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La emoción de las cosas

Había preparado un artículo titulado “El redentor” para publicar hoy. Lo pensé como complemento a una entrevista radial en CVCLAVOZ.

Pero buscando cierto libro que necesitaba, hallé este texto de Angeles Mastretta titulado “La emoción de las cosas”. Y no pude evitar la sugestión de convertir la frase en un tema para este viernes. El otro artículo saldrá, espero sin falta, el próximo lunes.

La emoción de las cosas. Son demasiados estímulos y habrá que elegir algunos. Los espacios para estas cosas que la mente práctica considera inútiles siempre son pequeños.

La emoción del tiempo. Esos largos espacios en los que iba a la biblioteca a buscar información para el trabajo de investigación sobre la fotosíntesis. El silencio de la biblioteca. El libro que no se podía llevar a casa así que había que hacer las notas ahí. Y seguramente volver un par de veces más hasta terminar el proyecto.

Tiempo para entender, para reflexionar sobre lo leído. Proponer reacciones y respuestas al texto. Escribirlo a mano. Presentarlo en la clase. Tiempo.

La emoción del paisaje. Los álamos en la tarde, los eucaliptos y sauces a la orilla del río. Las nubes que van cambiando de color en el atardecer. El lago al amanecer con un manto de niebla que flota y se desplaza lento a ras del agua. Les crepúsculos que no se pueden explicar porque se ahoga uno de asombro.

Las montaña, la nieve. El valle allá abajo alfombrado de viñas en enero, el enjambre de insectos iluminados por el sol de la tarde.

La emoción de aprender y de saber. Leer libros, ver películas, escuchar historias de ancianas y ancianos que rememoran otro siglo. Encontrar fotografías antiguas, mirar un puente de madera que tiene cuatrocientos años. Hallar en la sección de usados ese libro que leímos hace más de cincuenta años.

La emoción de recordar. Oficio que uno descubrió que así como consuela también nos explica el presente. Nos ofrece el relato de nuestros orígenes. Nos acerca a la esencia de las cosas.

El perfume inolvidable de un cuerpo sedoso, aquel espacio secreto donde uno nació y murió y volvió a nacer en unas horas. Una canción que le puso música y palabras a un momento central de la existencia. Una mirada que cambió todo. Un grito que no salió de la garganta. Unas lágrimas que nadie advirtió.

La emoción de las cosas…

30 de noviembre

La sutil arruga del calendario, ese testigo implacable. “Usted se ve joven todavía”, con ese “todavía” que – observa Benedetti – suena como una sentencia.
La hojarasca de los desencuentros que cruje bajo los pies cansados.
La experiencia que no le sirve a uno porque la vida del otro es otra, así de simple.
Las palabras que en el tiempo se han perdido.
Ese nunca más que igual volvió a pasar. Ese siempre que duró unas semanas.
Las lealtades, esas viejas lealtades que no resistieron el peso de la mente turbada y de las distancias imprescindibles.
Toda aquella parafernalia de discursos, proclamas emocionadas y compromisos solemnes que no alcanzaron a la hora de las esperanzas.
Las dudas tenaces sobre los viejos asuntos y las convicciones recientes que también van a morir en el altar del “así es la vida”.
La persistencia del esqueleto como precaria evidencia del ser que éramos.
Esas ganas de irse y la comezón de regresar. Recoger todo y mudarse para volver a armar todo de vuelta.
El aeropuerto, la terminal de ómnibus, la estación del tren, el camino, el viaje impenitente. Esa paradoja de costumbre y desapego con espacios y lugares. La esquiva adquisición de un lugar en el mundo.
Las ilusiones perdidas.
La creciente adversidad entre el deseo y las realidades del cuerpo. Los sofisticados procedimientos para detectar sus inclementes y poco elegantes asuntos.
La creciente intolerancia a las cosas que siempre fueron parte de la vida. El imprevisible humor de glándulas, conductos y mecanismos corporales.
La cruda constatación de la suma de los días.
La persistencia de la memoria, la patente fidelidad de sus registros: lo querido, lo tenido, lo perdido, lo retenido, lo abandonado, lo deseado, lo detestado.
A veces se cosecha lo que nunca se sembró; otras veces, en vez de frutos abundó maleza y cascajo.
Personas, motivos y sensaciones remotas aparecen de repente en el sueño intranquilo con su rémora de nostalgias, abrazos y miedos.
La esperanza, que nunca parece aprender lecciones, reverdece alguna mañana y perfuma un poco los días.
Una frase ingeniosa, un cumplido inesperado, un agradecimiento tardío endulza de tanto en tanto las cosas.
A veces, los viejos lugares, los sitios de antes, algunas personas queridas alisan un poco la agreste superficie de los años.
30 de Noviembre.

