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La cosecha será inmensa

“Los que siembran con lágrimas cosecharán con gritos de alegría. Lloran al ir sembrando sus semillas, pero regresan cantando cuando traen la cosecha.” Salmos 126:5-6. (NTV)

En esos momentos donde sientas perder las ganas de seguir luchando, porque parece que todo tu esfuerzo es en vano y no va ocurrir nada de lo que esperas, recuerda que todo es un proceso que demanda trabajo, esfuerzo, compromiso, dedicación, paciencia y muchas veces dolor.


Jesús en Lucas 18 nos enseña que siempre debemos orar y nunca darnos por vencidos. Él mismo dijo: “¿Acaso no creen que Dios hará justicia a su pueblo escogido que clama a él día y noche? ¿Seguirá aplazando su respuesta? Les digo, ¡él pronto les hará justicia!” Lucas 18:7-8 (NTV)


Por lo tanto, cuando veas que tu situación no mejora y parece empeorar, acuérdate que Dios no es un ser humano para que mienta o cambie de opinión. Él es Fiel a Sus promesas y cumple lo que dice. Eso sí, debes orar con la seguridad de que Dios responderá y con la confianza de que recibirás lo que esperas, porque si dudas y no crees en el poder de Dios, no recibirás nada del Señor.


La Biblia dice: “una persona que duda tiene la lealtad dividida y es tan inestable como una ola del mar que el viento arrastra y empuja de un lado a otro. Esas personas no deberían esperar nada del Señor.” Santiago 1:6-7.


Confía en que Dios tiene un propósito con tu situación, que todo lo que has sembrado con lágrimas dará su fruto en su tiempo y cosecharás con una alegría inmensa; porque cada petición de oración que has llevado delante de Dios todo poderoso, dará resultados en el tiempo indicado. “Despierten y miren a su alrededor, los campos ya están listos para la cosecha.” Juan 4.35.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Comparte a Jesús, mientras tengas fuerzas

“Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.” Juan 9:4.

Escuché el testimonio de un pastor que fue a visitar a un miembro activo de su iglesia, quien ya era mayor de edad, tenía 75 años, estaba postrado en el hospital y sabía que iba a morir en cualquier momento. Analizando su vida se dio cuenta que en todos los años que conoció a Jesús no había ganado ni un alma para Dios y por esa situación vivía frustrado sus últimos días, porque se iba a presentar delante de Dios sin fruto.

Hay tantas personas en la misma situación de este anciano, llevan años conociendo de Cristo, pero no hay frutos. Se olvidan o no quieren obedecer el mandamiento de Jesús. “Id y predicad el evangelio a toda criatura.” Marcos 16:15. Pregunto: ¿A cuántas personas has predicado de Cristo?

Jesús era consciente de su misión. Sabía por qué había venido al mundo y quién lo había enviado. “Me es necesario hacer las obras del que me envió”, ¿Qué obras? La obra de restauración entre Dios y el hombre. También dijo: “Entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.” Jesús sabía que sería crucificado, que llegaría su muerte y al tercer día resucitaría. Esto hace mención para que los discípulos entiendan que va llegar la muerte y ya no habrá más que hacer.

El Señor relaciona la luz y las tinieblas con la vida y la muerte. Por eso nos llama a trabajar para Él, a compartir su mensaje con todos aquellos que no lo conocen. Mientras el día dura, trabaja para mí dice el Señor, mientras respires trabaja, porque viene la noche donde ya nadie puede trabajar.

Ninguno de nosotros sabe cuánto tiempo más estará en este mundo o cuándo el Señor nos llamará a Su presencia. Lo cierto es que debemos recordar que la vida es breve, el salmista David dice que somos como un suspiro, que nuestros días son fugaces como una sombra. (Salmos 144:4)

Si sabes que no estás predicando el mensaje de Jesús, esta es tu oportunidad. Es hoy cuando tienes que compartir el amor de Dios. Es hoy cuando tienes que decirle a tus seres queridos que hay esperanza en Jesús. Es hoy que, mientras estás vivo y tengas fuerzas, tienes que anunciar que Cristo viene pronto.

