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Si rechazas la corrección, sufrirás

“La sabiduría multiplicará tus días y dará más años a tu vida. Si te haces sabio, serás tú quien se beneficie. Si desprecias la sabiduría, serás tú quien sufra.” Proverbios 9:11-12 (NTV)

La persona que te ama te corregirá y exhortará cuando vea que estás equivocado o haciendo algo que no es correcto, pero nunca dejará que vivas a tu manera y obrando mal.

Dios quiere que seas una persona sabia y disciplinada, para eso Él pondrá en tu vida personas y circunstancias que te ayudarán a corregir todo aquello que no esté bien en ti.  “Porque Dios corrige y castiga a todo aquel que ama y que considera su hijo.” Hebreos 12:6 (TLA)

Pero, ¿a quién le gusta que le corrijan? A la gran mayoría de las personas no nos gusta la corrección ni que nos llamen la atención. Nos creemos autosuficientes y sabios en nuestra propia opinión.

A veces cuando alguien nos hace dar cuenta de nuestros errores respondemos de mala manera con palabras como: “es mi vida” “es mi problema” “puedo vivir como yo quiero” “no te metas en mi vida” “quiero estar solo (a)” “no vuelvas a hablarme” o simplemente con nuestra actitud decimos todo eso. ¿Te pones así cuando alguien quiere aconsejarte y ayudarte?

Te diré algo, no avanzarás mucho en la vida si no estás dispuesto a ser enseñado. Seguirás en el mismo error y poco a poco te volverás una persona carente de sentimientos, que se molestará  y maltratará cada vez que alguien quiera corregirte.

La palabra de Dios dice: “Atended el consejo, y sed sabios, Y no lo menospreciéis.” Proverbios 8:33 (RVR1960)

Si quieres ser una persona madura y sabia necesitas que te corrijan. La corrección te ayuda a combatir defectos que quizás ni siquiera sabías que tenías, pero que los demás ven en ti.

Sé una persona humilde y no orgullosa para aceptar la corrección y los consejos que te den. No olvides que el regaño que más te duele podría ser el que más necesitas.

Proverbios 16:18 (PDT) dice: “Después del orgullo viene la caída; tras la arrogancia, el fracaso.” Y en Mateo 5:5 (NTV) Jesús dijo: “Dios bendice a los que son humildes, porque heredarán toda la tierra.”

La persona que te corrige quiere lo mejor para ti y que seas feliz. “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él.” Hebreos 12:5. (RVR1960)

Oremos:

Padre amado, gracias por tu palabra, hoy aprendí que necesito ser corregido y enseñado. No quiero ser autosuficiente y sabio en mi propia opinión. Sé que la falta de humildad y no aceptar la corrección de parte tuya hará que sufra consecuencias. Por favor, haz de mi vida una persona sensible a tu voz y correcciones, quiero ser una persona sabia y temerosa de ti. Pongo mi vida este día en tus manos, dispuesto estoy a recibir todo lo que venga de parte tuya, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Enumeraciones

Nuestra pequeñez en la profunda inmensidad del universo. La cruda evidencia del cuerpo que se deteriora. El agudo filo del adiós sin retorno. La fría estocada de la razón sin sentimientos. Todo lo que termina, termina mal. Queda clara la inevitabilidad de la muerte. El descubrimiento de la mentira. La ilusión que se hace trizas en el duro cemento de la realidad. Nuestro nombre que no aparece en la lista ganadora.
Leemos el informe que dice que lo nuestro no tiene cura. Un niño muerto es fotografiado en la playa. Resultó que nuestro personaje inolvidable era un redomado estafador. Lo que abrazamos tibio y sereno devino tempestad y cenizas. La sonrisa era una mueca inventada. El amor se congela a la intemperie. Lo soledad es la única puerta sin llave.
El necio gana millones y tiene buena prensa y el sabio recibe una pensión miserable y es denigrado en las redes sociales. La patética reverencia que hay que hacer para conservar el puesto. El inmenso y flagrante imperio del mal. Las inmensas riquezas con su macabra estadística de almas muertas.
Es tan corto el amor y es tan largo el olvido. La mascarada de los discursos y las predicaciones. La hora del lobo y las ocho horas de insomnio. La violencia y el hambre que nunca dicen: “¡Basta!” Nos reducimos a una mínima pantalla táctil. La “Matrix” que está en todas partes y permea todo. Los ceremoniales hipócritas y las condecoraciones desvergonzadas. Los diligentes emprendimiento de la superchería. A veces, ¡qué ganas de no tener más ganas!
Las vanas repeticiones de slogans, clichés y lugares comunes en las solemnes convocaciones (“Las tiene aborrecidas mi alma”, dijo una vez Dios). Sísifo que sube una y otra vez la piedra a la cima del monte para verla, una y otra vez, caer.
Tenemos dolores de parto y damos a luz viento. El estremecedor sonido de la hojarasca en los pasillos de los templos. La picazón por escuchar. La avalancha de pronunciadores de palabras halagüeñas. Las Sagradas Tecnologías de la Información, al alcance de todo entendimiento y a precios módicos. El tremendo invierno que se viene y nosotros en tenida de playa. La arenga cultural de Goliat domina el teatro de la guerra y David anda en un congreso internacional.

