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Inmortal

“Todo el que vive en mí y cree en mí jamás morirá. ¿Lo crees, Marta?” (Juan 11:26 NTV)

¿Alguna vez te interesó la palabra “inmortal”? Dios es Eterno e inmortal, vive por siempre.

El diccionario la define inmortal como: “aquel cuya vida es eterna ya que no puede fallecer”, y lo relacionan a seres mitológicos o de ficción; pero no podemos comprender  la inmortalidad real en series de televisión sino con la palabra del Señor.

La Biblia nos narra la historia de Lázaro, uno de los amigos íntimos de Jesús. Este hombre lo recibía en su casa cada vez que el Maestro pasaba por Betania, era un buen amigo, hospitalario y amable, pero un día Lázaro enfermó de gravedad.

Jesús se enteró de la noticia pero no fue inmediatamente a ver a su amigo, esperó unos días pero en esa espera Lázaro murió.

“—Después agregó—: Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero ahora iré a despertarlo.”(Juan 11:11 NTV)

Cuando Jesús llegó a Betania, María le dijo que si hubiese llegado antes su hermano no habría muerto, lo mismo hizo Marta; es lo que cualquier persona hubiese hecho ante tal situación, pero Él les habló sobre la importancia de la fe, de creer, les dijo que Lázaro iba a resucitar.

Jesús se dirigió a la tumba, lloró y luego pasó lo siguiente: “Entonces Jesús gritó: «¡Lázaro, sal de ahí!».  Y el muerto salió de la tumba con las manos y los pies envueltos con vendas de entierro y la cabeza enrollada en un lienzo. Jesús les dijo: «¡Quítenle las vendas y déjenlo ir!».” (Juan 11:43-44 NTV)

Lázaro resucitó y fue un testimonio vivo del poder del Señor, por este milagro mucha gente creyó en Jesús.  Lázaro vivió por un tiempo más y cuando le llegó la muerte alcanzó la inmortalidad al creer en Jesucristo.

Jesús murió y resucitó al tercer día quitándole las llaves de la muerte al que tenía el imperio de la misma, al recibir a Cristo en el corazón y vivir para Él en obediencia a su palabra, los hijos de Dios alcanzamos la vida eterna en el reino de los cielos evitando la muerte segunda en el lago de fuego.

1 Corintios 15:53 NTV: “Pues nuestros cuerpos mortales tienen que ser transformados en cuerpos que nunca morirán; nuestros cuerpos mortales deben ser transformados en cuerpos inmortales.”

¿Alcanzaste la vida eterna en Cristo?

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La voluntad del Padre

“No todo el que me llama: “¡Señor, Señor!” entrará en el reino del cielo. Solo entrarán aquellos que verdaderamente hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. El día del juicio, muchos me dirán: “¡Señor, Señor! Profetizamos en tu nombre, expulsamos demonios en tu nombre e hicimos muchos milagros en tu nombre”. Pero yo les responderé: “Nunca los conocí. Aléjense de mí, ustedes, que violan las leyes de Dios”.” Mateo 7:21-23 (NTV)


En este pasaje bíblico Jesús explica claramente que no todo aquel que le llame Señor entrará al reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad del Padre. Esto quiere decir que al cielo no vamos a entrar por obras, ni por ser buenos, sino por hacer la voluntad de Dios.


Esto no quiere decir que es en vano que vayas a la iglesia, que le sirvas en algún ministerio, que salgas a evangelizar o que trabajes para el Señor en algún área, desde luego que no. Si lo estás haciendo te felicito y animo a continuar en la obra de Dios.


Lo que quiero transmitir es que tu prioridad siempre debe ser hacer la voluntad del Padre, porque hay personas que aparentemente están haciendo la obra de Señor, pero lo que los motiva o impulsa es el beneficio que encuentran para ellos mismos; es decir, que no lo hacen para agradar a Dios sino al hombre.


Por eso es importante que te preguntes y examines como lo hacía el rey David. “Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.” Salmos 143:10.


En algún momento dije que David es uno de los hombres que más admiro de la Biblia, porque a pesar de que tuvo muchos errores en su vida, supo reconocer los mismos, arrepentirse y buscar a Dios. En alguna oportunidad dijo: “Dios mío, mira en el fondo de mi corazón, y pon a prueba mis pensamientos. Dime si mi conducta no te agrada, y enséñame a vivir como quieres que yo viva.” Salmos 139:23-24 (TLA)


Simplemente, con esta oración, lo que David estaba haciendo era buscar la voluntad de Dios y tratar de agradarle en todo. Su prioridad siempre fue Dios y guardar sus enseñanzas. “Dios mío, cumplir tu voluntad es mi más grande alegría; ¡tus enseñanzas las llevo muy dentro de mí!” Salmos 40:8 (TLA)


Toma un momento para examinarte y preguntarte: ¿Lo que estoy haciendo es la voluntad de Dios para mi vida? ¿Le agrada a Dios mi forma de actuar? ¿Qué debo mejorar o cambiar para hacer la voluntad del Señor?


