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Se verá que no 1

Se verá que no

Harta de la complacencia y el talante indolente, el alma se subleva.

Escribe la crónica de la sangre, el relato de la injusticia, la historia de los pasillos donde la grey susurra su desamparo.

Pero es en vano.

Como decíamos cuando éramos chicos, “no hay coté”, no está el horno para bollos.

La multitud prefiere la paz de la soberana medianía. Al fin y al cabo, se dice a sí misma, las cosas siempre han sido como son.

Se alinea con las noticias y las tendencias de la red social, se divierte con memes y videos, deposita su voto al mejor postor porque vota al que le dé.

Traga discursos carismáticos, oxidadas consignas setenteras y televisión farandulera.

Transita por las anchas avenidas del sentido y el lugar común.

A la inmensa mayoría le irrita la provocación de la diferencia, la mirada otra, la confrontación del pensamiento y la exigencia de las letras.

Para la gente está bueno que las cosas cambien un poco para que todo siga siendo igual.

(Vive y deja vivir, no te metas, no agites el gallinero, no vayas donde no te llaman, vuelve a tu cubil, lobo estepario, rebelde malagradecido. Aquí las cosas marchan como deben, cada uno cumple su papel, todo marcha viento en popa y al final vamos a ganar y si no lo crees, peor para ti.)

Así que éste no parece ser mi lugar. Es más, a lo mejor no existe tal lugar y lo único que me pasa es que padezco una rara enfermedad que se me contagió una mañana debajo de unos manzanos silvestres.

Me iré entonces acurrucando al amparo de la poesía, compañera fiel igual que los libros. Me voy a apotincar en la temperada caricia del recogimiento y voy a buscar el abrazo cada vez más simpático de la soledad.

A lo mejor habría que hacer caso del consejo “No agites, hermano”.

Entonces, a hacer no más la pega de todos los días, seguir desayunando en Amélie (los domingos en Marzola) y aparentar que me quedo en el molde.

Un día, cuando me vaya, se verá que no.

¿Por qué te escondes? 2

¿Por qué te escondes?

¿Cuál es tu actitud cuando le fallas a Dios? Sin duda el temor inunda nuestro corazón por el error cometido y es inevitable pensar que todo el mundo nos vio y se enteró de nuestro mal proceder, y lo único que queremos es escondernos, tal como Adán y Eva lo hicieron después de su caída.
“En ese mismo instante se dieron cuenta de lo que habían hecho y de que estaban desnudos. Entonces tomaron unas hojas de higuera y las cosieron para cubrirse con ellas. Con el viento de la tarde, el hombre y su esposa oyeron que Dios iba y venía por el jardín, así que corrieron a esconderse de él entre los árboles.” Génesis 3:7-8 (TLA)
Al parecer, nunca supieron que estaban desnudos hasta el día que cayeron en pecado, por lo que Adán le dijo a Dios: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí “(Génesis 3:10). Aparentemente tuvo vergüenza de estar desnudo físicamente, pero sumado a ello, se sentía indigno delante de Dios. Pues estaba consciente de su pecado.
Quizá hayas perdido la cuenta de la cantidad de veces que le fallaste a Dios, puede que por el tamaño de tus pecados te sientas indigno para presentarte delante del Padre, pero ya no te martirices por ellos, ni te escondas detrás de las hojas de un árbol, tal como lo hicieron Adan y Eva, porque esa no es la solución, no por ello los demás olvidarán lo que hiciste o Dios lo obviará; esto no funciona así.
Al contrario, sal del arbusto y permite que Dios renueve tu ser, porque esa es la buena noticia, que si con un corazón arrepentido vas delante del Padre, sin duda Su sangre limpiará todos tus pecados y te hará justo.
1 Juan 1:9 (RVR1960) Menciona:
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
¿Te das cuenta que no hay necesidad de permanecer escondido?

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El mal y la ira 3

El mal y la ira

¿Por qué este mal temerario? ¿Por qué tanta ira? pregunta Théoden, rey de Rohan. Las puertas han sido derribadas y el ejército de orcos y uruk-hai están penetrando el castillo del Abismo de Helm (El Señor de los Anillos: Las dos torres).

Lo mismo se pregunta Habacuc el profeta, con enojo semejante. Digo esto para recordarles que ver la verdad de los hechos no es patrimonio exclusivo de los creyentes

El mal es la marca del tiempo presente. No es que no haya bondad por la cual valga la pena luchar como afirma Samwise Gamgee en otro momento del relato.