No esperes a lamentarte cuando ya no tengas las mismas fuerzas que hoy para predicar el mensaje de Jesús. Trabaja para el Señor, porque si te avergüenzas de Jesús, Él también se avergonzará de ti. La Biblia dice que los cobardes no entrarás al reino de los cielos. (Apocalipsis 21:8)

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Victoria final

Como ya debo haber dicho aquí, resulta que le gané la guerra al miedo, la culpa y la vergüenza.

No es una declaración menor. La vieja mochila del pasado se te pega a la espalda, sanguijuela invisible que te chupa las fuerzas y la esperanza.

Zafarse de los temores antiguos, patear de una vez por todas las condenas de la tradición y la palabra mal entendida, reconocer nuestra desnudez como una condición universal. Esta es la crónica del nuevo tiempo.

El estúpido peso de las cuestiones en las que te han instruido se despeña por las orillas del libre conocimiento. La vida se levanta en alas de una exégesis inteligente y renovada. La memoria se desprende de la rémora de los días con la fuerza de una libertad recién inaugurada.

Hay victorias que no son emocionantes o intoxicadas de alegría. Son tensas y agotadoras. Porque no sólo se lucha contra los propios fantasmas sino contra los juicios del sistema y contra la vigilancia de los guardianes que espían cualquier asomo de rebelión.

Sí, porque no es otra cosa que rebelión vencer el obstáculo de la tradición y la sagrada pedagogía inventada por los hombres. Es una insurrección premunida con las armas de la libertad y la esperanza.

Pero, ¡cómo te envidian la libertad!

Te endilgan versos aleccionadores, te recuerdan los teoremas de la institución, te pronostican fuegos interminables. Porque el miedo, la culpa y la vergüenza se resisten a abandonar su brutal magisterio, su oscurantismo milenario.

Pero ya en el crepúsculo del tiempo pude darme cuenta de la precariedad de sus fundamentos, de la debilidad de sus argumentaciones, de la ridiculez de sus pretensiones.

Saludo la victoria final.

El que lea, entienda.

Y el que no, que no.

¿Faltan obreros?

En la construcción de un edificio o casa se requiere el trabajo de varios obreros, cada cual con su función y herramientas, de esta manera la obra puede realizarse con efectividad y también en un tiempo oportuno.


La obra del reino se puede comparar a una obra de construcción en la que existe mucho trabajo por hacer, pero ¿Sabías que Jesús dice que le faltan obreros?


La Biblia dice: “Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros pocos.” Mateo 9:36-37


Jesús recorría las ciudades y aldeas enseñando las buenas noticias del reino, dando fortaleza y sanando enfermos, por lo que las multitudes lo seguían; sin embargo, siente compasión por ellos porque observa su necesidad, el cuidado y orientación que requerían. Entonces manifiesta su aflicción: “la mies es mucha y los obreros pocos”


¿Qué labor realizas para el Señor? Es muy sencillo ir a la iglesia los domingos y orar simplemente para pedir por nuestras necesidades, pero Jesús nos muestra que existe una necesidad en su obra y precisa trabajadores que la realicen, el trabajo es mucho pero los obreros son pocos.


Si pensaste que ser cristiano es simplemente conocer a Jesús estás equivocado, se trata también de seguir sus pasos, de renunciar a nuestro egoísmo para pensar en los demás y sus necesidades, de abandonar la comodidad para cumplir el propósito de Dios.


¿Estás dispuesto a ser obrero de Cristo? Si tu respuesta es afirmativa entonces ¡Manos a la obra! Empieza orando por otros, sal y enseña el mensaje de salvación, recoge a las ovejas descarriadas y vuelve a traerlas al rebaño ¡Si quieres ver a Dios no te quedes sentado!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Eres impaciente?

