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Mi estado 1

Mi estado

Se me ocurrió ir poniendo algunos fragmentos de viejos escritos en el llamado “estado de WhatsApp”.

Es una rendición, lo confieso. Siempre sentí que esas cosas eran la expresión moderna de la copucha y el pelambre.

Pero con el tiempo fui descubriendo, o dándome cuenta, que todo no es más que una especie de eterno retorno. Lo que ayer hacían los chasquis y las señales de humo hoy lo hacen Instagram y WhatsApp.

Solía indagar en mis pasados escritos para angustiarme porque sentía que todo eso pasaba sin pena ni gloria por el blog.

Me dolía que la inmensa mayoría prefiera saber qué debe hacer para no caer en la tentación que reflexionar en la inexcusable ausencia de los creyentes en el mundo real.

Ahora ya no me va doliendo tanto. Aceptar la idea que la gente prefiere pensar en sí misma y no en lo otro tiene un componente terapéutico: es nada más que la marca de la época.

Lo que pasaba era que yo creía que a los cristianos les importaba el mundo real pero no es así. Y asumirlo me va calmando los nervios, tensados por tanta indiferencia.

Volvamos a los “estados”.

Como algún escriba viejo, voy sacando cosas nuevas y antiguas. Voy descubriendo que todavía todo me interesa, todo me inspira, todo me despierta el ser.

Algunas mañanas, en mi cabaña del campo donde Fernando, vibraba con el color de los crisantemos, la majestuosidad de los álamos, la música de Sabina, el aroma del café recién hecho en la cocina y la soledad recién estrenada.

Otras, en medio de los cerros de Bialet Massé, me arrastraba entre los escombros de la tristeza, intentaba componer una canción de esperanza, buscaba el consuelo de una rosita que abría sus primeros pétalos, acomodaba la leña en la tibia salamandra de la sala.

A medida que avanzaba el tiempo me pasó algo extraordinario: abandoné – o me dejó, o decidí, no sabría decirlo – el pedregoso y oscuro sentimiento del miedo, la culpa y la vergüenza.

Esa formidable conquista – el no andar lamentando nada y sentirme bien de una buena vez – se sumó a otras dos vespertinas conquistas: la libertad y la paz.

Así que proponer en pocas palabras los diversos estados del ser en el cuadrito de WhatsApp constituye una discreta algazara interior porque constato que sigo vivo.

No es una gran cosa pero, qué quieren que les diga: sigo vivo.

Ilusión y esperanza 2

Ilusión y esperanza

“La esperanza no avergüenza”, escribió San Pablo en su harto compleja carta a los Romanos. Nosotros, acostumbrados al Pancito de Vida y al verso devocional, nos la decimos a nosotros mismos o se la enviamos a nuestros amigos para animarlos.

Pero cuando hacemos el trabajo de estudio adecuado – que casi nadie hace – nos damos cuenta que el escritor viene hablando de Abraham y de la esperanza en que se había afirmado para alcanzar la promesa de Dios.

Finalmente Abraham tuvo un hijo que mostraba el cumplimiento de la primera parte de la promesa. Es decir, su esperanza tuvo premio en el término de su existencia aunque no viera la nación que se formó después.

Me parece que la aplicación que hace San Pablo tiene que ver con algo que ocurrirá después de la muerte, no con la vida presente.

Lo que quiero proponer aquí es que sí nos podemos avergonzar si no se cumple en el espacio de nuestra vida lo que esperamos. Ahí es cuando – me parece a mí – deja de ser esperanza y deviene ilusión.

Si decimos algo como, “Espero que este fin de semana haya buen tiempo para ir al campo” o “Tengo la esperanza de que si lo conversamos podamos resolver nuestras dificultades”, lo que esperamos tiene una buena probabilidad de convertirse en realidad en un tiempo relativamente cercano.

Pero si afirmamos, “Tenemos la esperanza de que la justicia va a castigar efectivamente a los criminales y favorecer a los inocentes” o “Creemos que las grandes corporaciones transnacionales van a hacer un pacto global para detener la destrucción del medio ambiente” estamos hablando claramente de una ilusión.

Así que lo que deberíamos hacer es hablar de esperanza cuando las cosas que anhelamos son posibles.

