró el gozo.

Si tu vida espiritual se ha vuelto rutinaria, si te encuentras pasando esos momentos donde como respuesta a tus oraciones solo encuentras el silencio de Dios, clama una vez más como lo hizo David y con todo tu corazón para que seas completamente restaurado.

Por Daniel Zangaro

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¿Estás listo para irte al cielo?

Una enfermedad  crónica o terminal induce a que la persona piense en el final de su vida, pensar que la muerte está a pasos de distancia ocasiona un sufrimiento muy grande. Sin embargo, no es necesario padecer una enfermedad para pensar en el fin, el tiempo de irse ha llegado a muchos jóvenes y niños cuando se encontraban en el estado más enérgico y saludable de sus vidas.

Por tanto, ya sea que nos encontremos saludables o con una terrible enfermedad tenemos que estar preparados para ir al lado de Dios ¿Estás listo?

“También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.

Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” Lucas 12:16-21

Este hombre estaba viviendo un tiempo de prosperidad y aún tenía planificado mayor abundancia para el futuro, lamentablemente en su vida sólo se ocupó de hacer riquezas y se olvidó de Dios, perdió lo más importante: salvar su alma.

Si estás enfermo no te tortures pensando en el final del camino porque todos pasaremos por eso,  no te preocupes solamente por sanar tu cuerpo sino por salvar tu alma. Si pides a Dios que te sane es posible que recibas una respuesta afirmativa, sin embargo, también es posible que tu tiempo haya llegado y lo importante será que estés preparado para irte con Él.

El tiempo de partir puede llegar en cualquier momento, seas anciano, joven o niño, estés enfermo o sano, aunque te encuentres en prosperidad y abundancia, nada impedirá que te vayas si ha llegado el tiempo; por tanto, actúa con sabiduría y realiza tus planes de la mano de Dios, seguro de irte al cielo si en este momento concluyera tu vida en este mundo.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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