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¿Alguna vez has sentido envidia?

Una persona siente envidia cuando se compara a otros, teniendo un sentimiento de inferioridad. Por esta razón, algunas características de las personas envidiosas son: autoestima dañada, compararse constantemente, desear el mal de los demás, burlarse de otros, hacer falsos halagos, etc.

La envidia es un sentimiento humano, por lo que es posible que tú lo hayas sentido en alguna oportunidad; sin embargo,  se convierte en un problema cuando te entristeces constantemente por el bien ajeno y sufres como si se tratara de una desgracia ¿Te ha pasado?

Porque antes también nosotros éramos insensatos y rebeldes; andábamos perdidos y éramos esclavos de toda clase de deseos y placeres. Vivíamos en maldad y envidia, odiados y odiándonos unos a otros. 

Pero Dios nuestro Salvador mostró su bondad y su amor por la humanidad, y, sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó lavándonos y regenerándonos, y dándonos nueva vida por el Espíritu Santo.” (DHH) Tito 3:3-5

Si aún el sentimiento de envidia está gobernando tu vida, es posible que no hayas conocido la nueva vida que el Señor quiere darte. Por esta razón, te animo a pedirle que Dios sane tu corazón, de esta manera puedas disfrutar del propósito que tiene para ti, y dejar de sufrir por lo que otros tienen.

Por último quisiera darte algunos consejos para superar la envidia:

Si un ser querido o amigo tuyo recibiera un premio estarías feliz, así mismo debes mirar a las personas que te rodean: ¡como hermanos!; entonces podrás alegrarte por ellos e incluso felicitarlos por su éxito.

No mires a la persona por la que sientes envidia como un enemigo, de lo contrario querrás ser mejor y competir, produciendo solamente amargura en tu interior. Cambia de mentalidad y míralo como parte necesaria en tu equipo de trabajo; además, declara la admiración que tienes por él o ella.

Si quieres ser feliz deberás superar la envidia, abandonar la competencia y amarte tal como eres  ¡Acércate a Jesús y permite que sane tu interior y te muestre el plan valioso para tu vida!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡El optimismo te hace más saludable!

Al vivir situaciones negativas podemos llegar a tener actitudes pesimistas con respecto a la vida. Hasta cierto punto, esto puede ayudarnos a tomar medidas de precaución, pero cuando se convierte en un hábito afecta nuestra salud y hasta nuestra esperanza de vida.

Diversos estudios científicos han demostrado que existe una estrecha relación entre la actitud de una persona y su salud. Por una parte puede prevenir enfermedades, y por otra, ayuda en el proceso de recuperación. Por ejemplo, investigadores de la Universidad de Illinois1 descubrieron que las personas optimistas tenían entre 50 y 76 por ciento más probabilidades de obtener buenos puntajes en los exámenes médicos y además tuvieron el doble de probabilidades de obtener una puntuación en el rango ideal de salud cardíaca.

Asimismo, ser optimista también alarga la esperanza de vida. Un estudio publicado en Journal of Personality and Social Psychology2 encontró que las personas que tienen una autopercepción más positiva con respecto al envejecimiento viven 7.5 años más que aquellos que son pesimistas. «Los hallazgos sugieren que las autopercepciones de los grupos estigmatizados pueden influir en la longevidad», sostienen los investigadores.

Es importante notar que las personas optimistas no están libres de los problemas, sino que saben afrontar las situaciones con un pensamiento positivo. Su forma de ver la vida los lleva a manejar mejor el estrés y a practicar hábitos saludables. Todo esto ayuda a que su salud sea mejor y vivan por más años.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

1Hernandez, R., Kershaw, K., Siddique, J., Boehm, J., Kubzansky, L., & Diez-Roux, A. et al. (2015). Optimism and Cardiovascular Health: Multi-Ethnic Study of Atherosclerosis (MESA). Health Behavior And Policy Review, 2(1), 62-73. doi: 10.14485/hbpr.2.1.6
2Levy, B., Slade, M., Kunkel, S., & Kasl, S. (2002). Longevity increased by positive self-perceptions of aging. Journal Of Personality And Social Psychology, 83(2), 261-270. doi: 10.1037/0022-3514.83.2.261

Pequeñas grandes cosas

Reencontrarse con los vestigios de la propia vida: la hermana mayor, los nietos, los sobrinos, las hijas. No sólo revivir: también aprender. Darse cuenta. Comprender a la luz del tiempo nuevo las sorprendentes adquisiciones de la experiencia. Entender la pobre arrogancia de los argumentos construidos para explicar lo que uno hizo mal. Enterarse que había sentimientos y recuerdos que se habían diluido de la propia memoria y que eran tan importantes para los otros.

