Un visitante pasaba por el recinto de una gran fåbrica de ceråmica, cuando notó a una chica que estaba decorando un vaso delicado, pintando en él una hermosa flor. Estuvo un rato miråndola con interés, mientras se inclinaba sobre el vaso, trabajando con esmero, concentrando su atención en cada pincelada y mezclando los colores con el cuidado de un artista.
    – Esta clase de trabajo es muy lento â le dijo a la joven.
    – SĂ- le contestĂł ella mirando al visitante, muy lento.
    – DespuĂ©s que has pasado tanto tiempo trabajando en este punto, si yo lo tocara con un dedo lo echarĂa a perder todo. Pero, ÂżcĂłmo consiguen que el dibujo se quede fijo?
    – Cuando he terminado mi tarea, viene el encargado y lo pone dentro del horno. DespuĂ©s de que han pasado por el fuego no hay manera de borrarlo. El dibujo y todos los colores se quedan fijos de modo imborrable. DurarĂĄn en tanto dure el vaso.
A nadie le gusta pasar por las pruebas y a veces nos da la impresiĂłn de que son eternas, que no terminamos una para empezar otra, que los problemas no dejan de llegar y sentimos que nuestras fuerzas disminuyen.
Cuando estamos en medio de los problemas podemos llegar a pensar que âalgo maloâ hicimos para que nos pasara todo lo que estamos viviendo. Sin embargo, olvidamos que es necesario que nuestra fe sea probada.
âEstas pruebas demostrarĂĄn que su fe es autĂ©ntica. EstĂĄ siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho mĂĄs preciosa que el mismo oro. Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerĂĄ mucha alabanza, gloria y honra en el dĂa que Jesucristo sea revelado a todo el mundoâ. 1 Pedro 1:7 (NTV)
Para llegar a ser aquello que Dios quiere que seamos, necesita trabajar en nuestra vida, probar nuestra fe, a fin de que cada dĂa lo vayamos conociendo mĂĄs de forma personal; lo que permite que las promesas que leemos en su Palabra no se queden como textos memorizados, sino que podamos experimentar cada una de ellas, que podamos vivir la  provisiĂłn, amor, misericordia, gracia y perdĂłn de los que hablamos.
Cuando somos capaces de conocer a Dios vivencialmente, cuando nuestra Ășnica opciĂłn es confiar en Ăl y sus planes, y nos tomamos de su mano, nuestras vidas cambian, nuestra fe se fortalece; dejamos de ver a Dios como un ser lejano y experimentamos la relaciĂłn cercana y personal que quiere tener con nosotros.
No te desanimes en las pruebas, recuerda que las cosas que aprendemos al pasar por el fuego, quedan grabadas para siempre y cada una de ellas nos acerca mås a la obra de arte que Dios ha diseñado para nuestras vidas.
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El siguiente crĂ©dito, por obligaciĂłn, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artĂculo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.