vivir Archives | CVCLAVOZ

All posts in “vivir”

Rendir cuentas

Hace un tiempo atrás asistí a una reunión en la que el tesorero hizo la rendición de cuentas de todos los ingresos y egresos que tenía la organización (nadie sabe qué es una OTB en otros lugares). Hizo un detalle minucioso del movimiento económico y los gastos que se hicieron durante la gestión. Quedé impresionado y pensativo con el trabajo de esta persona.

No sólo demostraba que la administración de los recursos económicos de esta organización estaba en buenas manos, sino que todas las personas presentes reconocieron su trabajo y lo felicitaron por el buen manejo de la economía.

La Biblia dice que “cada uno de nosotros tendrá que responder por sí mismo ante Dios.” Romanos 14:12 (NTV); es decir, que nosotros igual rendiremos cuentas a Dios por el manejo de nuestra vida.

¿Cómo estás administrando tu vida? ¿Crees que Dios está feliz con tu forma de vivir?

El Señor nos advierte una y otra vez que prestemos atención a las cosas espirituales y tengamos cuidado de cómo vivimos, no como necios sino como sabios. En Mateo 6:19-21, nos dice que hagamos tesoros en el cielo, no en la tierra.

No seas como aquellas personas que toman la decisión trágica de vivir sin tener en cuenta al Señor, que invierten todo en ellos mismos y nada para la vida eterna. Eso sucede cuando uno está cegado por los deseos y la satisfacción personal.

Tú debes tener presente que “Dios nos juzgará por cada cosa que hagamos, incluso lo que hayamos hecho en secreto, sea bueno o sea malo.” Eclesiastés 12:14 (NTV)

Que sea el Señor quien ocupe el primer lugar en tu vida y vivas conforma a su voluntad para que cuando te presentes delante de Dios, diga: “Bien hecho, mi buen hijo fiel. Has sido fiel en administrar tu vida y en honrarme. ¡Ven, entra, celebremos tu fidelidad!”.

Vive cada día agradando a Dios.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Disfruto o me preocupo?

A veces nos preocupamos demasiado por un conflicto que no existe y dejamos de disfrutar el presente. Para que entiendas mejor quisiera darte un ejemplo:

Había un perro que cuidaba con esmero el hueso que su dueño le había regalado en la mañana y se quedó en el patio todo el día cuidando su regalo, pero cuando llegó su amo,  este trajo más huesos que al final los otros animales disfrutaron mientras el perro seguía cuidando el suyo.

¿Te has dado cuenta que a veces actuamos como este perro? Podemos imaginar los pensamientos que el perro tenía para no comer su hueso, por ejemplo, podría pensar: “No lo comeré porque tal vez después muera de hambre…” obviamente esto no sucedería, pero su preocupación le impedía disfrutar el momento, por lo que salió perdiendo.

Cuando imaginamos una situación futura crítica tendemos a angustiarnos, a veces vienen pensamientos como “de dónde sacaré dinero mañana…”, “y si mañana sucede que…” Entonces esta forma de pensar nos ocasiona un malestar y un estrés innecesario, el cual no se puede resolver porque es un conflicto ficticio que forma parte de nuestra imaginación.

“Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.” Mateo 6:34 (RVR 1960)

La Palabra de Dios nos da un sabio consejo en este aspecto “no te preocupes por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia preocupación” Si bien es necesario ser prudentes con respecto a prevenir los conflictos futuros, no resolveremos nada preocupándonos por ellos anticipadamente, así que debemos ser sabios y disfrutar el presente.

En esta oportunidad quiero preguntarte ¿Estás disfrutando de tu vida y de las personas que te rodean? No permitas que las preocupaciones te hagan olvidar lo hermoso que es vivir. Te animo reflexionar si realmente tienes paz en donde te encuentras porque Dios te dio la vida para que la vivas en gozo y abundancia.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

En todo

Al final de una reunión, el predicador fue invitado por uno de los hermanos a comer en su hogar.