Se cuenta de un muchacho que plantó cierta cantidad de semilla de una preciosa flor que le fue traída de tierras lejanas.
La persona que se las había regalado, hizo tantos elogios de la hermosa flor que brotaba de tales semillas que el muchacho estaba muy impaciente por tenerlas en su jardín; por tal motivo bajaba cada mañana y escarbaba la tierra para ver si ya aparecían las pequeñas plantas que con tanto afán esperaba. De este modo arruinó completamente su plantación y nunca vio ninguna de estas flores que tan ansioso estaba de obtener.
A veces somos como el muchacho, que impacientemente tomamos acciones que no solamente no ayudan, sino que dañan las bendiciones del Señor; en nuestro afán por verlas hechas realidad dañamos el proceso y no llegamos a ver su cumplimiento.
En Hebreos 10:36, dice: “Perseverar con paciencia es lo que necesitan ahora para seguir haciendo la voluntad de Dios. Entonces recibirán todo lo que él ha prometido” (NTV) Si hacemos caso a nuestra ansiedad y empezamos a hacer las cosas a nuestra manera y no a la de Dios, no podremos ver sus promesas cumplidas en nuestras vidas.
No intentes ayudar a Dios para que sus promesas se adelanten, confía en sus tiempos y espera pacientemente, porque Él nunca llega tarde y si dijo que lo hará, así será.
Que la impaciencia no arruine las promesas que Dios tiene para tu vida. Espera en Él.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Todo depende de ti

Recuerdo que, hace un tiempo, encontrar la respuesta a la tarea asignada por los maestros de escuela no era tan sencillo porque uno tenía que leer libros y más libros para hallar lo que se requería, ya que toda la información se encontraba en ellos. En la actualidad todo es más fácil, con sólo escribir en un buscador de internet como Google, la palabra que se requiere, encontramos un sinfín de información que está al alcance de todos; y lo que comúnmente la mayoría de las personas hace es: Copiar y Pegar ¿No es así?

No hace mucho escuché un comentario que decía, “Me esfuerzo tanto para alcanzar mis metas, pero veo a otra persona en mi misma situación y no le cuesta tanto como a mí, parece que a él todo le cae del cielo”

La verdad es que  todo lo que deseamos alcanzar merece que se le ponga el esfuerzo necesario, y no esperar a que el tiempo lo haga todo o que las cosas se den, porque a veces es necesario pelear por la bendición y no escoger lo que aparentemente ya está hecho, como Lot  lo hizo al escoger una tierra aparentemente bella a sus ojos.

La Biblia, en Génesis 13, nos menciona la separación de Abram y de Lot, siendo ellos  hombres ricos en ganado, plata, oro, tiendas, etc., la tierra donde vivían no era suficiente para que habiten juntos, por sus grandes posesiones.

Pero después de un breve conflicto entre los pastores de ambos, Abram le dijo a Lot que no era necesario llegar a la pelea, considerando que son parientes, pero que sí era mejor separarse, entonces Abram le dio a escoger a Lot su sobrino la tierra donde empezaría de nuevo.

“Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra. Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro.” Génesis 13:10-11 (RVR)

Lot escogió una tierra hermosa, pero no sabía que finalmente sería su perdición por todo lo que representaba. Desde muy joven Lot perdió a su padre, pero contaba con el ejemplo de su tío Abram y de su abuelo Taré; aparentemente vivía a la deriva con la ley del mínimo esfuerzo, estaba tan atrapado en su presente que era incapaz de ver las consecuencias de sus acciones, lo que quizá repercutió en su futuro.

Posiblemente en este tiempo te has acomodado a una sociedad que busca lo sencillo sin hacer el mínimo esfuerzo para conseguir una meta, puede que hasta el día de hoy hayas vivido a la deriva o dependiendo de una herencia o que simplemente esperas que las  bendiciones caigan del cielo, pero déjame decirte que si vives buscando lo fácil y lo que no te demande tiempo o esfuerzo, los resultados serán de la misma forma.

