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No más odio 1

No más odio

“Poco después, Jesús dijo: «¡Padre, perdona a toda esta gente! ¡Ellos no saben lo que hacen!» Mientras los soldados hacían un sorteo para ver quién de ellos se quedaría con la ropa de Jesús” Lucas 23:34 (TLA).

Cuando nos lastiman, es posible que esto provoque en nosotros, deseos de venganza, amargura y odio. Cuando esto sucede ya no tenemos paz y guardamos en nuestro corazón sentimientos negativos.

La única manera de quitar este sentimiento que nos enferma en nuestro interior es a través del perdón. Es posible que no resulta fácil, pero es lo mejor.

Si aún sientes odio o rencor hacia las personas que te han herido, piensa un momento y recuerda a Jesús quien siendo crucificado dijo: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Considera que ellos mismos pudieran estar heridos y no hacen más que transferir el odio que hay en sus corazones.

¡No hagas tú lo mismo! tú puedes perdonar. De esta manera podrás cambiar el odio, por una mirada de  amor y compasión por aquellos que te hirieron. ¿No es esto lo que hizo Jesús?

Por Giovana Aleman

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Buscas pelea? 2

¿Buscas pelea?

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando  cada uno a los demás como superiores a él mismo;” Filipenses 2:3 (RVR 1960).

Muchos pensamientos negativos surgen cuando alguien nos hace daño, ya sea de forma intencional o accidental, y es muy probable que estas ideas lleguen a convertirse en actos de resentimiento en respuesta al daño recibido; pero Dios nos enseña que las acciones que realicemos no deben ser con el deseo de provocar discusión, sino más bien nuestras prácticas deben tener como fundamento el amor que lleva al perdón y reconciliación.

Por Neyda Cruz

 

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¡Rompe tus ataduras! 3

¡Rompe tus ataduras!

“El ayuno que he escogido, ¿no es más bien romper las cadenas de injusticia y desatar las correas del yugo, poner en libertad a los oprimidos y romper toda atadura?” Isaías 58:6 (NVI).

La voluntad de Dios es que seamos libres de todo yugo, esto a través de la fe en Jesús y del Espíritu Santo que transforma y limpia, el ayuno es un arma espiritual de mucho poder que nos permite derribar fortalezas que son difíciles de destruir.

Quizás albergas en tu corazón sentimientos negativos, como la amargura o rencor por el daño que te han hecho y no has podido perdonar aquello. Por ejemplo, la falta de perdón es una atadura que te roba la paz y santidad,  por lo tanto, es necesario que hagas algo al respecto y no permitas que este mal te aleje de vivir una vida plena.

Te animo a dar el primer paso para ser libre de todo, aparta un tiempo para ayunar y así soltar a las personas que te han dañado, renuncia al rencor, al resentimiento y a los deseos de venganza.

El ayuno además de derribar las ataduras en tu vida te llenará de fortaleza para que sigas adelante y tengas paz en tu corazón.

Por Giovana Aleman

 

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Primer paso 4

Primer paso

“Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviera queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” Colosenses 3:13 (RVR 1960).

Quizás hayas tenido experiencias dolorosas que han herido tu corazón, pero es importante saber que las heridas no se sanan por el paso del tiempo. Por lo cual, si no has permitido una verdadera sanidad en tu interior seguirán abiertas estas lesiones y con el correr de los años te llenarán de amargura.

Cuando alguien nos hace daño sentimos deseos de venganza que puede reflejarse en tratar con indiferencia a la persona que nos lastimó, no hablarle o si lo hacemos, dirigirnos a ella de manera poco amigable.

Dios nos enseña que no debemos hacer daño a los que nos han herido, por el contrario debemos tomar la iniciativa y dar el primer paso que consiste en perdonar. La sanidad comienza con el perdón, esto traerá gran paz y bienestar en tu vida.

Por Neyda Cruz

 

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¿Tu enemigo cayó? No deberías celebrar 5

¿Tu enemigo cayó? No deberías celebrar

En la vida nos encontramos con todo tipo de personas. No todas ellas nos hacen bien, sino que de una u otra forma nos perjudican y se convierten en una especie de enemigos.