“No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.” Romanos 12:2 (NTV).

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Te está llamando

Nadie es perfecto en este mundo, todos hemos hecho cosas malas que desagradan a Dios, las cuales nos hacen merecedores de castigo. De hecho la Biblia dice que el castigo del pecado es muerte. Pero también dice que el regalo de Dios es vida eterna por medio de Cristo Jesús. (Romanos 6:23)

De acuerdo a Romanos 5:8, Dios muestra el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. ¿Por qué necesitábamos que Cristo muriera por nosotros? Porque cuando Adán y Eva pecaron, el pecado entró en todos los hombres. La Biblia dice que todos hemos pecado y no podemos alcanzar la Gloria de Dios. Es decir, nuestro pecado nos separa de Él.

Dios hace todo lo posible por reconciliarnos, quiere que todos lleguen al arrepentimiento y realmente lo conozcan. Envió a su Hijo Jesús a la tierra para pagar por todos nuestros pecados, incluso por aquellos que seguimos cometiendo, a fin de salvarnos.

Murió en nuestro lugar, sufrió el castigo que merecíamos, llevó nuestra culpa y saldó el precio por nuestra libertad. Él nunca pecó. Pero Dios lo trató como si hubiera pecado, para declararnos inocentes por medio de Él.

Hoy quiero que sepas que Dios tiene un plan increíble contigo y quiere usarte, quiere salvarte de una vida de pecado e infelicidad, y darte una vida abundante y eterna.

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, cenaré con él, y él conmigo.” Apocalipsis 3:20 (RVR1960)

No rechaces ni menosprecies la invitación de Dios, Él está dispuesto a entrar en tu corazón y ser el dueño de tu vida. El Señor no te hace esta invitación para luego abandonarte, sino para que llegues a alcanzar la estatura del varón perfecto y puedas vivir con Él eternamente.

Si estás de acuerdo en aceptar a Jesús, habla con Él en este momento. La salvación es un asunto personal entre Dios y tú.

Puedes decirle: Señor Jesús, reconozco que soy pecador y que estoy lejos de ti, pero hoy me arrepiento y te pido perdón por cada uno de mis pecados. Te abro mi corazón y con toda la fe te recibo como mi Señor y Salvador, porque sé que moriste en mi lugar y quieres lo mejor para mí. Gracias por buscarme y darme esta salvación tan grande. Amén.

Si has hecho esta oración creyendo en Jesús, ten por seguro que Él entró en tu corazón y ahora eres salvo.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Mi vida es tuya

“No solo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” Mateo 7:21 (RVR 1960).

Cuando nos referimos a Jesús como nuestro Señor estamos diciendo que Él es amo, dueño de todo nuestro ser y de lo que tenemos. La pregunta es, si realmente es así o solamente nos acercamos a Él cuando necesitamos obtener algo.

La búsqueda de Dios no debe limitarse a querer satisfacer algún deseo o necesidad, sino debe ser más profunda, procurando conocer Su voluntad para nuestra vida.

Esto solo lo podemos lograr cuando le permitimos a Él que sea el único Señor de nuestra vida así que ¡Dale nuevamente el control!

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Es el Señor de tu vida?

En Lucas 6 Jesús hace una pregunta a los que le seguían: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” v. 46. Seguidamente hace una comparación a quien es parecido aquel que es obediente:

“Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.

Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.” Versículos 48 y 49.

Como seguidores de Jesús estamos conminados a hacer lo que Él dice, ya que al ser obedientes a Sus mandatos efectivamente lo hacemos el Señor de nuestra vida, pero si actuamos contrariamente simplemente Él no es nuestro Señor.

Esto conlleva tener intimidad diaria con Él, conocerlo a través de las Escrituras, para que así seamos hacedores de su Palabra  y no tan sólo oidores, como dice Santiago 1:22.

El fruto que llevamos también revela si realmente Dios es el Señor de nuestra vida. Mientras más comunión tengamos con Él sin duda reflejaremos si estamos edificando sobre la Roca, que es Jesús.

La obediencia a Su Palabra será la que nos mantengan firmes en medio de las tormentas que se presenten, si no edificamos en Él, sin duda nos derrumbaremos ante la primera dificultad.