¡Presta atención!

Una historia cuenta que atravesando el Atlántico, hace varios años, con el vapor Scotia, una noche tranquila y serena, un hombre pudo notar en el capitán del barco cierta inquietud.

Intrigado el hombre por lo que notaba, se dirigió al capitán y le preguntó a qué se debía su nerviosismo, a lo que le contestó que había bajado mucho el termómetro durante las últimas horas y que ello lo tenía preocupado ya que seguramente habría grandes cantidades de hielo a su alrededor, y obraría como un loco si pretendía continuar el trayecto en tales circunstancias, ya que  lo mejor en aquel caso era parar el barco, pues si chocaban con un iceberg irían a pique.

Nadie podía advertirles del peligro en que estaban sino el termómetro, y por la fe en la advertencia del instrumento, el capitán salvó la vida de todos los que estaban en aquel vapor.

Lo mismo sucede con nuestras vidas, contamos con un termómetro que nos va guiando y nos muestra si vamos por buen camino o no.  Sería tonto de nuestra parte el querer vivir sin obedecer las advertencias de Dios, nadie con sentido común  seguirá su trayecto sobre una ruta que tiene avisos de que el camino termina ahí ni tomaría veneno viendo la advertencia en el frasco. De igual forma, sería necio el pretender vivir desobedeciendo a Dios y pensar salir ilesos o llevar una buena vida sin acatar los mandamientos que nos da.

Muchas veces solamente nos aprendemos las promesas, nos agarramos de ellas y dejamos de lado las prohibiciones que encontramos en la Biblia, olvidándonos que si no hay obediencia tampoco podremos disfrutar de las bendiciones que Dios tiene para nosotros.

“Hijo mío, no te olvides de mí ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán. Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad;
Átalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión
Ante los ojos de Dios y de los hombres. Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos”  Proverbios 3:1-8 (RVR1960)

Todas las prohibiciones y advertencias que encontramos en la palabra de Dios no tienen otra finalidad que evitarnos dolor y salvar nuestras almas porque lo que puede parecernos bueno o inofensivo en su momento, más adelante puede traernos mucho dolor con las consecuencias que acarrea, puede alejarnos de Dios, desviarnos del camino e incluso podríamos terminar perdiendo nuestra salvación.

Vivamos atentos a los mandamientos de Dios para que podamos disfrutar de una vida de paz y llena de las bendiciones que nuestro Padre tiene para nosotros. Seamos sabios para obedecer las indicaciones que Él nos da, de manera que cada día nos acerquemos más a Dios y podamos cumplir el plan que tiene para nuestras vidas.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Quién te acompaña?

Cuenta una historia que con la llegada de la primavera, un señor que tenía un canario que cantaba muy bien,  pensó que el pobre pajarito necesita más aire y sol, así que lo sacó al jardín y colgó la jaula de un árbol.

Pronto rodearon la jaula bandadas de gorriones, y el canario comenzó a imitar el poco musical chirrido de sus nuevas amistades.

El dueño del canario, cuando se dio cuenta, lo llevó de nuevo a la casa; pero era demasiado tarde, el pajarito había perdido su canto para siempre.

