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Boca de ganso

Mi mamá, cuyo vocabulario era rico en refranes camperos, solía decir que cierta persona hablaba por boca de ganso. Es decir, hablaba algo que había escuchado o que le había sido dicho por otra persona.

Cada día se hace más evidente que me estoy poniendo viejo. A medida que pasa el tiempo me sensibilizo respecto de cuestiones que viví o que entendí hace tantos años. Y me doy cuenta que algunas de ellas constituyen ricas y tremendas verdades acerca del mundo y la vida por lo que hay que visitarlas de nuevo.

Una vez un profesor de mi primer año de universidad nos dijo que prácticamente todas las ideas que teníamos acerca de cualquier cosa las habíamos adquirido de otros. Le pregunté si era esa una idea propia o la había recibido de alguien más.

Traigo esto a cuento porque el otro día vi un debate en YouTube acerca de tolerancia y religión. Uno de los invitados se refirió casi todo el tiempo a autores y pensadores que había leído o escuchado.

Su “oponente”, alguien que conozco hace muchos años, debe haber citado uno o dos autores. El resto del tiempo elaboró sus argumentos sin referencia a importantes escritores.

No quiero decir que estuviera mal referirse a ellos; estaban bastante bien citados. Pero me resultó difícil separar las citas de lo que elaboraba el invitado.

Nadie piensa a partir de cero. Siempre hay algo que estimula, sorprende o ilumina. Pero llega el momento en que ese conocimiento debe ser interrogado. Debe ser cuestionado a la luz de nuevos estímulos o de otros conocimientos que lo desafían.

Digamos que está bien si uno dice: Como dijo Baltasar Gracián, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Pero no sería tan bueno pasarse la vida diciendo lo mismo. En algún momento hay que hacerse algunas preguntas respecto del asunto.

Eso no quiere decir que las palabras de Gracián estén mal. Lo que uno esperaría es que ellas lo impulsen a uno a seguir preguntando y ampliando la perspectiva.

Una cierta verdad no tiene que dejar de ser verdad si uno la confronta. (Aunque si deja de serlo tal vez es porque no era). Lo que ocurre con el pensamiento crítico es que uno desarrolla una visión más propia de las cosas.

Entonces, uno está menos expuesto a la manipulación y no anda hablando cosas por boca de ganso.

Dinero y pecado

En este mundo, compañeros, el Pecado, si paga el viaje, puede andar libremente y sin pasaporte, mientras que la Virtud, si es pobre, es detenida en todas la fronteras.

(Herman Melville, Moby Dick)

Meditación impertinente. Así podría calificarse esta afirmación de Melville si se tiene en cuenta que la dijo en una época en que el sentir religioso en los Estados Unidos era muchísimo más sensible de lo que es hoy. Aunque no se puede negar que tal sensibilidad permanece en los sectores más clásicos del ser evangélico. Así que  la expresión el pecado tiene vía libre si paga el viaje seguiría sonando irreverente.

Es innegable sin embargo la verdad que contiene. Consideremos algunos hechos.

Gobernantes, magistrados, congresistas, personeros de alto rango, policías, empresarios multinacionales, líderes religiosos que han mentido, abusado, violado y que se robaron todo siguen teniendo libre tránsito en las altas esferas, mantienen una alta intención de voto (!), rasgan vestiduras ante la corrupción ajena, en fin.

Piensen en la persona que paga sus impuestos bajo estricto apercibimiento de embargo, cárcel y escarnio público y que además mantiene un registro público impecable. Halla enormes obstáculos en todas las esferas para lograr fundar un negocio limpio, ser oído en la justicia o en el edificio municipal o simplemente para caminar por la calle con un mínimo de seguridad y orden.

Si se mira bien, lo que franquea todos los caminos es la plata. La educación, la conducta irreprochable, las buenas costumbres tienen que esperar atrás: ¡Que pasen los millones de los señores y las señoras! Porque aunque sea un dicho castizo y viejo, “Con plata se compran huevos”.