¿Jesús es el Señor de tu vida? ¿Cuál es la prueba?

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Con reverencia

“Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia.”

Hebreos 12:28 (RVR1960)

Muchas veces se confunde el temor a Dios con miedo; entonces podemos decir, que se trata de un respeto reverencial y no así una sensación de angustia que provoca un peligro sea este real o imaginario.

El temor a Dios surge de un corazón agradecido por Su bondad y bendiciones; como ejemplo, podemos compararlo a cuando conocemos a una persona que admiramos, tratamos de saber los mas que podamos de ella, y si es una buena persona, conocerla nos llevará también a respetarla.

De la misma manera sucede con el Señor, cuanto más lo conozcamos, más queremos agradarle, además que reconoceremos Su grandeza y majestad.


Por Cecia Serna



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

No busques más entre los muertos al que vive

¿Por qué buscan entre los muertos a alguien que está vivo? ¡Él no está aquí! ¡Ha resucitado! Lucas 24: 5-7. (NTV)

A veces parece que sólo en estas fechas recordamos que Jesús murió y resucitó, que fue el único que se levantó de entre los muertos al tercer día y que ahora está sentado a la diestra del Padre. ¿Sabes por qué? Porque muchos de nosotros a lo largo del año seguimos buscando a Jesús en cosas muertas, que no agradan ni glorifican a Dios.

Seguimos poniendo nuestras esperanzas en cosas de este mundo, en las riquezas, las personas, el éxito y las cosas vanas. Por supuesto que jamás seremos bendecidos por el Señor si vivimos pensando que podemos encontrar a Dios pecando o actuando como aquellos que no lo conocen. Eso no nos va a salvar ni llevar al cielo. Tal vez nos satisfaga o alegre un rato, pero sólo será eso, satisfacción  y algo pasajero.

¿Por qué buscas entre los muertos al que vive? Ya no acudas más a la gran cantidad de sepulcros que existen en este mundo, que lo único que hacen es engañarte, destruirte y alejarte del Señor. ¡Jesús ha resucitado y está vivo! Búscalo, que Él te dará vida, ayudará con tu situación y problema. No necesitas ir a un lugar específico para hablarle, solamente debes aceptar el sacrificio que hizo en la tierra y recibirlo como tu Señor y Salvador. Cierra tus ojos y dile que te perdone si has estado equivocado y perdido.

No busques más entre los muertos al que vive, “Así está escrito, y así fue necesario que Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día.” Lucas 24:46.

Jesús está vivo no muerto, Él dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto. Todo el que vive en mí y cree en mí jamás morirá. ¿Lo crees?” Juan 11:25-26 (NTV)

Dedícale tiempo y adórale este día. Porque gracias a su muerte y resurrección, hoy puedes acercarte a la presencia de Dios libremente y recibir perdón, liberación, sanidad, consuelo, restauración y vida eterna.

Agradécele por el sacrificio de amor que hizo por ti y síguelo. Jesús dijo: “¡Dichosos los que creen sin haberme visto!” Juan 20:29 (DHH)


El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Es Cristo el Señor de tu vida?

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Lucas 6:46.

Jesús dio un claro ejemplo a sus discípulos de las personas que escuchan y obedecen sus enseñanzas. También de aquellas que oyen su palabra, pero son desobedientes a sus mandamientos. Afirma que la persona obediente nunca será destruida por los problemas o circunstancias de la vida; en cambio, el que escucha sus enseñanzas y no las obedece será completamente destruido.

¿Sabes lo que significa llamarle Señor a Jesús? Significa, mostrar obediencia absoluta a su palabra, es entender que Él tiene el poder y la autoridad sobre tu vida. Es darle el control de todas las áreas de tu ser y confiar en su voluntad, aunque las circunstancias no sean como tú esperas.

Si el Señor dice: “Ama a Dios con todo tu ser y a tu prójimo como a ti mismo.” “Honra padre y madre.” “Ama a tu esposa tal como Cristo amó a la iglesia.” “Respeta y sométete a tu esposo, como conviene en el Señor.” “No te entregues al pecado sexual, no rindas culto a ídolos, no seas ladrón, avaro, una persona que insulta o estafa”, entonces, debo escuchar y obedecer.

Solamente si obedeces puedes decir que Jesús es tu Señor. Pero si no hay obediencia, entonces eres de los muchos que dicen ser “cristianos”  pero viven a su manera. Jesús dijo: “El que me ama, mi palabra guardará.” Juan 14:23.