Estos enemigos pueden ser gente que conocemos y en algún momento nos hicieron daño, o gente que no conocemos personalmente, pero que tienen cierta influencia en nuestra vida. Esto se nota con claridad, por ejemplo, cuando se trata de alguna autoridad o gobernante.

Las decisiones que toman las autoridades o personas poderosas de nuestros países no siempre son las mejores. Ellos se dejan guiar por sus propios intereses, los cuales no son de beneficio para la población en general, y cuyas malas consecuencias nos afectan a todos. Por lo tanto, es de esperar que sintamos alegría y triunfo cuando la justicia condena a algún mal líder. Esto, hasta cierto punto, es comprensible pues como seres humanos tenemos un deseo natural por la justicia que muchas veces cruza la línea y se convierte en venganza. Cuando alguien nos perjudica sentimos que es justo que nuestro enemigo sufra tanto como nosotros. Sin embargo, la Biblia nos dice que si nuestro enemigo cae, no debemos alegrarnos porque esa actitud puede volverse en nuestra contra.

Proverbios 24:17-18 dice:

«Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes, y cuando tropezare, no se alegre tu corazón; no sea que Jehová lo mire, y le desagrade, y aparte de sobre él su enojo.»

En esos versículos aprendemos que no tenemos la labor de juzgar a los demás, sin importar cuán terribles hayan sido sus acciones. El verso 18 dice que a Dios puede desagradarle nuestra conducta y, a causa de eso, quitar la culpa de quien se lo merece. En otras versiones dice:

  • «Si Dios te ve, no aprobará tu conducta y se enojará contigo.» (TLA)
  • «Pues al ver eso el Señor no lo aprobará y entonces decidirá ayudar a tu enemigo.» (PDT)
  • «Pues el Señor se molestará contigo y quitará su enojo de ellos.» (NTV)
  • «Porque al Señor no le agradará ver esto, y entonces su enojo se apartará de él.» (DHH)

Por lo tanto, no debemos permitir que nuestros deseos de justicia y venganza nos hagan usurpar el lugar de Dios. Puede ser difícil no alegrarse cuando nuestros enemigos pasan por malos momentos, pero tenemos que recordar que debemos tratar a los demás así como queremos ser tratados (Mateo 7:12). Es más, Jesús nos ordenó amar a nuestros enemigos y hacer el bien a quienes nos odian y esto incluye a todas las personas: conocidos o desconocidos (Mateo 5:43-48; Lucas 6:27-36). Si realmente queremos ser luz en un mundo de tinieblas debemos empezar demostrando amor a aquellos que más lo necesitan.

 

 

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Venganza 6

Venganza

Un hombre se quejaba a otro cristiano de una injusticia acerca de lo que le habían hecho los vecinos y concluyó diciendo:
– Pero, que se esperen, que tengo almacenadas muchas venganzas contra ellos para una ocasión oportuna…
– Entonces es un ladrón o un usurpador – contestó el cristiano.
– ¡¿Yo?! – Indignado protestó el otro.
– Sí, usted… ¿No dice el evangelio: “Mía es la venganza, yo pagaré”? Por lo tanto está procurando ejercer el oficio que a Él sólo pertenece.
No es raro que cuando alguien nos hace algún daño nuestro primer impulso sea querer venganza, buscar la forma de hacer pagar a aquellos que nos lastimaron. Sin embargo, la Biblia dice que no nos corresponde vengarnos.
“Queridos amigos, nunca tomen venganza. Dejen que se encargue la justa ira de Dios. Pues dicen las Escrituras: «Yo tomaré venganza; yo les pagaré lo que se merecen», dice el Señor” Romanos 12:19 (NTV)
Muchas veces creemos que Dios se ha olvidado de nosotros o que es ciego ante algunas injusticias, pero Él retribuye todo en el tiempo exacto y sabe cómo hacerlo. La justicia de Dios es perfecta y debemos aprender a esperar en Él, su tiempo no es el nuestro.
No te desesperes ni pierdas la fe, no dejes que las ansias de venganza te quiten la paz y te amarguen la vida. Entrega todas tus aflicciones y a la persona que las causó en las manos de Dios y espera en Él.
Es fácil perder de vista las bendiciones que Dios nos da cada día cuando el dolor y la amargura nublan nuestra mente y corazón, por eso encomienda tu causa a Dios y disfruta de su paz, deja de estar maquinando cómo vengarte de la persona que te lastimó y ora por ella.
¡Dios es un Juez Justo, descansa en Él!