Lo que duele más no es que alguien ofrezca plata para sobornar al político, al juez, al policía, al funcionario, al ministro de la fe. Lo que destruye toda esperanza y lo que lo llena de bronca a uno es que el político, el juez, el policía, el funcionario y el ministro de la fe soliciten y/o acepten la plata. De esto no nos salva nadie. Nadie, a menos que como ya mencionamos aquí antes, la gente buena haga algo.

Pero la gente buena está muy ocupada en sus importantes asuntos: bienestar personal y familiar, seguridad ciudadana, iglesia o club, compras al contado y a plazo, tranquila jubilación y por añadidura la vida eterna.

Así que, don Herman Melville, las cosas no han cambiado mucho, ¿no le parece…?

Derecho de “exclusividad”

“Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico sino los enfermos” (Mateo 9:12 RV60)

Cuando Jesús llamó a Mateo compartió la mesa con publicanos y pecadores demostrando la importancia de su misión en esta tierra. Los fariseos que estaban atentos a este hecho comenzaron a juzgar y a decirles a los discípulos, “¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?”

A veces algunos creyentes se comportan así, comienzan a juzgar a otras personas que hablan de Jesús basados en la apariencia, sin comprender a lo que también fuimos llamados: a ser sal en esta tierra y a compartir las Buenas Nuevas del Evangelio con todas las personas y más con los que son esclavos del pecado para que puedan conocer la libertad que en Cristo pueden hallar.

Al escuchar lo que los fariseos dijeron Jesús respondió que los sanos no necesitan médico sino los enfermos. Jesucristo vino a salvar a los pecadores, no simplemente por los que se creen buenos; el Salvador vino a dar vida y vida en abundancia.

Lucas 19.10 RV60: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Todas las personas necesitan conocer que Dios les ama, que Jesús dio su vida para darles vida eterna y esperanza, que nadie tiene derecho de exclusividad ya que el conocimiento de la verdad en Cristo está abierto a todo el mundo.

¿Haces algo para que los que te rodean puedan conocer a Jesucristo?

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Humanidad

Los otros nos confrontan con nuestra patente humanidad. A la hora de la verdad no tenemos nada que no nos haya sido dado y no recibimos sino lo que nos corresponde. No estamos exentos de ninguna cosa. No hay escudos invisibles que nos libren del latigazo de la muerte o el silicio de la enfermedad.

Tal vez tengamos cierta reserva interior que nos asista con alguna fortaleza, pero permanecemos inermes frente a la colosal evidencia de nuestra humanidad, confinados al diminuto espacio de la finitud.

Estamos porfiadamente ligados a los otros en esta realidad y por ello deberíamos reconocer frecuentemente que les adeudamos un poco más respeto y amor del que suponemos, indiferentemente de nuestras convicciones y creencias.

Deberíamos más a menudo salir de nuestros condominios conceptuales y atisbar en otros vecindarios sin armaduras impenetrables ni prejuicios diferenciadores.

El mundo es ancho y ajeno es un aforismo en el cual habría que meditar algo más seguido; nos seduce demasiado la idea de un mundo pequeñito y de nosotros, donde todas las respuestas están dadas, todos los miedos conjurados y todas las miserias superadas.

Sin embargo, la crisis de la existencia está muy cerca para ignorarla: “Marie Girard… no comprendía absolutamente lo que había venido a hacer sobre esta tierra; vivía cada día  perdida en unas nebulosas desgarradas por algunas tercas evidencias; no creía en las penas del corazón; penas de lujo, penas de ricos (decía); las únicas desgracias verdaderas eran la miseria, el hambre, el dolor físico; la palabra felicidad no tenía el menor sentido para ella.” (Simone de Beauvoir, La plenitud de la vida).

Esta es la descripción de una mujer real en el mundo real. ¿Cuánto nos podríamos aproximar a su humanidad sin endilgarle de entrada nuestros discursos redentores y simplemente abrazarla para aliviar en parte alguna de sus “desgracias verdaderas”?

Somos más iguales que diferentes, pese a que nos narramos unos formidables cuentos acerca de nuestra singularidad. Como el viejo Honoré de Balzac que vivió toda su vida reclamando un elusivo título de nobleza, muchos se afanan en genealogías y linajes cuya única prueba es su nebulosa levedad y que les impide, tristemente, practicar la cercanía y la solidaridad que cualquier linaje que se precie de tal en verdad les demandaría…

¿Cómo es el cielo?

