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El mal y la ira

¿Por qué este mal temerario? ¿Por qué tanta ira? pregunta Théoden, rey de Rohan. Las puertas han sido derribadas y el ejército de orcos y uruk-hai están penetrando el castillo del Abismo de Helm (El Señor de los Anillos: Las dos torres).

Lo mismo se pregunta Habacuc el profeta, con enojo semejante. Digo esto para recordarles que ver la verdad de los hechos no es patrimonio exclusivo de los creyentes

El mal es la marca del tiempo presente. No es que no haya bondad por la cual valga la pena luchar como afirma Samwise Gamgee en otro momento del relato.

Es que el mal ha ganado el campo en todas las esferas: gobierno, legislatura, justicia, administración pública, policía, empresas, entidades educacionales, instituciones de salud, estadios, villas de pobreza y barrios privados.

Ante tanto mal temerario que debilita la ley, relativiza la maldad y destruye vidas, nos invade la ira. Hay veces que uno se cansa de tener esperanza. Los que deberían conducirnos en la lucha contra el mal son parte de él, son sus servidores.

¿Qué ha de hacer el justo? ¿Seguir sometiendo la cerviz? ¿Encerrarse en su cuarto secreto a orar no más y esperar que un milagro ocurra? ¿Seguir poniendo la otra mejilla?

No sólo el Señor de los Anillos propone la idea de unos pocos – los menos – enfrentando el mal aunque cueste la vida. Ahí están las películas Matrix, Erin Brockovich, El informante. Ahí están las vidas segadas de Verónica Guerin, Mahatma Gandhi, el cardenal Oscar Arnulfo Romero, Julio César Ruibal, José Ignacio Rucci.

Si no conocen estos nombres, háganse un favor: dejen un rato de lado sus textos de autoayuda y lean, investiguen, incomódense un poco.

¿Qué va a hacer? ¿Así es la vida? ¿Son los últimos tiempos? ¿Estaba escrito? ¿No vale la pena? ¿Qué argumento tenemos para escabullirnos de la pregunta de Théoden: ¿Por qué este mal temerario? ¿Por qué esta ira?

Leamos Habacuc 2:9 al 12, sintamos y asumamos la ira que proclama:

!Ay del que codicia injusta ganancia para su casa, para poner en alto su nido, para escaparse del poder del mal! Tomaste consejo vergonzoso para tu casa, asolaste muchos pueblos, y has pecado contra tu vida. Porque la piedra clamará desde el muro, y la tabla del enmaderado le responderá. !Ay del que edifica la ciudad con sangre, y del que funda una ciudad con iniquidad!

Y hagamos algo.

Verdad extramuros

Fuera del muro. Más allá de las cuatro paredes. Fuera de la institución. Eso es lo que intento decir con “extramuros”.

Quiero decir que hay verdad palpable, verdad verdadera más allá de los confines de la iglesia y del texto bíblico. Porque la verdad, como sea que la definamos, es universal y la Biblia y el cristianismo son sus referentes. Sin embargo no se agota en ellos.

Con todo lo escandaloso que esto parezca a una audiencia inadvertida, igual no hay motivo para alarmarse. La Biblia misma da cuenta de este hecho y los teólogos le pusieron nombre: revelación general y revelación especial.

Es decir, el mundo y la cultura dan cuenta de la existencia de una verdad que trasciende religiones y épocas. En la creación y en los emprendimientos humanos se refleja lo mismo que la Biblia nos comunica, en un lenguaje diferente.

Si no, ¿de dónde obtendríamos las nociones de libertad, justicia, paz, amor, orden, progreso, igualdad? O, en el terreno opuesto, ¿cómo entenderíamos el odio, la guerra, la opresión, la injusticia, la ignorancia y el terror? Sólo por mencionar algunas cosas.

En su breve discurso en el Areópago de Atenas, el apóstol Pablo cita la Cretica de Epiménides (“Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos”) y la Phaenomena de Arato (“Porque linaje suyo somos”). Ambos poetas griegos no eran hermanos en Cristo, permítanme que lo diga así para el entendimiento común.