 

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¡Aprende a perdonar! 7

¡Aprende a perdonar!

José recorrió un largo camino, desde ser aquel adolescente orgulloso hasta llegar a ser un líder humilde que experimentó la mano de Dios sobre su vida y sus circunstancias. Fue un aprendizaje doloroso y difícil pero con grandes recompensas. (Génesis 45)

Si recordamos la historia, debemos mencionar que sus hermanos le tenían envidia por ser el favorito de su padre, al extremo de venderlo a unos comerciantes y dar como explicación (a su padre) que había sido devorado por los leones. Más adelante, pasó a ser propiedad del Jefe de guardia del palacio, fue acusado falsamente por la esposa de Potifar, lo encerraron en la cárcel por un buen tiempo, pero después lo mandaron a llamar para revelar el sueño de faraón y por los buenos resultados que dieron sus consejos, fue nombrado como su mano derecha.

Tal vez, ése era el mejor momento de José, después de haber atravesado por tantos obstáculos llegó el tiempo de disfrutar la abundancia, el poder y la confianza de los que estaban a su alrededor; aparentemente todo estaba bien. Pero cuando la sequía llegó a la tierra de Jacob, sus otros hijos tuvieron que ir a Egipto por alimento para no morir de hambre. Ellos no sabían lo que había pasado con José después de haberlo vendido, mucho menos que sería él quien los atendería en nombre del Faraón. José, en medio de su felicidad, aún recordaba con dolor la actitud de sus hermanos para con él, y cuando los tuvo en frente reaccionó contra ellos, hizo esconder unas copas de oro en las bolsas donde había alimentos que Egipto les había dado para la subsistencia de su familia.

Al suceder esto sus hermanos, además de negarse, pidieron perdón, pero José insistía con su plan de venganza. Les dijo que de ninguna manera serían perdonados. Solamente lo haría si mandaban a buscar al más pequeño de sus hermanos (Benjamín). José había vuelto a su pasado, sus heridas habían sido abiertas y cuando llegó el momento de enfrentar la realidad, sólo pensó en hacerlos pagar por lo que le hicieron.

Tal vez fuiste lastimado profundamente y haz estado esquivando miradas con esa persona que hirió tu corazón ¿Hasta cuándo piensas seguir huyendo? O tal vez, te has visto tentado a cobrar venganza ¿Estás seguro que esa es la mejor salida para sentir alivio? No te engañes, si en verdad quieres ser libre de las garras de la amargura ¡Aprende a perdonar! E independientemente de la gravedad del conflicto, toma la iniciativa. No esperes que las personas que te fallaron vengan a ti para pedirte perdón, tal vez no lo hagan nunca, por ello, sé tú quien dé el primer paso a la reconciliación y así podrás permitirle a Dios formar su carácter en tu vida en cada situación que se te presente.

José entendía que todo lo que había pasado tenía un propósito, y el mismo que se estaba cumpliendo ese momento en su vida. Después de hacer pasar por momentos de desesperación a sus hermanos, decidió perdonarlos y junto a su padre vivieron en la tierra que fue próspera mientras él gobernó. Finalmente, el que había sido maltratado, inició la reconciliación.

No permitas que el rencor y la amargura  se enraícen en tu vida, toma el ejemplo de José e inicia la reconciliación con aquellos que te lastimaron.

“Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” Efesios 4:32 (NVI).