Alguien quiere hablar contigo, pero le da ocupado.

Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.” Lucas 14:16-24

Una primera lectura de esta conocida parábola nos lleva sin duda alguna a la interpretación de que esto se refiere al pueblo de Israel y a los gentiles. Los invitados que no aceptan la invitación simbolizan al pueblo judío rechazando a Jesús, por lo cual, la gran cena se abre también para los gentiles, es decir aquellos que no eran judíos.
Pero también podemos sacar otras conclusiones menos evidentes. Cuando el padre de familia invita a la gran cena, todos comienzan a excusarse y por lo menos a simple vista, parecieran ser razones válidas como para no asistir. Uno había comprado una hacienda y necesitaba verla, otro una yunta de bueyes y necesitaba probarla y el tercero era un recién casado que debía ocuparse de su flamante matrimonio. Me llama la atención que aún cuando las excusas parecen lógicas y comprensibles, esto provoca el enojo del padre de familia.
Me pregunto cuáles pudieran haber sido las causas de este enojo que a simple vista parece desproporcionado. Pudiera ser que se sintiera rechazado o despreciado ante las excusas de sus invitados o bien por no entender que las personas tienen también otros asuntos distintos a los suyos, los cuales necesitan atender. O quizás porque los invitados, con su negativa a asistir, no consideraron la cena como algo tan importante que justificara postergar sus propias actividades.
Si tenemos en cuenta que el señor de esta historia simboliza a Dios y trayendo este relato a nuestros días, me lleva a pensar cuantas veces Dios nos llama a pasar mas tiempo con El y nosotros estamos tan ocupados que terminamos dejando “plantado” al Señor de la cena.
Cuando afirmamos que Jesús es el Señor y el centro de nuestra vida ¿Qué queremos decir con esto? ¿en que se traduce esto en nuestra vida cotidiana?. Si algo o alguien es el centro de nuestra vida ¿no tendría la máxima prioridad a la hora de armar nuestra agenda?
Ni siquiera hace falta que lo que nos robe el tiempo con Dios sean cosas triviales o sin importancia, como ver televisión, redes sociales o distracciones de ese tipo. Aún cuando lo que nos distrae sean cosas perfectamente válidas y necesarias, aún así, estamos asignando a esto, mayor prioridad que a nuestra relación con Dios.
Esto es algo bastante común, porque al funcionar de manera muy sutil, la persona no se da cuenta de que va sacando a Jesús del primer lugar en su vida y así se altera el saludable orden de prioridades en nuestra vida cristiana.
Quizás pase como en las comunicaciones telefónicas, Dios nos está llamando para hablar con nosotros, pero le da ocupado. Le da ocupado porque nosotros estamos tan ocupados que no podemos ni siquiera detenernos a escuchar su voz. Tenemos tantas cosas para hacer, incluso para El, que hasta pudiéramos tener problemas en parar un poco nuestro ritmo para pasar tiempo con El, recibiendo paz y dirección. Quizás también a nosotros, Dios nos diga Marta, Marta, te afanas en tantas cosas pero solo una es necesaria, María eligió la mejor parte la cual no le será quitada. (Lucas 10:38-42). Había mucho para hacer en la casa, pero María se sentó a escuchar a Jesús. ¡Ella sí que tenía las prioridades bien ubicadas!

Si piensas que te está faltando este tiempo a solas con Dios, si hablas de El y le sirves, pero no oyes su voz o Si estás tan ocupado que no te queda tiempo para aquel de quien tu dices que es el centro de tu vida, quizás sea hora de volver a evaluar nuestras prioridades para darle a Jesús el mas alto lugar.

 

Por Daniel Zangaro

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

 

 

Cosecharás las cosas que estás haciendo

“No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra.” Gálatas 6:7 (NVI)

A veces uno cree que sus acciones o decisiones no tendrán consecuencias, pero la verdad es que todo lo que se siembra se cosecha.