Si acordamos con San Pablo que la esperanza a la que él se refiere es la vida más allá de la muerte, podemos sostenernos sin vergüenza porque todo indica que eso ocurrirá de algún modo.

Pero si pensamos en cosas que pueden ocurrir en el tránsito de nuestra vida terrenal, sugiero que no sólo anhelemos sino trabajemos por pequeñas cosas que se van a poder cumplir con nuestro esfuerzo y el de otros.

Me dicen que la madre Teresa de Calcuta sabía que no iba a cambiar el mundo pero pensaba que si por su trabajo esta noche un niño se acostaba sin hambre, algo habría cambiado en este mundo.

¿Por qué te escondes? 3

¿Por qué te escondes?

¿Cuál es tu actitud cuando le fallas a Dios? Sin duda el temor inunda nuestro corazón por el error cometido y es inevitable pensar que todo el mundo nos vio y se enteró de nuestro mal proceder, y lo único que queremos es escondernos, tal como Adán y Eva lo hicieron después de su caída.
“En ese mismo instante se dieron cuenta de lo que habían hecho y de que estaban desnudos. Entonces tomaron unas hojas de higuera y las cosieron para cubrirse con ellas. Con el viento de la tarde, el hombre y su esposa oyeron que Dios iba y venía por el jardín, así que corrieron a esconderse de él entre los árboles.” Génesis 3:7-8 (TLA)
Al parecer, nunca supieron que estaban desnudos hasta el día que cayeron en pecado, por lo que Adán le dijo a Dios: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí “(Génesis 3:10). Aparentemente tuvo vergüenza de estar desnudo físicamente, pero sumado a ello, se sentía indigno delante de Dios. Pues estaba consciente de su pecado.
Quizá hayas perdido la cuenta de la cantidad de veces que le fallaste a Dios, puede que por el tamaño de tus pecados te sientas indigno para presentarte delante del Padre, pero ya no te martirices por ellos, ni te escondas detrás de las hojas de un árbol, tal como lo hicieron Adan y Eva, porque esa no es la solución, no por ello los demás olvidarán lo que hiciste o Dios lo obviará; esto no funciona así.
Al contrario, sal del arbusto y permite que Dios renueve tu ser, porque esa es la buena noticia, que si con un corazón arrepentido vas delante del Padre, sin duda Su sangre limpiará todos tus pecados y te hará justo.
1 Juan 1:9 (RVR1960) Menciona:
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
¿Te das cuenta que no hay necesidad de permanecer escondido?

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Guías a otros? 4

¿Guías a otros?

“¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” Romanos 10:15

Cuando era niña, un día que salíamos del colegio y había pocos alumnos en la puerta, encontré sola a la hermanita menor de una de mis amigas. Por alguna razón sus hermanas no fueron a buscarla, como yo conocía su casa, la llevé hasta allá. Quizás si no la hubiera encontrado ella se habría extraviado.

Cuando conocemos la ruta de algún lugar en específico, no podemos negarnos a ayudar a quien necesita llegar hasta ese destino; algo similar sucede con guiar a otros al camino verdadero: Jesús.

Cada persona tiene cierto vacío que intenta llenar con algo, pero tú y yo que hemos tenido un encuentro personal con Dios a través de su Hijo, sabemos qué camino tomar para llegar a Él y que nuestra vida tome otro sentido.

Si callamos, permitimos que esas personas se extravíen, y eso nos hace responsables ante el Señor. Hay muchos que omiten este compromiso por temor a ser rechazados, por vergüenza, creen que se debe tener un amplio conocimiento teológico para hacerlo o por otras razones particulares. Sin embargo, sólo hace falta lo esencial: Haber tenido una experiencia personal con Jesús.

Hablar de lo que Él ha hecho en tu vida es una prueba irrefutable de Su poder y ello da testimonio de la Salvación que ofrece.

Por ello hoy quiero animarte a testificar a los demás lo qué Jesús hizo en ti, no te preocupes de lo demás porque quien convencerá de pecado, justicia y juicio es Él mismo, tú serás un instrumento que esté proclamando su Palabra, serás un guía a los perdidos.

¡Déjate usar para Su gloria!