Así de simple. En la inmensa expresión del quehacer humano hay verdad universal del mismo modo que hay muchas cosas que no lo son.

La crucial implicación de esto es que hay un puente real de comunicación con aquellos que no comparten la fe de los cristianos. Y podemos acudir a sus creaciones, a sus instituciones, a su literatura, a su arte y a su música para demostrarles en su mismo terreno que Dios tiene sentido y razón.

Expresamos aquí nuestra tristeza por la mayoría de los creyentes que no pueden ver esto y se atrincheran en sus doctrinas y versículos para comunicarse, sin éxito, con un mundo ansioso de realidad.

Amanecer en Santa Cruz

El sol de la mañana se desmadeja entre el follaje de los mangos que la ventana deja ver. Es demasiado temprano para trabajar y demasiado tarde para las ensoñaciones. En este minuto lo único posible es el silencio.

Una bronquitis persistente apaga un poco el ardor de la palabra. Reservo lo que puedo la voz para la presentación  de esta noche. He pensado tanto en lo que decir al pequeño grupo que se reunirá en el living de la casa de mi amiga.

Persuadir. Interrogar. Provocar a una expectante audiencia a salir a la intemperie porque vivir bajo el paraguas de los paradigmas es cómodo y no hay que pensar casi nada.

El aroma del café y las tostadas me ayudan a reencontrar un poco la paz. Siempre se agita mi cabeza cuando lo que debe ser dicho se tiene que decir.

El cielo se va nublando un poco pero todo está tibio y sereno. La mente se aplaca un poco y entiendo que el camino es largo y entramos a tientas casi en un territorio desconocido.

Hablo en voz baja pero audible, cosa que hago todas las mañanas. Les pregunto imaginariamente a las personas que estarán presentes qué va a pasar si el fin de los tiempos se tarda indefinidamente.

¿Para qué están preparados? ¿Qué orientaciones fundamentales han provisto a las nuevas generaciones? ¿Cómo van a sobrevivir en la vorágine del cambio ya que por siglos se han marginado de la conducción de los procesos sociales?

Mi amiga y anfitriona me envía un mensaje que dice algo como “cosas que ojo nunca vio y oído no oyó”. Lo pienso de un modo distinto, la verdad. Es casi seguro las cosas que estas personas van a oír de mí no las han oído nunca. No me estoy jactando. Sólo me sigue doliendo que así sea.

La dura costra del conocimiento adquirido al entrar en la comunidad de los creyentes es resistente a la pregunta. Concluye que las cosas son como son porque así están escritas desde antes de la fundación del mundo y me entra una como ardiente rebeldía porque no es así.

La verdad tiene la frescura y la versatilidad del encuentro constante. No es estática. Es fibrosa, abismante, sorprendente. Porque como algún viejo profeta dijo, “conoceremos y proseguiremos en conocer”.

Prosigamos. Es la propuesta que pienso en este amanecer en Santa Cruz de la Sierra, aquí en Bolivia…

Varones o mujeres: ¿Quiénes mienten más?

Mentimos a diario, así lo afirma una investigación.1 Las mentiras pueden variar de acuerdo a la situación o el propósito con el cual se dice, pero todas esas afirmaciones son falsas. A lo largo de los años, la ciencia ha demostrado que, aunque los padres promueven la verdad a sus hijos, al mismo tiempo les envían mensajes contradictorios con sus acciones. ≪Los niños reciben mensajes entreverados sobre los aspectos de la mentira y eso tiene un impacto en cómo se comportan como adultos≫, afirma el psicólogo de la Universidad de Massachusetts, Robert S. Feldman2. Este mal hábito está tan arraigado en nuestra sociedad que se ha vuelto común. Pero ¿quiénes mienten más?, ¿los varones o las mujeres?