Recordar las instrucciones para preparar pan amasado, charquicán y cazuela de vacuno. Los viajes me enseñaron que esos mismos platos existen prácticamente en todos los países pero tienen otros nombres y variaciones menores. El oficio de preparar comida reduce distancias y recrea sensaciones que parecían olvidadas. Investigar nuevos usos para la albahaca, el comino, el orégano y el romero. Disfrutar el agrado con que las personas celebran esta artesanía de la cocina. Lavar ollas, platos sartenes y cubiertos con la sensación no sólo del deber cumplido sino de los sentimientos revisitados.

Repasar la historia común con las hijas y reconocer antiguas impresiones. Palpar emociones olvidadas y realizar nuevas alianzas. Profundizar en la dura materia del dolor y admitir que la vida al final es como es y no como hubiéramos querido. Resolver los enigmas que propusieron el tiempo y la distancia; como me escribió mi amigo Carlos en un mensaje de texto, “recuperar y resignificar las memorias entre el chantaje y la oportunidad”.

Construir algunos puentes hacia territorios que habían sido vedados. Las costumbres y las fronteras. Rituales desconocidos para la amistad. Formas de celebrar aniversarios y recordaciones. Hallar nuevos significados para viejos ritos y palabras. Entender que en esos otros espacios la gente maneja el dolor y la esperanza con tanto o mejor oficio que nosotros mismos. Reconocer antiguas verdades en diálogos y relatos inesperados.

En fin, recuperar cosas y deshacerse de otras. Afirmar antiguas percepciones y desechar viejas creencias. Lo nuevo se presenta como un universo para explorar. Son esas ganas permanentes de entrar en el mundo de los otros sin prejuicios ni salvaguardas pero que con los años se van reduciendo a fuerza de decepciones y malos tratos. Hay tanto por saber y tan poco tiempo que queda.

Alguien me recordó hace unos días la plegaria de una niña que decía: “Dios, te pido que los malos se vuelvan buenos y que los buenos se vuelvan simpáticos.”

Historias para armar

Aeropuerto de Nueva York. 1991. Espera. Boletos usados al cesto de la basura. Vuelo transatlántico. Regreso. Boletos sin usar para vuelos internos. No están. Los tiraste!

Espera. Hotel de segunda. Cuarto barato. Cortinas de cretona. La tarde. La lluvia. Las cinco. Ya no vino. El fin de la historia. Check-out.

El perro. Las cinco de la mañana. Ladridos lastimeros. Por favor, señora! Pero no digo nada. Espero cinco minutos. Silencio. Qué lata. Cómo volver a dormir.

Los helechos. 1967. Cuesta Los Añiques. La mañana después de la tormenta. El sol. Las gotas de lluvia. Arco iris en los helechos. La vida toda disponible.

Intriga internacional. 1959.  Seis años. Cartagena. El cine por primera vez. Título original: North by Northwest. Cary Grant. Eva Marie Saint. Asombro infinito.

La poza de la gruta. Cajón del Maipo. Los años verde agua. La cascada. El pozo profundo bajo la gruta. Todo era posible.

Licán Ray. El lago. El viento y las olas. El campamento de jóvenes. La tertulia nocturna. El hombre verde. La niebla sobre los cerros.

La tormenta. Villa María. El calor y la humedad. El granizo. Diluvio de proporciones bíblicas. La calle inundada. La fresca resaca. La paz.

……………………

Vejez. La orgánica del cuerpo que se desestructura implacable. Los anuncios soterrados del sistema que acusa incipientes fallas. El progresivo retorno a la tierra. Repentinas asincronías de la relojería del corazón. 

La habitación. Le embargaba la tentación de huir, de seguir pretendiendo que esa habitación sólo existía en su imaginación. Pero era el tiempo de volver a entrar y enfrentar lo que fuera que hubiera allí.