Por Ruth Mamani.

 

 

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¿Estás pensando vengarte? 8

¿Estás pensando vengarte?

Cuenta una historia que hace muchos años el favorito de un sultán tiró una piedra a un dervis (Un monje turco o persa que profesa la pobreza extrema) El ultrajado recogió la piedra sin decir nada y se la guardó, pensando: “Con ella me vengaré cuando se presente la ocasión”

Pasado cierto tiempo, un día oyó un gran griterío en la calle; el favorito había caído en desgracia y era conducido sobre un camello y expuesto a los insultos de la multitud por orden del sultán.

El dervis se dijo: “Ahora llegó la ocasión”, y corrió por la piedra que tenía guardada, pero volviendo en sí, la arrojó a un pozo, diciendo: “Ahora comprendo que jamás es justa la venganza; porque si nuestro enemigo es poderoso, entonces es imprudencia y locura, si desgraciado, es bajeza y crueldad”

¿Estás pensando en vengarte? Todos en alguna oportunidad hemos tenido ganas de hacer justicia con nuestras propias manos cuando en mayor o menor medida nos hemos visto afectados por alguien.

No des lugar a pensamientos de venganza, recuerda lo que dice Romanos 12:19:

“No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (RVR1960)

Dios paga a cada uno de acuerdo a sus actos, Él es el mejor Juez y conoce los corazones de cada uno de nosotros, si le entregamos nuestra causa, Dios se encargará de hacernos justicia a su debido tiempo.

No permitas que la amargura o el rencor aniden en tu corazón alimentados por un deseo de venganza; entrégale a Dios tu problema y descansa en Él porque su justicia es perfecta y verás la mano de Dios obrando a tu favor.

Recuerda que muchas veces, cuando actuamos dirigidos por el simple deseo de venganza, obramos ciegamente y sin sabiduría al calor de nuestras emociones. Al querer vengarnos, corremos el riesgo de caer en lo que decía el dervis de la historia: “Ahora comprendo que jamás es justa la venganza; porque si nuestro enemigo es poderoso, entonces es imprudencia y locura, si desgraciado, es bajeza y crueldad”.

No es tarea nuestra tomar venganza, mejor es esperar en Dios, permitiendo que los malos sentimientos desaparezcan y su paz invada nuestras vidas.

Confía en Dios y permite que Él sea quien te defienda.

 

 

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Me trataste mal ¡Ahora me vengaré! 9

Me trataste mal ¡Ahora me vengaré!

José y María eran compañeros de trabajo y amigos. Por distintas circunstancias de la vida comenzaron a tener conflictos que causaron fuertes discusiones entre ellos. Conforme el tiempo pasó, su relación se resquebrajó más y más y llegó al punto de crear fuerte tensión entre ellos. Un día, María fue promovida de cargo y llegó a ser superior en cargo que José. Cuando esto sucedió, ella decidió buscar la manera de vengarse de José.

Este relato ficticio es un ejemplo que nos ayuda a entender lo que sucede con algunas personas. Hay relaciones amicales, de trabajo, sentimentales, etc. que terminan de una manera tan abrupta que son dolorosas y dejan profundas heridas en los involucrados. Esta situación se ve vuelve más compleja cuando uno de los dos adquiere mayor poder sobre el otro y busca venganza.

Tener una posición de poder sobre la persona que nos hirió y querer aprovechar este cargo puede ser una idea tentadora. Pero obtener venganza no produce ninguna satisfacción; sino más bien, genera más hambre de ella. La venganza no cura las heridas, las crea. Y tal vez en el momento en que uno se siente lastimado, crea que el perdón es algo imposible de alcanzar; pero en realidad, es la mejor opción posible. El perdón no es fácil y lleva tiempo; sin embargo, vale la pena.

Si tienes algún problema con alguna persona, procura solucionarlo antes que se multiplique. La venganza no es el mejor recurso para remediar un conflicto. En vez de eso, procura perdonar y pedir perdón. De esta manera no solo estarás reparando las relaciones rotas, sino también sanando las heridas causadas. Después de todo, no puedes pedir perdón si no lo practicas primero con los demás (Mateo 6:14-16).