Las diferencias

Un estudio3 dirigido por Feldman y publicado en Journal of Basic and Applied Social Psychology, reveló que el 60 % de las personas dicen de dos a tres mentiras en una conversación de diez minutos. Pero cuando se trata de la razón por la cual se niega la verdad, los varones y las mujeres tienen distintos motivos. La investigación concluyó que las mujeres se inclinan a decir mentiras para hacer sentir mejor a la otra persona. En cambio, los varones mienten para hacerse ver mejor a ellos mismos.

Las similitudes

Un experimento publicado en la revista Basic and Applied Social Psychology4 demostró que las mentiras varían de acuerdo al propósito. Cuando los participantes se presentaban ante otros y trataban de conocer más de ellos, parecer amigables o competentes, dichos sujetos mentían más para cumplir sus objetivos. No había diferencia si eran varones o mujeres: ambos decían la misma cantidad de mentiras y lo único que se diferenciaban eran el contenido de las mismas. Estos resultados no variaron cuando los participantes interactuaron con personas de su mismo género o del opuesto.

Por otra parte, otro estudio5 reveló que ≪la interacción de género tiene poco impacto en la frecuencia de la mentira. Sin embargo, los hombres tienden a decir mentiras más grandes que las mujeres, y declaran las mentiras más grandes cuando se emparejan con una mujer≫.

Las mentiras en las relaciones amorosas

Puesto que se ha demostrado que no hay una diferencia dramática entre la cantidad de mentiras que dicen los varones y las mujeres, ¿cuál es el impacto que tiene en las relaciones amorosas? Los investigadores creen que, al igual que cualquier engaño afecta a las parejas. Sin importar de cuán grandes o pequeñas sean, generan distanciamiento entre las personas. Sobre todo cuando se descubre la verdad y la relación no puede ser restaurada. Es cierto que en ocasiones es difícil decir la verdad sin herir a la otra persona. Sin embargo, al final, mentir hace más daño que la honestidad.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

1Saad, G. (2011). How Often Do People Lie in Their Daily Lives? Recuperado el 26 de abril de 2019, de https://www.psychologytoday.com/intl/blog/homo-consumericus/201111/how-often-do-people-lie-in-their-daily-lives
2,3Amherst, M. (2002). UMass researcher finds most people lie in everyday conversation. Recuperado el 26 de abril de 2019, de https://www.eurekalert.org/pub_releases/2002-06/uoma-urf061002.php
4Feldman, R., Forrest, J., & Happ, B. (2002). Self-Presentation and Verbal Deception: Do Self-Presenters Lie More?. Basic And Applied Social Psychology24(2), 163-170. doi: 10.1207/s15324834basp2402_8
5Jung, S., & Vranceanu, R. (2017). Experimental Evidence on Gender Differences in Lying Behaviour. Revue Économique68(5), 859. doi: 10.3917/reco.pr3.0097

Más que una canción…

Muchos dicen que mentimos más cuando cantamos alabanzas ¿Por qué? Lo que pasa es que las canciones expresadas a Dios dan honra, obediencia y valor a su nombre; lo que en la mayoría de nuestros actos no demostramos. Existe una canción en particular que me encanta, una parte de la letra dice:

Te daré lo mejor de mi vida
Te daré lo mejor cada día
Será mucho más que una canción
Mi obediencia es mi mejor adoración.

¿Cuántas veces hemos cantado este tipo de canciones con todas nuestras fuerzas? Tal vez hasta te has quebrantado al expresarla, pero antes de hacerlo deberíamos reflexionar si realmente estamos dándole lo mejor a Dios cada día, si le estamos brindando adoración con nuestra obediencia, ¿no lo crees?

“El que sacrifica alabanza me honrará; Y al que ordenare su camino, Le mostraré la salvación de Dios.” Salmos 50:23 (RVR 1960)

Alabar es expresar admiración y reverencia, es hablar bien de alguien. En este sentido, brindar alabanzas al Señor no solamente se trata de cantar, sino de darle la gloria a Dios con todo lo que somos. Cuando actuamos bien damos lugar a que las personas que nos rodean puedan admirar y reverenciar a Dios a causa nuestra.

