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¡Quiere sanarte!

“El SEÑOR los atiende cuando están enfermos y les devuelve la salud” Salmos 41:3 (NTV)

¿Estás sufriendo por causa de una enfermedad? Cuando nos encontramos en esos tiempos de debilidad, es cuando debemos acudir al único que puede sanarnos: Dios, su palabra dice que quiere devolverte la salud, solamente necesitas confiar y acercarte ante su presencia.

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El peso del pecado

Un hombre humilde iba cargando un bulto de papas sobre la espalda y fue interrogado:

 – ¿Cómo sabe usted que es salvo?

El hombre siguió caminando y luego dejó caer el bulto. Entonces dijo:

 – ¿Cómo me doy cuenta de que se me cayó el bulto? No he mirado atrás.
– No – respondió el hombre – pero lo puede saber porque ya no siente el peso.
– ¡Exactamente! – Contestó –  Por esta misma razón sé que soy salvo, pues he perdido la carga de pecado.

¿Sientes que estás llevando una carga sobre tus espaldas?

Tristemente hoy una gran cantidad de personas vive cargando enormes bultos llenos de pecado, tristeza, decepción, amargura, etc. estas cargas no sólo retrasan sino que alejan al hombre de su verdadero propósito en la tierra y lo llevan a la muerte espiritual.

Quizás nuestras debilidades humanas nos han llevado a caer en pecado y con ello a tomar un bulto de autocompasión y miseria, pero ante este panorama tan triste y desolador debemos tener presente estas palabras que encierran grandes verdades: ARREPENTIMIENTO, MISERICORDIA, PERDÓN y sobre todo JESUCRISTO.

Romanos 5:20 dice: “(…), pero mientras más pecaba la gente, más abundaba la gracia maravillosa de Dios” (NTV), la gracia de Dios y su misericordia hoy te dan esa posibilidad para decidir si sueltas ese bulto que llevas y experimentas la verdadera libertad o simplemente pasas de largo con tu carga encima.

¡Eres tú quien decide!

Tenemos el enorme privilegio de contar con un Padre que nos  ama sin medida y que está dispuesto a librarnos de nuestras cargas, “¡Oh Señor, eres tan bueno, estás tan dispuesto a perdonar, tan lleno de amor inagotable para los que piden tu ayuda!” Salmos 86:5  (NTV).

Si continúas llevando ese bulto no llegarás muy lejos pero sí saldrás lastimado, hoy te invito a dejar caer esa carga y correr a los brazos de Dios.

Puedes experimentar libertad y descanso si tomas la decisión de soltar las cargas que estás llevando.

Por Judith Quisbert.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Él es la solución

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados.” 1 Juan 4:10 (NVI)

Con la caída de Adán y Eva toda la raza humana se separó de Dios, pero sus propósitos no se detuvieron. El Señor tenía un plan de salvación para el hombre, en un tiempo perfecto Cristo vino al mundo para llevarlo a cabo. Su nacimiento, su obra, sus milagros y sacrificio fueron los que marcaron un antes y después en la historia.

Hoy en día cuántos testimonios podríamos recolectar de las personas que le han permitido ingresar a su vida y ser quien dé solución a sus conflictos. En primer lugar a la separación de Dios, Jesús es el único camino al Padre; a la falta de autoestima sana, dándoles una nueva identidad en Él; a los que tienen problemas de vicios y ataduras da libertad; a los enfermos sanidad, y un sinfín de problemas que se presentan a lo largo de la vida, Él es la solución.

Pero hay millares de personas que aún no lo conocen, y esa también debe ser nuestra tarea, la de esparcir la buena nueva de la cruz, ¡Jesús es la solución! El Apóstol Pablo en Corinto centró el mensaje del Evangelio en este principio, de tal modo que no se hiciera vana la cruz de Cristo: “Pues Cristo no me envió a bautizar sino a predicar la Buena Noticia, y no con palabras ingeniosas, por temor a que la cruz de Cristo perdiera su poder.” 1 Corintios 1:17 (NTV)

Un Pastor dijo al respecto: “…si fuera Cristo el que estuviese siendo anunciado desde las grandes plataformas digitales, televisivas, radiales y congregaciones del mundo. Si el por ciento mayor de mensajes que se predican hoy en todo el mundo tuviesen la cruz de Cristo como su centro, entonces no estaríamos en el peor tiempo de la apostasía final profetizada en las sagradas Escrituras… Pero debido a la cercanía de la venida del Señor y al contexto anunciado en que ocurrirá ese evento glorioso, la cruz de Cristo no es el mensaje más popular de nuestros días.”