Por el camino el predicador le preguntó a su anfitrión:

—¿Recuerda usted mi  mensaje?

—Ya lo creo: “Para mí el vivir es Cristo”

—Bien —siguió el predicador— Si yo le preguntara: ¿qué es para usted vivir, qué podría contestarme?

El amigo, caminando a su lado, hizo una pausa. Luego dijo:

—Cuando lleguemos a mi casa usted mismo lo verá.

El predicador, extrañado, no dijo más sobre el asunto. Cuando llegaron a  casa, el amigo del predicador le dijo:

—Suba usted a mi despacho. En tanto subían al primer piso agregó: Soy probablemente el más importante fabricante de zapatos de esta gran ciudad…

Y efectivamente, todo en la casa demostraba que se trataba de alguien muy rico.

Llegando al despacho en cuestión, el amigo abrió la puerta y con su índice señaló la pared tras su escritorio. El predicador vio un cuadro grande con estas palabras:

  1. Dios
  2. Familia
  3. Zapatos

Y sencillamente explicó:

—He aquí mi respuesta, pastor.

¿Cómo se refleja en tu vida Filipenses 1:21: ≪Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia≫?  ¿Entiendes realmente lo que significa?

Vivir para Dios significa que Él tendrá siempre el primer lugar y que todos nuestros pensamientos y acciones estarán dirigidos y enmarcados en el deseo de agradarle. Implica que cumpliremos lo que dice en Marcos 12:30 y que amaremos al Señor con todo nuestro corazón, con toda el alma, con nuestra mente y nuestras fuerzas y no sólo de palabras, sino en acciones.

Muchas veces los problemas que tenemos vienen a raíz de que  perdemos de vista el orden de prioridades y permitimos que nuestro trabajo, familia o amigos estén antes que Dios.

El zapatero de la historia usaba un cuadro que quizás más que adorno era un recordatorio de cuál era el orden de sus prioridades porque humanamente, con los afanes de la vida, olvidamos qué es más importante.

Vivir para Cristo significa que Él estará presente en todas las áreas de nuestra vida, en todo lo que hagamos, en todo lo que somos.

Que todos los días de nuestra vida tengamos presente a Dios como el número uno en  nuestras vidas, como la prioridad más grande, pero no sólo de palabras, sino también  en acciones. Al tener presente a Dios en todo lo que hacemos y somos, podremos amar a nuestra familia y a los que nos rodean como Jesús lo haría, podremos tomar decisiones sabias y vivir de acuerdo a Su voluntad.

¡Revisa tus prioridades!



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Estás preparado para el final?

Hay tantas personas interesadas en hablar o yo diría más bien especular acerca del fin de los tiempos.

En la Biblia dice que habrá señales en los cielos, como en Lucas 21:25.

Y han habido muchas señales, eclipses, descubrieron nuevo planeta con sistema solar triple; y cuando se presentan estas cosas, afloran los comentarios al respecto.

Nosotros los cristianos debemos tener presente que Dios profetizó que debemos estar atentos, porque nadie sabe el día ni la hora. Y tenemos que estar preparados.

Esto significa vivir siempre de acuerdo con la voluntad de Dios, y haber recibido a Jesús como Señor y Salvador, para ser salvos; saber que vamos a estar a Su lado cuando llegue el final de nuestras vidas o el final de todo. Por eso nuestro afán, que muchos critican, de hablarles a todos acerca de esa esperanza maravillosa que tenemos en Jesús.

Nosotros tenemos que estar listos para cuando llegue, así como un atleta para una competencia. Considerarnos extranjeros en el mundo, en camino a nuestro verdadero hogar celestial.

También sabemos que para Dios un día es como mil años y mil años como un día (2 Pedro 3:8). Por tanto, dejemos las especulaciones, que sí puede que esté muy cerca, pero al tiempo o la distancia que esté, va a suceder.

¿Estás preparado?