Por ejemplo, cuando aquellos que estaban involucrados en una adicción o en un pecado se arrepienten y cambian, o cuando las personas observan que eres un hombre o una mujer diferente por ser íntegro o generoso, se sorprenden y comienzan a ofrecer honor al Señor.

Este tiempo te animo a cantar al Señor solamente palabras de verdad; examina tu vida y ordénala, que tú seas una demostración de honor a su nombre.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Amor que duele

Nos enseñaron que para conmover el corazón de la gente había que decirle “Dios te ama”. Por aquellos años, encendidos de fervor, pensamos que estas palabras serían mágicas. Sería muy difícil – creíamos – que nuestros prospectos de evangelización  pudieran resistir el influjo de semejante verdad: El Dios personal de la Biblia te ama. Personalmente. A ti.

Cuando lo dijimos a la joven violada desde su infancia por su padre y su hermano mayor, a un mendigo enfermo que amanecía en la calle Philips en las mañanas de invierno,  a la madre que perdió a sus dos hijos y a su marido en un accidente causado por un conductor borracho, nos fuimos dando cuenta que no producían un efecto mágico.

La pregunta que nos imploraban responder era, en éstos y muchos otros casos: “Y por qué su amor no evitó que esto pasara?”

Nosotros, entrenados en la apologética presuposicional y sus inteligentes derivaciones, les dábamos a entender lo errado e injusto de su postura hacia nuestro Dios.

Tarde nos dimos cuenta que a veces – muchas veces – decir Dios te ama puede resultar cruel. La idea de un Dios omnipotente, omnisciente y omnipresente que permanece impasible frente al horrible destino de millones de almas no encaja en la mente sufriente.

(Tal vez recuerden que Moisés le decía a los hebreos que Dios se le había aparecido para venir a librarlos pero ellos no lo escuchaban a causa de la congoja de espíritu y de la dura servidumbre [Exodo 6:9]).

Nos apresurábamos a juzgar a aquellas personas que no respondían al amor de Dios. En su sufrimiento, pensábamos, era cuando mejor debía prosperar en ellos aquella palabra.

No entendíamos que lo que había que hacer no era decir “Dios te ama”. Había que amarlas.

Ahora, éste sí es un problema. Claro que podemos amar a la gente. Al fin y al cabo Dios las ama. Pero nosotros tenemos nuestras agendas. Nuestras prioridades. Nuestro asuntos. A veces incluso no nos alcanza para llegar a fin de mes. Tenemos familia, iglesia, ocupaciones, amistades y proyectos.

Alguien tendría que ayudar a esas personas. El Estado, las ONG´s de ayuda. Las cortes de justicia. Los hospitales públicos. Los servicios estatales para la mujer, los niños, los adultos mayores.

No. No podemos amar personalmente a la gente oprimida, angustiada, necesitada. Por eso, decirles que Dios las ama al menos aminora el tamaño del dolor.

O eso creemos.

Saber sagrado

Dicen algunos estudiosos que Hipaso de Metaponto, un discípulo de Pitágoras estaba estudiando la medida de la diagonal del cuadrado y arribó a la perturbadora conclusión que la raíz cuadrada de 2 no era 1 ni era 2, sino un número intermedio que resultó ser inconmensurable. Hoy a esos números se los llama irracionales.

Esto desafiaba el mundo ideal de Pitágoras en el cual todas las medidas eran perfectas. El estaba tan imbuido de esta idea que dedujo que el Universo mismo se había construido a partir de números.

Así que el descubrimiento de Hipaso era un peligro para la armonía matemática de Pitágoras. “Cuenta la leyenda” que los discípulos de Pitágoras, previendo el peligro que estas ideas traían al orden establecido por el matemático, en un viaje de barco lo habrían lanzado por la borda. O sea, lo habrían asesinado.