El Maestro es y fue la solución a todo ¿Podrías contar qué hizo Él por ti? Además, ¿Estás compartiendo con otros acerca de Jesús?

 

 

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¿Te sientes perdido y sin ganas de vivir?

“Volverán los rescatados del SEÑOR, y entrarán en Sión con cánticos de júbilo; su corona será el gozo eterno. Se llenarán de regocijo y alegría y se apartarán de ellos el dolor y los gemidos.”  Isaías 51:11 (NVI)

Alguna vez escuchamos de alguien  “me quiero morir” y si le preguntamos la razón de este sentimiento, lo atribuyen a su incapacidad de manejar su dolor, sea este provocado por pérdidas, fracasos, enfermedades o traiciones. Esta dolencia no es fácil de superar cuando uno lo enfrenta solo. Pero nuestro Creador puede ayudarnos a que ese llanto se convierta en gozo, si tan solo le entregamos ese dolor que nos tuvo esclavizados por años. Su Palabra promete: Jeremías 33:6 “he aquí, yo le traeré salud y sanidad; los sanaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad.” (RVR1960) Él puede sanar todo y hacer que lo malo que nos pasó lo pueda usar para su gloria. Hará que la tristeza, el sufrimiento y los pensamientos erróneos con los cuales crecimos sean quitados. Créele porque desea con todo su Ser darte la libertad completa, llenarte de su paz, amor y esperanza.

Por Danitza Luna

 

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Corazón herido

Un corazón herido no sólo es el resultado de un fracaso en el noviazgo o matrimonio, sino también es causa del abandono de un padre, una madre, de un amigo, de un hijo o alguien que formó parte importante de nuestra vida.

Muchos consideran que el tiempo es la mejor medicina para las heridas del corazón, pero resulta que es todo lo contrario, pues una lesión que no es atendida como es debido y en el tiempo indicado, solamente empeorará.

Es fácil detectar una herida física, pues basta con verla, pero ¿qué hacer con las internas que no se pueden ver y que si no son atendidas podrían causar grandes enfermedades espirituales como el odio o la amargura? No hay médico que las pueda atender, solamente Dios está capacitado para sanar esas heridas que no se ven “Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas.” Salmos 147:3 (NTV).

Quienes conocen del dolor que siente cuando alguien lastima su corazón saben muy bien que el tiempo y la quietud no son la respuesta a su dolor, pues el tiempo da paso a los recuerdos y hoy muchos se encuentran en esa situación, preguntándose ¿Quién fue el culpable? ¿Yo destruí todo? ¿Por qué me abandonó? ¿Ya no me amaba? ¿Qué hice mal?

Si en este momento estás experimentando el dolor de una herida en el corazón, acude a la única persona que puede sanarte, “El Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; él rescata a los de espíritu destrozado” Salmos 34:18 (NTV).

No te permitas seguir viviendo en el pasado, no te condenes porque te equivocaste y no dejes que la culpa o el dolor te hagan buscar remedios momentáneos que con el tiempo podrían empeorar tu herida, por ejemplo: una relación apresurada, un vicio o un mal hábito que  no te ayudarán a sanar tu corazón.

Si solamente te sometes a remedios momentáneos para calmar tu dolor, recuerda que tienen un tiempo de efecto, pasado ese lapso el dolor volverá y será aún más intenso.

Hoy Dios quiere atender las heridas que tienes y desea restaurar tu corazón, “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos” Lucas 4:18 (RVR1960)

¿Quieres que Dios sane tu corazón?

Por Judith Quisbert.

 

 

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¡Una promesa de amor!