No olvides que no todos los que digan, Señor, Señor, entrarán en el reino de los cielos, sino los que hacen la voluntad del Padre que está en los cielos. (Mateo 7:21)

Si has vivido en desobediencia y desordenadamente, cambia tu actitud y empieza hoy a obedecer. Recuerda que Jesús murió por ti y te dio una nueva vida para que seas libre. Piensa en tu forma de actuar y vive para Cristo, quien resucitó por ti y preparó un lugar en los cielos.

No seas un oidor solamente, obedece y pon en práctica las instrucciones de Dios. Caso contrario, solamente te engañas a ti mismo.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué estás haciendo con tus talentos?

“Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” Mateo 25:23.

El pasaje bíblico que acabamos de leer nos muestra una de las mayores recompensas que podemos recibir del Señor al desarrollar los talentos, habilidades y capacidades que Dios ha puesto en nosotros. “Bien, buen siervo y fiel”. ¿Acaso uno no se siente feliz cuando alguien lo felicita por su trabajo o desempeño? ¿No es algo motivador recibir palabras de felicitación? Imagínate lo que puede significar para nosotros oír esas palabras de nuestro Salvador.

Lo cierto es que llegará el día en el que todos estaremos delante de nuestro Señor, ¿Qué crees que te dirá Él?  ¿Qué estás haciendo con los talentos que Dios te ha dado?

Quizás pienses que no tienes tantos talentos como otros y por eso no puedes hacer nada; es verdad, no todos tenemos las mismas capacidades y habilidades. Unos tienen más talentos y otros menos. Pero, lo importante no es lo que tenemos sino lo que hacemos con lo que tenemos.

Te animo a leer toda la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30) y fíjate que el Señor felicita por igual a las personas que trabajaron con lo que tenían. Esto es porque ambos hicieron todo lo que pudieron con lo que recibieron.

Seas una persona con muchos talentos o no, lo importante es que los pongas a trabajar. Dios siempre mira la intención de nuestro corazón y el cómo lo hacemos.

En cambio, sino haces nada con lo que tienes, como dice la parábola, se te quitará lo poco que tengas y se le dará al que tiene en abundancia, y serás expulsado a las tinieblas donde sólo encontrarás llanto y crujir de dientes. (Mateo 25:26-30)

Necesitamos examinarnos a nosotros mismos para ver qué talentos tenemos y qué estamos haciendo con ellos.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Memoria inútil

“Conseja: n. Relato fantástico que se cuenta como si hubiera sucedido en tiempos lejanos.”

La memoria más remota que tengo es haber abierto una caja de píldoras amarillas que creí que eran dulces y el enojo del tío Carlos por semejante descuido de mi mamá.
Me llevaron al hospital Arriarán y me clavaron una inmensa aguja en el pulmón izquierdo para drenar el líquido de la pleuresía. Me metí descalzo al mar en Cartagena cuando tenía cinco años, con trajecito café, camisa blanca y corbata; una ola me arrastró varios metros y se me llenó la boca de arena y agua salada. Cuando llovía, nos sentábamos alrededor del fuego en el poyo de la cocina rancha y la tía Ana nos contaba historias de aparecidos y mi mamá hacía tortillas de rescoldo.
La escuela estuvo revolucionada una semana porque un alumno de cuarto preparatoria dijo que había visto un hombre verde en la bodega donde apilaban los pupitres viejos. Nunca pude superar el dolor de tener que regresar al fin de las vacaciones en la casa de campo de la tía Carolina; en el tren escondía la cara en un revista y lloraba despacito para que mis papás y mis hermanos no cedieran cuenta. Mi hermana mayor me tenía como su favorito porque nunca la acusaba con mi mamá como hacía mi otro hermano.
El hermano Veas daba una patada en el suelo y gritaba: “¡Aleluya!”; yo temblaba de miedo y me ponía a llorar en la reunión del domingo en la noche porque la gente se iba a poner a danzar y todo se iba a poner raro y fuera de control. El tío Carlos le compró a la Myrtha una radio Splendid y escuchábamos “La tercera oreja” a las diez de la noche con la luz apagada y despacito porque mi mamá nos tenía prohibido oír radio ya que “eso no agradaba al Señor” (nunca entendí por qué al Señor le desagradaban tantas cosas).
Nos internamos una tarde entre los riscos y arroyos del Cajón del Maipo y descubrimos la Poza de la Gruta, el lugar más bello y exótico que recuerdo de toda mi vida – y eso que he visto muchos lugares bellos y exóticos en todos los días de los años de mi vida. Nunca pude explicarle a nadie la emoción que me produce la reverberación del sol del verano entre los árboles a las seis de la tarde.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Para corregir nuestra vida

La displasia de cadera es una enfermedad ósea hereditaria provocada por una mal formación de la articulación coxofemoral (unión entre coxis y las piernas) en la que el fémur esta fuera de la cavidad que la une a la pelvis. Lamentablemente no se puede detectar del todo desde el momento del nacimiento, pero llega a manifestarse con diversos síntomas a medida que el niño va creciendo.