Muchas personas dicen que nadie sabe cómo es el cielo porque “nadie ha regresado de la muerte”. Pero la verdad es que sí tenemos una idea de cómo es el cielo. De cómo es ese lugar al que iremos cuando partamos de esta vida, porque está escrito en la Biblia.

Y no debemos olvidar que nosotros creemos por fe, no por vista. Así como somos perdonados por gracia y no por obras. Y la verdad es que aunque ninguna persona que nosotros conozcamos, con la que hayamos tratado personalmente, haya regresado de la muerte, sí sabemos que Jesús venció la muerte, y lo sabemos porque lo dice la Biblia y porque hubo testigos, mas de 500 que vieron a Jesús resucitado.

Y sabemos que vamos al cielo si nos hemos arrepentido de corazón de nuestras malas acciones y le hemos pedido a Jesús que entre en nuestro corazón; si creemos en Él.

Pero además en la Biblia leemos referencias de cómo es el cielo en diferentes pasajes en el libro de Apocalipsis. Pero antes también Jesús y sus apóstoles hacen otras alusiones al Reino de Dios:

Juan 14:2 En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar.

Mateo 6:19-20 No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar.

Filipenses 3:20 En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo.

Y las referencias en Apocalipsis:

Apocalipsis 21:4 Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor…

Y luego hablan de la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén que bajaba del cielo y tenía las doce puertas que eran doce perlas y que la calle principal de la ciudad era de oro puro. Si esa es la ciudad que baja del cielo, es referencia a que el cielo es como eso o mejor aún. Pero lo importante en esos mensajes es que los valores no van a ser como aquí en el mundo. Aquello a lo que aquí se le da valor como al oro, allá tal vez esté como calles para pisarlo. Lo valioso, los tesoros allá serán nuestros principios, nuestros valores, nuestra actitud, nuestro comportamiento y la relación que tengamos con Jesús. La bondad que tengamos en nuestro corazón.

Tenemos una gran esperanza y es la que le queremos comunicar a todos. Un mundo perfecto sin lágrimas ni muerte ni dolor junto a Jesús.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Bailando en la oscuridad

“La vida fuera de la baldosa, bailando en la oscuridad.”

(Yo, hace algunos años en otro artículo)

No sé si a toda la gente le pasa lo mismo. Hay un instante en la vida que parece definirlo todo. Que ofrece con cruda honestidad la posibilidad de confrontar lo aprendido, de “salirse de la baldosa” en la que uno ha estado parado siempre. A lo mejor no le pasa a todos. O a lo mejor sí, pero muy pocos lo ven y responden.

Eso de la baldosa surgió una vez que estaba hablando con alguien acerca de ese instante y mencioné aquel viejo twist de Rafael Peralta que decía en alguna parte “Sólo contigo mi preciosa yo bailo en la misma baldosa”. Y se me ocurrió que todos vivimos con un conjunto de creencias y convicciones que forman nuestra baldosa, el piso en el cual nos movemos y desde el cual miramos el mundo y juzgamos las cosas.

Pero salirse y mirar desde afuera lo que creemos y somos es algo que sólo puede hacerse si uno ya traía preguntas desde temprano en la vida. Preguntas sin respuesta. Una inquietud previa: “¿Y si las cosas no fueran así..?” La mayoría se acomoda. Se queda en esa zona de confort donde todo está respondido y todo está asegurado. Viviendo como si la verdad fuera una cosa pequeña, asible, definitiva y total.

Es irónico que la declaración de Jesús – la verdad os hará libres – en nuestro mundo evangélico funcione al revés. Una vez recibida la “verdad” la gente ya no piensa más, ya no cuestiona más, ya no confronta nada. Es como si se congelaran para siempre las preguntas que uno tenía antes de entrar en el sistema. Es como quedarse dentro de una jaula invisible que impide la libertad de pensar y pensarse de nuevo cada vez que es necesario y posible.