En ocasiones sucede eso con nosotros, buscando estar mejor nos ponemos en situaciones que pueden afectarnos para siempre, nos aliamos a personas que  nos influyen de forma negativa, frecuentamos lugares que nos contaminan y, para cuando nos damos cuenta ya es tarde, muchas cosas cambian.

Proverbios 13:20  dice: “El que anda con sabios, sabio será; Mas el que se junta con necios será quebrantado”

Muchos cristianos tenían testimonios hermosos pero de repente dejaron de cuidar sus vidas y fueron perdiendo aquello que todos veían en ellos y que los hacían diferentes, pese a las advertencias de otros se obstinaron en salir con personas que no pensaban ni creían igual y lejos de influir en sus nuevas amistades, como pensaron que sucedería,  fueron ellos los que cambiaron y no para bien.

No se trata de aislarnos de la gente que piensa diferente ni de juzgarlos,  pero sé sabio y busca rodearte de personas  que te edifiquen, que te ayuden a desarrollar tus dones y talentos, a crecer más en todos los ámbitos de tu vida y, de la misma forma, que tú puedas ayudarlos a mejorar cada día.

¿Quiénes te acompañan? Sé sabio y busca buenos compañeros para este hermoso viaje llamado vida, que no sólo te edifiquen aquí, sino que te ayuden a prepararte para la eternidad.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Instrumento de Dios

Muchos sabemos del llamado del apóstol Pablo, quedó ciego y fue conducido a un pueblo donde estuvo durante 3 días y es aquí cuando aparece Ananías quien fue enviado por Dios para poner las manos en los ojos de Saulo y permitir que recuperara la visión.

¿Quién era Ananías? Hechos 9:10 nos dice que Ananías era un creyente que en su momento fue usado por Dios para realizar una tarea que podría costarle la vida, recordemos que Saulo perseguía y mataba a los creyentes, pero aun así este hombre obedeció y cumplió lo que se le había pedido que hiciera.

“El Señor le dijo:—Ve, porque él es mi instrumento elegido para llevar mi mensaje a los gentiles y a reyes, como también al pueblo de Israel” Hechos 9:15 (NVT)

Es muy poco lo que conocemos de Ananías, pero así como este hombre, todos tenemos la posibilidad de hacer algo para Dios; es decir, que podemos ser ese instrumento útil en sus manos.

¿Dios puede contar contigo para que realices una tarea?

Quizás piensas que no puedes hacer mucho para Dios porque no tienes los recursos necesarios o no tienes la suficiente preparación, pero aun así puedes ser esa herramienta vital en las manos de Dios para lograr su propósito, no te fijes en lo que tienes o lo que eres, solamente mantente disponible para ser usado y cuando la tarea te sea encomendada entonces puedas responder ¡SÍ SEÑOR, LO HARÉ!

Si te mantienes puro, serás un utensilio especial para uso honorable. Tu vida será limpia, y estarás listo para que el Maestro te use en toda buena obra” 2 Timoteo 2:21 (NTV).

Por Judith Quisbert

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

En la roca

Un poderoso rey, que era famoso por sus riquezas, había podido comprobar que las mismas no le hacían  feliz.

El monarca oyó hablar de un ermitaño, famoso por su sabiduría y piedad, que daba lecciones a los demás hombres para ser felices. Sin demora dirigió sus pasos donde podría encontrar a este varón de Dios, el cual vivía en su rincón del desierto.

  • Amigo, dijo el rey, he venido para que me enseñes cómo podré llegar a ser feliz.

El anciano lo recibió afablemente y lo invitó a ir a dar un paseo con él. Lo condujo por una senda estrecha y lo llevó hasta el pie de una roca, situada encima de la alta montaña. Señalando la roca dijo el anciano al rey:

  • Dígame vuestra majestad: ¿Por qué habrá edificado el águila su nido tan alto allá en la roca?
  • Sin duda, contestó el rey, para estar a salvo de todo peligro.
  • Cierto, dijo el sabio, seguid entonces el ejemplo del Águila. Edificad vuestra casa sobre la “Roca de los siglos”, haceos un hogar en los cielos. Después estaréis seguro de todo peligro y disfrutareis la paz y el gozo todos los días de vuestra vida.

Todo lo que poseemos en la tierra es pasajero y todos nuestros esfuerzos por estar seguros o resguardar nuestras posesiones son vanos si depositamos nuestra vida en las manos de Dios.