Es que el mal ha ganado el campo en todas las esferas: gobierno, legislatura, justicia, administración pública, policía, empresas, entidades educacionales, instituciones de salud, estadios, villas de pobreza y barrios privados.

Ante tanto mal temerario que debilita la ley, relativiza la maldad y destruye vidas, nos invade la ira. Hay veces que uno se cansa de tener esperanza. Los que deberían conducirnos en la lucha contra el mal son parte de él, son sus servidores.

¿Qué ha de hacer el justo? ¿Seguir sometiendo la cerviz? ¿Encerrarse en su cuarto secreto a orar no más y esperar que un milagro ocurra? ¿Seguir poniendo la otra mejilla?

No sólo el Señor de los Anillos propone la idea de unos pocos – los menos – enfrentando el mal aunque cueste la vida. Ahí están las películas Matrix, Erin Brockovich, El informante. Ahí están las vidas segadas de Verónica Guerin, Mahatma Gandhi, el cardenal Oscar Arnulfo Romero, Julio César Ruibal, José Ignacio Rucci.

Si no conocen estos nombres, háganse un favor: dejen un rato de lado sus textos de autoayuda y lean, investiguen, incomódense un poco.

¿Qué va a hacer? ¿Así es la vida? ¿Son los últimos tiempos? ¿Estaba escrito? ¿No vale la pena? ¿Qué argumento tenemos para escabullirnos de la pregunta de Théoden: ¿Por qué este mal temerario? ¿Por qué esta ira?

Leamos Habacuc 2:9 al 12, sintamos y asumamos la ira que proclama:

!Ay del que codicia injusta ganancia para su casa, para poner en alto su nido, para escaparse del poder del mal! Tomaste consejo vergonzoso para tu casa, asolaste muchos pueblos, y has pecado contra tu vida. Porque la piedra clamará desde el muro, y la tabla del enmaderado le responderá. !Ay del que edifica la ciudad con sangre, y del que funda una ciudad con iniquidad!

Y hagamos algo.

Nadie puede ir al Padre si no es por Él 4

Nadie puede ir al Padre si no es por Él

“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí.” Juan 14:6 (NTV)

Es indispensable, esencial, necesario, importante conocer el camino para llegar a cualquier lugar,  porque si no lo conoces con seguridad tendrás dificultades para llegar al sitio que quieres o más que seguro te perderás y no llegarás.

Por ejemplo, para llegar a tu casa o donde vives, tu eres la única persona indicada para dar la dirección exacta a las personas que no la conocen y quieren visitarte.  En Juan 14:2 Jesús habló de la casa de su Padre y dijo que en ella hay muchos lugares donde vivir y prometió prepararnos uno para que habitemos por siempre.

Junto a esta promesa agregó la dirección exacta: “Yo soy el camino” “nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí.”  El apóstol Pablo también se refirió al único camino que puede llevarnos al Padre y dijo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”, Hechos 4:12.

No hay donde perderse, que ningún argumento o enseñanza te haga creer que hay muchas otras maneras o formas de llegar al Padre. La verdad es que, “Hay un Dios y un solo Mediador que puede reconciliar a la humanidad con Dios, y es el hombre Cristo Jesús.” 1 Timoteo 2:5 (NTV)

Cristo es el único camino para llegar al Padre, porque Él pagó con su sangre el precio de nuestra redención, pagó por la libertad de nuestros pecados y la condenación eterna. De no ser por Él, nunca podríamos acercarnos a Dios porque el pecado crea una barrera entre Él y los seres humanos, ya que Dios es Santo y no tiene ninguna relación con el pecado.   Pero el sacrificio de Jesús eliminó esa barrera y ahora tenemos acceso libre para poder hablar con Dios y recibir su ayuda.

¿Ya aceptaste a Jesús como tu único Señor y Salvador? ¿Tienes preguntas sobre la fe?

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¡Rompe el círculo vicioso! 5

¡Rompe el círculo vicioso!

Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Juan 9:1-3 (RVR)
Cuando alguien se encuentra atrapado en un hábito destructivo, solemos decir: “Lo lleva en la sangre” ¿Cuán cierto puede ser esto? Si, por ejemplo, en tu familia hay algún caso de alcoholismo ¿quiere decir que en tus genes tienes la adicción? Si así fuera, significa que podrías correr un mayor riesgo si tomas una copa de cerveza ¿No es así? Pero la respuesta de Jesús ante una pregunta similar de sus discípulos fue la siguiente: “…para que las obras de Dios se manifiesten en él.” Fue una gran oportunidad para que Dios demostrara su amor y su gracia liberando a este hombre.
Si por formar parte de una familia que tiene miembros adictos al alcohol o a las drogas sientes el temor de ser como ellos, no te aflijas, porque por la gracia de Dios ¡puedes romper ese círculo vicioso! Recuerda que su poder es mayor que cualquier vicio, no hay problema que Él que no pueda resolver.
Quizás tus padres tuvieron que ver en lo que hoy estas atravesando o simplemente fuiste tú quien tomó malas decisiones en la vida, pero ante todo ello Jesús puede liberarte, renovarte por completo y darte una nueva vida. Él no culpó a este hombre ni a sus padres, precisamente porque su misión no es ésa, Él vino a transformar vidas y tú no serás la excepción.
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2 Corintios 5:17 (RVR1960).
La pregunta es: ¿Qué tienes que quitar de tu vida para poder ver lo que Dios quiere que veas y hacer lo que Él quiere que hagas? Ya sea un vicio destructivo, una relación perjudicial o una mala actitud, déjame decirte que tienes dos opciones: vivir con ello y tratar de adaptarte o creer en Dios para ser liberado ¿Cuál es tu decisión?
David escribió en el Salmo 119:9
“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar Tu palabra”.
Entonces el secreto de llevar una vida cristiana en victoria está en empapar tu mente de las Escrituras para que toda suciedad salga de ti y seas transformado.
¿Cuán dispuesto estás a meditar en su palabra?

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Cuánto vales? 6

¿Cuánto vales?

Preguntar ¿Cuánto cuesta? Es necesario y automático cuando salimos de compras, todo producto u objeto tiene un costo establecido para salir a la venta y dependiendo de su valor podremos o no adquirirlo.
Si tuvieras que poner un precio a tu persona ¿Cuánto sería tu valor?
Lamentablemente encontramos personas que valúan su vida en base a sus posesiones, títulos, relaciones, etc. Tal vez este mundo haya establecido el valor del hombre en base a lo que tiene, pero Dios no utiliza esos mismos parámetros para dar valor a sus hijos, su palabra dice: “(…) porque eres muy precioso para mí. Recibes honra, y yo te amo.” Isaías 43:4 (NTV)
A veces el mundo se encarga de repetirnos constantemente que no valemos porque hemos cometido muchos errores que nos han llevado a perder cosas, pero recuerda que tu valor no depende de ello sino de Dios.
Quizás hayas cometido errores, pero para Dios sigues teniendo el mismo valor
“Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna.” Juan 3:16 (DHH); así es, vales la sangre de Cristo.

Hoy quiero invitarte a recordar que tu vida es valiosa, no importa las veces que te hayas equivocado o que tan lejos de su presencia estés, te ama y siempre espera por ti, para restaurarte y librarte.

¡Tú vida es invaluable! ¡Vales la sangre de Cristo!

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Para que ore 7

Para que ore

Se llevan en el alma como fuego inextinguible. En un viejo desván al final del corazón, un poco más allá de la dignidad, se guardan por meses, por años, toda la vida. Diariamente nos entregan su pequeña cuota de vergüenza, de culpa y de miedo. Silencios del alma, mudez de los sentidos, severa mordaza de la memoria. Triste y cotidiana constatación de nuestra incompletitud.
Porque así vivimos algunos de nosotros. Como analfabetos del perdón, iletrados de la misericordia, eternos alumnos aplazados de la cátedra de la compasión. Desconociendo la violenta manifestación de eso que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. No sabíamos nada de eso aunque lo proclamábamos como cosa aprendida. Nos quedamos en la orilla, anhelando la inmensidad de un océano que nunca surcaremos.
Y qué va a hacer. No nos apretó el abrazo hermanable que funde todos los pecados. No recibimos la mirada dulce y paciente del otro en nuestra desnuda realidad. No nos venció la bondad, administrada como sutura imprescindible a la hora de la violencia perpetrada en nuestra carne desesperadamente imperfecta. No hubo un trapo doliente que enjugara la sangre, el sudor y las lágrimas.
Nos dijeron una vez cuando niños que alguien allá arriba lo había hecho por nosotros. Pero no los hermanos y por eso no supimos cómo hacerlo a los hermanos.
Así que nos pusimos las máscaras de la alegría, nos vestimos con atuendos de santidad, nos ataviamos con dones y talentos y entramos en la corte para llevar participar en la mascarada semanal. Nos contamos historias de éxito y nos decimos “aquí estamos todos bien”. Aprendimos a sonreír convenientemente, a decir la palabra justa, a sancionar – mesuradamente si era posible – los desvaríos ajenos, aportamos los siempre indispensables recursos financieros y ejercimos nuestros oficios institucionales con suma diligencia.
Bien adentro, la sangre se hacía costra y la costra hierro. Algo dentro de nosotros se hacía duro pedernal y por eso seguíamos respirando a la mañana siguiente. Nos afirmamos en la tradición, la costumbre y en los viejos códices. Así pudimos seguir adelante.
La procesión va por dentro decíamos un poco un broma pero era desoladora verdad. Ya vendrán tiempos mejores solíamos repetirnos ensayando una mueca que aparentaba una sonrisa.
Se lo cuento a usted no más. Para que ore…