“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” Romanos 10:14

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Puedes ser libre! 5

¡Puedes ser libre!

“Si lo que ves con tu ojo derecho te hace desobedecer a Dios, es mejor que te lo saques y lo tires lejos. Es preferible que pierdas una parte del cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Si lo que haces con tu mano derecha te hace desobedecer, es mejor que te la cortes y la tires lejos. Es preferible que pierdas una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo se vaya al infierno.” Mateo 5:29-30 (TLA)

Queremos tener todo el control de nuestros pensamientos y actos, pero nuestra naturaleza humana nos empuja a hacer lo que sabemos que lastima nuestra integridad. ¿Crees que es imposible vencer una adicción? Algunas adicciones son mantenidas en lo oculto, por vergüenza, tal es el caso de la pornografía. Si esta u otras adicciones estuvieran afectando tu vida, recuerda que no hay pecado que no se pueda vencer y que Cristo no pueda perdonar cuando halla un corazón arrepentido. Tal vez has intentado enfrentarlo con tus fuerzas y no lo has logrado, es que no se trata de luchar con tus fuerzas sino con las de Dios. Él está dispuesto a darte libertad si tan sólo se lo permites, renuncia a ti y a tus deseos engañosos que sólo te llevarán al fracaso espiritual. Evita todo tipo de programas de televisión, revistas, fotos u otra clase de objetos y situaciones que te puedan llevar a pensar en la pornografía y si es necesario pide ayuda. ¡No te des por vencido hasta que hayas sido libre completamente!

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Los (irreductibles) hechos de la vida 6

Los (irreductibles) hechos de la vida

Las notables ausencias en momentos absolutamente necesarios. La inveterada costumbre de esperar lo que no va a llegar de ninguna manera. Creer que la vida se describe en un poema y tres memes. Las citas de libros que nunca se leyeron. La presunción del saber que nunca fue. El dolor de los pensamientos que nunca constituyeron hechos de la realidad. Las expectativas ajenas que nacieron seguramente en un deseo legítimo pero absolutamente infundado.

El abultado patrimonio de la vergüenza y el miedo. Las pasiones que duraron un verano y algunos días de invierno. Las facturas reclamadas que pasaron a la categoría de incobrables. El pasado que nadie puede borrar. La vieja costumbre de tener ganas de no tener más ganas. El desconsuelo de los días que nunca volverán. La demoledora realidad del cuerpo presente.

Yo nunca tuve diez perritos, sí un gato que bauticé Percival Phillips McGregor y que después de unos meses supe que era gata y le cambié el nombre a Percy Belle. Nunca tuve un Austin Mini, sí una Mitsubishi L100 que servía para todo y a veces para nada. Nunca estuve en París ni me saqué una foto con la Torre Eiffel detrás, sí una noche dormí en una carpa de beduinos en el desierto del Neguev, lo cual me pareció – y me sigue pareciendo – una de las experiencias preferidas a la hora de los recuerdos.

La experiencia de los demás que nunca será nuestra experiencia y que por eso compararla es absolutamente inconducente. Los abultados argumentos para tratar de justificar lo que es imposible justificar. Las maneras en que escamoteamos el momento de responder por nuestros despropósitos y nuestros pecados. La íntima convicción de que las cosas no van a resolverse así como así.

¿Y si al final las cosas no terminaran como nos han dicho que van a terminar? ¿Ah?

Y para finalizar, unas palabras escogidas al azar en el diario del domingo:

Vargas Llosa reivindica el pluralismo como necesidad práctica de supervivencia: “(Es) la única garantía que tenemos de que el error, si se entroniza, no cause demasiados estragos”

(La Nación, Ideas, pág. 3, 29 de abril de 2018)

(La fotografía representa el irreductible anhelo de viajar como antes)

Los verdugos 7

Los verdugos

Quizás las cosas más difíciles de enfrentar,  para todo ser humano, son la vergüenza y la culpa. Esos sentimientos que turban nuestro ánimo por algún error que cometimos o por alguna humillación que otro nos hizo pasar. Dependiendo de lo que haya sucedido, la persona que los sufre,  podría pasar por tener el rostro colorado hasta afrontar una fuerte depresión.