     

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Deja ya de vivir a tu manera

“…dejen ya de vivir como los que no son creyentes, porque ellos se guían por pensamientos inútiles. Su entendimiento está oscurecido porque están separados de la vida que viene de Dios y porque son ignorantes debido a lo terco que es su corazón. Han perdido la vergüenza, se han dedicado a la inmoralidad y se entregan cada vez más a cometer toda clase de perversiones.” Efesios 4:17-19 (PDT)

El llamado de Dios es que lleves una vida digna delante de Él, que siempre seas humilde y amable, paciente con tu prójimo y tolerante con sus faltas. Que dejes tu pasada manera de vivir y seas transformado por el poder de Su Espíritu. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17)

Dios no quiere que vivas como aquellos que no lo conocen, porque ellos están perdidos y sólo piensan en satisfacer sus propios deseos y necesidades, sin importar a quién hacen daño. Esa no es la vida abundante que Dios ha planificado para ti. “Sé muy bien lo que tengo planeado para ustedes, dice el SEÑOR, son planes para su bienestar, no para su mal. Son planes de darles un futuro y una esperanza.” Jeremías 29:11 (PDT)

Si estás viviendo en la vanidad de tu mente y piensas que sólo hay satisfacción en el pecado, si tu vida no tiene sentido y está llena de angustia, si estás alejado de Dios y has dejado de hablar con Él, si has perdido la sensibilidad y no tienes conciencia de pecado; necesitas cambiar tu vida.

La Biblia dice: “Desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño. En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes. Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo.” Efesios 4:22-24 (NTV)

Busca al Espíritu Santo y deja que examine tu manera de vivir.Pídele que si tu conducta no le agrada, te enseñe a vivir como Él quiere. Estoy seguro que cambiará tu vida y te dará poder para ser un ejemplo de vida.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Morir es fácil

Un día particularmente frío, lunes feriado. Salimos a buscar un reparo en algún sitio de esta solitaria ciudad y tomar un café por lo menos. En el muro un lapidario grafitti grita en silencio lo que ya sabemos pero que preferimos no mentar: Morir es fácil.

Así, sin color, sin signos de exclamación, grave, nos interpela esta frase – irónicamente en la ciudad natal de Pablo Neruda, el poeta de la vida, de las cosas comunes, de los amores pedregosos y profundos.

Lo difícil es vivir. Navegamos entre ilusiones perdidas, realidades concretas, hallazgos desagradables, compromisos inevitables y esperanzas fallidas. La vida es renuente a prodigar sus dones. Se hace esperar. Coloca trabas, condiciones y políticas de uso en letra chica que como siempre uno no lee y cualquiera de estos días se revelan implacables y acusadoras.

Lo difícil es existir. Amontonar paulatinamente achaques, dolores articulares, romadizos y temblores de madrugada. Pasar la barrera de los sesenta años se torna un triunfo discreto y plomizo. Ver reducidas algunas facultades originales como el oído o la vista, batallar contra la gastritis y ciertas funciones vitales a las tres de la madrugada.

Lo difícil es resistir. El silencio es cada vez más escaso. Los televisores, las conversaciones a gritos y una música insoportable se ha adueñado de los cafés. El metro, antes impecable, ahora está atestado de ofertas de agua mineral, gangas a quinientos pesos, raperos insolentes premunidos de parlantes portátiles que critican a voz en cuello tu burguesa indolencia y tu tristeza ciudadana.

Lo difícil es coexistir. Vivir exige realidades sociales, experimentos comunicacionales, buenas maneras, cierto grado de apertura que mitigue la curiosidad pública. Rendir cuentas cada cierto tiempo para que quede establecida alguna integridad necesaria para el trabajo y las relaciones humanas indispensables.