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El salario del miedo 10

El salario del miedo

El título de la película “V de Venganza” tiende a oscurecer un poco su fondo conceptual porque enfatiza la venganza de “V” contra sus anteriores torturadores. Sin embargo hay en ella otros momentos estelares que tienen una actualidad asombrosa.
Primero valdría la pena el trabajo de ver “V for Vendetta” (su título original). Hay instantes en que el protagonista parece estar comentando la realidad política y social de nuestros países. Uno de las más sobresalientes es el discurso inicial de “V” al intervenir la televisión nacional. Aquí un extracto:
“Cómo sucedió esto? (la dictadura) ¿Quién tiene la culpa? Hay algunos más responsables que otros y tendrán que pagar. Pero si de verdad buscan al culpable, sólo necesitan mirarse al espejo. Sé por qué lo hicieron. Tenían miedo. Es comprensible: guerra, terror, enfermedad. El temor les corrompió la razón y el sentido común. El miedo les ganó y acudieron a la figura del ahora dictador, canciller Adam Sutler. Les prometió orden y paz a cambio de su consentimiento callado y obediente…”
Sostuve una conversación con Angel Galeano en su programa el jueves pasado. Cité el documental “Bowling for Columbine” en donde el cantante Marilyn Manson hace una breve reflexión sobre la relación que el miedo tiene con el consumismo y con el otorgamiento de atribuciones al poder político más allá de la justicia y la libertad para que les garantice orden y paz.
Los gobiernos dictatoriales y en un pasado más reciente algunas “democracias” autoritarias tienen una historia común. Llegan al poder en tiempos de acelerada descomposición social. Tiempos en que la justicia, la paz y otros bienes de la vida social se ven amenazados. El miedo que experimenta la gente ante la incertidumbre del futuro encuentra eco en el discurso de los oportunistas del poder que les ofrecen orden y paz frente a la guerra, el terror, la inseguridad económica, la inmigración descontrolada. Como escribimos hace un tiempo, el clamor de la gente es “hágannos dioses que nos conduzcan”. Y dioses le son hechos.
Pero los dioses no son filántropos ni altruistas. Son codiciosos y déspotas. Se hacen pagar un alto precio por sus – digamos – servicios institucionales. Las más de las veces, sólo a través de grandes sufrimientos y un costo inmenso es posible destronar a los dioses y recuperar el verdadero sentido de la vida social. Costo que, tristemente, no estamos muy dispuestos a pagar.

La venganza no es tuya

Cuando alguien nos hace daño es normal que exista un momento en el que nuestra rabia nos lleve a  querer hacer pagar a la persona por lo que hizo. Sin embargo, el enojo puede provocar ansias de venganza, ese sentimiento puede ser normal pero no correcto para quienes hemos recibido a Cristo en nuestro corazón y también hemos sido perdonados.

La venganza es una actitud que no debe ser parte de la vida cristiana, tal vez se  puede pensar que vengarse es hacerse respetar sin embargo no lo es. Lo que nos hará ver diferentes es decir al igual que lo hizo Jesús: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Jesucristo sabía que como humanos reaccionaríamos de esa manera y para eso también nos dejó un mensaje: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” Mateo 5:44 (RV-1960)

Jesucristo demostró que uno no es un cobarde por hacer el esfuerzo de vivir en paz con el mundo y someterse a Dios. Está escrito que todo está bajo el control de Dios, que Él tiene un plan y que debemos esperar en Dios por la suerte que les tocará a los malos.

Debemos dejar todo en manos de nuestro Padre así como cuando éramos niños y teníamos a algún compañero que nos molestaba o nos lastimaba, corríamos a avisarle a nuestro papá antes de actuar para que Él se encargase, lo hacía, y nosotros nos sentíamos satisfechos y tranquilos de que se haya hecho algo y que no estábamos solos.