Mucha gente, al no poder lidiar con estos sentimientos, decide ponerle fin a su sufrimiento y recurren a la decisión más extrema y terrible que podrían haber tomado: el suicidio. No son pocos los casos que se han escuchado de jóvenes y adolescentes que por vergüenza, porque fueron víctimas de bullying, publicaron una fotografía que no debían en una red social o alguien difundió una cosa muy personal exponiéndolos al juicio público, tomaron esa decisión. Son muchos otros los casos de personas que por una mala decisión destruyeron sus hogares, sus empresas, sus vidas y las de otros; y al no poder cargar con la culpa tomaron decisiones sin retorno.

Estos verdugos nos van destruyendo en lo más profundo. Tal vez es algo que nadie sabe, que sólo pasa al interior de tu casa o quizás es público, pero lo cierto es que después de lo que pasó, tu vida nunca será la misma.

Pedro y Judas, cometieron errores terribles, prácticamente al mismo tiempo. Uno entregó al maestro por unas monedas y el otro lo negó. Lo que hizo Judas, sin duda fue terrible pero Pedro no se queda atrás. Jesús le había dicho que lo negaría antes de que cantara el gallo y Pedro no lo negó una vez sino tres. El hombre que había dicho que estaba dispuesto a ir hasta la muerte con Cristo lo había negado; una falta tan grave o mayor que la de Judas.

¿Imaginas el sentimiento de culpa y la vergüenza que debieron sentir ambos hombres? Cuando comprometemos o traicionamos nuestros principios y creencias un manto de vergüenza y culpa nubla nuestras vidas. Pudiste copiar en un examen, ser infiel a tu conyugue, engañar a tus jefes, abusar de la confianza de tus padres, traicionar a un amigo, cualquier cosa. Haya salido a luz o quedado en la intimidad, tu falta puede estar terminando contigo.

Pero el final de la historia depende de ti, puedes escoger colgarte de un árbol como Judas o arrodillarte a los pies del madero del que colgó el Hombre que pagó por tus culpas.

No permitas que la vergüenza y la culpa terminen con tu vida. Como seres humanos somos expertos en recordar nuestras faltas, en culparnos, en revivir los momentos que nos duelen, en permitir que la vergüenza nos atormente una y otra vez. Sin importar si tú cometiste la falta o si alguien te hizo daño, hay alguien que te ofrece perdón y que ha decidido no recordar tus faltas, que te espera con los brazos abiertos, alguien que te ofrece empezar de nuevo tu historia, dejando atrás aquello que te avergüenza.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9

Que tus verdugos no te nublen la vista, no permitas que te lleven al madero equivocado. Estoy segura que si Judas se hubiera arrepentido de su falta, Dios lo habría perdonado porque su amor y compasión son mucho más grandes de lo que podamos comprender.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Elige bien! 8

¡Elige bien!

“Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.” Romanos 7:19 (RVR)

Hay momentos en la vida que nos sentimos incapaces de abandonar un mal hábito o un defecto de carácter que sabemos que no agrada a Dios y pese al esfuerzo invertido al poco tiempo nos hallamos en la misma situación, pensando que no hay manera de vencerlas, pero si hoy decides llevar cada una de tus debilidades delante de la presencia de Dios, en Sus fuerzas puedes tener victoria. Recuerda que el Espíritu de Dios se perfecciona en nuestra debilidad ¿Te das cuenta de lo importante que es esto? Entonces ¿Qué estás esperando? Es hora de que te armes de valor y tomes una decisión que es por donde debes empezar y puedes estar seguro que Dios estará contigo en cada paso que des ¡Vamos tú puedes! Porque de tus decisiones dependerá tu futuro.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Belén 9