Procura hacer tesoros en el cielo, que eso es lo verdaderamente valioso y no perecedero, no confíes en tus posesiones, fuerzas ni conocimientos, nada de eso te dará la felicidad que buscas.

No hay nada ni nadie en este mundo que pueda darte la seguridad y la paz que necesitas, por eso antes que nada, debemos procurar que nuestras  vidas estén refugiadas en Dios, que Él sea la Roca en la que nos apoyamos.

“Solo él es mi roca y mi salvación, mi fortaleza donde jamás seré sacudido”.  Salmos 62:2 (NTV)

Si estás pasando por problemas, si no sabes qué hacer, si te faltan las fuerzas y ya no puedes más, corre a refugiarte en el Señor, nada ni nadie podrá dañar tu vida si te escondes en Él.

“Pero el Señor es mi fortaleza; mi Dios es la roca poderosa donde me escondo”. Salmos 94:22 (NTV)

Refúgiate en el Señor, la paz, el gozo, la seguridad que buscas se encuentran en Él, la Roca de tu salvación.

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¡Qué flojera!

Carlos era un joven cristiano que anhelaba ingresar a una universidad de prestigio. Él había orado muchas veces por sus estudios por lo que estaba seguro de su ingreso.

Se aproximaba la fecha para que rindiera su examen y él, lamentablemente,  no se ocupaba de estudiar. A pesar  de que sus padres, familiares y amigos le habían exigido que dedique un tiempo importante para prepararse, Carlos se  empecinó en creer que las buenas notas caerían como bendición del cielo por su oración.

Lo lamentable fue cuando llegó el momento del examen, como no había estudiado, no pudo responder de manera satisfactoria y, por lo tanto, su calificación fue la más baja de todos los estudiantes. Aprendió que Dios le había dado todas las capacidades para lograr sus metas, pero él no las había aprovechado.

Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; La cual sea sin capitán teniendo, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, Y recoge en el Tiempo de la siega su mantenimiento. Proverbios 6:6-8

La palabra de Dios nos dice que seamos sabios y tomemos como modelo a las hormigas, que sin tener un capitán o alguien que las dirija trabajan por su alimento y se preparan para el tiempo difícil.

En diferentes partes de la Biblia podemos observar que a Dios no le agrada la flojera u holgazanería. Muchos piden al Señor un trabajo, pero esperan que alguien toque su puerta y les diga que desde mañana empieza a trabajar. Otros piden ser grandes artistas pero no dedican tiempo para estudiar o perfeccionar su talento.

Desean ser hombres como Moisés y Elías, que mostraron tener el respaldo de Dios por los milagros que hacían, pero no pueden estar ni una hora en la presencia de Dios en oración o estudiando su palabra.

¡La verdad es que si quieres ser bendecido, tienes que esforzarte! Dios te ha dado todas las capacidades para lograr grandes metas. Él no educa hijos flojos sino sabios. Por tanto, ¿Hasta cuándo vas a dormir? ¡Levántate y ve por tus sueños! Esfuérzate y sé valiente, porque el Señor irá contigo.

 

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No es a tu manera

Un grupo de jóvenes se propuso jugar fútbol en la cancha del colegio donde estudiaron cuando eran adolescentes. La portera viéndolos ingresar, a distancia, empezó gritar e insultarlos para que se fueran. Todos se encontraban molestos y con ganas de ganar la discusión, hasta que uno de los jóvenes tomó el balón y se acercó a la portera, sus amigos pensaron que él tomaría el mando para pelear por su derecho, pero el joven de manera tranquila y respetuosa le dijo: “le pido disculpas por no pedir permiso, éramos estudiantes del colegio y solamente queríamos jugar, si desea podemos retirarnos.” La portera, sorprendida por la actitud del joven le dio la autorización para seguir jugando y se disculpó por confundirlos con personas extrañas.

La palabra de Dios menciona que: “La blanda respuesta quita la ira (Prov. 15:1) y es en momentos de tensión donde resulta difícil aplicar esta palabra. Usualmente reaccionamos como los jóvenes y queremos “poner en su lugar” a quién nos ha ofendido, pero la realidad es que el resultado fue favorable por uno que actuó sabiamente, y no dominado por sus impulsos.