Todo lo que haces o dices son como semillas de una planta que con el tiempo darán su fruto, bueno o malo. Por eso, tú y nadie más tú decides lo que quieres cosechar en un futuro; por lo tanto, debes pensar y analizar en lo que estás sembrando. ¿Son cosas buenas o malas? ¿Te traerán gozo o sufrimiento?

“Siembra maldad y cosecharás desgracia; con el palo que pegues, serás golpeado.” Proverbios 22:8 (TLA)

Es verdad que los hijos de Dios atravesamos por diversas pruebas y tentaciones del enemigo, pero la mayoría de los problemas o dificultades que pasamos son por cosas que hemos sembrado anteriormente.

Por ejemplo, si descuidas tu familia, la tratas mal o abandonas, no esperes tener una familia unida o que te amen en un futuro. Lo que hagas con ellos cosecharás más adelante.

Lo mismo sucede en la vida espiritual, mira lo que dice la Biblia: “Los que viven solo para satisfacer los deseos de su propia naturaleza pecaminosa cosecharán, de esa naturaleza, destrucción y muerte; pero los que viven para agradar al Espíritu, del Espíritu, cosecharán vida eterna.” Gálatas 6:8 (NTV)

Estoy seguro que quieres tener una vida bendecida, una buena familia, hijos excelentes, un trabajo honrado, etc. Entonces, empieza a trabajar en cambiar aquellas cosas malas y siembra cosas buenas que te traigan satisfacción y resultados que te alegren.  

“Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos.” Gálatas 6:9 (NTV)

¡Siembra todo aquello que quieres cosechar!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Nunca pensé

Nunca pensé que la noche se podía hacer día y que esas horas blancas serían tan largas, tan agotadoramente lentas y que todas las cosas se harían tan enormes, tan abrumadoras.

Nunca pensé que dejaría la comodidad de las cosas establecidas, la solidez de los compromisos fundamentales, la certeza de tanta convicción asimilada y que me adentraría en un océano desconocido sin cartografía, sin brújula, sin GPS.

Nunca pensé que cierto día el cuerpo expondría inesperadamente sus argumentos de tiempo transcurrido y que presentaría la documentación irrefutable de sus limitaciones, de sus abandonos, de sus dolencias, de sus recientes imposibilidades, en fin, de su profundo cansancio.

Nunca pensé que me acomodaría tan blandamente al abrazo de la soledad, que entablaría diálogos cotidianos con su repertorio de reflexiones, que dejaría que penetrara no sólo mis huesos sino todo pasadizo de mi mente y allí se quedaría.

Nunca pensé que buscaría con tanto ahínco el silencio, la quietud y el alejamiento constante del mundanal ruido y que hallaría allí el necesario espacio para verme a mí mismo sin caretas, sin palabras acomodadas, tal cual.

Nunca pensé que llegaría a serme tan gravosa la carga de los rituales, tan desagradables las reverencias y los besamanos, tan aburrida la letanía de discursos y predicaciones, la constante repetición de dogmas y doctrinas.

Nunca pensé que vería tanta tierra, tanto océano, tanta montaña, tanto lago, tanta calle, tanto rincón maravilloso, tanto idioma distinto, tanta cultura diferente, tanto barrio, tantos aromas, tanta diversidad de rostros, tanta luz desconocida.

Nunca pensé que vería tanta religiosidad, tanto odio, tanta violencia, tanta pobreza, tanta indiferencia, tanto crimen organizado, tanto discurso mentiroso, tanta falsa propaganda, tanta maldad institucionalizada, tanta grieta insalvable.

Finalmente, nunca pensé que a pesar de no haber pensado nunca en todo lo que iba a pensar, todavía sigo pensando para mi pesar, todavía tengo preguntas, todavía quiero aprender, todavía quiero esperar que las cosas pueden mejorar y que es posible volver a creer en tanta cosa linda, en tanta gente buena, en tanta agradable posibilidad diseminada…

Invertir sabiamente el tiempo

“Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios, sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos” Efesios 5:15-16 (NVI).

Una manera de vivir sabiamente es usar cuidadosamente nuestro tiempo, priorizando el tiempo que le dedicamos a cada cosa. Sin embargo, muchas veces por la cantidad de distracciones que existe, usamos nuestro tiempo en asuntos de poca importancia. Por lo tanto, para evitar perder el enfoque, debemos ser sabios para invertir el tiempo en algo útil, estableciendo prioridades y fijando objetivos para dar lo mejor de nosotros en todo, ya sea en nuestros emprendimientos, en el hogar, el trabajo, en los estudios, sirviendo a los demás y sobretodo priorizando nuestra relación con Dios.