Belén

Acompaño a Teresa a buscar a tres chicos de un hogar estatal de admisión para traerlos a un hogar de estadía permanente de la iglesia a la que ella asiste.
Treinta y ocho niños y niñas se amontonan allí al cuidado de tres tías que reflejan en sus rostros el cansancio de innumerables jornadas cuidando a estas criaturas cuyas historias de horror conmoverían el corazón más insensible.
Cuando entramos se acercan a nosotros en parte obedeciendo a la tía que les ordena saludarnos y en parte curiosos porque llevo una bolsa que me han encargado donde varias personas han puesto juguetes y dulces. Nos besan y luego se sientan alrededor de Teresa que quiere contarles la historia de la Navidad. Les pregunta: “¿Saben lo que pasó el 24 de diciembre?” Un chico rubio e inquieto responde con una risa nerviosa: “Yo no sé, tía, porque yo llegué ayer no más…
Yo esquivo el relato. Recorro el salón con una mirada llena de silenciosas preguntas, con mi mente sedienta de respuestas que busco por décadas. No quiero quedarme con esa sensación complacida de haber hecho una buena obra en estos días festivos. Quiero explorar la realidad de esas vidas desconocidas.
Me atrae la atención una chica de unos dieciséis o diecisiete años. Tiene una mirada muy dulce, pero infinitamente triste. Delgada en grado sumo, tiene una belleza que en ese entorno es casi trágica. Sostiene en sus brazos a su bebé de un año que estira sus bracitos intentando alcanzar una bolsita con regalos. Una madre adolescente que tiene una profundidad en sus ojos que llega a doler.
Me pregunto millones de cosas en esos escasos segundos en que la miro. Por un instante, sus ojos se encuentran con los míos y los baja, apresurada, como si tuviese miedo o vergüenza. Reprimo en silencio un llanto convulsivo que me sube por la garganta, pero no puedo evitar las lágrimas. Nos ofrecen té y nos sentamos. Dos o tres veces ella entra en el cuarto detrás de su hijo. ¿Cómo alguien tan joven ya tiene que encarar la maternidad y las cosas permanentes que ella trae consigo?
Al rato, nos tenemos que ir. La joven está inclinada en una pequeña pileta de lavar. Me acerco y le pregunto su nombre. “Belén”, me dice esbozando una leve sonrisa. Qué devastadora ironía. Le beso la mejilla y entonces nos vamos…

¡Dile adiós a la vergüenza! 10

¡Dile adiós a la vergüenza!

La vergüenza que sentimos al hacer el ridículo o tras cometer un error tonto no se compara con la vergüenza que está enraizada en nuestras vidas. Esta clase de sentimiento es tan profundo que afecta nuestro comportamiento y relaciones de tal manera que nos hemos acostumbrado a ella. Creemos que la vergüenza es parte de nuestra persona, de la cultura y que es algo normal; sin embargo, destruye nuestras vidas y coloca muros que nos impiden avanzar.

¡Dile adiós a la vergüenza! 11“La vergüenza es el temor de ser indigno, y afecta de modo negativo a nuestra relación con Dios, con nosotros mismos y con los demás. Es un gran obstáculo para nuestra capacidad de recibir el amor incondicional de Dios, y compartirlo con otros”, dice Christine Caine en su libro Inavergonzable (p. 14). Caine cuenta que de pequeña lidió con la discriminación racial, el abuso sexual y otros problemas que la hicieron sumirse en la vergüenza y el temor. Incluso cuando pasó el tiempo y conoció a Jesús como su Salvador, la vergüenza no la dejaba ser libre. En sus propias palabras, ella había sido “liberada, pero aún no era libre”, y sentía que no podía tener una adecuada relación con Dios debido a este problema. Al igual que Caine, muchas mujeres han sido educadas para vivir con la vergüenza y no saben cómo ser libres, pero olvidan que “Jesús avergonzó a la vergüenza” (p. 180) y que sí se puede vivir en redención.

Inavergonzable es un libro especialmente dedicado a todas aquellas mujeres (y hombres) que decidan ponerle fin a la vergüenza y quieran despedirse para siempre de ella. La autora comparte las experiencias de otras mujeres que han tenido la misma dificultad y cómo la han superado.

Datos adicionales:

¡Dile adiós a la vergüenza! 12Christine Caine es conferencista, predicadora, activista y fundadora de la Campaña A21, una de las más grandes organizaciones sin fines de lucro dedicada a rescatar víctimas de tráfico humano en doce países. Actualmente reside en Australia y los Estados Unidos, junto a sus hijas Catie y Sophia.

Para mayor información, visita:

http://christinecaine.com/
https://www.whitakerhouseespanol.com/

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué dice Dios de ti? 13

¿Qué dice Dios de ti?