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Libre  otra vez 8

Libre otra vez

En la antigüedad, los imperios más poderosos tomaban como esclavos a pueblos pequeños quitándoles así su libertad y por lo general la esclavitud incluía abusos por parte de sus amos,  ¿Quién es un esclavo? Es aquel que no tiene voluntad propia para decidir sobre su vida y está bajo dominio de alguien.

El pecado  ha esclavizado a muchas personas que han dejado que el diablo los envuelva con sus mentiras,  logrando que sean personas sin voluntad para decidir sobre sí mismos,  Son muchas las personas que han sido  encerradas en una profunda tristeza quitándoles la paz de sus corazones.  Hoy en día, hay gente que camina libre por las calles y no están privados de su libertad en una cárcel, pero muchas veces  viven en una prisión espiritual donde no hallan paz para sus almas.

El enemigo quiere hacernos creer que  no merecemos estar en la presencia de Dios y que no somos dignos de su perdón, su intención es alejarnos por completo del Señor para tomar el control de nuestras vidas a su antojo, esclavizándonos en cosas que nos separan del Padre.

Cuántas veces, hemos buscado ser libres en nuestras propias fuerzas  de las cosas que nos esclavizan y no lo hemos logrado;  hoy necesitamos recordar que en Jesús podemos encontrar la libertad  que muchas veces hemos querido obtener. “… y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Juan 8:32.  La verdad es Cristo y si anhelamos conocerlo a Él seremos verdaderamente libres de todo aquello que nos tiene cautivos.   Jesús, no condena a nadie, perdona y da libertad  a todo aquel   se acerca para conocerlo.  Él nos librará  y  sanará  nuestro corazón herido.

Cada latigazo que recibió, todo menosprecio,  bofetada, la corona de espinas sobre su cabeza, el ser flagelado hasta que su cuerpo quedara desfigurado, los clavos que  traspasaron sus manos y pies, la lanza que  abrió su costado y hasta la última gota de su sangre que derramó por amor a ti; todo lo soportó para que recibas libertad,  te libró de la esclavitud muriendo en la cruz y  pagó tu rescate con su propia vida.

“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”. Gálatas 5:1

Por Miguel Ángel Veizaga

 