Las bendiciones de Dios están sobre nosotros, pero no todo lo que uno desea conseguir será sencillo, se necesita poner esfuerzo para alcanzar una meta. Así que ¡Todo depende de ti!

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Divagación del tiempo

“¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé.”

(San Agustín, Confesiones)

El presente no es más que un intersticio, una rajadura tenue entre el segundo que pasó y el que viene. Una aparición, un mínimo haz de luz o un latigazo de sombra.

¿Qué importancia tendría esta divagación en semejante sitio web con tan altos pensamientos espirituales? A ver si puedo precisarlo.

Nunca vivimos, creo, el “presente”. Sólo está el instante. Inasible. Me dicen que Yo soy el que soy puede significar Yo seré el que seré – o ambas cosas. No sabemos porque el tiempo es una categoría inventada para situarnos.

Sugiero a veces a mis amigos a quienes acompaño a leer la Biblia que Dios vive el día a día con nosotros. Podría ser de otro modo. A lo mejor es de otro modo pero se me hace que lo ha preferido así: acompañarnos en la asombrosa expectativa, en el misterio del qué será.

(A estas alturas de mi vida me importa bien poco – nada en realidad – que me retruquen los entendidos. Ellos necesitan la certeza de sus convicciones y sus edictos magistrales. A veces me parece que han perdido la inocencia del descubrimiento. Bailan siempre en la misma baldosa.

Yo, al contrario, me aventuro en el vértigo de lo que no sé. Como debo haber dicho aquí antes, bailo en la oscuridad).

Se suele decir que el tiempo perdido no se recupera. Esto suena tan griego, tan occidental. Supone que la vida es una línea recta, una ruta sin retorno.

Propongo que el tiempo no es más que las realidades de la vida. Hacemos esto o lo otro. Podemos no hacerlo nunca. Podemos volver a hacerlo. Podemos recordar. Podemos olvidar. Podemos evocar.

Podemos odiar si queremos, pero podemos perdonar. Recuperar una relación o perderla para siempre. Intentar nuevos encuentros.

Podemos ser lo que soñamos antes. O decidir que no queremos ser lo que soñábamos porque descubrimos que nos interesa ser otra cosa.

Me voy dando cuenta que es más interesante pensar en lo que seré en vez de diluirme en la nostalgia de lo que fue o no fue. (Tal vez eso sea un buen ejercicio contra el Alzheimer o la demencia senil).

Me propondré entonces la construcción de recuerdos del futuro. ¡Tan intensamente que terminaré teniendo nostalgia de lo que seré!

Alcanzando la promesa…

En el libro de Hebreos encontramos el relato de cómo Abraham recibió la promesa de Dios, misma que alcanzó habiendo esperado con paciencia. El texto no menciona cuánto debió esperar, no obstante, si recordamos la vida de Abraham, podemos concluir que en realidad no fue un tiempo corto.

“Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, 14 diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. 15 Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa.” Hebreos 6:13-15 (RVR1960).

La paciencia, es una cualidad que muchas veces parece inalcanzable, en cierta medida, porque en estos días estamos acostumbrados a hacer y obtener las cosas rápido; pensemos en los mensajes de texto instantáneos, la comida rápida, etc. Fueron pensados para no tener que invertir mucho tiempo en la espera.

Pero no sucede de la misma forma en las áreas más importantes de la vida, para obtener un título profesional por ejemplo, debemos pasar por muchos años de preparación y estudio; así también ocurre con aspectos de nuestro carácter y temperamento. Es necesario que los mismos sean moldeados, pero esto no ocurrirá de la noche a la mañana. Es un proceso que requiere tiempo.

Es por ello que es necesario hacer uso de la paciencia, no sólo en nuestros propios procesos, sino también con las personas que están en nuestro entorno. Esto lo logramos con la ayuda de Dios.

“fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad;” Colosenses 1:11 (RVR1960).