Hoy en día la ciencia ha logrado desarrollar una manera de tratar ese mal de una forma simple. La primera fase consiste en colocar un arnés metálico que mantiene las piernas del niño abiertas para reubicar los huesos en su lugar. Si la radiografía de control muestra una correcta reducción de la anomalía éste será el tratamiento definitivo, pero si no hay cambios podría ser necesaria una cirugía.

Por otro lado, cuando una displacía no es tratada en su momento puede dejar lesiones permanentes como cojera y dolor en la articulación.

Algo similar sucede con el pecado. Todos nacemos con una inclinación a hacer siempre lo malo y aunque al principio cualquiera parece un niño inocente, con el tiempo se manifiestan todo tipo de pecados: ira, mentira, robo, malos pensamientos, envidia, celos, etc. Todas esas acciones se hacen evidentes en proporciones pequeñas al principio y si no son corregidas suelen crecer descontroladamente.

Es verdad que al llegar a los pies de Cristo todos los pecados son limpiados completamente por la obra redentora de Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, pero después es necesario someterse a Su voluntad escrita en la Biblia para que nuestras vidas sean corregidas.

“¿Cómo podrá el joven llevar una vida limpia? ¡Viviendo de acuerdo con tu palabra! Yo te busco de todo corazón; no dejes que me aparte de tus mandamientos. He guardado tus palabras en mi corazón para no pecar contra ti. ¡Bendito tú, Señor! ¡Enséñame tus leyes!” Salmos 119:9-12 Versión Dios Habla Hoy

Permanecer en obediencia a la ley de Dios es como colocarse un arnés que mantiene el pecado sujeto para que las obras de la carne no sigan desgastando nuestra vida. De a poco se manifestarán cambios en nuestras actitudes, costumbres y hábitos, para dar lugar al fruto del Espíritu (amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza) del que habla Gálatas 5:22-23

Someterse a la ley de Dios puede ser incómodo y hasta doloroso al principio, pero podemos estar seguros que obtendremos cambios definitivos y eternos.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Título de honor

El 14 de junio de 1917, el rey Jorge V en Inglaterra estableció un título de honor dirigido a las personas que no pertenecen a la monarquía o a la familia real. Se trata de un reconocimiento especial para ciudadanos civiles o militares que hicieron algo significativo por su país, ya sea dentro del campo de la ciencia, el arte, la política, los deportes, la literatura, etc.

Este reconocimiento concede el título de “Sir” (abreviatura de señor en inglés) dentro de la realeza británica a quien lo reciba. Algunas de las personas que ganaron este reconocimiento son: el científico Isaac Newton, el actor y comediante Charles Chaplin, el cineasta Alfred Hitchcock, el político y escritor Winston Churchill, el entrenador de futbol Alex Ferguson entre otros.

Las personas que recibieron esta condecoración han escrito su nombre en los libros de la corte suprema de ese país, ganándose el reconocimiento de sus compatriotas por haber puesto el nombre de su nación en alto.

Pero esto no es nada nuevo. Desde hace mucho tiempo Dios quiso otorgarnos un título dentro de su reino.

1 Juan 3:1 dice: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.” Versión Reina-Valera 1960

A diferencia del reconocimiento Inglés, para ser nombrado “Hijos de Dios” y pertenecer a Su familia no tuvimos que hacer nada, Jesús hizo todo lo que se debía hacer en la Cruz del calvario dejándonos como única responsabilidad el decidir si queremos o no aceptar ese regalo.

Contrario a los títulos de este mundo que muchas veces son entregados para designar posiciones de superioridad en comparación al resto, el regalo que Dios nos da por su Gracia debe ser un recordatorio de la misericordia que tuvo con nuestras vidas: sin buscarlo Él fue quien nos encontró, nos salvó, nos restauró y aunque fallamos, aún nos sigue preparando para ver la Gloria de su Reino.

1 Pedro 2:9 dice: “Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” Versión Reina-Valera 1960

No existe ningún otro título en el mundo que pueda causar un cambio tan profundo, completo, eterno y gratuito en la vida del hombre. Es definitivamente algo incomparable.

Cuidemos con honor y responsabilidad el regalo que nos fue dado.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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