“Y sus discípulos le preguntaron: Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres? Ni él pecó, ni sus padres respondió Jesús, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.” Juan 9:2-3 (NVI)

Cuando experimentamos el amor de Dios, nos damos cuenta que aún las cosas malas que nos han sucedido o las dificultades, pueden convertirse en una perfecta oportunidad para que veamos la gloria de Dios en nuestra vida. Es posible ser pleno, cuando le entregamos a nuestro Padre todo lo que nos está dañando o deteniendo. No dejes que pase un momento más sin poner toda circunstancia delante de Dios, decídete a ser libre y disfrutar de los planes que Él tiene para tu vida.

Por Danitza Luna

 

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¿Sin esperanza en medio de la enfermedad?

Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Lucas 13:10-11 (RVR1960)

Dieciocho años tuvo que esperar esta mujer para ser libre de su enfermedad, probablemente ya resignada a vivir toda su vida de esa manera, pero “cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios.” Lucas 13:12-13.

Es importante notar, ¿Dónde estaba la mujer encorvada para que Jesús la viera e hiciera  su obra de sanidad? En la sinagoga y en plena presencia de Jesús. ¿Qué significa eso? Que la verdadera libertad y victoria ante cualquier situación consiste en  estar en la presencia del Señor.

La palabra de Dios dice: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.” 2 Corintios 3:17 (DHH)

Para la mujer del relato, su condición o el dolor que sentía  nunca fueron un obstáculo para  acercase a Jesús, su amor por estar con el Señor era más importante que lamentarse por la situación que tenía. Ella decidió ir al encuentro con Jesús y recibió sanidad.

Si tienes problemas de salud, no dejes que eso te impida acércate a Dios, recuerda que el Señor nunca cambia: es el mismo ayer, hoy y siempre. ¡Es hora de buscarlo y recibir su sanidad!

“He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.” Jeremías 33:6. (RVR1960) 

Dios desea que tengas vida y vida en abundancia (Juan 10:10). No olvides que Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por amor a nosotros, llevó nuestros pecados y enfermedades en la Cruz del Calvario y  por su llaga fuimos nosotros curados. (Isaías 53:4-5.)

Él sigue siendo el mismo y quiere restaurar tu vida. ¡Acércate a su presencia!

Oremos:

Padre nuestro que estás en los cielos, reconozco que sólo tú eres Dios y que para ti no hay nada imposible. Por eso hoy te pido que extiendas tu mano sanadora hacia tu hijo (a) que está delicado de salud; por favor quita el dolor o cualquier enfermedad de su cuerpo. Tengo fe que tú, Dios, tienes el poder para sanar y restaurar vidas. Confío que tu obra de sanidad está hecha. Gracias por tu amor y por tu misericordia. Que sea haga tu voluntad, en el nombre de Jesús, amen.

 

 

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La fuente del milagro

“«¡Socorro, Señor!», clamaron en medio de su dificultad, y él los salvó de su aflicción. Envió su palabra y los sanó; los arrebató de las puertas de la muerte” Salmos 107: 19-20 (NVI)

¿A quién acudes cuando tienes problemas o cuando estás enfermo? Muchos depositan toda su confianza en una persona o en la medicina, olvidan que Dios es insuperable y que puede hacer un milagro en medio de los tiempos difíciles y dolorosos. Recuerda que Dios es la fuente del milagro y cuando lo recibas, no olvides darle a Él toda la gloria.

Por Judith Quisbert

 

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¿Ayudarás o mirarás?

“Jesús viajó por toda la región de Galilea enseñando en las sinagogas, anunciando la Buena Noticia del reino, y sanando a la gente de toda clase de enfermedades y dolencias. Las noticias acerca de él corrieron y llegaron tan lejos como Siria, y pronto la gente comenzó a llevarle a todo el que estuviera enfermo. Y él los sanaba a todos, cualquiera fuera la enfermedad o el dolor que tuvieran, o si estaban poseídos por demonios, o eran epilépticos o paralíticos.” Mateo 4: 23.24 (NTV)

Es impresionante la actitud de todas estas personas que escucharon el mensaje de Jesús y vieron lo que Él hacía. No esperaron con los brazos cruzados a que llegara el milagro a sus seres queridos que necesitaban ayuda, al contrario, no tardaron en transmitirles lo que habían oído y los llevaron a Él.