Entonces, analiza cuánto de tu tiempo estás invirtiendo en cada cosa. Haz una lista de prioridades y pídele a Dios que te dirija.

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Un reto difícil: Dar el 100%

“El reino del cielo es como un tesoro escondido que un hombre descubrió en un campo. En medio de su entusiasmo, lo escondió nuevamente y vendió todas sus posesiones a fin de juntar el dinero suficiente para comprar el campo. »Además el reino del cielo es como un comerciante en busca de perlas de primera calidad. Cuando descubrió una perla de gran valor, vendió todas sus posesiones y la compró.” (Mateo 13:44-46 NTV)


La muerte no es el fin del camino, lo que prosigue es la eternidad junto a Dios o estar lejos de Él y eso lo decidimos en esta vida, pero ¿Cómo llegaremos a estar con Jesús? No quitando la vista de Él es lo primero, dejando de vivir para uno mismo y comenzando a luchar por las cosas que realmente importan.


“Y enseguida dejaron las redes y lo siguieron.”(Mateo 4:20 NTV)


Los discípulos de Jesús dejaron todo por seguirlo, trabajos, familias, labores, deseos y se alinearon a los sueños de Dios para su vida, no dieron el diez por ciento de sí mismos sino el cien por ciento de su tiempo y de su existencia, dejaron las excusas atrás sólo por seguir al Maestro.


Filipenses 3:8 NTV: “Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo”


Muchas personas se ilusionan con encontrar algún tesoro en la tierra, petróleo, oro, diamantes, antigüedades, que hoy en día suelen valer mucho dinero y se esmeran; consiguen materiales, aparatos tecnológicos que les ayudan en la búsqueda pero no se dan cuenta que todo lo material es perecedero ante la muerte.


Si estas personas pueden invertir su tiempo y recursos en lo material, ¿Cuánto inviertes para prepararte en el conocimiento de la palabra de Dios para no perecer por el engaño que abunda en estos tiempos? Existen institutos bíblicos, seminarios cursos a los cuales puedes asistir para aprender; también es importante que te congregues ya que la fe viene por oír palabra. No seas un creyente autosuficiente que piensa que lo sabe todo.


La Palabra dice en Proverbios 2:3-5: “Clama por inteligencia y pide entendimiento. Búscalos como si fueran plata, como si fueran tesoros escondidos. Entonces comprenderás lo que significa temer al Señor y obtendrás conocimiento de Dios.”


¿Dejaste varias cosas por Jesús? ¿Invitaciones, lugares, relaciones, honores, premios? Valió la pena porque lo que el Señor te dará no añade tristeza.


Recuerda al joven rico que se acercó a Jesús para preguntarle sobre la vida eterna, él cumplió todos los mandamientos, vivía rectamente hasta podría parecer que merecía el cielo, pero cuando el Maestro le dijo que venda todo lo que tiene y se lo dé a los pobres, y que lo siga, el joven se fue triste porque las posesiones terrenales estaban arraigadas en su corazón; eso no permitió que se entregará a Cristo y a su llamado.


Muchos tratan de acercarse a Jesús pero no quieren dejar lo que los ata a este mundo y postergan su salvación. Él Señor es la perla de gran precio y estaba delante de este joven que no aprovechó la oportunidad de dejarlo todo y ganarlo a Él.


Juan 5:39 NTV: “Ustedes estudian las Escrituras a fondo porque piensan que ellas les dan vida eterna. ¡Pero las Escrituras me señalan a mí!”


Dar el cien por ciento es decirle a Jesús: “Mi vida es tuya, haz lo que quieras en mí, anhelo prepararme, servirte, amarte y compartir la buena noticia, el evangelio con los demás,” y también es cumplir con esto.

Por Carlos E. Encinas.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La cosecha será inmensa

“Los que siembran con lágrimas cosecharán con gritos de alegría. Lloran al ir sembrando sus semillas, pero regresan cantando cuando traen la cosecha.” Salmos 126:5-6. (NTV)

En esos momentos donde sientas perder las ganas de seguir luchando, porque parece que todo tu esfuerzo es en vano y no va ocurrir nada de lo que esperas, recuerda que todo es un proceso que demanda trabajo, esfuerzo, compromiso, dedicación, paciencia y muchas veces dolor.