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sombras y luces 9

Sombras y luces

Que nos ampare e ilumine tu discurso ilustrado. Construye a nuestro alrededor muros protectores. Garantízanos cosas. Asegúranos que las fórmulas que hemos aprendido nos seguirán haciendo bien. Aléjanos con tus advertencias de posibles errores. No queremos perder nada. Queremos tener todo. Aporta seguridad. Diseña futuros promisorios. Combina certezas para nosotros y para nuestra gente. Construye moradas placenteras. Enséñanos un lenguaje de uso exclusivo porque queremos proteger nuestras valiosas y supremas ideas.
Convócanos a solemnes asambleas que den cuenta de nuestras enormes conquistas. Confírmanos la gloria del destino manifiesto que nos señala. Escribe de nuestras hazañas y redacta las crónicas de nuestros héroes. Enséñanos cómo continuar esta saga victoriosa y singular. Abre el libro de memorias para celebrar el pasado ejemplar y soñar un futuro transparente a la luz de los hechos portentosos de nuestros dirigentes.
Aleja de nosotros los ruidos molestos y los idiomas de los otros porque no queremos saber de sus insignificantes asuntos ni oír sus discursos inquietantes. Queremos marcar las diferencias. Somos la luz de este tiempo y no queremos tener nada que ver con sus alborotos y penumbras. Que quede claro dónde somos nosotros y dónde son ellos. Instrúyenos en nuestras defensas. Entrena a nuestra mejor gente para que nos represente en la lucha contra aquellas seducciones inquietantes.
Recuérdanos constantemente el galardón de nuestra conducta superior. Somos diferentes. Estamos limpitos. Sabemos lo necesario. No necesitamos nada que no sea nuestro. Todo está claro. Perfectamente definido. Todo está escrito. Somos ganadores.
…………..
Por acá abajo, sin embargo, señoras y señores, todo es estupor y temblores. Hay frío y violencia. Las palancas del poder movilizan la maquinaria del terror. Tenemos preguntas terribles. Certezas derrumbadas. Hay sangre, mucha sangre. Ausencias imperdonables. Abusos institucionales. Rapiña industrializada. El peso de las cosas nos abruma. Fracasamos tantas veces. Tantas veces somos perdedores. Amamos y dejamos de amar. Nos amaron y después nos descartaron. Somos asesinados con quirúrgica precisión. No calificamos para nada. Somos el lado oscuro de la vida. El olor de la muerte corrompe la esperanza. La noche no termina jamás. Estamos embriagados de tristeza. Nada sabemos de mañana. Olvidamos el pasado o no valía la pena recordarlo. Muy seco todo. Estamos acá. Nada está escrito para nosotros. No somos ganadores. Tenemos mucho que decir pero no nos dejan o ya no tenemos más ganas.

¡Ven! 10

¡Ven!

“Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos.” Zacarías 1:3

Paul Washer menciona:

“Dios siempre está llamando a que su pueblo se acerque a su presencia. Pero por el contrario, satanás les está diciendo: No pueden ir, mírate, sabe lo que has hecho, lo vil que eres, Él conoce la indiferencia de tu corazón, no vayas. Esas son palabras de un mentiroso, pero lamentablemente a menudo le creen, porque es tan difícil creerle a Dios con respecto a su amor, porque su amor es maravilloso. ¿Sabes cuál es el mayor acto de fe para un cristiano? Es verse al espejo de la palabra de Dios, ver todas tus fallas, y entonces creer por fe que Dios te ama tanto como dice que te ama. Es fe, ya que tienes que creer en algo que no has visto en ninguna parte del mundo, porque nadie es como Dios y nadie ama como Él.”

“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.” Isaías 55:1-3

Cuando Dios te dice que te acerques ¿Acaso no sabe todo acerca de ti? Él está al tanto de todo lo que has hecho y lo que vas a hacer, pero aun así te pide que te acerques. Es posible que te encuentres en necesidad o en pecado, pero quiere escucharte y salvar tu vida.

¿Hace cuánto tiempo no te acercas a Dios con todo tu corazón? En esta oportunidad quiero animarte a no dudar que eres amado. Entiende de una vez lo que hizo la poderosa sangre de Cristo en la cruz. Él no te puede amar más de lo que te ama y tampoco menos ¡Te ama con todo su ser! Por eso dio su vida por ti. Acércate ahora mismo y recuerda que eres profundamente amado.