No les importó la distancia que tenían que recorrer, ni el tiempo que tardarían en llegar a Jesús, simplemente la compasión y el amor que tenían por sus seres queridos los impulsó a emprender ese viaje. Ellos sabían que no era en vano llevarlos a Jesús, porque Él estaba sanando a todos los que se le acercaban.

¿Acaso tú no harías lo mismo si alguien de tu familia estuviera enfermo, sabiendo que Jesús es la única solución? ¿No le dirías que Jesús puede liberarlo si tan sólo se acerca a Él? ¿Serías tan egoísta que viendo su estado, pasarías de largo?

Tristemente muchas veces actuamos mal, vemos a nuestros familiares, amigos, personas en la calle con problemas, sin esperanzas, enfermos, adictos, etc. y no somos capaces de acercarlos a Jesús. Sabemos que  “Jesucristo nunca cambia: es el mismo ayer, hoy y siempre.” Hebreos 13:8. Y que sigue sanando, restaurando y dando vida a todo el que se le acerca, pero preferimos pasar de largo y los dejamos ahí con su problema.

Olvidamos que Jesús está en todas partes y que no es necesario recorrer largas distancias para que el enfermo o necesitado llegue a Jesús, sólo basta con compartirles del amor de Dios y de lo que puede hacer en sus vidas.

Pedro y Juan, estaban de camino al templo y en la puerta un hombre cojo y  necesitado les pidió dinero; entonces Pedro le dijo: «Yo no tengo plata ni oro para ti, pero te daré lo que tengo. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y camina!». Una vez que le dijo eso, Pedro tomó al hombre lisiado de la mano derecha y lo ayudó a levantarse. Y, mientras lo hacía, al instante los pies y los tobillos del hombre fueron sanados y fortalecidos. ¡Se levantó de un salto, se puso de pie y comenzó a caminar! Luego entró en el templo con ellos caminando, saltando y alabando a Dios. (Hechos 3:1-11)

Hay muchas personas que necesitan de nuestra ayuda, si ves en tu familia, círculo de amigos o en el camino a alguien que necesita de Jesús, acércate, ofrécele tu apoyo y comparte el plan de salvación que Dios tiene para su vida.

Recuerda que nada de lo que haces para el Señor es en vano. (1 Corintios 15:58) y que todo lo que hagas por una persona, es como si  ayudaras a Jesús mismo. (Mateo 25:40)

Oremos:

Dios amado, te pido perdón por mi actitud equivocada frente a la necesidad de mi familia, amigos y personas en la calle. Perdóname por no compartirles de ti y de lo que puedes hacer en sus vidas. Por favor cambia y renueva mi corazón, lléname de tu amor que cuando vea la necesidad de las personas pueda correr y transmitirles tu palabra. Quiero ser como tú, siempre dispuesto a ayudar, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

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¿Eres reflejo de Dios?

“Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio”. Marcos 1:40-42 (RVR1960)

Este hombre, cuyo nombre no aparece, estaba enfermo de lepra, una enfermedad incurable y muy contagiosa. La persona que llegaba a tenerla quedaba terriblemente marcada porque poco a poco iba perdiendo su aspecto humano.

Debido a que era una enfermedad contagiosa, quien la padecía era separado de su familia y de toda la sociedad. Por esta razón, habitualmente eran compañeros de los muertos y de los endemoniados en las tumbas.

Y al tratarse de una enfermedad incurable en esos días y cuyo fin era la muerte, se entendía que un leproso era un muerto en vida. Pero una de las cosas que me apasiona de este corto relato es la actitud de Jesús a la petición de un hombre sin esperanza: “si quieres puedes limpiarme”.

Contrariamente  a lo que habría hecho cualquier rabino o persona de su tiempo, Jesús no se alejó de él, sino que permitió este acercamiento, e incluso, cuando llegó el momento, también Él se acercó al leproso al punto de tocarle para sanarle: “Quiero, sé limpio”.

Jesús es un ejemplo de amor incondicional, nunca repudió al leproso por su condición y situación, al contrario, tuvo compasión y comprendió que no era fácil estar aislado de su familia y de la sociedad por esa cruel enfermedad que lo deformaba.