Lo fácil es morir. Cualquier madrugada el corazón se resiste a continuar su armonía de sístoles y diástoles. Algún órgano colapsa porque en todas partes la vida te pasa factura de los momentos felices de la comida, de los deseos de la piel, de las bebidas fundamentales, del agite de las tareas cotidianas y de toda fugaz emoción. De pronto, el ritmo primitivo de aspirar y exhalar se detiene y de ahí en más nadie sabe: luces al final del túnel, verdes prados o una severa y ominosa oscuridad…

Efectivamente, morir es fácil.

¿Para qué?

¿Pensar la fe? ¿Hacerse preguntas? ¿Buscar el sentido más profundo de las palabras que leo en el Libro? ¿Indagar en el texto completo si hay ideas que vayan más allá de la salvación personal? ¿Para qué todo esto? ¿Tiene sentido vivir la vida examinada? ¿Por qué no más dejarse llevar por la buena onda? ¿Por qué no más ser optimista, mirar el lado positivo de las cosas?

¿Por qué tendría que seguir buscando respuestas que al fin y al cabo no van a cambiar nada, excepto agregar sufrimiento al entendimiento y a los sentidos? ¿Por qué no jugar fácil y bonito en vez de la complejidad de la interrogación y la desesperación? ¿No le haría eso mejor a mi estómago y a mi cabeza?

¿Por qué no me doy cuenta que es mejor creer que estamos ganando, que el Señor viene pronto y que estamos aquí sólo para tener la oportunidad de ser salvados y que todo lo demás se va a convertir en pasto de las llamas? ¿Por qué preguntarme tonterías acerca de la sociedad, de la justicia, de la educación, de los movimientos sociales, de la mirada de Dios a las naciones y otras materias inconducentes?

¿Por qué mejor no persevero en la institución cristiana, participo en todos los servicios, aporto mi dinero, disfruto los tiempos de alabanza-adoración-predicación y me voy a la cama con la sensación de que todo está bien con mi alma y que mi último aliento en la tierra será el primero en las mansiones celestiales al lado de Jesús?

¿Para qué seguir sintiendo el aire de la montaña, el murmullo del río que estaba a treinta metros de una casa donde fui feliz unos meses, el sol entre las hojas, el helecho humedecido que transporta el cristal multicolor de la lluvia, el ardor de la piel marchita, la esperanza de los pueblos, el definitivo triunfo de la justicia, el anhelo por el orden y la paz, el aroma del pan casero recién salido del horno, el café con leche humeante en el desayuno, el pasaje de los dedos sobre el papel sedoso de la Biblia todas las mañanas, los libros seculares, la música del mundo, el espejo del lago después de la tormenta de anoche, el desierto más seco del mundo, el profundo silencio y la humedad del bosque araucano, la luz de la luna entrando por la ventana y todo aquello por lo que todavía querría vivir?

Tiempo de amar

“Hay una temporada para todo, un tiempo para cada actividad bajo el cielo” Eclesiastés 3:1 (NTV)

A menudo tratamos de acelerar nuestros tiempos. Cuando estamos solos queremos estar de novios y cuando lo estamos queremos apresurar todo para casarnos. El gran error que a veces cometemos es pensar que saltar etapas es mejor. Dios es perfecto y nos creó con el tiempo necesario y justo para experimentar lo que debemos vivir. El noviazgo es una etapa especial de preparación para el matrimonio, digna de ser disfrutada plenamente, pero sin apuros, sin saltar etapas. Cuantas veces vemos las tristes consecuencias de quienes no se tomaron el tiempo necesario para conocerse profundamente en esta etapa, pero también de aquellos que siendo novios, actúan como si estuvieran casados. Todo tiene su tiempo, espera con paciencia. Que tu noviazgo tenga el precioso propósito de agradar a Dios y preparación para un matrimonio feliz.