Jesús en Lucas 18 nos enseña que siempre debemos orar y nunca darnos por vencidos. Él mismo dijo: “¿Acaso no creen que Dios hará justicia a su pueblo escogido que clama a él día y noche? ¿Seguirá aplazando su respuesta? Les digo, ¡él pronto les hará justicia!” Lucas 18:7-8 (NTV)


Por lo tanto, cuando veas que tu situación no mejora y parece empeorar, acuérdate que Dios no es un ser humano para que mienta o cambie de opinión. Él es Fiel a Sus promesas y cumple lo que dice. Eso sí, debes orar con la seguridad de que Dios responderá y con la confianza de que recibirás lo que esperas, porque si dudas y no crees en el poder de Dios, no recibirás nada del Señor.


La Biblia dice: “una persona que duda tiene la lealtad dividida y es tan inestable como una ola del mar que el viento arrastra y empuja de un lado a otro. Esas personas no deberían esperar nada del Señor.” Santiago 1:6-7.


Confía en que Dios tiene un propósito con tu situación, que todo lo que has sembrado con lágrimas dará su fruto en su tiempo y cosecharás con una alegría inmensa; porque cada petición de oración que has llevado delante de Dios todo poderoso, dará resultados en el tiempo indicado. “Despierten y miren a su alrededor, los campos ya están listos para la cosecha.” Juan 4.35.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Comparte a Jesús, mientras tengas fuerzas

“Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.” Juan 9:4.

Escuché el testimonio de un pastor que fue a visitar a un miembro activo de su iglesia, quien ya era mayor de edad, tenía 75 años, estaba postrado en el hospital y sabía que iba a morir en cualquier momento. Analizando su vida se dio cuenta que en todos los años que conoció a Jesús no había ganado ni un alma para Dios y por esa situación vivía frustrado sus últimos días, porque se iba a presentar delante de Dios sin fruto.

Hay tantas personas en la misma situación de este anciano, llevan años conociendo de Cristo, pero no hay frutos. Se olvidan o no quieren obedecer el mandamiento de Jesús. “Id y predicad el evangelio a toda criatura.” Marcos 16:15. Pregunto: ¿A cuántas personas has predicado de Cristo?

Jesús era consciente de su misión. Sabía por qué había venido al mundo y quién lo había enviado. “Me es necesario hacer las obras del que me envió”, ¿Qué obras? La obra de restauración entre Dios y el hombre. También dijo: “Entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.” Jesús sabía que sería crucificado, que llegaría su muerte y al tercer día resucitaría. Esto hace mención para que los discípulos entiendan que va llegar la muerte y ya no habrá más que hacer.

El Señor relaciona la luz y las tinieblas con la vida y la muerte. Por eso nos llama a trabajar para Él, a compartir su mensaje con todos aquellos que no lo conocen. Mientras el día dura, trabaja para mí dice el Señor, mientras respires trabaja, porque viene la noche donde ya nadie puede trabajar.

Ninguno de nosotros sabe cuánto tiempo más estará en este mundo o cuándo el Señor nos llamará a Su presencia. Lo cierto es que debemos recordar que la vida es breve, el salmista David dice que somos como un suspiro, que nuestros días son fugaces como una sombra. (Salmos 144:4)

Si sabes que no estás predicando el mensaje de Jesús, esta es tu oportunidad. Es hoy cuando tienes que compartir el amor de Dios. Es hoy cuando tienes que decirle a tus seres queridos que hay esperanza en Jesús. Es hoy que, mientras estás vivo y tengas fuerzas, tienes que anunciar que Cristo viene pronto.

No esperes a lamentarte cuando ya no tengas las mismas fuerzas que hoy para predicar el mensaje de Jesús. Trabaja para el Señor, porque si te avergüenzas de Jesús, Él también se avergonzará de ti. La Biblia dice que los cobardes no entrarás al reino de los cielos. (Apocalipsis 21:8)

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Victoria final

Como ya debo haber dicho aquí, resulta que le gané la guerra al miedo, la culpa y la vergüenza.

No es una declaración menor. La vieja mochila del pasado se te pega a la espalda, sanguijuela invisible que te chupa las fuerzas y la esperanza.

Zafarse de los temores antiguos, patear de una vez por todas las condenas de la tradición y la palabra mal entendida, reconocer nuestra desnudez como una condición universal. Esta es la crónica del nuevo tiempo.