Más allá de ese hermoso milagro que Jesús hizo y de los muchos que están escritos en su Palabra, la actitud de Jesús con todos los que se acercaban a Él nos enseña que no debemos ignorar a las personas por su condición. Jesús recibió a todos los que decidieron acercarse y con seguridad lo seguirá haciendo, porque Dios no hace excepción de personas.

Muchas veces nosotros ignoramos a un desahuciado, un enfermo, a personas en situación de calle, religiosas, etc. y esa no debe ser nuestra actitud. La palabra de Dios nos manda a poner en práctica el amor:

“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza y con toda tu mente” y Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Lucas 10:27.

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” Juan 13:34.

“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” 1 Juan 4:8 (RVR1960)

Ese amor  debe llevarnos a cubrir multitud de faltas, darnos la valentía para llevar el evangelio a los necesitados sin importar su situación y condición. Si hasta hoy no hemos puesto en práctica el amor, es un buen día para empezar a hacerlo, comienza por tus seres queridos.

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.  Efesios 2:10  (RVR1960)

Oremos:

“Señor amado, hoy aprendí que tu amor me llama a cuidar de aquellas personas a quienes el mundo rechaza, enfermos, pobres y marginados, por favor lléname de ti para amar a todos por igual y perdóname si hasta hoy he ignorado a alguien. Quiero ser un canal de tu amor, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

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Mostremos y demos amor

“Alejen de ustedes la amargura, las pasiones, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad.  Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” Efesios 4:31-32 (DHH)

Muchas veces uno puede cargar con ciertas actitudes por causa de que fuimos lastimados o defraudados por los demás. Podemos  pensar que no dejaremos que nos hieran nuevamente y que no volverá a ocurrir. Sin darnos cuenta estamos cobrando factura a las personas de nuestro alrededor y a nosotros mismos por esas acciones del pasado. La palabra de Dios nos dice: “no dejemos que esas cosas nos impidan correr la meta” Dios desea que perdonemos el pasado y que actuemos con misericordia hacia nosotros mismos y las demás personas, aprendiendo a perdonar y perdonándonos, y junto a Él empezar la mejor historia de nuestras vidas. Es un buen momento para dejar el odio, la ira, el temor, pánico, baja autoestima, amargura y entregarlos a nuestro Padre; permitiendo que Él sane, haga latir nuevamente nuestro corazón.

Por Danitza Luna

 

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Agradecidos

Cuando Jesús se dirigía a Jerusalén, pasó por una aldea y allí diez hombres con lepra comenzaron a pedir su ayuda y fueron sanados, pero sólo una persona volvió para agradecer por el milagro que había recibido ¿Qué pasó con los otros nueve? (Lucas 17)

Esta historia nos muestra dos tipos de personas: los que saben agradecer y los que no lo saben hacer.

¿Qué es la gratitud? Es un sentimiento de estima y reconocimiento que una persona tiene hacia quien le ha hecho un favor o prestado un servicio, por el cual desea corresponderle.

Si hoy estás vivo, viste el amanecer y tuviste el privilegio de ver a los seres que amas ¡Ya tienes muchos motivos para agradecer!

1 Tesalonicenses 5:18 señala: Den gracias a Dios por todo, porque esto es lo que él quiere de ustedes como creyentes en Cristo Jesús” (DHH), la palabra nos dice que debemos dar gracias por todo.

Quizás creas que no tienes una razón para agradecerle a Dios porque estás atravesando problemas físicos, espirituales, sentimentales, económicos, etc. resulta fácil agradecer por las cosas que recibimos y cuando estamos en tiempos de bendición pero ¿Podrías agradecer en medio de los problemas?

Reconocer el favor de Dios debe ir más allá de las circunstancias que atravesamos, el sólo hecho de amanecer con vida es un motivo enorme para dar gracias.

Demostrar agradecimiento en circunstancias dolorosas es una decisión personal, es la actitud que uno toma porque está totalmente seguro que No está solo y que Dios lo sostendrá. Agradecer también es una muestra de fe.

“Entrad por sus puertas con acción de gracias,
Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre”
Salmos 100:4 (RVR 1960)

Por Judith Quisbert.

 

 

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