Los siglos han demostrado que cada vez que alguien desafía el conocimiento estándar con una idea distinta desordena el tablero y es visto como un enemigo. Pero el tiempo casi siempre ha demostrado que esa nueva idea era correcta o más adecuada.

Que la tierra era redonda, que su interior era una bola de fuego desde donde provenían los volcanes y que giraba alrededor del sol fueron ideas cuya condena a muerte sólo podía ser evitada con la retractación. Es irónico que la madre y maestra de estas sanciones fuera la iglesia cristiana.

La verdad, cuando es verdad verdadera, trae implícita la libertad. El conocimiento, en lugar de encerrarlo a uno en un sistema exacto de saberes, lo instiga a explorar lo que se sabe, a interrogarlo, a confrontarlo con la realidad como es y no como uno quiere que sea.

Pero la madre y maestra se resiste a pie juntillas a que sus paradigmas fundacionales sean revisados o expuestos. La política interna – poder, dinero, influencias – depende de su estabilidad. La intangibilidad de sus dogmas es fundamental para su subsistencia como sistema. 

Así que el saber sostenido por la institución es elevado a la condición de sagrado y cuestionarlo sería provocar a Dios mismo. Más claro echarle agua.

Pero el saber no es patrimonio de un grupo privado. Está disponible para todo aquel que lo busque de todo corazón. Es de acceso libre. Es vulnerable al amor, a la pasión, a la razón.

Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Juan 8:32)

Boca de ganso

Mi mamá, cuyo vocabulario era rico en refranes camperos, solía decir que cierta persona hablaba por boca de ganso. Es decir, hablaba algo que había escuchado o que le había sido dicho por otra persona.

Cada día se hace más evidente que me estoy poniendo viejo. A medida que pasa el tiempo me sensibilizo respecto de cuestiones que viví o que entendí hace tantos años. Y me doy cuenta que algunas de ellas constituyen ricas y tremendas verdades acerca del mundo y la vida por lo que hay que visitarlas de nuevo.

Una vez un profesor de mi primer año de universidad nos dijo que prácticamente todas las ideas que teníamos acerca de cualquier cosa las habíamos adquirido de otros. Le pregunté si era esa una idea propia o la había recibido de alguien más.

Traigo esto a cuento porque el otro día vi un debate en YouTube acerca de tolerancia y religión. Uno de los invitados se refirió casi todo el tiempo a autores y pensadores que había leído o escuchado.

Su “oponente”, alguien que conozco hace muchos años, debe haber citado uno o dos autores. El resto del tiempo elaboró sus argumentos sin referencia a importantes escritores.

No quiero decir que estuviera mal referirse a ellos; estaban bastante bien citados. Pero me resultó difícil separar las citas de lo que elaboraba el invitado.

Nadie piensa a partir de cero. Siempre hay algo que estimula, sorprende o ilumina. Pero llega el momento en que ese conocimiento debe ser interrogado. Debe ser cuestionado a la luz de nuevos estímulos o de otros conocimientos que lo desafían.

Digamos que está bien si uno dice: Como dijo Baltasar Gracián, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Pero no sería tan bueno pasarse la vida diciendo lo mismo. En algún momento hay que hacerse algunas preguntas respecto del asunto.

Eso no quiere decir que las palabras de Gracián estén mal. Lo que uno esperaría es que ellas lo impulsen a uno a seguir preguntando y ampliando la perspectiva.

Una cierta verdad no tiene que dejar de ser verdad si uno la confronta. (Aunque si deja de serlo tal vez es porque no era). Lo que ocurre con el pensamiento crítico es que uno desarrolla una visión más propia de las cosas.

Entonces, uno está menos expuesto a la manipulación y no anda hablando cosas por boca de ganso.

Dinero y pecado

En este mundo, compañeros, el Pecado, si paga el viaje, puede andar libremente y sin pasaporte, mientras que la Virtud, si es pobre, es detenida en todas la fronteras.