Por Judith Quisbert

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Variaciones

Poder ver más allá de lo obvio. No conformarse con el actual estado de cosas. Romper la cadena de la rutina. Vivir en peligro. Tomar riesgos. Hacer preguntas. Penetrar en las cosas con un candor de niños al mismo tiempo que con profunda intención. Ver qué hay más allá del horizonte. Buscar la otra manera de ver las cosas. Ser libre en el país de los presos.
Combatir la opresión del sistema y cuestionar sus pretensiones conceptuales. Liberarse de las consignas totalitarias y rebelarse contra las imposiciones de los señores. Anhelar todas las mañanas la libertad y cada noche dormirse con la conciencia de haberla conquistado un poco más. Dominar el propio tiempo. No permitir que los demás te hagan presa de sus agendas y sus expectativas. Otorgarle, en cambio, el tiempo a las cosas que queremos e invertir la vida en lo que amamos.
Aprender que el miedo es cosa viva pero que debe combatirse con todas las fibras del ser. Entender que uno tropezará muchas veces y va a equivocarse cuando busca otros caminos y construye su propia cartografía. El fracaso no es una sentencia, más bien un acicate para volver a intentarlo.
Descubrir que la soledad es, la mayor parte del tiempo, el precio a pagar por no querer ser uno más en el engranaje; es, por así decirlo, la fea del baile, pero de tanto abrazarla uno descubre más pasión en ella que en la misma multitud y se termina agarrándole cariño.
Seguir buscando, continuar leyendo, preguntar siempre, permanecer en la vigilia del pensamiento, no acostumbrarse, confrontar los estereotipos, poner a prueba las propias convicciones, aprender nuevas cosas, no permitirse ser tonta o tonto grave.
Pero, ¿por qué rayos hacerse tanto problema? ¿Por qué no jugar simple y ganar no más? Porque las victorias de lo simple lo sumergen a uno más y más en el tibio país de la medianía, el tranquilo territorio de lo predecible. Lo común no es el resplandor o la oscuridad permanentes. Lo común es la enorme multitud que prospera, se acomoda y obtiene lo que desea en la suave penumbra del status quo, cambiando alguna cosita aquí y allá para que todo permanezca igual.
Vi un documental sobre los buscadores de oro del Amazonas que remueven y deshacen en agua toneladas de tierra para encontrar unos poquitos gramos de oro. Se puede perder mucho viviendo complicadamente, pero se ganan pequeños tesoros que enriquecen la vida de muchos.

¡No solo debes oír, sino hacer!

“Jesús respondió: «Pero aún más bendito es todo el que escucha la palabra de Dios y la pone en práctica”  Lucas 11:28 (NTV)

No basta solo con saber de Dios y de su palabra, sino que es necesario hacer que esas palabras cobren vida a través de tus acciones. Demostrar amor a todos y en todo momento es nuestra misión, que tus acciones reflejen lo que Él hizo en tu vida.

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La palabra en la mira

En literatura se suele decir que “el estilo es la persona.” Esto es, que lo escrito revela en cierto modo el ser de la persona que escribe. Extendamos esa afirmación a lo que una persona habla. Estoy pensando respecto de la percepción de la audiencia. ¿Puede el público, al reflexionar en lo que lee o escucha, tener una imagen más o menos cierta del hablante? Esperaríamos que sí.
Con el tiempo y la experiencia, sin embargo, se aprende que puede haber una gran distancia entre discurso y acción. Es posible que quien escribe o habla se comporte en la práctica de una manera que no se condice con sus palabras. Esto se ve frecuentemente en política, religión y otras actividades cuyo objetivo es influir sobre una audiencia dada. Un joven estudiante de periodismo me confrontó hace muchos años con esta cuestión: “Hay cosas, decía – no recuerdo las palabras exactas –, que son correctas o verdaderas más allá de la conducta personal de quien las pronuncia. Su comportamiento es una cuestión privada”. Por aquel tiempo yo postulaba fervientemente la consistencia entre decir y hacer. Lo sostengo aún, pero de una forma diferente.
Hay muchas cosas que son como se dice que son. Por ejemplo, los dirigentes deberían ejercer sus funciones con integridad, generosidad y justicia. Cuando alguien afirma esto, está diciendo algo que es verdadero; ahora, cómo esta persona se conduzca en su vida pública y privada no afecta la consistencia del hecho que afirma. Sí puede eventualmente afectar la fe que la gente ha depositado en ella.
Hubo una época en que defendí algunas cuestiones con encendida pasión. Llegó luego un tiempo en que no pude o no quise vivir de acuerdo con esas cuestiones. Y me pareció que lo más apropiado era no seguir hablando de ellas. Me movía en un ambiente donde alguna gente en mi misma situación resolvía continuar con su discurso. Y me hacía mal ver la frustración, la ira contenida de las personas de su entorno, especialmente quienes operaban bajo su autoridad.
Por ello, preferí ocuparme en adelante de otras cuestiones, como la comunicación, la percepción de la audiencia y la comprensión del tiempo presente. Respecto de las otras cosas, busco resolverlas, si es posible, o bien entenderlas mejor.
Hasta entonces, el silencio es más sólido que el vidrio de los tejados…

