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Versículos para celebrar un aniversario de bodas

Los aniversarios de bodas son ocasiones especiales que demuestran el progreso de una pareja. Con cada año que pasa, los matrimonios enfrentan nuevos retos y un aniversario es una fecha para celebrar los obstáculos superados. También es un tiempo para mostrar agradecimiento a Dios y a esa persona especial por los momentos juntos. Y en la Biblia hay versículos adecuados para celebrar una ocasión como esta.

≪Que Dios te bendiga y siempre te cuide; que Dios te mire con agrado
y te muestre su bondad; que Dios te mire con agrado y te llene de paz≫

Números 6:24-26 (TLA)

≪No me pidas que te deje; ni me ruegues que te abandone. Adonde tú vayas iré, y donde tú vivas viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras moriré, y allí mismo seré enterrada. Que Dios me castigue si te abandono, pues nada podrá separarnos; ¡nada, ni siquiera la muerte!≫

Rut 1:16-17 (TLA)

≪Éste es el día en que el Señor ha actuado: ¡estemos hoy contentos y felices!≫

Salmos 118:24 (DHH)

≪Encontrar una buena esposa es encontrar el bien, pues eso muestra que el Señor está contento contigo.≫

Proverbios 18:22 (PDT)

≪Más valen dos que uno, pues trabajando unidos les va mejor a ambos. Si uno cae, el otro lo levanta. En cambio, al que está solo le va muy mal cuando cae porque no hay quien lo ayude. Si dos se acuestan juntos, se darán calor, pero si alguien duerme solo, no habrá quién lo caliente. Uno solo puede ser vencido, pero dos se defienden mejor. Es que la cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente.≫

Eclesiastés 4:9-12 (PDT)

≪Grábame como un sello sobre tu corazón. Llévame como un tatuaje en tu brazo, porque fuerte como la muerte es el amor, y tenaz como llama divina es el fuego ardiente del amor. ¡Nada puede apagar las llamas del amor! ¡Nada, ni las inundaciones ni las aguas abundantes del mar podrán ahogarlo! Si alguien tratara de comprarlo con todo cuanto tiene sólo lograría que le despreciaran.≫

Cantares 8:6-7 (NBV)

≪Los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas; volarán alto, como con alas de águila. Correrán y no se cansarán; caminarán y no desmayarán.≫

Isaías 40:31 (NTV)

≪Hay tres cosas que son permanentes: la confianza en Dios, la seguridad de que él cumplirá sus promesas, y el amor. De estas tres cosas, la más importante es el amor.≫

1 Corintios 13:13 (TLA)

≪Sean siempre humildes, amables, tengan paciencia, sopórtense con amor unos a otros.≫

Efesios 4:2 (PDT)

≪Esto es lo que pido en oración: que el amor de ustedes abunde cada vez más en conocimiento y en buen juicio.≫

Filipenses 1:9 (NVI)

≪Y sobre todo, ámense unos a otros, porque el amor es el mejor lazo de unión.≫

Colosenses 3:14 (TLA)

≪Sobre todo, ámense mucho unos a otros, porque el amor borra los pecados.≫

1 Pedro 4:8 (TLA)

≪Amados, pongamos en práctica el amor mutuo, porque el amor es de Dios. Todo el que ama y es bondadoso da prueba de ser hijo de Dios y de conocerlo bien. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. Dios nos demostró su amor enviando a su único Hijo a este perverso mundo para darnos vida eterna por medio de su muerte. Eso sí es amor verdadero. No se trata de que nosotros hayamos amado a Dios, sino de que él nos amó tanto que estuvo dispuesto a enviar a su único Hijo como sacrificio expiatorio por nuestros pecados. Amados, ya que Dios nos ha amado tanto, debemos amarnos unos a otros. Porque aunque nunca hemos visto a Dios, si nos amamos unos a otros Dios habita en nosotros, y su amor en nosotros crece cada día más.≫

1 Juan 4:7-12 (NBV)

≪Nosotros sabemos cuánto nos ama Dios y hemos puesto nuestra confianza en su amor. Dios es amor, y todos los que viven en amor viven en Dios y Dios vive en ellos.≫

1 Juan 4:16 (NTV)


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Transiciones

Las cosas que parecían eternas devinieron leve recuerdo. (Es tan aleccionadora la proximidad del fin: le pone perspectiva a todo). Lo que creíamos a pie juntillas era nada más una posibilidad entre tantas otras.