Salir a la intemperie. Abandonar la comodidad de los sistemas, volver a la Palabra y preguntarse: “¿Es esto así?” Salirse de la baldosa y bailar en la oscuridad donde por un tiempo no hay nada seguro, sólo exploración, interpelación y duda.

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia…” (Oseas 6:3)

No es adorable ese proseguiremos? No hay nada terminado. Hay más búsqueda y más encuentro – aunque a veces sea terrible bailar solo, en la oscuridad…

Esto le pasa a tu cuerpo cuando mientes

Es un hecho comprobado que todos los seres humanos mentimos. Y cuando lo hacemos, muchas cosas suceden en nuestro cuerpo, especialmente en nuestro cerebro. Éstas tienen consecuencias de las cuales no estamos alertas y repercuten en nuestra vida más de lo que creemos. A continuación se encuentran algunos de los efectos biológicos que producen las mentiras:

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

-Garrett, N., Lazzaro, S., Ariely, D., & Sharot, T. (2016). The brain adapts to dishonesty. Nature Neuroscience, 19(12), 1727-1732. doi: 10.1038/nn.4426
-Dachis, A. (2012). What Lying Actually Does to Your Brain and Body Every Day. Recuperado el 01 de noviembre de 2018, de https://lifehacker.com/5968613/what-lying-actually-does-to-your-brain-and-body-every-day
-The American Psychological Association. (2012). Lying Less Linked to Better Health, New Research Finds. Recuperado el 01 de noviembre de 2018, de https://www.apa.org/news/press/releases/2012/08/lying-less.aspx

La verdad y la muerte

Huye, Adso, de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia.

(Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa de Umberto Eco)

Estas palabras se encuentran al final de esta novela de Umberto Eco, durante el incendio de la abadía y después del juicio inquisidor a unos monjes y una chica inocente. El contexto confirma la gravedad de la afirmación: Bernardo Gui ha torturado a los monjes en su propósito de defender la verdad y el venerable Jorge ha incendiado una de las bibliotecas medievales más importantes a fin de que la “herejía aristotélica” no se propague entre los monjes.

No es que la verdad no sea digna de sacrificio; a veces sí lo es. Lo terrible es cuando en nombre de ella se asesina a otras personas. No hay peor justificación para el genocidio o la masacre que la verdad. Se la justifica como pureza doctrinal o racial, patriotismo, libertad o justicia.

La lectura de El nombre de la rosa remite hacia el final del texto, por cierto en forma novelada, a la Inquisición cuya misión era (según la mayoría de los diccionarios) descubrir y castigar las faltas contra la fe o las doctrinas de la iglesia. Aunque hay controversias respecto de la naturaleza y el alcance de su cometido lo concreto es que muchas personas murieron por haber transgredido la verdad sostenida por la iglesia.

¿Señor, quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? (1) le preguntaron los discípulos a Jesús por algo mucho menor que una transgresión contra la verdad; era porque unos samaritanos no los dejaban entrar a su aldea. Tengo la rara impresión de que ese celo no es extraño a nuestro tiempo. En otra ocasión Jesús mismo dijo, Y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. (2)

Unos estudiantes me preguntaron una vez por qué muchos cristianos pensaban que algunas guerras eran buenas y otras eran malas. No es una pregunta fácil, pero mantengo la sospecha de que el asunto de la verdad está involucrado por ahí. No necesariamente la verdad verdadera; más bien, la verdad creída.

(1) Lucas 9:54; (2) Juan 16:2

Si no te gusta…

La convicción facilita las cosas a la mayoría de la gente. Liquida las preguntas y ahuyenta las dudas. Dibuja claramente las fronteras y hace inútiles las discusiones. En efecto, dos personas que confrontan sus convicciones en lo único que se pondrán de acuerdo es que están en desacuerdo.

Aporta cuatro o cinco frases a prueba de balas y de tontos. Actúa como suave inductor del sueño. Opera como un moderado laxante y de paso aporta nutrientes a la flora intestinal conjurando así cualquier asomo de gastritis. Es un excelente linimento para sanar las úlceras y la rosácea.