“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.” Isaías 55:6

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

En voz baja 11

En voz baja

Se llevan en el alma como fuego inextinguible. En un viejo desván al final del corazón, un poco más allá de la dignidad, se guardan por meses, por años, toda la vida. Diariamente nos entregan su pequeña cuota de vergüenza, de culpa y de miedo. Silencios del alma, mudez de los sentidos, severa mordaza de la memoria. Triste y cotidiana constatación de nuestra incompletitud.
Porque así vivimos algunos de nosotros. Como analfabetos del perdón, iletrados de la misericordia, eternos alumnos aplazados de la cátedra de la compasión. Ignorantes de la violenta manifestación de eso que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. No lo conocíamos en realidad aunque lo proclamábamos como cosa aprendida. Nos quedamos en la orilla, anhelando la inmensidad de ese océano que nunca surcaríamos.
Y qué va a hacer. No nos apretó el abrazo hermanable que funde todos los pecados. No recibimos la mirada dulce y paciente del otro en nuestra desnuda realidad. No nos venció la bondad, administrada como sutura imprescindible a la hora de la violencia perpetrada en nuestra carne desesperadamente imperfecta. No hubo un trapo doliente que enjugara la sangre, el sudor y las lágrimas.
Nos dijeron una vez cuando niños que alguien allá arriba lo había hecho por nosotros. Pero no los hermanos y por eso no supimos cómo hacerlo a los hermanos.
Así que nos pusimos las máscaras de la alegría, nos vestimos con atuendos de santidad, nos ataviamos con dones y talentos y entramos en la corte para llevar a cabo la mascarada dominical. Nos contamos historias de éxito y nos dijimos “Aquí estamos todos bien”. Aprendimos a sonreír convenientemente, a decir la palabra justa, a sancionar – mesuradamente si era posible – los desvaríos ajenos, aportamos los siempre indispensables recursos financieros y ejercimos nuestros oficios institucionales con suma diligencia.
Bien adentro, la sangre se hacía costra y la costra hierro. Algo dentro de nosotros se hacía duro pedernal y por eso seguíamos respirando a la mañana siguiente. Nos hicimos fuertes en la tradición, la costumbre y en los viejos códices. Así pudimos seguir adelante. Sobrevivimos. La procesión va por dentro decíamos un poco un broma pero era desoladora verdad. Ya vendrán tiempos mejores solíamos repetirnos ensayando una mueca que aparentaba una sonrisa.
Se lo cuento a usted no más. Para que ore…

¿Qué son las lunas de sangre? 12

¿Qué son las lunas de sangre?

Las lunas de sangre son un fenómeno que hemos escuchado en estos tiempos.

Pocas veces las Escrituras, la ciencia y la historia se alinean en una misma dirección.

Sin embargo, las últimas tres series de Cuatro Lunas de Sangre han hecho, justamente, eso.

Existe un libro  de John Hagee, que se encarga de explorar esta conexión sobrenatural de algunos sucesos celestiales, junto a la profecía bíblica y el futuro del pueblo escogido de Dios, y las naciones del mundo.

“Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas… Cuando comiencen a suceder estas cosas, cobren ánimo y levanten la cabeza, porque  se acerca su redención”. Lucas 21:25-28

Las cuatro lunas de sangre de 1492:

Las cuatro lunas de sangre de 1492 anunciaron el Edicto de Expulsión en el que se les dio a los judíos 14 días para dejar España para siempre. Una angustia creciente para quienes habían visto a sus amigos torturados en el potro y quemados en la hoguera por negarse a convertirse al catolicismo durante la Inquisición española. Pero pronto sus lágrimas acabaron en un triunfo. Ese mes de octubre, Cristóbal Colón, financiado con dinero judío y mapas, encontró un refugio para los judíos del mundo entero: América.

Las cuatro lunas de sangre de 1948:

Después de la indescriptible angustia del holocausto las cuatro lunas de sangre de 1948 fueron el portal de apertura del triunfante nacimiento del estado de Israel. Después de casi 2000 años de diáspora Dios reunió a los judíos exiliados de las naciones del mundo y los trajo a su hogar, a la tierra del pacto que habían profetizado los profetas del Antiguo Testamento. Dios nos envió una señal de que la historia estaba a punto de cambiar para siempre…y así fue.

Las cuatro lunas de sangre de 1967:

Las cuatro lunas de sangre de 1967 ocurrieron durante la Guerra de los Seis Días en que se ganó Jerusalén para anexarla al estado de Israel. Hoy Jerusalén es más que la “capital indivisible” del país. Allí fue crucificado Jesús por los pecados del mundo y allí volverá Él para gobernar un reino global que no acabará jamás. Este hecho nos muestra que la historia cambió para siempre. Dios envió la revelación en cuatro lunas de sangre.

Las cuatro lunas de sangre de 2014:

Las siguientes cuatro lunas de sangre comenzaron en abril de 2014 y terminan en septiembre de 2015. ¡La historia está a punto de cambiar para siempre! ¿Estamos preparados?

En el cielo y en la tierra mostraré prodigios: sangre, fuego y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre antes que llegue el día del Señor, día grande y terrible. —Joel 2:30-31

Al conocer lo que esta sucediendo en estos tiempos, queda en nosotros creer o no creer. Pero lo mas importante es que podamos saber que SIEMPRE que Dios ha dicho algo, lo ha cumplido. Y siempre que Dios ha mostrado algo a su pueblo fue con un propósito. ¿Qué crees tu?

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