……………………

Cumpleaños. Historias sin fin. Memorias repetidas hasta el hartazgo. Olvidos perdonables. Recuerdos imperdonables. El cuerpo y la mente, ese gran divorcio. La primera ley de la termodinámica como consuelo de tontos.

Instituciones. El vasallaje de la mente. El control del tiempo. La presión sobre el bolsillo. El dominio de la nomenclatura. Genuflexiones y besamanos. Aquí se hace lo que dice el jefe.

Noche. La pregunta como martillo constante. El miedo. Las horas en blanco. Ir al baño. Los sueños con argumentos de película de suspenso, volar, la ropa que falta en público, los dientes que se deshacen.

Por qué no

¿Por que no escribes un libro?

He escuchado esta preguntas muchas veces. Viene de amigos que me conocen hace mucho tiempo y de personas que oyen mis conferencias, toman mis clases o leen lo que escribo.

En 1995, casi literalmente con sangre, sudor y lágrimas, publiqué “Impresiones”, un discreto intento de prosa poética que pasó con pena y sin gloria. Tomó cinco años vender un par de cientos de ejemplares.

En 1999, por no haber aprendido la lección, me atreví a hacer un segundo intento con “Entrelíneas”, en el que compilé una serie de libretos de un programa de comentarios de actualidad que hacía en una radio de alcance nacional. Esa experiencia fue un poco más gratificante pero solamente porque tuve el apoyo publicitario de la emisora y un buen canal de distribución.

Dos décadas después y con la saludable perspectiva del tiempo arribé a la conclusión que no publicaría otro libro. Los motivos no tendrían espacio en este limitado artículo así que he de remitirme a dos o tres asuntos de cierta importancia.

El libro tiene la particularidad de detener en el espacio y en el tiempo lo que uno pensó y dijo. Ahí están las palabras impresas y no importa si uno arribó a otras conclusiones y cambió, ahí está el libro: “Pero tú dijiste…” Es como aquellos políticos que hace cuarenta años tuvieron un desliz sexual o se sacaron una foto con el dictador. La inmensa mayoría no perdona. No importa cuánto tiempo pasó ni cómo tu vida ha mejorado; tú lo hiciste, tú lo dijiste. Es verdad que a veces no es más que la hipocresía de la opinión pública y el morbo de los medios de comunicación, pero ahí está.

Hace mucho tiempo que pienso diferente de lo que escribí hace veinte años. Igual, no fue tanta gente que lo vio pero yo sé lo que escribí.

Por otro lado la vida de uno es como esos libros. Hice y dije muchas cosas y muchas personas nunca lo olvidarán. A quienes lastimé tal vez quieran perdonarme – o no. Pero siempre podrán decir: “Tú hiciste esto, tú dijiste esto”. Lo mismo vale para quienes piensen que lo que hice o lo que dije fue genial. Así que el libro no es necesario. Hay suficiente documentación, personas, audios y escritos que atestiguan lo que quieran atestiguar.

En efecto, otro libro no es necesario.

Cuando la vida es corta

¿Cómo pueden hablar así, cuando ni siquiera saben lo que les va a suceder mañana? Su vida es como la niebla: aparece por un poco de tiempo, y luego desaparece.” Santiago 4.14 TLA

La vida es corta ¿Cómo la vives? Muchas personas buscan obtener cosas materiales, riqueza, fama y poder;  atrapados en la rutina se olvidan de Dios, lo dan todo para el mundo pero nada para la eternidad.

Un hombre que tenía mucha riqueza se dijo a sí mismo: “Mi granero es pequeño, lo derrumbaré y construiré uno más grande para que entre mucho más, alma mía tienes mucha riqueza para muchos días” (Lucas 12.18). Es una forma de necedad  porque no es malo trabajar y prosperar, pero si no le das el lugar de importancia al Creador ¿No crees que poco a poco lo dejarás de lado? No tienes la vida comprada.

“De nada sirve que una persona gane todo lo que quiera en el mundo, si al fin de cuentas pierde su vida.” (Marcos 8.36 TLA)

Hoy es un buen día para cambiar de actitud y decirle a Dios: “quiero que seas mi amigo, que cada mañana que despierte me acompañes al trabajo, a estudiar, soy tuyo y confío que cuidas de mi familia, de mis amigos y mi vida, solamente tú conoces cuánto tiempo me queda de vida, por eso quiero vivir haciendo tu voluntad”.