La convicción gana su argumento de entrada, porque dígame usted si no es lindo tener las cosas claras, saber a dónde va uno y qué es lo que se tiene que hacer. ¿Puede haber algo más enfermizo que andar por ahí preguntándose si las cosas efectivamente son lo que parecen? La pura verdad es que en este mundo tan competitivo los sujetos que dudan son un muy desagradable tropiezo para los objetivos de la misión, cualquiera que ésta sea. Nada más recomendable entonces que endilgarles algunos ejemplares preceptos sobre el doble ánimo, la tibieza y otras especies por el estilo.

Hubo una larga, larguísima época en el mundo hasta entonces conocido, en la que toda la estructura institucional y los preceptos orientadores de la existencia descansaban sobre la convicción de que la Tierra era plana y que más allá del horizonte había un abismo profundo y terrible; además se creía que era el centro del universo con las estrellas y planetas girando a su alrededor. Concedo que es un ejemplo un poco extremo, pero válido si uno toma en cuenta que la convicción tienta a las personas a creer que hay una única y permanente manera de entender los asuntos de la vida y que cualquier persona que diga lo contrario está en un desgraciado error.

La convicción otorga a la gente un halo como de nobleza. Nada más romántico que alguien muriendo por sus ideales. En cambio, quienes se han retractado alguna vez o que han revisado sus convicciones a la luz de nuevas evidencias es raro que tengan un sitio en el Salón de la Fama. A lo más, la cultura predominante les abrirá un expediente en la sombría sección de los cobardes, los inconsecuentes o los herejes…

Así que, si no te gusta, te puedes retirar no más…

Engaño

El rey de Israel, Jeroboam, construyó dos becerros y dos altares para impedir que su pueblo subiera al templo de Jerusalén, incluso impuso sacerdotes que no descendían de la tribu de Leví como Jehová había ordenado.
Entonces Jehová envió un profeta de Judá para amonestarlo pero el rey mandó de inmediato aprenderlo cuando él clamaba en contra de los altares. Extendió su mano y de inmediato se quedó seca. El rey le pidió al profeta que rogara a Jehová para que su mano fuera restaurada y así lo hizo.
Luego el profeta fue convidado a comer en la casa real pero rechazó la invitación diciendo: “… —Aunque me dieras la mitad de todo lo que posees, no iría contigo. No comería ni bebería nada en este lugar. Porque así me está ordenado por palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el camino que fueres.” 1 Reyes 13:9 (RVR1960)
Al retornar este profeta fue interceptado por otro profeta viejo, que lo invitó a su casa a comer y beber agua, y la respuesta fue la misma, que no podía porque Dios se lo prohibió; sin embargo, el profeta viejo lo engañó diciendo que un ángel le había hablado de parte de Jehová para que fuera con él, haciendo que el joven desobedeciera a Dios.
El profeta de Judá no consideró que la orden que recibió en principio provino directamente de Jehová y no de un ángel, se dejó engañar atrayendo para él mucho mal.
Es importante no ser ingenuos ni desatender la Palabra de Dios, porque tenemos la advertencia: “Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.” Jeremías 17:5 (RVR1960)
Por ello, estemos atentos a la dirección de Dios, no nos dejemos desviar por engaños que se están levantando. La voz de Dios es su Palabra y la verdad siempre nos llevará a la vida pero la mentira nos acabará destruyendo como pasó con el profeta de Judá, quien creyó a alguien que lo enredó en su mentira por hablar un lenguaje “espiritual” pero carente de la voluntad y obediencia de Dios.
Que nada ni nadie interfiera cuando tengas que obedecer a Dios, lo que dice en su Palabra no cambia, aunque “alguien” traiga un mensaje contrario asegurando que viene de parte de Él.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El juego de las palabras

Busco en las Biblias clásicas en español la palabra valores. El buscador me dice: “Cero resultados para “valores” (en toda la Biblia)

Hago lo mismo con la palabra principios y los resultados – todos – sólo se refieren a este vocablo como sinónimo de comienzo o comienzos (en toda la Biblia)

Tenía un viejo profesor en la universidad en Suiza (sí, me he referido a él varias veces aquí) que solía decirnos que cuando empezamos a usar el lenguaje de la cultura predominante y el lenguaje de los medios ya tenemos perdida la mitad o más de la guerra conceptual.