Somos pasajeros, como una vez dijo alguien, “a horcajadas en la luz”. Es como si de pronto nos diéramos cuenta que no hay semidioses aunque a veces así nos sentíamos: dueños de la palabra, de todas las horas, de la fuerza creadora. El tiempo es un apuntador que nos recuerda que el acto final está cada vez más próximo y el telón caerá sumarísimamente.

¿Qué va a pasar con todo aquello que construimos, que inventamos, que sentimos? ¿Dónde se radicarán definitivamente los recuerdos de la pasión, del hambre, de la búsqueda, del deseo? ¿Cómo nos amigaremos con los registros de la entropía en los huesos, en la sangre, en los nervios?

Tanta primavera, tanta tarde que se fue en llamaradas de oro y de fuego entre las nubes, tanta lluvia y sol, viento y helechos iluminados. Tanto viaje, tanta frontera. La inmensidad del desierto, la pronunciación reiterada de las islas, el tóxico de las ciudades. Lo que pudo ser y no fue. Lo que fue pero que no queríamos que fuera. Todo lo que no soñamos y pasó igual. La imposibilidad de la paz perfecta.

No puedo amigarme con el optimismo de los memes ni con el intento dulzón de los versículos que adornan ideas recontra repetidas ni con los anuncios de dorados ancianos de pantalones beige y poleras elegantes – canositos ellos, sonrientes y relajados -, la música a todo volumen, la gente que habla a gritos en los cafés.

Dormir profundamente en la plataforma de un camión entre los sacos de cemento, comer pan con tomate, sandía y cocacola, pasar la noche entera bailando Son of my father y Mary had a little lamb y otras mil imágenes de lo que fue (y que queríamos que fuera), de lo que no será jamás.

Los años marrón… El almanaque en la ventana. Las manos un poco temblorosas. La mañana difícil de comenzar. El ocaso de los deseos, al menos en el cuerpo. La mente que crea, que arde, que palpita, al revés de los tiempos de afuera. Eso, pues: el hombre interior que se renueva, etcétera…

Transiciones. La permanencia del cambio.

Leer y pensar

A propósito de Del acto de pensar, artículo publicado esta semana aquí, quisiera explorar algunas ideas sobre la forma en que la mayoría de los cristianos lee la Biblia. No, no estoy rompiendo el voto autoimpuesto de no reflexionar sobre textos bíblicos. Me propongo hacer unas observaciones sobre las metodologías que comúnmente se usan para la lectura.
Hay quienes antes de salir a sus quehaceres leen unos versículos devocionales – de los Salmos, por ejemplo. Antes se usaba el libro, hoy el teléfono. Otras personas leen solamente los versos que el predicador va a desarrollar en el mensaje central de la iglesia el domingo a la mañana o a la noche. Yo solía hace muchos años atrás memorizar un versículo diario hasta que me di cuenta que igual me los iba olvidando al pasar de los días. Otras personas la leen según un cronograma que permite completarla en un año. Y por último hay quienes leen los pasajes necesarios para hacer las tareas del instituto o seminario donde están estudiando.
Hay un elemento común en todas estas formas de lectura: la aplicación práctica directa. La lectura servirá para seguir las palabras del predicador y situarlas en la propia experiencia; o para irse pensando por un rato en la bendición prometida en el versito leído antes de salir de casa; o se ha de utilizar esa lectura para escribir un ensayo o para responder las preguntas de un examen en el instituto; o bien se memorizan ciertos versos para ser usados como escudo contra las artimañas del enemigo.
Por cierto hay algún ejercicio del pensamiento en todas estas acciones. Pero no son propiamente el acto de pensar al que hacíamos referencia en el artículo pasado. Pensar la lectura implica realizar un esfuerzo por comprender no sólo el contexto histórico, social o espiritual en el cual lo que se lee fue escrito. También hay que buscar una perspectiva, una mirada global, el hilo que une todo lo leído. Hay que establecer relaciones entre las diversas cosas que se han leído sobre un mismo tema o personaje. Hay que discriminar entre lo que corresponde estrictamente a las palabras habladas por Dios y a las palabras dichas o escritas por los protagonistas o autores del texto. Hay que dialogar, cuestionar, preguntar y aprender a relacionar todo ese trabajo con el aquí y el ahora.
Algo sé: al Espíritu Santo le agrada sobremanera colaborar con este esfuerzo…
(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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