Para muchos es importante lo que otros dicen de su persona y por ello siempre procuran mostrar una buena imagen de sí mismos ante las personas, pero la opinión que los demás tienen de ti no es determinante para tu vida.

Lo que Dios dice de sus hijos, es lo que realmente importa; por ejemplo, Él declaró lo siguiente de sus siervos:

David: “He encontrado en David, hijo de Isaí, a un hombre conforme a mi propio corazón”  Hechos 13:22 (NTV)

Moisés: “De toda mi casa, él es en quien confío” Números 12:7 (NTV)

Natanael: “Aquí viene un verdadero hijo de Israel, un hombre totalmente íntegro” Juan 1:47

Job: “Es el mejor hombre en toda la tierra; es un hombre intachable y de absoluta integridad. Tiene temor de Dios y se mantiene apartado del mal” Job 1:8 (NTV)

Si le preguntaran a Dios sobre ti ¿Qué diría?

Hoy muchos se desviven por mostrar sus atributos, experiencia, inteligencia y habilidad ante los demás, ya sea para lograr un puesto en el liderazgo, en el trabajo o en el hogar y eso no es completamente malo, pero antes de preocuparse por el qué dirán los demás debemos procurar ser  aprobados delante de Dios.

La opinión que Dios tiene de ti es la que más vale porque Él no mira lo externo sino lo que verdaderamente hay en el corazón, a diferencia de los seres humanos que reconocen por lo que ven, Él mira lo que no es visible.

Tal vez piensas que Dios no tiene un buen concepto de ti por lo que pasó o porque no estás dando pasos correctos y no deseas que diga algo de ti, quizás no tienes nada bueno que pueda hablarse y eso te causa tristeza y vergüenza, pero recuerda que puedes cambiar esa situación y al igual que estos grandes hombres puedes tener una vida ejemplar.

Jamás es tarde para tener un nuevo comienzo, deja y entrega en las manos de Dios todo aquello que no será un buen testimonio y procura llevar una vida íntegra y pura delante de Dios y de los demás “(…) Sé un ejemplo para todos los creyentes en lo que dices, en la forma en que vives, en tu amor, tu fe y tu pureza” 1 Timoteo 4:12 (NTV).

El mundo tratará de convertirte en uno más, pero Dios quiere que seas único, real y sincero, que no tengas nada que pueda ser motivo para señalarte.

¿Qué quieres que Dios diga de ti?

Trabaja y esfuérzate para ser merecedor de los elogios de Dios.

Por Judith Quisbert.

 

 

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Volviendo a casa 14

Volviendo a casa

Un niño, cansado de la disciplina de sus padres, un día decidió huir de casa, creyendo que era la solución para su vida. Sin embargo, una mujer maliciosa encontró a este pequeño y aprovechó de su situación para ponerlo a trabajar para ella, después de unos días el niño logró fugarse y entre indecisiones volvió a su casa. Cuando llegó, vio por la ventana a sus padres, entonces el miedo y la vergüenza lo dominaron haciendo que se quedara afuera toda la noche.

A la mañana siguiente su padre lo halló tendido en el suelo, durmiendo y con mucho frío; en ese momento lo llevó en sus brazos a su habitación y cubrió al pequeño para que entrara en calor.

Al despertar el niño no pudo mirar a su padre cara a cara, estaba muy avergonzado por lo que hizo, pero su papá sin decir palabras simplemente lo abrazó y se alegró de tenerlo nuevamente en casa.

Sin duda es un peligro salir de la cobertura de quien te protege. Es igual y aún más peligroso salir de la protección de Dios por sólo querer experimentar deseos que van en contra de Su Palabra,  por llevar una vida a la ligera y sin control. Es un gran riesgo porque puedes terminar muy herido.

Si estás alejado del Señor, tampoco te quedes aislado, anhelando desde la ventana el abrigo y el calor que Dios ofrece. No dejes que la vergüenza o el sentirte indigno te detenga. Solamente debes tocar la puerta porque Él te ha estado esperando para abrazarte, para darte el calor de su amor y su perdón.

Aférrate a esta Palabra: “Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos.” Hebreos 4:16 (NTV)

¡Vuelve a casa!

 

 

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