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“Cavaron para sí cisternas rotas que no retienen agua”. Jeremías 2:13 (RVR1960)

Cuando ponemos en primer lugar nuestros sentimientos por encima de la voluntad de Dios, podemos vernos tentados a querer forzar las cosas. Repetimos una y otra vez que amamos a alguien, como si esto, de por sí supliera cualquier deficiencia que pudiera tener,  negándonos sistemáticamente a escuchar consejos que nos aportan una palabra de precaución. En una mezcla de optimismo con ingenuidad se repiten frases como: cuando estemos casados él cambiará, comenzará a ir a la iglesia, o bien pensamientos tales como: aunque no es creyente, todavía es una buena persona y merece una oportunidad. Por lo tanto, si te encuentras en una relación con alguien que no comparte tu fe, tienes muchas probabilidades de salir lastimada y también de terminar alejada de Dios. Ten en cuenta que si las diferencias ya se notan en el noviazgo, cuanto más importantes se harán en la vida matrimonial. La visión de la vida de un no creyente es muy distinta a la nuestra, ¿Qué pasará cuando quieras ir a la iglesia y servir al Señor? ¿Qué sucederá con la educación de los hijos, ya que para ti será importante que se eduquen en la fe cristiana? Quizás son muchas las voces que escuchas a diario, pero es tiempo que atiendas especialmente a la voz de Dios. Sigue sus consejos, no te unas a un no creyente porque esto representa un yugo desigual y Dios te da este consejo para evitarte, desilusiones y sufrimiento.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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