“Es necesario que él crezca, pero que yo mengue.” Juan 3:30

La mayor parte del tiempo queremos solucionar los conflictos a nuestro modo, sin embargo, esta actitud debería cambiar cuando conocemos a Jesús. Una persona cristiana debe actuar como enseña la Palabra de Dios y “menguar” es decir, disminuir a sí mismo para dar lugar al carácter de Cristo. Entender que si yo no menguo, Jesucristo no va a crecer en mí y por tanto, no podrá obrar en mi vida.

Pablo dijo unas palabras que deberíamos repetir cada vez que tenemos que enfrentar una situación de tensión o cuando debemos resolver un conflicto: “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gál. 2:20) Pero qué difícil nos resulta decir “yo muero a lo que soy” cuando nos toca dar la otra mejilla, cuando debemos amar a nuestros enemigos, cuando tenemos que dejar el orgullo a un lado para pedir perdón o perdonar, cuando debemos sujetarnos u obedecer, cuando debemos servir a todos, aunque sepamos que nos pueden traicionar.

El “dejar de ser yo” para que Él crezca dependerá de mí y esta decisión la debo tomar todos los días. Si entiendo que como creyente de Jesús tengo que vivir de acuerdo a su voluntad, entonces mi vida tomará otro rumbo, ¡empezaré a cambiar y seré diferente porque ya no seré yo! ¿Y sabes que es lo mejor? ¡Los resultados serán favorables porque no será a mi manera, si no, a la manera de Dios!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La insoportable levedad

Nuestra pequeñez en la profunda inmensidad del universo. La cruda evidencia del cuerpo que se deteriora. El agudo filo del adiós sin retorno. La fría estocada de la razón sin sentimientos. Todo lo que termina, termina mal. Queda clara la inevitabilidad de la muerte. El descubrimiento de la mentira. La ilusión que se hace trizas en el duro cemento de la realidad. Nuestro nombre que no aparece en la lista ganadora.

Leemos el informe que dice que lo nuestro no tiene cura. Un niño muerto es fotografiado en la playa. Resultó que nuestro personaje inolvidable era un redomado estafador. Lo que abrazamos tibio y sereno devino tempestad y cenizas. La sonrisa era una mueca inventada. El amor se congela a la intemperie. Lo soledad es la única puerta sin llave.

El necio gana millones y tiene buena prensa y el sabio recibe una pensión miserable y es denigrado en las redes sociales. La patética reverencia que hay que hacer para conservar el puesto. El inmenso y flagrante imperio del mal. Las enormes riquezas con su macabra estadística de almas muertas.

Es tan corto el amor y es tan largo el olvido. La mascarada de los discursos y las predicaciones. La hora del lobo y las ocho horas de insomnio. La violencia y el hambre que nunca dicen: “¡Basta!” Nos reducimos a una mínima pantalla táctil. La “Matrix” que está en todas partes y permea todo. Los ceremoniales hipócritas y las condecoraciones desvergonzadas. Los diligentes emprendimientos de la superchería. A veces, ¡qué ganas de no tener más ganas!

Las vanas repeticiones de slogans, clichés y lugares comunes en las solemnes convocaciones  (“Las tiene aborrecidas mi alma”, dijo una vez Dios). Sísifo que sube una y otra vez la piedra a la cima del monte para verla, una y otra vez, caer.

Tenemos dolores de parto y damos a luz viento. El estremecedor sonido de la hojarasca en los pasillos de los templos. La picazón por escuchar. La avalancha de pronunciadores de palabras halagüeñas. Las Sagradas Tecnologías de la Información, al alcance de todo entendimiento y a precios módicos. El tremendo invierno que se viene y nosotros en tenida de playa. La arenga cultural de Goliat domina el teatro de la guerra y David anda en un congreso internacional.

No te desesperes

“Tu salvación viene  de Jehová, Y él es tu fortaleza en el tiempo de angustia. Él te ayudará y  librará; te libertará de los impíos, y te salvará, si esperas en Él.”Salmo 37:39-40

No pierdas oportunidades ni cometas errores por no saber esperar el momento exacto para actuar o tomar decisiones. Muchas veces como seres humanos nos desesperamos y nos preocupamos demasiado esperando que la respuesta de Dios sea inmediata, pero no nos damos cuenta de un error que cometemos en nuestra desesperación: no comprendemos que el Señor es fiel y que tiene un tiempo perfecto para enviarnos la respuesta a cada uno de nosotros.

