Crisis de Coronavirus

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Ha iniciado la hermosa temporada de la Navidad.  Sea verano, invierno o primavera en latinoamérica, la Navidad nos permite recordar el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.  En medio de fiestas, regalos, y celebración, muchos sufren por la ausencia de sus seres queridos.  Otros son dominados por la soledad, y en vez de alegría conviven con la tristeza.  Hoy deseo presentarte el contendio especial que nos ha regalado el pastor Raúl Tarela, quién ha sido un valioso colaborador de El Antivirus.

No son pocas las oportunidades, donde en una consulta de consejería matrimonial, se me ha presentado la necesidad de procurar ayuda para una pareja, que enfrenta “El síndrome del nido vacío”. Esto no es otra cosa, que la aparición de ciertas situaciones en algunas familias, cuando sus hijos se van alejando del hogar, ya sea por que han decidido vivir solos, o por que deben retirase a estudiar a lugares distantes, o en el caso más común, cuando se casan y forman sus propias familias.

Es bajo estas circunstancias, que los matrimonios, en esta oportunidad en su función de padres, comienzan a experimentar sentimientos de angustia y nostalgia. Claro, no es muy difícil de entender que el alejamiento del hogar por parte de los hijos, produzca estas sensaciones tan especiales. Sin embargo, esto se hace mucho más notorio, cuando en el transcurso del tiempo, donde los hijos van creciendo, la pareja vive más en función de las necesidades y reclamos de ellos, que teniendo en cuenta los requerimientos propios de un esposo y una esposa dentro de lo que es su vida matrimonial.

No quisiera que se interpretara mal esta aseveración, pero lamentablemente en no pocas ocasiones sucede, que erróneamente los hijos pasan a ser la parte central y más importante del hogar. Esta condición, habitualmente es conducente a crear matrimonios dependientes principalmente de las necesidades reales o no, de los hijos, por eso no es raro observar, como la parejas se olvidan de si mismas y de sus propias necesidades. Definitivamente este es un gran error, ya que cuando el matrimonio no logra sustentar debidamente su propio equilibrio, acontecimientos no deseados como el cansancio y la falta de motivaciones reales y naturales, que deben existir entre un hombre y a una mujer, conducen casi inevitablemente al posterior deterioro de la pareja, con finales no deseados. Por lo tanto, lo mejor que un padre y una madre le pueden entregar a sus hijos, es la muestra de un matrimonio unido en un amor sincero entre ambos integrantes del mismo, lo que habrá de fortalecer sin ninguna duda, todo el esquema y funcionalidad de la familia.

Pero ahora dicho lo precedente, deseo retomar el hilo del tema de “El síndrome del nido vacío”, ya no para reclamar la primacía del trato matrimonial, sino para dejar clara la pauta, de que todos los padres se deben ir preparando cada día, para cuando llegue el instante de la partida de los “pichones”. Indefectiblemente deben pensar y procurar, mirando el futuro, como un tiempo donde todo regresa a los inicios, es decir, a una pareja buscando uno en el otro su propia unidad y fortaleza. Todo esto sin dejar de reconocer, que los hijos deben ser educados y preparados, para que cuando el momento de la partida llegue, estén en perfectas condiciones de iniciar su “propio vuelo”.

Cuando esto se logra, la separación es menos dolorosa, y la felicidad está cordialmente presente en la vida de todos.

 

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