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

El pasado es el pasado

Robert E. Lee, un general que participó en la guerra civil de los Estados Unidos, fue a visitar a una amiga que vivía en otro estado; llegó a la casa y ella comenzó a mostrarle lo que quedaba de un árbol grande que había resultado dañado por los bombardeos durante la guerra. La mujer empezó a recordar lo que había sucedido y comenzó reclamar y expresar palabras de odio por lo vivido en ese tiempo, entonces el Sr. Lee le dijo: “Córtalo, y déjalo en el pasado”.

Al igual que esta mujer hoy muchos están atrapados en su pasado y el general de la historia nos da un valioso consejo: “Córtalo, y déjalo en el pasado”.

Isaías 43:18 dice: “Pero olvida todo eso; no es nada comparado con lo que voy a hacer” (NTV). Dios hoy te dice que dejes el pasado donde pertenece.

Una mala decisión, una reacción equivocada, una acción vergonzosa pueden formar parte de tu pasado, pero eso depende de ti, tú eliges si deseas vivir cargando con tu equivocación o si la sueltas, con la confianza de que Dios tiene planes mejores para ti.

Sabemos de varios personajes en la Biblia que hicieron malas decisiones pero pudieron sobreponerse.

     – Moisés, mató a un egipcio y por causa de esto huyó al desierto pero Dios lo usó para liberar a su pueblo.

     – Jacob, engañó a su familia tomando el lugar de su hermano, pero Dios lo bendijo y le dio un nuevo nombre.

     – David, adulteró y asesinó, pero Dios lo restauró y llegó a ser un hombre conforme a su corazón.

     – Pablo, antes de ser apóstol era Saulo un asesino de cristianos, pero Dios lo transformó y fue usado grandemente.

En realidad a Dios no le interesa lo que hiciste, lo que le importa es cuán arrepentido estás y si estás dispuesto a volver a comenzar. Estos hombres de Dios que hoy están registrados en la Biblia, si bien tomaron decisiones equivocadas y sus acciones fueron vergonzosas, no se quedaron lamentándose y condenándose, comprendieron y experimentaron el poder del perdón de Dios.

Posiblemente te hayas equivocado muchas veces y piensas que lo que hiciste fue tan malo que no tienes perdón, pero recuerda que Dios es misericordia, amor y perdón y te rescató y con ello te dio una nueva oportunidad, “Pues él nos rescató del reino de la oscuridad y nos trasladó al reino de su Hijo amado, quien compró nuestra libertad y perdonó nuestros pecados”  Colosenses 1:13-14 (NTV).

¿Seguirás viviendo en tu pasado?

Por Judith Quisbert.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Tienes que estudiarte Google Optimize… esta demasiado bueno https://analytics.google.com/analytics/web/#/siteopt-experiment/siteopt-detail/a6471350w12475245p13084714/_r.drilldown=analytics.gwoExperimentId:zRo-ycv4Th2hhjzYS6cdKg&createExperimentWizard.experimentId=zRo-ycv4Th2hhjzYS6cdKg/

Send this to a friend