Y es ahí cuando nos angustiamos, nos decepcionamos, nos enojamos y hasta nos deprimimos porque las cosas no salieron como queríamos. ¿Sabías que la desesperación retrasa las bendiciones? Te explico por qué: cuando uno se desespera comunica a Dios que no confía en Él, y sin fe es imposible agradar a Dios. Pues, tener fe es poseer la plena seguridad de que se recibirá lo que se espera y es estar convencidos de la realidad de las cosas que no vemos.

Posiblemente tu comportamiento esté comunicando a Dios que no confías en Él, pide entonces a Jesús que te perdone y enseñe a esperar confiadamente en Él. Que puedas ser sabio, paciente para esperar, y que tu fe aumente cada día para  agradarlo.

“Tengan paciencia y hagan la voluntad de Dios para que reciban lo prometido.” Hebreos 10:36 (PDT)

Mientras esperas la salvación y el favor de Dios, ten en cuenta lo siguiente:

No confíes en tus propias fuerzas, pon tu confianza en Dios y espera en Él. “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.” Jeremías 17:7

No sufras por ese problema que hoy vives, recuerda que tienes un Dios todopoderoso. “¿Por qué te abates,  oh alma mía,  Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios;  porque aún he de alabarle,  Salvación mía y Dios mío”. Salmo 42:5

No te detengas pensando que la espera es estar sentando sin hacer nada, camina lleno de fe, en comunión con Dios y en Su plena voluntad.

“Pacientemente esperé a Jehová,  Y se inclinó a mí,  y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación,  del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña,  y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo,  alabanza a nuestro Dios.  Verán esto muchos,  y temerán, Y confiarán en Jehová. Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza,  Y no mira a los soberbios,  ni a los que se desvían tras la mentira. Has aumentado,  oh Jehová Dios mío,  tus maravillas; Y tus pensamientos para con nosotros.Salmo 40:1-5

¡Alégrate! Porque a los buenos, honestos y a los que aman la paciencia les espera un futuro maravilloso.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Puedes aceptar mi consejo?

A veces creemos que somos lo suficientemente maduros como para confiar en nuestras propias decisiones por lo que, en lugar de agradecer un consejo, preferimos criticarlo o ignorarlo, hasta que los resultados nos demuestran lo contrario.

Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y necio que no admite consejos. Eclesiastés 4:13

La biblia nos menciona que es mejor ser un joven que es pobre, pero sabio, que un viejo que no desea ser aconsejado. Las experiencias que vivimos hacen que seamos más capaces y preparados de enfrentar la vida; sin embargo, podemos caer en el error de pensar que lo sabemos todo y no necesitamos la ayuda de alguien más, olvidando que existe mucho más por corregir y aprender de otros.

Recuerdo que hace años cuando me acerqué a mi pastor solamente para hacerle una consulta, pero antes de que pueda emitir una palabra, él dijo: “Que bueno verte ¿podrías orar por mí?”  En esa oportunidad quedé tan impresionada por su humildad, porque me acerqué a él sabiendo que era un hombre sabio, mas nunca imaginé que necesitaría oración de una persona que, en ese tiempo, no tenía mucha experiencia.

“Porque Jehová es excelso y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos” (Salmo 138:6)

Después de esa oportunidad solamente pensaba: ¡con razón Jehová lo atiende! ¡Con razón tiene lindas experiencias con el Señor! Porque Dios no lo mira de lejos, sino de cerca.

El altivo no refleja amor, ni compasión, ni misericordia, porque él se pone en un elevado lugar y a su lado los demás son pequeños. Por lo mismo, no acepta un consejo, una corrección o algún tipo de ayuda.

En este momento es necesario que analices si eres de las personas que acepta la corrección, de qué manera has recibido el consejo de alguien, si te cuesta pedir ayuda o que oren por ti. Si realmente quieres que Dios te mire de cerca, entonces, comienza a ser humilde, recuerda que al soberbio y altivo Dios los mira de lejos.

¡Un consejo no se critica, se agradece!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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