De la misma manera Dios no te ha abandonado, puedes acudir a Él para  contarle lo que te pasó , lo que te hicieron , deja en su control lo que te hicieron, sea cual sea el daño, Dios es nuestro defensor , tal como dice su Palabra :”No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” Romanos 12:19 (RV-1960)

Dios, en su infinita sabiduría y omnipotencia, reconciliará las cosas a su debido tiempo. Él puede poner las cosas en orden entre marido y mujer, padre e hijo, amigos, todas aquellas relaciones rotas. No te envenenes con la rabia y sed de venganza.

Despójate de todo mal pensamiento e intención de venganza, vivir en paz es la mejor forma de sanar la herida que nos hicieron, deja en manos de Dios el resto.

 

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¿Quieres que te perdone otra vez? 11

¿Quieres que te perdone otra vez?

Hay quienes  dicen que si se perdona muchas veces las personas se pueden acostumbrar a lastimarnos. Lo interesante sería analizar qué tanto de verdad existe en esta frase o solamente es un mito. ¿Acaso perdonar nos ocasionará un mal? Si fuera así, ¿por qué un Dios de amor nos insistiría a hacerlo?

La palabra de Dios dice: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” Mateo 18:21-22

La respuesta a Pedro, indica una actitud permanente. Perdonar setenta veces siete quiere decir “siempre”, en todas las ocasiones y todas las veces que se nos pida,  porque Dios mismo perdona y nos da una nueva oportunidad cuando se lo pedimos.

Por esto, sucede con el reino de los cielos como con un rey que quiso hacer cuentas con sus funcionarios. Estaba comenzando a hacerlas cuando le presentaron a uno que le debía muchos millones. Como aquel funcionario no tenía con qué pagar, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, junto con su esposa, sus hijos y todo lo que tenía, para que quedara pagada la deuda.

El funcionario se arrodilló delante del rey, y le rogó: “Tenga usted paciencia conmigo y se lo pagaré todo.” Y el rey tuvo compasión de él; así que le perdonó la deuda y lo puso en libertad.

Pero al salir, aquel funcionario se encontró con un compañero suyo que le debía una pequeña cantidad. Lo agarró del cuello y comenzó a estrangularlo, diciéndole: “¡Págame lo que me debes!” El compañero, arrodillándose delante de él, le rogó: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.” Pero el otro no quiso, sino que lo hizo meter en la cárcel hasta que le pagara la deuda.

Esto dolió mucho a los otros funcionarios, que fueron a contarle al rey todo lo sucedido. Entonces el rey lo mandó llamar, y le dijo: “¡Malvado! Yo te perdoné toda aquella deuda porque me lo rogaste. Pues tú también debiste tener compasión de tu compañero, del mismo modo que yo tuve compasión de ti.” Y tanto se enojó el rey, que ordenó castigarlo hasta que pagara todo lo que debía.

Jesús añadió: Así hará también con ustedes mi Padre celestial, si cada uno de ustedes no perdona de corazón a su hermano. Mateo 18:23-35 (DHH).

Jesús nos exige ser compasivos con los demás como el Padre es compasivo con nosotros. Es una exigencia muy seria para todo cristiano, ya que si no estamos dispuestos a perdonar tampoco podemos esperar el perdón de Dios. La palabra de Dios es clara con respecto a este tema y a las actitudes de compasión y perdón que espera de sus hijos.

En este momento te invito a recordar a las personas que hasta ahora no has podido perdonar, con compasión, sin odio ni deseos de venganza, aunque te hayan lastimado, y empieza orando por sus vidas; si te resulta difícil, pídele a Dios que te ayude a hacerlo. Recuerda que si nosotros no perdonamos, tampoco Dios nos perdonará y es posible que hayas estado viviendo lejos de Él, de su poder y amor por mucho tiempo.

Perdonar no te hace ningún mal, al contrario, en no hacerlo te daña por el veneno que encierras dentro y te aleja del único que te ha brindado consuelo, paciencia y perdón. ¡Jesús nunca se cansa de perdonarte, no te canses tú!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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