El estúpido peso de las cuestiones en las que te han instruido se despeña por las orillas del libre conocimiento. La vida se levanta en alas de una exégesis inteligente y renovada. La memoria se desprende de la rémora de los días con la fuerza de una libertad recién inaugurada.

Hay victorias que no son emocionantes o intoxicadas de alegría. Son tensas y agotadoras. Porque no sólo se lucha contra los propios fantasmas sino contra los juicios del sistema y contra la vigilancia de los guardianes que espían cualquier asomo de rebelión.

Sí, porque no es otra cosa que rebelión vencer el obstáculo de la tradición y la sagrada pedagogía inventada por los hombres. Es una insurrección premunida con las armas de la libertad y la esperanza.

Pero, ¡cómo te envidian la libertad!

Te endilgan versos aleccionadores, te recuerdan los teoremas de la institución, te pronostican fuegos interminables. Porque el miedo, la culpa y la vergüenza se resisten a abandonar su brutal magisterio, su oscurantismo milenario.

Pero ya en el crepúsculo del tiempo pude darme cuenta de la precariedad de sus fundamentos, de la debilidad de sus argumentaciones, de la ridiculez de sus pretensiones.

Saludo la victoria final.

El que lea, entienda.

Y el que no, que no.

¿Faltan obreros?

En la construcción de un edificio o casa se requiere el trabajo de varios obreros, cada cual con su función y herramientas, de esta manera la obra puede realizarse con efectividad y también en un tiempo oportuno.


La obra del reino se puede comparar a una obra de construcción en la que existe mucho trabajo por hacer, pero ¿Sabías que Jesús dice que le faltan obreros?


La Biblia dice: “Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros pocos.” Mateo 9:36-37


Jesús recorría las ciudades y aldeas enseñando las buenas noticias del reino, dando fortaleza y sanando enfermos, por lo que las multitudes lo seguían; sin embargo, siente compasión por ellos porque observa su necesidad, el cuidado y orientación que requerían. Entonces manifiesta su aflicción: “la mies es mucha y los obreros pocos”


¿Qué labor realizas para el Señor? Es muy sencillo ir a la iglesia los domingos y orar simplemente para pedir por nuestras necesidades, pero Jesús nos muestra que existe una necesidad en su obra y precisa trabajadores que la realicen, el trabajo es mucho pero los obreros son pocos.


Si pensaste que ser cristiano es simplemente conocer a Jesús estás equivocado, se trata también de seguir sus pasos, de renunciar a nuestro egoísmo para pensar en los demás y sus necesidades, de abandonar la comodidad para cumplir el propósito de Dios.


¿Estás dispuesto a ser obrero de Cristo? Si tu respuesta es afirmativa entonces ¡Manos a la obra! Empieza orando por otros, sal y enseña el mensaje de salvación, recoge a las ovejas descarriadas y vuelve a traerlas al rebaño ¡Si quieres ver a Dios no te quedes sentado!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Eres impaciente?

Se cuenta de un muchacho que plantó cierta cantidad de semilla de una preciosa flor que le fue traída de tierras lejanas.
La persona que se las había regalado, hizo tantos elogios de la hermosa flor que brotaba de tales semillas que el muchacho estaba muy impaciente por tenerlas en su jardín; por tal motivo bajaba cada mañana y escarbaba la tierra para ver si ya aparecían las pequeñas plantas que con tanto afán esperaba. De este modo arruinó completamente su plantación y nunca vio ninguna de estas flores que tan ansioso estaba de obtener.
A veces somos como el muchacho, que impacientemente tomamos acciones que no solamente no ayudan, sino que dañan las bendiciones del Señor; en nuestro afán por verlas hechas realidad dañamos el proceso y no llegamos a ver su cumplimiento.
En Hebreos 10:36, dice: “Perseverar con paciencia es lo que necesitan ahora para seguir haciendo la voluntad de Dios. Entonces recibirán todo lo que él ha prometido” (NTV) Si hacemos caso a nuestra ansiedad y empezamos a hacer las cosas a nuestra manera y no a la de Dios, no podremos ver sus promesas cumplidas en nuestras vidas.
No intentes ayudar a Dios para que sus promesas se adelanten, confía en sus tiempos y espera pacientemente, porque Él nunca llega tarde y si dijo que lo hará, así será.
Que la impaciencia no arruine las promesas que Dios tiene para tu vida. Espera en Él.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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