¿Cuál es la voluntad de Dios para tu vida? La Biblia nos brinda una respuesta:Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto.”(Romanos 12.2 TLA)

Aprovecha el tiempo que tienes para amar al prójimo y servir a Dios, nunca es tarde. Hoy tienes una nueva oportunidad, vive la verdadera vida con Jesucristo y que brille la luz del Salvador en ti.

Por Carlos E. Encinas

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La noche y el desierto

El ómnibus se detiene en la terminal de un diminuto pueblo en medio del desierto. Deben ser las tres o cuatro de la noche. Igual, la hora no me interesa mucho. “Treinta minutos de detención” anuncia el auxiliar. Al bajar me despabila un aire helado y seco. Algunos pasajeros ateridos se acercan a la barra del kiosko en busca de un café. Yo prefiero caminar hacia la oscuridad que está ahí no más, a unos pocos metros.

El cielo se me viene encima con su negro silencio. Me alejo un poco más. Arriba, un mudo concierto de estrellas, tantas como nunca vi. Abajo, una oquedad inasible, ilimitada.  Adentro, una pena sin rostro, la odiosa letanía de las preguntas sin respuesta. Qué armonía feroz.

Tengo que pensar. Tengo que encontrar algún sendero, una huella aunque mínima, perceptible, un indicio. No hay mapas para los defenestrados. Los agresores son llevados a las puertas de la fortaleza y lanzados al desierto (al cabo que ni quería quedarme en la fortaleza). Que las fieras se hagan cargo. No hay piedad para la disensión. No hay lugar para las maquinaciones de esos traficantes de los sentidos que seducen a la Inmensa Mayoría.

Me fijo de pronto que allá lejos, pero bien lejos, titilan unas luces. Un pueblito tal vez, un caserío. Unas pocas gentes que resisten la hostilidad de este territorio lunar. Encontraron cómo vivir y qué hacer en esta soledad inaudita. ¿Le encontraron el tesoro a la soledad? ¿Arañaron la tierra y descubrieron terrones de vida, poca pero suficiente? Quiero ir y preguntarles cómo se vive así, qué segunda oportunidad es posible en este páramo, qué sentido tiene insistirle al desierto…

Tal vez la soledad no sea imposible. Quizá no sea tan fiera después de todo. Quién sabe si con el tiempo le brinde a uno alguna caricia solidaria, algún arrullo cómplice cuando aprieta el frío. Capaz no sea más que la tarifa que se paga por no tener horarios y no rendir reportes de lugar y quehacer. Tengo que pensar en eso un poco más. Pero no esta noche. Estoy un poco cansado. Mañana lo haré. Me alivia pensar que no tengo que resolver todo ahora.

Volvemos al ómnibus y a la negra noche de la ruta. Antes de dormirme, se me ocurre pensar que el desierto de noche debe ser lo más parecido al lado oscuro de la luna… 

Tomar asiento

“Tome asiento”, me dijo con una sonrisa amable la joven mientras se levantaba. Ocurrió en el transporte público en algún lugar de la ciudad. Fue la primera vez en mi vida que me cedieron el asiento. Siempre había pensado qué decir en un momento semejante pero sólo atiné a decir: “Gracias” y me senté un poco azorado.

Entonces, llegó el día. En un lugar de aquellos en los que todavía existe la notable costumbre de mostrar respeto por la edad, recibí mi diploma de “caballero mayor” o “persona grande”, lo cual no debería sorprenderme en manera alguna porque hace tiempo estoy pensando y escribiendo acerca de esta etapa de la vida que se acerca cada vez más a lo definitivo.

Se advierte no solamente por las señas que se van instalando en el cuerpo (por fuera lunares, manchitas, arrugas y calores; por dentro palpitaciones, quejas de la osamenta, dolores nuevos, irritaciones varias). También el humor va adquiriendo nuevos matices. La paciencia tiende a reducirse, como el sueño. En fin, si me siguen en estas notas desde hace algún tiempo habrán leído las diversas aproximaciones que propongo sobre el tema.