En otra versión, el texto de Colosenses dice así: “Pedimos que él, con su glorioso poder, los haga fuertes; así podrán ustedes soportarlo todo con mucha fortaleza y paciencia, y con alegría” (DHH).

Cuán importante es recurrir a Dios en cada etapa y área de nuestras vidas, es necesario creer en Sus promesas y acudir a Él para fortalecernos, de esta manera podremos hacer frente a las dificultades, sabiendo además que si esperamos en Él, seremos recompensados.

Por Cesia Serna

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Limpia tu camino

¿Con que limpiara el joven su camino?

Interesante pregunta que lleva a reflexionar sobre el camino recorrido, pero más aun sobre el tramo que falta recorrer.

Cuando uno es joven, en general, cree que tiene el tiempo a su favor, y en esta creencia suele dejar para más adelante decisiones transcendentales, la principal de ellas, su relación con Dios.

“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.” Salmos 119:9 (RVR1960).

En la segunda parte del versículo encontramos la respuesta: “Con guardar tu palabra.”

Guardar la Palabra de Dios implica conocerla, atesorarla, vivirla, además de respetarla y obedecerla.

Si eres joven, no dejes para después tu relación con el Señor, no llegues al punto de arrepentirte por haber desperdiciado años preciosos de tu vida en cosas sin valor.

Tal como el salmista expresa en los versículos siguientes: “Con todo mi corazón te he buscado; No me dejes desviarme de tus mandamientos. 11 En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti. 12 Bendito tú, oh Jehová; Enséñame tus estatutos.” Salmos 119:10-12 (RVR1960). Busca con todo corazón al Señor y guarda Su Palabra, aprende bajo Su tutela sus mandatos y estatutos.

“En tus mandamientos meditaré; Consideraré tus caminos. 16 Me regocijaré en tus estatutos; No me olvidaré de tus palabras.” Salmos 119:15-16 (RVR1960).

Medita en ellos, considéralos y no los olvides.

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Recordando sus promesas

“Pues tantas como sean las promesas de Dios, en El todas son sí; por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros.” 2 Corintios 1:20 (LBLA)


A veces podemos decir que creemos en Jesús, pero en realidad puede ser algo simplemente de labios para fuera. O bien decir: “Señor Jesús mi fe está en ti”, pero cuando vienen los tiempos difíciles dudamos de sus promesas y grandezas. Debemos recordar que no es tiempo para mirar atrás ni dudar, sino de estar firmes y decididos, sabiendo en quien hemos creído, confiando plenamente en Dios.


Si en los momentos difíciles, te llenas de dudas y sientes debilitada tu fe, es tiempo de levantarte y fortalecerte en las promesas de Dios “Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.” Hebreo 4:11

Por Cristhian Castillo

 

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Ilusiones perdidas

Esta es la crónica de los diversos momentos en los que me invade ese sentimiento de pérdida del tiempo gastado en escribir aquí. Esa como irreparable sensación de la futilidad del intento por convencer a la inmensa mayoría de que las cosas no son como deben ser.

Pero la inmensa mayoría tiene sus ocupaciones. Inmersa en el espíritu de la época se mimetiza con la mentalidad de que todo da lo mismo pero igual hacen iglesia, practican religión, sueñan mundos futuros porque se dan cuenta de que aquí no van a cambiar nada.

Así que, para el registro, quedan algunos fragmentos de esta palabra perdida.

La palabra perdida en el tiempo. Argumentos inútiles que se disolvieron como neblina, entrada la mañana. Imaginaciones estupendas, percepciones magistrales que se escurrieron como manantial desaparecido en la arena del desierto. Gritos en la oscuridad, reclamos del alma sensible que presenciaba universos estallar, mundos nacer, estrellas desaparecer sin dejar rastro alguno.

Cuántas veces el anhelo de abdicar el tenaz magisterio de la palabra perdida. No había llegado a tiempo. No tarde, no. “Llego demasiado pronto, dijo luego, mi tiempo no ha llegado aún. Este formidable acontecimiento está todavía en camino, avanza, pero aún no ha llegado a los oídos de los hombres.” (El loco, en “De La Gaya Ciencia”, Friedrich Nietzsche, 1882).