Me llama la atención cómo tan fácilmente los cristianos, sin darse cuenta alguna, usan el lenguaje instalado políticamente para tratar asuntos fundamentales relacionados con la verdad bíblica que se supone que defienden.

Son muchas las veces que escuchamos predicaciones y entrevistas o leemos artículos sobre gente cristiana que promueve y defiende los principios y valores cristianos. No se han dado cuenta (porque no pueden según mi experiencia) que están usando palabras inexistentes en Biblia, porque son inventos de la modernidad para evitar el uso castizo y potente de la palabra verdad, que aparece 407 veces en el texto.

Para referirse a lo que Dios dice sobre su pensamiento, la Biblia usa palabras como verdad, precepto, juicio, ley, camino, estatuto, mandamiento. Dios nunca habla de “Sus valores” o “Sus principios”.

La palabra principios tiene una cierta fortaleza mayor que valores porque hace referencia a algo que sucede siempre; pero salió de la ciencia, no de la palabra de Dios. Valores es completamente relativa; no apunta a algo único. Es una palabra suave, blanda, adaptable. Imagínense lo aterrador que es oír a un cristiano hablando de los valores éticos y morales, una frase completamente alineada con la relatividad reinante. De nuevo, no hay ninguno de esos vocablos en la Biblia.

Alguien de la amable audiencia quizá pensará que peco de quisquilloso o purista. “Al fin y al cabo uno sabe lo que cree”, dirá. Pero no sé si la mayoría de la gente que proclama su cristianismo sabe exactamente lo que cree y por qué lo cree, más allá de la experiencia y de las emociones. De otro modo no se puede uno explicar por qué a veces hay tanta coincidencia entre los contenidos cristianos y el lenguaje de la cultura.

Debe ser porque hace tiempo que estamos usando el diccionario oficial de las palabras.

Cadenas de la libertad

Tal vez valga el esfuerzo reiterar en este espacio la íntima relación que existe entre verdad y libertad. Cuando la gente lee que la verdad los hará libres reduce el alcance de esta formidable declaración al acotado ámbito de la liberación de los pecados. Siendo correcta la aplicación, debemos puntualizar que es desesperantemente corta de vista. Y equívoca además en lo que a libertad se refiere.

Insuficiente porque la verdad es tal que supera largamente el efecto de blanqueamiento de la conducta. Equívoca porque la realidad muestra que cuando las personas entran en el campo de acción de la institución religiosa son aherrojadas por un cúmulo de regulaciones, preceptos y tradiciones que no hacen más que someter al liberto a una nueva forma de esclavitud. Una esclavitud trágica porque es ejercida irónicamente en nombre de la libertad que se suponía iba a otorgar la fe.

El conocimiento de la verdad – al menos el conocimiento de la verdad supuesto por quien hizo esta declaración – debe abrir puertas a nuevas esferas de la mente; debe levantar otras preguntas. Debe permitir a la gente cuestionar, indagar, incluso dudar si eso se hace necesario cuando hay poca claridad o confusión en los conceptos. Debe hacer sensible a las personas a las cuestiones que pertenecen a la vida de la sociedad y de la cultura; debe penetrar los ámbitos de la política, la economía, la educación, el arte, el mundo laboral, sólo por nombrar algunos.

No tengo ya casi memoria de cuántas veces he expuesto en libros, conferencias, artículos y entrevistas este imperativo de la verdad que alegan tener los creyentes. Y ya casi no tengo memoria de lo infructuoso de este anuncio. La comunidad religiosa se encuentra tan satisfecha con el estructurado paquete de verdades funcionales a toda prueba que le ha sido inoculado en la mente que el reclamo que hacemos aquí y en otros sitios de tanto en tanto es percibido como una rareza, un pelo en la leche impecable del conocimiento estándar predominante.

No queda otra cosa que seguir soñando con una generación que revise y reforme el entendimiento de esta portentosa declaración que duerme el sueño injusto de la indiferencia y la comodidad: conocerán la verdad y la verdad los hará libres.

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