Pero voy descubriendo otras señales, como cuando algún amigo me avisa que un ex compañero de colegio, de los años de la misión o de la vida se fue. Personajes de la radio, la prensa, la televisión, la política que nos acompañaron desde que éramos chicos se están yendo poco a poquito. No hay que ser muy avisado para entender que en alguno de estos próximos años otro amigo avisará de nuestra propia salida.

El gesto de la chica es un anuncio: hoy te toca a ti, mañana… ¿Un saludo protocolar al imperio absoluto del tiempo, quizá? ¿Una rendición honrosa, aunque breve, ante la fuerza evidente de los días? ¿Un homenaje fugaz: “Yo te veo, caballero…?”

Hay que tomar asiento y pensar. Quizá me ocupé por demasiado tiempo de mis asuntos. Me interesa más la vida: cómo es, sus luces y sombras, sus matices y sus emergencias. Ya no me preocupa tanto si lo hice bien; me pregunto si hice el bien y ahí las cuentas no me cierran mucho. Por lo tanto he de ocuparme más de esto que de aquello.

No pienso tanto en si me he sentido alejado de Dios porque tengo la creciente convicción de que Dios nunca se ha sentido alejado de mi…

¿Quién es el Señor de tu vida?

“Porque el amor al dinero es raíz de toda clase de males; y hay quienes, por codicia, se han desviado de la fe y se han causado terribles sufrimientos.” 1 Timoteo 6:10 Dios Habla Hoy (DHH)

Sabemos que Dios desea nuestra prosperidad, pero es importante que esta no se transforme en nuestra principal prioridad. Si así fuera pudiéramos terminar haciendo del dinero un dios y por lo tanto caer en idolatría. Dice la Biblia: “No podéis servir a Dios y a las riquezas…” Mateo 6:24. El dinero en sí no es ni bueno ni malo, pero lo que realmente afecta nuestra vida es el amor al dinero. La Biblia dice que de allí nacen consecuencias que son nefastas, como el orgullo, la envidia, la avaricia, las ambiciones desmedidas etc. Por lo tanto, guarda tu corazón y recuerda siempre que si buscas primero el reino de Dios, todo lo demás Él te lo dará por añadidura.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El amor es mucho

Porque de tal manera amó…

(Juan 3:16)

Me quedé prendido a ese de tal manera y no pude más. ¿Amar de tal manera de dar la propia vida? Me parece que no. El amor es mucho.

Mucho y más allá de nuestros torpes balbuceos románticos, de nuestras intensas pasiones temporales, de nuestro egoísmo difícilmente curable – para no decir incurable. Nunca amé de esa manera y nunca vi a nadie que lo hiciera, al menos según mi entendimiento.

Uno tiene su corazoncito también, pues. Tengo derecho a ser feliz. Te quiero. Te necesito. Me haces falta. No puedo vivir sin ti. Mía o de nadie. “Te di mi sangre, mis sentidos, mis caricias y tú todo lo tomaste… y me anulaste” (Sandro).

Y así sucesivamente. Siempre nosotros a la espera de algo. Siempre el otro ser esperando algo de nosotros.

¿Y si el amor del que habla Juan sólo es posible en la esfera de Dios? ¿Si acá abajo, bien abajo, todo eso nos queda insanablemente grande? ¿Y que eso de ejemplo os he dado para que sigáis mis pisadas no es más que un noble y elevado deseo del buen Señor pero que no halla correlato alguno con nuestra patente humanidad?

Quizá la alternativa sea nada más resignarse a vivir con esas pulsiones, con esos sentimientos, con esas vibraciones esporádicas que llamamos amor (para seguir en Juan, una antorcha que ardía y alumbraba y vosotros quisisteis regocijaros un poco a su luz, aunque esas palabras fueron dichas para algo completamente distinto del asunto que nos ocupa). Pero es interesante lo que dice de Juan el Bautista: él no era la luz sino testigo de la luz. Así, el amor en que nos movemos no es el amor sino una sombra, un reflejo impreciso y vago del verdadero Amor.

En fin, éstas no son más que disquisiciones sobre un asunto que dejó de interesarme hace una buena cantidad de años –  con sus inevitables consecuencias, seguro – y que traigo a colación aquí por una razón bastante poco importante: anoche tuve un sueño medio raro, bastante enredado como casi todos los sueños y me veía expresando estas palabras: “¡El amor es mucho!” En el mismo momento entendí que no me refería a que era mucho en cantidad y que eso me asombrara sino al contrario, que era demasiado como para asumirlo.