El intoxicante veneno del éxito adormece los oídos de los dirigentes. El jolgorio de la mascarada no permite – todavía – sentir el áspero regusto de la ceniza, el descalabro de todos los huesos, la vertiginosa caída de todos los dioses. El discurso se ha hecho infructuoso. Los atalayas tienen dolores de parto y dan a luz viento. Toda conquista es una ilusión. Todo avance no es más que un continuo retorno. Los oídos están tapados, los ojos permanecen cautivos de los espejismos del sistema, la conciencia adormecida por las estridentes y espectaculares producciones.

La multitud embelesada por los flautistas no reconoce el peligro. Avanza mansamente a su destino cierto. Celebra el jubileo de los tiempos sin reconocer el profundo desencanto de la realidad. Desconoce la antigua luz de los profetas.

La verdad deviene panfleto. El rigor de la vida es aplacado con las baratijas de la autoayuda. La ruta de la conciencia progresa por astutos atajos y convenientes transportes. Los edificios vinieron a ser atractivos, cálidos refugios contra la tormenta del mundo.

No hay lugar para el loco. No hay sitio para el ermitaño. Son manchas en las tertulias institucionales. Sus ropas gastadas y sus arrugados papeles desentonan en la atmósfera de ágapes, festivales y asambleas. Los vigilantes los intiman – educadamente por cierto – a cambiarse de traje y guardar silencio. Si no, deben abandonar el salón.

Prioridades

En el libro de Jonás encontramos el relato de las diversas situaciones que atravesó este profeta en su intento por desatender la instrucción que recibió de Dios, hasta el momento en que se sienta en las afueras de Nínive para ver lo que sucedería con la ciudad.

“Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le librase de su malestar; y Jonás se alegró grandemente por la calabacera. 7 Pero al venir el alba del día siguiente, Dios preparó un gusano, el cual hirió la calabacera, y se secó. 8 Y aconteció que al salir el sol, preparó Dios un recio viento solano, y el sol hirió a Jonás en la cabeza, y se desmayaba, y deseaba la muerte, diciendo: Mejor sería para mí la muerte que la vida. 9 Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte.” Jonás 4:6-9 (RVR1960).

En este texto podemos ver que el profeta se alegra grandemente por una planta que creció para cubrirlo del sol, y cuando esta se secó, su enojo fue tal que aseveró “hasta la muerte”.

Si bien, la planta le fue de ayuda, no duró mucho y provocó que el enojo previo del profeta creciera aún más, mostrando así que la planta tenía más valía ante sus ojos que los habitantes de Nínive. Este ejemplo nos lleva a reflexionar sobre lo que para nosotros es importante, ¿qué valoramos más, las cosas materiales y perecederas o aquello que muchas veces es inmaterial, pero por demás importante?

Si lo llevamos a nuestra vida diaria, ¿qué cosas vendrían a ser las que cobran mayor importancia, situaciones cotidianas que deben realizarse, y que efectivamente requieren tiempo, o aquellas que sabemos que son de provecho para nuestra vida espiritual?

A veces nos dejamos llevar por lo cotidiano y perecedero y olvidamos que lo importante radica en buscar primero el reino de Dios, lo que implica trabajar en tener una estrecha relación con Él y compartir con otras personas el mensaje de salvación.

Recordemos que somos el medio por el cual el Señor muestra Su amor a este mundo que está tan carente, no dejemos que nuestras preocupaciones o afanes diarios nos lleven a olvidar la responsabilidad que tenemos de dar a conocer el amor de Dios para la humanidad.

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” Marcos 16:15 (RVR1960).

Consideremos que no es necesario salir de nuestro país, en la mayoría de los casos nuestros vecinos e incluso nuestra propia familia es a quien debemos alcanzar.

Por Cesia Serna

 

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