(Herman Melville, Moby Dick)

Meditación impertinente. Así podría calificarse esta afirmación de Melville si se tiene en cuenta que la dijo en una época en que el sentir religioso en los Estados Unidos era muchísimo más sensible de lo que es hoy. Aunque no se puede negar que tal sensibilidad permanece en los sectores más clásicos del ser evangélico. Así que  la expresión el pecado tiene vía libre si paga el viaje seguiría sonando irreverente.

Es innegable sin embargo la verdad que contiene. Consideremos algunos hechos.

Gobernantes, magistrados, congresistas, personeros de alto rango, policías, empresarios multinacionales, líderes religiosos que han mentido, abusado, violado y que se robaron todo siguen teniendo libre tránsito en las altas esferas, mantienen una alta intención de voto (!), rasgan vestiduras ante la corrupción ajena, en fin.

Piensen en la persona que paga sus impuestos bajo estricto apercibimiento de embargo, cárcel y escarnio público y que además mantiene un registro público impecable. Halla enormes obstáculos en todas las esferas para lograr fundar un negocio limpio, ser oído en la justicia o en el edificio municipal o simplemente para caminar por la calle con un mínimo de seguridad y orden.

Si se mira bien, lo que franquea todos los caminos es la plata. La educación, la conducta irreprochable, las buenas costumbres tienen que esperar atrás: ¡Que pasen los millones de los señores y las señoras! Porque aunque sea un dicho castizo y viejo, “Con plata se compran huevos”.

Lo que duele más no es que alguien ofrezca plata para sobornar al político, al juez, al policía, al funcionario, al ministro de la fe. Lo que destruye toda esperanza y lo que lo llena de bronca a uno es que el político, el juez, el policía, el funcionario y el ministro de la fe soliciten y/o acepten la plata. De esto no nos salva nadie. Nadie, a menos que como ya mencionamos aquí antes, la gente buena haga algo.

Pero la gente buena está muy ocupada en sus importantes asuntos: bienestar personal y familiar, seguridad ciudadana, iglesia o club, compras al contado y a plazo, tranquila jubilación y por añadidura la vida eterna.

Así que, don Herman Melville, las cosas no han cambiado mucho, ¿no le parece…?

Derecho de “exclusividad”

“Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico sino los enfermos” (Mateo 9:12 RV60)

Cuando Jesús llamó a Mateo compartió la mesa con publicanos y pecadores demostrando la importancia de su misión en esta tierra. Los fariseos que estaban atentos a este hecho comenzaron a juzgar y a decirles a los discípulos, “¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?”

A veces algunos creyentes se comportan así, comienzan a juzgar a otras personas que hablan de Jesús basados en la apariencia, sin comprender a lo que también fuimos llamados: a ser sal en esta tierra y a compartir las Buenas Nuevas del Evangelio con todas las personas y más con los que son esclavos del pecado para que puedan conocer la libertad que en Cristo pueden hallar.

Al escuchar lo que los fariseos dijeron Jesús respondió que los sanos no necesitan médico sino los enfermos. Jesucristo vino a salvar a los pecadores, no simplemente por los que se creen buenos; el Salvador vino a dar vida y vida en abundancia.

Lucas 19.10 RV60: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Todas las personas necesitan conocer que Dios les ama, que Jesús dio su vida para darles vida eterna y esperanza, que nadie tiene derecho de exclusividad ya que el conocimiento de la verdad en Cristo está abierto a todo el mundo.

¿Haces algo para que los que te rodean puedan conocer a Jesucristo?

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Humanidad

Los otros nos confrontan con nuestra patente humanidad. A la hora de la verdad no tenemos nada que no nos haya sido dado y no recibimos sino lo que nos corresponde. No estamos exentos de ninguna cosa. No hay escudos invisibles que nos libren del latigazo de la muerte o el silicio de la enfermedad.

Tal vez tengamos cierta reserva interior que nos asista con alguna fortaleza, pero permanecemos inermes frente a la colosal evidencia de nuestra humanidad, confinados al diminuto espacio de la finitud.