Un tema para entretener  un rato el fin de semana…

Mira por los ojos de Dios

“Tú, Señor, eres bueno y perdonador; grande es tu amor por todos los que te invocan”. Salmos 86:5 NVI

En muchas ocasiones podemos ser nosotros los que saboteamos el recibir las bendiciones de Dios. Esto ocurre cuando nosotros no nos perdonamos por los errores que hemos tenido en el pasado. Creemos que lo que hicimos no tiene perdón, pero Dios nos recuerda por medio de su palabra que el borra nuestros pecados: “Vengan ahora, y razonemos,” Dice el Señor, “Aunque sus pecados sean como la grana, Como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, Como blanca lana quedarán”. Isaías 1:18 NBLH Cree esta promesa y derriba todo pensamiento que se levanta en contra de ella, aprende a mirarte como Dios te ve, con ojos de amor. Anhela con todo tu corazón hacerte libre de la falta de perdón que tienes, porque esto no te dejará avanzar, ni crecer en fe. Él desea que recobres la esperanza y empieces a vivir los planes de bien que tiene para ti.  ¡Rehúsa recordar algo que Dios ha elegido olvidar!

Por Danitza Luna

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Yo soy el buen pastor!

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.” Juan 10:14-15 (RVR1960)

Durante mi niñez tuve la oportunidad de visitar el pueblo donde mis papás habían vivido toda su infancia, fue emocionante saber que tenían un pequeño rebaño de animales al cual habían cuidado por años. En mi osadía, pedí a mis padres pastorear sus vejas, ellos accedieron a mi petición, pero con la condición de que mi hermana me acompañaría en esa travesía; como era un rebaño reducido en comparación de otros que vi cerca de su vivienda, dije que no será difícil de hacerlo.

Al día siguiente me levante muy temprano para preparar la merienda del día,   y después de las recomendaciones de mis padres, mi hermana y yo salimos a la gran aventura, llevamos una honda aún sin saber manejarla, mientras íbamos camino al establo donde se hallaba nuestro ganado construimos una vara y un cayado que serían de gran ayuda para encaminarlas.

Y cuando llegamos al lugar, apenas abrimos las puertas era increíble como todas las ovejas enloquecieron para salir una tras otra, era imposible tomar control de ellas, no sabía cómo llamarlas, no pude usar la honda para evitar que se escaparan y por más que intenté llevarlas hacia los pastos donde tenían que comer se dispersaron, entraron a terrenos ajenos y tuve que levantarlas a las más pequeñas; me sentí la peor pastora, porque casi la perdimos a una. Me di cuenta que ellas conocían la de voz su pastor que no era yo, quizá estaban temerosas de que una extraña las cuidara y las llevara a comer y a beber, porque cada vez que levantaba la vara ellas huían.

Entonces entendí que también nosotros somos ovejas de nuestro Pastor, Jesucristo, quien por su gran amor entregó su vida por cada uno de nosotros, siendo su cuerpo molido y su sangre derramada para que fuésemos salvos, y para que ninguno tuviera que perderse.

Qué alivio nos da saber que nuestro buen Pastor nos conoce, nos llama por nuestro nombre y es su deseo que formemos parte de su redil, para darnos una vida abundante y que nada nos haga falta. Pero a veces nosotros, como ovejas testarudas, somos indisciplinados y al desviarnos hasta llegamos a caernos y maltratarnos; sin embargo al Señor, no le importa llevarnos en sus brazos, recostarnos en verdes pastos y allí, amorosamente cuidarnos y vendarnos si estuviéramos heridos.

A veces creemos que en situaciones dolorosas estamos solos y nos sentimos desfallecer, pero la verdad es que no hay nadie que nos conozca mejor que nuestro buen pastor, quien nos capacita para vencer; así andemos por valles tenebrosos, podemos tener la confianza de quien tiene el control de todo, es Él.

A pesar de la situación que puedas estar enfrentando corre a los brazos de tu buen pastor, Jesús, de quien su vara y su cayado te infundirán aliento para seguir.

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” Salmo 23:4 (RVR)

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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