Estamos porfiadamente ligados a los otros en esta realidad y por ello deberíamos reconocer frecuentemente que les adeudamos un poco más respeto y amor del que suponemos, indiferentemente de nuestras convicciones y creencias.

Deberíamos más a menudo salir de nuestros condominios conceptuales y atisbar en otros vecindarios sin armaduras impenetrables ni prejuicios diferenciadores.

El mundo es ancho y ajeno es un aforismo en el cual habría que meditar algo más seguido; nos seduce demasiado la idea de un mundo pequeñito y de nosotros, donde todas las respuestas están dadas, todos los miedos conjurados y todas las miserias superadas.

Sin embargo, la crisis de la existencia está muy cerca para ignorarla: “Marie Girard… no comprendía absolutamente lo que había venido a hacer sobre esta tierra; vivía cada día  perdida en unas nebulosas desgarradas por algunas tercas evidencias; no creía en las penas del corazón; penas de lujo, penas de ricos (decía); las únicas desgracias verdaderas eran la miseria, el hambre, el dolor físico; la palabra felicidad no tenía el menor sentido para ella.” (Simone de Beauvoir, La plenitud de la vida).

Esta es la descripción de una mujer real en el mundo real. ¿Cuánto nos podríamos aproximar a su humanidad sin endilgarle de entrada nuestros discursos redentores y simplemente abrazarla para aliviar en parte alguna de sus “desgracias verdaderas”?

Somos más iguales que diferentes, pese a que nos narramos unos formidables cuentos acerca de nuestra singularidad. Como el viejo Honoré de Balzac que vivió toda su vida reclamando un elusivo título de nobleza, muchos se afanan en genealogías y linajes cuya única prueba es su nebulosa levedad y que les impide, tristemente, practicar la cercanía y la solidaridad que cualquier linaje que se precie de tal en verdad les demandaría…

¿Cómo es el cielo?

Muchas personas dicen que nadie sabe cómo es el cielo porque “nadie ha regresado de la muerte”. Pero la verdad es que sí tenemos una idea de cómo es el cielo. De cómo es ese lugar al que iremos cuando partamos de esta vida, porque está escrito en la Biblia.

Y no debemos olvidar que nosotros creemos por fe, no por vista. Así como somos perdonados por gracia y no por obras. Y la verdad es que aunque ninguna persona que nosotros conozcamos, con la que hayamos tratado personalmente, haya regresado de la muerte, sí sabemos que Jesús venció la muerte, y lo sabemos porque lo dice la Biblia y porque hubo testigos, mas de 500 que vieron a Jesús resucitado.

Y sabemos que vamos al cielo si nos hemos arrepentido de corazón de nuestras malas acciones y le hemos pedido a Jesús que entre en nuestro corazón; si creemos en Él.

Pero además en la Biblia leemos referencias de cómo es el cielo en diferentes pasajes en el libro de Apocalipsis. Pero antes también Jesús y sus apóstoles hacen otras alusiones al Reino de Dios:

Juan 14:2 En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar.

Mateo 6:19-20 No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar.

Filipenses 3:20 En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo.

Y las referencias en Apocalipsis:

Apocalipsis 21:4 Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor…

Y luego hablan de la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén que bajaba del cielo y tenía las doce puertas que eran doce perlas y que la calle principal de la ciudad era de oro puro. Si esa es la ciudad que baja del cielo, es referencia a que el cielo es como eso o mejor aún. Pero lo importante en esos mensajes es que los valores no van a ser como aquí en el mundo. Aquello a lo que aquí se le da valor como al oro, allá tal vez esté como calles para pisarlo. Lo valioso, los tesoros allá serán nuestros principios, nuestros valores, nuestra actitud, nuestro comportamiento y la relación que tengamos con Jesús. La bondad que tengamos en nuestro corazón.

Tenemos una gran esperanza y es la que le queremos comunicar a todos. Un mundo perfecto sin lágrimas ni muerte ni dolor junto a Jesús.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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